Muchas gracias a todos por dedicar un ratito de vuestro tiempo a leer esta historia. Y mil gracias más a Nurymisu, Alysa Cullen, Pegn, DraBswan, Lilly Black Masen, xikita, Anaidam y anamart 05, por dejar sus comentarios y hacer que me salga una sonrisa ^_^

Se trata de un Fan fiction de crepúsculo; la invención de los personajes son de la señora Stephanie Meyer. Todo lo demás que rodea a esta historia es única y exclusivamente mía.

Y aquí empieza lo chungo...

CAPÍTULO 8:

Si había algo que tenía claro Alice desde los diez años era que no pensaba estudiar ninguna carrera. No iba a desperdiciar cinco años de su vida en algo que no iba a servir de nada. Por más que su madre se empecinara en que debía pensar en su futuro, ella lo veía cada vez más claro; su futuro estaba en la alta costura. Las estanterías de su cuarto estaban abarrotadas de revistas encuadernadas en piel. VOGUE, COSMOPOLITAN, ELLE… sólo eran un ejemplo de las colecciones que había ido haciendo desde que tenía paga semanal.

Menos mal que contaba con la ayuda de Rafael, más conocido como Carlos Alfredo en el culebrón de las 4 de la tarde. Hacía quince años que él y su madre se conocieron y se mudaron a Beverly Hills. Emmet tendría cuatro años y ella dos cuando se casaron precipitadamente en las Vegas; ambos eran demasiado pequeños por lo que para ellos Rafael era su padre a todos los efectos. Y Alice era para él su ojito derecho.

No le costó ni media hora hacer que éste se posicionara con ella a la hora de negarse a rellenar solicitudes para la universidad. Ella quería estudiar diseño en una escuela privada de Beverly Hills. Cara eso sí, pero con una reputación intachable. Les costó una semana entera hacer que su madre se diera por vencida… sólo la promesa de llevarla un fin de semana de compras por Rodeo Drive sin límite de tarjeta pareció ablandarla.

El único inconveniente al terminar el instituto ya y no tener que preocuparse del examen de ingreso en la facultad era que ahora se aburría como una mona. Hacía poco que conocía a Edward y mucho menos al resto de la pandilla; pero se había acostumbrado a ellos. No soportaba la idea de pasar una semana entera sin tener contacto social, no la entraba en la cabeza de ninguna manera. Eso no podía ser sano; claro, ellos llevaban toda la vida con sus rutinas de estudio, con sus "normas"… pero ella no tenía por qué acatarlas.

Recostada en la cama, con un montón de cojines detrás de la espalda, daba vueltas al móvil con la indecisión pintada en la cara. "¿Y si les llamo y se enfadan conmigo?... quizá no está bien que les distraiga. Se les va a pudrir el cerebro o algo de tanto estudiar. Bella seguro que no se enfada, pero Edward… puff, tiene que sacar una pedazo de nota para entrar en la facultad de medicina. Qué hago, qué hago…"

Sin darse cuenta había seleccionado el nombre de Bella en la agenda y tenía el pulgar en la pantalla táctil. Se arriesgó y llamó, pero el móvil estaba apagado.

.

.

— ¡Bells! ¡Ya está la comida! – gritó Edward asomándose a la escalera.

— Vooooy – contestó mientras salía del cuarto, bajaba las escaleras a todo correr y entraba como un tornado en la cocina – jo, que bien huele… se me hace la boca agua.

— Tallarines a la carbonara con mucho parmesano.

— Mmmm, rico, ¿que me vas a pedir a cambio? – achicó los ojos en actitud sospechosa.

— ¡Nada! – "cazado"

— Eddwaaard, desembucha.

— Joé… que a lo mejor rompo la semana antisocial un poquitito. – Puso cara de no haber roto un plato en su vida.

— ¡JA! Ni lo sueñes chaval… — negó vehementemente.

— Campanilla…

— ¡Que no!

