Parte 8: Érase una vez un fenómeno.

Tanto tiempo había pasado ya desde aquella ocasión, cuando un mew venido desde lejanas tierras, había entrado en combate con su clon. Una batalla épica que decidiría el destino del mundo.

Mewtwo la recordaba bien, dado que fue en ese momento cuando se dio cuenta de que no todos los seres humanos eran iguales a aquel que le dijo ser su socio. También extrajo de sus recuerdos la travesía de encontrar un nuevo hogar junto a sus pokémon clonados, quienes sin lugar a dudas debían tener un espacio propio en donde poder desarrollarse sin que los llamaran fenómenos.

Encontró ese lugar en una pequeña isla que se hallaba en medio de un lago, en el monte más alto de una vasta región. Hasta ese sitio los humanos no iban y eso era lo que necesitaban.

Habían encontrado la paz en esos parajes.

Sin embargo, Mewtwo vez con vez, a cada momento, recordaba sus orígenes, sin poder abandonar la idea de que nació sólo para ser un monstruo. Sus, tal vez, años de incubación dentro de un tubo de ensayo para llegar a la revelación de ser el resultado final de arduos experimentos, habían hecho que su furia se desatara sin control. Pero pronto apareció ese humano, aquel que le dijo que tenía la forma de mantener a raya sus poderes a voluntad y que lo convertiría en el pokémon más fuerte del mundo. Cayó rendido ante esa propuesta. Grave error.

No tardó en darse cuenta de que estaba siendo usado tan sólo como el títere más singular de todos, que no estaba encontrando lo que quería y que era tratado como el fenómeno que siempre fue.

Recordaba cómo no pudo soportar esa idea, poniéndose como meta la desaparición de todos los seres humanos junto a sus pokémon, para así, crear un mundo en donde sólo los clones pudiesen habitar. Su utopía, su espacio, sin ataduras, sin preocupaciones, sin prejuicios.

Pero aprendió que era un error y abandonó todo eso para refugiarse en la tranquilidad junto a sus semejantes.

Pero tampoco allí no halló la paz.

Ese humano lo encontró y lo instó a la obediencia a cambio de la libertad del resto de los pokémon clonados. El hombre sabía perfectamente que Mewtwo no podría decir que no, que no se atrevería a darle la espalda a aquellos que compartían algo con él.

Y efectivamente así fue. Pronto el blanquecino ser se vio atrapado y sometido a la vez que sus semejantes también. Pero no podía hacer nada, su fuerza de voluntad era lo único que lo mantenía firme, mas con ella no podría derribar máquinas y atacar a los intrusos.

Mewtwo siempre imaginó que fue el destino. Esos niños y ese en particular. Aquel que se cruzó en su batalla con mew para dar fin a la tortura, ahora hacía presencia otra vez para darle una mano y ayudarlo a salir a flote. Y lo logró.

Los humanos que detestaba se vieron con los recuerdos perdidos y él, libre.

Y en ese momento comenzó la vida que tenía en la actualidad, la de la soledad. Esa noche se despidió de aquellos chicos, de los pokémon que había clonado, del pikachu y del meowth y partió solo, sintiendo que una nueva vida estaba en su corazón.

No obstante, lo que Mewtwo no sabía era que estaba siendo vigilado desde hace bastante tiempo.

Cuando acabó la batalla y el clon partió a un nuevo rumbo junto a los suyos, el mew que se separó del grupo, pronto se reunió con su clan para analizar la situación. Un extraño pokémon cuya existencia era responsabilidad de los humanos, ahora decidía establecerse junto a otros elaborados por él mismo.

Unos pensaron en destruirle de inmediato, tomarlo por sorpresa, entre muchos, y acabarlo para no dejar rastro de su imagen. Pero el que fue partícipe de la confrontación opinaba distinto. Según él, el clon había sufrido un cambio cuando vio el sacrificio del humano, por lo que sugería darle una oportunidad. Los que optaban por la muerte de Mewtwo argumentaban que la criatura era demasiado poderosa y que estas habilidades podrían crecer aún más, dándole la posibilidad al gran felino de acabar con todo el planeta de un solo golpe. Entonces todos tuvieron miedo de que esa idea se hiciera realidad.

