7: VAYA SANTA CLAUS (II)

Toda la ciudad quedó escandalizada tras la misteriosa desaparición de Timmy Norton la noche del día de Navidad. Pero donde más conmoción había era en su barrio; en la vecindad habían desaparecido otros cinco niños más la misma noche, sin que ningún miembro de sus familias se percatase de ello hasta la mañana siguiente.

Las Navidades pasaron y las vidas se trataron de retomar con la mayor normalidad posible, algo que no resultaba fácil para la gente de la zona.

Al ser una vecindad tan pequeña y tan abierta a los demás, donde todo el mundo se conocía, no era raro que los desaparecidos fuesen conocidos. Una de las desaparecidas, de diez años, era amiga de Ben, y otro de los desaparecidos, de también diez años, era el hermano pequeño de la doctora Hills. Dean no lo averiguó hasta que recibió la llamada de la doctora Hills el día anterior a su siguiente consulta, diciéndole que no iba a ir al trabajo al día siguiente y que su cita pasaba a otro doctor.

- Escúcheme, doc - le interrumpió Dean, agarrando el teléfono con más firmeza - No pienso contarle todas mis mierdas a ningún otro loquero que no sea usted. Demonios, cuántos llevamos, ¿seis meses? No pienso tardar otros seis meses en cogerle confianza a otro. Esperaré.

- Pero Dean... - protestó la doctora.

- No hay más que hablar - cortó Dean, tajante.

Ninguno de los dos habló en un rato.

- ¿Como estás? ¿Y tu familia?

La doctora tardó un rato en contestar.

- No sé como estoy. Timmy desapareció, así sin más, al igual que todos esos niños, y... Dean, solo tiene diez años, es solo un crío...

Dean se mordió el labo al oír los sollozos de la doctora al otro lado del teléfono, pero decidió no interrumpirla. Sabía que no había terminado.

- Y mi padre... Mi padre se sube por las paredes - oyó resoplar a la doctora - Primero mi madre y ahora esto...

Pero Dean ya no escuchaba a la doctora. Tenía la vista fija en el resto de decoración navideña que quedaba sin recoger en la casa, y luego la paseó hasta el calendario.

Cuatro de enero. Las desapariciones habían sido más de una semana antes, pero todas el mismo día: el día de Navidad.

"Timmy y los otros niños no desaparecieron, se los llevaron. O mejor dicho, algo se los llevó".

Recordaba un caso, hacía años, en el que su padre habia trabajado, dejándoles a él y a Sam solos. Aunque personalmente no se había enfrentado a él, sabía que su padre habría recabado suficiente información sobre ello.

Tras colgar a la doctora, corrió como una exalación al cuarto de invitados, donde había estado su cama las primeras semanas y donde aún estaban sus bolsas de la ropa, ya vacías. Lisa se quedó mirándole mientras subía las escaleras como una exalación mientras Dean no podía dejar de pensar en el forro de su bolsa de deportes, donde debía estar el diario...

"Aquí estás".

Con cuidado, Dean lo sacó y volvió a cerrar la cremallera del bolsillo interno de la bolsa. Acarició el cuero de la portada casi con mimo y abrió sus páginas, buscando alguna pista, por mínima que fuese, en alguna de ellas.

Dean no se había percatado de que Lisa iba detrás de él, preocupada por su repentina carrera al piso de arriba e intrigada por lo que sea que fuese lo que estuviese leyendo. Ambos bajaron las escaleras (Dean sin apartar la vista del cuaderno) y Lisa siguió sin hacer ningún comentario mientras veía a Dean hojear cada página rápidamente antes de pasarla, pero cuando llegaron a la altura de la cocina, la mujer no pudo contenerse más.

- ¿Qué es eso?

Dean se sobresaltó. No se esperaba que Lisa le hubiese estado siguiendo.

- El viejo diario de mi padre. Tiene información de todos los casos en los que ha trabajado.

Lisa abrió los ojos con sorpresa.

- ¿Crees que las desapariciones...?

Dean la miró con gesto grave y asintió antes de volver la vista a las páginas.

"Ya te tengo, hija de puta".

Lisa también se percató de que Dean había dejado de pasar páginas.

- ¿Qué es?

- Una grýla. Y sé dónde encontrarla.

Tuvo que esperar hasta la madrugada, cuando todo el mundo se hubo acostado. Nadie, a excepción de Lisa, tenía conocimiento de su plan, y tenía que actuar con cautela. Con mucho cuidado, aguantó despierto hasta que oyó que Ben estaba dormido, y fue despacio hasta las escaleras. Una vez en el piso de abajo pudo andar más tranquilamente, pues todos dormían en el piso superior y no se enterarían de su excursión nocturna.

Al llegar al garaje, Dean se permitió un par de segundos para el reencuentro con su chica, hacía tanto que no se subía... Esperaba que no se lo tuviese en cuenta.

Cargó el maletero con la bolsa de las armas y un par de linternas de sobra, abrió la puerta del garaje y Dean y el Impala salieron a la carretera.

En las notas de su padre decía que las grýlas mostraban su verdadero aspecto a partir de medianoche hasta que el sol asomaba por el horizonte; durante el resto del tiempo, podían aparentar ser cualquier persona normal y corriente. En el diario, también decía que les gustaban los climas más fríos, pues eran originarias de Islandia, y que atraen a los niños con juguetes o chucherías. Y solo había una persona en todo el barrio que aún no había quitado las luces de Navidad de su casa.

La señora Forett era una anciana de aspecto amable que rondaba el siglo de edad. Los ojos se la tapaban casi completamente entre pliegues de piel colgando, y solo tenía cinco dientes en toda la boca, pero aun así tenía un aspecto envidiable para su edad. No tenía hijos ni nietos y vivía completamente sola.

