Capítulo 8. En el abismo de la agonía; el llamado interno del odio: Eva Phantomhive
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HirotoKiyama13
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Pequeña niña a la defensiva;
¿Qué pasa por tu loca mente?
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Aceleró un poco el paso al sentirse terriblemente irritada por los sucesos que pasaron minutos atrás.
Por su mente pasaban mil y un imágenes de la notoria preferencia que tenían sus padres hacia su hermano, solo por el simple hecho de ser un hombre. Un niño. Varón.
Pero a ella poco le importaban los sentimientos. No le importaban en lo absoluto, nadie en este mundo. Solo ella y nadie más. Era demasiado independiente como para estar al tanto de sus padres y del mocoso que tenía como hermano. Y es que estaba enferma, y al parecer sus padres ya se habían dado cuenta de ello desde hace tiempo.
Por eso la maldita preferencia.
Aunque ya no lo necesitara, hubo un momento de su vida en que lo deseó con toda su alma. Pero esa pequeña pompa de jabón se vio rota cuando un tipo extraño de cabello gris reapareció en la vida de su padre. Y la estudió con detenimiento.
Undertaker.
Aquél que le trajo la desdicha y el placer de matanza. Aquél con el que estaría eternamente agradecida, pero que aun así quería asesinar. Aquél que le abrió los ojos sin darse cuenta siquiera, pero que acabó con su vida a propósito.
Desgraciado.
Sintió el placer y el éxtasis correr por sus venas en el momento en que decidió asesinar a sus padres, al ser demasiado notorio que ya no la tomaban en cuenta como antes. Sintió más placer y éxtasis en el momento en que sus ojos se iluminaron, reflejando las llamas carmesíes que consumían gran parte de la mansión, escuchando los gritos ahogados de un cuerpo que estaba a punto de quedarse sin vida. El ver todo hecho polvo, ardiendo en fuego, caliente, abrasador, atrayente.
Placentero.
Sabía a la perfección que estaba haciendo mal. Acabar con la vida de las demás personas estaba mal ante la ley. Pero era parte de ella. No era una loca. Estaba perfectamente bien de su cabeza. Sabía si mataba a alguien, no era por coraje.
Era por placer. Satisfacción. Superación. Aburrimiento.
Sabía qué hacía mal, y aun así seguía acabando con la vida de muchos. Sus padres, Kristen, una pareja de ancianos, una banda de criminales… Pero la persona primordial seguía con vida, arrastrándose entre la gloria mientras ella se retorcía en el infierno.
Lo arrastraría con ella. Acabaría con él, y tomaría lo que por derecho es suyo. Lo económico, lo placentero, lo social.
Eso siempre lo tenía en mente.
Incluso cuando dormía.
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Eva dejó caer el liviano e inconsciente cuerpo de su hermano sin ningún tipo de preocupación. Suspiró con algo de fatiga, ya que cargar al mocoso hasta la gran sala de estar de ese lugar, era demasiado estresante. Lo miró a la cara con arrogancia y frialdad; por un momento se quedó viendo fijamente a todos los rasguños que la pálida piel de Ciel tenía marcada, ya que eran rojos y uno que otro goteaba mínimamente de sangre. Pero después, lanzó una estruendosa carcajada, de esas que alguien puede contener. Disfrutó ese momento en especial, uno de los más importantes de su vida, sin duda alguna.
—No puedo matarte tan fácil. Tengo que divertirme contigo—parló con despego, mientras comenzaba a caminar hacia un espejo que estaba justo enfrente de ellos—. Tengo que hacer algo interesante, ¿no lo crees? —seguía parloteando, como si el pequeño niño pudiera escucharla—. Si no, nada de esto valdría la pena. El tan esperado día está tan cerca.
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—¡Oh, no, cariño! ¿Pero qué haces?
—Matando a un animal, ¿qué no es claro? [1]—protestó con desinterés, mientras aplastaba el pequeño cuerpo con sus manos pálidas, a luz del mediodía. No alzó el rostro para mirar a la hermosa castaña que la miraba dudosa.
