Cap. 9

-_-_Henry_-_-

Hay cosas que solo un animago puede entender y entre ellos hay cosas que solamente sabremos los que tenemos alas. Cuando levantas el vuelo e inicias el ascenso se siente un vértigo en el estómago que te recuerda que estás vivo, acelera tu corazón y hace que agites las alas en un acto reflejo. Tener alas es interesante, no tienes manos pero no sientes que te hagan falta, son tan flexibles que se amoldan al aire, me gustaría tener esa flexibilidad para jugar quidditch. Al principio es cansado, sobre todo cuando no hay corrientes pero cuando atrapas una… no tienes que hacer nada más que planear y cuando te atrapa una pirueta se vuelve a sentir esa sensación en el estómago. Me gusta mucho volar, en verdad, no pude escoger mejor animal. El problema llega cuando me siento cansado y eso pasó mientras estaba entrando a una tormenta. Entonces me pregunté por qué no se me había ocurrido aparecerme en Hogsmeade y ya de ahí volar…

Decidí que haría eso cuando un rayo pasó casi frente a mí, sentí que se me chamuscaron algunas plumas y cuando quise reaccionar estaba cayendo, ya no tenía alas y caía en picado, bajo a mí había una carretera que se veía solitaria. Intenté convertirme pero no pude, solo salieron unas plumas y perdí unos huesos en los pies. Cada vez estaba más cerca el suelo, saqué la varita y conjuré lo primero que se me ocurrió -¡Ictus ventosa! …¡Ah! – sin duda me estaba portando como un idiota, había conjurado una corriente de aire en medio de una tormenta. Me agité de un lado a otro mientras seguía descendiendo, agarré lo más fuerte que pude la varita. Pensé en una solución pronta y terminé por dejarme caer, cuando estuve bien ubicado me aparecí, lamentablemente me estampé contra un árbol que no había considerado.

-Henry, tú… grandísimo… imbécil… -el golpe fue duro pero no más de los que llegamos a recibir en el quidditch, el problema era mi pie y sus huesos desaparecidos. Si Clary estuviera ahí me habría ayudado con eso inmediatamente o si estuviera Kailen me ayudaría mientras se burlaba de mí. Pero estaba solo, en medio de una tormenta, con ningún otro refugio que ese árbol. Me puse de forma que el árbol servía de barrera contra el aire, estaba temblando y empapado. –Y tú eres el encargado de que Kailen esté a salvo… y no puedes ni salvarte –suspiré. Tenía hambre, frío y no estaba muy seguro de dónde estaba, llevaba horas sin checar mi rumbo. Sentí mi pie con los huesos acomodados, aunque dolían como si estuvieran rotos, apreté mi puño intentando soportar el dolor y solté un alarido al usar el hechizo episkey para curarlo de una buena vez. Agradecía estar solo para no tener que aguantar esas cosas; ya saben, cuando estás con chicas hay que ser valiente y fuerte.

Cuando el dolor disminuyó empecé a caminar por la carretera, estaba empapado, adolorido y ahora un poco desorientado. Mis pies nadaban en charcos dentro de mis tenis y la chamarra ya no me servía para cubrirme. Llevaba un buen rato caminando cuando un coche me echó las luces, lo miré, dentro venía una señora de alrededor de unos sesenta años, con el cabello blanco y desaliñado, parecía la típica señora de los cuarenta gatos. –Jovencito ¿está perdido? –preguntó luego de bajar la ventanilla.

-Buenas tardes, señora. Sí, me perdí –me dolía el pie y quería en ese momento decirle a la mujer que me llevara con ella pero no quería asustarla ni ser descortés. Además, si se detuvo debía ser por algo, no podía ser tan cruel como para abandonarme en ese momento.

-Vaya, vaya –subió un poco el vidrio para no mojarse con la brizna. -¿Cuántos años tienes y a qué te dedicas? –me confundieron un poco sus preguntas, supongo que estaba intentando averiguar si era una buena persona o no. Quise ser legeremente, facilitaría las cosas.

