Capitulo 8: Verdita
Snow, James y Garfio llegaron tras ella, siguiendo el murmullo de sus voces, con sus armas en alto, dispuestos a atacar. Emma bufó, molesta por la intromisión. Intentaba esconder su malestar debido a la escena que había visto, pero no lo estaba consiguiendo.
-¿Quiénes son estos?.- Preguntó Campanilla con las manos en alto.
-Mis padres, y yo soy una madre enfadada.- Farfulló Emma levantando su espada en alto.
-Bajad las armas. Estoy bien.- Digo Regina colocándose ante Campanilla.- Ella no quiere hacernos daño.- Argumentó condescendiente.
Emma observó a ambas con desconfianza. Todos habían bajado ya sus armas y taciturna, se vio obligada a bajar su espada también.
-¿Vas a echarnos una mano?.- Preguntó el pirata ya relajado.
-¡Vaya! ¿A quién ha traído la reina?.- Preguntó Campanilla sorprendida al ver al pirata y reconocerlo en ese momento. – Hola Garfio.- Dijo el hada divertida.
- Campanilla.- Dijo éste haciendo una reverencia a modo de saludo.
Emma miró con suspicacia a la chica, quizás no sentía más que agradecimiento por el pirata, pero no pudo evitar fruncir el ceño, gesto que Regina pudo captar. La morena sintió un malestar inoportuno en la boca del estomago. ¿Es que a Emma le importaba que Garfio y Campanilla se conocieran? ¿Le disgustaba? ¿Significaba eso que ella lo amaba? ¿Qué demonios era lo que quería Emma?.
-Ella no va a ayudarnos.- Dijo más seria de lo normal. Evitaba mirar a Emma a toda costa.
-¿Por qué no?.- Preguntó Emma molesta, encarando a Regina, que solo se atrevió a mirar al hada, esperando que ella fuese la que contestara.
Campanilla miró a Regina y para Emma tampoco escapó desapercibido aquel gesto tras el que pudo ver que se trataba de una mirada dulce, enternecida, casi de adoración. Se removió incomoda y penetró a Regina con la mirada, pero la susodicha ni siquiera desvió su vista del hada.
-Te ayudaré.- Dijo Campanilla tomando una mano a Regina y acariciándola entre las suyas.- Una vez fuimos amigas.- El amiga sonó realmente extraño, a juicio de Emma.- Y veo que has cambiado, o lo intentas…- Se echó a reír con una gracia propia de hadas.-Espero que no me defraudes.- Regina asintió sonriendo demasiado para gusto de Emma que no pudo más que carraspear.
- Ejem. No perdamos el tiempo. – Su voz sonó fría, incluso a oídos de la propia Emma.
- Está bien, sé donde está Pan, pero sabed que él es muy poderoso. Os llevaré hasta su campamento y os dejaré una vía abierta, solo tendréis una oportunidad. Así que espero que preparéis un buen plan de escape.
- Gracias.- Contestó Snow con una mirada dulce.- Ven a nuestro Campamento. Prepararemos ese plan.- La tomó del hombro con delicadeza y la llevó con ella.
Emma todavía seguía mirando a Regina, parada con la espada en su mano derecha y cuando ésta se dispuso a seguir al resto, la detuvo tirando de su brazo.
-¿Qué demonios ha sido eso?.- Le espetó la rubia. Sabía que no debía actuar así, pero necesitaba saber.
- No sé a qué te refieres.- Contestó fríamente Regina.
-He visto cómo os abrazabais y parecía sentirte bastante cómoda en sus brazos.- Carraspeó intentado disimular los incitantes celos.
-Una vez fuimos amigas. ¿Cuál es el problema, Swan?. ¿Tú puedes besarte y hacer carantoñas y miraditas con esa piratucho que apesta a alcohol desde lejos, pero yo no puedo abrazar a una amiga que hace tiempo que no veo?.- Sus ojos la miraba con ira y Emma tragó saliva.
- Bien, supongo que nada de esto es asunto mío.- Emma bajó su mirada muy sería.
-Muy suspicaz.- Regina la miró de reojo y la vio abatida, aunque Emma quería disimular entereza. La alcaldesa pocas veces se sentía enternecida con nadie que no fuera Henry, pero solo Emma había conseguido también este efecto en ella. - ¡Esta bien, Emma!, ¿Qué es lo que quieres saber?.- Preguntó exasperada.
