ENAMORADA DEL ENEMIGO
CAPITULO 7: "Bajo la nieve"
"El amor es un bicho raro".
Observe nuevamente encantada los copitos de nieve que caían de todas partes de el cielo como pequeños trozos de lana cayendo de un desboronare de ropa. Estire mis manos al cielo y las mantuve flotando en el aire dejando que millones de bolitas blancas cayeran sobre ellas, imitando conseguir lo que hacían Emi y Maddy. Pero antes de poder tocar verdaderamente las palmas se desvanecían por el calor de ellas y terminaban hechas agua en mis manos. Mi sonrisa se desvaneció cuando después de mucho tiempo me di cuenta de que no estaba atrapando ninguna. Gruñí enfurruscada por mi mala suerte. Mientras mis amigas jugaban una con la otra tirándose nieve que obtenían en sus manos y que aun manipuladas no se desvanecían como las mías.
-¿Como lo hacen? -Les pregunte sorprendida viendo como se tiraban las bolitas blancas de un lado a otro sin que terminaran hechas liquido.
-¿Qué cosa? -Se inmutaron las dos hablando en coro.
-¿Que como hacen eso...?-Les señale las bolitas de nieve que tenían en las manos. -¿Como hacen para que no se les desvanezcan?
Me miraron intrigadas, les mostré como sin llegar a mis palmas se volvían agua. Ambos rieron convulsionadas.
Entonces Emi se acerco a mí y me tomo de las muñecas obligándome a ver mis manos.
-Es que Rose, eres tremendamente caliente. ¿Cómo pretendes que no se desvanezcan?
Nuevamente gruñí frustrada. Ellas volvieron a su juego riéndose de mi mala suerte.
De repente sentí que alguien me pasó el brazo por los hombros y me atrajo con él.
-¿Qué haces, hermanita? -Obviamente era Hugo. Que se fijaba siniestramente en lo que Emi y Maddy hacían.
-¿Que no ves? -Le replique. -Jugando en la nieve tonto, aunque... bueno, creo que no tengo la misma suerte que ellas.
-Bueno, Rose. Tú siempre has sido una chica sin suerte. -Me confesó divertido. Me dio unas palmaditas en la espalda mientras sonreirá irónicamente. -Creo que a veces te tengo un poquito de lastima.
Rodé los ojos y suspire cansada.
-¡Hey! ¡Hugo! -Alguien llamaba a Hugo, los dos nos volteamos al tiempo. Efectivamente. Como lo sospechaba era Albus, vestido con su patética ropa de invierno, chores largos pero un poco corto por los zapatos dejando ver las medias, sus camisas manga larga de color purpura oscuro y su abrigo enrollado en el cuello, corría hacia nosotros formando una bulla haciendo que por donde pasara la gente se le quedara viendo. -¡Espérate hay!
Hugo enrojeció violentamente y se volteo nuevamente.
-Ni lo conozco. -Susurro despacito antes de que Albus al fin nos alcanzara.
-¡Sí! ves Hugo. Lárgate con él y déjame en paz de una buena vez. -Le aconseje mientras lo empujaba hacia donde estaba Albus.
-¡Te he estado buscando por todas partes, primo! -Hablo Albus agitado, apoyándose las manos en las rodillas. De pronto noto mi presencia y sonrió levemente. -Eh...Hola, Rose. ¿Cómo te va este invierno?.
-No tan bien como a ti. -Le respondí. -Me imagino ¿No?
-Sí, bueno... hay, aunque si ves a James podrías decirle de mi parte que lo odio enormemente por dañarme el invierno, por favor. -Me dijo.
-Claro.
-Y ahora tu Hugo te las vas a ver con migo... -Susurro volteando a ver a mi hermano que ya no se encontraba allí. Me miro extrañado. -¿Dónde demonios se ha metido este imbécil?
Respondí encogiéndome de hombros y negando con la cabeza. Yo tampoco me había dado cuenta en qué momento se había esfumado.
