Los personajes pertenecen a S.M, la trama y algunos de los personajes, son creación mía
Capítulo 8: Pasado.
Edward (3°persona)
El estar en ese motel no había ayudado en nada en su decisión de haber dejado a Alec con vida hasta el sábado, solo quería tomar su teléfono y llamar a Scott para que lo matara, pero no lo haría, él tenía que sufrir por lo que le había hecho a Isabella, tendría que suplicar que lo matara antes de seguir sufriendo. Decidió hablar con Ryans al día siguiente, pero lo harían con Isabella, ya que a ella también le interesaría saber todo, tenía que saber porque Ryans y Alec se conocen, también ella tiene que saber sobre su padre y sobre que en unos días podría ser libre, literalmente. Pero le incomodaba saber que pasara con Isabella después del divorcio. ¿Qué pasara si ella quiere hacer su vida lejos de Edward? El terror se apodero de él, no podía imaginar mi vida sin Bella a su lado, como podía ser, como ella se había clavado tan profunda en su piel, su nombre se había tatuado a fuego en su corazón.
La claridad de la mañana no le permitió seguir disfrutando de su sueño, poco a poco fue abriendo sus ojos, estaba desorientado, no tenía la claridad en su mente para saber dónde se encontraba, pero un olor llego a su nariz, sonrió como jamás lo había hecho, giró su cabeza para encontrarse con la mejor imagen que podía existir en el mundo, a su lado con los ojos cerrados, se encontraba Isabella, se veía realmente tranquila, en paz, se preguntó cuántas noches había pasado sin poder dormir, sin tener que preocuparse de que ese maldito le hiciera daño, mientras dormía.
Anoche, cuando la encontró en el suelo cerca de la ventana llorando y sollozando, la acomodo en su pecho deseando que ella jamás hubiera sufrido todo esto, su corazón se había apretado al verla en esa posición, no le gustaba verla llorar, solo quería verla sonreír y saber que es feliz, que no viva del pasado y poder curar cada una de sus heridas, le dolía saber que Alec le había hecho más daño de lo que había pensado, había también echo daño en su mente y en su manera de ver la vida.
Presiono sus labios contra su frente, con mucho cuidado de no despertarla se levantó de la cama, tome su teléfono que estaba en silencio y lo revisó, tenía un correo de Scott diciéndole que ya estaban en Italia. Era miércoles, el sábado irían a Italia a deshacerse de Alec. Una idea se puso en su mente, pero no creía que fuera una buena idea, como lo podría saber. Necesitaría hablar con Emmett, aunque eso conllevara un montón de bromas por parte de él.
Fue hasta su cuarto donde busque su ropa y se dirigió hacia el baño. Se colocó una camisa de lino blanco y unos pantalones, negros, hoy tendría ir a la empresa, pero lo haría cuando terminara todo el asunto de Ryans y luego lo de Bells. Desde la empresa podría hablar con Emmett.
Se colocó su corbata gris, tomo la chaqueta del traje y bajo a la cocina donde se encontró con Christie quien estaba haciendo el desayuno. Ryans no estaba allí.
—Buenos Días Señor —saludo Christie poniendo una taza de Café frente a Edward.
—Buenos Días —contesto Edward mientras tomaba su café, Christie puso frente a él un plato de huevos revueltos, tocino y pan Francés— ¿Dónde está Ryans? – pregunto, Christie quien comenzaba a tomar su taza de café, pareció un poco tensa.
—Está arreglando el coche —susurro, Edward intuía que ella ya sabía todo lo que estaba pasando.
—Al parecer Ryans te ha puesto al tanto de todo lo que ha pasado o ¿me equivoco? —preguntó terminando su desayuno.
—Sí, él me lo ha dicho —se giró y tomo unos papeles— y me hizo firmar esto, dijo que usted estaría más tranquilo y también por respeto a la Señorita Isabella —Edward tomó el documento y lo deje a su lado.