-Tengo 17 años, soy estudiante en una escuela en Escocia –pareció no creerme. –Ahora mismo debería estar en el colegio pero estoy intentando ayudar a mi mejor amiga –subió un poco la ventana, suspiré. -¿Sabe de los acontecimientos desastrosos que han ocurrido por el Reino Unido? –pareció que capté su atención, empecé a temblar de frío. –Perdió a su familia, estamos buscando a la que le queda, solo que nos separamos por un momento –estornudé, sentí que me iba a dar gripa, si mi Clarissa estuviera aquí me habría regañado y toda la noche me cuidaría con sus pociones, su amor y su calor. Deseé tenerla ahí.

-¿Y esta amiga tuya? –vi que subió el seguro de la puerta del copiloto. -¿Cuántos años tiene y a qué se dedica?

-Acaba de cumplir los 17 años, va en el mismo colegio que yo y además es música –noté desconfianza de nuevo. –Toca el violín –no entendía muy bien sus cambios pero ahora parecía confiar. Con una seña me indicó que me subiera y eso hice, total, era una mujer grande y muggle, o eso parecía. –Muchas gracias, afuera está diluviando.

-Sí, parece que durará toda la noche –dijo mientras ponía su viejo auto en marcha y prendía la calefacción. -¿Cuál es tu nombre? No pareces de Escocia, tienes unos rasgos raros.

Me pareció extraño que preguntara tantas cosas, así como su comentario sobre mis rasgos, pero dada la situación sería descortés no responderle, el calor me hizo estremecer, era realmente agradable. –Henry Daimon, madame. No soy escocés, mi padre es inglés y mi madre medio española.

-Eso, rasgos españoles, es lo que tienes –encendió la radio, en una estación de música vieja, tanto como ella, permaneció en silencio un buen rato, me dediqué a aprenderme el camino. –Tengo un nieto de tu edad –noté su voz un tanto atorada en la garganta, la vi, parecía triste. –Pero casi no nos vemos, mi hijo lo envió a estudiar a América –extrañaba a su nieto, luego vio a un chico de la misma edad bajo la lluvia y quiso ayudarlo, seguramente porque pensó que si a su nieto le ocurriera le gustaría que alguien lo cuidara, o simplemente era una señora amable. –Se llama Tom –me di cuenta de que no se veían tan grande como para ser abuela de alguien de mi edad, debió haber sido muy joven al tener hijos, y su hijo al tener el suyo. –Estudia medicina, como un simple muggle –susurró lo último pero alcancé a escucharla, casi rio al darme cuenta de lo pequeño que es el mundo y sus coincidencias.

-¿Cómo un muggle?

-¿Yo dije eso? No me hagas caso, estoy vieja y digo cosas raras –subió el volumen de la radio.

-Puede que esté mejor en América, la situación mágica aquí está peligrosa.

-Eso es cierto –suspiró, luego me miró y frenó de pronto. Me sostuve del tablero, de la guantera sacó una varita y me apuntó con ella. Levanté las manos en son de paz.

-Mi varita está en el bolsillo interior de mi chamarra, no la tomaré. Si lo piensa no le mentí, soy estudiante de Hogwarts, una escuela en Escocia, mi amiga y yo evadimos a mortífagos y carroñeros buscando a su última familia, mi padre trabajaba en el departamento de defensa mágica, mi madre está en España con su familia –dije tranquilo. La señora relajó el ceño, sin dejar de apuntarme. –Quiero ser jugador de Quidditch al graduarme –agregué, eso le hizo soltar una risa, guardó su varita y siguió conduciendo. -¿Tan fácil decidió confiar?

-Ningún mortífago orgulloso diría que quiere jugar al Quidditch en su presentación, me recordaste a mi hijo, decía que quería ser árbitro de Quidditch de niño y terminó siendo abogado muggle –cambió la estación de la radio a una mágica, sonaban Las brujas de Macbeth.

-¿Usted escucha la estación dónde se dan unos reportes algo… clandestinos? –saqué mi varita y la usé para secarme la ropa aún mojada.

-A veces, muchacho. Una mujer vieja como yo no disfruta para nada oír las tonterías, disculpa la palabra, que hacen los más jóvenes. Y mis hijos y nietos están a salvo, no creo oír sus nombres en la lista de desaparecidos y hallados muertos.

