-8-
Emmett se despertó a eso de las cuatro de la mañana al no sentir el calor de su esposa envolver su cuerpo. Se habían quedado dormidos después de haber compartido una intensa noche de pasión en su lecho y él no había sabido más de sí después de ello. Dio una ojeada alrededor, percatándose de que la luz del baño estaba apagada pero la del pasillo se colaba por debajo de la puerta de la habitación así, de inmediato supo donde se encontraría su esposa. Pescando sus boxers en el piso se los colocó, arrastrándose dentro de una camiseta y saliendo en busca de su almohada favorita, como le gustaba llamarla a veces.
Sonrió, al conseguirla acostada en la pequeña cama de su hijo con él enrollado a su alrededor mientras ella tenía la nariz enterrada en su cabello. Era una manía de ella, olerlo. Decía que lo reconocería por su perfume así lo encerraran en un lugar con mil niños iguales.
-Lo vas a malcriar así- la amonesto con voz suave, llegando junto a la cama donde se arrodillo e inicio a acariciar el cabello rubio obscuro de su hijo. Ella le sonrió con culpa, abrazándose más al niño y aspirando el aroma de su cabello. Estaba creciendo tan rápido. Solo ayer recordaba cuando lo acostaba en su cuna y ahora ya era todo un niño grande que dormía en una cama sin barritas.
-Es mi bebé.- dijo con voz cortada, sintiendo las lágrimas picar en su nariz. Su esposo le sonrió, sabiendo que estaba siendo más difícil para ella que para el mismo Ian eso de crecer.
Sin decir nada se puso de pie, tomándo lo más cuidadoso posible a su hijo en brazos y estirándole la mano a una desconcertada Rose quien la tomo vacilante, siguiéndolo hasta la habitación principal donde el deposito al niño en medio de la enorme cama. Incitándola a meterse a su lado para él luego acostarse detrás de ella, abrazando así a sus dos amores. Imitando la acción de ella cuando respiró en el cabello del pequeño solo que él hundió la nariz en el cuello de ella, llenándose de aquel aroma de mujer.
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El hacha golpeaba la madera con fuerza, causando vibraciones que viajaban hacia sus brazos, entumeciéndolos. La menuda y molesta lluvia hacía mucho que le había dejado de interesar y ahora se encontraba bañado de pies a cabeza. El sonido al caer en su chaqueta y los jadeos que emitía cada vez al clavar el hacha en la madera lo atontaban. Sus músculos quemaban por la intensidad de cada acometida gruñendo al tirar del mazo cuando este de atascaba en el tronco. Era su manera de drenar la rabia que sentía.
Lo había arruinado todo, su vida, su familia, sus sueños, sus promesas. No había podido mantener las palabras que prometió una vez años atrás delante de dios en aquella iglesia. No había sabido cómo cuidar el corazón roto de su mujer, de ser fuerte para ambos, él simplemente se había dejado comer por el sentimiento de culpa, cerrándose como ella para así sentirse menos culpable pero no podía culparla. Había sido sólo su culpa, si no hubiese ido a comprar bebidas justo en ese momento, si sólo hubiese puesto más atención en los niños cuando se fueron hasta adelante de la multitud para ver el desfile. Si sólo hubiese reconocido al hombre vestido de demonio que los había alejado de ellos.
Rosalie no sabía que él había ido al lugar donde estos hombres terminaban luego del desfile. Encontrando a la mayoría perdidos y ebrios por el consumo de alcohol y alguna que otra droga. Les había gritado que le dijesen donde estaba su hijo, había descargado su ira golpeando a los que estaban demasiado borrachos para defenderse ganándose golpes de los que trataban de defenderlos sin obtener respuestas. Sólo golpes e insultos que le dolían menos comparado con el que su hijo estuviese perdido.
¿Qué habían hecho con él? ¿Con su pequeño angelito? Un ser que apenas comenzaba a vivir, que era un alma pura.
Sus manos se apretaron hasta dolerle al rededor del mazo del hacha, clavándola con toda la fuerza que podía en el tronco mientras los jadeos se convertían en un grito desgarrador y las lágrimas se confundían con la ligera lluvia.