— No seas cruel, necesito despejarme – "necesito no olerte"

— Tío, llevas dos meses diciéndome "me ponga como me ponga no me dejes salir antes de los exámenes" – puso voz grave – ¡y no has durado ni dos días de encierro!

— Una vuelta rápida, sólo estirar las piernas. Sólo una vuelta a la manzana; media hora como mucho…

— Que si que vale… plasta… ¡pero no me vuelvas a decir nada de nada nunca! – pinchó en los tallarines y comenzó a dar vueltas al tenedor a una velocidad de vértigo.

— Solo media hora, despejarme…

— Aha…

Tras haber terminado el tema que tenía a medias de física se encaminó a la puerta y se dispuso a salir a la calle. Se despidió de Bella desde la puerta de su cuarto, pero ésta no contestó, probablemente enfadada con él por el "incumplimiento".

No pensaba ir mucho más lejos, pero todo lo que estaba pasando últimamente lo tenía en un estado constante de ansiedad. No había podido pasar en peor momento; tenía que estudiar… pero no podía dejar de pensar en sus sentimientos a flor de piel desde el incidente con Mike.

Siempre había sido extremadamente protector con su hermana; no era un secreto para nadie que la quería con locura. Pero ese amor fraternal, que él creía sano, se había tornado en… ¿deseo? "joder… vaya mierda… pero es que en el sueño todo era tan real. Y encima es que tocarla así me ha puesto a mil. Pero esto no es normal; se tiene que acabar. De hecho no ha empezado así que no hay nada que terminar… ¿no?"

Caminaba por la avenida con las manos incrustadas en los bolsillos, sin levantar la vista del suelo, perdido en sus pensamientos mientras escuchaba a "Thirty Seconds to mars" a todo volumen. Dando vueltas y más vueltas a algo que no tenía solución; pero tras una hora dirigió sus pasos de nuevo a casa. Rezando para que a Bella se le hubiera pasado ya el enfado.

.

.

No sabía por que había reaccionado así, pero en cuanto escuchó la puerta de la calle cerrarse, se abalanzó sobre el móvil para encenderlo. La cara se le iluminó cuando vio el mensaje avisándola que tenía una llamada perdida del número de Alice.

Sin pensárselo dos veces, marcó.

— ¿Bella?

— Hola Aliiiiii

— Qué contenta te oigo – sonrió al otro lado del teléfono.

— Dios, necesitaba desconectar por un segundo… esta semana está siendo muy dura. Cuéntame algo corre, antes de que venga mi hermano y me pille.

— ¿Pero no está?

— No, ha salido a dar una vuelta, por eso he conectado el móvil.

— Vaya dos… estáis deseando terminar ¿eh?

— Pues sí; yo lo tengo claro, sé que me va a dar la nota. Y ahora solo estoy repasando; Edward tiene más miedo… la facultad de medicina de Los Ángeles es dura de roer…

— La de Los Ángeles y cualquiera.

— Sí, en eso tienes razón… ¿Y tú? ¿Al final qué vas a hacer?

— Pues mi padrastro ya pagó la preinscripción para la escuela de diseño que te comenté hace unos cuantos meses, a espaldas a de mi madre claro. Así que haré el examen final, por no cerrarme puertas, como dice Rafa, pero vamos… sin presiones.

— Qué ganas de que pase este curso… necesito relajarme. Quizá me vaya a Forks en verano.

— ¿Forks? ¿Dónde está eso?

— Está cerca de Seattle y…

— Halaaa, ¿por qué no te vas más lejos?

— ¡No, loca!... es muy bonito, en serio. Cuando éramos pequeños íbamos más a menudo, pero ahora… me gustaría ver a la gente de allí; no sé. – Recordó al tío Charlie, a la tía Carmen… la cara de alegría de sus padres cada vez que iban allí. "después llamo a mamá para ver cómo está todo".