A pesar de eso, el que estuvo en la batalla, insistía en que el clon no debía desaparecer así como así. Si bien pensaba que era inferior a ellos por el hecho de haber sido creado como una mera copia, había aprendido una lección importante y quería saber qué iba a ser de él a partir de ahora.

Todos lo pensaron mucho, pero finalmente decidieron vigilar al pokémon clonado, observar todos sus movimientos y atacarlo en caso de que decidiera una vez más, poner en marcha su plan de destrucción mundial.

Fueron tres mew los que emprendieron el viaje. El principal, obviamente, era el que luchó con Mewtwo, otro era un aguerrido gato que daría la vida por los suyos. También los acompañó la madre de Kawara, quien, con su instinto maternal había dejado encargado a su hijo para investigar al clonado. Según ella, lo que producía el comportamiento tan descarriado de Mewtwo era sin duda la falta de lazos familiares. Si el clon hubiese tenido padres y hermanos, tal vez se dedicaría a hacer el bien y no sería una bomba de tiempo móvil.

Partieron con cuidado tras los pasos del blanquecino, recorriendo las ciudades y bosques hasta que lo vieron instalado en su nueva isla.

Mucho tiempo se quedaron en el lugar, sin que se percibieran cambios negativos en el clon. Lo vieron colocar extraños aparatos que sin duda eran herencia humana. Se percataron de que Mewtwo también vigilaba su entorno, por lo que tuvieron que mantenerse aún más escondidos en caso de que él los viera. Por suerte eso no ocurrió.

El tiempo pasó y las cosas seguían igual. Entonces fueron conociendo las costumbres del extraño ser y, luego de varias discusiones, decidieron que Mewtwo no era del todo normal.

Jamás lo vieron beber agua directamente del lago, sino que insistía en usar algún recipiente elaborado de sus manos. Comía frutas y verduras y la poca carne que consumió, la metía en una hoguera para comerla luego de asarla. Todas las mañanas se aseaba puntualmente en un extraño sistema que ideó para el efecto. El agua caía como una pequeña cascada que lo bañaba. Dormía en una plataforma puesta por sobre el nivel del suelo, además de que día a día observaba un aparato que emitía imágenes desde su interior. Ninguno de los mew supo cómo describir eso, pero sabían que tenía vista a muchos lugares. Mewtwo se sentaba a la mesa y desayunaba, almorzaba y cenaba a una hora estrictamente puntual.

Pero jamás, mientras el cielo se encontrase despejado, fallaba a la cita que tenía con la luna.

Pasaba horas observándola, perdido en pensamientos que sólo él conocía. Los pequeños realmente no encontraban demasiado atractivo al círculo blanco que cambiaba de forma conforme pasaban los días. Solamente recorría el cielo y se perdía en el horizonte. ¿Entonces por qué Mewtwo se sentaba y la miraba, como si estuviese en algún trance hipnótico que lo mantenía atado a ella? La madre de Kawara decía que parecía que el clon se había enamorado del cuerpo celeste, pero que no podía hacer otra cosa que verla, lejos de sus posibilidades. Pero los otros decían que era una idea tonta y absurda, que nadie podía amar a una roca gigante y menos cuando era tan aburrida.

Ellos no tenían idea de que Mewtwo, cada vez que la veía, sentía que ella y él tenían en común algo muy significativo: ser tan sólo el reflejo de algo mayor, algo que sí era apreciado de verdad.

El sol permitía que la luna se mostrara brillante y fue la avaricia, la gracia de la ciencia, la que le otorgó vida a este clon de mew.

Mewtwo, Mew- two. Ese ni siquiera era un nombre, era una nomenclatura. No le gustaba, pero no tenía otra manera para referirse a sí mismo. La luna, para él, era hermosa, incluso más que el resto del mundo. Era algo que definitivamente lo hacía sentir no tan solo.

Sus clones, a pesar de serlo, podían pasar casi desapercibidos entre el resto de los pokémon. Ellos actuaban normal, hacían lo que los demás hacían. En cambio él, jamás.

Sabía que era extraño, sabía que sus costumbres adquiridas de aquellos con quienes se identificó lo hacían parecer un fenómeno.

Lo aborrecía, pero no lograba cambiar. Él no era un salvaje y nunca lo sería. Era un humano por dentro, uno que estaba en el cuerpo equivocado.

