Capítulo 8: Mi vida por ti.
En la calle.
Sysifo, Elcid y Kardia estaban montados en un auto, el primero se encontraba en la parte trasera del mismo, tecleando los números del celular mientras colocaba el auricular en su oído, el segundo conducía, y el tercero, de cabellos azulados, se le notaba algo desesperado.
Dado que lo más probable es que Dégel fuera en ómnibus hasta su casa, tomaron todos los recaudos antes de trasladar un paciente en estado crítico (como lo era Kardia) a otro lugar, por lo que llevaron medicación en bolsa que estaba cuidadosamente conectada a las venas del muchacho y otro tipo de equipos médicos en la parte trasera del auto.
Elcid giró durante un semáforo en rojo para ver a su compañero continuar llamando al hospital.
–¡Te dije que nos estábamos olvidando de algo, te lo dije, Sysifo! –habló el hombre mientras fruncía el ceño suavemente.
–Y si tanto sabías, ¿por qué no lo buscaste tú? Recuerda que yo estaba preparando la medicación para que Kardia no se nos muera de camino a la casa –gruñe y continúa esperando del otro lado de la línea–. Creo que deberíamos cambiar los métodos de atención al cliente vía teléfono, en el tiempo de espera se nos mueren.
–Teníamos que olvidarnos la dirección, ¡lo más importante! –Mira a Kardia–. ¿Tú la sabes?
–¡Que se yo! Apenas sé que se toma el ómnibus cuya parada está al lado del hospital.
–Hay más de diez paradas allá, recuerda que somos el hospital central –arranca el vehículo y comienza a andar.
–¡AH! ¡Hola Asmita, que bueno que al fin me atiendan! –Contestó el muchacho al teléfono–. ¿Cómo qué quién soy? ¡Sysifo, pedazo de idiota! Bueno, no tengo tiempo para discutir, necesito que revises los archivos de Dégel Dómine y me digas la dirección.
–Saca el GPS, Kardia, está en la guantera –señala Elcid, Kardia se agacha un poco para tomarlo.
–¡Ya sé que es confidencial, pero necesito la PUTA dirección! –se encabronó, Elcid comenzó a reírse
–Veo que Asmita se apega muy bien a las leyes del hospital –habló, Kardia comenzó a reír suavemente.
–¡Y por una puta, Asmita, conozco las leyes pero es una situación de vida o muerte! ¡Dégel está embarazado y creo que cometerá un grave error, por favor te lo pido, danos la maldita dirección, estamos en el auto! –Gritó, inmediatamente sonrió al escuchar del otro lado–. Anota Kardia, Avenida Zeus 255 piso cuatro, departamento veinte. Aja, gracias Asmita, eres de gran ayuda –lo último lo dijo con ironía y cuelga.
–¡Ese tipo sí que es complicado!
–Eso queda cerca de aquí, vamos a la derecha –señala Sysifo y ambos se adentran a la calle indicada.
No tardaron mucho en llegar al viejo edificio, salieron del auto y ayudaron a Kardia a descender, éste se colocó la bolsa de medicación colgada de su hombro y utilizó un bastón que le trajo el más joven (Sysifo) para poder trasladarse. Caminó varios metros hasta llegar al ascensor, pues no iba a subir por las escaleras debido a su condición. Apretaron el cuarto botón y el elevador se movió, Kardia traspiraba frío mientras los otros dos médicos le ayudaban, estaban haciendo algo contra la ley para salvar una vida, pero seguramente Dégel no abriría la puerta de su casa sino estaba Kardia allí.
Fueron al departamento y golpearon la puerta, escucharon un sonido y una voz agitada, ¡Ese sonido!
–¡Dégel! –Golpeó la puerta Sysifo–. No lo hagas por amor de dios.
–¿Qué hacen aquí? No deben estar aquí…. –la voz quebrada por el llanto de Dégel se escuchaba, se le notaba en un estado absorto de tristeza y no podría parar.
–Por favor, hermano, mira, te trajimos a Kardia –alertó Elcid, se escuchó el ruido de la puerta abrirse por el cerrojo y se abrió de par en par para ver a Kardia allí, los ojos de Dégel se llenaron de lágrimas aún más fuertes.
–¿Qué demonios haces aquí? –preguntó, la vista del ojiazul fue directamente al arma que traía el muchacho en sus manos.
