Hola aquí está ya el capítulo 8 que lo tengo escrito hace una semana pero se me dificulta pasarlo a la computadora porque primero lo escribo a mano en mi cuaderno y luego lo paso :P igual que el de mi otra historia. Ya tengo el otro capitulo solo me falta transcribirlo n.n este fin de semana no actualizare porque tengo examenes finales el lunes :( pero probablemente el proooximo fin si :D Gracias por si sintonía (no se si cuenta porque no es radio o tv xD) Ustedes entienden :D


Capítulo 8

Link y Zelda entraron a un salón con un techo muy alto y grandes columnas a los lados. Era obvio que en tiempo pasado aquello fue una sala de baile o de eventos importantes que ahora se había transformado en un sitio de entrenamiento. El príncipe se compuso los guantes y las botas y se estiró. Thomas hacía lo mismo.

-Espero que hayas estado ejercitándote muchacho.

-Para serte sincero, no lo he hecho. Pero sabes bien que eso no me pone en ningún tipo de desventaja.

-No contra mí, pero si no te aplicas, un monstruo del bosque podría despedazarte en segundos.

-Mm, ya veremos.

Comenzaron con movimientos leves. Repasaban las últimas técnicas que había aprendido. Poco a poco, la práctica fue aumentando en dinamismo y ya se escuchaban las espadas cortar el viento. "Yo jamás podría empuñar una hoja tan filosa como esa" pensaba Zelda.

-¡En guardia!- gritó Thomas.

Comenzó el combate. Los sonidos metálicos del golpe entre las armas resonaban por todo el salón. El joven príncipe esquivaba los ataques de su maestro, pero se le dificultaba ser ofensivo.

-Tienes la derecha muy descuidada- advirtió su instructor.

-Es sólo parte del juego.

Cuando Thomas se lanzó por el lado derecho, Link lo bloqueó con su escudo y rápidamente giró tras las espaldas de su oponente para atacar, logrando la primera victoria.

-Hm, muy astuto.

-¿No eres tú quién me ha enseñado a no confirmarme en las debilidades evidentes de mis enemigos?

-Así es, y lo has aprendido muy bien. Si sigues así terminarás enseñándome tú a mí.

Link rio satisfactoriamente y ambos tomaron de nuevo la posición de combate.

-Bien, veremos si ahora me ganas tan fácil. ¡En guardia!

La pugna comenzó otra vez. Finta tras finta cada uno intentaba derrotar al otro. Zelda estaba sumamente concentrada en lo que ocurría frente a sus ojos, aquella excitante danza de espadas cuyos filos eran capaces de degollar a cualquiera, la tenían extasiada. Jamás había presenciado un combate como aquel, lo más que había llegado a ver era una pelea callejera en el pueblo. Esto era algo distinto, el príncipe sabía utilizar la espada con gracia, no daba golpes al azar y sus bloqueos eran seguros, sus movimientos a través del salón llamaban mucho la atención de la sirvienta. "Es muy bueno" pensó. Y no solamente eran buenos. Se le veía en sus ojos que disfrutaba la adrenalina del combate, en definitiva estaba en su zona. Cada paso desbordaba habilidad, destreza, seguridad y orgullo. Su postura y sus movimientos casi perfectos hacían que Zelda se planteara toda una idea en la cabeza.

"¿Habrá luchado alguna vez contra un monstruo? ¿Habrá ido a alguna guerra? Qué interesante sería, por su manera de pelear se nota que no es un novato y que no hace esto por entretenerse. Es algo que le gusta, pero que también debe hacer. ¿Se preparará para algo, o será por defensa personal? Se lo preguntaré algún día… Mejor le diré a Lucy que me cuente. Este príncipe es más de lo que imaginé, verlo así, es completamente una dirección opuesta de aquel muchacho que apareció en mi habitación el primer día. No parece un entrometido niño malcriado… o por lo menos no se ha vuelto a comportar así. ¡Quién sabe qué pasará por su cabeza!"

Y es que como fuera, Link se veía muy maduro al pelear. Empuñar una espada no es un juego de niños. Calculaba excelentemente cada próximo ataque y eso le atraía a su servidora. Todo aquel espectáculo que le estaban ofreciendo la divertía, ¿cuántas chicas tenían la suerte de ver al futuro rey de Hyrule en su entrenamiento?.

-¡Ja!

Otra victoria para su amo.

-Increíble- musitó Thomas.

-Debo admitir que esta me costó más.

-Sólo cuida el momento en que atacas, a veces eres muy predecible.

-Muy bien, lo tendré en cuenta. Estoy agotado.

