Capítulo 8 ..::
Los ojos de la castaña se clavaron sobre los del pocionista, hundiéndose en la profunda y espesa obscuridad de su mirada. Los ojos del pelirrojo se abrieron como platos mientras que una mueca de sorpresa se dibujó en el rostro de Harry.
El corazón se Hermione comenzó a latir a mil por hora, al tiempo que dejaba que el olor de la pócima la embriagase.
-Puede retirarse, Granger- susurro Snape con un hilo de voz.
Hermione lo contemplo una última vez antes de abandonar el aula, sin atreverse a mirar a Harry y mucho menos a Ron.
El chico respiraba agitadamente, como si recién hubiese corrido un maratón. Harry lo contemplaba sentado en el suelo, sin atreverse a decir nada.
-¿Qué significa?- bramo el pelirrojo desesperado.
-Ron cálmate…
-¡No me pidas que me calme Harry! Algo está mal, su Amortentia no olía así, no en sexto año.
-Ron han pasado dos años, pudo haber cambiado de gustos.
Ron lo contemplo con escepticismo
-O tal vez realizo mal la poción- susurro el moreno estando consiente de que lo que decía era una completa estupidez.
-¡Harry acaso crees que soy idiota!- bramo el pelirrojo al borde de la histeria -Se lo que significa… ¡La poción no huele a mí! ¡Maldita sea la estoy perdiendo!
-¿Cómo sabes que no huele a ti? ¿Tal vez así hueles para ella?- replico Harry.
-¿Desde cuándo bebo Whisky de fuego, Harry? ¿O acaso olvidaste cuanto odio la lluvia?- repuso el pelirrojo comenzando a gritar.
-Ron si te tranquilizaras…
-¡No pienso calmarme!- repuso el pelirrojo, observando a su amigo fijamente. -¡Cuando descubra quien es ese maldito imbécil!
El chico había golpeado con fuerza la fría pared de ladrillo, provocando que un hilo de sangre corriera por los dedos de su mano derecha.
-¿Que harás con Hermione?- inquirió un rato después el moreno. A pesar de que sabía que su pregunta desataría otra oleada de rabia en su amigo, que aparentemente se había quedado sin fuerzas, no pudo contener la pregunta.
-No pienso perderla...- susurro el pelirrojo - no le daré el gusto a quien quiera que sea de quitármela tan fácil...
-Hermione no es un objeto, Ron…
-Lo sé, pero no permitiré que otro imbécil la enamore mientras yo me quedo de brazos cruzados.
El pelinegro soltó un bufido.
Ninguno de los dos volvió a ver a la castaña el resto del día, luego de la comida en el Gran Comedor, la chica parecía haber desaparecido
La castaña se incorporó en su cama y contemplo fijamente a la chimenea, sosteniendo la pequeña bolsa de cuero en una mano.
Una de las ventajas de ser prefecta; habitación individual con chimenea y una pequeña bolsa de polvos flu para "emergencias".
Por alguna extraña razón, no se sentía preparada para ver a Snape, no desde la clase de la mañana.
La noche había caído ya sobre el Colegio y ella continuaba sentada a la orilla de su cama, sin saber si sería correcto hacer una visita a su profesor.
Después de meditar por bastante tiempo termino por ponerse de pie, con una pizca de polvos flu entre sus dedos.
Ingresó en el interior de la chimenea, arrojo los polvos flu, susurro claramente la dirección y unas enormes llamas verde esmeralda la envolvieron.
Apareció en los aposentos de su profesor un segundo después, aun envuelto en aquel brillante fuego verde.
La cama de suaves mantas negras se encontraba pulcramente tendida y el profesor no parecía estar por ahí.
La chica se dedico un minuto a observar el cuarto al que nunca había prestado demasiada atención, antes de atravesar la pequeña puerta, que la conduciría al despacho de su profesor.
Hacía ya un par de minutos que el reloj había marcado las 8:30 de la noche, cuando alguien toco a la puerta de
su despacho.
Snape se puso de pie de mala gana, preguntándose quién diablos lo molestaría a aquella hora.
-Profesora Brismall- susurro Snape observando a la mujer fuera de su despacho
-Hola Severus, ¿Puedo pasar?