Entonces la luna le daba el consuelo de ser el reflejo más bello del mundo y que podía apreciarla cuanto quisiera, porque ella sólo lo dejaba para volver pronto. Ella no lo abandonaría. Para ella, él no era un monstruo.

Pero, finalmente, la paz se acabó y los humanos hicieron presencia.

Llegaron amenazantes con sus aparatos extraños, sus armas y sus intenciones de esclavitud. Los mew vieron de lejos todo el conflicto, esperando la reacción de Mewtwo, quien, para su sorpresa, se negaba a entablar la batalla. Notaron que un reducido grupo de pokémon había decidido abandonar la protección del clon para aventurarse a la lucha, pero más pronto de lo que creían se vieron rescatados por él.

Los felinos rosas no entendían cuáles eran los asuntos de Mewtwo con aquel grupo de bípedos que comenzaban extrañas construcciones en el lugar, pero rápidamente comprendieron que la cuestión se tornaba oscura cuando el clonado entraba voluntariamente a una trampa para permitir la liberación de sus semejantes. Eso no ocurrió y los pequeños descubrieron que los humanos no eran buenos para mantener sus promesas. Capturaron a todos los pokémon y los encerraron junto a unos niños que tal parecía, no tenían demasiado en común con los atacantes.

Y definitivamente así era, dado que fueron ellos quienes rescataron a Mewtwo y lo llevaron al lago en donde pudo recuperarse.

Uno de los mew, el que estaba de acuerdo con la muerte del clon, se lamentó que la vida no abandonara su cuerpo cuando estaba en la trampa, mas sabía que el agua del manantial no sería suficiente y que, apenas hiciera acto de presencia en la superficie, los humanos se encargarían de él. Entonces el pequeño se cruzó de brazos y esperó la culminación de esa tan aburrida investigación.

El líder del grupo, en cambio, lo regañó por desear la muerte a otro ser, dado que eso era bajo y cruel y no representaba para nada el honor de un luchador. Le decía que Mewtwo había cambiado mucho y, sin importar cuan fenómeno fuera, no merecía que esos humanos perturbaran su paz ahora que había decidido mantenerse tranquilo.

Entonces la madre de Kawara, conmovida por la transformación espiritual del clon, decidió ir en su ayuda.

Sus compañeros intentaron detenerla, diciéndole que ellos sólo debían vigilar y no intervenir en la vida del gran felino, pero ella aun así se acercó al manantial, notando que la fuerza de Mewtwo disminuía a una velocidad escalofriante. Su compañero tenía razón, el agua pura no sería suficiente, el clon encontraría la muerte mucho más pronto de lo que creía. Entonces, cuando vio que el chico humano lanzó al pokémon hacia el lago, ella se sumergió con él.

Vio a Mewtwo hundiéndose lentamente mientras recuperaba un poco de energía. Pudo percibir su angustia y su soledad y aún más se conmovió con él. Se acercó a su cuerpo y se presentó ante sus violáceos ojos, para entregarle un poco de fuerzas, energía vital que el clon perdía con cada inhalación. Entonces él reflexionó un instante, sintiendo que algo nuevo entraba en su ser y pensó que eso era la señal de que, tal vez y sólo tal vez, podría también él pertenecer a este mundo.

La madre de Kawara salió del agua y se reunió con sus amigos, quienes la regañaron por su osadía, mas ella estaba feliz. Mewtwo ahora estaba sacando a los humanos del lugar, mostrando sus poderes no para hacer el mal, sino para traer paz a aquellos a quienes apreciaba.

Esa noche, finalmente, partió solo, o al menos así lo creyó.

Los pequeños siguieron vigilando por mucho tiempo. Las estaciones pasaron y el clon avanzaba por el mundo sin detenerse, recorriendo lugares que le llamaban la atención y rehaciendo su vida lo mejor que podía.

Las cosas que hacía en su isla quedaron atrás. Ahora no tenía un sitio en donde descansar cómodo y debía hacerse la idea de destorcerse la columna cada atardecer, dado que dormía de día. La comida tuvo que robarla, el agua encontrarla en los lugares más odiosos. Los pequeños mew más de una vez lo hallaron vomitando en algún callejón, recuperando apenas las energías con algún alimento rápido y grasiento, que pronto lo obligaba a agacharse para eliminarlo con su bilis.

