Bueno… No diré mucho. Espero que lo disfruten…

Disclaimer: Todos los personajes de Hunter x Hunter son propiedad de Yoshihiro Togashi.


Capítulo 8: Valor x Cita x ¿Tú?

—¿Aló?—, dijo la voz a través de la bocina del teléfono.

Sus labios temblaban al tratar de pronunciar palabra alguna ¿Por qué? Si siempre hablaba con él. ¿Será por qué esta vez lo hacía con un propósito como este? Los nervios se apoderaban de su ser, no parecía ser él mismo. Se separó del aparato y colgó. No podía hacerlo, no se atrevía a decir esas palabras. "Que valiente eres", se dijo a sí mismo. Miró el objeto entre sus manos y lo apretó como si de algo funcionara.

—Es la cuarta vez que haces lo mismo—, comentó el moreno que se encontraba a unos metros de él. Si, era la cuarta vez que llamaba a Gon y colgaba.

—¡Cállate!—, dijo enojado. Ya estaba demasiado nervioso sobre este asunto para que el idiota de Leorio viniera a reprocharle por sus acciones. Si bien, el mayor lo quería ayudar; este plan no lo convencía del todo, y tal vez esa era una de las razones por la cual estaba tan inseguro sobre el asunto.

Arto de la inmadurez del chico se levantó de la silla para acercase y darle unos golpecitos en la frente con su dedo índice. —Es muy fácil solo tienes que decir tres palabras, o ¿son cuatro?

—¡Si me tocas de nuevo me las vas a pagar!—, le amenazó, retirando el dedo que lo había violentado hace unos instantes. —¡Si están fácil ¿por qué no lo haces tú, viejo?!

—No digas tonterías, tienes que hacerlo tú. Si no, no tendría ningún sentido todo esto que estamos haciendo.

Frustrado, Killua hizo un quejido y se dejó caer sobre la cama. ¿Por qué era tan difícil? Esta era su oportunidad de poder expresar lo que sentía e iba a desaprovecharla sino hacia nada.

—Mocoso, pensé que estabas decidido en hacer esto ¿Te arrepentiste?

—¡Déjame en paz!—, gritó, ya no quería mas sermones. Hizo un pequeño alarido como para soltar la presión que tenia contenida en su pecho.

—Deberías decidirte de una buena vez—, le dijo con la voz seria que pudo, era obvio que todo este conflicto, tenía una solución y una muy sencilla; pero estos niños eran demasiado inmaduros como para afrontar la situación, por eso era su deber como el mayor del grupo solucionar este problema.

No pasaron ni unos segundos cuando como por arte de magia el celular de Leorio comenzó a sonar. Aunque ambos jóvenes ya sabían de quien se trataba. Lo tomó entre sus manos y le hizo una señal a Killua indicándole de quien se trataba. De nuevo; si, era de nuevo él.

—¡Atiende de una buena vez!—, gruñó el oji-azul y para luego taparse el rostro con una almohada.

—¿Aló?—, respondió tímidamente el mayor, de nuevo era Gon, esta era la quinta vez en el día que llamaba. Ayer solo llamó tres veces; aunque eso fue porque Kurapika lo estaba vigilando, pero hoy al parecer el Kuruta no se encontraba en su apartamento, seguramente atendiendo algunos asuntos. Por lo que el pequeño ocupó todo el día en llamarlo y como si no bastara también estuvo enviando mensajes de texto. Todo con el simple propósito de saber la condición de su amigo.

—¡Leorio!—, dijo el niño a muy feliz a través del teléfono.

—Hola Gon… ¿Qué ocurre?...

—Llamaba para saber cómo estaba Killua.

—Pero Gon, acabas de llamar hace dos horas.

—¿En serio? Me pareció que había pasado más tiempo… Jejeje—, dijo inocentemente.

Una gota de sudor descendió por la frente del doctor. La intensidad de Gon se ponía cada vez peor, era muy impaciente y ya temía que en un momento a otro se apareciera por ahí.

—Él está bien, como te dije a hace un rato y su fiebre ya desapareció—, dijo para tranquilizarle.

—¡Eso es genial! ¿Ya despertó? ¿Cuándo puedo ir a verlo? ¿Ah, Leorio?—. Gon era muy insistente cuando se lo proponía así que no iba a perder la oportunidad de ir a ver a Killua.

—No Gon, aun no ha despertado—. Se separó de la bocina para hacerle unas señales al albino pero este se encontraba con el rostro tapado, por lo que tomó uno de sus zapatos y se lo lanzó. — Aun no puedes venir—. Al observar como el peliblanco se levantó enojado, se colocó un dedo en los labios indicándole que no hiciera ruido—. Aun sigue inconsciente.

—Pero ¿por qué? ¿No se estaba recuperando? Ya han pasado muchos días—. Ya se estaba comenzando a desesperar «!¿Cuanto volveré a ver a Killua?! ¡Tengo que decirle algo!» No quería desperdiciar ni un segundo más «Killua ¿Por qué no has despertado? ¡Ya quiero hablar contigoooo!»

—Solo han pasado dos días Gon, necesita tiempo para recuperarse.

—¡Buaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Pero ya quiero ver a Killuaaaaaaaaa!—, había perdido la paciencia.

Gon siguió con sus quejidos realmente sonoros al otro lado del teléfono. Leorio tapó la bocina para poder hablar: —Killua no voy a soportar esto ni un minuto más… Si no haces algo, voy a decirle la verdad a Gon.

—¿Ah? ¡¿Qué vas a decirle?!—. Se levantó de la cama realmente asustado por las palabras de Leorio. «¿Le dirá mi secreto?»

—Le diré que ya despertaste y me obligaste a decir que aun seguías enfermo—. Se acercó a Killua colocando su frente en la del otro con violencia.

—Viejo descarado, fuiste tú quien ideó todo este plan—. Lo empujó igualmente con su frente.

—Pero tú eras el que andaba llorando desesperado.

—¿Yo? Será en tu imaginación.

—¡A mí no me engañas!

—¿A si? —. Se abalanzó sobre el doctor para golpearlo. Entre el forcejeo el teléfono salió volando en cualquier dirección. Ya estaban cansando de todo este asunto, y sus actitudes ya eran insoportables; ellos nunca se habían llevado tan bien como para aguantar todo esto. Pero claro que eran amigos, así que esto solo era una pelea para descargar un poco las tensiones.

