ADVERTENCIAS:
Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, menos Nadine y su familia que son originales míos.
Hay escenas y diálogos que están inspiradas de otras novelas, series o semejantes, al igual que otras son invención mía.
Para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera.
¡GRACIAS A TODOS POR LEER Y COMENTAR, ES MUY GRATIFICANTE!
Capitulo 8
Le dejé una nota a Jessica por la mañana diciéndole dónde iba, y que nos encontraríamos en el trabajo. Me dirigí al lugar en el que se encontraba la famosa casa.
Me costó algo de tiempo encontrarla, y por cierto era bastante grande, pero lo logré. Había un cartel de alquiler, con lo que saqué el móvil y llamé, escuchando poco después la voz del otro lado.
-¿Diga?
-Hola. Quería saber si sigue alquilando su casa. Estoy interesada en ella.
-Así es, si quiere podemos quedar cuando le venga bien para que la vea.
-No, no es necesario. ¿Cuánto pide al mes?
-900 dólares.
Mis ojos se pusieron como platos, menos mal que tenía ahorros, si no, tendría que dejar de comer para pagar.
-Bien, pues, ¿cuándo puede hacerme el contrato?
-¿Mañana a las 10 en la cafetería de Silver treek?
-Claro, allí nos veremos, gracias.
Un problema menos que daba otro más... Pediría ayuda a mi hermana para los gastos, al menos hasta que solucionara el chantaje de Ray. Guardé el teléfono y me dirigí al trabajo.
Allí le conté a Jessica que mañana mismo me mudaría. Inventé excusas para no decir la verdad, demasiada gente ya sabían que pasaba. Ella no preguntó mucho más, así que las cosas marchaban bien, por lo menos de momento.
Salí volando de allí para que me diera tiempo a arreglarme. Era una situación de pura tragicomedia. Iba a conocer a la vampírica familia de mi... ¿novio?, que tenía 300 años. No habíamos hablado de lo que era esto que nos traíamos entre manos, ahora que me detenía a pensarlo. El colmo sería llevarme mal con su familia.
Me duché y arreglé de forma informal. Unos vaqueros y un jersey negro no muy gordo. Terminé justo a tiempo cuando vi por la ventana de mi cuarto que su coche se detuvo ante la casa.
Le vi salir y sentí lo típico que habían sentido todos los personajes de novelas románticas que había leído. Ese cosquilleo, la aceleración del pulso, las ganas de no irme de su lado jamás... Vi como fuera del coche me miró desde la calle. Yo le hice un gesto con la mano y bajé lo más rápido posible. Mi vida que siempre había sido un cuento frustrado, empezaba a recomponerse.
-Hola, estás muy guapa.
-Gracias, tú... Estás como siempre, increíble.
Sonrió acercando su rostro al mío mientras lo acaricia con delicadeza, añadiendo si estaba lista para marcharnos, y mientras entrábamos en el coche me pensé la respuesta.
-Estoy nerviosa. Por la reacción de tu familia y eso.
-¿Son vampiros y es eso lo que te preocupa? –Dijo con tono divertido mientras me deslumbraba con una preciosa sonrisa de actor de cine.
-Soy rara, qué le voy a hacer.
-¿Has visto ya la casa? -Cambió de tema tras sonreír divertido a causa de mi último comentario.
-Sí, he quedado mañana con el dueño para arreglar las cosas.
-¿Cuánto te pide por el alquiler?
-900 dólares.
-¿Tienes dinero para afrontar ese gasto?
-Algo. Mi hermana me ayudará. -Dije tratando de sonar despreocupada.
-Yo puedo hacerlo, tenemos bastante dinero y pocos gastos.
-No, eso si que no -respondí con rotundidad-. Gracias, pero no puedo dejar que hagas eso.
-Bueno, pero si no puedes con los gastos, pídemelo. No pasa nada, ni siquiera tendrás que devolvérmelo.
Le miré un instante y decidí cambiar de tema; El dinero era uno bochornoso.
-¿Cómo encontraste a tu familia? –Pregunté tras una pausa silenciosa e incómoda.
-Bueno, estaban moribundos. Eran jóvenes y creí que merecían otra oportunidad; Eran gente sin otra salida que la muerte. El primero fue Edward, ya le conocerás. Luego Esme, Rosalie, Alice, Emmett y Jasper vinieron después. Cada uno tiene su historia.
-¿Los convertiste a todos? ¿Sólo tienes que morder?
-Sí. Yo fui quien los convirtió a todos. Soy él más viejo de ellos, y él que más seguridad tiene a la hora de hacerlo. En cuanto a la mordedura, dependiendo de la cantidad de ponzoña y el lugar, la transformación es más o menos rápida.
