Hola! Infinitas gracias por todos los reviews en el capítulo anterior, Ximena y yo amamos leer todos sus comentarios =D
Para Julietaa
Sólo por hoy, relájate.
Como ya era costumbre, Rose entró esa mañana a la sala de descanso del sexto piso para preparar el café de la señorita Greengrass y de Scorpius, si es que aparecía temprano. Y como era ya casi como un ritual, se encontró con Lorcan Scamander casi al mismo tiempo que entraba.
-¿Qué tal tu fin de semana, Rose?- preguntó él con una sonrisa cansada.
-Bastante bien en realidad- contestó Rose recordando la larga plática que había mantenido con Scorpius ese mismo sábado. El simple recuerdo la hacía sonreír sin tener idea de por qué- ¿qué tal el tuyo?
-Lleno de trabajo, no he dejado de leer varios escritos que me enviaron, pero la mayoría son buenos, así que no me quejo.
Rose no pudo evitar sentir algo de envidia, pero sonrió al ver el letrero de "Sólo por hoy, sonríe" pegado en la puerta.
-¿Ya viste los lineamientos del "Concurso Greengrass"?- preguntó Lorcan curioso.
-Sí, ayer mismo lo terminé de leer todo. Será interesante ¿no lo crees?
-Aún no sé si entrar o no- comentó Lorcan rascándose la barbilla con pesadumbre.
-¿Por qué?- preguntó Rose casi horrorizada.
Lorcan rió por su reacción.
-Hace mucho que no escribo nada, estoy algo oxidado en realidad.
-Pero tenemos hasta diciembre para entregarlo, es bastante tiempo ¿no lo crees?
Lorcan se encogió de hombros y procedió a servirse un poco de café.
-¡Hola, Rose!- saludó Scorpius entusiasmado una vez que Rose llegó a la oficina.
-Buenos días, señor Malfoy- recalcó Rose en un intento de que fuera más discreto.
-Lo siento, señorita Weasley. Bien ¿Me ayudas a pegar estos?- Scorpius le mostró unos nuevos letreros en hojas de colores que rezaban "Sólo por hoy, relájate".
-La gente no se relajará sólo porque lo dice un cartel. La preocupación es algo normal y bastante común- rezongó Rose cruzándose de brazos.
-¿Estás segura de que es así? ¿O sólo es lo que nos han hecho creer? Porque desde mi punto de vista la preocupación no sirve de nada más que para empeorar todo- dijo Scorpius sin dejarse intimidar.
-¿A qué te refieres con "nos han hecho creer"?- preguntó Rose circunspecta.
-Pues sí, a los altos mandos no les conviene tener a sus subordinados tranquilos y felices, siempre nos quieren mantener sometidos para que no veamos más allá de todo, limitándonos sólo a lo que a ellos les conviene que sepamos- respondió Scorpius convencido.
Rose sólo le sonrió simpáticamente para ahorrarse su comentario. Scorpius era un paranoico, pero no iba a admitir que en cuanto ella había leído la frase escrita sobre las hojas de colores, sus hombros se habían relajado más de lo que era normal en ella.
-Bien, te ayudo a pegarlos- dijo derrotada y lo siguió fuera de la oficina, donde se toparon una vez más con Lorcan, quien sólo los saludó educadamente.
Una vez que llegaron al primer piso, la mirada molesta de Anabeth recibió a Rose.
-¿Sucede algo?- preguntó Rose confundida.
-El viernes era el único día que Sam podía ir a ver los vestidos al menos dentro de dos semanas y estaba muy emocionada- le reclamó Anabeth en voz baja- ¿Tienes idea de lo triste que estaba después de que le dijiste que irían luego?
-Yo… lo siento.
-No me lo digas a mí, Weasley, díselo a ella. Deja de pensar sólo en ti por una maldita vez- escupió Anabeth indignada, yendo hacia su cubículo.
Rose sintió un hueco en el estómago. Ella no pensaba sólo en sí misma… ¿o sí?
Intentó habar con Sam, pero no la encontró en ningún lado.
-¿Estás bien?- preguntó Scorpius cuando iban ellos dos solos en el elevador, de regreso a la oficina.
Rose asintió en silencio, decidida a olvidar la mirada de reproche de Anabeth, quien de seguro estaba exagerando.
Una vez que regresaron a la oficina y las órdenes de la señorita Greengrass le llovieron por todos lados, no tuvo tiempo de pensar en las crudas palabras de la que hasta hace algunos minutos consideraba su amiga.