El pocionista se hizo a un lado, permitiéndole a la profesora pasar, para después cerrar la puerta detrás de suyo.
-¿Que se le ofrece?- inquirió Snape.
-¡Uy que serio!- murmuró la profesora con una risita - Estaba aburrida en mi habitación...
Snape la contemplo con cara de pocos amigos.
-Y pensé que tal vez, quisieras repetir lo de la otra noche- susurro la profesora seductoramente.
Snape sabía lo que había pasado, sin embargo hacía ya más de 1 mes de eso, y a decir verdad no había vuelto a pensar en ello, no con Hermione durmiendo a su lado cada noche.
-Ambos sabemos que fue un error profesora, y le prometo que no se repetirá - replicó el profesor, muy consciente de lo cerca que se encontraba la profesora.
-¿A caso no lo disfrutaste tanto como yo?- inquirió la mujer acorralando a Severus contra la puerta del despacho.
Snape no sabía la manera de quitarse a la mujer de encima, hasta que sintió los labios de ella pegarse contra los suyos.
No supo en que momento había enredando sus manos alrededor de la cintura de la profesora, comenzando a corresponder el beso.
Fue entonces cuando una fugaz imagen de Hermione recostada a su lado, con sus rizos alborotados y su cabeza recostada sobre su pecho cruzo por su mente.
Y fue la voz de la castaña diciendo su nombre, lo que lo trajo de vuelta a la realidad.
Aparto a la profesora de un empujón sin preocuparse mucho en ser delicado, y un destello verdoso en su habitación le confirmo lo que había imaginado.
-Profesora por favor retírese...
-¿Que ocurre Severus?- inquirió la profesora sonriendo tontamente.
-Irina vete- musito el hombre terminante, antes de desaparecer por la puerta que conducía a su habitación.
Recorrió el lugar con la mirada, aun que de antemano sabía que la castaña no se encontraría ahí.
Sin preocuparse de si la profesora continuaría en el despacho o no, el hombre ingreso en la chimenea, y susurro la dirección deseada, para luego desaparecer envuelto entre llamas verdes, justo como la castaña debía haberlo hecho hace un momento.
La castaña apenas pareció inmutarse al ver su habitación iluminarse con la luz de las llamas verdes.
Snape salió de la chimenea, contemplando a la castaña fijamente, sin decir nada.
-Granger...- murmuró el hombre luego de un par de segundos.
Hermione lo ignoro.
-Granger... Hermione- susurro el hombre más suavemente, obligando a la castaña a mirarlo.
Hermione contemplo al profesor, hundiéndose en esos profundos pozos negros.
-¿Que hacías en mi habitación?
-Que importa, no quería interrumpirlo, profesor. Disculpe.
Snape soltó una risa, que tomo a la castaña por sorpresa.
-¿Qué?- exclamo la castaña molesta.
-Granger, le he dicho que no debería ser tan celosa-murmuró Snape, divertido.
Hermione se sentó a la orilla de la cama, observándolo molesta.
-No le veo lo divertido- exclamo la chica.
-Lo divertido, es lo linda que se ve enojada, Granger- susurro el hombre con voz sedosa, acercándose a la castaña.
La chica no consiguió reprimir una risa, y para cuando se dio cuenta el profesor ya la había puesto de pie, y ahora se encontraban a tan solo milímetros de distancia.
-Profesor, ¿Le puedo hacer una pregunta?
El hombre la contemplo con una ceja levantada.
-¿A que huele su Amortentia?
El hombre no se molestó en responder, en cambio, acortó la distancia entre ambos y beso los labios de la castaña. La chica no se molestó en resistirse y se aferró a la túnica del profesor, mientras que este la rodeaba delicadamente por la cintura, pegándola contra su cuerpo.
Ambos dieron un par de pasos torpes, hasta terminar tendidos en la cama de la leona, con Hermione debajo del cuerpo de Snape.
-Severus...- susurro la chica - ¿Y si Ron viene?
-Weasley no tiene por qué enterarse- murmuró el hombre lanzando un hechizo silenciador y sellando la puerta del cuarto.
Hermione sonrió contra los labios del pocionista antes de volver a besarlos.
Volvió a pasar lo que cada noche sucedía, sus cuerpos se buscaba, se atraían como imanes... Se llamaban.
