CAPITULO VIII. PROTEGIENDOSE DEL ENEMIGO

-¿Archivald Cornwell?

-A sus órdenes ¿Quién llama?

-Soy el Doctor Joshua Clarckson, le llamo desde Francia. Soy amigo de su hermano, Stear.

-¿Sucede algo malo? – preguntó alarmado

-Verá… si no fuese realmente grave, no lo estaría molestando…

-¡Hable ya doctor! Cualquier cosa referente a mi hermano no me puede molestar…

-Lo siento… Stear fue gravemente herido, afortunadamente su vida está fuera de peligro pero… temo que no vuelva a llevar la misma vida de antes

-¿Por qué lo dice? – preguntó con la voz quebrada

-Puede quedar paralitico… y es muy probable que en cuanto le den de alta lo enviarán de vuelta a América. De verdad, lo siento mucho…

-G…gracias… por la información, doctor – colgó el teléfono, quedándose completamente consternado.

Annie, quien de la conversación solo escuchó la parte de Archie, alarmada lo cuestionó

-¿Sucedió algo malo cariño?

Archie no aguantó más y soltó en llanto.

-¡Está muy grave! ¡Andará en una silla de ruedas de por vida!

-¡Oh Dios mío! ¿Quedó paralitico? ¿Eso te dijeron?

Archie asintió con la cabeza

-Pero – siguió hablando Annie - ¡Está vivo! ¡Y seguramente lo enviarán de vuelta a casa! ¿No te da gusto eso?

-No sé qué pensar…

Su novia lo abrazo en un tierno gesto mientras apoyaba su cabeza en su regazo, consolándolo, dándole los ánimos que necesita en estos momentos de dolor.

Archie se sentía terriblemente devastado con tan inesperada noticia. Por un lado le alegraba saber que su hermano está vivo ¡Y que regresaría pronto a casa! Pero no podía evitar pensar si valió la pena el enorme sacrificio de su hermano al asistir a tal guerra y regresar inválido. No, no se lo imaginaba pero sabía que debía ya estar preparado para apoyarlo.

Al día siguiente, Stear comenzaba a reaccionar después de estar sedado durante horas después de la cirugía.

Un tanto aturdido, intentó sentarse por impulso, pero el inevitable dolor en su torso se lo impidió.

-¡Tranquilo Cornwell! – le dijo Joshua, quien permanecía al otro extremo del pabellón escribiendo en su expediente pero mirándolo de reojo – después de lo ocurrido contigo no pretenderás echarte a correr ¿verdad?

-Lo siento… ¡Auch! ¡Como duele!

-Déjame revisarte – con tranquilidad, Joshua comenzó a revisar el estado físico del joven, pero lamentablemente no quitaba su cara de preocupación - ¿Sientes algo? – le preguntó al mismo tiempo que pinchaba la planta de sus pies

-No

-¿Ahora? – le preguntó mientras repetía la misma operación en sus muslos y pantorrillas

-No

-De acuerdo – suspiró profundamente – vendré a revisarte más tarde tus cirugías.

-Háblame con la verdad Joshua

-¿Qué quieres saber?

-Tú ya lo sabes

-Es muy pronto para darte un diagnóstico definitivo, pero las balas que alcanzaron tu cadera lesionaron tus articulaciones, ocasionando esta parálisis, que obviamente no sé decirte aún si será temporal… lo siento mucho

-No te preocupes… gracias por todo, Joshua

-Iré a ver a los demás pacientes, cuídate mucho y por favor, sigue todas las indicaciones de las enfermeras

El doctor se retiró. Stear es un chico inteligente y de inmediato se percató de su problema, además también supo rápidamente lo que eso implicaría: regresar a América.

Resignado, se recostó confortablemente, cerró los ojos y decidió no atormentarse. Desde un principio él sabía los riesgos de enlistarse en el ejército, y ahora no se permitiría ponerse a llorar. Por lo menos tenía vida, el tesoro más valioso de los humanos, vida, y con ella ahora decidiría hacer lo mejor para él mismo tanto para sus seres queridos.

Días después, su estado de salud seguía completamente igual. No mejoraba, no empeoraba, la sensibilidad en sus piernas era inexistente, pero aún así, no se permitió decaerse. Recibió una carta del General Johnson.