Dean paró el coche en el parque, justo detrás de la casa; tenía que protegerse de oídos u ojos indiscretos. Cuando hubo aparcado, abrió el maletero del coche y sacó las armas que podía llegar a necesitar... y se guardó una petaca que le dio Bobby en el bolsillo, por si acaso.

Se plantó en la puerta de la señora Forett y aguardó a que le abriera después de llamar un par de veces.

- ¿D-diga? ¿Quién es?

Pese a que la voz de la anciana sonaba al otro lado de la puerta, Dean observó que esta no había dado ninguna luz para llegar a ella.

"Aquí está Jack".

- ¿Señora Forett?

- Sí, soy yo. ¿Quién pregunta?

- Soy David Thomas, técnico del gas. Hemos registrado una fuga cerca de su domicilio y me han mandado a revisar que todo estuviese en orden.

- Márchese, yo nohe llamado a nadie.

- Ya lo sabemos, señora Forett - contestó Dean con fingido tono complaciente - Pero la compañía me obliga a revisar el sistema de cualquier domicilio que suponga un peligro potencial para la vida en el hogar.

"¿De dónde saco esos palabros?".

La señora Forett no cedió.

- Muchas gracias, señor Thomas, pero aquí todo funciona perfectamente. Pásese mañana por la mañana y lo verá con sus propios ojos.

- Pero el artículo uno punto...

- Buenas noches, señor Thomas.

Dean oyó como, al otro lado de la puerta, la venerable anciana se alejaba cada vez más.

"Tú lo has querido".

Dean miró hacia la calle y los alrededores para asegurarse que no viniese nadie, y entonces dio una patada a la puerta con todas sus fuerzas con la intención de derribarla.

Funcionó.

La señora Forett chilló pero ya no podía esconderse de Dean.

- Madre del amor hermoso. Bilbo, cuánto has envejecido desde que no tienes el Anillo...

La grýla le miró con expresión amenazadora y le sacó los colmillos, unos colmillos amarillos, sucios, pero afilados y llenos de sangre. Dean no fue consciente de como su propio cuerpo le ordenaba llevarse una mano a por la petaca de Bobby, ni de como desenrrollaba el tapón ni le vertía su contenido, elixir bucal mentolado, en su fétida cara de monstruo.

El ser empezó a retorcerse y a gritar, un grito agudo y molesto que hizo que le doliesen pronto los oídos, mientras se llevaba las manos a la cara. Dean aprovechó ese momento para revisar la casa en señal de los niños.

Pronto deseó no haberlos encontrado.

La grýla había dispuesto todo un festín en el comedor. Aunque de lejos no percibió bien de qué se trataba, Dean conocía la teoría. Y, en efecto, así fue.

En medio de la mesa había una gran cacerola lleno de lo que parecía un estofado. Cuando Dean se acercó más, pudo ver ojos humanos flotando en el líquido, junto con algunas uñas enteras y lo que parecían restos de piel. Incapaz de seguir viendo más, Dean echó la cara a un lado para vomitar ante el repentino ataque de náuseas. Por suerte para él, solo fueron unas cuantas arcadas.

El ruido del vidrio al romperse contra el suelo le hizo distraer la atención del estofado y volver la vista hacia la grýla, que seguía debilitada por el elixir bucal con el que le había rocíado Dean.

"Papá tenía razón; esa cosa sabrá a rayos, pero es buena para la salud".

Aunque no lo iba a ser para la de esos pobres niños. Ni para la del hermano de la doctora Hills.

Sacudió la cabeza para dejar de pensar en eso y poder centrarse en el monstruo que había frente a él. Se llevó la mano a la estaca de madera de pino navideño que guardaba oculta en el cinto delpantalón por la parte trasera de la chaqueta y terminó con todo en apenas dos minutos más. Durante el primero, Dean se encontró disfrutando de ver como la luz se apagaba en los ojos del mosntruo, un monstruo en forma de mujer gigante deforma que le miraba con ojos lleno de malicia, sin una pizca de súplica. Recordó como había matado al demonio de la encrucijada a mediados del otoño, cuando esta le había dado una negativa para rescatar a Sammy del Infierno. Y recordó al cazador vampiro que quiso acabar, algunos años atrás, con la vida de su hermano. Cómo disfrutaba matando vampiros, con qué frialdad acababa con sus tristes existencias,... Y por eso se prometió, de ahora en adelante, hacer el trabajo de forma objetiva y profesional (aunque no sabía si iba a ser capaz de mantener su palabra).

Cuando llegó a casa, pensó que todo el mundo dormía hasta que descubrió a Lisa, a oscuras, en la cocina, tomando media taza de té. Ante la interrogadora mirada que le dirigió al verle aparecer, Dean le devolvió la mirada con tristeza y negó con la cabeza.

La taza de Lisa cayó al suelo mientras esta se tapaba la boca con las manos.


Comentario de la autora: Lo primero, no me odiéis por lo que les he hecho a los pobres niños; era un mal necesario que tendrá sus consecuencias, como ya veréis, en los próximos capítulos. Lo segundo, espero que os haya gustado este especial de Navidad en pleno Agosto; para diciembre, A Very Supernatural Summer XDD Gracias a todos los que me seguís y leéis los capítulos de la historia, y gracias igualmente por las reviews; pero por favor, que no os dé miedo: ¡en siete capítulos solo llevo dos! No muerdo, y de la grýla ya se ha encargado Dean ;) La historia de la grýla la saqué de mitos islandeses, nada que no se encuentre curioseando unos minutos en Internet. Y gracias, una vez más. ¡Estad atentos a próximos capítulos!