No fue hasta que sus brazos no dieron más que se sentó en el tronco que estaba destrozando. Con el dolor a flor de piel y se percató de la patrulla que se acercaba por la carretera de tierra que hizo que la respiración se le atascara en la garganta. En todo el tiempo que habia ido a ese lugar para drenar su rabia jamás había visto una patrulla de policía pasar y menos que se detuviera justo al lado de su camioneta, eso solo significaba una cosa.
No...
Se puso de pie, con el cuerpo tenso, viendo como su padre descendía del auto, mirándolo desde el lugar. La lluvia se había intensificado por lo que no podía distinguir la expresión de su rostro pero el que fuese él que descendiera de ese auto lo hizo pensar lo peor.
Su pequeño no...
Inicio a retroceder, sin darse cuenta, como si algo lo hubiese golpeado o empujado, trastabillando al tropezar con el tronco tras él. Charlie al darse cuenta de su reacción corrió en su dirección, escuchando como le gritaba que no podía ser posible.
-Emmett…
-Papá no…- se negó a escuchar, señalándolo para mantenerlo lejos de él, mientras en su cabeza solo pasaban preguntas sin respuestas. Y las lágrimas corrían solas. Su hijo no. Charlie lo tomó de los hombros, sacudiéndolo y haciendo que lo mirase.
-Lo encontramos- le dijo dolido por ver a su hijo en ese estado. El más que nadie sabía todo lo que había sufrido por culparse de la desaparición de su hijo y estaba seguro que el saber que habían dado con el enterraría todos los fantasmas que lo atormentaban. –Lo encontramos- le brindó un intento de sonrisa aun cuando no era muy dado para sonreír pero en ese momento Emmett la necesitaba para calmarse. El moreno se quedó estático, sosteniendo las muñecas de su padre de manera fuerte cuando estas acunaron su rostro, sin creer lo que estaba escuchando –Lo encontramos, hijo- se unió el hombre a las lágrimas de su primogénito, empujándolo en un abrazo apretado que Emmett le regresó unos minutos después de asimilar. Su pequeño, su pequeño niño había regresado.
…
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-Non sappiamo cosa abbia visuto il bambino in tutto questo tempo (no sabemos que haya vivido el niño en todo este tiempo)- le decía la mujer de tez morena y traje formal a una distraída Rosalie. Ella no tenía cabeza para otra cosa en ese momento más que pensar en su hijo, que se encontraba en la habitación de al lado ¿Qué no podía entender eso? –Perciò, dovra asistire a terapia tre volte a settimana, per vedere se riusciamo a capire cosa li abbia capitato (Por eso deberá asistir a terapia tres veces por semana para ver si logramos entender lo que le haya sucedido).
-¿Avete una teoría del perche non si ricorda di niente? (Tienen alguna teoría del porque no se recuerda de nada?)- quiso saber la rubia, preocupada.
-Per quello che abbiamo visto fin ora, sembra di essere una perdita di memoria selectiva, ma dobbiamo ancora fare delle studi su di lui (Por lo que hemos visto hasta ahora parece ser una pérdida de memoria selectiva pero debemos aun hacer estudios en él)- ambas mujeres giraron la vista a la puerta cuando esta emitió tres leves toques y un segundo después la cabeza de Edward Cullen aparecía por ella. Rosalie reconoció ese rostro enseguida, sonriéndole de vuelta cuando él lo hizo.
-¿Posso entrare? (¿Puedo entrar?)- demando el hombre, dando un paso dentro cuando la mujer morena le asintió. Rosalie le extendió la mano para que se acercara, la cual él tomó sin vacilar, apretándola levemente.
-¿Qué haces aquí?- preguntó en un susurro.
-Charlie me llamó y vine lo más rápido que pude.
-Pero tú estabas al otro lado de…- él negó, no dejándola acabar.
-No, no estaba en los Ángeles. Estaba en Venecia desde hace un par de días por una conferencia.- la corto, apretándole nuevamente la mano –Tomé el primer tren que encontré.- ella le sonrió, con lágrimas de felicidad iniciando a formarse en sus ojos.
-Apareció, Edward.- le dijo emocionada, abrazándolo cuando él se hinco a su lado. –Mi niño…
-No sabes lo feliz que me hace el que todo volverá a ser como antes, Rose.- le susurró al oído, apretándola en sus brazos, feliz y aliviado por ella –Que volverás a ser la Rose que conocí.- la rubia le asintió, con ojos brillantes mientras él apartaba las lágrimas de sus mejillas.