- Hook dijo algo de unos rumores…
- ¿Es que vas a creerte todo lo que diga ese idiota, Swan?.- Frunció los labios a modo de disconformidad y Emma pudo observar más claramente la cicatriz que los adornaba. Se le hacía tan apetecible besarla en aquel momento. Sentía corrientes que viajaban a su centro y palpitaciones en ese mismo lugar. ¿Cómo era posible que Regina con aquel simple gesto la pusiera tan cachonda? Dejó de observar la cicatriz cuando notó que había sido descubierta en pleno acto.
- Ya sabes que Hook es solo mi cebo.
- Vaya, y después a mi me tildan de manipuladora y malvada… - Ironizó la morena.
- No me mal interpretes, le tengo aprecio, pero no lo he tomado nunca en serio.
- Quizás ahora no…
- Regina, por favor, deja de estar a la defensiva conmigo… siento lo de antes, se que querías que acabara… y en parte, yo también, pero no puedo, es superior a mí. – Y se acercó despacio y tímida, alargando una mano e intentando tomar la de Regina, pero la morena esquivó el gesto en el último momento.
-¡Basta, Emma! No sé qué es lo que quieres… pero ¿sabes de qué conozco a Campanilla?.- Emma negó temerosa de la respuesta, tal vez no deseaba escucharlo.- Bien, fue mucho antes de ser la Reina Malvada, todavía era joven e inocente. Campanilla era una hada y me salvo de morir. Luego quiso ayudarme a encontrar el amor de mi vida.
-¿Por qué no lo consiguió?.- Preguntó Emma anhelando saber más.
- ¿Por qué piensas que no lo consiguió?. Créeme, lo hizo y para ello infringió muchas de las leyes de las hadas. Por mi culpa perdió sus alas.- Regina bajó la cabeza molesta y avergonzada de sí misma.
- ¿Y qué pasó con tu amor verdadero?.
- El polvo de hadas nos llevó hasta una taberna y allí se posó sobre un hombre, ni siquiera le llegué a ver la cara, solo sé que tenía el tatuaje de un león. Campanilla me dejó sola y yo no tuve el valor de enfrentarme a él, me marché sin entrar en la taberna.
Emma estaba callada y permaneció así un minuto, con la mirada fija en la morena y la confusión escrita en su cara. Regina rodó los ojos impaciente.-Emma, mi destino es ese hombre. ¿Lo entiendes?.- Preguntó Regina.- Lo demás es una distracción carente de sentido y que no lleva a ningún final feliz.- Sus palabras fueron duras y Emma tragó saliva entendiendo lo que suponía todo aquello, más sin embargo, no pudo evitar preguntarle algo más.
- ¿Entonces no es verdad que Campanilla estaba enamorada de ti?.- Emma la miró rezumando una curiosidad tortuosa.
- No sé si enamorada sea la palabra adecuada, pero me admiraba mucho…
- Enamorada es la palabra.- De repente Campanilla apareció sorprendiéndolas. – Tu madre me manda para que os busque… dice que es de mala educación dejar a un invitado esperando.-Lo dijo con la cabeza erguida y un orgullo palpable, mirando solo a Regina, más intensamente de la cuenta.
-¿Y no es de mala educación mandar al invitado a buscarnos?.- Le espetó Emma alterada con la presencia de la rubia joven que no apartaba los ojos de la alcaldesa.
El hada se encogió de hombros y luego tomó con suavidad a Regina de la cintura, sabía que Regina no se negaría ahora que se había propuesto ayudarles.
-Tu madre no parecía querer hacerlo, se la notaba apurada.-Dijo mirando a Emma desafiante.- Vamos Regi, tienes que contarme muchas cosas.- Regina no reaccionó, estaba extrañada, pero cuando notó el breve apretón en su cintura se reanimó.
- Si, vamos, perdona.- La miró con las cejas alzadas y una sonrisa amable, mientras se dejaba arrastrar por Campanilla y Emma se quedaba allí sintiendo como crepitaban las yemas de sus dedos. Intentó calmarse, retener esa repentina energía que amenazaba con explotar o quemarla.
Una hora después, todavía era de noche, Emma estaba sentada junto a Hook, bebiendo ron en cantidad considerable, mientras intentaba ignorar el hecho de que Regina estaba tras ella sentada junto a un tronco y Campanilla no dejaba de observarla. Emma estaba a punto de decirle algo, pero el hada se levantó con ímpetu y fue a sentarse junto a la ex reina, dejándola más mosqueada si cabe. No creía que sentiría celos de otra mujer por Regina. ¿Acaso lo que había entre Regina y ella era…? "Naaaaaaa" Habló en voz alta y Hook la miró como a un bicho verde.
