Sempiterno
Por Light of Moon 12
NOTA DE LA AUTORA: Hola de nuevo queridos lectores, como ya lo había dicho antes, prometí ser más constante en mis historias y como prueba de ello, les traigo nueva actualización de "Sempiterno" en atención a que como algunos bien lo señalaron en sus reviews, el capítulo anterior fue algo breve. Este episodio va dedicado especialmente a Billy Coen, nuestro protagonista. Siento que Billy junto con otros personajes como por ejemplo; Carlos Oliveira, Steve Burnside, y de los más recientes como Piers Nivans, sin excelentes personajes que CAPCOM ha dejado en el baúl por alguna extraña razón y bueno nos dejo con muchas interrogantes con respecto a su pasado o historia de fondo. En este capítulo trato de darle forma al trasfondo de este personaje, basándome gran parte en el canon, el fic de RESIDENT EVIL ORIGINS en el episodio dedicado a BILLY COEN, todo esto como un homenaje a su autora CMosser, que gracias a su gran one shot, esta historia fue posible. Y claro algunas cosas son parte del argumento de su servidora.
Espero lo disfruten.
AGRADECIMIENTO ESPECIAL: A mi querida Beta Reader Polatrixu, gracias por la paciencia y por leer todo el fic. A mis hermanas malvadas en especial a GeishaPax que también ayudó en este cap, y por supuesto a todos ustedes por leer y dejar sus reviews. Sin más que decir, a leer.
RESPUESTA A REVIEWS:
Aspros D'Lars: Muchas gracias por tus palabras y en verdad me alegra que estés disfrutando la historia. En atención a que el capítulo anterior fue largo, este sí es un poco extenso que espero te guste. Gracias por tus comentarios acerca de Irene, será una parte importante en este fic, y como bien dices, será toda una evolución la que veremos aquí con respecto a Sheva. ¡Disfruta mucho el episodio!
Reggina Wesker: Gracias por tu review Reggina, aquí un nuevo cap para ti.
GeishaPax: Hermana del mal, tu cameo ya tiene fans! Hermana Chris es de los personajes que más la caga en la saga, ya veremos como reacciona aquí a lo largo de la historia. Besos con baba de Wesker. Y por cierto, debo de dar créditos a goma por su gran actuación en este fic. Denle un paquete de Whiskas a ese gato.
Understand what I've become
It wasn't my design,
and people everywhere think
something better than I am,
but I miss you, I miss
cause I liked it, cause I liked it
when I was out there
Do you know this?, Do you know?
You did not find me, you did not find.
Does anyone care?
—The Cranberries, "Ode to my family".
CAPÍTULO 8: HISTORIA DE UN SOLDADO
—Las vacaciones de verano terminan en una semana. —Comentó Billy mientras daba un sorbo a su café.
Sheva lo miró de reojo al darse cuenta que Irene ignoró campalmente el comentario de su padre.
Billy volvió a insistir.
—Sheva se tomó la molestia de buscarte una nueva escuela y yo estuve de acuerdo con su decisión.
Irene alzó la vista de su plato de cereal. Conocía a su padre y sabía que había algo más en esa conversación.
—Como sabrás, nadie puede saber que yo estoy aquí y no puedo ser el responsable de ti al menos en la escuela… Sheva será tu nueva tutora.
—¡¿Qué?! —Exclamó molesta la adolescente.
—Lo que escuchaste, Sheva será tu tutora.
La morena resopló, ya iba a empezar otra batalla familiar.
—¿Y si no quiero? —Retó la niña cruzándose de brazos.
—Pues tendrás que aceptarlo. He sido blando contigo tratándo de entender que este ha sido un cambio difícil para ti, pero no puedo tolerar más tu actitud caprichosa, señorita. Sheva va a ser tu tutora y no está a discusión. —Determinó el padre sin alzar la voz pero con total autoridad.
Su hija se quedó callada con la indignación marcada en los ojos. Terminó rápidamente de comer su cereal para poder recoger su plato y ponerlo en el lavavajillas. Finalmente se retiró sin hacer ruido.
—Creo que no es buen momento para sugerirle que se pruebe su nuevo uniforme. —Comentó la de ojos avellanas mientras agregaba un poco de miel a su cóctel de fruta.