–¿Qué vas a hacer, Dégel? –da un paso adelante y el más joven retrocede.
–¿De qué me sirve vivir si tú mueres? Mi vida ya no tiene sentido.
–¡Tiene sentido, tiene todo el puto sentido! –elevó la voz, Sysifo y Elcid se mantuvieron atrás, mirando la escena.
–¡No, para mí no! No puedo volver a enamorarme….
–¡Si puedes, si puedes enamorarte! ¡No quiero tu corazón, no quiero ningún órgano tuyo si simboliza tu muerte! ¿No lo entiendes? –la voz de Kardia sonaba dura, sus ojos enrojecían y estaba a punto de llorar.
–¡No puedo….no puedo ya vivir sin ti! –el arma, que traía seguro, cae al suelo haciendo un sonido metálico, las manos que antes la sostenían ahora se encontraban en el rostro del joven Dégel mientras lloraba, desgarrándose el alma–. No quiero vivi-vir más…..más….en-en est-te mu-mundo –sollozó, Kardia sonríe con tristeza y se le acerca.
Ambos se agachan, Dégel por el dolor y Kardia para abrazarlo, le comenzaba a doler absolutamente todo pero no le importaba, necesitaba curar el alma herida de Dégel ante la noticia de su inminente muerte, pero debía decirle, debía darle esa luz de esperanza que Elcid le había comunicado, de esa forma, el peliverde podría vivir con un trozo de él.
–Escucha….–susurró Kardia muy cerca–. Vas a tener que soportarme un rato más, una vida más, porque no estás solo, no estarás nunca solo –le acaricio la cabeza y Dégel la levantó–. Estás esperando un bebé, mi bebé….
–¿Q-Qué? –Preguntó confuso, miró por encima del hombro a Elcid–. ¿Es….es verdad eso?
–Sí, mi estimado amigo….es verdad –sonríe, Dégel abre sus ojos y respira agitado–. Te lo quería decir, pero eres demasiado ansioso a la hora de matarte, querido.
–Yo te atenderé y velaré por la salud del niño, Dégel –respondió Sysifo con alegría–. Todos lo amaremos y todos te ayudaremos en ésto, no te preocupes, confía en nosotros.
–Pe-Pero….–toma el rostro de Kardia–. No quiero vivir sin ti.
–Vive por él…. –le abraza–. Tú sufriste mucho cuando tu mamá hizo….lo que hizo, dejando a un niño pequeño en este mundo, uno que sufre…. –hizo una pausa y acarició el cabello–. Tal vez este pequeño es el único hijo que pueda tener, necesito que lo mantengas con vida por mi ¿lo harás? –Dégel afirma en sus brazos–. Te amo.
–Y-Yo también te amo…–susurró, aun con lágrimas.
Se fundieron en un dulce abrazo, uno muy dulce como el corazón. Dégel ya tenía otro motivo más para vivir, debía hacerlo por él.
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Dirección del colegio.
–Realmente estamos muy sorprendidos, Onasis –masculló el director–. Otra licencia, sabemos que su familia se encuentra en un estado crítico, pero…. –Milo lo interrumpió:
–Escuche, si quiere, puede despedirme…..–miró la puerta–. Pero necesito alejarme de este lugar por un tiempo.
–¿Qué? Jamás despediría a uno de mis mejores profesores, los alumnos lo quieren mucho y ha aumentado el amor por la literatura en los niños con su club de libros. –Milo apretó los puños.
–Aun así, he hecho cosas que no me enorgullecen –habló, y volvió su vista al director–. Por eso y porque mi hermano está en un estado crítico en su enfermedad, necesito esos días.
–Aun así, justamente planea en estos momentos abandonarnos –piensa un poco y se rasca la cabeza–. Tenemos problemas con un alumno de segundo, es bastante problemático.
–¿A qué se refiere? –preguntó, el director se levantó.
–Hoy vino una mujer, ebria y sucia por supuesto, a gritarnos en la cara sobre un acontecimiento que vivió en su casa, lo más probable es que haya terminado ambos en el hospital –masculló, Milo siguió sin entender–. ¿Usted conoce a Camus Moulian?
–¿Qué si lo conozco? Es mi mejor alumnos… ¿algo le pasó? –preguntó, trato de no mostrar demasiado interés o sería sospechoso.