—Que considerado, aun así debió haberme preguntado si tu podías saber todo o no —se levantó, pero antes de salir de la cocina se giró a ver a Christie
—Gracias por todo y dile a Ryans que lo necesito en mi estudio, ve al cuarto de mi hermana y busca algo de ropa para Isabella y dile que cuando termine de desayunar vaya al estudio —ordenó, se dio la vuelta caminando hacia su estudio, quizás sería mejor trabajar desde allí para no dejar sola a Isabella.
Se sentó detrás de su escritorio, prendiendo su Laptop, abriendo de inmediato la sesión de su correo electrónico, comenzó a leer unos correos de Carol, su asistente, diciéndole de los contratos sin firmar, de las juntas aplazadas y un montón de cosas que rápidamente comenzó a organizar, tenía que dejar todo listo para salir a Italia el sábado en la mañana o a más tardar el sábado por la tarde. Además de mandarle un correo a Emmett para que tuviera listos los papeles de divorcio para que Isabella los firmara y llevarlos hasta Italia y así Alec los firmara también.
Unos golpes hicieron que levantara la vista y mirar la puerta.
—Adelante —dijo mientras continuaba respondiendo un correo electrónico. Levanto la mirada hacia la puerta, por ella veía la cabeza de Christie– ¿Ryans? —pregunto.
—El viene enseguida señor —dijo mientras entraba completamente—, quería avisarle que la señorita Isabella, está tomando desayuno y ha preguntado por usted —hizo una pausa, el escuchar que ella había preguntado por él hizo que su corazón saltara de emoción, tenía que comportarse no era un muchacho en la secundaria—. Y en la entrada esta la señorita Tanya, quiere hablar con Usted.
Se quedó congelado, ¿Qué demonios estaba haciendo Tanya en su casa? Suspiro y se levanto.
—Bien —suspiro en seco—. Iré a ver qué demonios quiere Tanya —Christie se hizo a un lado dejándolo pasar.
Caminó por la casa hasta llegar a la entrada de la casa, allí de pie estaba Tanya, en unos jeans azules apretados, que se ajustaban a sus piernas, una camiseta blanca, una chaqueta negra, de su antebrazos colgaba un pequeño bolso negro, se veía un poco alta, por los tacones que llevaba. También tenía un par de accesorios, Tanya era una mujer de infarto, de cabellera rubia hasta la cintura, ojos de un verde intenso, labios carnosos, destilaba sensualidad, por alguna razón estuvo con ella hace tres años, su relación fue buena, pero no siempre las cosas son como uno quiere, cometieron errores por la cual decidieron no seguir con la relación así que optaron por lo más sano para ambos y hoy mantenían una buena amistad, pero el día de hoy no tenía ganas de verla, tenía muchas cosas en su mente, además se moría de las ganas por ver a Isabella y con Tanya aquí, le hacía ponerse de un humor realmente mal.
—Hola, Edward – dijo Tanya dulcemente.
—Tanya —saludó Edward secamente, Tanya se dio cuenta de su estado de humor— ¿Dime que deseas? —preguntó mientras caminaba hacia afuera esperando que ella lo siguiera y así lo hizo, claro con su rostro lleno de confusión.
—He venido a ver como estabas, ese día en el hospital, tampoco estaban de un buen humor —comentó mientras dejaba su pequeño bolso en una silla, estábamos cerca de la piscina.
—Tanya hoy tengo el humor para este tipo de conversaciones, necesito terminar de hacer un par de cosas y luego tengo que ir a la empresa, en fin sabes que soy un hombre ocupado —dijo pasando su mano repetidamente por su pelo en claro gesto de exasperación.
—Lo siento, desde que nos vimos en el hospital, me quede preocupada, no sabía por que estabas allí —dijo acercándose a Edward.
—Lo que yo estaba haciendo en el hospital no te incumbe en nada, ahora por favor Tanya, tengo mi día bastante ocupado —respondió caminando hacia la casa.
—Está bien —dijo caminando hacia su coche, un hermoso Mustang GT Rojo – vendré otro día.
Edward solamente asintió antes de entrar a la casa, sin mirar a su alrededor caminó directo hacia su estudio allí ya estaba Ryans, por fin sabría cómo demonios el conocía a Alec y porque no le había dicho nada, ha de suponer que fue por eso que reconoció a Isabella esa noche.