—Ya no sé qué hacer con Irene, Sheva. Ella no era así. —Se quejó Coen a mitad del desayuno.
—Es un cambio muy brusco para ella.
—Pero eso no justifica que sea una malcriada, yo no le enseñé eso.
—Dale tiempo.
El ex teniente suspiró, se cuestionaba demasiado si había sido una buena decisión el aceptar venir de nuevo a Norteamérica.
—¿Hoy me darás mi nuevo trabajo? —Preguntó el mayor intentando cambiar de conversación.
—Sí, te proporcionaré mi nuevo número de usuario y mis claves para que puedas iniciar la investigación. —Dijo a la vez que se servía un vaso con jugo de naranja.
—Neo Umbrella.
—Así es.
—Creí que esos malditos habían desaparecido junto con Raccoon City. —Murmuró el de cabello negro casi con molestia.
—Para nuestra desgracia no, hay demasiada gente que se involucra en estos negocios sucios. —Respondió encogiéndose de hombros.
—Supongo que no va a ser fácil.
—No y mientras tú te ocupas de eso, yo me encargaré de la investigación de tu caso con la Planta 57 de Umbrella. Pero para esto, necesito que me cuentes toda la verdad, Billy.
El mayor asintió y miró que su hija volviera a encerrarse en su cuarto junto con Goma el gato.
—Está bien. Pero vamos al estudio.
Ambos se levantaron de la mesa y se desplazaron a la habitación de fondo que había sido improvisada como oficina de trabajo. William se acomodó en el pequeño sillón de cuero y Sheva en la silla giratoria frente a la computadora, a la vez que tomaba su cuaderno de apuntes y un bolígrafo.
—¿Será un interrogatorio judicial?
—Algo así. —Contestó la morena reclinándose en su asiento.
Coen activo el cerrojo en la puerta para asegurarse de que su hija no intentara entrar y no pudiese escuchar nada.
—¿A qué edad ingresaste a los Marines?
—A los dieciocho años.
—¿Fue por iniciativa propia?
—Sí, mi padre era coronel en los Marines, Coronel William Coen I.
Sheva soltó su cuaderno de apuntes y lo dejó a un lado. Pensó que quizás el modo de "pregunta-respuesta" no tendría la fluidez que necesitaba para la investigación, así que decidió emplear otra técnica.
—Billy, cuéntame tu vida.
—¿Qué detalles específicamente? —Preguntó el mayor,
—Todo lo que recuerdes, desde los detalles que consideres importantes, hasta los minúsculos. Ten por seguro que lo que me cuentes, no saldrá de estas cuatro paredes. —Apremió la morena para brindarle seguridad a su compañero.
Coen suspiró, era evidente que seguía siéndole incómodo hablar de estos temas con los demás, pero esta vez era necesario hablar de ello, por su bien y el de su hija.
—Nací un 29 de febrero de 1972 en Washington, para orgullo de mi padre que también era Estadounidense; William Coen I. Mi madre era alemana, —dijo haciendo una mueca por la ironía y continuó; —se llamaba Stephanie Schnitzler, pero en cuanto se casó dejó de utilizar su apellido paterno para utilizar el de mi padre.
Sheva lo miró con atención. Ahora eso explicaba porque el anillo de la madre tenía inscrito "Stephanie Coen" y no "Stephanie Schnitzler".