-¿Qué pasa, Swan?.- Hook la observó divertido y al mismo tiempo extrañado.
- No sé, me siento… ¿sabes cuando tienes química con una persona y es como un imán?. Se atraen inevitablemente, de manera irracional. – El pirata la observó. Emma tenía la mirada perdida en el cielo oscuro.
Seguro de que se refería a su relación, Hook se acercó un poco a ella, tomándola del hombro, para que se apoyase en el suyo propio. El gesto conmovió a Emma, dándose cuenta de que el pirata había malinterpretado sus palabras. No rechazó el abrazo, pero no se sintió cómoda. Ahora más que nunca necesitaba estar en los brazos de la única persona que la entendía. Y pensar que esa persona estaba a unos pasos de ella, pensar que ya jamás volvería a tocarla, a besarla, a poseerla como lo deseaba todavía. Se concentró en cerrar los ojos y pensar en Henry. Tenía que dormir, luego salvaría a su hijo, volverían a Storybrook y solo entonces se permitiría tener lastima de sí misma.
Regina, sentada en el suelo, cerró los ojos, apoyando la cabeza en silencio en el tronco de un árbol. El malestar en su estomago se había acrecentado y apenas si podía respirar. Tenía un nudo en la garganta que amenazaba con deshacerse con unas cuantas lagrimas. Ver como Emma reía con Garfio y bebía Ron como si le importase poco su confesión, la mató, ¿a qué jugaba? Ella estaba destrozada, odiando el destino porque había decidido que su final feliz era otra persona, y no Emma. Abrió sus ojos asustada con su propio pensamiento, al mismo tiempo que Campanilla se sentaba a su lado. Bien, pensó, le vendría bien la distracción.
-¿No has vuelto a buscarlo, al hombre del león tatuado?.- Inquirió la rubia, nada más sentarse.
- No…- Susurró Regina.
-Increíble, tal vez debía ocurrir así.- Dijo negando con la cabeza y sonriendo. Regina la observó confundida y sorprendida.
- ¿Qué quieres decir?.- Preguntó la morena.
- Bueno, Regina, el destino puede cambiar, y por ende también puede cambiar tu amor verdadero o ser otro tu final feliz. – Regina tenía toda su atención y un deje de esperanza se reflejaba en el brillo de sus ojos. –Tengo entendido que Emma es la madre biológica de Henry, no tu.
- Yo lo crié durante 10 años, ella lo abandonó.- Increpó mirando hacia atrás para asegurarse de que no la habían oído y en ese momento, Garfio estaba abrazando a Emma y ella dejaba que lo hiciera. Regina sintió literalmente su corazón hacerse trizas, contuvo su respiración y la rabia que amenazaba con explotar en forma de magia descontrolada.
Para Campanilla no había pasado desapercibida aquella extraña reacción, extraña tal vez para otros, pero no para ella. Sonrió para sí misma.
-Entonces ¿ambas sois madres del chico? Ella le dio a luz y tú lo criaste. Extraño, ¿no crees? Pareciese que estabais destinadas a estar juntas y proteger a ese chico y criarlo de paso.
- ¿A dónde quieres ir a parar?.- Regina con mucho esfuerzo retiró la mirada de la Salvadora y prestó atención al hada sorprendida por el tinte que tomaba aquella conversación.
- Tal vez, y digo solo tal vez, Emma y tu estáis destinadas... – Regina parpadeó confusa y Campanilla rodó los ojos.- Como pareja.- Aclaró.
Regina alzó las cejas con media sonrisa en sus labios. ¿Era posible que aquella hada que conoció y que apenas si podía sostener una varita en sus manos, se hubiese vuelto tan suspicaz e inteligente? De todas formas, siempre lo negaría.
-Puff.- soltó un bufido.- Eso es una estupidez. Yo odio a Emma… y el sentimiento es mutuo, créeme.
-A juzgar por vuestras miradas, lo dudo. Soy un hada no una idiota.-Profirió Campanilla indignada. Regina la miró muy sería, sabía que no había manera humana de mentirle. Campanilla vio la verdad en sus ojos, intentó contener una sonrisa, pero finalmente ambas estallaron en carcajadas.