La adaptación de Mewtwo a las calles fue lenta y dolorosa. Pasó hambre y frío, adelgazó dramáticamente y su aspecto para nada se comparaba al que tenía estando en su primera isla.

Los robos de comida por lo general se efectuaban en fruterías o pequeños mercados. La caza de pokémon, algo que repugnaba al clon, muy pronto se convirtió en algo más habitual. Los mew no sabían que el vigilado rehuía el asesinato al sentirse indigno de arrebatarle la vida a un ser nacido de forma natural. Si bien sabía que en parte era carnívoro (había analizado su dentadura félida), prefería comer frutas y bayas para no tener un peso más en la conciencia. Pero la carne lo llamaba y lo seducía como a un niño. Y muchas veces sintió asco de sí mismo al sentir el sabor delicioso de un animal muerto.

Los días los pasaba lo más apartado posible de los humanos, ya que, los que lo habían visto un par de veces, no tardaban en quedar boquiabiertos ante la tan extraña criatura que se presentaba ante ellos. Fue eso, precisamente, lo que más molesto al clon, porque le restregaban en la cara aquello que era por sobre todas las cosas. Podía ser un asesino, un ladrón, un intruso pero era, sin lugar a dudas, un fenómeno, un monstruo, un alienado, un paria.

Los humanos pronto se convirtieron en sus verdugos. Sentía sus miradas inquisidoras en cada rincón y más extraño se sentía. Los demás pokémon también lo hallaban anormal y no se le acercaban.

Los mew en ocasiones escuchaban como el clon maldecía con palabras aprendidas en las calles a quienes lo crearon y a la humanidad en general. Entonces supusieron, correctamente, que Mewtwo los odiaba.

Y seguían sus pasos a donde iba, notando que su evolución en la urbe mejoraba cada día. Era mucho más sutil en hurtos de comida, aprendió a encontrar cómodos lugares de reposo y se hizo la fama de la extraña criatura que rondaba callejones de noche. Ya pronto nadie se le acercaba, se tornó huraño y frío, lo que conseguía era suyo y de nadie más. Aunque a veces, cosa que la madre de Kawara aprobaba feliz, al clon se le ablandaba el corazón y compartía sus esquivos bienes con aquellos más desventurados. Aunque claro, seguía siendo un extraño para ellos.

Mucha agua corrió bajo en puente, Mewtwo conoció cada día más cosas, recorrió vastos rincones y se convirtió en alguien autosuficiente. Sin embargo, conservaba cosas de su antigua vida. Bebía en algún recipiente o usando sus poderes, se aseaba constantemente, comía lo más humanamente posible y jamás dejó abandonada a la luna, a su luna, como decía la madre de Kawara, porque insistía en que el clon estaba completamente rendido ante ella, amando en secreto al astro nocturno.

"Por eso duerme de día", decía ella, "para ver la luna sin tener sueño. A eso yo lo llamo amor."

Y paso más tiempo, hasta que llegaron a una ciudad muy grande, llena de edificios y ruido. Esa noche, recordaban los mew, el blanquecino se sentó sobre el tejado de una casa para descansar y sentir la brisa suave, pero en eso, algo llamó su atención.

Mewtwo recordaba ese momento como un antes y un después en su vida, como el verdadero cambio o la confirmación definitiva de su identidad.

Esa noche de verano se había sentado en un tejado para reposar un momento cuando, desde muy cerca, escuchó sonidos que sin duda eran curiosos. Entonces bajó, con cautela, y se asomó por una ventana abierta, mirando hacia el iluminado interior. Descubrió en el lugar a varios humanos, sentados en orden hacia un pizarrón, en donde se encontraba otro bípedo haciendo extraños símbolos que llenaron de curiosidad al gran felino.

""Be" ese es el nombre de esta letra. Junto a las vocales se dice "ba", "be", "bi", "bo" y "bu".

Para Mewtwo, eso fue sin duda algo que no dejó de sorprenderle, por lo que se quedó cuidadosamente asomado a la ventana, analizando todo lo que ocurría en el lugar. Pronto descubrió que era una sala de clases para adultos analfabetos, que estaban recién aprendiendo las letras, adquiriendo la habilidad de leer y escribir.