— Oye Be… ¿te apetece ir a dar una vuelta? ¿un heladito?

— Pues sí me apetece pero… — dudó.

— Vamos por faaaaa; prometo ser buena y dejarte en la puerta de tu casa para la cena.

Se imaginaba a Alice dando saltitos al otro lado del teléfono y sonrió. No sabía qué tipo de conexión había nacido entre ellas, pero estaba convencida de que era mutua, y el cultivar esa incipiente amistad le apetecía mucho más que sentarse de nuevo delante del libro de matemáticas. Odiaba las integrales con todas sus fuerzas.

Así que con una energía renovada, aceptó la invitación de Alice y quedaron en verse en una hora y media en el parque. Sólo tenía que llamar a su madre y darse una ducha rápida.

.

.

Llegó a casa como un autómata. Subió las escaleras de dos en dos y se metió en su cuarto; no quiso comprobar cómo estaba su hermana. No creía que fuera buen momento para verla, después del diálogo interior que había tenido durante el paseo.

El reconocimiento de que algo pasaba con ella le atormentaba cada vez más y no sabía cómo sacárselo de la cabeza. Encima, no podía contárselo a nadie… ¿en quién podría confiar para decirle algo así?

Dejó el ipod de mala manera sobre la mesa mientras abría la puerta del baño. No había oído que su hermana estaba en la ducha y cuando quiso reaccionar fue demasiado tarde. De pronto estaba ahí plantado, en el centro del baño sin moverse ni medio milímetro.

No sabia ni entendía que mosca le había picado. Simplemente no podía apartar sus ojos de ella; a través de la mampara de la ducha veía cómo Bella enjabonaba su cuerpo. Lo peor era que el vaho no había hecho su trabajo todavía y el cristal no estaba empañado. Era perfecta... sensual sin proponérselo, pequeña pero totalmente proporcionada. Permanecía de perfil, con los ojos cerrados mientras el agua caía en su rostro. Algo empezó a crecer en su interior, al mismo tiempo que algo explotaba en su corazón.

Mantuvo la boca abierta mientras la observaba en su rutina, hasta que dejó escapar un sonoro jadeo. Bella escuchó el ruido y asustada corrió de un golpe la mampara, descubriendo así a un azorado Edward que no sabía donde caerse muerto en ese mismo instante.

— ¡Edd! — echó mano inmediatamente a la toalla.
— Lo…lo… siento...— murmuró mientras salía a todo correr del baño hacia su cuarto.

"Dios mío perdóname" pensaba Edward al darse cuenta de lo que había pasado de nuevo. El deseo por su hermana era más que patente... "¡Mi hermana! Me voy a quemar en el infierno o algo así". Cerró el cerrojo de la puerta que daba al baño y el de la habitación y se dejó caer en la cama, tapándose la cabeza con la almohada; intentando sosegarse... Intentando por todos los medios que se le bajara esa inminente erección que amenazaba con hacerle sentir el ser más despreciable del planeta.

Cuando vio salir a su hermano de allí Bella soltó todo el aire de golpe. No sabía muy bien lo que acababa de pasar; lo que si tenía claro es que había descubierto una mirada extraña en él. Una mirada que hizo que su corazón se resintiera y que su centro palpitara con una sensación nueva para ella.
Frunció el ceño e intentó no pensar más en el tema... Por supuesto fue en vano.
Su héroe, su amor platónico...
Pensaba que debía hablar con él, pero claramente ese no era el mejor momento.

Mientras tanto Edward intentaba en vano contener las lágrimas. Jamás había sentido por otra chica lo que había sentido hace un rato en el baño. Su cuerpo al descubierto, sin mampara que dejara nada a la imaginación fue demasiado para sus ojos.

Un monstruo; así es como se sentía. "joder... Es mi hermana, mi her-ma-na; no me puede gustar, ni atraer, ni nada de nada... pero pufffff, que cuerpazo que tiene… ¡es perfecta!"