-¿Quando ci lo possiamo portare a casa? (¿Cuándo nos lo podemos llevar a casa?)- preguntó ilusionada, volviendo a prestarle atención a la asistente que los veía de manera incomoda.
-Súbito. Ma non dovete forzarlo se non si ricordasse di certe cose. ¿Va bene? (Enseguida. Pero no deben forzarlo si no se recuerda de ciertas cosas. ¿Está bien?- Rosalie asintió, frenética. Solo quería tenerlo cerca, respirarlo, tocarlo.
-¿Potete acompagnarvi a casa con una delle vostre pattuglie? (Pueden acompañarnos a casa con una de sus patrullas? - Habló el cobrizo, poniéndose de pie detrás de Rosalie que aún seguía sentada en la silla -E pieno di paparazis fuori. (Está lleno de paparazis afuera). La mujer asintió hacia ellos.
-Non vi preocupate. Ci pensiamo noi. (no se preocupen, nos ocupamos nosotros)- contesto la mujer, saliendo y dejándolos solos.
-¿Puedes llamar a Charlie? Quiero saber si encontró a Emmett-le dijo la rubia, poniéndose de pie y caminando por la habitación, se la estaba comiendo la ansiedad.
-Deja consigo un telefono en la oficina. Aun no he cambiado el chip y el mio no funciona aquí en Italia- le contesto, saliendo del lugar.
….
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Emmett entró como una exhalación a su casa. Con pasos largos y los sentimientos a flor de piel. Tenía que ver con sus propios ojos que su hijo había aparecido para poder creerlo, para poder hacer descansar su alma.
No le prestó atención a los paparazis y los miles de flashes que explotaron al bajarse del auto. No distinguió a su cuñado de pie cerca de la chimenea encendida, ni a uno de los policías que estaba mirando por la ventana. Sus ojos solo necesitaban ver un par de ojos azules para descansar en paz y fue en medio de la sala que los encontró. Aquellos ojos brillaban bajo las llamas encendidas encontraron los suyos, frunciendo el ceño cuando sus pies dieron pasos por si mismos hacia él, cayendo de rodillas a unos cuantos metros mientras se llenaba de aquel rostro, estudiando cada centímetro de piel, cada facción. ¿Era su hijo? ¿Ese niño delgado, sin rasgos del bebe que él recordaba era su Ian?
Las lágrimas le obstruyeron la visión, haciéndolo parpadear para que gruesas gotas cayeran de lleno a la alfombra. Las ganas de tocarlo fueron mayores, arrastrándose para encerrarlo en un abrazo que el niño rechazó, sacudiéndose de un empujón y alejándose hasta un rincón, con los labios apretados, dejando al moreno desconcertado, buscando alguna explicación en los ojos de su padre pero sólo encontró los de Rosalie, que le brindaron una mirada de comprensión. Ella estaba sentada en el sofá a su lado pero él no se había percatado de su presencia hasta ahora.
-Nos dijeron que está aún muy confundido y que no debemos forzarlo.- le informó con voz calmada -Parece ser que no se recuerda de nada, ni de nosotros.- el nudo en su garganta no pasó desapercibido por él hombre al decir aquello, él la observó, confundido pero a la vez sintiéndose en paz al ver la tranquilidad en los ojos de su esposa que no había visto desde hacía tres años.
Los ojos de ambos volaron cuando Ian se movió de su puesto. Estudiando el lugar y tocando con dedos tímidos los cuadros sobre la chimenea. Rose sonrió cuando tomó uno donde salían los tres, en su cumpleaños número 4 mientras él soplaba las velitas.
-¿Ha dicho algo?- quiso saber el Moreno, observando como su hijo se acercaba a tomar otro retrato. Su hijo, se sentía tan bien pronunciar aquellas palabras que alguna vez imaginó no volvería a decir.
-No mucho.- negó Rosalie, suspirando. -Solo he logrado que dijera un si.- se encogió con voz un poco cargada de pena -Ian.- lo llamó pero no hubo respuesta alguna. El niño no se giró siquiera, como si nunca lo hubiesen llamado.