Demasiadas veces el clon había visto como los humanos tomaban pequeñas varas y dibujaban símbolos con ellas, símbolos que también entendían y que traspasaban entre todos. Tal parecía que la humanidad entera usaba esas llamadas "letras" para comunicarse de forma no vocal y ahora, impulsado por una curiosidad muy grande, el vigilado también quería participar. Quería manejar esa habilidad, quería leer, quería escribir como lo hacían torpemente los hombres y mujeres dentro del salón.

¿Por qué lo ansiaba? No lo supo de inmediato, pero más tarde se dio cuenta de que definitivamente, en su interior, el pokémon clonado era más humano de lo que creía. Demasiado humano para su gusto.

A la noche siguiente entonces, con sutileza, extrajo uno de los libros que usaban los alumnos. Abrió la página indicada por el profesor (aunque a tientas la encontró y jamás estuvo seguro si realmente era la hoja correcta) y repitió una y otra vez las sílabas pronunciadas. En un principio no entendía absolutamente nada, las formas eran extrañas y tenían apariencias de cosas de la vida real. Esa letra que los simios lampiños llamaban "eme", se asemejaba a un ave con las alas rotas, pero el nuevo integrante del curso se empeñó lo más que pudo por entender.

Sentía envidia de los humanos que fueron hasta el pizarrón y escribieron varias cosas que no comprendió. Apretó los dientes cuando uno se puso de pie y leyó un extracto de un cuento, sin que el clon pudiese identificar a lo menos una palabra.

Pero no desistió, su fracaso sólo lo impulsó a querer más, a afanarse más y más. En las tardes, con una ramita y sus poderes, copiaba casi a la perfección los símbolos de su libro, el cual no abandonaba bajo ninguna circunstancia. En las noches de asomaba a la ventana y observaba al profesor, quien explicaba calmadamente las letras del alfabeto.

Recordó cómo pudo deducir el funcionamiento de la máquina de clonación en su primera isla, replicarlo e incluso mejorarlo. Sentía que eso fue un gran reto y que de ninguna manera podía darse el lujo de tirar la toalla sin aprender de su nueva clase. Eso sería estúpido. Pudo hacer clones, ¿cómo no iba a ser capaz de entender una oración en un pizarrón?

Tal vez dos meses pasaron y Mewtwo por fin vio resultados. Pudo leer, por sí solo, una frase completa, entendiendo por fin qué eran las vocales y las consonantes. "Mi mamá me mima" era una idiotez, pero él sintió que su corazón creció hasta ocupar casi todo su pecho cuando el maestro repitió la misma oración a los alumnos humanos.

Por primera vez Mewtwo había leído.

Y no fue la última.

Si el profesor hubiese conocido a su alumno no registrado, sin duda lo felicitaría al ser el más puntual y esforzado de todos. Mewtwo era el primero en llegar a la clase, instalándose sigilosamente fuera de la ventana para poder ver y escuchar con comodidad. Todas las noches repasaba su caligrafía con la pequeña ramita que dejaba entre las páginas de su libro. Copió todas las letras a la perfección, sin entenderlas por completo, claro, mas eso era para él un impulso para poseer ese vasto conocimiento.

Repetía susurrante cada sílaba pronunciada por el maestro hasta comprender finalmente cuál era su significado. Las palabras escritas, los símbolos, pronto fueron adquiriendo valor para el neófito. Leyó con dificultad varias frases cortas, cosas que cualquiera diría durante la rutina. Pero para él no era eso, era más, era la alegría del aprendizaje.

Mewtwo estaba extasiado. Se dejaba envolver como un adicto por las enseñanzas indirectas de su profesor, soñó durante muchas jornadas con las clases y lo que vendría después. Practicaba leyendo los letreros que inundaban la urbe y aprendía nuevas cosas.

Era un sueño, era algo que le gustaba. Su progreso lo hacía feliz y ese sentimiento, tan efímero, hace demasiado tiempo que no hacía acto de presencia.

Cierta noche, sentado en el suelo a las afueras de la ciudad, cerró su libro luego de repasarlo un par de veces, respiró profundo y tomó su singular lápiz sin tinta.

Primero dibujó en la tierra, usando sus poderes, las líneas que forman un ángulo recto. La siguió una curva cerrada, tres rectas unidas y la forma de una montaña atravesada por algún puente extraño.

Miró al cielo e hizo algo que los mew nunca habían visto en él de esa manera. Sonrió. No con maldad, no con deseo de venganza, no. La sonrisa de Mewtwo fue sin duda la de la felicidad, la alegría de haber escrito algo por sí solo en la tierra.