-Igual yo… uf…

Los dos hombres jadeaban y se limpiaban el sudor de la frente. Zelda les llevó un par de toallas.

-Gracias- dijo Link.

-De nada Su Alteza.

-¿Te aburriste?

-Para nada, es usted excelente con la espada.

-Muchas gracias Zelda.

Él estaba más que satisfecho de que su adorada servidora le hiciera un cumplido. Suspiró profundamente, el agotamiento empezaba a sentirse.

-Si necesita agua puedo ir a buscarle.

-No es necesario, ya iré a bañarme.

-Bien. ¿Y usted señor Thomas, necesita algo?

-Si me puedes pasar otra toalla te lo agradecería mucho.

Ella regresó a la mesa por la toalla y se la entregó al maestro, quien aprovechó que Link estaba distraído para intercambiar unas palabras con la sirvienta.

-Gracias niña.

-Un placer.

-Sabes, Link tenía tiempo de no darme una pelea seria como esa.

-¿Sí?

-Mjm, tú lo sabes mejor que yo. No es muy disciplinado. Debe tener un motivo para querer hacerlo tan bien.

-¿Cómo?- ella no comprendía.

-No lo sé, tal vez está intentando impresionar a alguien.

¿Impresionar a alguien? ¿A quién? A la princesa Ruto quizás… pero, ¿por qué le comentaba eso? La joven servidora era muy ingenua para darse cuenta, no prestaba atención a detalles no tan obvios.

-No entiendo, ¿está queriendo decir…

-Zelda, ¿me acompañas?- llamó Link desde la puerta listo para salir.

-En seguida alteza. Con su permiso señor Thomas.

-Propio. Cuídate mucho niña. ¡Nos vemos pronto Link!

-Gracias por el entrenamiento Thomas, hasta luego.

El corpulento hombre se echó a reír mientas salían. El príncipe estaba loco por esa muchacha y ella era tan inocente que no se daba cuenta. "Esto me huele a boda" pensó.


-Entonces Zelda, ¿en serio nunca habías visto una pelea así?- preguntó el joven príncipe camino a los baños.

-No alteza. Ni si quiera imaginé que se requiriera tanta técnica para blandir una espada, es impresionante.

-Es difícil. Se necesita mucha práctica.

-Usted lo hace muy bien, no pensé que…- y se cortó de repente. Se dio cuenta que no debía expresar lo que pensaba del príncipe, y menos cuando trataba sobre él.

-¿Sí?

-Ah…

-Dime, ¿qué ibas a decir?

-No es nada relevante.

-Claro que lo es, ibas a decirme que pensabas algo.

-Pues es que yo… no esperaba que… usted…

-¿Fuera bueno con la espada?

-Sí.

-Bueno no te culpo. Es normal que la gente se haga la idea de que las personas de la realeza sólo se dedican a verse arregladas y ya. Es el caso de la mayoría no te mentiré, pero a algunos nos importa nuestro reino y nos preparamos para cualquier eventualidad.

-Como… ¿pelear en una guerra?

-Así es.

Ella contuvo la respiración en un repentino susto. No se imaginaba al príncipe que tenía al lado en medio de una encarnizada guerra.

-Eso significa su alteza…- continuó la sirvienta mientras él la observaba con curiosidad por su reacción- que en algún caso, es posible que ¿usted participe en una batalla?

-Por supuesto que sí, es mi deber.

Link notó el súbito cambio de expresión de la joven. Se le veía consternada así que intentó calmarla.

-Pero no te preocupes. Gracias a las diosas vivimos en tiempos de paz. Hay algunos conflictos eventualmente pero se disipan en unos días. Ya sabes que hablando se resuelve todo.

-Me alegra que sea así, no quisiera… que algo malo pasara.

"¿Se preocupa por mí? O quizás simplemente le perturba la idea de una guerra…" pensó él.

-Eso me recuerda, en unas semanas es probable que debamos viajar al desierto.

-¿En serio?- demostraba emoción en su rostro.

-Sí, ¿te gustaría conocer?

-Por supuesto. Jamás he ido.

-Bien, pues iremos. Debo hablar algunos asuntos con la princesa Nabooru.

-Mi señor, ¿le preparo el baño?- preguntó Zelda al llegar cerca de las tinas.

-Oh no, será un baño rápido, no es necesario. Estaré de vuelta en unos minutos.


La obediente muchacha esperó paciente en los establos. Se entretuvo con Epona, era un caballo adorable y dócil.

