"Gracias por venir tan pronto Bobby." Sam había salido de la habitación, donde había dejado a Dean con Morrigan, para encontrarse con el otro cazador y ponerle, dentro de lo posible al tanto de la situación.
Cuando lo vio, Bobby se dio cuenta que el chico tenía un aspecto extremadamente exhausto, como si no hubiera dormido bien durante una semana entera. Sam se abrazó a él, como no había hecho en mucho tiempo, pues si había algo que necesitara en ese momento, era un apoyo con Dean.
"Sam, ¿te encuentras bien?" Bobby miró a su alrededor, pero no encontró a Dean por ninguna parte, lo cual le pareció demasiado sospechoso. "¿Y tu hermano?"
"Sobre eso quería hablarte." Sam no tenía muy claro como contarle todo lo sucedido, porque si bien podía relatar toda la historia, había partes que no se sentía capaz de expresar con palabras, como la culpabilidad por lo que le había sucedido a Dean, el miedo a no volver a recuperarlo tal y como era antes o la impotencia por no poder encontrar la forma de hacerlo.
Finalmente le contó los hechos, el día en el orfanato, el encuentro con Marius en el parque y el último encuentro con ese ser la noche anterior. Bobby le escuchó en silencio hasta que el chico terminó la historia.
"Ya no se que hacer, Bobby, creo que lo he mirado todo y no se me ocurre que puedo hacer." Sam se cayó y suspiró con fuerza, sintiendo que estaba descargando un peso demasiado grande y que hacía muchos días que necesitaba soltarlo, pero no había tenido con quien hacerlo.
"¿Por qué no me has llamado antes?" Bobby puso ambas manos sobre los hombros del chico y al hacerlo notó la terrible tensión en la que este se encontraba.
"Sinceramente no lo se. Supongo que he estado tan preocupado por Dean intentado ayudarle, que…" Respiró con fuerza, intentando contener todos aquellos sentimientos que se habían acumulado en su interior durante los últimos días.
"Bueno, bueno, ya se nos ocurrirá algo. ¿Cómo está Dean con todo lo sucedido?, ¿Cómo se lo ha tomado?" Sam tardó unos segundos en contestar y sólo con eso, Bobby ya tuvo su respuesta.
"Al principio me costó asimilarlo hasta a mi, pero no se, supongo que será su inocencia infantil la que le hace verlo con absoluta naturalidad." Sam se apoyó sobre el Impala mientras hablaba. "¿Y si no conseguimos que vuelva a ser él mismo? Yo espero que si lo recuperamos a tiempo Marius y su gente nos dejarán paz." Sam levantó la vista hacia Bobby. "Pero son muy fuertes y son muchos y yo sólo…"
"Nadie ha dicho que estés sólo." Bobby le dio una palmada en el hombro. "Vamos, ya verás como al final encontramos juntos la solución." Sam se levantó del coche y siguió a Bobby hacia la habitación.
No sabía si era por que el curtido cazador estuviera a su lado o porque, pero de repente se sentía mejor. Al menos, haber podido contar todo lo que había ido acumulando dentro de él los últimos días, había ayudado a hacerle sentir más tranquilo.
- o -
Cuando Sam había salido y los había dejado solos a él y a Morrigan, Dean pudo ver la preocupación en el rostro de su hermano. Desde el ataque en el baño el día anterior, Sam ya no era el mismo, estaba mucho más serio, incluso parecía triste.
"¿Es por mi?" Le había preguntado Dean nada más levantarse. "Siento no haber podido ayudarte a luchar ayer." Dean se sentó a su lado en la cama, mientras Sam, todavía con un fuerte dolor de cabeza, se desperezaba.
"No, claro que no, tu no tienes la culpa de nada." Sam lo abrazó con fuerza, mientras Dean lo miraba sin tenerlo todavía claro, no quería que su hermano le dijera aquello sólo por hacerle sentir mejor. "Además, de no ser por ti, si no hubieras entrado en el baño, seguramente esa cosa me habría matado." Sam le sonrió ampliamente. "¿Por qué no vamos a desayunar? Yo me muero de hambre."
Sam se levantó y comenzó a cambiarse de ropa, intentando aparentar una normalidad, que cada vez se hacía más difícil. Mientras tanto, Dean no le quitaba la vista de encima, viéndolo caminar por la habitación, pero sabiendo que Sam le estaba escondiendo algo.
Al volver de desayunar Sam le había dicho que había hablado con Bobby, que iba a ir a visitarlos esa mañana. Al volver a la habitación, Dean se sentó en su cama, se cruzó de piernas y de un salto, Morrigan apoyó su cabecita sobre su pierna, mientras el chico comenzó a acariciarle el pelaje blanco y marrón.
"Bobby acaba de llegar." Dijo Sam mientras miraba por la ventana. "Espera aquí un momento, voy a saludarle y ahora venimos." Dean lo vio salir de la habitación, con seriedad en los ojos.