Llevaba casi dos horas tumbado a oscuras en su cuarto, intentando que se le pasara cuanto antes. Pero aquello no parecía bajar de ninguna manera; seguía pensando en ella desnuda… en el tacto de sus pechos, duros; con el tamaño justo. "Mierda; y cada vez está más dura".

Derrotado y ansioso se levantó de la cama; cogió el paquete de cleanex que tenía en la mesilla y encendió la minicadena a un volumen lo suficientemente alto como para que no se le escuchara.

Volvió a recostarse en la cama y pensó en ella, enjabonándose, desnuda. Con el pelo mojado cayendo por la espalda... Iría al infierno, seguro, pero en ese momento le dio igual. Se imaginó como sería tener de nuevo entre sus manos esos pechos; su miembro palpitó con fuerza demandando atención. Cerró los ojos e introdujo su mano bajo el pantalón y el boxer atrapando su más que evidente erección. Sacó su miembro que ya alcanzaba un tamaño considerable y mientras comenzaba a procurarse placer a él mismo se imaginaba a Bella, besándole como en el sueño, acariciándole... "diossssss, porqué..." aceleró el ritmo descargándose en tiempo record, sin embargo, sin poder evitarlo, comenzó a llorar de nuevo mientras se limpiaba.
Se sentía culpable, impuro, asqueado... No iba a poder mirar a su hermana a los ojos nunca más. "Nunca más".

Fue entonces cuando lo decidió; de repente vio todo claro. Llevaba días barajando esa posibilidad, pero todo encajó en su cabeza de manera clara. Se matricularía en la universidad de Nueva York, seguro que sacaba la nota suficiente para la beca; de esa forma pondría distancia entre los dos. Una distancia que nunca había querido tener, pero que necesitaba con urgencia. O se volvería loco sin remedio.


Bueeeeno, pos aquí está el capi clave... Parece ser que nuestro Edward se siente culpable... ¡normal, el pobre!

Y como creo que no podré actualizar hasta la semana que viene... os dejo un adelanto ;)

EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO...

— ¿Mal de amores? – preguntó Esme tras observar durante cinco minutos a su hija.

— ¿Eh? – Clavó una mirada triste en su madre – no, no. Estoy nerviosa por los exámenes… es eso.

— Ya. Nervios. Por los finales. – se sentó en la silla de al lado y le pasó un brazo por los hombros – Cariño, no estás nerviosa. Estás triste. Te conozco; te he parido – sintió una punzada en el corazón – y sé cuando estás triste.

— Puede que un poco. – Encogió los hombros.

— ¿Os habéis vuelto a enfadar?

— No…

— Ya. Nena, ¿qué clase de madre sería si no me diera cuenta de las reacciones de mis hijos? Desde que llegamos de Forks no os habéis dirigido la palabra. Edward ni te mira, y tú pareces un alma en pena por la casa. Le miras como si le echaras de menos. Es normal que sospeche que algo no va bien entre vosotros ¿no?

— No te preocupes; son cosas nuestras. – los cereales a estas alturas estaban incomibles, pero aún así se llevó una cucharada a la boca.

— ¿Vuestras?... vaya.

— En serio, ya se le pasará, supongo.

— Vamos, que el problema lo ha creado Edward. – probó de nuevo Esme.

— ¡No! No es eso… de verdad mamá, no insistas – se levantó y tiró todo el contenido del tazón a la pila. – Supongo que los dos nos hacemos mayores, es eso.

— Bells… sólo quiero que estéis bien. Los dos. Me duele mucho veros así. – se levantó poniéndose a su lado.

— A mi también – tenía que salir de allí o se pondría a llorar sin remedio, y eso era lo último que quería en este momento – voy a seguir repasando para mañana. – y sin más, salió de la cocina.

Pues de momento eso es todo... ¿Me regaláis un review con vuestra opinión? ^_^

Un besazo para todas!