—Pero Eva, ¡eso no se hace! Está mal, no deberías…
—Me hizo daño, ¿no entiendes? —le interrumpió molesta, entre tanto, se ponía de pie, aún con el cuerpo casi muerto de un pájaro amarillo, gordito y dolorido—. Se ha dejado caer encima de mí. Ésta cosa ni siquiera merece vivir.
—No, Eva, eso no se hace—regañó de nuevo, ignorando la mirada fría de su hija hacia el pequeño ser vivo—. Quizás tenía una ala rota, o apenas es un pequeñín, o…
Y la voz preocupada y levemente asustada de Rachel Phantomhive lanzó un chillido de terror en el momento en que Eva dejó caer al pájaro y lo aplastó sin pudor alguno. La castaña mayor no podía creer lo que veía. ¿Su hija acababa de matar a un pobre animal…? No, eso realmente estaba mal. ¿Qué le pasaba a su hija? Estaba realmente preocupada.
En cambio, la castaña de ojos azulinos con tonos grisáceos, más oscuros que los de su madre, seguía con absoluta frialdad en su mirada. Ni una muestra de miedo, arrepentimiento o por le menos pánico. No. Incluso quería reírse y aplastar más y más al pequeño pájaro, ya que el sonido de esos pequeños huesos tronar bajo su pie de proporción mediana, sonó como un canto para sus oídos, como aquella sintonía de Mozart que el gran Vincent Phantomhive le había enseñado a tocar tiempo atrás.
El simple hecho de que alguien tan poca cosa como un animal de la calle cayera sobre su cuerpo, era repugnante. Nunca quiso que alguien más la tocara porque pensaba que eso no debía hacerse; y no porque ella fuera aún una niña, sino porque nadie del mundo merecía tocar su piel, sólo besarle los pies y verle siempre la espalda.
Eva seguía sin escuchar el sermón espantado y poco preparado de su madre. Su mirada aún seguía perdida… No, no estaba perdida. Era una mirada fría, sin remordimiento alguno, que miraba toda la escena sin ningún tipo de pudor o temor por lo menos. Movió un poco su pie, ejerciendo fuerza en él, haciendo que el pequeño cuerpo del animal se arrastrara por el césped, verde y hermoso. En esos momentos por su mente pasaba algo. En esos momentos, ella se preguntaba algo tan simple.
—No sé la verdad qué fue lo que te pasó, pero yo pienso que deberíamos de llevarte a un…
… ¿Cómo se sentirá aplastar a tus propios padres?
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La mayor de los Phantomhive se miró a sí misma en el espejo, con una sonrisa burlona en su rostro, mientras se acomodaba un poco su lacio cabello castaño, ya despeinado por la reciente actividad. No podía dejar cabos sueltos. Esto tenía que terminar aquí y ahora, no podía dejarlo vivir por mucho más tiempo.
Oh.
Sólo con ver a su hermano, le entraron unas terribles ganas de cortar algo. Lo que sea, cualquier cosa, cualquier persona, cualquier animal. Se le quedó mirando por un rato. Su respiración seguía siendo calmada; eso quería decir que pronto despertaría del estado inconsciente en que estaba metido. Se acomodó la playera rosa que llevaba puesta, mientras que sus orbes azules denotaban arrogancia suprema.
Ciel Phantomhive se parecía tanto a Rachel… Aun así, no tenía una razón eficiente para odiarlo. Lo odiaba solamente por querer hacerlo, por diversión, por furia, por aburrimiento.
—Quien diría que al gran Ciel Phantomhive estaría ahí, indefenso y débil. Como deberías de ser, idiota.
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[2]La castaña siguió estirando los cabellos rubios de la pequeña niña que estaba al lado de ella. Con su mirada apagada, tomó entonces todas las joyas que se encontraban cerca, mientras sonreía con autosuficiencia.
—Me quedaré con estas. Son muy bonitas.