"Estimado Alistear Cornwell Andrew. Su desempeño en el ejército fue impecable y agradecemos mucho su espíritu de voluntad. De acuerdo a los reportes médicos que mis superiores han recibido sobre su estado de salud, han decidido que se encuentra incapacitado para seguir siendo recluta, por lo que se le enviará de vuelta a los Estados Unidos de América a la brevedad posible. Nuevamente agradecemos su participación en la Fuerza Armada. Reciba un cordial saludo"

Así de formal, así de escueta, así de hiriente.

Por primera vez, después de ese terrible ataque que lo dejara inválido, se sintió impotente, inservible. Stear tenía un espíritu de superación impresionante, pero esa carta lo desvaneció por completo.

CHICAGO

Candy perdió la capacidad de parpadear al notar la presencia de la persona más indeseable en estos momentos de tristeza.

-¡Neal!

-¡Vaya! ¡Sigues siendo una completa llorona!

-¿Qué quieres? – respondió furiosa

-Eh… yo – tímidamente se llevó la mano a la cabeza – bueno, pues… es que… no sé cómo… bueno, yo…

-¡Ay sin tantos rodeos que me quitas el tiempo!

-¿Tiempo? ¿Para qué? ¿Para lloriquear como la pobrecita niña huerfanita que siempre has sido?

-¡Déjame en paz!

-¡Pues no! Déjame decirte que hoy es tu día de suerte…

-¿Qué?

-Lo que escuchaste, Candy – le extendió el ramo de flores que llevaba consigo – estoy dispuesto a darte la oportunidad de salir conmigo

-¿Qué tú qué…? Jajajajajajajajajajaja – una incontrolable risa se apoderó de ella - ¿Qué te hace pensar que yo quiero tan "valiosa" oportunidad? – acentuó la palabra "valiosa" mofándose del chico

-¡No lo niegues tonta! Deseas tanto salir conmigo… vamos, te invito un café y conversamos

-¡No quiero! Quiero estar aquí y que tú te vayas

Neal hizo caso omiso de la orden de Candy y se sentó a un lado de ella, sí, ahí en el césped.

-¿Sabes Candy? Siempre me has parecido una revoltosa, una mocosa malcriada y mal educada… pero en el fondo, he podido apreciar que tienes bondad. Además… eres muy bonita…

-¿Me estás diciendo que… te gusto? ¡Vaya! ¡Hoy sí que fue un día lleno de sorpresas!

-¡Claro que no! Es decir… bueno, yo… ¡pues sí! ¡Me gustas y qué! ¡Y desde este momento te conviertes en mi novia!

-¿Qué yo…tú…? ¡Estas desquiciado! – se levantó de golpe, pero Neal aprovechó para sujetarla de la pantorrilla

-¡Eres mi novia y desde este momento nos quedaremos aquí a conversar y después te llevaré a la mansión para decirle a mamá!

-¡No me digas! Estoy desesperada por saber la reacción de la elegante señora Leagan al saber a su hijito mimado enamorado de una huérfana dama de establo ¡Sí! ¡Anda, vamos! – dijo sarcástica

-No me interesa si se oponen, querida Candy… ni siquiera me importa la opinión de Elisa que estoy seguro será la que pondrá el mayor grito en el cielo… tu me interesas, y mucho – se levantó y ahora la sujetó del brazo – sueño tus ojitos verdes todas las noches y yo ya me propuse que serás para mí… ¡No me importa quién se oponga! ¡Ni siquiera me interesa tu opinión! ¡Serás mi esposa y te aguantas!

-¡Suéltame! – Inútilmente intentaba zafarse de su agarre - ¿Quién te crees que eres para obligarme de esa manera?

-¡Tu dueño!

-¡Estúpido!

-¡Malcriada!

-¡Déjame en paz!

-¡Nunca!

Aprovechándose de la situación, Neal la atrajo a su cuerpo de la cintura con el propósito de besarla, pero Candy fue ahora más hábil, de un rodillazo lo empujó y le propinó un par de bofetadas.

Corriendo, huyó de aquél lugar pero ahora no tenía ni idea de donde querer refugiarse. No quería llegar aún a su apartamento ¡Diablos! ¿Qué Albert y Neal se pusieron de acuerdo para cortejarla el mismo día?

Aún así, no tuvo más opción que volver a su hogar, pues ya eran pasadas las nueve de la noche y el hambre y el sueño comenzaban a mermar en ella.

Antes de abrir su puerta, suspiró profundamente, pensando detenidamente lo que le diría a Albert ahora que lo tuviera enfrente.