–¿Usted sabía que está esperando un niño? –Milo abrió sus ojos, ¿entonces era verdad? –. Su madre vino aquí, enojada, diciendo que quería ver al profesor titular, que ella necesitaba decirle unas cosas, intenté sacarle qué era lo que quería decirle pero por más ebria que estaba no pude lograrlo.
–¿Sacarle algo? Se refiere, ¿qué quería decirme algo a mí? –preguntó, el director asiste.
–Exacto, no solamente eso, sino que se fue hecha una rabiosa hasta su casa, sabemos que Camus ha sufrido violencia por parte de ambos padres durante su vida –el corazón de Milo se congela–. Por eso, dada a su condición y a la rabia que tenía su madre, lo más probable es que le haya…
–¡No! –Gritó, apretó fuertemente sus puños–. ¡No, no!
–Escuche Onasis, quiero que se quede un tiempo más, necesitamos hablar con el joven antes que llegue a casa pero todos los alumnos afirman que él tiene mejor relación con usted que con el resto de los maestros.
–¿Dónde está? –preguntó, el director sonrió de costado.
–En educación física, con el profesor….
–Ya sé dónde están –Milo sale corriendo de la dirección.
Corre por los pasillos sin importar que choca con alumnos y un par de maestros, va directamente hacia donde están los chicos haciendo ejercicio. Buscó con la mirada a Camus, pero solo encontró a los estudiantes corriendo en círculos mientras el profesor Julián Solo les indicaba lo que continuaba. Se acercó a Aioros, que se encontraba sentado en una de las gradas, mirando una hoja de papel.
–Hola…–sonrió, Aioros levantó la mirada y frunció el ceño.
–¿Busca a Camus? –preguntó, Milo entendía que el chico estaba enojado luego que le gritara.
–Lamento mucho lo que pasó el otro día, no tenía por qué gritarte, tú estabas ayu-…
–Si busca a Camus, él no está aquí, se fue a su casa con su madre hace unos momentos –los ojos de Onasis se abrieron.
–¡Profe! –gritó Mu y se acercó, los chicos dejaron de prestar atención a la clase y todos se acercaron, aun sin hacerle caso al de educación física.
–Profe, ¿es verdad que se va? –preguntó Saga.
–¡No puede irse, por favor! –exclama Kanon.
–Es el mejor profesor que tuvimos –afirma Shaka, los demás secundaron.
–Tranquilos, no me iré, pero necesito saber dónde vive Camus. ¿Alguien sabe? –todos, absolutamente todo el alumnado miraron a Shaka y Shura, quienes pestañaron rápidamente.
–Vive en los suburbios, en la calle Arquímedes, es una casa muy pequeña –contesta el rubio, Milo busca en su base de datos mental y recuerda la calle–. Casa 11, son todas iguales pero la de Camus es muy opaca, la reconocerá enseguida por lo descuidada que está.
–Lleve una navaja –dijo Shura–. Es un barrio peligroso.
–Gracias chicos –saluda con la mano–. Nos vemos –corre fuera del recinto, todos los chicos se reúnen.
–¿Creen que le dirá que lo ama? –preguntó Saga a Shaka.
–Espero que sí, hagamos apuestas –contesta Shura.
–¡Le dirá que lo ama, estoy seguro! –gritó Mu, alegremente.
–Yo creo que se acobardará, recuerden que es un viejo –murmuró Ikki, todos los chicos comienzan a apostar.
–¿Cómo es que todos sabían de ésto? –preguntó DeathMask, Afrodita comienza a reírse.
–Bueno, es obvio ¿no? –respondió Aldebaran, se rasca la cabeza.
–¿Qué cosa es obvio? –cuestionó Aioria, tanto Aioros como Shura le acarician la cabeza.
–Nada, nada Aioria….–susurraron al unísono.
Casa de Camus
–Tú, pequeño bastardo –gritó la mujer mientras le arrojaba cosas a su hijo, Camus se encontraba pegado a la pared, recibiendo los golpes de los objetos arrojados–. ¡Eres una puta, una puta, Camus!
–Ya, déjame en paz, vieja arpía…
–¡Ese hombre tiene casi mi edad! ¡Mi edad tiene! –gritó, realmente estaba desesperada la mujer y Camus no podía contenerla–. ¡MERECES ÉSTO Y MUCHO MÁS, HIJO DE PUTA!