Ambos se golpeaban y jalaban de los cabellos hasta que escucharon un sonido que provenía del teléfono.

—¿Aló? ¿Leorio que ocurre allí?—, dijo Gon.

Se levantaron rápidamente y Leorio cogió el teléfono para contestar.

—Sí, aquí estoy—, dijo jadeando por todo el ajetreo.

—¿Qué ocurre allí? Creo que escuché la voz de Killua ¿Ya despertó?

—¡No! ¡El…Él… está hablando dormido!—. Que malo era para mentir, sus ideas no eran las más acertadas cuando de responder rápidamente se trataba.

—Pero se escuchaba demasiado claro—, siguió insistiendo.

—Gon, todo está bien. Iré a darle su medicina a Killua, no te preocupes por nada—, colgó; dejando a un pequeño desconcertado al otro lado de la cuidad. Apagó el teléfono pues ya no iba a soportar otra llamada más de Gon por hoy. Se volteó para ver a Killua quien había comenzado a reír a carcajadas. — ¿De qué te ríes?

—Lo siento—, dijo secando sus ojos. — Es que Gon siempre será Gon…— Su risa se fue perdiendo en el aire hasta dejar una solo una tímida sonrisa en sus labios. Su niño sí que era especial, le hacía sentir bien sin si quiera enterarse de ello, hasta le hizo olvidar toda la preocupación que tenía hace un momento.

El mayor notó la expresión risueña de Killua, una que muy pocas veces había visto y que solo ocurría cuando estaba Gon. Esos dos niños sí que se querían. Un sentimiento de nostalgia le invadió y sintió la necesidad de ayudarles a estar juntos, un amor tan lindo como el de ellos no podía desperdiciarse. — Mira lo que está ocurriendo…—, dijo en un tono seco. — ¿Tu quieres estar con Gon? ¡Deja de ser tan cobarde y hazlo de una vez!—, gritó.

El albino abrió los ojos hasta más no poder, esta actitud de Leorio no era muy común en él, en verdad entendió que el mayor quería ayudarlo. Se sentó en la cama y miró el suelo. Ambos quedaron en silencio por un rato. «Killua ¡hazlo de una vez!», decidido tomó una gran bocanada de aire y tomó el teléfono de la habitación; de ese modo Gon no sabría de quien era el número, lo miró por unos cuantos segundos y se dispuso a marcar. Repicó unas 3 veces antes de que contestara.

—¿Aló? ¿Quién habla allí?—, preguntó Gon; pero no recibió respuesta, en seguida supo que era la misteriosa persona que lo había estado llamando todo el día. —Sr. Misterioso si quiere decirme algo, por favor hágalo sin miedo.

Killua se puso realmente nervioso hasta que las inocentes palabras de Gon le hicieron sentir mejor, aclaró su garganta y con la voz dulce y angelical de mujer le habló: —Hola Gon-Kun….

Leorio comenzó a reírse delante de Killua tapando su boca para no hacer ningún sonido, pero recibió unas miradas matadoras del ex asesino, sin embargo no dejó de reír.

—¿Kiki? ¿Tú eras el Sr Misterioso?—, preguntó muy intrigado. ¿Kiki había sido la persona que estuvo llamando extramente todo el día? «¿Por qué no dijo nada?»

—Emmmm...

—¿Tu me estuviste llamando?

—Sí, fui yo.

—¿Cómo encontraste mi número?—. Era realmente extraño porque nunca se lo dijo, aunque seguramente no sería difícil para ella encontrarlo, después de todo ella era una cazadora.

—Tu amigo Kurapika me lo dio el otro día—; mintió, para no caer en otros temas sin interés.

—¡Ya veo! ¿Y qué era lo que querías decirme?

—Pues…—. Las palabras que tanto le costaron salir de su boca aparecían de nuevo, pero esta vez no habría marcha a atrás

—¿Kiki…?

—Quería que saliéramos a conversar…

—¿A conversar?

—Quería hablar de lo que ocurrió el otro día.

—Ammm… — Al escuchar esas palabras Gon se sintió bastante triste pero ante esta petición debía ser valiente y enfrentar sus temores—Esta bien—; aceptó, era el mejor momento para decirle a Kiki todo lo que sentía.

—Te esperaré hoy en el restaurante Menuá que queda en el centro de la ciudad a las ocho de la noche.

—Ok. Nos vemos.

Killua colgó el teléfono quedándose sentado por unos instantes digiriendo lo que había pasado, hoy por fin seria el día que le confesaría a Gon sus sentimientos. Ya estaba resignado a que pasaría el resto de su vida como una mujer, y si su destino fue sellado por ese loco deseo seguro era porque en verdad debía estar con Gon. Decidió que no le contaría por ahora de su secreto, por lo menos esperaría unos días más; pero todo dependía de lo que ocurriría en la noche, en aquel restaurant. Levantó los ojos y estaba Leorio mirándolo ahora con un rostro serio.

—Killua ¿Qué paso?

—Él acepto.

—¡Eso es genial! ¡Tenemos que preparar todo!—. Tomó por los brazos a Killua y salió corriendo de la habitación.—¡Debemos ir de compras!

—¡Idiota! ¡Estoy medio desnudo no puedo salir así!—, gritó sin ser escuchado.

En la habitación del hotel Gon se encontraba en el balcón mirando la puesta de sol. Por su mente pasaban escenas de lo acontecido hace unos días con Kiki: el recordar esos ojos azules mirándolo con ternura, la suavidad de su cuerpo sobre él, sus respiraciones agitadas, cada beso y cada caricia que se dieron le erizaba la piel. Nunca había conocido a alguien como ella. Nunca nadie lo había hecho sentir así. Unió sus manos y las apretó con fuerza mientras cerraba los ojos, esos recuerdos lo estaban matando. ¿Qué pasaría si hoy volvía perder el control? Ella lo hacía perder el control, o tal vez ¿el era muy débil? o ¿el experimentar esas sensaciones carnales por primera vez lo ayudaron a ser más débil contra la albina? Ahora que había probado ese dulce sabor en sus labios ¿sería capaz de resistirse? Antes lo hizo, así que ahora no podía ser diferente.

Kurapika entró a la habitación y vio al pequeño afuera en el balcón, muy pensativo. Se acercó para ver que hacía abriendo lentamente las puertas de vidrio. —¿Gon?