-Puede que ese no sea el nombre que recuerde.- argumentó él, enlazando las piezas de lo poco que le había dicho su padre. Arrastrándose más cerca de ella. Mirando la mano que descansaba sobre su rodilla, queriendo tomarla entre las suyas pero conteniéndose. -¿Cómo te llamas?- preguntó en voz alta. Haciendo al niño girarse en sus talones para verlo con el ceño fruncido, sin responder.
-Debes hablar en italiano.- dejó saber la rubia en un susurro. Él asintió, recordando lo que le había dicho Charlie cuando estaban regresando a la casa.
-¿Come ti chiami? (¿Cómo te llamas?)- demandó Emmett, dándole una cálida sonrisa a modo de alentarlo a hablar. El niño los miro un minuto, intercalando la vista en las dos figuras adultas que se encontraban en la sala. Ellos eran sus padres, según lo que todos decían pero ¿Por qué él se sentía tan fuera de lugar en esa casa? Como si fuera un intruso.
-Ian va bene (Ian está bien)- dijo sin más, dejando en su sitio el retrato de ambos en su boda. Oyeron la puerta principal cerrarse, anunciando que alguien estaba saliendo ya que no oyeron pasos acercarse pero no le prestaron atención.
-¿Vuoi mangiare qualcosa? (¿Quieres comer algo?)- quiso saber la rubia, sonriéndole tímidamente pero él no lo hizo de vuelta.
–Ho sonno (Tengo sueño)- les hizo saber, decidido, haciendo a los adultos mirarse perdidos. Ellos tampoco sabían cómo actuar ante su hijo que parecía un extraño.
-Certo, eh, ti mostro la tua camera (Claro, eh. Te muestro tu habitación)- se levantó Emmett al ver que Rosalie no reaccionaba. Ella estaba desconcertada y no entendía nada. –Vieni (Ven)- le señaló el moreno las escaleras que el pequeño subió de corrido. Él observo a su mujer que miraba con nostalgia las llamas de la chimenea. La conocía tan bien que sabía le dolía la actitud de su hijo pero tenían que aprender a vivir con ello y dejar pasar el tiempo. -¿estás bien?- pregunto desde las escaleras. Ella le sonrió a medias, asintiendo con la cabeza no convenciéndolo en absoluto pero devolviéndole la sonrisa para luego seguir a su hijo.
…
-¿A dónde vas?- Emmett se paralizó en el pasillo cuando escuchó la pregunta desde la habitación que había compartido con Rose en algún momento de su vida. Dio un paso hacia atrás para mirar dentro. La cama estaba justo en la pared frente a la puerta así que pudo ver claramente a su esposa metida bajo el cobertor hasta la cintura, mirándolo nerviosa. Él acomodó la almohada y el cobertor que traía en sus brazos, devolviéndole la mirada.
Después de haberle mostrado a Ian su vieja habitación, cambiado sabanas y almohadas por limpias y explicarle que el había dormido allí desde lo sucedido lo había arropado sin tocarlo y deseado buenas noches sin obtener respuestas desde la puerta. No había que forzarlo, se repitió. Tal vez era una cosa de la edad. Pensó en su interior. Anthony era a veces bastante obtuso y cerrado cuando tenía esa edad así que no tenía por qué alarmarse de ese comportamiento. Todos estaban demasiado nerviosos y excitados por lo acontecido. El esperaba que la mañana siguiente trajera consigo un aire más normal y relajado.
-Dormiré en el sofá- contestó con simpleza y un rastro de pesar, mirando su lado vacío de la cama. Para ella no pasó desapercibido aquel gesto, imitando su acción, estirando la mano para acariciar el lugar vacío de manera distraída.
-Puedes dormir aquí.- dijo armada de valor y con voz temblorosa por los nervios que sentía en ese momento -Si lo deseas.- se apresuró a aclarar. Ella no sabía cómo debía actuar luego de tanto tiempo de distancia. Como hacer que iniciaran a caerse aquellos muros que habían puesto entre ellos. Aquello le parecía un paso enorme, pensó ella, pero siempre podía ser tarde y que él ya se hubiera rendido ante aquellos muros. Al ver que no se movía ella entendió que lo había perdido y no podía culparlo, ella tenía parte de la culpa por haber hecho el dolor solo suyo y no de ambos. -Lo siento, no...-fue lo que articuló antes de que él entrara decidido en la habitación, no dejándola terminar. Había leído en su hermoso rostro la decepción por su reacción atónita, pero él no sabía cómo manejar la lluvia de emociones al escuchar aquellas propuesta de sus labios. Esa propuesta que había estado esperando por años.