-Ya veo –bostecé, estaba realmente cansado. –Las personas que me importan están a salvo, solo mi amiga está sola.

-¿Por qué la dejaste sola? –se notaba que hacía tiempo que la señora no tenía conversación.

-Nuestras parejas están en el colegio, me dirijo hacia allá, quiero ver a mi novia, hace como un mes que no la veo –aunque ahora ya no me parecía una gran idea. –Planeo entrar sin que me noten, visitarla y luego volver con ella.

Ella permaneció en silencio, mirando a la carretera, me empecé a adormilar, me imaginé la mano suave de alguien acariciando mi hombro para luego recargarse en mí. –Eres joven para entender lo cruel que eso sería –dijo sacándome de mi fantasía, la miré. –Dejaste a tu novia para ir a una aventura con una amiga, ahora vas a ver a tu novia, tan solo un mes luego de irte, como lo veo hay dos opciones: te quedarás con tu novia y abandonarás a tu amiga o le romperás el corazón a tu novia al aparecer y luego irte de nuevo –he de admitir que no lo había pensado así. –Los jóvenes viven precipitadamente, no piensan lo que hacen, eres tan solo un niño, ya que te aventuraste a enfrentar el mundo exterior madura en él antes de ir a jugar con el corazón de una jovencita. Ya que la veas como un hombre y no como un niño y luego de estar separados, verás si debían estar juntos o no –me pareció que ya se estaba desviando del tema. –Además, es interesante que en esta época decidieras enfrentar carroñeros y mortífagos por una amiga en vez de permanecer a lado de tu novia.

Ahí sí no supe qué decir. –Somos como hermanos, no solo como amigos –ella rió.

-Mi esposo y yo también éramos como hermanos -ahora no me parecía buena idea el haber dejado que esa señora me llevara, casi preferí estar tirado bajo en árbol, con la lluvia fría y los huesos descompuestos. Casi.

Su casa estaba en un pequeño poblado, por fuera parecía normal pero por dentro estaba lleno de carpetas tejidas de colores claros, no había superficie que no estuviera cubierta por ellos y en la sala, llena de esferas de nieve, unas agujas de tejer hacían más. Olía raro, como a vainilla combinada con detergente aroma pino. Tenía en un rincón un montón de sombrillas y tres escobas mágicas, muy viejas por cierto, casi una reliquia.

-Deja tu mochila sobre el sillón –dijo mientras entraba a lo que parecía ser la cocina, pronto escuché el sonido de las ollas y cuchillos. Me asomé con la intención de ofrecer mi ayuda pero se nota que ya tiene bien dominado eso de cocinar con magia. Sinceramente nunca había visto a alguien cocinando con tanta magia, las cosas se picaban solas, el cucharón movía la sopa y los trastes se lavaban solos conforme se iban utilizando. Entendí que esa era la sensación que Kailen tenía a veces cuando vea algo mágico nuevo, pensé en lo mucho que le gustaría ver todo eso. -¿Qué haces ahí parado? Puedes llevar los manteles a la mesa.

-Ah sí, con permiso –le ayudé con lo que pude y tuve que escuchar relatos sobre su juventud, al parecer había considerado ser música, dijo que podría haber formado parte de las Brujas de Macbeth pero no se presentó a la audición porque su escoba se rompió. Al parecer trabajó en el ministerio, registrando a las familias mestizas pero lo abandonó cuando se casó y se dedicó a la vida de ama de casa y ahora sus hijos la habían dejado. Me pidió que le contara de mí un poco, le conté del equipo de Quidditch que me había contratado en vacaciones, de mi madre, mi padre, mi hermana, Kailen y mi Clary. Me dejó dormir en el sillón.

A la mañana siguiente me despertó cuando afuera todavía estaba oscuro y me indicó que no hiciera ruido, caminó y la seguí tras ponerme los tenis y tomar mi mochila. –Los carroñeros andan cerca y tú eres un mestizo, hijo, vete por la puerta de atrás.

-¿Estará bien, usted?

-Soy vieja, estoy sola, no tengo nada que ocultar ni nada que me preocupe. Estaré bien niño, vete.