Miró hacia atrás al darse cuenta que su amigo había llegado. —Hola Kurapika, Bienvenido.

—¿Qué haces allí afuera Gon?

—Solo respiraba algo de aire puro—. Le brindó una sonrisa triste, pues estaba un poco nervioso por lo que ocurriría hoy.

—Gon ¿Ocurre algo?—, preguntó al notar la extraña expresión del pelinegro.

—Oye Kurapika, ¿Qué piensas de Kiki?

Esta pregunta le había caído como un balde frio al rubio. ¿Será qué Gon estaba sospechando de Kiki? Su duda lo estaba matando así que antes de responder debía saber el motivo por el cual él hacia esa pregunta. —¿Por qué lo preguntas Gon?

—Me acaba de llamar.

—¿Kiki te acaba de llamar?— «¿Qué demonios está ocurriendo en la aldea?» Kurapika estaba realmente sorprendido de que Killua lo hubiera llamado, y más aun luego de lo ocurrido anteriormente.

Se volteó para mirar de nuevo el horizonte. —Si, quiere que nos veamos hoy.

—¿Y cuál es el problema?

— Aunque ya acepte su petición, no estoy muy seguro de si deba ir.

—¿Por qué?

—Ella quiere que hablemos de lo que ocurrió el otro día—. Recostó su cabeza en el barandal. —Sabes Kurapika, yo me siento extraño cuando estoy a su lado. Me siento débil. Siento que no puedo pensar bien, y que mis acciones no se ponen de acuerdo a mis pensamientos, eso es algo que solo me ha pasado cuando estoy con ella. El otro día ocurrió lo mismo y por eso hice algo terrible. No quiero lastimarla de nuevo y que vuelva a llorar como en aquella ocasión.

—Gon…— Se sentía realmente mal de ver a su amigo tan deprimido.

—Jejeje, es raro. ¿Por qué me comportaré así?—, suspiró mientras veía como se ocultaba el sol en la lejanía. El corazón se le estrujaba al recordar las lágrimas de la joven. Apretó los dientes. —Kurapika, tengo miedo…

Apoyó su mano en el hombro del pequeño, se sentía realmente culpable de que lo estaba ocurriendo, tal vez fue muy mala idea el ocultarle a Gon la verdad; y ahora su amigo sufría por una razón que aunque para él era desconocida para Kurapika no lo era. Sintió la necesidad de decirle todo, y así aliviar su sufrimiento. Recordó la promesa que le había hecho a Killua y decidió no decir nada al respecto, pero no se quedaría viendo ahí como su amigo se desmoronaba frente a él. — Gon… Hace un momento me preguntaste que pensaba de Kiki ¿No? Te diré lo que pienso. Ella es una chica muy dulce, aunque por afuera parezca un poco violenta, creo que todo lo que hace es para ocultar lo que en verdad piensa y siente. Ese día en el centro vacacional, los observé juntos; como se divertían y compartían, ella estaba muy feliz al estar contigo y creo que tú también estabas muy feliz. No sé que abra pasado allá adentro ni que es lo que hayas hecho tú, pero te diré que esas lágrimas que ella derramó eran de tristeza. Lo vi en sus ojos. ¿No crees que esta es la mejor oportunidad de descubrir el por qué derramó esas lagrimas? Cuando lo descubras, podrás solucionar las cosas y no volverlo a hacer nunca más.

Gon se volteó para mirar a los ojos al mayor. —Kurapika, yo…

—Gon, tu eres fuerte, no digas que eres débil. Creo que todo lo que está pasando es porque no has pensado bien en cuáles son tus sentimientos. Cuando descubras que es lo que en verdad siente en tu corazón: ¿Qué sientes por Kiki? y ¿Qué es lo que en verdad quieres? En ese momento podrás solucionar todo. — Sonrió para animar a su amigo — Gon, solo escucha a tu corazón y hazle caso. No te dejes llevar por el miedo y los impulsos.

—¡Sí!— se abalanzó sobre el rubio para abrazarle— ¡Gracias Kurapika! Ya me siento mucho mejor.

Kurapika le acarició sus cabellos negros. Ahora solo esperaba que todo saliera bien, y rogaba porque todo este drama terminara muy pronto. Observó el cielo y ya estaba oscuro. —Gon, ¿ya sabes que te pondrás para la cita?

—¿Cita?— se sonrojó, no se había puesto a pensar que esto en verdad podría ser una cita.

—¿No lo es?

Pensó detenidamente y dio un brinco asustado — ¡Si lo es! — salió corriendo para su habitación sobresaltado.

—¡Hey Gon, espera! ¿Ya tienes que ponerte?— Salió corriendo detrás del pequeño.

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Hoy en particular el cielo lucia bastante nublado y el viento soplaba fuerte. La gente caminaba mas rápido de lo normal; tal vez, por el aviso audible de que pronto se avecinaría una tormenta. Killua corría por la ciudad junto con Leorio «Maldición, no puedo correr bien con estos zapatos», pensó. Era claro que todo el asunto de ser una mujer no era nada fácil, ahora si lograba entender porque tardaban tanto en arreglarse, pues duro dos horas enteras para hacerlo. No sabía si era por la inexperiencia o por el simple hecho de que ahora era mujer, el punto era que no sería nada fácil adaptarse a esta nueva vida que "desde hoy" comenzaría a vivir. El viento tampoco le facilitaba el asunto pues soplaba casi como un ventarrón; correr con unos tacones, un corto vestido y un sombrero no era nada sencillo y más aun si un tifón está a punto de hacerte volar las prendas por todos lados. Se sintió bendecido cuando divisó el lugar a donde se dirigía finalmente, al llegar una anfitriona la recibió.

—Buenas noches señorita, ¿mesa para dos?—, dijo al mirar al hombre detrás de la espalda de la joven.

Killua miró asqueado a Leorio para luego arquear una ceja y responder tajante a la chica: —¡NO! ¡Ya tengo una reservación! Este solo me acompaña.

La anfitriona la miró con disgusto, «¡Que niña tan grosera!» pensó. —Dígame su nombre.

—Killua Zold…—, se detuvo, hoy no era Killua.

—Señorita, la reservación está a nombre de Kiki—, terminó por responder Leorio.

—¡Ah sí! Aquí está. Su acompañante ya llegó la está esperando. Venga sígame.