—Mi padre era un militar de linaje, desde mi bisabuelo que era un veterano de la Primera Guerra Mundial hasta llegar a mi padre que había servido en la Guerra de Vietnam. Viniendo de una familia así, era casi mi obligación dedicarme también a servir a mi país, aunque mi madre no estuviera de acuerdo, ella era escritora. —Explicó con una sonrisa al recordar a la mujer que le había dado la vida. —Mi padre siendo Coronel en los Marines, en cuanto cumplí dieciséis me enlistó en U.S.M.C. para comenzar mi entrenamiento. Apenas cumplí dieciocho me uní formalmente a los Marines, aunque por cuestión de ética, me quedé en las filas de un regimiento distinto al de mi padre, ya que ambos queríamos evitar un trato preferencial o que se dieran malos entendidos. Cuando cumplí veinte años mi madre enfermó de tuberculosis y a pesar de que tanto los médicos como mi padre y yo hicimos todo lo humanamente posible por salvarla, ese mal la consumió rápidamente, muriendo a los tres meses siguientes. Mi progenitor y yo tratamos de ser fuertes, pero era difícil sin ella, vi a mi padre varias veces llorar en su habitación por su esposa. Quién iba a decir que yo iba a entender ese mismo dolor más tarde. —Mencionó él haciendo referencia a la madre de Irene. —Como dije antes, yo no estaba bajo las órdenes de mi padre y estuve bajo el mando del también Coronel Sebastian Butler. En ese entonces, el General Edward Sandler que ya era demasiado viejo para el cargo, optó por retirarse con todos los honores que U.S.M.C. otorga a alguien que sirvió al país tanto tiempo, y entonces su puesto quedó vacante. Sólo había dos candidatos al puesto, mi padre y Sebastian. Todo el mundo estaba seguro que el elegido sería mi padre pero…
—¿Pero? —Preguntó la morena invitando a Coen que prosiguiera.
—Pero ocurrió una tragedia que nadie esperaba. Envíaron a mi padre con una legión de soldados a combatir contra unos rebeldes en Medio Oriente. Era una misión medianamente sencilla, ya que superaban en número a sus combatientes, pero durante la batalla, mi padre se colocó en una posición peligrosa y… Fue carne de cañón.
La de ojos avellana tragó saliva, se notaba a leguas que a Billy le dolía desempolvar esos recuerdos.
—¿En verdad crees que tu padre se…?
—¿Se haya suicidado? —Dijo él ex militar terminando la frase. —No lo sé, en un momento jamás lo creí capaz, pero todos lo interpretaron como tal, culpando la depresión a raíz de la muerte de mi madre como la causa de que se haya dejado matar. —Finalizó con un suspiro hondo y prosiguió; —Su funeral fue igualmente con todos los honores posibles y Sebastian Butler subió al rango de General. Poco tiempo después, me ascendieron también al grado de teniente y fue cuando sucedió la misión de África que ya conoces mejor que yo.
—¿Qué pasó después de que te atraparon? —Preguntó la mujer.
—Me llevaron preso en calidad de reo peligroso a mi regreso a Estados Unidos. Me encerraron en una celda sin decirme bajo qué cargos me acusaban y sin posibilidad de defenderme. Después de varios días de estar incomunicado me citaron a mi primera audiencia donde me acusaban de alta traición; haber matado a veintitrés personas entre civiles y compañeros de mi regimiento, desobediencia, rebeldía y mil cargos más. Sebastian Butler me acusó directamente de haber atacado a inocentes y cuando me defendí diciendo que él había sido quien había dado la orden de masacrar a los pobladores de esa región de África y que eran otros militares quienes estaban matando a los sobrevivientes de la Planta 57, nadie me creyó. Volvieron a encerrarme y me mantuvieron nuevamente de incógnito hasta la audiencia de pruebas donde presuntamente presentaron unos estudios psicométricos que jamás me realizaron y dictaminaban que también padecía varias enfermedades mentales; psicosis, bipolaridad, trastorno antisocial… Mi juicio duró cuatro años en los cuáles dos de ellos permanecí encerrado injustamente bajo condiciones deplorables e inhumanas para que los años restantes me internaran en un sanatorio mental que fue aún peor; aislado en una maldita celda blanca acolchada, bajo los efectos de varios fármacos todo el tiempo. Sentía que en verdad iba a volverme loco y hubiese preferido mil veces permanecer en mi calabozo húmedo y sucio en la cárcel. —Escupió con amargura, recordando esos terribles acontecimientos que lo marcaron de por vida, apretando los puños con furia.
Sheva no podría creer lo que oía, era de lo más bajo que había escuchado en su vida.