—Quiero que me cuentes todo, pero Isabella tiene que estar aquí —dijo mientras cerraba el correo electrónico y lo miró.
—Como usted prefiera —respondió Ryans.
—Bien, el sábado iremos a Italia, necesito dos personas más para la seguridad de Isabella —Ryans solo lo miraba.
—¿Piensa llevar a la señorita a Italia? —pregunto Ryans con mucha curiosidad.
—La llevare, pero no vera a Alec, no creo que eso sea muy sano para ella, además quiero que esto lo tome como unas mini vacaciones —dijo mientras que unos tímidos golpes en la puerta los interrumpía.
—Pasa —dijo amablemente. Ryans noto el cambio en su tono de voz, pero no dijo nada con respecto a eso, la puerta se abrió, dejándoles ver a una muy tímida chica de cabellera castaña.
—Christie me dijo que querías hablar conmigo, pero si estas ocupado puedo venir más tarde —dijo evitando la mirada Edward, sus palabras salían de su boca en un susurro que le costó entender.
—Por favor siéntate, necesitas escuchar ciertas cosas, pero si no te sientes bien siéntete en la libertad de salir, no quiero que te veas obligada a estar aquí ¿está bien? —dijo suavemente para que ella no se sintiera obligada y pudiera entender que todo lo que estaba haciendo es por ella.
—Está bien —respondió y se sentó en uno de los asientos al lado de Ryans. "concéntrate" se reprendió mentalmente al sentir una ola de celos recorría su columna vertebral. Era completamente estúpido sentir celos, cuando bien sabía que Ryans estaba con Christie, además Isabella no era nada suyo, Aun.
Asintió en dirección a Ryans para que comenzara con su historia de la noche anterior, en cada palabra que Ryans decía, los ojos de Isabella se agrandaban y se llenaban de lágrimas, también pudo ver el terror en sus hermosas facciones, quería ir y abrazarla, pero tenían que acabar con ese tema antes de que viajaran Italia, esa era su idea, pero aún no estaba muy seguro en su totalidad.
Para cuando Ryans termino de contar la historia de cómo habían encontrado a Alec y lo había mandado a Italia donde Edward también iría, al momento de que Ryans lo dijo, los ojos de Isabella se encontraron con los de él llenos de preocupación y de algo más que no supo descifrar, su mirada contenía muchas preguntas que le perturbaron al no saber el porqué.
—Ahora Ryans nos podrías decir, ¿cómo es que conoces a Alec? —pregunto acercando a Isabella un pañuelo, ella lo tomo susurrando un inaudible "gracias".
Ryans asintió y parecía que no sabía por dónde empezar, tomo varias bocanadas de aire para poder hablar y que su voz saliera con claridad.
—Bueno, Mi Nombre es Gabriel Ryans Ivanov —suspiro concentrándose en una larga pausa, Ivanov, como no se había dado cuenta—, Mi madre se llama Liliana Ivanov, ella era hermana del padre de Alec, jamás sentí un lazo con la familia de mi madre por lo que siempre estuve más vinculado con la familia de mi padre. La relación con la familia Ivanov era inexistente, jamás me lleve bien con Alec, ni con nadie de la familia, después de unos años fui a Forks, ya que mi madre me lo había pedido, mejor dicho me había suplicado que fuera a visitar a mi primo y a mi tío, allí me di cuenta de varias cosas, solo una vez vi a Alec, esa vez estaba acompañado por una hermosa chica, estaban muy felices, cuando decidí acercarme, mi teléfono sonó, era mi madre, avisándome que mi padre estaba muerto, tome el primer vuelo de vuelta a los Ángeles —hizo otra pausa mirando a Edward, esos días le había dado libre para que fuera a ver a su familia, jamás le dijo que su padre había muerto, no dijo nada, quería escuchar todo lo que tenía que decir—, enterramos a mi padre al día siguiente, lo único que supe fue que mi padre había muerto la noche anterior, de un balazo. Mi madre no sabía quién fue, solo me decía que lo habían querido asaltar, pero yo sabía que eso era una mentira, ya que todo lo que él tenía en sus bolsillos estaban intacto. El médico que reviso el cuerpo de mi padre me dio su billetera y su teléfono celular, revise el aparato, en el encontré varios mensajes de un número desconocido amenazándolo. Llame al número y la persona que me contesto era el padre de Alec…
—¿Puedo salir? —pregunto de pronto Isabella interrumpiendo a Ryans, ya estaba de pie cerca de la puerta, Edward no se había dado cuenta cuando se puso de pie, su rostro estaba cubierto de lágrimas y aferraba el pañuelo a su rostro, tapando su boca y nariz.