-Oye, lo siento por el golpe que te di- dijo sintiéndose extraña por disculparse con un animal- debe ser divertido ser el caballo del príncipe, aunque por lo que le conozco, si yo fuera tú, me daría un poco de miedo- le acarició suavemente el cabello- es raro ¿estás de acuerdo? Has pasado más tiempo con él y lo has de saber bien.

-¿Con quién hablas?

Una voz suave y tranquila se escuchó tras ella. Sólo rogo al cielo que no hubiera escuchado la "conversación" que tenía con Epona. Era Link, que aparecía a través del portal a los establos con el cabello mojado y enredado. Se miraba atractivo.

-Su Majestad… yó solo le pedía disculpas a Epona por el golpe que le di hace rato- respondió apenada.

-No está molesta, creo que le agradas porque no ha relinchado. Ella sabe identificar quiénes son las personas que debe querer y cuáles no.

-Interesante.

-¿Tú tienes algún animal en tu casa?

-No y nunca he tenido mascotas.

-Dicen que ayudan al espíritu. Bueno creo que deberíamos irnos, se hará tarde.

Subieron en la yegua y emprendieron su camino de regreso. Ya eran alrededor de las cinco de la tarde y Link tenía mucha hambre, las prácticas lo dejaban agotado. Zelda por su lado, comenzaba a sentir el fresco de la noche que se disipaba cada vez que pasaban por un claro a través del que le penetraban los cálidos rayos del sol poniente. Aquellas noches frías tan poco comunes antes del otoño le encantaban y de inmediato se imaginó las hojas caer por el hermoso sendero forrando el suelo como un alfombra natural.

Llegaron y la cena no tardó mucho en servirse. La noche pasó más helada de lo que esperaban y amaneció de la misma manera. La actividad en el castillo iba lenta, y es que el hielo en el aire hacía que todos quisieran estar cerca de una fogata calentándose. El príncipe no despertaría hasta que el sol brillara un poco más y el frío no fuera tan intenso. Mientras tanto, el cartero llegó dejando un paquete muy peculiar.

-El cartero es raro ¿no?- dijo Zelda que lo había visto llegar con un paquete grande y rosado.

-Bastante- contestó Hena, una de las mucamas encargadas de la limpieza de la planta baja- usa ropas muy raras pero siempre entrega las cosas a tiempo. Ayúdame.

-Claro.

Agarró los papeles que estaban por caerse y los llevaron a la mesa de la cocina. Zelda observaba a Hena leer y leer los sobres con cartas mientras los clasificaba.

-¿Qué haces Hena?

-Ordeno el correo. No todo aquí es para el príncipe, también hay cartas para nosotros.

-Ah... ahora que lo pienso ya es tiempo que le envíe una carta a Impa.

-Sí ya deberías. Veamos, qué paquete tan extraño- dijo refiriéndose a la gran caja- no suelen enviar cosas así muy seguido. Ha de ser para el señor Link.

Comenzó a buscar alguna etiqueta y la encontró en la parte izquierda. Era una linda tarjeta color crema con dibujos de flores en las esquinas, únicamente decía "Para Zelda".

-Hm… parece que es para ti- dijo finalmente Hena mirando a su amiga con una ceja levantada.

-¿Eh? ¿Para mí?

-¡Qué emoción! ¿Me dejarás saber qué es?

-Ah… claro… pero, ¿quién me enviaría esto?

-Algún muchacho seguro- rio traviesamente.

-O quizás mi nana Impa- dijo Zelda con sus mejillas rosadas.

-No seas tímida, no tiene nada de malo. Ábrelo.

Titubeante se acercó al paquete. Puso sus manos sobre él y miró a Hena, quién asintió con una sonrisa. Despacio, fue quitando el envoltorio evitando romperlo. Lo primero que vio fue una tarjeta del mismo papel de la que venía afuera y debajo había algo suave envuelto en papel fino. Sacó la carta y la comenzó a leer, con su amiga junto a ella:

Buenos días Señorita Zelda.

Con el mayor respeto de mi parte, saludo a usted hoy, esperando que se encuentre todo en orden. Tengo el gusto de enviarle un presente que posiblemente ya haya visto, y procedo a dar una explicación sobre el asunto. Éste paquete que se la ha entregado, tiene como objetivo expresarle mi gusto de invitarla al baile que se celebrará en honor a mi cumpleaños en dos semanas aproximadamente, y déjeme decirle que me complacería su presencia, en gran medida. Además, agradecería que fuera mi pareja durante la velada, he reservado ese puesto únicamente para usted. No quiero alargarme, así que es preciso que sepa que espero una respuesta positiva de usted, pero si sucede lo contrario, no hay problema alguno. Gracias por su tiempo señorita.