—Después de cuatro años finalmente se dictó sentencia en el Tribunal Militar; me consideraron como reo potencialmente peligroso y enemigo público. Me dieron la pena de muerte, condenándome a la inyección letal el día 23 de Julio de 1998 en la Base Raghiton. No tenía miedo de morir; después de vivir todo ese infierno, la muerte me parecía un premio. Me sacaron del psiquiátrico para inmediatamente trasladarme a la base donde pondrían fin a mi existencia. La noche del 23 de Julio de 1998 durante el viaje a Raghiton, era necesario pasar primero por las montañas de Arklay, cerca de la región fronteriza de Raccoon City, por lo cuál utilizaron una todo terreno para movernos. El camino fue en total silencio y permanecí quieto y esposado de manos para que no tuviese posibilidad de escapar, ya estaba resignado a mi destino. —Mencionó con voz sombría. —Jamás imaginé lo que estaba a punto de pasar…
Billy se interrumpió por unos segundos, como si las imágenes de los recuerdos en su mente fueran incluso desagradables de relatar.
—No supe en qué momento el conductor perdió el control de la camioneta, pero lo último que recuerdo es despertar en la cabina del vehículo totalmente volcado, quedando totalmente de cabeza. Me llevé varios golpes, entre ellos uno en la cabeza que me desmayó y me dejó inconsciente por no sé cuánto tiempo. Lo que sí recuerdo es que unos ruidos extraños, como rugidos de animales pero más intensos, fueron los que me despertaron y aún sin recuperarme totalmente fue que descubrí la escena más aterradora de mi vida; ví a través de la ventanilla a unos seres cuadrúpedos, con la piel expuesta y manchados de sangre que estaban devorando a los custodios que me acompañaban, destrozandolos poco a poco. No sabía qué diablos eran esas criaturas pero no tenía intención de descubrirlo.
La africana imaginó la escena en su mente, por la descripción, no tenía duda de que se trataba de los perros cerberus, esos mortales canes que en varias ocasiones trataron de asesinarlos a ella y a Chris en la misión de Kijujú.
—Afortunadamente debido al impacto mis esposas se rompieron liberándome de mis ataduras, y fue que al fin pude moverme con libertad. Me moví por los asientos y me di cuenta que uno de los oficiales, el que viajaba de copiloto salió disparado a través del parabrisas, el enorme agujero en el cristal lo delataba. Pensando cuál era la mejor opción para huir, busqué en la guantera un arma de repuesto que los soldados de Marines siempre llevábamos para casos de emergencia y efectivamente la hallé. Tomé un par de cartuchos y decidí salir por la puerta del conductor, pero por accidente encendí las luces de la camioneta que me delataron y llamaron la atención de esas bestias. Como si hubiesen salido del mismo infierno, esa especie de perros se acercaron al vehículo volcado amenazándome con sus dientes afilados. Sabía que si me quedaba resguardado en la cabina esos animales o lo que sea que fueran terminarían por entrar y yo no tendría ninguna oportunidad contra ellos. Tenían demasiada fuerza, con los golpes de sus patas empezaron a fragmentar los vidrios de las ventanillas y ya no me quedaba mucho tiempo. Fue entonces que tomé la decisión repentina de romper de una patada la totalidad del parabrisas y salí corriendo de allí, dándome al menos unos segundos de ventaja que ayudarían a salvar mi vida.
Corrí a la máxima velocidad que me permitieron mis piernas a través del bosque, pero los canes parecían no cansarse así que cargando mi arma, opté por disparar, atiné un par de tiros en sus cabezas, matándolos al instante. Estaba a salvo, pero no sabía por cuánto tiempo. Dentro de mi desesperación utilicé seis balas para asesinar a esos malditos, habían sido demasiadas. Sólo contaba con dos cartuchos y no tenía idea si en el bosque había más de esos especímenes rondando. Lo mejor era salir de allí cuanto antes.
Caminé a oscuras a través de las montañas Arklay hasta que llegué a las vías del ferrocarril donde un tren estaba detenido y aparentaba estar vacío. Es cierto, yo tenía el estatus de un reo peligroso y estaba arriesgando demasiado al exponerme así a la gente si alguien llegaba a reconocerme, pero prefería eso a terminar hecho pedazos por esas abominaciones. No lo pensé dos veces y entré.
—Entonces, tú no mataste a los oficiales. —Determinó la más joven después de escuchar parte del relato de Billy.
—No. Yo no maté a los custodios, yo sólo huí de esos monstruos. —Señaló el ex convicto.
—Dios… Cuando los agentes de S.T.A.R.S. encontraron la camioneta y los cadáveres, creyeron que habías sido tú el que había matado a los soldados. Quedó asentado en tu expediente.