-¿A dónde vas?- susurro la castaña, al ver que el profesor comenzaba a incorporarse.
-No puedo pasar la noche aquí, alguien podría ir a buscarme, se supone que soy el subdirector.
-Sabes que no pasara... Solo una noche…
El hombre se acercó a la castaña y beso sus labios con sorpresiva ternura.
-No puedo, pequeña.
Hermione sonrió, se puso de pie y con un movimiento de la varita se encontraba vestida.
-Iré contigo.
La castaña se recostó en la cama de su profesor, cubierta con las cálidas mantas negras.
Severus la rodeo por la cintura, mientras la castaña recostaba su cabeza sobre su pecho desnudo.
-Descansa- murmuró el hombre dándole un tierno beso en la frente.
Hacia un buen rato que había despertado, sin embargo, no le apetecía en lo más mínimo abrir los ojos, hasta que sintió los labios de la castaña sobre los suyos.
-Buenos días…- susurro la chica dulcemente.
Snape sonrió de lado y volvió a besarla.
-Debo irme…- susurro la chica con pesar.
-¿Utilizaras la chimenea?
-No- repuso la chica.
Para la hora que era, Ginny ya debía de estar en su habitación esperando a que apareciera, seguramente con la idea de que se encontraba en la biblioteca, y no podía solo aparecer por la chimenea…
Snape la abrazo fuertemente, besando sus labios, antes de que la castaña se incorporase y abandonara la habitación.
Estaba a tan solo unos cuantos metros de su Sala Común, cuando una mano se cerró alrededor de su muñeca con fuerza, tirando de ella, hasta quedar oculta detrás de una armadura.
Estaba a punto de gritar cuando la mano libre del individuo cubrió su boca.
-Soy yo- susurro Harry cerca de su oído.
La castaña lo alejo de un empujón, y dejó escapar un suspiro. Estaba a punto de comenzar a reír, cuando se topó con la dura expresión de su amigo.
-¿Qué ocurre?- inquirió la chica extrañada.
-¿Es necesario que pregunte de dónde vienes, Hermione?
"Debí venir por Red Flu" pensó la castaña
-Harry…
-¡Hermione! ¿En qué diablos piensas?
-Yo no…
-¡Creí que había sido algo de una noche! ¡Hermione, pensé que no se repetiría! ¡Se supone que sales con Ron!
-Harry…. No grites…
-¿Es lo único que tienes para decir "no grites" ?
Odiaba cuando su mejor amigo se molestaba con ella, y peor aun cuando comenzaba a gritarle…
Sin embargo, la castaña cayo, sin saber que responder.
-Creí que había sido algo de una noche, que no lo pensabas repetir.
-Harry puedo explicarlo… no es lo que piensas.
-Hermione, no hay nada que explicar… Ron ya lo sabe
-¡Qué! ¿Se los has dicho? ¡Prometiste no hacer…
-¡Tú misma se lo dijiste!
-¿Qué?
-Hermione acaso no lo entiendes… Ron ya lo sabe, te escucho ayer en clase de pociones…
-¿La Amortentia?- susurro la chica con un hilo de voz.
El pelinegro asintió…
-Harry, eso no es lo que tú crees…
-Hermione, ambos sabemos que la poción no miente…
La castaña soltó un largo suspiro.
-Hermione, solo quiero pedirte una cosa- murmuro el moreno luego de un largo silencio.
La chica lo observo fijamente, en señal de que lo escuchaba.
-No te permitiré que lastimes a Ron, no lo merece… El, te quiere Herms, y no tiene por qué soportar que juegues con él a sus espaldas.
Fue un golpe bajo…
-Yo lo quiero…
-Exacto Hermione, lo quieres… pero no lo suficiente. Él es mi mejor amigo y si tú no haces algo, no permitiré que lo sigas lastimando.
-Harry… trata de entenderme
-¡Que quieres que entienda! ¡Qué te revolcaste con tu profesor de pociones mientras salías con mi mejor amigo y terminaste enamorante de él!
Los ojos de la castaña se bañaron en lágrimas.
El chico soltó un largo suspiro…
-No quise decir eso Hermione… yo perdona es solo que…
-Déjalo Harry…- lo interrumpió -te salió del corazón- completo amargamente, antes de dar media vuelta, dejándolo ahí solo, detrás de la vieja armadura.