-Albert, eres como un hermano para mí… no, no… Albert, esto no podría funcionar… no, no, tampoco… Albert, te quiero mucho pero eres como para mí el mejor amigo que podría tener… sí, eso es, eso le diré…

Abrió la puerta y encontró únicamente la lámpara de la antesala prendida

-Ya debió acostarse – se dirigió a la recamara que ocupaba el rubio, pero encontró la cama perfectamente vestida. Encima de allí posaba un sobre.

Temerosa, encendió la luz, se acercó a tomar el sobre y se sentó al borde de la cama.

"Querida Candy. Primero que nada, quiero que sepas que no debes preocuparte por mí. También, nuevamente me disculpo contigo a través de estas líneas por mi actitud de hace un momento. Ante todo, soy un caballero, y jamás me permitiría vivir contigo estando enamorado de ti. Sí, discúlpame por decirlo así, pero es la verdad. Necesito tiempo y espacio para reflexionar. Cuando esté preparado, te buscaré. Cuídate mucho, mi pequeña señorita Candy. Albert."

-Pero… ¿Por qué te has ido? ¡Eso no era necesario! ¡No Albert! – Rompió en llanto – pero – nuevamente leyó la última línea de la carta "Mi pequeña señorita Candy" - ¡Así me decías en Londres! ¡Albert, debes de estar ya recuperando la memoria!

Muy preocupada, saltó de la cama y salió a la calle, directo a la mansión Andrew, para hallar a Archie. Para su suerte, el chico se encontraba allí, corrió desesperada para hablarle y hacerle saber lo recientemente sucedido.

-¡Archie! ¡Oh qué bueno que te encuentro! – lo abrazó, pero ignoró completamente que el joven elegante tenía los ojos terriblemente hinchados y rojos.

-¿Qué sucede, gatita?

-¡Albert se fue! Solo me dejó una carta, pero por esa carta me queda la duda de que él ya está recuperando la memoria… Archie, si eso de verdad está ocurriendo es muy peligroso que él ande por allí a la deriva

-Te acompaño a buscarlo – tomó su chaqueta sin dudarlo un segundo – en el camino me cuentas bien que pasó.

Se subieron al automóvil y emprendieron camino. Durante el trayecto Candy le contó resumidamente lo que ocurrió.

-¿¡Que Albert te besó! – Frenó de golpe, para poder mirarla fijamente e interrogarla más - ¿Cómo se atrevió? ¡Es un sinvergüenza! ¿Cómo se aprovecha de la situación? ¡Después de que tú no has hecho otra cosa más que preocuparte por él!

-Archie, no te exaltes, solo pasó y ya… ¡Por favor ocupémonos de buscarlo y no juzgarlo!

Bufó enfadado y volvió a acelerar el auto.

-Después de todo lo entiendo… es tan fácil enamorarse de ti – Candy lo miró sorprendida - ¡Si Candy! ¡Es la verdad! Pero tienes razón, ocupémonos de buscarlo.

Después de media hora de recorrer las principales avenidas de la ciudad, Candy tuvo una idea.

-¿Sabes? ¿Por qué no vamos al zoológico? ¡Adora a los animales y estoy segura de que puede estar allí!

-¿Al zoológico? Candy, a estas horas debe estar cerrado

-¡Tu sabes cómo es Albert! Anda, vamos…

Emprendieron la marcha y ya estando afuera del lugar, se percataron de que todo era completa penumbra. Candy sin dudarlo, se aventó a la reja para trepar al otro lado.

-¿Pero qué haces? ¡Eso es peligroso!

-¡Albert es mi responsabilidad! ¡Lo sabes! No me puedo quedar tranquila al saber que él está en riesgo

-¡Pero más en riesgo te pones tu al hacer eso! ¡Candy, no! – su llamado fue inútil porque la chica ya había pasado del otro lado.

Corrió desesperada por todos los oscurecidos lugares. No hallaba más que monos, leones, tigres y cebras durmiendo plácidamente en sus respectivas jaulas.

-Dios mío, por favor, dame una señal – y la recibió pronto

A lo lejos, observó una fogata. Se acercó lentamente y allí estaba lo que tanto buscaba. De espaldas, Albert, asando unos embutidos y a un lado suyo pupett y una que otra ardillita y animal silvestre.

-¿Albert?