-¡Eh, algunos intentamos dormir!.- La voz de Emma las sobresaltó, se agazaparon borrachas de risa y volvieron a estallar en más carcajadas. Emma bufó molesta en su manta, dándose la vuelta e intentando taparse los oídos para no oírlas.
Al fin se calmaron y el rostro de Regina pareció encogerse en un gesto de seriedad. Se dio la vuelta, para observar la figura de Emma tirada en el suelo, tapándose sus oídos, como una niña pequeña y sonrió enternecida.
-Te gusta y mucho, debo decir.- Murmuró bajito el hada.
-Mejor no digas nada más.- Susurró Regina molesta y temerosa de que alguien las oyera.- Nuestra relación no va a ninguna parte.
-No seas tonta, ella está enamorada de ti.- Sentenció muy segura Campanilla.
-¿Y tú como lo sabes?
- Las hadas tenemos ese don, sabemos cuándo es amor de verdad.- Dijo con regusto.
- Pero tú no eres un hada y esto no es amor!.
-¡Shhhhhhh!.- Emma volvió a interrumpir mandándolas a callar.
- Pero quedan resquicios de ese poder en mi.- Confesó la rubia susurrándole bajito.- En su momento, debo admitir que era un hada pésima, tenías razón. Pero al momento de ser desposeída de mis alas, tuve que valerme de esa poca magia que quedó impresa en mí para sobrevivir. En su momento, incluso pensé que pude haber malinterpretado lo que quería decirnos la magia…
- ¿A qué te refieres?.- Preguntó Regina curiosa.
- El hombre que vimos en aquella taberna se llama Robin Hood, es un ladrón que roba a los ricos para dárselo a los pobres, tiene gran fama en el Bosque Encantado, por revelarse en varias ocasiones a la Reina Malvada, que por último le arrancó el corazón a la mujer de él.-Y en ese momento la señaló, Regina abrió los ojos como platos quiso hablar, pero fue interrumpida por el hada.- Déjame terminar, por favor. La última vez que nos vimos, cuando me despojaron de las alas, fui a buscarlo a la ciudad por alguna extraña razón y así fue como lo conocí. Tiene un hijo, que quedó huérfano de madre gracias a ti.- Regina abrió más los ojos.- Teniendo en cuenta todo esto, no es muy posible que este hombre pueda amarte, pero… es posible que el polvo de duendes confundido por no existir en ese momento tu amor verdadero, buscase a alguien simbólicamente parecido.
- ¿A alguien simbólicamente parecido? ¿Parecido a quien?.- Preguntó la Alcaldesa confusa.
- A Emma, está claro.- Sentenció el hada con una gran sonrisa.
- Imposible… no hay nada que los relaciones.
- Claro que sí, hubo un tiempo, cuando Emma era joven, que se vio obligada a robar y Robin es un ladrón… segundo, tuvo un hijo en la cárcel, Robin también tiene un hijo. Es rubio como Emma y por último y más importante su tatuaje… tal vez Emma no tenga un león tatuado, pero tiene una flor que pertenece al escudo real de su familia… y en ese escudo real hay un león.
- ¿Y cómo demonios sabes tú todo eso?.- Preguntó alterada alzando de nuevo la voz.
- Hablar con Mary Margaret o Snow, quien quiera que sea, es muy productivo.
- ¿Podemos hablar?.- La voz de Emma las sorprendió, haciendo que ambas dieran un brinco. Emma estaba de pie, apuntalada en un lateral del tronco donde las otras dos mujeres estaban apoyadas.
- Creo que no es a mí.- Dijo Campanilla, que miró a Regina como diciéndole "te lo dije".- Regina la detuvo con la mano para que no se levantara y la obligo a sentarse a su lado de nuevo con brusquedad.
- Esta es una conversación privada, si te molesta, podemos marcharnos a otro lugar más "intimo".- Dijo Regina poniendo hincapié en la última palabra.
- No es bueno que se alejen, aunque en realidad quería hablar contigo sobre Henry, en privado.- Contestó Emma condescendiente.
- Os dejo para que podáis hablar sobre Henry.- Hizo el intento de incorporarse de nuevo.
-No, no es necesario, podemos alejarnos solo un poco, no quiero molestar a los demás.- Le dijo Emma con la mandíbula tensa. - ¿Vamos?.- Le preguntó a Regina en un tono neutro.