-Muchas gracias, madame –me cerré la chamarra y salí por la puerta. –De verdad.

-A ti, hace tiempo que no tenía compañía agradable. Vete, niño.

Tocaron en la puerta del frente, me volví a despedir de la señora y comencé a correr. Salté la reja trasera y antes de caer me aparecí en Hogsmeade, cerca de la oficina de correos, me transformé en lechuza y me escondí entre las demás, todavía podía dormir unas horas antes del desayuno.

-_-_Steve_-_-

Acompañando a un amigo me metí a la clase de Estudios muggle, me dijo que estaba estresado y no quería ir solo a la clase, como estaba libre pues fui. El idiota no me dijo que Alecto era la profesora. Odio a esa mujer, castigó hace poco a Vi y a Clarissa porque le ayudaron a un chico de Gryffindor adolorido por la maldición cruciatus. El niño tendría unos 12 años apenas. Ella notó que yo estaba de colado y me obligó a participar en su clase, expresando porqué son basura los muggles, mientras decía mil tonterías pensaba en Henry, Kailen y la pequeña Abie. Pero eso no fue lo peor, lo malo es que notó mi apatía y decidió que me castigaría.

Estoy en la sala de los Menesteres, estaba considerando quedarme y aquí y saltarme el castigo pero sé que será peor si no voy. No he estado castigado, no sé cómo se siente una maldición Cruciatus, no tengo ni idea pero… Vi, Clary y Kailen han pasado por ese dolor y… han cambiado, pero para hacerse más fuertes. Tal vez podría encantarme a mí mismo para disminuir el dolor o algo así pero no se me ocurre nada y no sé si funcione. Es algo fastidioso esto de no ser una persona inteligente, tengo la suerte de tener una esposa que lo es y estar rodeado de amigos que lo son pero me gustaría serlo yo también. Podría preguntarle a Violette sugerencias para evitar sufrir el castigo y sé que me ayudaría, pero temo que se meta en problemas si le digo. Mejor no le diré nada y ya mañana que esté adolorido le contaré.

Ah, llegó una carta ayer de Henry, solo decía que estaban bien y que le dijera a Nícolas que estuviera al pendiente de una lechuza en especial, que él sabría a lo que se refería. Creo que Henry nos oculta algo, espero no sea algo grave, me sentiría ofendido si me guarda un secreto interesante.

-_-_Collins_-_-

Se nos ha entregado una lista de personas a las que el Señor tenebroso está buscando y se me ha asignado la honrosa misión de atrapar a algunas de las personas en la lista. Tengo a mi cargo un montón de muchachos ineptos que no saben lo que hacen y que sienten temor o arrepentimiento cada que atrapan a alguien, es algo triste y molesto en verdad. Hace dos días atrapamos a una familia con hijos sangre sucia, fue por accidente en realidad, pero fue delicioso escuchar sus gritos y sus súplicas. Una madre, un padre y cuatro hijos, todos ellos magos, todos ellos varones y todos débiles, uno de ellos aún no tenía varita mágica. Los tenemos encerrados en el sótano que utilizamos como prisión, a todos menos a la madre, aún es joven y es hermosa, uno de los idiotas a mi favor quiso jugar con ella así que la tiene en su habitación. Él tiene más potencial que el resto de los idiotas a mi cargo. Mañana, antes del desayuno, haré traer al mayor de los hijos y haré que suplique por su vida, luego lo haré ver la muerte de su madre, para que les lleve la terrible anécdota a los demás. Luego de cenar probablemente lo asesine o solo torture, ya veré de qué tengo ánimos.

Anoche soñé con el colegio, eso aumentó mi sed de llantos y gritos. La soñé a ella, retorciéndose en ese mugriento pub, gritando a todo pulmón, con los ojos llorosos, mirándome tras sus largas pestañas, con la piel pálida, luego me rogaba que la dejara en paz, mientras Nícolas nos miraba serio, como era antes de que ella apareciera en su vida, antes de que arruinara nuestra amistad. La odio.