—Lo sé, Sheva. Sabía que iban a culparme también de ello. —Dijo él con una sonrisa sarcástica.
—¿Qué sucedió después? —Interrogó Sheva con más interés.
—Después de entrar al Ecliptic Express, me di cuenta que las cosas estaban peor que afuera. Los vagones estaban llenos de cadáveres y gente en estado zombie. Todo parecía ser sacado de una bizarra película de terror. Caminé y me escondí cerca de una las cabinas de los empleados, cuando me di cuenta que había otra persona dentro del tren. Era una mujer, bajita y esbelta, cabello corto y cara de muñeca. Tenía el uniforme de los S.T.A.R.S. así que supuse que pertenecía a ese escuadrón. Se trataba de Rebecca Chambers.
De manera involuntaria, una sonrisa se dibujó en el rostro siempre serio del antiguo teniente de Marines, recordar a la doctora Chambers, le resultaba sumamente agradable.
—Ella me identificó de inmediato, junto con la lista de delitos que presuntamente había cometido. Quiso amenazarme e incluso intentó arrestarme para verse ruda, pero por su expresión, me dí cuenta que estaba aterrada ante mi presencia. Obviamente no pretendía dañarla ni hacerla nada, pero ella no parecía creerme. Accedió a cooperar conmigo cuando la salvé de una sanguijuela mutante que iba a matarla, supongo que se dio cuenta que sola no llegaría lejos, en cambio si decidía a unirse a mí, quizás tuviéramos una oportunidad. El Ecliptic Express se activó y debíamos detenerlo de alguna manera, ya que en los paneles de control nos dimos cuenta que si seguía corriendo por las vías a la misma velocidad se iba a descarrilar. La chica de S.T.A.R.S. y yo nos separamos para intentar frenarlo y lo logramos, sin embargo no pudimos evitar el choque al llegar al centro de entrenamiento ejecutivo de Umbrella. Perdí a Rebecca por unos instantes y me preocupé demasiado, sentí un enorme alivio al encontrarla con vida. A ella fue a la única persona a la que le conté la verdad de la misión de África; yo no había cometido ningún delito ese día y que sí desobedecí al negarme a matar inocentes.
En su memoria, la jovencilla recordó el relato de Rebecca Chambers, en el cuál ella le explicaba sobre lo sucedido en el Ecliptic y la inocencia del antiguo presidiario.
—A lo largo de nuestra huída encontramos a un tipo misterioso que estaba detrás de todo ese desastre; el doctor James Marcus. El tal marcus nos contó que había sido asesinado hacía diez años atrás a manos de sus aprendices; William Birkin y Albert Wesker.
—¡¿Albert Wesker?! —Replicó Sheva sin poder evitar su sobresalto.
—¿Lo conoces? —Preguntó Billy mirando su expresión asustada.
—Sí, Chris y yo nos enfrentamos a él en una misión precisamente en África. —Explicó Alomar rememorando la aventura de Kijujú.
—Pues ese tipo junto con el otro aprendiz, asesinaron a Marcus para robar su investigación sobre unas sanguijuelas y algunos virus que no recuerdo, todo con el fin de llevarse el crédito por ello. Pero al parecer la sanguijuela de dicha investigación había desarrollado su propia inteligencia y buscó el cuerpo del doctor para así entrar en él y comenzar a resucitarlo, proceso que le llevó diez años. Umbrella traicionó a Marcus y él había jurado vengarse a través de la sanguijuela reina que se transformó en una aberrante criatura que trató de matarnos. Como pudimos, derrotamos a ese bicho gracias a que descubrimos su sensibilidad a la luz solar que nos dio un poco de ventaja. Para ese momento, los altos mandos de Umbrella ya tenían conocimiento de lo que estaba pasando en el Ecliptic y ordenaron su destrucción...
Billy se interrumpió unos segundos con la mirada perdida hacia ningún lado. Finalmente dio un suspiro hondo y continuó;
—Logramos escapar antes de que todo volara en mil pedazos. Cuando estuvimos "a salvo" Rebecca me quitó mis placas de identificación y antes de despedirnos dijo; "el teniente Billy Coen está oficialmente muerto". Ahora, sólo soy un zombie. —Terminó con sarcasmo, todo el relato de lo sucedido una noche antes del caos de Raccoon City.