De repente buscando a mi propio alrededor vi su figurita a lo lejos corriendo a gran velocidad entre la nieve, solo lo pude distinguir por su larga cabellera roja moviéndose contra el viento, entonces le señale a Albus con el dedo y este entrecerró los ojos mientras averiguaba si era él.
-¡Vuelve aquí cobarde! -Grito al fin. Y rompió a correr a la dirección en la que se había ido Hugo. -¡Puedes huir pero no esconderte!
Me reí al contemplar la escena, tal y como en nuestros años de infancia cuando corríamos todos jugando al escondido en el gran patio de la madriguera escondiéndonos de Lily, la más pequeña y la que todos pensábamos que era la que menos tenia oportunidades, pero de alguna manera siempre nos encontraba a todos y solo años después nos pudimos enterar que fue por su dote de magia que pudo lograrlo.
-Eh. Estas muy concentrada pensando ¿Verdad, prima? -Sentí una vos chillona a mis espaldas y voltee para asegurarme de la que ya suponía que era, Lily con una linda sonrisa en sus carnosos labios. -¿En quien será eh?
-Justamente está pensando en ti, Lily. -Le asegure.
-eh... ¿Sí? ¡Vaya! sí que soy pensada... ¿No?
Asentí sonriendo como ella lo hacía.
-Y dime... ¿Te has comunicado con nuestros padres? -Pregunto.
-Sí, ayer me comunique con papa y con tío Harry.
-¿has hablado con papa?... ¿Qué os a dicho? -Volvió a preguntar.
-Nada. Solo que están bien y que... ah! que, mama y tía Ginny vienen estas navidades a visitarnos para llevarnos a casa. -Le dije.
-¿Enserio? ¡Waw! -Exclamo emocionada. -¡Ya quiero que lleguen las vacas!
-A pero keh... ¡tú quieres que lleguen las vacas?. -Le comente divertida. -Yo prefiero las vacaciones.
Ella soltó una carcajada natural y después me golpeo las costillas con su codo.
-Ya sabes de que hablo.
Después de un momento en silencio ella lo rompió con su evidente tono de conversación:
-Oye Rose. -Llamo mi atención como quien fije no querer la cosa. Pero al fondo, si la quiere. -ya dime ¿Crees que a mama le guste la idea de que este saliendo con Jakeon?
-¿Jakeon Mitlete? -Fruncí el ceño confusa. -¿No estás saliendo con Ferrewin Black?
Ella negó con la cabeza y en su rostro se noto un supuesto pánico.
-Ni Dios quiera... -Me dijo. -Estoy saliendo es con Jake. Ferrewin es solo mi pareja de baile, solo lo hice por... lástima.
-Oh!
-¿Y entonces qué piensas? -Me insistió.
-No lo sé, Lily. Para mí que eres muy chiquita para andar teniendo novio. -Le respondí con total sinceridad.
Se mordió la lengua y luego me fulmino con la mirada.
-Ahora andas igual que James. -Me reprocho.-Caramba! cuantas veces les tengo que decir que ya no soy una niñita, tengo 14 años y en marzo cumplo los 15.
-Bueh! Allá tu, Lily. -Me aburrí de estar siempre hablando del mismo tema.
-Oh! Vamos, Rosie... -De pronto sentí en su mirada un toque de picardía. -...No me digas que no tuviste tu par de noviecitos a mi edad ¿Eh?
Me ruborice violetamente pero supe responderle correctamente.
-¡Calladita te ves más bonita, Lily! -A continuación le mentí. -Además, yo aun no he tenido ningún novio y estoy de 16.
Me miro expectante durante unos momentos como esperando encontrar la mentira en mis ojos pero al parecer no la encontró. Luego suavizo sus ojos esmeralda y suspiro.
-Oh, bueno... es que tú eres una aburrida. -Soltó vencida por primera vez y me sentí orgullosa de mi misma cuando bajo la mirada y se concentro un buen rato en el suelo, luego cuando al cabo de un tiempo su mirada subió nuevamente y se encontró con la mía, sus ojos estaban nuevamente expectantes y curiosos. -No entiendo como conseguiste ir al baile con Malfoy. ¿Como hiciste para...?