—Puedes hacerlo —respondió Edward dulcemente—, dile a Christie que te haga un té, ve a descansar, yo iré pronto —ella solo asintió y salió corriendo del estudio, suspiro mirando a Ryans.
—Si quiere ir a ver a la señorita, podemos seguir más tarde —menciono Ryans viendo su rostro de clara preocupación por aquella chica de cabellera castaña que había salido del estudio.
—No, la dejare que asimile todo esto, luego iré a hablar con ella, sigue por favor —pidió, Ryans asintió y siguió hablando.
—Comencé a averiguar que realmente paso, pero mi madre no quería, lloraba por que dejara todo como estaba, pero yo no podía dormir ya que todo era muy confuso, por eso cada vez que podía hacia mis investigaciones —miro a Edward una seña con mi mano para que continuara – después de tanto averiguar, encontré algo, realmente fuerte, el padre de Alec había mandado a matar a mi padre por descubrir algunos de sus negocios sucios, aparte de saber algunos secretos, aparte de unos secretos de Alec que involucraban a la señorita Isabella, después de aquello jamás me acerque a ellos, mi madre murió de un paro cardiorrespiratorio hace unos meses, fue por eso que le pedí aquellos días libres, yo no conocía a la señorita Isabella hasta ese día, cuando la reconocí en el callejón, esa noche hice memoria de la chica que estaba con Alec y era ella —termino de decir Ryans.
—Bien, aun no puedo comprender porque no me dijiste nada de tu padre, ni de tu madre —dijo mientras se ponía de pie tratando de asimilar todo.
—No quería que se preocupara por cosas sin importancia —dijo, Edward no podía creer lo que acababa de escuchar.
—¡Todos estos años cociéndome y crees que ese tipo de situaciones sean sin importancias, como se te ocurre pensar ese tipo de estupideces! —estaba realmente enojado.
—Lo siento —susurro Ryans completamente avergonzado.
—Ve a arreglar el coche saldremos en un par de horas, arregla lo necesario para contratar a esas personas que necesito para la seguridad de Isabella, necesito todo sus datos y una entrevista en mi oficina mañana a las 8 —ordeno saliendo de su estudio, no lo podía creer que después de todos estos años trabajando para él, diga que ese tipo de situación eran cosas sin importancias.
Paso por la cocina allí estaba Christie mirándolo, de seguro habrá escuchados los gritos. Ha de suponer que ella lo sabía, no entendía que demonios le pasaba a la gente que estaba a su alrededor, actuaban como si no lo conocieran, suspire enojado.
—¿Isabella? —pregunto sin rodeos.
—Está en su habitación, ya le lleve su té —respondió en susurros, de seguro su expresión de enojo la dejo congelada en donde estaba, salió de la cocina y corrió por las escaleras hasta que llegar a la segunda planta, fue directamente hasta la habitación que Isabella estaba ocupando. Tocó la puerta, tratando de que su ira y enojo se fueran para no asustar a Isabella, volvió a tocar, pero ella no abrió la puerta.
Tomó el pomo y lo giró entrando en la habitación, ella estaba ovillada en la cama mirando hacia la ventana, se fijó que su cuerpo temblaba supo que estaba llorando, suspiró y se acercó poco a poco a su cama.
—Isabella —susurro acercándose a la cama, su cuerpo se estremeció cuando escucho la voz de Edward.