Contenía las lágrimas, aunque estas insistían en salir.
-¿Hermione estas bien?- inquirió el pelirrojo que salía de la Sala común en el justo momento que la castaña le susurraba la contraseña al retrato de la dama gorda.
Los ojos de la castaña se clavaron en los azules del pelirrojo y le fue imposible seguir conteniendo las lágrimas.
-Hermione…
El chico la abrazo fuertemente, dejando a la castaña reposar su cabeza sobre su pecho.
-Amor… no me gusta verte llorar… ¿Qué ocurre?
Los sollozos de la castaña incrementaron al escuchar al pelirrojo llamarla de esa manera.
Ron continuaba abrazándola fuertemente, cuando Harry pasó por su lado. Le lanzo una mirada a Hermione de profundo resentimiento e intento fingir a Ron que sonreía antes de entrar a la Sala Común.
-Ron… estoy bien… solo quiero estar sola… por favor.
La castaña se alejó del pelirrojo, dispuesta a marcharse de ahí. Sin embargo el pelirrojo sujeto su rostro entre sus manos y la beso tiernamente. Sin embargo la castaña no pudo soportarlo, y rompió el beso.
-Lo siento Ronald- susurro antes de salir corriendo de ahí.
No podía soportarlo… no podría soportar una vez más otros labios que no fuera los de él.
La castaña no volvió a aparecer hasta la última clase del día, con los ojos visiblemente enrojecidos, una expresión de infinita tristeza.
-¿Herms, donde te habías metido?- inquirió el pelirrojo en cuanto la vio acercarse.
-Me sentía un poco mal y fui a la enfermería- repuso la castaña en un murmullo.
Después de eso el pelirrojo no consiguió que la castaña volviera a hablar sobre nada, y Harry apenas se les acerco a ambos.
-Ron quiero estar sola…- susurro la castaña luego de media hora de intentar leer, con el pelirrojo pegado a ella.
El pelirrojo la contemplo fijamente.
Se acercó a ella, dispuesto a besarla de nuevo, pero la castaña se alejó.
-¿Qué pasa?- inquirió el pelirrojo.
-No es nada solo que… Ron de verdad no estoy de humor- susurro la castaña antes de ponerse de pie y abandonar la biblioteca.
Había demasiadas cosas en su cabeza… Los exámenes próximos, Ron, Snape, Harry.
Caminaba sin prestar atención a su camino, cuando choco con algo, que la hubiera hecho caer de no ser que ese algo la sujeto suavemente por la cintura.
Sus ojos se clavaron sobre los negros de su profesor, que se encontraba a tan solo centímetros de ella, y algo se agito en su interior.
-Sabe Granger… hoy la he notado bastante distraída.
-¿Me prestas la suficiente atención como para notarlo?- inquirió la castaña juguetonamente.
-Créame Granger… que últimamente le presto mucha más atención de la que debería.
Hermione rio antes de besar los labios de su profesar, olvidándose de los problemas que un segundo antes la agobiaban.
-¿Puedo dormir en tu habitación esta noche?- pidió la castaña
-Hermione… te has quedado en mi habitación durante los últimos dos meses… prácticamente vives ahí.
Hermione rio tiernamente.
-¿Una noche más? Por favor
-Las que quiera Granger…- repuso el profesor volviendo a besarla.
Hermione se recostó, como cada noche, abrazada al cuerpo del profesor y con la cabeza recostada sobre su pecho
-Buenas noches- susurro la chica, cerrando los ojos.
-Te quiero, pequeña. Susurro el profesor, Sin embargo la castaña ya había caído dormida profundamente.
Holi!
Bien creo que estoy comenzando a exederme un poco con la ternuara entre estos dos... pero les juro que no lo puedo evitar
En fin... les traigo una malibuena noticia... (ustedes entienden)
¡Ya casi terminamos con el fic!
Y una noticia mejor...
He comenzado a escribir otro, completamente Sevmione! Pero es un fic demasiado largo.. (tengo pensados unos 30 capis) y no lo publicare hasta que lo termine, asi que me ausentare por un tiempo...
Los quiero mis amores
Feer :3