Se giró y tranquilamente la saludó

-Hola Candy

-Pero… ¿Qué haces aquí? Albert por Dios… sabes que puedes estar en la casa, yo no tengo problemas con eso y además…

-Calma, calma… ¿leíste la carta? Te dije que no te preocuparas por mí… y al parecer me conoces muy bien pues mira… ¡me encontraste rapidísimo! – rió complacido

-¡No es gracioso Albert! Sabes que en tu estado debes de cuidarte y...

-¿Te refieres a la amnesia? – se levantó y la tomó delicadamente de los hombros – pequeña… recuerdo todo ¡Estoy curado!

-¿Qué? ¡Por Dios! Si eso es verdad entonces deberías estar con el médico para que te revise ¡No aquí vagando!

-¿No me crees?

-No

-Pues permíteme decirte, Candy, que recuerdo muy bien a una chiquilla pecosa que gritaba "auxilio" desesperada en un viejo bote que se llevaba una cascada… recuerdo perfectamente a la misma chiquilla revoltosa que se escapaba del Colegio San Pablo para visitar a su gran amigo, Albert… recuerdo que me invitaste al festival de mayo y que al final no asististe porque…

-¡Dios mío! – Lo interrumpió y lo abrazó - ¡Es verdad! ¡Recuerdas todo eso! ¡Oh Albert, ya recuperaste tu memoria!

El rubio correspondió complacido a ese abrazo

-No quería decirte nada… desde hace días vengo recordando ciertos episodios de mi vida, pero no quería alarmarte… hoy al fin, recordé todo claramente.

-¿Y por qué decidiste irte del departamento?

Entonces, se separó del abrazo y le dio la espalda

-Te lo dije en la carta

-Pero… tu ya no eres el Albert amnésico, ahora eres el mismo Albert de siempre… quiero decir… los sentimientos del Albert de siempre son distintos a los del Albert amnésico… ¡Todo está aclarado! Ahora ya has comprendido que yo soy esa mocosa revoltosa y pecosa que consideras como una hermana, así es que ¡Vámonos! ¿Albert? ¿Me escuchaste, Albert?

-No es así, Candy – se giró nuevamente para observarla – Siempre he sido la misma persona. Pero no quiero que te preocupes o te alarmes – le regaló una arrebatadora sonrisa – nunca te pondría en una situación difícil, por eso decidí retirarme, seguir con mi vida y pensar que haré el día de mañana.

-¡Pero yo no quiero que te vayas!

-Pequeña – la tomó tiernamente por los hombros – ¡no me iré para siempre! Recuerda que el ser humano posee los más grandes dones aquí – le tocó suavemente el lado izquierdo del pecho – esos dones capaces de sobrellevar las diversas situaciones a las que la vida nos enfrenta.

-Pero… Albert…

-No te preocupes por mí – la abrazó - ¿Sabes? Mientras arreglaba mi equipaje encontré en una de tus gavetas esto – se separó de su abrazo, metió la mano a su bolsillo y sacó el objeto aún con el puño cerrado.

-¿Qué es?

Abrió el puño y dejó ver el objeto. Era el medallón del príncipe de la colina.

-Supongo que esto te pertenece debido a que los Andrew te adoptaron ¿no es así?

-Bueno, no exactamente – dijo ella tomando el medallón en sus manos – este objeto… pertenecía a mi príncipe – dijo agachando la mirada mientras se sonrojaba - ¿Recuerdas que te platiqué de él?

Albert se quedó atónito, invitó a Candy a sentarse junto a él pues ahora estaba más interesado que nunca en esa plática.

-Sí, recuerdo pero, cuéntame Candy ¿Dónde lo conociste? Eso no me lo dijiste

-En la colina de Pony… me impresionó mucho su vestimenta… se veía realmente guapo con su kilt escocés – dijo ensoñada

"¡Rayos! ¡Es ella! ¡Sí es ella!"

-¿Sucede algo Albert? De repente te noto distraído

-No, nada pequeña – se levantó nuevamente – discúlpame por haber tomado tu broche… es que, pensaba devolvértelo junto con otro regalo…

-¡No hay problema!

-Oye por cierto ¿Viniste sola?

-¡Dios mío! ¡Archie está allá afuera! ¡Oh ya debe estar odiándome!

-Jajajajaja – Albert rió con ganas - ¡Siempre tan despistada! Te acompaño a la salida

-¿Y tú? ¿Pasarás aquí la noche? Albert, reconsidera mí…

-Ya hablamos de eso. Te buscaré después Candy.

