Basado en Naruto

Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

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Recuerdos perdidos

Naruto subió lentamente las escaleras y se detuvo ante la puerta del baño, llevándose una mano al pecho. Le dolía enormemente, como si al acostarse con Sasuke se hubiera desgarrado algo en su interior. No importaba que el moreno hubiese tratado de quitarle importancia, lo que había pasado no estaba bien y lo sabía. Abrió lentamente la puerta del baño, asomando temeroso la cabeza, y lo primero que notó fue el denso vapor que envolvía el ambiente, dándole una sensación de molesta pesadez. Abrió la pequeña ventana para que entrase un poco de aire fresco y se acercó a la bañera, donde Sasuke se había quedado dormido, recostado contra el borde de la tina en la misma posición que lo había dejado. Sonrió tiernamente y le apartó con la mano los cabellos húmedos que se adherían a su rostro. Se sonrojó un poco cuando el Uchiha abrió los ojos, descubriendo aquella involuntaria muestra de cariño.

Sasuke intentó incorporarse al ver a Naruto sentado en el borde de la bañera, junto a él. Por un segundo se había olvidado de que el cuerpo no le respondía. Todos los momentos acabados de vivir junto al rubio volvieron con rapidez a su mente, recordándole su actual estado de confusión. Tenía tantas preguntas que hacerle a su compañero que no sabía por cual empezar. Ni si quiera estaba seguro de querer saber las respuestas.

Naruto sacó al moreno de la bañera y le secó con cuidado, en un silencio incómodo que no sabía como romper. Le puso los boxers y la camiseta, y envolvió la cabellera azabache con la toalla, dejando que esta absorbiera el agua. En cierta medida le agradaba tener a Sasuke así de indefenso, siempre era tan independiente y altivo que nunca imaginó poder cuidar de él de esa manera. Por una vez, podía ser él quien se mostraba claramente más fuerte, quien podía, de algún modo, protegerle. Pero era un consuelo demasiado pobre para lo mucho que le dolía el haberlo perdido.

-¿Puedo hacerte una pregunta?- inquirió al fin el Uchiha, rompiendo el desagradable mutismo en que se encontraban sumergidos.

Naruto se mordió el labio inferior. Si le pedía permiso es que iba a ser una pregunta que no le iba a gustar, pero no podía negarse.

-Claro- respondió, fingiendo un tono alegre. Agradeció encontrarse de espaldas al moreno, porque de seguro que su expresión le delataba.

-Tú… ¿eres gay?- inquirió Sasuke.

La toalla se le cayó a Naruto de entre las manos, sorprendido ante lo directa que había sido la pregunta. El Uchiha no solía hablar mucho de cosas personales, ni propias ni ajenas. Aquello le daba una idea de lo absolutamente perdido que se encontraba. El corazón le dio otra traicionera y dolorosa punzada, instándolo a rodear al desvalido Sasuke con sus brazos y reconfortarlo. Necesitó de toda su fuerza de voluntad para no hacerlo.

Naruto se detuvo a pensarlo un instante. No le atraían los hombres en general, pero se había enamorado locamente de Sasuke, y después de lo que acababa de pasar…

-Supongo que sí- respondió el rubio con voz ahogada, mientras intentaba recuperar la compostura. No tenía motivos para continuar situado tras Sasuke, pero no podía mirarle a la cara, seguro que sus emociones se reflejaban claramente en sus expresivos ojos azules.

-¿Y Sakura?- preguntó entonces el Uchiha, sin hacer nada por ocultar su curiosidad.

Lo último que recordaba él del dobe era que se pasaba el día persiguiendo y atosigando a la pelirrosa, intentando que esta le prestase un mínimo de atención. Le vino a la cabeza la conversación que había tenido con la chica, y una extraña sensación se acomodó en su pecho al pensar que podía ser Naruto la persona de la que se había enamorado. ¿Eso era miedo? Tal vez fuera egoísta, pero no quería que ellos dos… La respuesta del rubio interrumpió sus pensamientos.

-Sakura es preciosa- afirmó el rubio con orgullo-, pero nunca he estado realmente enamorado de ella…- aclaró, al parecer divertido ante la idea. Le había costado darse cuenta de que la pelirrosa era para él como la hermana que nunca tuvo, pero en cuanto lo comprendió, la idea de enamorarse de ella le pareció un poco ridícula.

-Pero cuando éramos pequeños, tú…- insistió el moreno.

-¿Y que querías que hiciese, Sasuke?- interrumpió Naruto- ¿Qué fuera por ahí gritando que me había enamorado de mi mejor amigo?- se calló bruscamente al darse cuenta de lo que acababa de decir. Sin duda Sasuke sabía que siempre le había considerado su mejor amigo. Intentó añadir algo que le ayudase a salir de la situación- No era tan fuerte ni tan valiente, ya aguantaba suficientes desprecios como para añadir innecesariamente uno más a la lista- fue lo más coherente que fue capaz de decir, bajando la voz hasta convertirla en un ahogado susurro.