Soltó a la niña con algo de brusquedad, haciendo que un sonido sordo y hueco se escuchara por la habitación. Alzó un poco su pie y, aprovechando que llevaba unos tacones algo altos, comenzó a clavarlos en las piernas de la niña, que seguí gimoteando de dolor.
—¡A-Ah… d-déjeme…!—gritó la niña de ojos verdes, demasiado espantada, tratando de quitarse de encima el pie de Eva, pero sin éxito alguno—. U-Usted es…
—¡Cállate, maldita sea! —Eva entró en desesperación y con furia incontenida le propinó una patada en el rostro, importándole poco si le hacía daño en el proceso—. Eres una inútil, ni defender las joyas de tu madre puedes hacerlo bien. Por suerte, ahora son mías…
La niña, la pequeña Charlotte Rowlisther, hija de uno de los tantos amigos adinerados de los Phantomhive, cerró sus ojos con fuerza, sintiendo las lágrimas caer por sus mejillas sonrosadas debido al dolor. No sentía su cuerpo, y no quería sentirlo. Por su inocente mente, no cabía la idea de que la persona que se encontraba robando todo y que la había golpeado, era la mismísima Eva Phantomhive, que en esos momentos contaba con 18 años de edad.
Robo.
Era una de las tantas prácticas que la castaña llevaba a cabo constantemente. Y eso se hizo más frecuente cuando llegó el 26 de mayo, el día de su cumpleaños. Después de un mes, se encontraba aquí, con una niña tirada en el piso y unas hermosas joyas en su mano, apretadas fuertemente sin ganas de soltarles.
—Ahora, mocosa…—habló por fin, mientras se colocaba de cuclillas para quedar cerca del rostro de la niña, que no la miraba a los ojos—. Tú no le dirás nada de esto a nadie, ¿has entendido? Si quieres seguir viviendo, te vas a quedar callada. —la tomó de las mejillas y comenzó a estrujarlas con fiereza, meneando su cabeza en el acto. Chasqueó la lengua al ver el rostro de la niña—. Deja de llorar, ¡por dios!
Antes de ponerse de pie, le propinó una bofetada con su mano libre, que era la misma en donde portaba un carísimo anillo de diamantes, causándole en la niña un gran dolor; ya que con éste le raspó profundamente la cara, con el cual salió sangre de la parte afectada.
Eva, sin mirar atrás y sonriendo, salió a paso lento de la habitación.
Ya se encargaría de eso después. Por ahora, tenía que recordar la sensación placentera que sintió cuando le encajó el tenedor a su querido hermano
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—Ah. Tan estresada, tan estresada.
Dejó caer su cuerpo sobre el hermoso sillón rojo que se encontraba en el lugar, sin despegar ni un segundo la mirada del cuerpo de su pequeño hermano. De ese mocoso odioso que lo único que hizo fue empeorarme la vida, pensó con envidia. Últimamente estaba recordando muchas cosas de su pasado, y de eso ella se había dado cuenta; pero como siempre, ignoró olímpicamente todo, porque no quería tener discusiones inútiles consigo misma sobre personas que nunca valieron la pena.
—Bien podría matarte como maté a la pequeña y adorable Charlotte—sugirió, como si Ciel pudiera escucharla—. O como maté a Kristen. Quizás como acabé con el cura. ¡Oh, no! Tal vez como con aquélla anciana; sí, era igual que tú, sólo que he de admitirlo, tú eres más hermoso—recitó con ironía, mientras guiñaba el ojo—. O quemar tu cuerpo, también puede ser. ¿Tú que escoges?
Lanzó una carcajada chillona mientras se cruzaba de piernas. Recargó su cabeza en el mullido colchón del sillón en el que estaba, para después sonreír socarronamente.
—¿Sabes? Éste era un prostíbulo. Sí, señor, que lo era. Aquí cometí un asesinato en masa; aunque no tan grande, quizás unas seis u ocho personas… Fue divertido.
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—Me gustas, Eva.
—¿Eh? Vaya, no me lo esperaba de ti… Charlie.
—Supongo que no, ¿verdad?