Por su puesto Gon ya había llegado. Era normal, él siempre era muy atento con este tipo de cosas. Por un instante se quedó pasmado en el lugar, no se había percatado que el momento decisivo había llegado, a estas altura no sabía que iba a decir o que pasaría allí adentro, tragó grueso al pensar en todas las cosas malas que podrían ocurrir. Sintió una palmada en la espalda que lo hizo reaccionar.

—¡Ánimos! Todo saldrá bien…— dijo Leorio.

—Leorio…. ¿Qué haces con esa maldita cámara?—; gruñó, al darse cuenta de lo que estaba en las manos del doctor —¿A quién le estas tomando fotos?— dijo lanzándole a la cabeza el pequeño bolso que tenía entre sus manos, casi que botaba fuego por la boca. ¿Cómo pensó que Leorio le ayudaría de una manera normal?

Leorio tomaba fotografías con una cámara pequeña. —Es que te ves muy adorable con esa ropa, estos momentos son irrepetibles.

—¿Qué diablos harás con eso?—, le reprochó, era mejor que diera una buena respuesta o lo haría pagar.

—Guardarlas, para cuando tu y Gon tengan bebes poder mostrárselas—, dijo felizmente.

Sus orejas y su rostro se coloraron al instante «¿Be..bés…?» El calor era tal, que sintió que se desmayaría de solo pensarlo.

—Ellos me dirán, Tío Leorio muéstranos las fotos de cuando mi papá y mi mamá se hicieron novios—, dijo con una vocecita infantil imitando a los futuros hijitos de sus amigos— ¡Será genial!—, se emocionó.

—Suficiente…—, fue todo lo que pudo soportar. Sacó sus garras y arremetió contra el mayor. Una nube de polvo era lo único que se podía reconocer entre tanto alboroto. Los gritos de la victima asustaron todos los transeúntes que se quedaron averiguando lo que ocurría en el lugar.

—¡Ah! ¡Perdóname!—, gritaba el Leorio.

—¡Señorita deténgase por favor!—, rogó la empleada del establecimiento al ver como se aglomeraba la gente frente de su negocio.

Killua se detuvo dejando a Leorio en el piso todo arañado y golpeado. Finalmente le lanzó la cámara destrozada por la cara. —Eso es para que sigas diciendo tantas tonterías—. Ahora estaba de mal humor, se limpió el polvo del vestido, se acomodó el sombrero y cogió el bolso que yacía en el suelo, luego acercó a la chica para decirle que ya estaba listo. —Listo, lléveme a mi mesa por favor. — Caminó delante sin esperar que la joven lo condujese al sitio.

—Que malo eres Killua... —, dijo el doctor levantándose para acariciarse el rostro todo rasguñado.

Adentro, Killua admiraba cada rincón del lugar, este restaurante era muy elegante. Le sorprendió de que Leorio tuvieran tan buenos gustos «Por suerte cargaré todo en la tarjeta de Leorio, se ve demasiado costoso este restaurant», a lo lejos pudo divisar los cabellos puntiagudos de su amado, y de nuevo esas mariposas en su estómago aparecieron, tal vez debía darse un golpe a ver si salían de ese lugar y lo dejaban en paz «¿Qué tantas tonterías puedes pensar?» , se preguntó a sí mismo. Al llegar Gon se levantó nerviosamente de la silla y se paró rígidamente inclinándose un poco para saludar a la joven.

—Hola Kiki.

Killua quedó fascinado con la vestimenta de Gon, traía unos pantalones de vestir color marrón, una camisa blanca sin corbata y un chaleco, si bien antes lo había visto con un smoking; esta vez, se veía mucho más maduro y fresco.

—Hola Gon-Kun…

El pelinegro observó cada detalle de la jovencita: ese vestido corto y holgado le quedaba muy bien y por alguna razón el color morado le sentaba perfectamente, hacia que su piel se viera mucho más blanca de lo normal. Gon rodeó la mesa para sacar la silla de Kiki y ayudarla a sentarse.

Tan caballeroso como siempre.

—Toma Kiki, traje esto para ti —. Le dio un pequeño ramo de rosas con tres flores diferentes.

Killua las tomó entre sus brazos delicadamente; nunca en su vida había recibido flores, este gesto lo enterneció; Gon si que era atento y dedicado.

—¿Sabes que significan esas flores?—, le preguntó.

La joven negó con la cabeza.

Gon se acercó peligrosamente a la chica para explicar mejor.—Veras, todas las flores poseen un significado. Esa de allí es una es un jazmín blanco que significa tu amabilidad, la del medio es una Cala que significa tu belleza y esa es una rosa de color rosado que significa Gratitud, mi gratitud hacia a ti por haberte conocido y permitirme compartir contigo esos maravillosos momentos que pasamos juntos—, le sonrió dulcemente.

Eso fue un flechazo para el albino, Gon no podía ser real, tomarse el tiempo en todos los detalles y ser tan amable. «Gon…». Cada minuto que pasaba se enamoraba más de cada gesto, y cada palabra que decía, si hoy no podía cumplir con su objetivo se volvería loco, ese niño lo volvió completamente loco amor por él. —Gracias… Están lindas…—. Aspiró el aroma dulce que emanaba de ellas y las abrazó tiernamente; luego las colocó a un lado en la mesa.

—¡Qué bueno que te gustaron!—. Gon se sentó en su propia silla y miró a la albina en frente de él. Ambos bajaron la mirada avergonzados.

—Yo…—, dijeron al unísono. Asustándose y bajando de nuevo la cabeza.

El menor se armó de valor para hablar sobre lo ocurrido el día anterior. —Oye Kiki… Yo realmente siento lo que pasó el otro día. — Sus ojos reflejaron el más puro arrepentimiento.

Escuchar esas palabras de Gon, le hacían sentir un poco afligido. Si bien, entendía la situación, aun sentía que había sido rechazado. Las palabras de Leorio retumbaron en su cabeza en ese mismo instante:

"—Pero tal vez lo dijo por otra cosa. Tienes que hacer las cosas bien."

«Riorio tiene razón», eso había quedado en el pasado, hoy era el día en que todas esas dudas se disiparían. En su corazón tenía una pequeña esperanza de que Gon le correspondiera, después de todo, aquello que pasó en esa habitación no fue un accidente. Gon quería estar con él, aunque fuera siendo Kiki. Podía recordar las manos de su amado recorriendo su piel y degustando cada rincón de su cuerpo con sus labios, sí, eso que sintió fue real, el pelinegro estuvo a su merced, ambos estuvieron sumergidos en un torbellino de pasión y amor.