Al día siguiente, cuando al fin la señorita Greengrass se había compadecido un poco de ella y la había dejado ir a comer a la hora que correspondía, Rose salió de la oficina esperando encontrarse con sus antiguos compañeros del primer piso, pero al verla, varios de ellos le voltearon la cara y siguieron su camino sin dirigirle la palabra. Rose lo tomó como una señal de que estaban celosos por su nuevo puesto en la editorial.
-¿Un mal día?- preguntó una voz masculina tras ella. Rose se volvió para encontrarse con la mirada comprensiva de Lorcan Scamander.
-Eso creo- suspiró Rose encogiéndose de hombros.
-¿Te importa si te acompaño a comer?- preguntó el hombre viéndola con sus penetrantes ojos azules.
-No, claro que no- contestó Rose, agradecida, porque odiaba comer sola. Aunque ese día había esperado ir a comer al restaurante de los Longbottom.
-¿Y a dónde quieres ir?- preguntó él en cuanto el aire cálido de la tarde los golpeó en el rostro al salir.
Rose le sugirió el antes mencionado restaurante y él se ofreció a llevarla en su auto, lo que les ahorraría al menos quince minutos de viaje en metro.
Una vez que llegaron al lugar, la recibió la siempre amable sonrisa de Hannah Longbottom, quien intentaba que su pequeña hija Alice comiera algo.
-¡Hola, Hanna!- saludó Rose contenta de ver una cara amiga.
-¡Hola, cielo!- exclamó la mujer saliendo de detrás de la barra para ir a abrazarla- ¿cómo estás?
-Algo cansada- admitió Rose con una sonrisa-, pero bien. Él es Lorcan Scamander, trabaja conmigo en al editorial- presentó, recordando que él iba con ella.
-Es un placer- dijo Hanna estrechándole la mano.
-El placer es mío- respondió Lorcan educadamente.
Después de preguntarles cómo se habían conocido, la señora Longbottom los hizo sentarse a una mesa para después llevarles dos platos abundantes en comida exquisita.
-¡Rose!- exclamó tiempo después una voz cerca de allí. Una voz que Rose conocía muy bien.
-¡Hola, Julieta!- saludó Rose levantándose para saludar a su amiga, una chica delgada pero de cara regordeta que siempre usaba jeans gastados y playeras que resaltaban con el color rojo de su cabello.
-¡Qué gusto me da verte! Hace mucho que no te veía por aquí. Albus vino ayer y estuvimos hablando un rato, fue agradable.
Rose asintió con una sonrisa y enseguida procedió a presentarle a Lorcan.
-No sé qué le ves, pero allá tú- murmuró Julieta alejando un poco a Rose, quien la miró confundida-. Sí, creo que quedarías mejor con mi amigo Elotito.
-¿Elotito?- rió Rose, adivinando que ese era el apodo del chico en cuestión.
-Sip, es el padrino de Alice, es muy divertido, si quieres te lo presento…
-Gracias, Juli, pero no busco pretendiente, no en esta vida- respondió Rose como si la idea le diera náuseas.
-¡Anda Rose! Te lo presento, me va a llevar de compras como premio por haber pasado en Oxford y…
-¿Pasaste en Oxford?- preguntó Rose feliz.
-¡Sí! ¡Soy universitaria!- exclamó Julieta abrazando a Rose efusivamente, como apenas recordando ese hecho- Pero anda, me gusta mucho ti estilo de vestir y me gustaría que fueras para darme algunos consejitos para verme más profesional ahora que entre a clases ¿qué dices?
-Lo siento, Juli, estoy muy ocupada últimamente- se disculpó Rose, quien en realidad no quería encontrarse con el tal "Elotito" ¿qué tipo de apodo patético era ese?
-Claro- musitó Julieta decepcionada, apresurándose después a atender el llamado de su madre.
El miércoles fue el día más pesado de todos, pues Rose había estado de un lado para otro por toda la editorial, llevando mensajes, atendiendo llamadas, así que cuando el día terminó, estaba exhausta.
-¿Quieres que te lleve a tu casa?- preguntó Scorpius cuando Rose iba casi arrastrándose para llegar al elevador.
-No quiero molestarte, Scorpius- dijo Rose apenada, oprimiendo el botón de planta baja.
-No es molestia para nada, Rose, voy al café de todos modos para ver qué tal le va a Albus.
Rose se mordió el labio inferior.
-De acuerdo, gracias.
Aún no se acostumbraba a tener un amigo que estuviera al tanto de ella.
Aún no se acostumbraba a tener un amigo y punto.