Eva miró con desdén al chico atractivo que no dejaba ver su rostro rojo, debido a la vergüenza que sentía en esos momentos. Siguió masticando su chicle con gran aburrimiento, mientras sonreía altaneramente. Menuda gente idiota.
—No.
El chico de cabellos grisáceos alzó su rostro, estupefacto, y con sus orbes del mismo color abiertos de par en par.
—¿Disculpa?
—No tiendo a juntarme con gente inútil, mi querido Charlie. Y lamento informarte, pero tú estás en esa lista. Ni aunque fueras el último chico en la faz de la tierra estaría con alguien como tú; antes de eso, prefiero matarte. —le dijo con suma frialdad.
—P-Pero tú…—Charlie aún no podía creer lo que sus oídos habían escuchado. Esa no era la Eva que él conocía; y había pasado por alto el hecho de que la chica dijo 'matarte'—. ¡T-Tú dijiste que…!
—Eres demasiado manipulable, idiota. Todo este tiempo te estuve engañando, y me reía a tus espaldas; no es mi culpa que jamás te hayas dado cuenta. Prácticamente tenía sexo con todos en tu cara, imbécil; ya si no te diste cuenta, es muy tu problema, ¿no crees? —Eva no pudo evitar carcajearse al ver el rostro de estupefacción del chico.
Rió por unos minutos. Pero esa risa desapareció al darse cuenta de que su compañero seguía ahí. Se acercó a él con paso decidido, y se divirtió en cuanto vio que él se alejaba, quedando así acorralado entre ella y la pared. Ah, tan divertida la situación.
Sí. Eva Phantomhive se buscaba la mayoría de los días una víctima nueva, y cada vez era más excitante.
—Es mejor que te calles y que te largues, ¿no crees? —Preguntó, con inocencia fingida—. No te gustaría acabar mal. Y cuidado con que digas algo, mi querido Charlie.
El aludido afirmó con pavor.
Ah, humanos tan inútiles.
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—¿Te cuento una anécdota?
La Phantomhive comenzó a tararear una canción mientras meneaba su cabeza al ritmo de la música mental. Había prendido fuego al suéter de algodón finamente hecho que llevaba su hermano, por lo que ahora sólo se encontraba en una camisa blanca y unos pantaloncillos grises; aún inconsciente.
Eva siempre lo miraba con frialdad. Siempre disfrutó verlo sufrir por cualquier razón, y nunca le agradó el hecho de que todo el mundo se fijara en él antes que en ella. Ni siquiera Sebastián Michaelis, que resultó ser un pedófilo atractivo que tenía sexo con el mocoso.
Recordó la rabia inmensa que le dio días atrás, cuando el azabache dijo que 'tenía trabajo con Grell', cuando en realidad estaba en el mentado 'The Montcalm*' manteniendo relaciones con su hermano, un niño al que le doblaba la edad. Aunque ella no estaba ahí para discutir sobre la moral del empresario. De hecho, ella ni siquiera tenía lo que la demás gente llamaba 'moral'.
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—Estamos aquí reunidos, para despedirnos de alguien que hizo felices a muchas personas, en todos los sentidos, con esa hermosa sonrisa, brillante y encantadora…
—Es en verdad una pena. Quién se hubiera imaginado que todo terminaría así.
Los Phantomhive se encontraban reunidos en un funeral en las afueras de Londres, Inglaterra. Hacía frío, como siempre, pero eso no impidió que ellos fueran al lugar. Iban absolutamente todos de negro, y cada persona que se encontraba ahí, tenían una mueca de dolor.
Los padres de la víctima lloraban desconsoladamente, e incluso los sirvientes del ahora occiso derramaban lágrimas al más no poder. No había ni una sola persona que no estuviera llorando; incluso el pequeño Ciel, que no entendía muy bien la situación, dejaba caer gotas saladas por sus redondas mejillas.
—Cariño, ¿estás riendo?
—No mamá, no me estoy riendo—refunfuñó Eva, fingiendo estar ofendida—. Estamos en un funeral. Sólo una persona enferma haría eso.