Le besó tiernamente la frente y la acompañó a la salida, donde permanecía Archie ya un poco hastiado.

Se despidieron, caballerosamente la ayudó a trepar la reja y Candy salió corriendo para alcanzar a Archie. Le hizo saber que Albert se encontraba muy bien, bueno, en realidad le contó la mayor parte de lo que platicaron, y ya mas tranquilamente se retiraron.

NUEVA YORK

Fue una noche estupenda, como lo eran comúnmente todas esas noches de fin de semana en cada una de las presentaciones de "Romeo y Julieta"

Terry disfrutaba encantado las ovaciones de su público, y cada vez su actuación era mucho mejor, como si no fuera ya perfecta, pero la realidad es que así era.

Teniendo una vida profesional dichosa, habiendo arreglado la situación con Susana y teniendo el cariño de su familia más cercana, parecería que estuviera completo, pero no. Le faltaba una cosa pero no por eso menos importante: el amor. Y Terry estaba completamente dispuesto a luchar por él.

Totalmente inspirado, se sentó a redactar una larga y romántica carta para la musa de su vida, para la chica que soñaba cada noche y en la cual pensaba las veinticuatro horas del día con todo y minutos y segundos incluidos.

"Querida Candy. ¿Qué sucede cuando tengo en mis manos papel y tinta con la disposición de escribirte? Pues sucede que todas las frases hermosas que salen de mi corazón hacia mis pensamientos se bloquean debido a que son miles y quisiera decírtelas en un segundo…, querida pecosa, aún no entiendo porque te marchaste aquella noche dejándome tan desolado, pero quiero que sepas que estoy dispuesto a luchar por ti, que mi corazón no conoce ni jamás conocerá otro amor que el que te tengo a ti. Por favor, en cuanto recibas esta carta respóndeme… lo relativo a Susana ya está aclarado. Ahora podemos disfrutar de nuestro amor sin obstáculos, sin remordimientos…

Siempre guardaré en mi memoria el regalo más hermoso que he tenido en la vida, y ese, me lo has dado tú, pequeña pecosa, esa dulce noche en la que juntos descubrimos la más maravillosa manera de mostrarnos nuestros más profundos sentimientos, y gracias a esa hermosa noche en la que me regalaste tu ternura e inocencia es que no puedo permitirme dejar de luchar por ti, por reconquistarte, porque estés a mi lado para siempre, porque cada día amanezcas en mi lecho, enredada en mis brazos después de haberte hecho el amor desenfrenadamente.

Te amo… Siempre mía, siempre tuyo, siempre nuestro… recuérdalo…

Terrence G. Grandchester"

Al día siguiente, a primera hora, depositó la carta en el correo postal, apostando por un futuro perfecto, junto a la persona que mas deseaba estuviese con él toda la vida.

Continuará…

Hola mis preciosas lectoras! Primero que nada, les voy a aclarar dos puntos de este capítulo que creo son importantes.

-La frase que utiliza Albert en la carta "Mi pequeña señorita Candy" yo sé que en la serie jamás la nombra así! Pero me vi en la necesidad de usar esto para hacer que Candy se percatara de que ya estaba recuperándose de la amnesia. Espero lo hayan entendido.

-El segundo punto es en la carta de Terry (aahhh suspiro, me imagino que me la escribe a mi jejeje) la frase al final "siempre mía, siempre tuyo, siempre nuestro" me la copié de la película "sex and the city" pues desde la primera vez que la escuché también me arrancó mil suspiros ¿Qué les pareció?

Y ahora voy a lo mero mero importante. Mi examen profesional es el 31 de octubre, por lo que ya me estoy preparando casi casi aprendiéndome la tesis de memoria! Entonces… las actualizaciones de este fic se retrasarán un poco más de aquí hasta esa fecha. Como ya tengo la idea de la historia armada en la mente, no quiero postergarla y que después se me olvide… por lo que a ratitos libres escribiré, pero no actualizaré rápido por ahora. Bien pues, sobre advertencia no hay engaño, les agradezco infinitamente el tiempo que se toman en leer y comentar, saben que esto no sería posible sin ustedes y sin el ánimo que me dan para idear más cosas! Muchas de ustedes ya saben donde localizarme en facebook para estar más en contacto, las quiero mucho y nos leemos próximamente!