ESTA HISTORIA PERTENECE A DYRTSSA Y LOS PERSONAJES SON DE STEPHENIE MEYER
Esa noche después de la cena, sin la compañía de Edward, ya que ni había llegado a casa para ese entonces, hablé con Esme para pedirle permiso para que Austin viniera a casa a ensayar conmigo.
Al comienzo no le pareció muy buena idea por mi supuesto enamoramiento de él, mas le dije que habíamos hablado y que Austin me había dicho que yo le parecía muy linda pero que a pesar de que le gustara el me veía como una niña y adjudicando eso, le dije a mi Esme que yo le había propuesto tratarnos un poco mas como amigos y cuando pasara el tiempo veíamos que ocurría.
Mi madre aceptó, no muy de acuerdo, cabe anotar, mas me hizo la advertencia de que si veía algo que no le gustara inmediatamente prohibiría esas visitas, sin que yo objetara en nada. Esas eran las condiciones y las acepté sin remilgo, pues de ante mano sabía que nada ocurriría entre Austin y yo.
Se que era una de las peores historia que he inventado, pero tenía algo a mi favor, la confianza absoluta de Esme, cosa que no me enorgullecía, mas en la guerra y el amor todo se vale y esto señores era la guerra. Y yo haría cualquier cosa por evitar que mi adorado tormento ganara.
Con mi abuelo la historia fue muy diferente.
- ¡He dicho que no!.- gritó saliendo de la cocina en dirección a su habitación.
- Pero abuelo, no es nada malo.- le dije casi llorando
- Mira muchachita –se volvió a mi – te he permitido muchas cosas y las mayorías han sido porque la señora Esme esta de por medio, pero esta no.
- Pero abue.- traté de refutar
- Tras de que no estoy de acuerdo con lo del baile ¿Quieres que te lo acepte en casa? Pues no y no se diga mas.
- Abuelo, por favor no es nada malo, enserio solo vamos a ensayar.- puse mis manos juntas rogándole y colocando cara de perrito doliente.
- ¿Y por qué no ensayan en el lugar donde lo hacen siempre? ¿Por qué lo tienes que traer a casa?
- Porque hubo una reestructuración horaria en el taller de danza, para organizar a los demás grupos y ese horario en especial a mi no me cuadra, por el trabajo de investigación de química que hacemos en el laboratorio, ya que se cruzan. Y lógicamente no voy a dejar la investigación.
¡Woow! Me sorprendí de que mi mente trabajara tan rápido y que utilizara una excusa que involucrara lo mas importante para mi abuelito, el estudio.
Mis ganas de revancha estaban agudizando hasta mi cerebro y haciéndome una mejor mentirosa, pues no titubeé, ni me puse nerviosa, ni con Esme, ni ahora con mi abuelo.
- ¿Y por qué no dejas entonces ese bailoteo y te dedicas solo a tus estudios?
Pero al parecer la excusa de la cual me había sentido tan orgullosa no era suficiente para él.
- Tito .- así le decía cuando estaba súper desesperada para conseguir algo. – Tu sabes que me gusta mucho danzar y estoy haciendo todo lo posible para que esta no interfiera en mis estudios y de eso te puedes dar cuenta, mis reportes de notas son excelentes abue.
No dijo nada. Je je je, ya estaba ganando terreno.
- Te juro abuelito que si Austin no se hubiera ofrecido a colaborarme, con el dolor de mi alma no hubiera participado en esta presentación.
Quise hablar melodramáticamente pero lo mejor era conservar la tonalidad de madurez que reflejaban mis palabras. Se ganaba mas así con mi abuelo que haciéndose de niña caprichosa, cosa que le recordaba así a mi madre y que nunca le agrado a él.
-¿Y por cuanto tiempo va a ser eso? - ¡Si! ya lo tenía ganado, ahora lo que debía hacer era no embarrarla.
- Yo creo que por dos semanas a lo sumo tres.- coloqué mi expresión de ansiedad respetuosa, aquella en la que le decía que mi felicidad dependía de él y solamente de él.
- Ni un día mas.