Ellos, obviamente, no comprendieron el significado de los símbolos dibujados, pero él sabía perfectamente que la primera palabra que pudo redactar fue lo que estaba viendo ahora: LUNA.

Y la siguieron muchas. Todas las noches, terminada la clase, el pokémon se dedicaba a escribir varias cosas que veía. Mucho más pronto fueron las frases, oraciones cortas que no representaban más de cinco sustantivos y adjetivos.

Pero ya eso también quedó atrás y los pequeños vigilantes pudieron ver como Mewtwo controlaba su ramita como lo haría un maestro de orquesta con la batuta. Se sentaba sobre la rama de un árbol y, desde ahí, movía la vara con seguridad, escribiendo varios textos que los gatos no entendieron.

Los cursos se terminaron, dado que el clon se vio en la obligación de asistir a más de uno. Al haber "ingresado" atrasado a las clases, obviamente había cosas que habían quedado en el pasado. Por eso vio que nuevos alumnos aparecían cuando él todavía no comprendía las palabras del todo.

Pero fueron sólo dos cambios de grupo y el pokémon más poderoso del mundo ya sabía leer y escribir a la perfección, aunque claro, no entendía por completo lo que veía y pronto debía consultarlo en la mente de algún distraído humano, usándolo como un diccionario móvil.

Los vigilantes ya habían llegado al punto del aburrimiento. Mewtwo no hacía nada más que dormir, comer, asearse y sentarse fuera de la casa de los humanos. Definitivamente, pensaban, no volvería a sus planes oscuros de conquista mundial. Por sobre éstos prefería hacer extraños dibujos en la tierra que para él, tal parecía, representaban una fuente inagotable de felicidad.

El libro que poseía como su gran tesoro, tenía varias de sus páginas dedicadas a cuentos en la parte final. Desde siempre Mewtwo quiso saber lo que decía allí, así que, para celebrar su "graduación", se sentó en un tronco, frente a la luna, abrió su instrumento de aprendizaje y leyó fluidamente cada una de esas historias.

Descubrió que eran cuentos para niños, escritos para dar lecciones a éstos sobre variados temas como la desobediencia o la codicia. También descubrió que el analfabetismo era una carta en contra, cuando encontró la historia de un grupo de mareep que se salvaban de ser comidas por un falso pastor que intentaba llegar a su lugar secreto. Si él hubiese sabido leer, el letrero puesto en el inicio del puente le significaría algo y no habría muerto ahogado cuando las tablas se rompieron.

"¡Qué torpe animal!", decía el clon, "si hubiese leído que el puente estaba por caer, ahora estaría vivo…y comiendo mareep para la cena."

Sin embargo, cuando los mew habían decidido partir y terminar la investigación, las cosas cambiaron.

Esa noche de luna llena como muchas otras, Mewtwo se sentó en el suelo y comenzó a escribir. Dibujó con firmeza cuatro líneas que se asemejaban a un ave con alas rotas, luego una recta y tres más de forma perpendicular. Un pájaro herido al revés, una rama que sostenía a otra arriba, una vez más el volador volteado y por fin un círculo perfecto.

El pokémon observó por un momento su creación, perdido en los surcos que se hundían en la tierra. Los pequeños entonces, luego de verlo muchas veces, sintieron que algo no marchaba bien.

El clon siempre sonreía como un niño cuando acababa con la tarea diaria. Pero esta vez no fue así. Miraba serio la palabra que había escrito, sin quitarle los ojos de encima. Entonces la madre de Kawara advirtió una gran frustración emanada por el gran felino, la cual fue confirmada cuando éste hizo trizas la ramita que sujetaba.

Lo vieron bajar más la vista, observaron cómo cerraba los ojos en la angustia y como una mueca de desagradado se dibujó en su rostro.

Cuando Mewtwo terminó de escribir esa palabra de seis letras, sintió que el mundo se le vino encima al darse cuenta de algo que había estado negando desde ya hace mucho tiempo: él no era un humano.

MEWTWO. Esa fue la redacción de esa noche, por primera vez había escrito su propio nombre y, al verlo allí, trazado en el suelo, pudo por fin regresar al mundo real y abandonar el bello sueño del aprendizaje.