–Soy tú hijo, maldita borracha –un golpe de puño fue lanzado y la cabeza de Camus rebotó en la pared y se deslizó el cuerpo por ella hasta sentarse.
–Quédate aquí, llamaré a tu padre.
–N-no….papá no….él me mataría…
–¡Bien merecido lo tienes, por ramera, por puta, por zorra! Acostarte con un profesor…..agh, das asco –se acercó al teléfono, Camus se arrastró para tirar del cable y desconectarlo–. Déjame, IDIOTA.
–No permitiré que….aaagh…–recibe una patada en la cabeza de parte de su madre, cosa que le hace retroceder.
–¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER NIÑO MALCRIADO! Ya sabía yo que debíamos castigarte cada vez que hacías esas cosas estúpidas a los cinco años, como salirte de donde estabas e ir a abrir libros por ahí –la mujer parecía molesta, Camus se mantenía contra la pared.
–Milo era más padre de lo que ese señor y tú pudieran haber sido en su vida –susurró, con asco, con ira, con bronca.
–¡Milo, eh! Ese tipo que te abrazaba en la biblioteca, así que ese es el profesorcito que tienes ahora ¿Verdad? –Volvió al teléfono–. Milo Onasis. ¿Estás seguro que ya en ese tiempo no te acostabas con él?
–¡TENIA CINCO AÑOS, ASQUEROSA ARPIA! –gritó.
–¿Y QUÉ? ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA? ¡Ahora tienes solo diez años más y te dejas entrar por el culo! –Atienden del otro lado–. Baltazar, habla Indiana, es sobre Camus…–le mira de solayo–. Necesita una reprimenda el sinvergüenza, se ha acostado con un docente que le dobla la edad…..si, ven enseguida –cuelga–. Ahora vendrá tu padre para darte una lección, Camus.
–Agh….maldita mujer…–intenta levantarse pero le vuelve a golpear para que se mantenga en el piso.
Su padre no tardó en llegar, un hombre de cabello oscuro y ojos rojos, profundamente violento. Camus le temía a su padre, cuando su madre se divorció sintió un terrible alivio en su cuerpo, pero al verlo nuevamente allí, parado junto a él, reavivo todo ese temor escondido durante años. Su madre no era violenta, estaba ebria, el resto del día dormía o se desmayaba por la casa vomitando en el suelo, pero su padre, era agresivo por naturaleza.
Camus intentó defenderse cuando su padre comenzó a atacarlo, salió corriendo por la casa tirando todo lo que encontraba, gritando, intentando salir por la ventana hasta que le agarró de la pierna y lo atrajo de nuevo. ¡Lo iban a matar! Estaba resignado a eso, cuando el golpe fuerte de la puerta principal se escuchó, el padre lo arrastró del cabello al comedor mientras la madre miraba la puerta sin saber qué hacer.
–¡ABRANME O TIRARÉ LA PUERTA DE UNA PATADA! –la voz sonaba demandante y terriblemente molesta, pero nadie abrió. Un golpe, dos, tres, una patada tan fuerte que rompió el seguro y se dejó ver un muchacho rubio.
–¡Mi-Milo! –susurró Camus, el viejo le soltó el cabello y éste pudo arrastrarse hasta la entrada.
La cara de terror del rubio era inexplicable cuando lo vio en el suelo, con sangre en la comisura de los labios, el cabello desprolijo y agarrándose el brazo golpeado anteriormente por la caída. El viejo Baltazar se puso en guardia cuando el muchacho entró, dio dos pasos al frente, frunció el ceño, estaba molesto, muy molesto.
–Hijos de puta…..–gruñó, parecía una bestia más que un hombre, el de cabellera negra comenzó a reír.
–¡Tú eres la bestia, pervertido! Abusando de niños menores, eres un asco –le atacó por la palabra, palabras ciertas e hirientes, pero eso no significaba que flaqueara.
–Lo dice quien golpea a un adolescente embarazado, que vergüenza…. –y atacó, le golpeó en la cara y el viejo calló. La mujer lanzó un alarido.