-¿Es doloroso? –Pregunté intrigadísima, y con una extraña sensación de escalofríos.
-Bastante, es como... Si te incendiaras por dentro.
Se hizo el silenció durante un momento hasta que empezó a preguntar él. Notaba que tenía miedo.
-Háblame de tu familia.
-Bueno, viven en San francisco. Mi madre es profesora en un colegio, y mi padre es encuadernador, arregla libros que parecen perdidos. Mi hermana es una viva la vida, es informática y todo lo contrario a mí.
-Apuesto a que por tu padre viene esa pasión por los libros.
-Sí, no podemos juntarnos para hablar de libros. –Dije sonriendo nostálgicamente.
De repente el coche se detuvo en frente de su casa ¡y qué casa! Por fuera era bastante grande, de dos plantas, enormes cristaleras y totalmente blanca.
Me abrió la puerta del coche sin que me diera tiempo a reaccionar, nos aproximamos a la entrada y pasé detrás de él, nerviosa.
-¿Qué te parece? –Dijo mientras se giraba hacia mí.
-Es muy bonita, y tan luminosa... Me sorprende que sea la casa de una familia de vampiros. –Dije observando mi alrededor.
-¿Qué esperabas, un castillo viejo y sucio?
-No sabría qué responderte. Bram Stoker me ha hecho mucho daño. –Dije sonriendo levemente mientras seguía con mi tarea.
-Aquí es el único lugar donde no nos escondemos. Les he dicho que se comporten de forma natural.
Subimos las escaleras de la casa llegando a una gran estancia igualmente iluminada, con un piano y varios sofás. Todo era muy elegante.
Allí estaban casi todos los miembros de la familia, los cuales se pusieron en pie en cuanto entramos.
-Bueno familia, os presento a Nadine. A partir de ahora es uno más de nosotros.
Noté como Carlisle me agarraba de la cintura suavemente mientras hablaba de forma serena, pero entusiasta.
Rápidamente se acercó una mujer que aparentaba unos 25 años, vestida con un elegante vestido morado, muy guapa.
-Encantada de conocerte Nadine, yo soy Esme. –Dijo mientras me abrazaba.
-Yo soy Edward, el hijo mayor. –Agregó con una divertida sonrisa mientras estrechaba mi mano.
Un chico grande y musculoso se acercó a mí con una cordial sonrisa. Me apretó la mano y dijo que se llamaba Emmett, después señaló a una chica de unos 20 años sentada en uno de los sofás, rubia y extremadamente bella, dijo que era Rosalie. Ella levantó la vista al escuchar su nombre, mirándome de mala gana. Ni siquiera hizo un esfuerzo por ocultar que le molestaba mi presencia. La rubia miró a Carlisle y me saludó intentando no ser muy borde.
-No hagas mucho caso a Rosalie, es un poco borde con los nuevos. –Habló el grandullón de los hermanos, con diversión.
-Simplemente soy realista; Sabéis que esto es un gran riesgo.
-Rosalie. –Esme llamó su atención para que se callase, con cara de seriedad.
-Seré cordial por ti, Carlisle, porque te debo mucho, pero no pretendáis que haga como si no pasara nada. Ella nos traerá problemas.
La chica se levantó y salió de la sala con una impecable elegancia, metiéndose con un ruidoso portazo en otro cuarto.
-Yo no desvelaría vuestro secreto jamás. -Respondí sintiendo una horrible culpabilidad y malestar emocional ante aquel desagradable incidente.
-Tranquila, eso ella lo sabe. Lo que pasa es que Rosalie es algo difícil. Acabará entendiendo que no pasa nada. -Dijo Carlisle acariciando mi cara. El gesto delante de su familia me hizo sonrojarme más de lo normal.
De repente, de la terraza saltando desde un árbol cercano, entraron dos personas más.
-¡Nadine, ya estás aquí, estaba deseando conocerte! Soy Alice –dijo abrazándome eufóricamente. –Vaya, que aroma. Ya entiendo por qué Carlisle se siente así, es tan dulce.
-Alice, No le digas esas cosas, la vas a asustar. –Dijo Edward mirando a la joven castaña de pelo corto, con una sonrisa.
-Seremos buenas amigas.
-Ella sabe que no la haréis daño, ¿verdad?
-Claro. Parecéis bastante pacíficos. -Respondí convencida a la pregunta del rubio, mientras miraba a los presentes.
El chico que acompañaba a Alice se quedo rígido sin moverse mirándome fijamente.
-Disculpa a Jasper, es demasiado nuevo. Aún le cuesta acostumbrarse. No le harás daño, Jasper.