Agradecí cuando James comenzó a gritar a nuestras espaldas.
-¡Lily Potter! -Parecía enojado.
Las dos nos volvimos hacia atrás y pudimos contemplarlo caminando hacia nosotras con una chica abrazada por los hombros.
-¿Esta es tu nueva novia James? -Le pregunte al aludido cuando llego a nuestro alcance.
-Efectivamente, Rose. -Me contesto sonriente, luego miro a la morena que estaba a su lado. -¿Cierto, cariño?
La chica asintió como una bebe y luego vi la desagradable escena cuando sus labios se encontraron.
-Ough! Me harás vomitar James. -Gruño Lily poniendo cara de asco.
De pronto se separaron y todo el ambiente cambio repentinamente. James miro a Lily con son de pelea.
-Lily, tengo un asunto pendiente que hablar con tigo... -Empezó James. Pero no pudo terminar ya que Lily lo interrumpió.
-¿Sabías que dejo de orinarse a los 10 años?... Ah. ¿Y que dejo de tomar leche materna a los 5? Era súper gracioso. -De pronto se encontraba Lily hablándole muy confiadamente a la chica morena. La morena se burlo ante su comentario y James enrojeció de lo furioso.
-¡Lily! ¿Podrías callarte? -Mascullo entre dientes. -De que si me orinaba o no a los 10 años y si seguía tomando leche materna a los 5 no es asunto tuyo.
-Pero si de tu novia, Jamie. -Le dijo Lily fingiendo sumisión. -Creo que sería muy descortés de tu parte no contarle este tipo de cosas a tu novia. ¿No sabías que lo más importante en una pareja es la confianza que se deben tener? Bueno, hay te lo dejo... y si ya no me necesitan mas aquí, creo que estorbo, así que... me largo. -Estrecho la mano de la chica. -Fue un gusto conocerte, ¿Martha? -La chica asintió. -Bueno. Un placer. Nos vemos. ¡Ah... adiós, Rose!
Y de repente camino sobre la nieve y se esfumo entre la multitud.
James, su nueva novia y yo nos quedamos mirando con la boca abierta a la dirección en que había desaparecido Lily.
-Te juro, Rose. -Hablo James cuando al fin tubo la capacidad de recomponerse de aquel Shock. -Que si no fuese mi hermana ya la fuera estrangulado.
Reí levemente ante su ocurrencia.
De pronto tomo la mano de la morena que se encontraba a su lado y comenzó a caminar hacia donde se había ido su hermana.
-¡Espera, James! -Me acorde de lo que me había mandado a decirle Albus.
El se paró en seco y me miro aturdido.
-Albus te manda a decir que gracias por arruinarle su invierno. -Le supe decir.
Mi primo sonrió con amargura.
-Dile que no hay de qué. -Y también se esfumo.
Me quede mirando a la parte en la que Hugo, Albus, Lily, James y su novia Martha habían desaparecido. Luego de unos minutos mi estomago se retorció, se me puso roja la cara y de mi garganta salió una gran carcajada que duro más de lo estimulado.
-¿De qué te ríes... Princesa? -Una vos muy familiar me sacudió los oídos.
Me voltee sorprendida. No podía ser el. Y... ¿Pero quién mas se atrevería a decirle 'princesa' a Rose Weasley? Debería ser demasiado lunático y en verdad ¿Quien mas tendría esa vos tan perfecta que hasta parece que cantaran los ángeles cada vez que abre su majestuosa boca?
Parpadee incrédula mientras admiraba la hermosa figura que reposaba a delante mío.
-¿E-eres t-tu....? -Mi vos se quebró por algunos instantes. -¿Scorpius?
-No. El demonio de Tasmania. -Se burlo con sarna y como respuesta solo pude lograr alzar las cejas tanto que hasta ya me dolían los ojos.