No terminó muy bien y me le tiré en sus brazos, feliz, estaba demasiado contenta, todo iba por buen camino, solo estaba esperando que el tiro no me saliera por la culata.
Y así, cada día de por medio Austin iba a casa a ensayar conmigo, era un muy buen compañero de baile, sus movimientos corporales cortaban la interpretación de la música haciéndola suya. Las oscilaciones que realizaban con su cuerpo sesgando el viento a su alrededor eran de exquisita precisión.
La impresión que me había llevando aquel día en la disco no era para nada errada, era un gran bailarín, tanto que en ocasiones me olvidaba del verdadero motivo por el que estaba en casa.
Y a todas estas, con el ensayo de hoy ya completábamos tres y nada que había visto a Edward ni siquiera en casa, estaba pensando muy seriamente que de verdad estaba evitándome, lo cual me decepcionaba un poco ya que todo mi esfuerzo en esta treta estaba siendo relegada a una perdida de tiempo.
Pero esa tarde sentí algo raro que no pude definir, estábamos ensayando y como siempre la puerta del estudio la dejaba entre abierta para que por mera casualidad alguien nos viera.
Nos encontrábamos practicando la rutina del desplazamiento de mi cuerpo contra el suyo, como señal del pacto entre la gitana y la luna.
El cual consistía en que yo corría suavemente hacia él, tomando este inmediatamente mi cintura y elevándome hasta su cabeza, formando yo en el aire, con mi cuerpo entero una media luna, después me bajaba lentamente mientras mi cuerpo se iba fundiendo con el suyo suavemente, deslizándose hacia abajo, hasta tocar el piso, con mis brazos y manos en alto sobre el cuerpo de Austin, permitiendo así que éste al final me tomara por las mismas, elevándome nuevamente pero esta vez juntando nuestros cuerpos comprimiéndolos entre si, en señal de compromiso del pacto realizado. Luego me aleja de él, haciendo otra rutina de la coreografía.
Mas esa tarde nos estábamos enfocando en la rutina del pacto principalmente. Y por un momento mientras la practicábamos me sentí observada, quise voltear pero decliné mi impulso y en el momento de tocar nuestros cuerpos me oprimí mas a Austin, cuando me liberé del mismo y mi vista quedó libre la dirigí a la puerta, mas mi decepción no tuvo limites, no había nadie.
De seguro mis deseos de que Edward nos viera ya me estaba afectando de tal forma que empezaba a alterar mis sentidos y la percepción de estos.
Siempre al terminar, casi al caer la noche, lo acompañaba al porche, hasta su carro y siempre se despedía de beso en la mejilla.
- Bella. – dijo muy serio mientras su mirada buscaba la mía y en esta había un rió de emociones que no supe distinguir.
- ¿Si?.
- Me gustas mucho. Y estos días han hecho que te quiera mas.- confesó con voz nerviosa.
- Austin yo …- ¡Miércoles!, estaba haciéndole daño a alguien que era muy especial conmigo y lo peor de todo era que no había cumplido mi objetivo.
- Se que no sientes lo mismo por mi.- dijo resignado – Eso lo se. Pero de todas maneras ya no podía reprimir mas este sentimiento, que día a día va creciendo en mi.
- ¿Crees que lo mejor sea parar los ensayos?.
Le pregunté con mucha pena en mi alma. En mi afán de vengarme de Edward yo me estaba comportando mucho peor que él.
- ¡No! .- su respuesta fue rotunda.- no me alejes de ti. Así sea como amigos, pero te necesito. Te amo Bella.
Y sin mas, sin pedirme siquiera permiso posó sus labios sobre los míos, estos eran calidos, suaves y muy tiernos.
No se porque correspondí a su beso, este era tan dulce, sus labios se movían con tanta ternura sobre los míos, como si estos fueran hechos de la porcelana mas fina y él temiera romperla. Tan distinto al beso de Edward, que había sido violento, salvaje, abrasador y lleno de una pasión imperiosa.
El recuerdo de ese beso me hizo reaccionar y alejarme de Austin.