—Gon-Kun… No tienes nada de que disculparte—, respondió mirándole a los ojos tiernamente.

—Pero… tú lloraste…—. Bajó de nuevo sus ojos intentando ocultar su vergüenza.

—Está bien, yo no entendí en ese momento lo que estaba sucediendo y mal interprete las cosas. Yo soy la que debería disculparme—. Se levantó del asiento y le hizo una reverencia al pequeño. —Lo siento mucho.

—¿Eh?—, se levantó confundido, ¿Por qué se estaba disculpando ella? Cuando realmente todo había sido su culpa. Esta niña no podía ser tan buena e inocente. —¿Eh? ¡No hagas eso! Yo soy el que debo discúlpame—. Se inclinó. —¡Yo lo siento!

Killua levantó su mirada para ver al abochornado muchacho, al notar su expresión tímida, rió y se sentó en la silla. —En verdad eres increíble—, dijo entre carcajadas.

—¿Eh?—. Estaba realmente desconcertado, ¿que era tan gracioso? —¿Por qué?

Apoyó sus dos codos sobre la mesa y posó su cabeza sobre sus manos. Calmó sus risas y le miró dulcemente.— Eres increíble… llegué aquí muy nerviosa, pensando en que pasaría y si en verdad todo se solucionaría pero tú haces que todo sea muy fácil, más fácil de lo que en verdad es. Haces que todo sea simple y que toda la oscuridad se convierta en luz.

Impactado por las palabras de la peliblanca, un sonrojo apareció sobre sus mejillas. —¿Eh? ¿En serio?

—Si—, siguió brindándole una cálida sonrisa.

Su corazón comenzó latir rápidamente, Kiki era demasiado linda, sintió que su plan se venía abajo, si seguía escuchando su dulces palabras no podría controlarse. Pensó que en ese momento que los papeles se habían invertido, siempre fue un poco despistado para estas cosas pero hoy todo le estaba afectando. Escuchó en el fondo una música y se le ocurrió una idea para aligerar la tensión. Le brindó una mano a la joven —Kiki, ¿Bailamos?

—¿Eh?—. «¿Bailar?». Oh, oh… Killua Zoldyck; un genio, un asesino, un experto en combate y destrezas tenía una debilidad. NO sabía bailar. ¿Por qué? Simplemente nunca quiso aprender una cosa tan ridícula, que nunca usaría. Su madre muchas veces lo obligó a tomar clases de baile junto con Kalluto, pues según ella el heredero de la familia debía ser un experto en todas las aéreas; pero siempre se escapaba o terminaba por matar al instructor. Cualquiera que obligara a un Zoldyck como él a hacer una cosa tan ridícula debía morir.

—No gracias, no me gusta bailar—, dijo nerviosamente.

—Eso es porque nunca has bailado con Gon Freecss. ¡Ven!—. La tomó del brazo y la llevó a la pista de baile. Le cogió una mano y la otra la colocó rodeando su cintura. —Solo sígueme…—, le dijo para tranquilizarla. Gon la guiaba pero ella era muy torpe en sus pasos.

A lo lejos Leorio se había escabullido al interior del restaurant colocándose un atuendo un poco sospechoso, cualquiera que lo viera pensaría que era un acosador. Se metió por detrás de unas grandes macetas que rodeaban todo el recinto. Desde allí comenzó a mirar a través del visor de su nueva cámara que había comprado en una máquina dispensadora cerca de allí y se puso a tomar fotografías de sus dos amigos hasta que sintió un empujón por detrás.

—Lo siento—, dijo un joven de cabellos largos, gafas y un sombrero negro.

—No se preocupe—, se disculpó. Pero luego de pensar un poco ¿Quién rayos estaría tan loco como para esconderse detrás de unas macetas además de él? El joven se colocó un lado y sacó unos binoculares.

—Bien, al parecer todo va la perfección.

Al escuchar mejor la voz del intruso supo de quien se trataba. —Kurapika ¿Qué demonios haces aquí?

—¿Leorio? ¿Qué haces tú aquí?—, preguntó aun sabiendo ya la respuesta.

—Vine a ver cómo le va a esos dos.

—Yo igual.

Ambos rieron.

—Observemos mejor no quiero perderme de nada—, dijo el mayor juguetonamente.

Gon estaba muy concentrado en sus pasos de baile, «1, 2,3»; debía recordar todo lo que le enseño su tía Mito-San.

—Oye, Gon-Kun… Creo que este tipo de música no se baila así. — Le susurró Kiki al odio.

Al mirar a su alrededor notó como todas las personas bailaban muy lento y pegados. Era una especie de tango. —Creo que tienes razón.

En su interior Killua se sintió aliviado, si Gon no sabía bailar esta música seguro se sentarían. Pero su tranquilidad duro poco cuando sintió que Gon la apretaba atrayéndola hacia su cuerpo quedando muy juntos. —¿Gon-Kun?

—No podemos perder contra ellos—, dijo entusiasmado, se comenzó a mover colocando lentamente una pierna delante de la otra guiando a su compañera. Retrocediendo y dando de vez en cuando unos giros. Observaba de reojo a las demás personas que se encontraban bailando a su alrededor y aprendía rápidamente lo pasos.

Killua estaba rojo como un tomate; esta situación no le era nada cómoda pero poco a poco se fue dejando llevar por el pelinegro, y el baile se volvió más profundo y provocativo. En cada cambio brusco de la música se miraban furtivamente con sus ojos llenos de pasión y convicción. No sabía que había pasado pero se había vuelto en todo un experto en este baile tan sugestivo. Movía sus piernas inconscientemente siguiendo el ritmo de la música y hasta algunas veces las metió entre la entrepierna de su acompañante haciendo que este diera un respingo. Una vuelta y un apretón de cintura fue lo último que hicieron antes la música fuera disminuyendo para concluir inclinándose un poco hacia atrás mientras el moreno subía uno de los muslos de la joven hasta su cadera.