Dean se volvió hacia el animalito que continuaba junto a él. "Sam está preocupado por algo, pero cree que no voy a ser capaz de entenderlo." Morrigan lo miraba fijamente a los ojos, como si fuera capaz de comprender a la perfección sus palabras. "Yo creo que es por mi culpa. Antes no era así, antes era feliz, se reía y se divertía conmigo. Ahora, ¿has viso su cara cuando ha salido?" Dijo Dean a Morrigan, al mismo tiempo que continuaba acariciando su lomo.
"Si quieres, puedo ayudarte con eso." La voz le había cogido por sorpresa, pero volver a encontrarse a Marius ahí de pie, en medio de la habitación, le hizo levantarse de un salto.
"¿Qué es lo que quieres?" Dijo Dean, mientras desde encima de la cama, Morrigan también se había puesto en guardia y había comenzado a gruñir al intruso.
"Te he oído hablar, se que estás preocupado por tu hermano y te quiero ayudar con eso." Marius dio un paso a frente, al mismo tiempo que Morrigan bajó de la cama y se puso delante de Dean, sin apartar la mirada de Marius. "Dile a tu perro que se calme, ya me molestó bastante el otro día. Tal vez hoy no tenga tantas consideraciones con él."
Dean se paró un momento, mientras le escuchaba. Había algo en aquel hombre, criatura o lo quisiera que fuera, que le hacía escucharle atentamente, como si su voz le estuviera hipnotizando.
Además no podía pelear ahora contra él, ya había visto de lo que era capaz y si Dean trataba de enfrentarse con él, tal vez volvería a llamar a uno de esos espíritus para ayudarle. Hasta que no volviera su hermano, Dean tenía las de perder.
Por ello, Dean se agachó mientras miraba Marius y volvió a acariciar al pequeño animalito, tomándole el hocico con cuidado para que le hiciera caso. "No pasa nada, si necesito tu ayuda te lo diré." El animal gimió ligeramente, como si no estuviera del todo de acuerdo con lo que su amo le decía, pero finalmente, agachó la cabeza y se puso a su lado.
"Buen chico. Ahora vamos a hablar en serio." Marius se acercó a él y se sentó sobre la cama de su hermano. "¿Sabes de lo que está hablando tu hermano con Bobby ahí fuera?"
Aunque le costó reaccionar al principio, por no estar del todo seguro sobre si hablar con él era lo mejor, al final, Dean negó con la cabeza.
"Sam está harto después de tantos días, ya no sabe como ayudarte y está a punto de tirar la toalla, pero no lo hace." Marius detuvo un momento mientras esperaba que el chico asimilara sus palabras. "No lo hace y ¿sabes por qué? Porque te quiere demasiado. Por nada del mundo te dejaría sólo, por muy mal que lo pase, por mucho que esté sufriendo, se quedará a tu lado, pase lo que pase."
"¡Eso no es verdad! Sam me lo diría, siempre nos hemos dicho todo." Dean dio un paso adelante, mientras apretaba sus puños con fuerza.
"¿Estás seguro de eso? Entonces ¿Por qué no te ha dicho lo que le preocupa ahora, porque sabes dentro de ti que hay algo más que no te ha contado? Lo llevas pensando desde ayer, tu hermano está mal, está distinto y no sabes como ayudarle." Marius se levantó y se sentó en la otra cama justo al lado de Dean. "Pero yo si."
Aquella última frase retumbó con mucha fuerza en la cabeza de Dean. Desde luego sabía que Marius no era de fiar, que ya había intentado hacerles daño, tanto a él como a su hermano y que quería matarlos. Pero lo que no era capaz de comprender, era porque no lo hacía ya, porque no se había lanzado a por él y le estaba hablado.
Dean comenzó a recapacitar. No quería escuchar a Marius, pero el ser tenía razón en cuanto a lo de su hermano. Sam estaba mal, tan sólo como asomarse a la ventana, podía ver, a lo lejos hablando con Bobby y sólo con observar sus hombros caídos, como no era capaz de mirar al cazador mayor a los ojos y sus movimientos lentos y apesadumbrados, era suficiente para Dean, para saber que Sam estaba sufriendo y que tal y como había dicho Marius, pera por su culpa.
"¿Qué es lo que propones?" De nuevo, reaccionando como si le hubiera entendido, Morrigan, ladró con fuerza, pero Dean ni siquiera le hizo caso.
"Puedes desaparecer, al menos un tiempo." Dean miró con toda frialdad posible, porque podía tener la mentalidad de un niño, pero Marius sabía que el chico no era estúpido. "Ya se que piensas que quiero matarte, pero sólo estoy haciendo mi trabajo. ¿Sabes cual es? Arreglar lo que ese niño hizo mal en el orfanato, lo que te hizo a ti, quiero recuperar tu alma infantil, pero mientras tu hermano no me deje tranquilo no podré encontrar la forma de devolverte a lo que eras." Dean se retiró un poco de Marius, no le gustaba nada, como había sonado eso.