Mientras desplazaba mi mirada por su bello rostro viendo en este una mezcla de felicidad y tristeza.
Y entonces, mi respiración se hizo entrecortada, mis manos y piernas empezaron a temblar, mi boca se cerró ahogando un grito, los latidos de mi corazón fueron en aumento ensordeciéndome de momento.
Ante mi mirada se encontraba el rostro de un potencial asesino, su expresión era tan tenebrosa y peligrosa que un frío estremecedor recorrió mi espinal dorsal, suscitando un temblor involuntario por todo mi cuerpo.
Sus esmeraldinos ojos atravesaban los míos como dagas ardientes, ávidas de sangre y muerte.
Al ver mi aterrada expresión Austin se volvió y sus músculos se tensaron en respuesta a lo que vieron sus ojos.
Instintivamente me cubrió con su cuerpo, mas yo incliné mi cabeza fuera de su espalda para verlo.
La actitud protectora que Austin tuvo sobre mi, hizo que la expresión de Edward se volviera aun mas sombría y peligrosa. En un instante sus pasos comenzaron a dirigirse hacia nosotros y en respuesta Austin ahora si me cubrió totalmente con su cuerpo. Tensionando mas el suyo.
- ¿Edward a donde vas? – en el tirante ambiente se escuchó la melódica voz de una mujer.
Sin embargo y sin poder mirar advertí que Edward seguía caminando como si nada.
- ¡Oh hijo, ya llegaste! que bien. Te estaba esperando.
La voz de mi madre tuvo un efecto de rayo congelante en nosotros. Los pasos de Edward se frenaron en seco. Austin no se permitió mover un solo centímetro y yo en respuesta incliné mi cabeza sobre su espalda y mi respiración comenzó a regularse.
- ¿Edward? .- preguntó Esme con aire de preocupación.
Moví mi cabeza fuera de la espalda de Austin nuevamente para ver ahora a mi madre.
Y vi como su mirada viajaba en la misma dirección que tenía la de Edward.
- Austin, pensé que ya te habías marchado.- dijo caminando hacia nosotros.
- Si señora ya me iba.- dijo como pudo, después de hacer un gran esfuerzo para aclarar su voz.
- ¿Mi niña que haces ahí? – miró curiosa mi posición.
- ¡Oh Esme querida! Que placer verte. – dijo mientras se acercaba a Edward tomándolo por un brazo. Mas él pareciera no inmutarse y sus ojos se cerraron aun sobre mi.
Ya sabía yo de quien era esa voz, no estaba equivocada entonces, era Tanya, la verdad me asombraba que llevaran tanto tiempo juntos. El tendía a cansarse después de dos meses con cualquier chica, pero con ella ya tenía mas de tres. Se ve que estaba bien interesado en Tanya, ¿Acaso se había enamorado de ella?
Ese pensamiento hizo compungirse a mi corazón. Lo amaba y el solo hecho de saber que amaba a otra me entristeció el alma, una cosa era el deseo físico que evidentemente sentía por ellas ¿Pero amarlas? Y sobre todo a Tanya, a la peor de todas. Era completamente desolador.
Salí de mi lugar con la cabeza en alto, tomando yo también el brazo de Austin, era consiente de que era una jugada arriesgada estando mi madre ahí, pero había esperado mucho tiempo este momento y no podía desperdiciarlo.
Edward me miró con mayor rencor, su rostro se vistió del mas incontrolable odio por mi, haciendo que sus hermosas facciones de momento, se deformaran por la intensidad de ese sentimiento.
Mi madre volvió su rostro a Tanya con una sonrisa educada, Esme no gustaba para nada de esa mujer superficial y manipuladora, mas nunca intervenía en las relaciones de Edward.
Cuando esta posó su vista sobre ellos, mi dulce tormento con un gran esfuerzo cambió su expresión, volviendo su rostro un papel en blanco.
- ¿Hola Tanya, cómo estas? .- preguntó con cortesía.
-Muy bien, mi querida Esme, vine a estudiar con Edward.