Las luces de la pista se apagaron indicando que la música había finalizado. Se levantaron y se miraron profundamente contemplando cada detalle de sus rostros; se sintieron hipnotizados, el espacio entre ellos desapareció por completo dándose un tierno beso en los labios. Que degustaron en la oscuridad del lugar, sin soltarse, sintiendo como sus corazones se agitaban por el simple roce que se estaban propiciando. Fue el beso más inocente que se hubiesen dado pero también fue el más apasionante, a lo lejos solo escuchaban algún sonido que no lograban distinguir. Las luces se encendieron haciendo que separaran sus labios pero sin dejarse mirar ni un instante. Sin darse cuenta ya se había formado un circulo a su alrededor y aquel sonido que no lograban distinguir eran aplausos. Todos en el salón, los estaban mirando. Se separaron avergonzados. Gon colocó una mano detrás de su cabeza y se inclinada para dar las gracias; mientras que a Killua todos los colores se le habían subido a la cabeza.

Entre el bullicio el pelinegro mayor se levantó saliendo de entre los arbustos para meter dos dedos en sus boca con la finalidad de chiflar. —¡Eso son mi dos amigos! ¡Así se hace!

Impresionado por la reacción de su compañero se levantó también pero solo para hundir de cabeza al mayor entre una de las macetas —¿Qué crees que estás haciendo? ¿Quieres que nos descubran?

—No sabía que ellos eran unos expertos bailando. Le diré a Gon que me enseñe esos pasos para usarlos después con una linda señorita.

Kurapika hizo un quejido y solo trató de ignorar las palabras insensatas del doctor. Siguió mirando por sus binoculares.

Al observar la multitud a su alrededor Killua se puso realmente nervioso «¿Qué demonios estoy haciendo?» se tapó la boca con su antebrazo y salió corriendo hasta la mesa donde se encontraban anteriormente. Posó sus dos manos sobre la superficie del mueble para recuperar el aliento que se le había escapado. «Es injusto, es injusto todo lo que me haces hacer Gon Freecss».

Gon notó como Kiki se había ido y se dispuso a seguirla. Al llegar ahí se acercó por la espalda de la chica y le habló por detrás muy cerca. —Fue divertido ¿no lo crees?

Ella saltó al sentir el aliento cálido cerca de su cuello. Esta reunión se estaba saliendo de control. ¿Qué había significado ese beso de hace un momento? Lo mejor sería hablar de una vez por todas y poder marcharse de allí lo más pronto posible. Ya estaba más que decidido; no esperaría ni un minuto más, la cena muy poco le importaba solo quería decir lo que sentía de una buena vez. Se sentó mirando profundamente al chico. —Gon-Kun… Tengo que hablar contigo…—, dijo en tu tono serio.

Al ver la expresión de la cara de la chica Gon supo que lo que iba a decir era de suma importancia, de igual manera tomó asiento y trago grueso. — ¿Qué ocurre Kiki?

Por fin sabría si este tonto plan daría resultado. Si todo este tiempo de angustia y sufrimiento había servido de algo. Ese deseo le había cambiado la existencia por completo y lo único que quería para esta nueva vida era pasarla con Gon, pero todo parecía estarse dificultando por alguna razón. Recordaba que ni siquiera podía estar tranquilo con él siendo Killua, no había marcha atrás por lo que si era rechazado, este sería el fin de su relación con Gon, ya no podrían ser amigos ni mucho menos algo más. El dolor sería insoportable; si, pues el separase de él sería peor que todas las torturas que recibió, pero ese dolor no estaría comparado con el estar a su lado sin siquiera poder ser él mismo. Miró hacia el suelo ocultando su mirada a la persona que tenía delante mientras sus manos jugaban tímidamente sobre su regazo. Estuvo unos minutos en silencio para armarse de valor y poder hablar.

—Cuando estoy contigo soy muy feliz—, inició.

—¡Yo también!—, dijo entusiasmado.

—Nunca me había sentido de esta manera con nadie.

—¡Me pasa igual!—, le interrumpió el chico. Era verdad, Kiki le hacía sentir algo que no lograba distinguir, un sentimiento desconocido pero a la vez muy conocido y lo más sorpréndete es que ambos lo percibían.

—¡Déjame terminar!—, le pidió casi en un grito. Ya le era bastante difícil expresarse como lo estaba haciendo para que lo estuviera interrumpiendo a cada rato.

—¡Disculpa!

Respiró profundo antes de continuar. —Ese día… en el vestidor, sentí que mi corazón se saldría, no por el miedo y ni por aquello que haríamos si seguíamos. — Miró tímidamente a su acompañante. —Fue porque… sentí que mis sentimientos eran correspondidos… fui muy feliz—. Hizo una pausa, se detuvo a pensar un poco en lo ocurrido para dar una mejor explicación. —Tal vez… ese fue el motivo por el que llore cuando dijiste que no podías hacerlo. Pero ahora lo entiendo, fui muy imprudente en pensar en eso sin preguntar tus sentimientos.

—Kiki…

—Gon-Kun… lo… que trato de decir…. Es que… yo…—. Su voz se entrecorto y sus manos temblaban por debajo de la mesa; en este momento sus nervios de acero estaban totalmente destruidos. Hubo un silencio. El nudo que había aparecido en su garganta le estaba dificultando las cosas, pero sabía que no había marcha atrás; era ahora o nunca. Se armó de coraje para por fin decir lo que sentía.

—¿Kiki?—, preguntó muy nervioso.

—Yo te quiero. Te quiero mucho. Deseo que me permitas estar a tu lado y ser esa persona especial para ti—. Lo dijo. Por fin lo había dicho.

El pelinegro se quedó en completo shock, mirando fijamente a la chica que tenía los ojos vidriosos y sus cejas caídas. Tal vez ansiosa de recibir una respuesta, pero Gon no decía nada, al parecer estaba procesando la información o simplemente no había escuchado bien. Parpadeó un par de veces hasta que cayó en cuenta de lo que ocurría «¿Kiki está enamorada de mí?». Ahora sí que entendía todo lo que había pasado, el porqué de su llanto y porque él se sentía tan mal por hacerla sufrir. Su rostro pasó de estar impresionado a llenarse de una gran tristeza. «!Que basura soy! ¿Cómo pude jugar con sus sentimientos de esta manera?». Apretó los ojos, gesto que no pasó desapercibido por la jovencita. Las palabras de Kurapika eran ciertas, tenía que primero saber el porqué de la tristeza de Kiki antes de saber porque se sentía así. Pero ahora se sentía peor, solo rogaba que todo saliera bien. Alzó la mirada para ver esos ojos azules empañados.