-Lo siento…- se disculpó el moreno.

-No importa Sasuke, todo eso es cosa del pasado- respondió tajante, viendo una vía de escape a su metedura de pata.

El Uchiha volvió a notar el mismo vacío, la misma sensación de malestar que cuando Naruto le había dicho que lo del baño no había sido más que algo pasajero y sin importancia. Aceptó aquellas palabras con un leve cabeceo, el kitsune no parecía cómodo con el tema y él no era capaz de confesar que él no estaba todo olvidado.

-¿Y yo?- preguntó Sasuke, en un intento de dejar de pensar en Naruto.

Naruto cogió los pantalones de su amigo y lo sentó en la taza del váter para podérselos colocar. El Uchiha hizo una mueca inconsciente al recordar lo mucho que dependía de otros que al rubio no le pasó por alto.

-Tú… ¿Qué?- inquirió Naruto. Estaba tan absorto intentando parecer natural, intentando que no le aplastara el peso de lo que sentía por el moreno ahora que tenía que toquetear una vez más su cuerpo, que había perdido un poco el hilo de la conversación.

-¿Yo también soy gay?- aclaró Sasuke, ladeando la cabeza para clavar su profunda mirada en Naruto.

-No lo sé…- respondió el rubio con sencillez. Lo cierto es que no conocía demasiado la vida del Uchiha más allá de los últimos cuatro meses que había pasado encerrado en el laboratorio- No sé tanto de ti- se excusó.

-Sabes más que yo- replicó Sasuke con amargura, echando la cabeza hacia atrás en un gesto que pretendía controlar la rabia.

Naruto contuvo la respiración. De nuevo aquella insoportable sensación de culpa se instalaba con firmeza en cada una de sus células. No importaba lo que dijese Sai, él era responsable, y no sabía como compensar a Sasuke por ello. Si tan sólo le hubiese hecho caso…

Los dos chicos bajaron a desayunar. Ninguno de ellos volvió a sacar el tema. De hecho, pasaron más de una hora sin ser capaces de dirigirse una sola palabra. Estaban sentados en el sofá, con toda la distancia de este entre medio de ellos dos, fingiendo escuchar atentamente un programa de la televisión que a ninguno le interesaba.

Sasuke se estaba poniendo cada vez más nervioso, con el tic-tac del antiguo reloj de la pared recordándole lo lentos que transcurrían los minutos en aquella tensa situación. No le gustaba que el dobe le ignorase, no le gustaba sentirse vulnerable ante su presencia.

-¿Por qué no salimos a dar una vuelta?- preguntó el Uchiha, buscando una escapatoria de aquel ambiente insoportable.

Naruto le dedicó una mirada indescifrable. Por primera vez desde que recordaba no era capaz de averiguar lo que pasaba por aquella rubia cabecita, y eso era algo que tampoco le gustaba. Siempre se había sentido orgulloso de poder adivinar lo que solía pensar Naruto, le daba seguridad esa sensación de tenerle controlado. ¿Tanto había cambiado que se había vuelto completamente inaccesible para él?

-No creo que sea buena idea- respondió Naruto, cambiando el canal del televisor con aspecto distraído.

-¿Por qué?- quiso saber, y su voz sonó un tanto a la defensiva, captando la atención del rubio.

Naruto suspiró. No podía decirle que le dolería demasiado pasear por Konoha de su mano sin que eso tuviera ningún significado. Mientras sufría toda clase de tortuosas pruebas en el laboratorio de Orochimaru, le gustaba fantasear con lo que podía suceder si alguna vez salía de allí. Había imaginado demasiadas veces que cuando él y Sasuke volviera a la aldea, con el tiempo, podrían pasear su amor como cualquier otra pareja, y no quería transformar aquella tonta esperanza en un acto vacío. Si algún día paseaban cogidos de las manos, quería que fuera por amor, no por simple necesidad de arrastrar el aturdido cuerpo de Sasuke.

-No creo que sea buena idea- improvisó- No estaría bien que el heredero del noble clan Uchiha se pasee de la mano de un demonio- añadió, con una sonrisa zorruna de circunstancias. Ya había aceptado que había gente en la aldea que nunca le miraría con buenos ojos, y le daba igual. Las personas que eran importantes para él le querían igualmente.

-¿Un… demonio?- repitió Sasuke, y no puedo evitar que la sorpresa se reflejase claramente en su voz.

Sólo entonces Naruto cayó en la cuenta de que, al partir de la aldea, su amigo aún no sabía que tenía a Kyuubi sellado en su interior. Esbozó una sonrisa inconsciente al recordar las discusiones tontas que habían mantenido el demonio de nueve colas y Sasuke. No se llevaban demasiado bien, pero se respetaban mutuamente. En cierta manera se parecían un poco.

-Sí… ¿Has oído hablar del zorro de nueve colas?- preguntó el rubio, contento de tener un tema de conversación relativamente seguro y que ayudase a salir de la incómoda situación en que se encontraban. Con un poco de suerte, podía aferrarse a eso hasta que Kakashi llegase a relevarle.