Ella lo observó de pie al otro lado de la cama, como apoyaba las cosas que traía en los brazos en la silla del tocador y se sacaba la camiseta por encima de la cabeza, tragando en seco al tener su cuerpo semidesnudo ante ella. Nada había cambiado en él desde entonces, podía recordar aun las veces que ese pecho había sido su lugar favorito para dormir y esos trabajados brazos la había abrazado fuertemente.
Sintió como las emociones estaban a punto de traicionarla, trayendo un nudo de nervios a su estómago al encontrarse con su mirada cálida que no pudo sostener, metiéndose bajo el cobertor y dándole la espalda. Era ridículo, había compartido tantas cosas, tantos momentos íntimos con ese hombre y ahora se sentía como una quinceañera inexperta, incapaz de mirarlo sin enrojecer como la sangre. Sintió como él entraba a su lado, alzando la cubierta que dejó entrar el aire frío haciéndola estremecer. Un minuto después lo sintió en su espalda, demasiado cerca comenzando a acelerársele la respiración cuando el posó una mano en su hombro, hablándole en el cuello.
-¿Puedo?- ella asintió después de un latido, sabiendo lo que le estaba pidiendo, tensa.
Después de tres años de ningún tipo de contacto físico sus manos estaban ansiosas por tocarla pero él sabía que llevaría mucho tiempo y paciencia llegar al punto donde estaban años atrás. Ella temblaba a su lado, recordándole la primera vez que habían compartido una cama, como si fuese la primera vez que dormían juntos, causándole ternura aquel recuerdo.
Una vacilante mano pasó por su cintura. Posándose abierta en su vientre para empujarla más cerca de él. Sintió el estremecimiento correr por su columna al ser tocada por el calor que el cuerpo de él despedía y de la piel suave del pecho en su espalda. Una lágrima silenciosa rodó por su sien perdiéndose en la tela de la almohada sin poder contener ya las emociones y él la abrazó fuerte, pasando un brazo por debajo de su cuello. Ella se aferró a sus brazos, sintiéndose segura como hacia tanto tiempo no lo hacía mientras él enterraba el rostro en el cuello de ella, respirandola, llenándose de aquel perfume que tanto había extrañado. No había palabras que decir, todo lo que podrían haber dicho estaba puesto en aquel abrazo.
Ella fue la primera en dormirse, sin soltarlo, mientras él estudiaba cada facción de su rostro relajado y sin lágrimas después de tanto tiempo. Atesorando aquel momento que parecía ser el inicio de que toda su vida se arreglaría a partir de ese día.
La luz en su rostro lo despertó, estirándose en su cama después de tanto tiempo que no lograba hacerlo. Se sentó de golpe al darse cuenta que Rose no estaba allí y que la luz del pasillo estaba encendida. Tuvo un dejavu que terminó de despertarlo por completo, poniéndose de pie rápidamente y encaminándose a la habitación de su hijo donde sabia la encontraría. Lo que no imagino fue en el estado que estaría. Arrodillada a los pies de la cama y llorando en silencio. Èl la sostuvo de los brazos, poniéndola de pie y abrazándola a su pecho, preocupado.
-¿Qué sucede, Rose?- hablo, asustado de conseguirla así ya que no era un llanto de alivio o de alegría, era un llanto de madre herida que lo regresaba a tiempos pasados. No entendía nada.
-No es él- logró articular por encima del llanto, haciendo a Emmett paralizarse -No es mi hijo.
ni yo misma se que pasara ahora =O lloro al escribir estas cosas, el sufrimiento de cada personaje. seria una muy buena actriz al saber como meterme en cada personaje facielmente xD
pistas pistas pistas =? que sucedera? tienen algun indicio? que preguntas quisieran hacerme?
las leeré pronto, dejen sus coments, besos!