-_-_Abie_-_-

Estoy segura de que hoy vi a mi hermano. Una lechuza se posó frente a Clary, le dejó una carta y se posó sobre su hombro, ella intentaba apartarla pero la lechuza insistía en estar cerca así que la dejó en paz. Por unos segundos me vio, lo vi, sus ojos eran del color de Henry, estuve a punto de nombrarlo pero giró la cabeza como si quisiera decirme algo. Clarissa me pidió pergamino y tinta, Violette se lo dio, escribió una pequeña carta y la ató a la pata del ave.

-Ya que parece que no quieres descansar, llévate esa carta –dijo, o algo así. Se notaba triste, si la lechuza no era mi hermano seguramente la carta sí pero no nos quiso decir y guardó la carta en ese momento.

Noté que Nick miraba hacia nosotras, como si la lechuza fuera la cosa más interesante del mundo, eso me confirma un poco que era mi hermano. Nick salió un rato después de que lo hizo la lechuza, quise seguirlos pero Clarissa y Violette a veces no me dejan sola, realmente se tomaron en serio lo de cuidarme. Iré a verlo al rato de todos modos, tal vez Henry le haya dejado algún mensaje, necesito saber que está bien. Lo extraño mucho… Me da pavor pensar que podría perderlo.

-_-_Kailen_-_-

Henry tardó otro día en llegar, solo salí de mi habitación para comer, el resto del día lo pasé practicando hechizos, legeremancia con mis vecinos de habitación (fue mala idea) y revisando el mapa, el plan y demás. Cuando él llegó yo estaba viendo televisión, tocó la puerta y antes de que pudiera decir algo entró. Estaba muy sucio, lleno de tierra se veía muy cansado, me alegré mucho de verlo.

-¡Henry! –corrí hacia él y lo abracé. Él cerró la puerta.

-Hola, pequeña Kailen ¿me extrañaste?

-Ya quisieras –no lo iba a admitir. –Hay comida ahí, en la mesa, llenaré la tina con agua caliente, apestas.

Rió y se sentó tranquilo a comer, dejando regada su ropa por todos lados hasta quedarse en boxers, he de admitir que me hizo sonrojar… No es como que no lo haya visto antes pero bueno. Extraño a Nick. Luego de comer se metió a bañar sin decirme nada, me volví a sentar sobre la cama a ver televisión. Lo escuché tararear, inevitablemente me puse a cantar, luego él subió la voz y así a la distancia estuvimos cantando un buen rato. Salió en pijama, con el cabello empapado, se sentó en su lado de la cama y agitó su cabeza mojándome, le eché una toalla encima.

-¿Viste a Clarissa? –asintió. -¿Y a Nick? –asintió de nuevo, se estiró, tomó algo de sobre la mesa y me dio un pequeño sobre.

-Nícolas no dejó de preguntar por ti, si estabas bien, en cuántos problemas te has metido, que si ya te dio gripe, que cómo pude dejarte sola, tuve que recordarle que ya no eres una niña pequeña y repetirle muchas veces mis preguntas porque no dejaba de hablar de ti –parecía fastidiado, sonreí. –Pero bueno, el caso es que está preocupado por ti, te envió esa carta y creo que tiene otra cosa. Clarissa está bien, me contó Nick que ha tenido algunos problemas pero en general se está portando bien, la vi y me posé sobre ella como lechuza –sonrió. –Me hubiera gustado que supiera que era yo.

-Deberías decirle ¿viste a Abie? –abrí el sobre y lo vacié sobre la cama, había una pulsera tejida, me pareció extraño pero intenté ponérmela.

-Sí, se ve sana también. Nick me dijo que es una niña muy valiente –sonrió ahora con orgullo. –Creció más, me reconoció pero no pudimos hablar ni nada. Vi a Steve de reojo, estaba decaído, Violette lo miraba de vez en cuando. Y el ambiente en general… es muy tenso. Revisan el correo ¿sabes? Me costó un poco de trabajo pasar desapercibido.

-¿Cómo le hiciste? –decidí esperar para leer la carta.

-Me convertí en humano en cuanto pude, cerca del lago, un chico de Ravenclaw pasó solo, lo asalté con un hechizo, lo dejé aturdido, me puse su uniforme y me fui a esconder a la Sala de Menesteres, pasé ahí un buen rato. A la hora del correo me transformé y fui a dar la carta. Me fui inmediatamente después de eso.