-¡Oh...Si! Demoniaco demonio de Tasmania no me atr... -Trate de decir algo sarcástico pero sus repentinos labios sobre los míos me atascaron las palabras en la garganta.
Sus labios finos y su boca dulce me exploraron toda la mía y me sentí estremecer cuando su lengua sentencio la mía suavemente.
-Te has vuelto incontenible. -Le reproche cuando se separo de mí y el aire me volvió nuevamente a los pulmones. -¿Te das cuenta que alguien nos puede ver?
A continuación mire de un lado a otro para ver si alguien nos miraba pero al parecer nadie más que blanca nieve que caía y descansaba en nuestros pies era testigo de nuestros propios riesgos.
-Rose, nadie nos puede ver aquí. ¿Me entiendes? -Me explico relajado. -La neblina esta demasiado espesa como para alguien que no esté pegado a nosotros pueda vernos con claridad.
Suspire tratando de asimilar sus palabras.
-Ya, pero...
-Pero nada. -Me interrumpió.
Me estremecí cuando coloco las palmas de sus manos sobre mis mejillas ardiendo.
-Rose, te noto insegura. Ya no quiero estar escondiéndole esto a la gente. -Su dulce aliento choco contra mi nariz. - En estos momentos quisiera gritar a todo pulmón que te amo y que siempre lo voy a hacer acéptelo quien lo quiera aceptar o reprochándolo quien lo quiera reprochar.
-¿Que estas queriendo decirme? -Lo interrogue.
Suspiro y sus ojos sus parpados se cerraron dejándome cegada cuando volvieron a abrirse y se me colaron en los ojos aquella mirada azul celeste.
-Quiero decir que... -Dudo. Afirmo más sus manos contra mi cara. -...Quiero contarle todo a mi padre y quiero que tu también lo hagas a los tuyos. Ya no quiero tener más secretos con nadie.
Mis ojos se abrieron como platos y lo mire con desaprobación. Sus ojos se entrecerraron aun fijos en mí.
-No te preocupes, Rose. -Y antes de que pudiera darme cuenta ya estaba abrazada a su pecho. -Nada nos va pasar. Todo va a salir bien. Mientras estemos juntos no podemos tenerle miedo a nada.
No sé como pudo, pero alguna u otra forma su vos si logro confortarme.
-¿Cuando se lo vas a decir?
-Después del baile de navidad. -Respondió a mi pregunta. Mi cuerpo se puso rígido a su lado. Él lo noto. -¿Los tuyos vendrán?
-Sí. Mi madre y… tía Ginny.
Después de aquello hubo un gran rato en silencio y me desgarre los cesos buscando una forma de cortarlo de una vez.
-Es en dos días. -Le hice saber. El asintió a mi lado y su mentón pego suavemente contra mi cabello.
No podía ser. En dos días. Prácticamente mi vida cambiaria para siempre.
-¿No se supone que volverías la mañana del baile? -Le pregunte, tratando de cambiar de tema y cambiar el ambiente tenso que aun circulaba.
Antes de dejarlo responder saque de los bolsillos de mi jean una hoja de papel cartón. Rápidamente volví a recorrer con la vista las palabras que en ella se encontraban escritas:
"Rose... amor, se que te prometí que estaría con tigo toda esta navidad, pero... hay algunos inconvenientes en casa. Papa me ha llamado y me ha hecho saber que debo regresar. Volveré pronto, la mañana del día del baile, te lo prometo. Espero que me entiendas.
Te amo.
Scorpius.
Scorpius me separo suavemente de él y sus labios volvieron a apretar los míos con suma delicadeza.
-A sido solo de pasaba. -Murmuro contra mi boca. -Ahora... ya estoy aquí, Rose. Con tigo, mi gran amor.
Una sonrisa se me escapo de los labios, junto a él.
Mi vida cambiaria para siempre. Pero balería la pena arriesgarse. Si mi regalo seria él. No podría discutir por algo que costara más de lo que su amor significaba y significaría para mi, ahora y siempre.
Continuara...