—Podría jurar que lanzaste una leve carcajada—la castaña miró a su madre con algo de enojo. Rachel de igual manera lagrimeaba, ya que la persona muerta era alguien muy unido a ella—. Ni de broma lo hagas.
—¡Te dije que no! —dijo, alzando un poco la voz, tratando que su voz no se escuchara por encima de los gimoteos de los demás—. ¿Cómo sería capaz de reírme en un entierro?
El gran Vincent Phantomhive se acercó a ellas, con el niño de cabellos azules en su espalda, cubriendo su pequeña cara con su manita. Acarició la cabellera de su esposa y le sonrió amablemente a su hija.
—Una gran pérdida, ¿no? El joven Willson fue un muy buen compañero—admitió, con su típica voz ronca y grave—. Aun así, no puedo evitar pensar que fue extraña la manera en la que murió. Él no tenía problemas de depresión, y que yo sepa, su prometida ya tenía casi lista la boda.
—Quizás alguna loca quería divertirse y terminó matándolo.
—¡No lo digas ni de broma, Eva!
Nada más lejos de la realidad.
Eva en definitiva, sí se estaba riendo de todo esto. Ver a personas llorar por alguien muerto era algo que le gustaba. Con sus propias manos había acabado con la persona que en esos momentos se encontraba sin vida, en el ataúd café, de caoba perfecto.
Después de una semana de haber acabado con Charlie, el chico que se había 'declarado', decidió intentar acabar con alguien un poco más cercano a ellos. Y encontró la solución en cuanto un alegre Willson entró por la puerta de la mansión Phantomhive. Fue de lo más divertido ver su rostro de miedo y sus ojos llorosos cuando ella comenzó a cortar uno por uno de sus dedos, lentamente, deleitándose con su dolor.
Ella siempre supo que estaba hacía mal. Y aún con eso, ella podía dormir en paz. Incluso recortaba de los periódicos todas las noticias que tuvieran que ver con sus víctimas, y las ponía en un libro en especial.
Jamás tuvo remordimiento alguno.
—Eva tiene razón, cariño. Todo puede pasar…
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Trastorno disocial. Actos delictivos. Características personales. Excesos. Inestabilidad. Personalidad egoísta, terca y arrogante, poco flexible.
Una persona sin límites.
Así es como se definen las personas como ella; y eso no lo negaba, era parte de ella.
—¡E-Eva, espera…! ¡… N-No!
Era su forma de ser. Estaba mal y eso lo sabía a la perfección, y eso era algo que jamás iba a cambiar, ni siquiera con la muerte. Aún después de que muriera, en donde quiera que esté, seguiría siendo la misma. Matar por matar. Sólo por diversión, sólo juegos y adrenalina.
—Te ves mucho más linda sin vida, mi querida Kristen—acarició la mejilla sangrante de la chica de cabellos negros como la noche, con algo de hipocresía.
Ni siquiera un maldito hospital psiquiátrico. Ni sus padres, ni su hermano, ni el mismísimo Sebastián. Ni la policía.
—Usted está enferma, mi querida señorita. Y aunque en estos momentos se esté burlando de mí, y en el fondo diga que 'acabará conmigo', sabe que eso no pasará; porque yo no soy los demás. Por algo fui el mejor amigo de su padre, ¿no?
Eva lo miró con furia abrasadora.
—¿Qué quieres decir, Undertaker?
—Usted es una sociópata, eso es lo que trato de decir. Sólo usted se atreve a matar a sus padres—Eva abrió los ojos de par en par—. Sólo usted se escapa de un hospital psiquiátrico, y sólo usted le clava un tenedor a su hermoso hermano—siguió hablando, mientras la castaña se sorprendía cada vez más y más. ¿Cómo mierda…?—. Y ni piense en matarme, porque sé que esa fue la razón por la que mi gran amigo está en el otro mundo. Porque supo que usted estaba enferma, y sin remedio. Oh, ¿qué diría su hermano hermoso sobre todo esto?