Casi no hablaban y tampoco se veían, así que Rose llegó a la conclusión de que se había quebrado la cabeza toda la semana anterior para nada.
Cuando iban en el auto, Rose no pudo evitar preguntar:
-¿Quién es Joe exactamente?
Scorpius soltó una risa, como recordando viejos tiempos.
-Lo conocí en la universidad. Es un buen sujeto, sólo que siempre dice lo que piensa y como ya te diste cuenta por la llamada de la vez pasada, es bastante boca floja con las mujeres. Él es el que se encarga la mayoría de las veces del café. Le gusta mucho aunque diga que se aburra. Si quieres te lo presento algún día, quizás se lleven bien.
Rose rió negando con la cabeza. No creía que eso fuera a ser posible.
-¿Qué hay de Scamander?- preguntó Scorpius cuando casi llegaban al departamento de Rose.
-¿Qué pasa con él?- Rose estaba confundida.
-No lo sé… los he visto muchas veces juntos ¿cómo se conocieron?- preguntó curioso.
-Pues… en la oficina ¿dónde más?- Rose estaba cada vez más confundida, hasta que cayó en cuenta que él pensaba lo mismo que Julieta- Tú bien conoces que mi vida amorosa es inexistente, él sólo es… no sé, Lorcan.
-Bien, no insistiré con eso- rió Scorpius reduciendo la velocidad, pues ya casi llegaban.
-Gracias por…- Rose se quedó a la mitad de la frase y de inmediato se agachó, pegándose con la parte baja del tablero.
-¡Rose! ¿Estás bien?- preguntó Scorpius deteniendo el auto casi con brusquedad.
-¡Da la vuelta en la esquina!- pidió aún sin incorporarse y Scorpius de inmediato le hizo caso, extrañado.
-¿Qué sucede?
-Mis primos- jadeó Rose, sobándose la frente donde había recibido el golpe-. Estaban todos fuera del edificio. Lo siento, no…
-Entiendo- dijo Scorpius aliviado de que no fuera otra cosa-. Nos vemos mañana en la oficina ¿quieres?
-Claro, gracias por traerme- dijo sinceramente, quitándose el cinturón de seguridad.
-No es nada, cuando quieras- sonrió Scorpius.
Rose bajó del auto y se dirigió a su casa, no sin antes ver cómo el auto de Scorpius se perdía de vista por la calle.
Resignada, caminó hacia sus primos y su hermano sin tener idea de por qué estaban allí. Sólo faltaban Teddy y Victorie, además de Albus, que estaba trabajando. Después de observarlos bien se dio cuenta de que Louis no estaba entre ellos.
-Hola chicos ¿qué hacen aquí?- preguntó cansinamente.
-¿Crees que podamos hablar dentro, Rose?- pidió Molly amablemente.
-Claro- dijo Rose encogiéndose de hombros, extrañada, señalándoles el camino.
Una vez que estuvieron dentro del departamento, apretujados unos con otros, Rose les hizo la misma pregunta.
-No nos gusta cómo tratas a Albus- dejó escapar Dominique con los brazos cruzados.
-Y habíamos acordado que te lo diríamos de manera más amable- puntualizó James viendo feo a Dominique por ser tan insensible.
-Yo no trato mal a Albus- negó Rose cruzándose de brazos, molesta.
-No, Rose, no es así como queríamos…- siguió Roxanne, pero Dominique la interrumpió:
-Creemos que eres una gran ególatra y que necesitas mejorar tu actitud antes de que te quedes sola y amargada.
Rose se puso roja de furia.
-¿Si es eso lo que piensan de mí por qué rayos vinieron aquí?- preguntó apretando los dientes ¿cómo se atrevían a decirle eso? Ella no les había hecho nada...
-Rose, somos tu familia- siguió Lucy-. Te queremos, es sólo que…
-¿Es sólo que me odian? ¿Es eso?- preguntó sintiendo la furia recorrerla por completo. Era demasiado.
-No, Rosie, no te odiamos, nosotros sólo queríamos…
-Déjenme tranquila- pidió antes de decir algo de lo que pudiera arrepentirse.
Sus primos ya no insistieron, pero todos le dirigieron miradas fulminantes a Dominique al salir. Rose se dejó caer en el sofá en cuanto Fred cerró la puerta tras de sí.
¿Cómo se habían atrevido a hacer eso? Ella sólo apoyaba a Albus, quería siempre lo mejor para toda su familia.
Estaba tan cansada que no siguió dándole vueltas al asunto, esperaba despertar al día siguiente y que todo desapareciera, que volviera a ser normal.