—Kiki… Estoy muy feliz… muy feliz que sientas eso por mi—. Su corazón entendió lo que realmente quería hacer, una sonrisa tímida apareció en su rostro. —Yo también te quiero—, dijo sin titubear. —Sabes cuando estoy a tu lado no puedo controlarme simplemente me dejó llevar por mis emociones, como ese beso que ocurrió hace un momento. Haces que sea yo mismo y a la vez que sea otra persona, es raro pero a la vez increíble. No sé porque pero aunque solo te conozco desde hace unos días, siento como si tu y yo hubiéramos compartido desde hace mucho tiempo. —Hizo una pausa, bajo la mirada para ocultar su pena. —Pero… creo que tú no me quieres de la misma manera como te quiero yo… Kiki… yo no puedo cumplir tu deseo, no puedo estar a tu lado. —Levantó el rostro para expresarle con claridad lo que sentía a la joven. —Hay una cosa que me lo impide y yo no puedo abandonar eso. Mi único objetivo es cumplir con lo que mi corazón quiere. Siempre ha sido así desde que era pequeño, siempre he buscado cumplir con los deseos de mi corazón. Y lo que deseo ahora, esta cerca muy cerca de mí y solo falta que dé un paso para poder conseguirlo. —Su voz se escuchó llena de angustia y tristeza. —Lamento no poder corresponderte…

Los cabellos plateados ocultaron el rostro de Killua, le dolía el pecho. Su corazón no, porque ya estaba completamente destruido. Ahora sí que era definitivo. Fue muy ingenuo al tener siquiera un poco de esperanza, después de todo, sabía que nunca tendría una oportunidad de estar con Gon. Ni una lagrima brotó por sus ojos simplemente se quedó en silencio escuchando cada tortuosa palabra que decía el pelinegro.

—¿Kiki estás bien?—, preguntó al ver que la chica no decía nada.

Levantó su rostro dándole una sonrisa maquillada mientras por debajo calvaba sus uñas en una de sus manos para evitar cometer alguna locura frente de Gon. —Si… Yo entiendo… No tienes de que preocuparte… Yo… solo quería que supieras lo que sentía…

—Kiki ¿podemos ser amigos?—, le miró dulcemente.

—Si…—, respondió casi en un murmullo. ¿Qué tan ingenuo podía ser Gon? Mucho.

—¡Yay!—, dio un saltó de su silla muy feliz. —¡Que felicidad!—. Observó la mesa y en ella solo se encontraba el ramo de rosa que le había dado anteriormente. —Oye Kiki, aun no hemos ordenado nada. Pidamos que nos traigan la comida.

—Mmm si…

La comida transcurrió sin muchos acontecimientos. Gon habla sin parar sobre sus aventuras y Killua solo asentía sin mirarlo al rostro. Luego de terminar de comer, Killua se levantó del asiento.

—Gon-Kun… Yo me retiro.

—¿Eh? ¿Tan pronto?—, se levantó igualmente.

—Tengo que hacer algo, lo siento.

—Awww, la estábamos pasando muy bien.

—Uju…— Gon realmente era muy ingenuo, ¿Cómo podía creer que todo estaba bien?

—Espero que nos podemos ver muy pronto. Estoy feliz que hayamos resuelto nuestros problemas—, dijo muy animado.

Killua vió el rostro angelical e inocente del pelinegro. Esa era una de sus virtudes y algo que amaba de él: su corazón puro. No podía odiarlo por rechazarlo, nunca podría odiarlo. Deseaba con todo su corazón que él fuera feliz aunque esa felicidad no fuera con él. Sintió la necesidad de apoyarlo con aquello que tanto estaba buscando y que seguramente le daría la alegría que él no podía darle.—Espero que puedas dar ese paso para conseguir lo que quieres. No dudes o podrías arrepentirte.

—¡Sí!—, asintió muy feliz.

—Me voy…

—Cuídate.

La chica caminó unos metros hasta que escuchó la voz de Gon que la llamaba.

—¡Oye Kiki! ¡Olvidaste las flores!

—Gracias…

Las tomó entre sus manos y las observó por unos instantes; al recordar las palabras de Gon sobre su significado, todas sus fuerzas desaparecieron. Se dio media vuelta y corrió. —¡Adiós Gon-Kun!—. Si este era el adiós, después de hoy no volvería a estar más con él. Su destino era separarse. Iría a buscar a su hermana Alluka que se encontraba en casa de Mito-San y desaparecería con ella para siempre, Gon nunca volvería a saber de su existencia, era lo mejor que podía hacer. Pasó a toda velocidad cerca de donde se encontraban los mayores observando, y lograron ver como Killua salía del establecimiento con lágrimas en sus ojos.

—¿Qué paso? Desde aquí no pudimos escuchar nada—. Se levantó para seguir a Killua pero fue detenido por rubio. —¡Oye Kurapika! ¿Por qué me detienes?

—Debemos dejarlos solos—. Kurapika ya intuía que había ocurrido así que lo único que podían hacer era darles tiempo para que pudieran pensar.

Al salir del restaurant Killua se quitó los zapatos y corrió velozmente dirigiéndose hasta su habitación. Al llegar se dispuso a recoger todas sus cosas para marcharse. Se quitó la ropa que traía puesta y la lanzó dentro del armario. Todo este asunto de ser una mujer ya lo tenía asqueado, de solo imaginar todo lo que tuvo que pasar por eso lo enfurecía. «Que idiota fui», se repetía a sí mismo una y otra vez mientras metía la ropa dentro de su mochila. Entró al baño y se colocó las vendas para cubrir sus pechos, de ahora en adelante ocultaría su condición, no le gustaba para nada, no quería revivir nada de eso. Buscaría la manera de volver la normalidad aunque fuera lo último que hiciera en su vida. Luego se vistió con su ropa de costumbre y finalmente su chaqueta. Los lentes y la gorra también. Al terminar dio una última mirada a la alcoba para despedirse del lugar y observó sobre su cama el ramo de rosas que anteriormente había arrojado allí. Se acercó y lo tomó: "—…mi gratitud hacia a ti por haberte conocido y permitirme compartir contigo esos maravillosos momentos que pasamos juntos"; recordó las palabras del pelinegro. «Gon… eres un idiota…» Lanzó el ramo contra la pared para después arrojarle una almohada encima. —¡Eres un mentiroso!—, gritó. Fue todo lo que pudo soportar, sus piernas comenzaron a temblar y dejó caer al suelo llorando fuertemente.