Bella (3°persona)
La mañana siguiente se despertó completamente sola en la cama, estiro su mano hacia el lado de la cama donde se suponía que estaría Edward acostado, la cama aún estaba tibia, aún conservaba el calor de su cuerpo, de seguro se habría levantado hace poco. Se quede un rato más en la cama recordando sus palabras, sus brazos envolviendo su cuerpo, haciéndole sentir protegida. Cerró sus ojos aspirando un poco del aroma de Edward que quedaba en el aire, unos golpes en la puerta la sacaron de su burbuja personal, no debía permitirse pensar en Edward más de lo debido, él es solo un amigo que le está ayudando además él de seguro tendría novia o una prometida.
—Pase —dijo mientras se sentaba en la cama mirando hacia la puerta, por ella un chica rubia muy linda pasó, era Christie. En sus manos traía unas ropas.
—Buenos Días señorita, le traje estas ropas, para que pueda bajar a desayunar — dijo amablemente poniendo la ropa a los pies de la cama, junto con un par de zapatos que dejo en el suelo.
—Buenos días —saludó sonriendo—, gracias por la ropa.
—De nada —dijo comenzando a caminar hacia la puerta—, el desayuno estará listo en cuanto usted baje —salió dejándola sola en la habitación.
Se levantó de la cama mirando la ropa que estaba allí, la tomó y la vio, era bonita, unos jeans de un color azul o gris combinado con amarillo desgastados, una hermosa camiseta negra sin mangas y un sweater con rayas negras y Burdeos horizontales, también había un par de zapatos negros sin tacos, tomó la ropa y fue hasta el baño, abrió la llave del agua y se desvistió, dejando la ropa en el suelo se metió a la ducha, rápidamente lavo su cabello y su cuerpo, cuando terminó cerró la llave y tomó un de las toallas que habían allí, comenzó a secarse el cuerpo, aun tenia las marcas que Alec había dejado en su cuerpo hace como más una semana atrás, las marcas iban desapareciendo poco a poco, ahora tomaban un tono amarillento.
Se vistió y limpio el espejo sacando el vapor, sus ojeras eran visibles, los moretones se iban de su rostro poco a poco. La hinchazón de sus ojos era muy visible, por el llanto de la noche anterior. Su labio inferior comenzaba a sanar rápidamente, peinó su cabello, encontró un cepillo de dientes nuevo así que lo usó, cepillo sus dientes, cuando terminó bajó en busca de la cocina.
En la cocina estaba Christie, se sentó en uno de los taburetes que allí habían, ella se giró sonriéndole amablemente, ella era una de las rubias que estaban en el hospital. Ha de suponer que ella estaba allí por Edward ya que trabajaba para él, pero quien era la otra chica. Será su novia, prometida, amiga con beneficios, la curiosidad quemaba y yo solo quería saber quién era la otra chica rubia.
—¿Dónde está Edward? —preguntó con curiosidad, sintió que sus mejillas se ponían rosadas. Christie sonrió con ternura, quizás no debería preguntar por el abiertamente.
—El señor Edward está en su estudio, ha dicho que después que termine de desayunar vaya a su estudio —dijo poniendo una taza frente a ella— ¿Te o café? —pregunto.
—Té, por favor —respondió mientras ella servía su té, además coloco unas tostadas y algunos huevos—. Gracias.
El timbre de la puerta le sobre salto y miró a Christie quien sonreía, salió a abrir la puerta, yo solo se concentró en comer, Christie volvió con su rostro completamente serio, ¿Quién sería? Sin darle demasiada importancia termino de comer y levantó su plato con su taza, Christie se las quito inmediatamente, no se sentía muy cómoda, pero sabía que era su trabajo.
—No se preocupe, yo lo hare —sonrió y puso las cosas en el lava-vajillas.
—Gracias, estaba todo muy rico —dijo sinceramente
—De nada.
Se quedó mirando la cocina, pero su mirada viajo como un imán hacia la ventana vio a Edward caminando con la mirada pegada en el suelo, se veía tenso y al parecer sin nada de humor, detrás de él lo iba siguiendo una chica de una cabellera rubia hasta la cintura, hermosa, realmente hermosa, en su estómago se hizo un nudo al darse cuenta que era la chica del hospital.
Por más que quiso escuchar algo no pudo, sin pensarlo las palabras salían de su boca de forma apresurada, necesitaba saber quién era la chica.