La pelea entre los dos muchachones era terrible, no se dudó un momento en partirse la cara mutuamente cuando rodaron por el piso y los insultos aparecieron. Camus se retiró a un costado, mirando expectante como su 'amante' y su padre se batía a duelo a puñetazos limpios, con ira, con odio. Podía escuchar la terrible voz de su padre, incriminándolo, llamándolo por toda clase de nombres con respecto a la relación clandestina que tenía su hijo y ese docente, lo que hacía enfurecer más a Milo en cada puñetazo.
Cuando lograron separarse, el viejo hombre se levantó y limpió la comisura de su labio.
–Le diré a todos, todos se enterarán como le dabas por el culo a mi hijo cuando deberías enseñarle, pervertido, perverso…infame –comunicó, Milo se levantó y ayudó a Camus a hacerlo también, pues el dolor del brazo lo habían inclinado.
–Di todo lo que quieras, no me importa, pero te quitaré a Camus, no mereces ser padre…. –susurró, con asco e ira, la mujer se acercó a su marido.
–¡LARGO DE AQUÍ, PAR DE PERVERTIDOS! –gritó, Camus se enfrentó a ella.
–No volverás a tocarme ni a saber de mí, vieja arpía y tú tampoco, hijo de puta, les clavaré una denuncia y se las meteré por el culo ¡ME ARRUINARON LA VIDA!
–¡Tú te arruinaste la vida solo al meterte con ese pervertido y tener un hijo! Ni creas que te vamos a ayudar en ésto, miserable –afirmó la mujer.
–Prefiero recibir la ayuda de los delincuentes de la máxima seguridad de la cárcel antes que de ustedes…–se da la vuelta dispuesto a salir por la puerta. Milo se acompaña, mientras escuchan como gritan por detrás.
–¡AHÍ ESTA EL PROFESOR DE MI HIJO LLEVÁNDOSELO, PORQUE LE ENCANTA METERSELA POR EL CULO, PERVERTIDO, ABUSADOR, HIJO DE PUTA! –gritaron, Milo frunció el ceño.
Caminaron un par de cuadras, ya los gritos se habían silenciado, pero las personas que pasaban por allí les miraban con sigilo, no por nada, el viejo era un borracho, drogado e hijo de puta pero tenía razón, se había convertido en un abusador de menores. Se colocó una mano en la cara y comenzó a llorar, Camus se acercó y le abrazó, pero era imposible contenerle.
–Soy todo eso….Ca-Camus….–murmuró entre sollozos, el joven negó.
–¡Claro que no! Milo, tú nunca serás eso…
–Si lo soy, lo soy, lo soy, eres un niño, eres un niño aun y yo…un pederasta –se destapa la cara y le queda mirando–. No debemos estar juntos, pero yo quiero estarlo….porque…
–¿Por qué? –le miró, esperando.
–Me he enamorado de ti…. –la boca de Camus se abrió, al igual que sus ojos, de par en par, pero fueron cerrados por un profundo beso.
Estaba enamorado, tan enamorado que creía moriría, estaba a punto de perder la consciencia de sus actos, de morir entre sus brazos. Siempre se mintió, su corazón le mentía, le mentía tratando de aplacar ese amor con dulces palabras, con aquellas que le hacían entrar en razón. Es un menor, no estás enamorado. ¡Corazón mentiroso! Le mintió varios años, porque se había enamorado de él cuando éste tenía cinco años, tal vez no era amor pasional en ese entonces, no estaba regido por eso, sino por el cariño, por el entendimiento, era fraternal.
Pero ahora Camus era un adolescente, un joven, alguien que elegía con quien estar y como estar, Camus había elegido acostarse con él todas las veces que lo hicieron, y había elegido tener al bebé a pesar de no ser consciente de los riesgos, pero había elegido y él también.
Se abrazaron, fundiéndose el uno al otro.
–¿Quieres que vayamos a un hospital? –preguntó Camus, aun en sus brazos.
–Creo que si….
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Observó una carta, aquella de las múltiples, trazada con mucho cuidado. Sonrió al recordar la fecha, fue hace casi diez años. Dégel tocó su vientre y sonrió, probablemente otra habría sido si vida si aceptaba este destino marcado en el papel blanco, si hubiera ido a esa iglesia hace diez años y aceptado casarse 'ese chico'. Ni siquiera había recordado su nombre hacía mucho tiempo y aun hoy no lo recordaba, siempre lo había llamado 'El chico becado', y aun en las cartas lo era.