-¿Y el chico?

Henry rió. –Debió asustarse al despertar en calzoncillos a lado del lago –volvió a reír y me contagió su risa. -¿Y cómo fue tu tiempo sin mí? "Pequeña, Kailen" –sonreí ante su burla de Nick.

-Pasé un día tan muggle como no había pasado últimamente, con una pequeña niña –agarré la toalla y me dediqué a secar su cabello mientras le contaba toda mi odisea, a veces reía, a veces solo sonreía. Cuando terminé de contarle se acostó y estiró.

-Mañana nos organizaremos y partiremos en la tarde.

-Me parece bien –apagó la luz. Me acosté.

-Kailen.

-Henry.

-Me alegra que hayas estado bien sin mí.

-Henry, puedo cuidarme sola –me giré hacia él. -¿Recuerdas cuando dormíamos juntos en tu dormitorio? –asintió. –Éramos más niños de lo que somos ahora –me giré para darle la espalda, no estaba segura de lo que quería decirle. –Podemos cuidarnos solos.

-Sigue dándote miedo estar completamente sola –sentí que se acercó a mí. –Suerte que conseguiste un gran amigo dispuesto a cuidarte.

-Cállate, sé que me extrañaste –reímos, sentí su espalda junto a la mía y de pronto se encontraba roncando. Saqué la varita y leí la carta de Nícolas, deseé que la espalda fuera más bien el pecho de Nícolas y que sus brazos me rodearan mientras besaba mi cabello, esperando a que me durmiera. Me lo imaginé riendo por mi pequeña aventura, para luego decirme alguna preocupación sobre mi bienestar, para terminar diciéndome que quería pasar por esos trámites fastidiosos solo para saber cómo se siente hacer esas cosas muggle. Esa noche soñé con él, soñé que se apartaba de mí y yo solo lo veía partir.

Desperté antes que él, se notaba cansado, lo dejé dormir. Abrí el mapa y lo observé, intenté recordar el plan de Henry, según él ahora iríamos a Irlanda, ahí atraparíamos la gema que se movía cruzando el mar. Iríamos en ferry, es un viaje corto, la única complicación sería cruzar de Irlanda del sur a Irlanda del norte por medios muggle. Según lo que vi en la televisión habían estado en algo parecido a una guerra civil y se arreglaron en abril… pero los muggles son tontos, también nosotros pero no nos peleamos tanto así, así que siguen atacándose aunque ya en menor medida. Si no nos tocaba uno de esos días en los que se atacan supuse que no habría mayor problema… a menos que pidieran documentación de algún tipo, los documentos que tenemos son anticuados, los de Henry son de antes de entrar a Hogwarts y los míos son de cuando dejé a mi familia para irme con él… como muggles no tenemos muchas cosas a nuestro favor.

Despertó y casi cayó de la cama, me miró con sueño todavía antes de reclamarme por haberlo despertado. –Yo no te desperté, ya levántate, todavía tenemos que recorrer una buena distancia.

-Kaileeen, ven a dormir otro rato –se volvió a acostar y me arrojé sobre él. –Ok… ya entendí, ya voy, ya voy –me tiró de la cama, me agarré de él y cayó también. –Odio tus reflejos de guardián.

-No es verdad, los amas –reí y me levanté. Me jaló para tirarme de nuevo. – ¡Henry! Déjame ir –me acosté sobre él, intentando aplastarlo. -¿Irás a ver a todos de nuevo?

-En cuanto encontremos la gema que sigue iré para llevar las buenas noticias –se levantó y me dejó rodar al suelo. –Tal vez la próxima vez le cuente a Clarissa que soy animago.

-Bien, debiste hacerlo hace tiempo –me levanté también. –Tenemos que ir avanzando en nuestro viaje, prepárate –me bañé. Al salir ya estaba todo empacado y listo para irnos. Nuestro próximo destino era… Irlanda. Tomamos el primer tren que nos llevaría a donde tomaríamos el ferry. Por alguna razón sentí nervios en mi estómago, como si fuera a encontrarme con algo o alguien o como si hubiese olvidado algo.