"No quiero separarme de Sam, es mi hermano y le quiero, eso le haría mucho daño y a mi también." Dean bajó la mirada, observando como el pequeño perro no le había quitado la vista de encima a él.
"Precisamente por eso Dean, si dejas a Sam por unos días, él podrá investigar y terminara por darse cuenta que no soy vuestro enemigo, que puedo darle lo que él quiere, puedo devolverle la normalidad que tanto ansía."
"Desaparecer." Dijo Dean para si mismo. Morrigan volvió a saltar sobre la cama y se acurrucó contra Dean, mirándolo con ojos tristes. "Se lo que piensas, pero tal vez tenga razón, tal vez si no estoy delante, pueda pensar mejor." Morrigan mordisqueó su ropa y tiró de él, pero Dean no se movió, en lugar de ello, se volvió hacia Marius otra vez que, sin embargo, ya había desaparecido.
"Sam es muy listo, si no estoy en medio, no me meto en problemas y con Bobby cerca, encontrará la solución en seguida." Dean se levantó y cogió su bolsa, en la que metió un par de prendas de ropa. Se la echó al hombro y fue hasta la puerta.
Al notar como los pequeños dientes del cachorro tiraban de su pantalón Dean se dio la vuelta y le acarició la cebecita. "Quiero que te quedes con él, no quiero que ese tipo le vuelva a hacer daño. Tu cuidarás de él y cuando encuentre la solución, se que tu darás conmigo."
Abrió la puerta mientras Morrigan ladraba desde la puerta, cada vez con mayor fuerza pero sin conseguir nada. Dean no se iba a dar la vuelta, no quería pensar en lo que diría su hermano cuando viera que no estaba, tal vez se enfadaría con él, tal vez se entristecería mucho o tal vez agradecería estar sólo unos días. Pero por mucho que su cerebro no dejaba de enseñarle distintas imágenes, Dean tenía muy claro que no iba a dar la vuelta.
Se aseguró de que Sam y Bobby no le vieran marcharse y echó a correr intentando alejarse lo más posible de ellos.
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Los fuertes ladridos de Morrigan, junto con una horrible sensación, hicieron que Sam echara a correr hacia la habitación. Al abrir la puerta y sin saber porque, el menor de los hermanos, ya sabía de antemano lo que iba a encontrar, aunque prefería no pensar en ello.
"Dean. ¡Dean!" Pero como ya había supuesto, nadie contestó, exceptuando a Morrigan, que no dejaba de dar vueltas alrededor de Sam.
El chico sabía que el animal estaba alterado, algo que no era normal en él. Si hubiera podido hablar, Morrigan le hubiera contado todo lo sucedido, pero no le hacía falta, para hacerse una idea sobre porque no estaba Dean.
"Se ha ido." Dijo Sam cuando Bobby también entró en la habitación. "Tenía que haberlo visto venir." Sam se dejó caer en la cama. "Es mi hermano, lo conozco casi mejor que a mi mismo y no he previsto que se iría."
"No es tu culpa, llevas demasiados días intentado que todo esto saliera bien."
"Y mira lo que he conseguido." Bobby abrió la boca pero no dijo nada. No sabía que decir, porque nunca se había enfrentado nada parecido y nunca había visto a Sam tan decaído en todos los años que hacía que lo conocía.
Sam ocultó el rostro entre las mano. "Lo encontraremos. Ya veras como no le ocurre nada."
"Espero que no le encuentre Marius antes que nosotros."
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Desde el otro lado de la ventaba y algo apartado, Marius prestaba atención a todo lo que ocurría en el interior. Ya le habían estropeado suficientes intentos de hacerse con el chico. Ahora quería divertirse, no le importaba que su señor se molestara por el retraso, pues el alma que estaba persiguiendo era tan fuerte que merecía la pena el esfuerzo.
Ahora era su momento de conseguir llevar a cabo sus planes, ahora que Dean estaba indefenso, le podía suceder cualquier cosa mientras estuviera sólo, los accidentes ocurrían y existía gente a la que era mejor no acercarse. Cualquier cosa le podía ocurrir al chico ahora y de eso ya se encargaría Marius en su momento.
Pero ahora estaba disfrutando. El sufrimiento era su vida, igual que el ser humano necesita la alegría para que las cosas le salgan bien y para no caer en depresiones, el disfrutaba con el sufrimiento ajeno, tanto que podía olerlo creciendo en la habitación. Ahora estaba viendo en Sam Winchester como su juguete al que modelar, hasta se decidiera a ir a por Dean.
Definitivamente las cosas se comenzaban a poner interesantes.