Era un pokémon, él no debía tener ese conocimiento y ahora sí lo poseía. Estaba actuando por completo como un ser humano, a pesar de que su cuerpo no lo era bajo ninguna circunstancia. Se había convertido en su totalidad en un fenómeno, en un monstruo, en un extraño.

Lo era, era un ser anormal…. Completamente.

Había sido creado bajo manipulación genética. Ese hecho quitaba por completo cualquier rasgo de naturalidad en su ser y ahora, como un humano, se había empeñado en aprender a leer y a escribir.

Había cruzado al otro bando, al que le dio la espalda y lo apuntó con el dedo. Se sintió mal, perdido y solo. Había cometido el error más grande de su vida: haber olvidado que era un pokémon.

Fue en ese momento cuando sintió como nunca la dualidad de su existencia. Era completamente humano por dentro. Comía como ellos, dormía como ellos, vivía como ellos y ahora, como ellos, sabía el significado de un lenguaje que los bípedos vestidos habían creado para su uso personal, no para que un fenómeno lo absorbiera también como suyo.

Y lo peor de todo era que Mewtwo jamás podría quitar ese conocimiento de su materia gris.

Se había convertido en un humano en su totalidad, ¡pero su cuerpo seguía siendo el de una bestia!

Quiso desaparecer, él junto con su anormalidad. No sería aceptado por los pokémon como tampoco por los seres civilizados.

Era la encarnación de dos mundos unidos en un cuerpo y ahora, aprendiendo el lenguaje, esa brecha se ensanchaba aún más, transformándolo en lo que lo marcaria para siempre: un fenómeno.

Esa misma noche el grupo de mew vio como el clon rompía el cristal de la ventana de la casa de los humanos y lanzaba dentro con furia el libro que por tanto tiempo llevó. De un solo manotazo borró su nombre en la tierra y las muchas otras palabras que le hicieron compañía. Lanzó varios ataques al cielo, cosa que ellos interpretaron como el aviso de una pronta batalla, mas las energías del clon se apagaron, levantó vuelo y abandonó esa ciudad.

Jamás regresó y jamás ellos volvieron a ver al clon escribir alguna palabra sin significado para los felinos. Y tampoco, durante el tiempo que prolongaron la vigilancia, volvieron a verlo sonreír, no con esa inocente alegría de su corazón.

Pasaron varios meses y siempre lo encontraban cabizbajo, convirtiéndose otra vez en el hosco pokémon que se dedicaba a robar comida y a alejar a cualquiera que se atreviera a cruzar la línea que trazó. Nadie entabló conversación con el clon durante más de un año y a él, según ellos, no le importó. Pero estaban muy equivocados, porque esa ausencia total de lazos amistosos era sin duda la confirmación de la anormalidad del clon. Lo pensaba todos los días y concluía en que merecía tal castigo por jugar con cosas que no le correspondía.

Su vida se tornó monótona y gris, pero jamás alzó sus poderes al cielo, ni intentó poner en marcha los planes que se remontaban al inicio de su memoria. Las estaciones pasaron y los pequeños decidieron que había llegado el momento de regresar a su tierra natal.

Mewtwo no caería en la maldad otra vez y ellos extrañaban en demasía a sus seres queridos. La hembra pensaba en Kawara a diario, sintiéndose una mala madre al haberse conmovido con la historia de un pokémon descarriado.

Lo acompañaron en una última ciudad, luego lo vieron partir al horizonte y tomaron otra dirección, para dejarlo rehacer su vida… solo.

"Pero dime", dijo Francesca una vez que el niño había dado por terminado su relato, "¿cómo es Mewtwo físicamente?"

"Es muy alto", contestó Kawara, "su pelo es blanco y su cola morada, sus ojos también son así. Tiene orejas más largas y feas que las mías y sus brazos se parecen a los de un humano, ¿sabes? Pero tiene menos dedos que ahora. Mh…no sé qué más… ¡ah!, y tiene una cosa rara en la espalda, un tubo feo en su cabeza. No sé qué es, pero es raro."

"Comprendo", dijo la chica acomodándose en su asiento. La verdad es que la historia de Mewtwo no la dejó para nada indiferente. En primer lugar, tenía la confirmación de que sí era un pokémon convertido y que había aprendido cosas de los humanos al punto de comportarse como uno, pero ¿por qué? "Kawara", se inclinó sobre el niño, "¿qué hay de su familia? Tú dijiste que tu amigo lo consideraba inferior por ser una copia. ¿A qué se refería con eso? ¿A que Mewtwo era un imitador?