Gon había vuelto a la habitación de Kurapika, se había cambiado de ropa para colocarse su habitual vestimenta verde. Cogió su teléfono para llamar a Leorio y saber cómo se encontraba Killua. Luego de intentar varias veces sin resultado alguno pues el doctor había apagado su celular, decidió ir hasta la aldea a verificar si todo está bien; además de eso iba con un propósito más "Dar ese paso tan importante". Caminó tranquilamente, en este momento se sentía realmente feliz, había solucionado las cosas con Kiki y todo parecía estar yendo bien. Su mente volvía a estar despejada y su corazón calmado. Tarareó una canción por todo el camino hasta llegar al sitio. Subió por las escaleras hasta llegar a la habitación, por suerte se había traído sus llaves. Al abrir vio a Killua sentado en el suelo, completamente en silencio abrazando sus piernas y su cabeza hundida entre ellas. Leorio no estaba por ningún lado. Se acercó rápidamente al albino para ver que le ocurría y sentó de frente a él.

—¡Oye Killua! ¿Estás bien?—. Él no dijo nada. —¿Killua?—. Lo movió un poco dándole unos pequeños empujones haciendo que por fin el mayor saliera de su letargo levantando su rostro. Gon se percató de las lágrimas que descendían por las mejillas del oji-azul y se preocupó. —¿Qué ocurre Killua? ¿Tienes fiebre de nuevo?

—Gon…—, su voz varonil estaba quebrada. Sus labios comenzaron a temblar y repentinamente su llanto desconsolado volvió a aparecer.

—¡Killua! ¡¿Qué ocurre?!—. Estaba sumamente preocupado. Nunca había visto llorar a Killua de esa forma.

—¡Déjame solo Gon…!—. Le pidió, volviendo ocultar su cabeza entre sus rodillas.

Gon se hartó enseguida, no iba permitir que Killua le volverá a hacer lo de la vez pasada, aun podía recordar esas palabras extraña que había dicho y que quedaron sin explicación. —¡Jamás! ¡Dime qué te pasa!—. Le tomó las muñecas en el aire para que levantara la cara pero él se resistía y esta vez sí que tenía fuerzas.

—¡Déjame!—. Ambos forcejeaban bruscamente.

—¡NO!—. Usó toda la fuerza que tenia para apretar las muñecas y llamar su atención pero Killua se movió en todas direcciones.

—¡YA!—, gritó. Se inclinó para atrás violentamente haciendo que su sombrero y la capucha de su chaqueta cayeran de su cabeza. Sus largos cabellos quedaron sueltos.

Gon detuvo el forcejeo.

Killua se quedó inmóvil.

Los ojos color miel miraban en total silencio a Killua, en un movimiento lento acercó su mano al rostro del albino para retirarle las gafas. Sus ojos: eran más grandes y ya no tenían esa mirada penetrante que caracterizaba a su amigo.

Killua comenzó a temblar.

Gon aun no daba fe a lo que veía. —¿Killua?

—Gon…—, respondió ahora con su voz femenina.

El pelinegro se acercó aun más al chico y en un rápido movimiento le quitó su chaqueta y su sweater dejando al descubierto las vendas que cubrían su torso. Los ojos de Gon se oscurecieron. Parecían perdidos. Se quedo inmóvil por unos cuantos segundos viendo como su compañero temblaba.

Esto asustó aun más al peliblanco.

No dijo nada. Empujó a Killua rudamente contra el suelo y como una bestia le arrancó las vendas desgarrándolas con su mano de un solo tirón, dejando libres sus dos pechos. —¿Killua?...


Bueno espero les haya gustado este capítulo, ¡a mí me gusto mucho! Me dio muchos dolores de cabeza escribirlo porque estaba sobre el tiempo, tenía mucha tarea y tuve muchos compromisos, pero al final lo logré. Salió más largo de lo que generalmente acostumbro a hacerlo pero ya había planeado que ahí terminaría este capítulo. Tal vez cuando estaban leyendo no pensaban que terminaría así… Pero bueno así son las cosas u_u!

¡Espero con ansias sus opiniones sobre este capítulo!

Responderé algunos reviews:

CC: Gon enfermero… *Hemorragia nasal* Me lo imagino con el traje, ¡con una pose altamente sensual! xP… La parte del la enfermedad de Killu me dio mucha risa, Gon es un amor y Leorio es un Loquillo, en este fic tal vez me pasé un poco con él, pero es lo que le da gracia a la historia, amó a Leorio por muchas cosas, a pesar de que en la serie es infravalorado porque no tiene mucho poder que digamos… Pero me parece que es un personaje muy importante, noble y alguien en quien se puede confiar y que espero que en este arco del continente oscuro le pongan un poco más de importancia xd *Pinche Kurapika cuando te recuerdo te quiero morder*… Besitos sensei!

Beat: Leorio es un pervertidillo cuando se lo propone, pobre Killua ahí desmayado sin enterarse de nada xD… Espero te haya gustado las escenas graciosas de Leorio y Killu xd…

Akira Yaoi: ¿CC y yo un fic? Tal vez algún día, ya hemos hablado de ello, en cuanto se dé una oportunidad ¡seguro que lo haremos! *-*… Gracias por leer mi loko perfil xD… Cuando dices lo de mi edad me siento un poco vieja, no se xD!. O.o ¿Por qué esperaba un review tuyo? Fácil, me he leído casi todos los fanfictions de hunter x hunter y siempre me ha gustado leer los reviews que dejan en los fics, y en muchooooossss tu siempre comentabas, así que me dije sino tengo un review de Akira Yaoi! Mi fic no puede ser un fic! ¡Cosas lokas que uno piensa! Ojalá pudieras crearte una cuenta en FF para poder responderte por mensajes privados porque como invitado no puedo responderte xd…

Gracias a todos los que siempre me han acompañado en cada capítulo. No me cansó de decirlo! Ustedes son mi inspiración.

En este capítulo le doy las gracias profundamente a Lokana porque aunque sé que no leerá esto, quiero que sepan que gracias a ella pude terminar este capítulo a tiempo, sus ánimos siempre me alientan a seguir adelante y además que la obligó a leer en contra de su voluntad siempre lo hace para ayudarme xD! Te quiero Loka.

Nos vemos en el próximo capítulo.