Pase un lindo día.

Mikau Ralis

Príncipe del Reino Zora

El sello de la familia real Zora acompañaba la firma del remitente. Las dos mucamas observaban el papel, boquiabiertas, una porque no podía creer que el regalo viniera de un príncipe y la otra de los nervios… ¿qué iba a responder?

-¡Zelda! ¡El príncipe Mikau te invitó a su fiesta! ¡Y quiere que seas su pareja!

-…Debe ser una broma.

-¿Broma? ¿Qué no ves el sello oficial? Eso no se puede falsificar.

-No, pero…

-Alto… ¿el príncipe te conoce? ¿Son amigos?

-En lo absoluto. Cuando vino aquí, hablamos pero fue una conversación muy corta y nada personal. No comprendo.

-Bueno quizás le caíste bien o… le gustaste.

-¡¿Qué?!- dijo Zelda alarmada ante la sugerencia de su compañera- ¡Estás loca!

-¿Por qué? No me extrañaría que yo tuviera razón. Eres hermosa, eres mucho más bella que varias mujeres "de sociedad" que he visto. Tú tienes esa gracia que ellas tratan de conseguir con grandes vestidos y kilos de maquillaje.

-Gracias Hena, pero eso no me hace pertenecer a ese mundo y ya sabes que ningún noble se fija en una plebeya. Probablemente quiera burlarse de mí o no se…

-Querida, lo que dices es verdad, pero también es cierto que el príncipe Mikau tiene un buen corazón. No lo conozco mucho pero es compasivo, y para nada pedante. Él y el señor Link son muy distintos del resto, quizás por eso son tan amigos.

-Puede ser… de cualquier modo, no estaría bien que la sirvienta de un príncipe asista al cumpleaños de otro. Ni si quiera nos conocemos.

-Pero no te pongas tan negativa, eso no tiene nada de malo. Deberías de consultarlo con Lucy a lo menos…

-Tal vez lo haga.

-Bien, ¿y qué hay debajo de ese papel?

Zelda quitó los envoltorios de la superficie para revelar un vestido muy grande. Era de color azul marino, mangas cortas a mitad de brazo y rectas, con un escote largo de hombro a hombro pero no tan profundo. Era ceñido a la cintura con un hermoso corsé de cordones blancos finos. La falda era amplia y tenía pliegues muy pronunciados para capturar mejor el movimiento. El vestido era precioso.

-¡Es el vestido más lindo que he visto amiga!

-Definitivamente… pero me da un poco de pena usarlo…

-¿Pena? Vamos, si lo envió es para que te lo pusieras.

-Yo diría que…

-¡Chicas! ¿Podrían venir a ayudarme?- era otra de las sirvientas que gritaba desde afuera.

-¡Ya vamos!- gritó Hena- ven, deja esto aquí ya regresaremos.

-Bueno.

Y las dos muchachas salieron hacia el jardín.


Mientras tanto, Link se colocaba sus ropas de príncipe. Hoy le tocaría atender unos cuantos asuntos. Pero antes, pasaría a la cocina por un bocadillo.

-¿Buenos días?- dijo pero nadie respondió.

Al entrar, lo primero que observó fue la caja rosada abierta y muchos sobres ordenados. "Creo que ya llegó el correo", pensó. Se acercó y miró con curiosidad el paquete. ¿Para quién sería y de parte de quién? Cuidadosamente buscó algo que le diera una pista y de inmediato vio la carta dentro de la caja. "Zelda… ¿Esto es para Zelda?". Rápido escaneó el papel y miro al final un sello que reconoció perfectamente. "Mikau… ¿por qué le manda esto?", vio adentro y encontró el vestido. Quiso leer la carta dándose cuenta de que no debería, pero después de vencer un conflicto moral interior se decidió leerla. Sus ojos iban y venían a través de las líneas.

-¡La ha invitado al baile!- exclamó.

Link no sabía que sentir. Estaba molesto pero a la vez se preguntaba por qué si no tenía derecho alguno. Dejó la carta donde estaba y se fue a sus deberes.

Zelda preparó la cena. Su postre definitivamente había quedado mejor que ayer. El pan de pan era mucho más sencillo de hacer que un pie de limón. Orgullosa del logro, sirvió a su príncipe, que quedó encantado con todo.

-Delicioso. Si en un día mejoras así, no imagino en un mes.

-Esta comida era sencilla de hacer. Le aseguro que si intentara hacer un pie de nuevo, quedaría igual o peor que el de ayer.