"No", contestó el infante. "Yo no lo entendía, pero mi mamá me explicó que a Mewtwo lo crearon los humanos como un mew falso. No sé para qué. Es una copia de un mew."

"¿Co…pia?", entonces en ese momento Francesca recién cayó en cuenta sobre el nombre del chico de cabello gris. Mewtwo, Mew- two. Por supuesto, era una copia, el segundo mew, hecho por humanos para quien sabe qué fines.

Por fin la muchacha lo entendió. La forma de actuar del chico se debía simplemente a que, al ser un producto de la inteligencia humana, tuvo que haber pasado gran parte de su vida rodeado de ellos, sin una familia propia, seres de su misma especie.

El pokémon en algún momento debió ser niño y comenzó a imitar al único modelo que encontró, sin saber que no debía hacerlo. Seguramente no gozó del contacto con otros seres semejantes al ser considerado una criatura de inestimable valor. Los científicos, orgullosos de haber creado la vida, no permitirían que su "hijo" se saliera de su control y lo mantenían lo más cerca posible, investigando su comportamiento, vigilándolo, asegurándose de que su experimento fuese por buen camino.

"¿Entonces Mewtwo no tiene padres, hermanos, otro como él?"

"No."

"Entiendo". Y sí que lo hizo. Esa actitud tan fría y cruel era el resultado obvio de una vida de soledad. ¿Es que quienes lo crearon tampoco le brindaron amistad? Kawara había dicho que el clon odiaba a la raza humana. ¿Qué le hicieron para llegar a ese veredicto?

"…"

"¿Por qué ahora está solo? ¿Vivía con los humanos? ¿Qué pasó con ellos?"

"No lo sé, eso pasó antes de que mi amigo peleara con él. Mewtwo quería que los humanos ya no vivieran. Él quería vivir solo con sus pokémon extraños."

"¿Extraños?"

"Sí. Mi amigo me dijo que Mewtwo hizo pokémon dentro de unos tubos raros. Él lo vio y no entendía, pero ninguno nació de verdad. Eran pokémon falsos, como Mewtwo."

"Él… ¿hizo pokémon? ¿Él tiene conocimientos sobre ingeniería genética?"

"¿Qué es eso?"

"Es…olvídalo", y se acomodó otra vez. No se sentía de ánimo como para dar explicaciones en ese momento. En algún instante de su vida el clon vivió con humanos, pero llegó el tiempo en que los detestó. ¿Dónde se efectuó ese cambio? ¿Por qué se empeñó en destruir toda la raza? ¿Qué le hicieron?

Entonces la chica recordó como el pokémon se había sentido incómodo en demasía en la calle. No era una actuación, era algo real, era una angustia verdadera.

Francesca respiró profundo y miró al techo. Por su parte Kawara otra vez se volteó hacia la ventana, despreocupado por asuntos que, para él, habían quedado en el pasado.

Nota del autor:

Primero, gracias por la lectura, de verdad es algo que aprecio mucho.

En esa parte de la historia vemos como Mewtwo aprendió por sí solo a leer (como lo hizo meowth en cierto episodio). Sé que lo leído es un relato de Kawara a quien se le transmitió por su madre, sin embargo, incluí ciertos puntos de vista del clon, cosas que sólo él manejaría y no los gatos rosas. Lo hice simplemente para que el lector comprendiera mejor la actitud del ahora muchacho de pelo gris y sus "traumas". La idea es matar dos pájaros de un tiro, para que conozcamos la historia y no sea necesario que él la relate más tarde (no iba a hacerlo de todas formas, Mewtwo no es de los que gustan de hablar de su pasado).

Francesca no sabe las cosas que escribió el clon. Sólo él, el lector y yo. Tampoco tiene conciencia de los sentimientos de éste ni de la historia antes de la batalla. Sólo lo hice para que podamos compatibilizar mejor con él.

Y sí, Mewtwo escribe y lee en español. Vamos ¡soy chilena! Esto es América Latina.

Simplemente eso y, ¡ah! La pregunta de siempre ¿Cuál fue tu parte favorita del capítulo y por qué?

Gracias por la lectura.