—¿Quién es la chica? —preguntó sin dejar de verlo, pasaba sus manos por su cabellos, desordenándolo aún más de lo que ya estaba. Se preguntó cómo se sentirá acariciar ese cabello, automáticamente sus manos picaban y tuvo que morder su labio para poder tranquilizarse.
—Ella es Tanya Denali —respondió Christie mirando por la ventana a su lado.
—Es muy hermosa la novia de Edward —dijo y se impresiono con su tono de voz, sonaba llena de tristeza y decepción.
—Ella no es la novia del Señor Edward —sonrió mirándola, un leve sonrojo subió hasta sus mejillas, quiso salir corriendo solo de vergüenza—, ella fue novia de Edward, hace como unos tres años, pero ahora son solo amigos —termino Christie volviendo a sus quehaceres.
Edward entro a la casa sin despedirse de la chica, Isabella solo seguía mirando por la ventana, la chica se subió a un flamante coche rojo y salió hacia la calle. Al parecer Edward no estaba en un buen humor, se preguntaba sí será por su presencia aquí, en su casa, si fuera por eso, él tendría la culpa, él la obligo a venir a su casa, perfectamente se hubiera ido a casa de Rose, como ella lo propuso cuando supo que le darían el alta del hospital.
—Debería ir al estudio, él debe de estar esperándola —dijo Christie quien la hizo volver al presente.
—Por favor, tutéame, me siento muy vieja cuando me hablas de usted —dijo Isabella sonriendo, Christie era una mujer muy amable y sincera, le agradaba.
—No creo que eso será bueno, este es mi trabajo y usted es amiga del señor Edward —dijo mirándola seriamente.
—Yo soy solo Isabella y tú eres Christie, dos personas comunes y normales —respondió sonriendo y se acercó a darle un abrazo, ella tímidamente devolvió el abrazo—. Iré a ver a Edward —menciono separándose de ella con una dulce sonrisa.
Christie le dio las indicaciones para ir hacia el estudio, fue fácil encontrar aquella puerta impotente, se parecía mucho a la puerta de la entrada, tocó la puerta tímidamente. Escuchó la voz de Edward invitándola a entrar.
—Pasa —escuchó la amable voz de Edward, él estaba sentado detrás de escritorio caoba, en el había un ordenador de alta tecnología varios documentos, y muchas cosas más.
—Christie me dijo que querías hablar conmigo, pero si estas ocupado puedo venir más tarde —dijo mirando entretenida la alfombra que estaba bajo o las paredes cubiertas de libros.
—Por favor siéntate, necesitas escuchar ciertas cosas, pero si no te sientes bien siéntete en la libertad de salir, no quiero que te veas obligada a estar aquí ¿está bien? —dijo mientras estiraba su mano para sentarse en uno de las sillas a un lado de Ryans, que le quería decir, se sentó y espero a que él hablara.
—Está bien —dijo asintiendo mientras lo miraba intrigada.
Edward asintió y Ryans se aclaró la garganta para hablar. Cuando Ryans comenzó a hablar, contando una historia, no podía creer en cada palabra que Ryans decía lo hacía parecer un cuento de terror, las lágrimas no tardaron en salir recorriendo sus mejillas, como era todo eso posible, si ellos tenían a Alec, ella era libre de alguna forma, pero los demás, que pasaría con su familia, de seguro que tomarían venganza en contra de Edward y suya, también en contra de cada persona que estuvo involucrada. Esto es mucho para ella
En el momento en que Ryans dijo que Edward iría a Italia a finiquitar el asunto de Alec, lo miro preocupada a Edward, como se le ocurría ir a allá a enfrentarse a Alec y dejarla aquí sola con la preocupación si él está bien o mal. Edward la miro preocupado y desorientado.
—Ahora Ryans nos podrías decir, ¿cómo es que conoces a Alec? —¿Ryans conoce a Alec? Pero como se preguntaba, jamás lo vio, ni siquiera en la boda, Edward le tendió un pañuelo, que lo tomó dándole un gracias que no sabía si la habia escuchado, pero no se detuvo a corroborarlo.