-Bueno, no todo se les da a todos- dijo en tono bromista- Zelda… quisiera hablar contigo después en mi habitación.

-Como diga Alteza. ¿Retiro los platos?

-Por favor- contestó con una sonrisa amable y encantadora a la que ella no pudo evitar dirigir su vista y ponerse nerviosa por la mirada que él le enviaba. Titubeó y los platos que iba a recoger se le resbalaron al a mesa de nuevo.

-Lo siento su Majestad…

-No hay problema- dio él ayudándole a colocar los platos en pila.

-No es necesario que me ayude señor.

-No me cuesta nada- hizo esa sonrisa otra vez.

-…gracias…

Recogió todo rápido y fue a la cocina. Su corazón latía fuerte. Esa leve pero dulce sonrisa y el suave roce de sus manos cuando le ayudaba a acomodar los platos le puso la piel de gallina. Jamás se había puesto así y le daba miedo hacerlo de nuevo frente a él. Suspiró fuerte y puso las cosas en el lavadero. En se momento llegó Hena preguntándole cómo iba con el "asunto" a lo que Zelda le dijo que mañana hablaría con Lucy antes de comentárselo al príncipe. Le ayudó a lavar los platos y prometiéndole contarle cada detalle al día siguiente se fue para la habitación de Link.

Tocó la puerta.

-Pase- contestaron desde adentro.

Encontró a Link parado junto a las puertas de vidrio que dan al balcón. Aún estaba vestido con su traje formal.

-Hola Zelda- dijo volteándose hacia ella.

-Buenas noches, su majestad.

-Solamente quería decirte que mañana no haré nada ni saldré así que puedes tener tu día libre

-Muy bien su alteza.

-Ven- dijo saliendo al balcón

"¿Al balcón de nuevo?" pensó Zelda recordando las cosas que le dijo la última vez que estuvieron allí.

-Es una noche helada, ¿no tienes frío?- preguntó Link una vez ambos afuera.

-Un poco pero no me molesta.

-Mm… ¿hay algo que quieras contarme?

-¿Disculpe?

-No lo sé… algo sobre ti.

-Mi señor, no comprendo a qué se refiere.

-A nada en especial, sólo algo que haya ocurrido recientemente y sólo cualquier cosa.

-¿Quiere que le cuenta algo sobre mí?- preguntó ella confundida.

No sabía a qué iba todo aquello. Zelda sabía que debía contarle lo de Mikau pero le pareció más prudente esperar a hablar con Lucy por la mañana. Además, no creyó que Link supiera del asunto así que lo tomó como si sólo quería conversar. Al fin que el príncipe no hablaba con muchas personas

-Pues mi vida no ha sido muy interesante que se diga, pero una de las cosas que más me gusta hacer es la arquería.

¿Era en serio? ¿Zelda estaba contándole algo de su vida privada a Link? Eso era mucho mejor que saber qué haría con lo de Mikau, de ese asunto se enteraría tarde o temprano de todas formas. Él escuchó con atención lo que le decía la muchacha. Le contaba una anécdota graciosa de su infancia, algo sobre ser terrible con el arco y enfadar a la vecina por las flechas que caían en sus calabazas y las estropeaban. Al recordar, Zelda rio enérgicamente. Su risa era una sinfonía para los oídos de Link. Se sentía como en un sueño al escucharla así, era la primera vez que reía frente a él y le encantaba. La miró con cariño y ella se percató de la extraña expresión que nada tenía que ver con la historia.

-¿Qué sucede mi señor?

-Pues, que es la primera vez que te escucho reír.

"¿Y eso qué? ¿Desde cuándo reír es un evento especial?" pensó la chica.

-Ah bien pues, eso es todo. La señora aún me odia.

Link se limitó a admirarla y pensaba que lo que tenía en frente era lo mejor que las diosas le pudieron haber regalado. Cada día que pasaba junto a ella la quería más.

"Me está mirando de esa forma de nuevo… es hora de terminar esta conversación." Pensó.

-Y bueno, nada más. Espero le haya entretenido mi historia, debo retirarme.

-Sí, es algo tarde y el sereno te hará dañño. Puedes irte. Y… muchas gracias por compartir esa anécdota conmigo.

-Un placer, alteza.

Hizo una reverencia y se fue dejando a Link sólo en el balcón.

"Es más que perfecta" dijo para sí mismo antes de entrar al cuarto y apagar las luces.

"Es más que extraño… pero apuesto" pensó ella cuando entraba a su habitación y se arreglaba para dormir.