El rubio, confiando en los comentarios de Alice, me estrecho la mano cuidadosamente añadiendo que estaba encantado de conocerme.
-Hacéis una pareja espléndida, de verdad. Cuánto me alegro de que Carlisle te haya encontrado. Se merecía encontrar el amor de una vez.
Miré ruborizada a la mujer de cabellos caramelo, y luego fijé mi vista en Carlisle. Pude ver en mi fugaz vistazo, su sonrisa ante mi visible vergüenza.
-Bueno, voy a enseñarle el resto de la casa. Ahora volvemos con vosotros.
Por fin acabó mi angustia justo en el momento indicado. Pude oír en la sala como voces femeninas decían lo mona que les perecía y lo bien que había ido. Vi como Emmett se dirigía a un cuarto, seguramente, al que se metió Rosalie.
Llegamos a una amplia sala llena de estanterías con libros y un gran escritorio.
-Sois todos increíblemente guapos. Permíteme decirte que sois repelentes. -Dije sonriendo.
-Es lo que tiene ser vampiro, tus sentidos se agudizan y te conviertes en una criatura sumamente seductora y elegante.
-Ya lo creo. Recuerdo el primer día que te vi, es justo lo que pensé de ti. Por cierto, ¿qué es a lo que se refería Alice?
-Después de 300 años he conseguido inmunizarme a la tentación de la sangre, pero hay personas, muy pocas, que tienen un olor tan sumamente atractivo que te desconcentran totalmente, y eso me pasa a mí contigo, aunque no de una forma tan insoportable, gracias a la experiencia. Aún así a veces, como el otro día en el coche... Me vuelves loco.
Me sonrió cariñosamente, y nos besamos con tanta ternura como nos fue posible.
-Este es mi despacho. -Dijo tras aquel increíble beso.
Me aparte de su lado e inspeccioné la sala; Las estanterías estaban llenas de libros de medicina en su totalidad, junto con clásicos de la literatura universal. Tenía buen gusto en todos los sentidos, ya corroborado.
-Debes ser un gran médico después de 300 años de experiencia, ¿no?
-Hago lo que puedo -afirmó divertido-. Aquí es donde vengo cuando quiero estar solo, pensar, trabajar.
-¿Y este cuadro?
-Es de Londres. Nací allí en el 1635. Ha cambiado mucho desde entonces.
-No me acostumbraré jamás a esto. -Dije Intentando que los ojos no se me salieran de las órbitas.
-No pienses en ello, te ayudará. Acompáñame.
Antes de concluir la frase agarró rápidamente mi mano y me guió por el pasillo hasta una nueva habitación, igualmente grande y luminosa.
-Este es mi cuarto. En realidad, es prácticamente inútil. Pero como había habitaciones libres después de que algunos chicos se juntaran, decidimos que cada uno tuviera una, como los humanos.
-¿No hay cama? –Pregunté intrigada mientras observaba nuevamente la habitación. Carlisle sonrió dejando ver su perfecta dentadura.
-Nosotros no dormimos nunca.
Volví de nuevo a tener el control de mi cuerpo tras mi asombro, y seguí investigando el cuarto. Había un equipo de música, muchísimos discos y vinilos en una gran estantería, un armario enorme y un sofá grande negro. Su casa era increíble, enorme y lujosa. La curiosidad me podía.
-¿Cómo es que tenéis esta casa y esos coches?
-Bueno, Alice tiene un don. Tiene premoniciones. Gracias a ella en las inversiones nos va muy bien. Además no gastamos mucho, como ya sabrás.
-Buen truco –respondí mientras asentía girándome a las preciosas vistas tras la ventana–. Tienes unas vistas preciosas desde aquí. -Contemplé los pinos con el lago de fondo, junto a aquel cielo gris, le daba un toque melancólico y triste bellísimo.
-¿Quieres verlas desde más cerca?
-¿Cómo? -Pregunté con el ceño fruncido.
Él, en un movimiento tan veloz que ni fui capaz de captar, me cargó en sus brazos diciendo que me agarrara fuertemente a su cuello, después salimos por la ventana de su cuarto a una velocidad vertiginosa.
Corría tan rápido que parecía que volábamos, pero mayor fue mi asombro cuando empezó a escalar por una gigantesca y escarpada montaña junto al lago. Llegamos a la cima sin problema alguno en menos de 1 minuto.
Me puso en el suelo cuidadosamente, mientras yo intentando recuperarme del miedo, siguiendo agarrada a él por temor a que mis piernas temblorosas no respondieran.
Contemplamos el paisaje en silencio durante un rato cuando fui capaz de mantenerme de pie sola. Era uno de las mejores vistas que había visto en bastante tiempo.