Ryans quien estaba un poco dudoso antes de comenzar a hablar.
—Bueno, Mi Nombre es Gabriel Ryans Ivanov. Mi madre se llama Liliana Evans, ella era hermana del padre de Alec, jamás sentí un lazo con la familia de mi madre por lo que siempre estuve más vinculado con la familia de mi padre. La relación con la familia Evans era inexistente, jamás me lleve bien con Alec, ni con nadie de la familia Evans , después de unos años fui a Forks, ya que mi madre me lo había pedido, mejor dicho me había suplicado que fuera a visitar a mi primo y a mi tío, allí me di cuenta de varias cosas, solo una vez vi a Alec, esa vez estaba acompañado por una hermosa chica, estaban muy felices, cuando decidí acercarme, mi teléfono sonó, era mi madre, avisándome que mi padre estaba muerto, tome el primer vuelo de vuelta a los Ángeles –Ryans paro por un momento, la cabeza de Isabella comenzaba a doler demasiado, toda esa información la hacían querer salir corriendo y desaparecer, Ryans era primo de Alec, no podía creerlo, todo esto parece un sueño o mejor dicho una pesadilla, Ryans siguió hablando, pero ella no creía que pudiera seguir escuchando—, enterramos a mi padre al día siguiente, lo único que supe fue que mi padre había muerto la noche anterior, de un balazo. Mi madre no sabía quién fue, solo me decía que lo habían querido asaltar pero yo sabía que eso era una mentira, ya que todo lo que él tenía en sus bolsillos estaban intacto. El médico que reviso el cuerpo de mi padre me dio su billetera y su teléfono celular, revise el aparato, en el encontré varios mensajes de un número desconocido amenazándolo. Llame al número y la persona que me contesto era el padre de Alec.
—Puedo salir? —preguntó cuando sin que ninguno de los dos se había dado cuenta de que se había puesto de pie y ya estaba a punto de salir corriendo, lejos.
Apenas Edward le dijo que podía salir, lo hizo, pero antes le dijo que le pidiera a Christie que hiciera un té y que él iría pronto, su idea de correr lejos y desaparecer se fue de su cabeza al pensar en los abrazos de Edward, sin tardar mucho le pedio a Christie un té y corrió hasta la habitación sin pensarlo dos veces se quite los zapatos y se lance en la cama, las lágrimas comenzaron a salir, lleve sus piernas a su pecho haciéndose un ovillo, en esta posición sus costillas dolían, pero no tanto como los recuerdos, las palabras hirientes, el saber todo con respecto a Ryans, hicieron que sus recuerdos llegaran con más nitidez y más dolor que antes. Cerró sus ojos con fuerza, unos golpes en la puerta la sacaron de aquel infierno que eran sus recuerdos. Pero su cuerpo ni su voz respondían, la puerta se abrió, no quiso girarse, quizás sería Christie con su té.
—Isabella… —inmediatamente se estremeció sintiendo su voz. No respondió. Sintió su peso a su espalda, la cama se hundió y su brazo rodeo la pequeña cintura de Isabella acercándola más a su cuerpo, abrió sus ojos sintiendo su calor. —¿Cómo estás? —pregunto poniendo el mentón en su hombro para luego presionar sus labios en él.
Solo se encogió de hombros, no podía hablar a causa de las lágrimas, el nudo en su garganta le hacía imposible formular una silaba, su abrazo se hizo más fuerte en contra de su cuerpo, cerró sus ojos tratando de relajarse y poder hablar. Se giró en la cama, él la miraba preocupado. Se acercó a su pecho enterrando su rostro en él, solo quería desaparecer. Sintió las manos de Edward en su espalda haciendo con sus dedos pequeños círculos, sin duda comenzaba a relajarse bajo el tacto de Edward.
—¿Por qué no puede ser un cuento? O ¿Un sueño? ¿Esto es una pesadilla? — pregunto Isabella en un susurro.
—Sé que es difícil, pero yo te prometí estar contigo, para cuidarte y apoyarte —susurro Edward tan bajito que pensó que lo había imaginado.