—¿Qué pasó después? —Cuestionó la morena con un hilo de voz, queriendo saber más de us interlocutor.
—No mucho en realidad, ya estaba muerto. —Relató con un toque de comicidad. —Como ves, no podía seguirme quedando en el país, y aprovechando todo el caos ocasionado por Raccoon City; fue que pude fugarme a la nación vecina por la frontera sur, hasta que llegué a Nayarit en calidad de migrante, obviamente con una identidad falsa. Allí conocí a Karen y mi vida empezó a mejorar.
—¿Cómo fue que la conociste?
—Necesitaba un empleo, seguramente ya imaginarás que llegué prácticamente sin nada a México, sobreviviendo únicamente con el poco dinero que obtenía de ayudar a las personas a regar el jardín, cortar el pasto, lavando autos… Cualquier clase de tarea que me pudiera dar pequeños ingresos al menos para pasar el día. Cuando llegué a Nayarit, me quedé unos días vagando por las calles hasta que encontré un letrero donde un viejo mecánico necesitaba de un aprendiz; se trataba del padre de Karen. Al principio me costó ganarme la confianza de mi entonces jefe, pero poco a poco se dio cuenta de que era eficiente y aprendía rápido, al grado de que un día decidió dejarme ya como encargado del taller y él se retiró a su hogar para descansar. El hombre era viudo y sólo tenía una hija. Karen era una chica dulce, muy amable y también era guapa. Desde el primer día que llegué a trabajar con su padre, no hubo tarde que no llegara a quedarse en el taller y hacerme compañía. Mientras trabajaba ella se sentaba a mi lado y me contaba sus cosas; la relación que tenía con su padre, lo que le gustaba cocinar —ella siempre nos cocinaba a ambos, a su padre y a mí, — me contaba las historias de los libros que leía y hasta su extraño gusto por los reptiles… —Al decir esto, Billy hizo una mueca. —Disfrutaba demasiado de su compañía.
Sheva sonrió. Al menos algo bueno había pasado dentro de toda la trágica vida de su compañero.
—Un día dentro de todo su parloteo, de repente me confesó que albergaba sentimientos por mí. Yo le dije que no le convenía debido a que no tenía nada que ofrecerle, era una apátrida sin futuro, sin porvenir, pero a ella no le importaba. No fue fácil tomar la decisión de quedarme con Karen, pero no me atrevía a rechazarla, además de que estaba muy agradecido con ella y su padre por brindarme una mano cuando prácticamente no tenía a nadie.
—¿Fue sólo eso? ¿Agradecimiento? —Interrogó la dama en cuestión.
—No, Sheva. También me vi tentado a ser feliz. Me habían pasado tantas cosas, tantas desgracias, que pensé; ¿por qué no?
En algún momento de mi vida había deseado casarme, tener mi propia familia y con Karen vi esa oportunidad de ser feliz y sobretodo hacerla feliz.
—No tiene nada de malo querer ser feliz. —Afirmó ella.
—No tiene nada de malo, es correcto. Pero parece que para mí, sí. Karen fue un bálsamo en mi vida pero duró muy poco tiempo. Fui el hombre más feliz cuando me dijo que íbamos a tener un hijo y en el embarazo todo era perfectamente normal. El día del parto todo se complicó y no resistió, los médicos sólo lograron salvar a mi hija.
Al poco tiempo, su padre falleció también y fue que me quedé completamente sólo con Irene, dedicando el cien por ciento de mi vida a ella.
La agente de la B.S.A.A. cada vez se sorprendía más de la vida que había tenido el varón que le había salvado la vida, creciendo aún más la admiración que sentía por él al mantenerse firme después de todo lo que había sucedido en su vida.
— ¿Karen estaba enterada de tu pasado?
—Sí, no podía casarme con ella sin antes decirle quién era yo realmente. Ella era la única persona en el mundo que conocía mi secreto y que lo guardó hasta llevárselo a la tumba.
—Gracias por confiar en mí ahora, Billy. —Agradeció la morena con sinceridad colocando una mano en su hombro para reconfontarlo. —Te prometo que haré todo para limpiar tu nombre y recuperes tu vida.