-Tienes mucha suerte de poder hacer estas cosas, esto es precioso.
-Al atardecer es mucho más bonito. Podremos verlo juntos cuanto queramos -Dijo mirándome con una gran ternura, no podía resistirme a esa mirada.
-Te parecerá extraño, pero aunque no hace mucho que nos conocemos, siento que necesito estar cerca de ti. Se me olvida lo malo, me siento segura, tranquila... Siento frío cuando no estas cerca. Es paradójico. -No pude evitar reír al reflexionar sobre mi comentario, que aún siendo absurdo, era completamente cierto. Sin él me sentía vacía, me había vuelto a hacer sonreír como hacía tiempo que no lo hacía. Después de ese pequeño silencio volví a hablar. -Necesito que estés a mi lado.
Me acerqué más para mirar sus irresistibles ojos. Tras unos segundos tuve que desviar la mirada para no convertirme en un auténtico tomate andante, y lo abracé con cuidado hundiendo la cara en su pecho, inhalando su aroma.
Cerré los ojos olvidándome de todo, menos de él y ese perfecto momento.
Al cabo de unos minutos, sentí como se separó lentamente y me agarró la barbilla levantándola cuidadosamente para besarme de forma lenta, pero apasionada. Como en uno de esos besos de película.
Aquel tiempo se me pasó volando, tan rápido como una estrella fugaz atravesando el cielo.
-¿Qué te parece si volvemos dentro? Estará empezando a hacer frío. –Sugirió mientras seguíamos estando a varios centímetros el uno del otro, abrazados.
Yo asentí, y de nuevo emprendimos un vertiginoso viaje que duró lo mismo que el anterior.
Entramos en la casa cuando habían pasado un par de horas y comenzaba a anochecer.
-Tengo que irme ya, mañana tengo que madrugar. He quedado con el del alquiler. Ha sido una gran tarde, y tu familia es encantadora.
-Te llevaré a casa, y así ya me voy al hospital: Me toca guardia. –Dijo mientras salíamos agarrados de su habitación.
Pasamos por el salón y me despedí de su familia diciéndoles lo simpáticos que me parecieron. Parecía que menos con Rosalie, todo iba bien.
Salimos de la casa y entramos en su precioso Mercedes negro. Condujo con moderación y me hizo la pregunta que temía desde que le conté lo de Ray.
-¿Qué vamos a hacer con Ray? Sabes que quiere que estés sola para poder herirte. Estoy seguro de que es una emboscada.
-Yo también. Sé que algo esta planeando, pero si no lo hago será peor. Tengo que ser consecuente, es mi problema.
-Si ocurre algo llama a nuestra casa, a mi móvil. Estaremos pendiente para que no te pase nada.
-Gracias, Carlisle. Pero no me sentiría cómoda si tuvieran que estar preocupándose de mí.
-Tranquila, será como si fuéramos vecinos simplemente. Te haremos visitas frecuentemente, tú puedes hacer lo mismo.
Suspiré y asentí. No podía evitar pensar en las cosas que se le estarían pasando por la cabeza a Ray, me daba miedo.
Seguimos hablando tras un momento, esta vez sobre cosas sin importancia, eso hizo que me relajara hasta que llegamos a casa de Jessica cuando eran más de las 10.
Salimos los dos del coche y nos detuvimos en la puerta de la entrada a la casa.
Musité un simple y seco adiós, pero tras comenzar a andar volví a girarme y lo miré confusa y nerviosa.
-Es una soberana estupidez que pregunte esto pero... ¿Estamos saliendo de forma formal?
El vampiro se acercó a mí con una sonrisa seductora a la par que divertida, y me besó como sólo él sabía hacer.
-¿Responde a tu pregunta? Quizás debería pedir permiso a tus padres.
Reí divertida ante su respuesta para contestarle con una sonrisa
-Se nota que tienes 300 años ¡Eso ya no se lleva! Además, creo que soy mayorcita para comprometerme sola. –Dije riendo mientras me acercaba para abrazarlo.
-Estoy un poco perdido en estos asuntos, es mucho tiempo el que ha pasado.
Sonreí mientras permanecía acomodada en su pecho. A pesar de que las cosas no marchaban bien, me sentía muy feliz. Tras un instante, lo besé con pasión aprovechando cada segundo. Me despedí de él y desaparecí tras la puerta, realmente contenta.
Este capítulo no es muy emocionante, es el típico que acerca al lector a los personajes, y como podréis haber comprobado, hay escenas y diálogos basados en parte de la primera película, lo repito por si alguien no se lee las advertencias XD. Gracias!