—¿De verdad te iras a Italia? —preguntó aforrándose a su pecho, no sabía que es lo él estaba haciendo en su vida, cada día que pasa, se encontraba más cautivaba y más deslumbrada por ese hombre.
—Sí, necesito finiquitar ese asunto para que puedas ser libre —contesto acariciando mi cabello.
—Quiero ir contigo —dijo sin pensarlo, no quería estar sola aquí, menos sabiendo que algo le pueda pasar a él.
—Sí, iremos, pero antes de irnos, necesitamos hablar de algo importante —su voz sonaba seria, se separó de él para mirar a aquellos ojos verdes que la dejan sin aire.
—No quiero saber nada —sin que se diera cuenta las lágrimas habían comenzado a salir, el pulgar de Edward se apresuró a limpiar su mejilla—, ya no quiero saber nada de mi pasado —dijo con voz entrecortada.
—Isabella, lo que tengo que decirte es muy importante, cambiara tu vida —dijo Edward con determinación.
—Ya no quiero más —cerré sus ojos con fuerza—, por favor, no quiero saber nada más, cada vez que algo de mi pasado sale a la luz me duele más y más el alma, por favor ya no quiero saber nada mas —escondió su rostro en el pecho de Edward, ya no quería más, no quería saber nada más, solo quería que esta pesadilla terminara.
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Las horas pasaban y él pasaba sentado detrás de un gran escritorio caoba, sobre este como siempre había una taza de café, él jamás se movía, solo esperaba la llamada que pudiera dar con su hija, miraba el teléfono por horas enteras. Cuando salió de aquella casa juro volver, pero cuando tuvo la fuerza y el coraje para enfrentarse a su esposa en aquel tiempo, pero fue en vano ya que aquella mujer se llevó a su hija y jamás la volvió a ver, desde que salió de esa casa, su hija desapareció, fue como si la tierra se la hubiera comido sin dejar huella.
Al encontrar la casa vacía y sin ninguna pista de su pequeña, tomo un vuelo hacia Londres donde vivía su madre, quien lo ayudo a salir adelante, consiguió un buen trabajo y poco a poco fue subiendo en aquella empresa de telecomunicaciones, un día conocía a una hermosa mujer de cabellos oscuros, ojos cafés que le recordaban a su pequeña, su nombre era Sue. Junto a ella comenzó una nueva vida en Londres, donde jamás dejo de pensar en su pequeña que en algún lugar de estados Unidos estaba escondida con aquella mujer.
Había contratado a los mejores detectives privados para que encontraran a su pequeña, pero Reneé era muy buena y con un poco de ayuda de su amante hacia que los detectives desistieran y le dieran aquel desesperado padre la noticia que no habían encontrado a su pequeña Isabella. Pero él no perdía las esperanzas de que algún día pudiera volver a su hija. Los días pasaban y era feliz junto con su nuevo amor, Sue quedo embarazada a un año de noviazgo, teniendo un precioso varón llamado Seth, la felicidad se sentía en aquella casa en el centro de Londres, pero a Charlie le hacía falta una cosa para que su vida estuviera completa, su pequeña Isabella, pero por más que pasaran los años y los detectives siguieran con las mismas noticias el jamás se rendía, él tenía que encontrar a su pequeña.
La búsqueda fue aún más complicada desde el día en que Isabella decidió unir su vida a Alec Ivanov, Charlie no sabía nada de eso, pero aun mantenía la esperanza de encontrar a su hija, desde entonces comenzó a llamarse Isabella Ivanov y para los detectives fue aún más difícil encontrar a la pequeña. Charlie siguió su búsqueda, entre tanto, supo de Reneé había muerto por lo tanto él era viudo y libre para unir su a Sue Clearwater, junto a su pequeño Seth Swan Clearwater. El pobre hombre jamás dejaría de buscar, su esposa y su hijo de 15 años lo apoyaban estando de acuerdo en viajar a Estados Unidos.
El seguiría buscando a su niña, seguiría y no se rendiría hasta tener a su pequeña en sus brazos, pronto tendría que viajar a Los Angeles, quedándose a vivir y para poder cerrar un par de negocios con la empresa de mayor importancia en los Estados unidos, Cullen Enterprises inc.