Se preguntó qué había pasado con él, si se había casado con alguien más, si tenía familia. Debía admitir que en algún momento se imaginó perdiendo la virginidad con él, teniendo a sus hijos o incluso paseando por las acaloradas playas, pero siempre su imaginación se nublaba y recordaba al muchacho del que se debía su cabello: Kardia.
Espero que él esté bien y sea feliz, que me haya olvidado; susurró en un dejo de culpa. Leyendo una y otra vez las últimas líneas de la carta.
Deseo con el corazón que sea 4 de octubre* para tomarme en mis brazos, besarte como nadie te ha besado, amarte como nadie te ha amado y hacerte feliz, hoy y para siempre. Mi amor, con todo mi corazón.
'El chico becado'.
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–¡VOY A SER PADRE! –gritaron al unísono los hermanos al encontrarse–. ¿Qué? –se exaltaron–. ¡PERO TÚ NO PUE….! –continuaron–. ¡DEJA DE HABLAR AL MISMO TIEMPO QUE YO!
–Eres incorregible, Kardia –bufó molesto Milo y se sentó en la silla–. ¿Cómo es eso que serás padre? ¿Acaso tú estuviste con ese chico? El tal Dégel.
–Tuvimos mucho cuidado –sonrió–. Yo tampoco puedo creer que se haya quedado, es algo increíble, y, extraño….pero ¿tú….? Es decir ¡Camus tiene quince!
–Dieciséis.
–¡Me cago en la diferencia! –Continuó Kardia–. Tú vas a cumplir treinta y tres el mes próximo, Milo.
–¡Ya lo sé, ya lo sé! –Cruzó los brazos–. Pero ¿qué puedo hacer? Él quedó y….realmente estoy feliz.
–¿Y cómo se lo tomaron los papás de Camus?
–Horrible, me van a demandar o gritar que me follo a su hijo –Kardia se sorprendió.
–Pareces muy tranquilo.
–Nadie les cree, están ebrios y son golpeadores, piensan que inventan todo porque rescaté a su hijo, pero es inminente que Camus está embarazado y tendrá un bebé, así que no sé por cuanto tiempo podré sostener la mentira –bufó–. Tal vez deba renunciar.
–¿Y a qué te vas a dedicar? ¿Comer libros en la biblioteca? Tú estás hecho para enseñar.
–Pero…
–Pero nada, tú si puedes vivir, eres sano, vas a tener un hermoso bebé con un chico con buen culo –Frunció el ceño–. Lo siento, que celoso estamos.
–No digas ese tipo de cosas, tiene dieciséis años.
–¡Ja! Y lo dice el que se lo folló.
–Bueno, bueno, no hace falta recordar eso –cruzó los brazos, estaba algo molesto pero continuó:
–Quiero decir, eres joven, inteligente y tendrás una gran familia, Melody te lo envió, bueno, técnicamente Melody estaba viva cuando te lo mandó.
–¿De qué hablas? –Kardia se cubrió la boca–. ¡Kardia, tú sabes algo que yo no sé!
–Hmm…no sé de qué hablas –murmuró entre sus manos.
–¡SABES ALGO, MALDITO BASTARDO! Dímelo… ¿Qué hizo Melody? –el hombre suspira.
–De acuerdo, te lo contaré, pero…..debes prometerme que no te enojarás…
–¡Me enojaré sino me lo cuentas! –gritó, Kardia suspiró pesadamente y continuó.
–Todo empezó hace varios años atrás, antes que naciera tu hijo….mucho antes.
Continuará.
¡CHAN! Próximo capítulo, se desentraña lo que hay detrás del misterioso incidente de Melody, y también la verdad sobre el casamiento, y toda la mierda esa, espero les guste este capítulo y el que sigue porque casi tocamos el final.
No sé si se dieron cuenta pero cuando hable de Baltazar hablé de un hombre viejo, y la mamá de Camus tiene la misma edad que Milo, eso significa que la mamá tiene 32 años (lo tuvo a los 17) y el papá tiene más de cuarenta años, ¿La historia se repite? También veremos eso próximamente.
*4 de octubre: es la fecha arreglada para el matrimonio de Dégel con 'El chico becado', ya verán la historia de ellos más adelante, es cursi, triste y desgarradora sobre un antiguo 'amor' de Dégel, o al menos fue un amor unidireccional (del chico becado a Dégel, pues éste siempre pensó en Kardia).