Y así creyó que era cuando despertó.
Hasta que se dio cuenta de que los mensajes de Albus en el espejo no estaban. Deseaba que la razón fuera que había estado demasiado ocupado como para escribirlos.
Lo horrible había sucedido después de salir del trabajo, pues además de haber pasado todo el día trabajando sin descanso, la llamada que recibió cuando iba en el metro camino a casa la dejó más indignada que antes con su familia.
-¿Rose?
-¿Victorie? ¿Volviste a Inglaterra?- preguntó Rose extrañada de escuchar a su prima.
-Rosie, necesito que me contestes con sinceridad ¿de acuerdo?- pidió su prima despacio.
-¿Qué sucede?- preguntó Rose sintiéndose amenazada, quizás sus primos se habían confabulado con Victorie para hacerle la vida imposible.
-¿De casualidad has hablado con Louis últimamente?
Rose hizo memoria.
-Me lo encontré fuera de la editorial donde trabajo el viernes, pero sólo eso.
-¿Te dijo algo?
-No, dijo que sólo estaba de paso ¿por qué?
-¿Sólo de paso?- preguntó Victorie irónica- ¡Rose, mi hermanito había conducido kilómetros para ir a verte! No ha salido de su habitación del departamento donde vive y su compañero está asustado, teme que haya hecho una locura, pero no quiere hablar con nadie- terminó histérica.
Rose sintió una punzada de culpabilidad, pero seguía sintiéndose amenazada.
-Lo siento, Vic, pero estaba ocupada y no podía…
-¿Sabes qué, Rose? Ahórratelo- escupió Victorie y enseguida se escuchó el sonido que indicaba que su prima le había colgado.
Rose apretó los dientes con enojo de nuevo ¿por qué últimamente todos estaban en su contra?
Llegó a casa prometiéndose a sí misma olvidarlo todo con tal de que no interfiriera con su trabajo. Necesitaba seguir firme con sus objetivos o todo se iría al caño.
-¿Rose, estás bien? Te ves pálida- le preguntó Scorpius al día siguiente cuando estaban juntos en la sala de descanso luego de que éste le pidiera café como la clave de que quería hablar con ella.
-Sí, yo… he tenido algo de insomnio los últimos días, no es nada- respondió haciéndose la indiferente.
-¿Segura que no estás enferma?- preguntó con semblante preocupado.
Rose asintió con la cabeza, negándose a hablar de ese asunto que la molestaba tanto.
De nuevo, ese viernes en la noche después del trabajo que había terminado después de las once de la noche, Scorpius se ofreció a llevarla y Rose estaba tan cansada que no pudo decirle que no a un viaje más rápido y cómodo a casa. Pero cuando llegó no esperaba encontrarse en la sala a…
-¿Tío Harry? ¿Tía Ginny? ¿Qué hacen aquí?- preguntó Rose entre extrañada y molesta.
-Hola, Rose- saludaron sus tíos, que estaban en el sofá, sentados frente a Albus, quien tenía lágrimas en los ojos. Eso enfureció aún más a Rose ¿Acaso sus tíos no tenían corazón y habían ido sólo a torturar a su primo?
-¿Qué es lo que hacen aquí?- repitió Rose observándolos fijamente.
-Estaba hablando con ellos, Rose- dijo Albus tranquilizador-, arreglando nuestras diferencias…
Sus tíos asintieron con la cabeza, pero en ese momento todo el odio que había en el interior de Rose, acumulado en toda la semana, de repente había decidido explotar.
-¿Arreglando todo? ¿Ya olvidaste lo que te hicieron? ¿Olvidaron acaso lo que le hicieron a su hijo?- les recriminó a sus tíos- No son bienvenidos aquí- escupió.
-¡Rose, ya basta!- exclamó Albus molesto- ¿Podrías irte un rato mientras…?
-¡¿Qué?!- gritó Rose fuera de sí- ¡Yo vivo aquí!
Albus se pasó una mano por el cabello e intercambió una mirada con sus padres. Sin decir nada más, los tres Potter tomaron sus cosas y salieron del lugar, dejando a Rose soltando chispas por los ojos.
Una vez sola, Rose se encerró en su habitación dando un portazo. Media hora después, cansada de despotricar contra Albus, cayó rendida en su cama, sumida en un sueño intranquilo, que terminó cuando unos fuertes golpes en su puerta la despertaron.