La sonrisa burlona del hombre vestido completamente de negro le sacó de quicio. ¿Quién se creía este tipo?
—Cierra la boca, imbécil. —le ordenó, mientras se ponía a la defensiva.
—Uhuhuhuhu—la carcajada de a Undertaker no se hizo esperar. Le apuntó con una de sus largas uñas pintadas de negro—. Los humanos como tú son tan interesantes. Pero pronto sabrás de mí, ya lo verás.
Ni Undertaker.
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¡Cierra la boca, he dicho!
Y humíllate ante la reina.
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[1] Las personas que padecen del trastorno antisocial de la personalidad tienen antecedentes de haber tenido trastorno disocial durante la infancia o la adolescencia. El trastorno disocial se caracteriza por conductas que atentan contra las normas y reglas sociales y violan los derechos básicos de las demás personas. Suelen agredir a personas y/o animales y destruir propiedad ajena, realizar hurtos o delitos.
[2] Suelen tener comportamientos que atentan contra la integridad de las personas, es por ello, que es frecuente que tengan problemas con la ley. Es común que roben, destruyan propiedades privadas, entre otros. Quienes padecen este tipo de trastorno son mayores de 18 años.
* Hotel mencionado en el capítulo dos de éste mismo fic. Aclaro queno es ficticio, éste hotel en realidad existe, y es uno de los más hermosos y famosos de todo Londres. Así que cuando vayamos, ya sabremos en dónde hospedarnos, ¿no? xD
Letras en cursiva son recuerdos de la mente de Eva.
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¡Capítulo de último momento!
¿Por qué? Porque no tenía pensado agregarlo. De hecho, queridas lectoras, el capítulo ocho era de la trama; pero como decidí hacer a una Eva más profunda y donde quede claro alguno de sus problemas y asesinatos que he cometido, he creado éste. Eso quiere decir que el fic en total tendrá 13 capítulos.
¿Qué piensan de Eva, ahora? Dios, creo que hasta yo sufrí cuando abofeteó a la pequeña Charlotte.
Entre el capítulo salen a relucir la personalidad de un sociópata, así que si quieren saber si alguno que les rodea lo es, pues ya saben: ¡a leer e investigar! (lo dice la que se tardó casi una semana investigando todo esto -.-), porque creo que conozco a una sociópata, y eso no me gusta, me da miedo e.e.
¡PERDONEN POR NO DARLES UN CAPÍTULO DE LA TRAMA! Pero éste tómenlo como una 'introducción' a lo que se avecina. Sí, porque para el siguiente, ya empieza la confrontación.
¡OH KAMI-SAMA! ¡Undertaker y Eva se conocen, SE CONOCEN! o.o. Dios, eso fue genial (?). Bueno, me calmo. ¿Ustedes que opinan? Espero y no decepcionarlas.
Y disculpen por la demora, pero ahora sí, no sé cuándo actualizaré. Una semana de clases completas, la que siguen son indicativos. Así que ya saben cómo estará mi agenda. Pero aún así, trataré de traerles el avance lo más pronto posible, ¡de veras!
¡LAS AMO! Gracias a todas aquéllas que dejan reviews, que tienen la historia en favoritos y que me tienen a mí en sus favoritos :') Son de lo más hermoso que hay(L). Se los agradezco en demasía, así masivamente. Son unas lectoras de lo más hermoso, sin duda me he encariñado con cada una de ustedes, por igual.
Sin más, me retiro. Ando enferma y tengo que ir a descansar. Pero por ustedes, me levanté temprano y terminé este capítulo que, recalco, no lo tenía pensado poner(:. Pero no quería una Eva superficial, y me imagino que ustedes tampoco, ¿no?
¿Les gustó el capítulo? A mí sí. Me gustó indagar por la mente de alguien tan loca como Eva, que no está tan loca porque sabe lo que hace y que incluso asistió al funeral de una de sus víctimas :S.
¡Que anden bien! ¡Saludos&besos, disfruten el capítuloooooo~!
HirotoKiyama13