Esme cambió su rostro de cordialidad a desaprobación y su mirada se convirtió en una advertencia silenciosa hacia mi Edward.
- Solo viene a recoger unos libros y se va enseguida. – dijo muy serio y con su voz demasiado grave, pero aun así mi corazón vibró de emoción Cielos hacia tiempo que mis oídos no se deleitaban con su melodiosa y varonil voz.
¡Tonta! ¡Tonta! Y mas ¡Tonta! Gritó mi cerebro. Haciéndome reaccionar de una.
Debía ser fuerte, no dejarme llevar por mi desesperado e incomprensible amor.
Me giré sobre Austin, me paré de puntillas alcanzando así su mejilla para darle un beso en la misma. No miré la reacción de Edward, aquello seria demasiado evidente y se daría cuanta de mi juego.
- Adiós Austin. Nos vemos pasado mañana. O si deseas me vas a buscar a mi clase de manejo - enuncié en voz alta, pero en la medida justa, ni mas ni menos.
Ante mi comentario Austin se olvidó de Edward, de Esme y solo se concentró en mi. Su mirada se posó sobre la mía con tanta dulzura y felicidad que mi alma se revistió de remordimiento.
- Claro me encantaría pasar por ti mañana. – dijo muy emocionado. Besándome nuevamente en la mejilla, fue un beso intenso pero suave.
Sin mas subió a su coche y se fue.
No entré a la casa enseguida, me volví sobre mis pies sin mirar a Edward, ni siquiera a Esme y mis pasos se dirigieron al patio.
Necesitaba descargar tanta tensión, necesitaba de mi lugar especial.
Ubiqué mi hermoso tronco, hoy no había Luna en el cielo, éste estaba muy negro, pareciera que reflejara mi alma, me sentía vacía, la soledad embargaba mi espíritu y el máxime pensamiento de que mi vida no tenía valía, repicaba cada vez mas en mi cerebro.
¿Cómo era posible amarlo? ¿En que pensaba cuando accedí a que ese sentimiento se desarrollara en mi? ¡Debí detenerlo a tiempo! Ahora sentía que era demasiado tarde, mi amor por Edward se había adueñado de cada célula de mi cuerpo, de cada sentimiento de mi alma, de cada espacio de mi espíritu. Pareciera como si viviera solamente para amarlo, como si mi vida careciera de sentido sin esa pasión presente en mi.
Y la amaba a ella, amaba a Tanya, ¡¿DIOS POR QUE ELLA? Gritó mi alma, pero no pude emitir ruido alguno, solo sollozos salían de mi garganta, de mi ser. Sabía que nunca me amaría, que jamás yo seria la dueña de sus suspiros, ni de su mirada llena de amor. Pero por lo menos tenía la esperanza de que encontrara una buena mujer, una mujer en la cual yo me pudiera reflejar e imaginar que era yo.
Pero con Tanya eso es imposible, ella era despreciable, nunca seria como ella y ella nunca sería como yo.
No se cuanto tiempo estuve ahí, creo que hasta que mi cuerpo comenzó a tiritar de frío, dándome entender que ya hora de entrar a casa.
Entré a mi habitación y le regalé a mis tensionados músculos una deliciosa y relajante ducha de agua tibia.
Me quedé bajo el flujo de aquel refrescante liquido durante mucho tiempo y pude apreciar como mi cuerpo se distensionaba, bueno ya era algo.
Cuando decidí que había sido suficiente, era hay demasiado tarde para cenar, que raro que no me hubieran llamado. Pero ahora no importaba. Ya eran las 11 de la noche y lo mejor era que mi mente también descansara como lo había hecho mi cuerpo.
Me sequé enérgicamente para quedar completamente seca.
Tarde me di cuenta que no había traído ropa interior para cambiarme, bueno que mas daba, me puse mi bata de baño y salí secando mi cabello con otra toalla.
Iba a buscar mi ropa interior cuando de pronto un fuerte portazo me hizo girar violentamente y lo vi.
GRACIAS POR SUS ALERTAS Y COMENTARIOS! MUCHAS GRACIAS A TODAS!