-¿Qué quieres, Albus?- preguntó Rose con rencor cuando abrió la puerta. Pudo notar que su primo tenía restos de lágrimas en los ojos, pero eso no la amedrentó- ¿Vienes a pedir perdón? porque de otro modo no entiendo cómo…
Albus la miró, completamente indignado.
-¡Ya no te soporto! ¡Me largo de aquí! ¡No tienes ningún derecho de tratar a mi familia como lo hiciste!- le exclamó rojo de furia, parecía que se contenía para no golpearla.
-Albus…
-¿Sabes qué? Todo mundo dice que eres una arpía y una falsa, y yo siempre te defendí, pero ahora ya no sé qué creer.
Rose no quiso debatirle nada, y Albus aprovechó su silencio para ir a su habitación, tomar una maleta de debajo de su cama y meter su ropa dentro.
Rose salió del departamento dando un portazo. Estaba furiosa con Albus, no podía creer que precisamente él le hubiera dicho todas esas cosas. Ella no tenía la culpa de querer sobresalir, de dejar de lado sentimientos que a la larga sabía que serían dañinos. Un ejemplo de lo que podría suceder era Molly, quien no dejaba de sufrir por las personas.
Rose, furiosa aún, bajó la escaleras del edificio a todo correr, como si de esa manera pudiera dejar atrás todo. Cuando salió a la calle todo estaba vacío, no había ni un alma en las calles, era como si todo estuviera molesto con ella últimamente.
No sabía cuánto había caminado ya, pero debía de ser bastante, pues se sentía agotada completamente. La frente comenzó a dolerle y sin que se diera cuenta en un principio, unas gruesas lágrimas comenzaron a rodar sobre sus mejillas.
Ella no lloraba, no era una persona sentimental, nunca lo había sido, o eso creía. La verdad era que ya no estaba segura.
Era demasiado como para poder soportarlo.
Todos la odiaban.
Se daba cuenta de la magnitud del asunto porque Albus nunca le había hablado así. Ella era su favorita. Ambos se querían, se apoyaban, pero parecía que hasta él tenía un límite.
Podía soportar que todos en la oficina la compararan con la señorita Greengrass por ser igual de perra, que creyeran que no tenía corazón (porque ella también a veces lo dudaba), pero nada la había preparado para ver a Albus haciendo su equipaje diciéndole que ya no podía más.
Rose se enjugó las lágrimas con las palmas de las manos, pero aún así éstas seguían cayendo una tras otra sin parecer tener fin. Se tapó el rostro con las manos para ahogar los sollozos que llegaban a ella cuando recordaba todas las veces que parecía haber lastimado a alguien y a ella no le había importado.
¿Quién se habría imaginado que Rose Weasley terminaría abrazada a un poste de luz en plena calle, llorando donde cualquiera la podía ver?
Rose no.
En ese momento las palabras "Sólo por hoy, relájate", resonaron en su mente, haciéndola llorar aún más.
Y no fue hasta que escuchó unos pasos acercándose más y más que levantó su húmeda mirada. Veía borroso a causa de las lágrimas, pero le pareció que la silueta era conocida.
-¿Rose?
¡Hola! Como ven, decidí subir el capítulo antes, creo que necesitaba distraerme hehe además, es también en agradecimiento por todos los reviews en el capítulo pasado. Sé que a estas alturas querrán ahorcar a Rose, pero ya veremos qué sucede. Olvidé poner adelanto en el capítulo pasado, pero en este no lo olvidé, así que…
Rose tocó la puerta con fuerza, pues al ser más de las cuatro de la mañana, supuso que su primo estaba dormido.
-¿Quién es?- preguntó una voz malhumorada del otro lado.
-Rose Weasley, prima de Louis- dijo Rose con firmeza, pues al no identificar la voz de su primo, supuso que sería su compañero.
-¿Qué? ¿Ahora tienes tiempo de venir a verlo?- se burló el compañero de Louis detrás de la puerta.
-Sólo ábreme para poder hablar con él- exigió Rose sin molestarse, era como si ya hubiera perdido esa capacidad en el recorrido hasta Westminster.
Cuando el chico le abrió la puerta, Rose entró antes de que éste se arrepintiera. Obviamente lo había despertado, pero no era excusa para vestir sólo un boxer en su presencia.
-¿Cuál es su habitación?- preguntó Rose mordiéndose la lengua para no decir alguna tontería.
-Esa- señaló el chico una puerta a su derecha-, pero buena suerte para hablar con él, no ha querido salir de allí en días, es posible que haya muerto de inanición, o ahogado en alcohol o algo así…
Hasta la próxima!