Sasuke le dirigió una mirada de prepotencia. El usutatonkachi parecía creer que por perder algunos de sus recuerdos se había vuelto idiota. Iba a responder con su habitual sarcasmo punzante, pero el gesto de Naruto pidiéndole paz le hizo callarse.

-Vale, ya sé que no eres un niño pequeño- se disculpó al recordar su comentario mordaz en el baño-. Pues resulta que hace veintiún años, cuando Kyuubi asolaba Konoha sin piedad…

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Naruto llegó a entrenar con más ganas que nunca. Necesitaba recuperarse del agotamiento emocional que le producía Sasuke, y pensaba que machacar el cuerpo hasta caer rendido sería un merecido descanso. Sakura estaba sentada sobre la barandilla del puente en una pose de lo más coqueta, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, dejando que los rallos del sol acariciasen su rostro. Sai estaba sentado en el suelo, justo frente a la chica, entretenido con uno de sus tantos dibujos, al parecer ajeno a todo lo demás. Se acercó a ellos sin que ninguno diese muestras de haber notado su presencia, y se colocó junto a Sai, intentando espiar lo que dibujaba con tanto interés. El moreno ladeó el dibujo, para que pudiese verlo mejor, dejando claro que sí había notado su llegada.

Naruto pasó por todas las gamas del rojo al contemplar los delicados trazos. Sai siempre les dibujaba mucho a él y a Sasuke, habían sido sus dos primeros amigos, pero nunca sin ropa y menos en el baño del Uchiha en una pose tan altamente indecorosa. Miró con preocupación a Sakura, pero la chica continuaba absorta en tomar el sol. Con un movimiento veloz, se hizo con la lámina en la que estaba dibujando el moreno, escondiéndola posesivamente a su espalda.

Sai le miró confundido durante unos instantes, pero enseguida esbozó una sonrisa, tomándose aquello como un juego. Estiró los brazos para recuperar el papel y pronto estuvieron metidos en una silenciosa pelea por hacerse con la arrugada lámina. Sai, quien tenía en esos momentos la posesión del particular trofeo, dio un alegre saltito atrás.

Naruto le siguió, irritado. ¿No se daba cuenta de que cualquiera podía ver aquel dibujo? El anbu seguía siendo un inconsciente. Se puso de puntillas, y se estiró cuanto pudo, tratando de alcanzar la mano que Sai mantenía estirada tras de si a todo lo que le daba. Y entonces sucedió. La madera emitió un crujido, una especie de profundo lamento en señal de protesta por el peso que se estaba depositando sobre aquella vieja rama del puente, y los dos chicos fueron a parar de cabeza al río. Naruto se revolvió y sacó la cabeza del agua, mientras movía repetidamente los brazos para mantenerse a flote y tomaba aire en grandes bocanadas.

El alborozo sacó a Sakura de su aletargamiento, quien se desperezó sin ninguna clase de disimulo. Bajó de un saltito de la cerca, colocándose bien la falda.

-Ah, Naruto, ya has llegado- saludó alegremente la pelirrosa, al parecer sin dar más importancia al hecho de que los dos chicos se encontrasen en el río, con parte de la barandilla del puente rota flotando junto a ellos- Creo que me he dormido- confesó, sacando la lengua mientras se encogía un poco en un gesto avergonzado.

-Hola Sakura-chan- la saludó Naruto con el mismo entusiasmo, contemplando más tranquilo como el agua empapaba el dibujo de Sai y se llevaba en gruesos regueros de tinta sus trazos.

-¿Cómo está Sasuke?- preguntó la chica con una sonrisa.

-Bueno, no en sus mejores momentos, ni con su mejor humor… pero se le pasará tan pronto como recupere la movilidad- anunció, fingiéndose experto en la materia. Eso era lo que le había asegurado Tsunade y él, a pesar de todo, confiaba en la vieja.

Sólo entonces Sakura reparó en la expresión aturdida de su compañero anbu, que había permanecido estático y en silencio durante toda la conversación.

-¿Sai?- le llamó, un poco preocupada.

También Naruto le prestó entonces atención, y se dio cuenta de su mirada clavada en el cauce del río, de sus músculos agarrotados y su mandíbula apretada.

-¿Sai?- pronunció también el rubio, con alarma. Le zarandeó con energías, intentando hacerle reaccionar.

-Mi… cuaderno…- susurró el moreno con voz temblorosa, mientras tendía una mano y abría y cerraba los dedos, como si pretendiera alcanzar algo. De pronto el brazo le cayó a un lado, dejando su cuerpo tan lacio que Naruto lo sujetó presuroso, temiendo que se hundiera.

Sai dejó escapar un sollozo, lento y lastimero. Su cuaderno era su posesión más preciada, el único recuerdo que conservaba de su infancia, el tesoro donde había plasmado los dibujos de su hermano y, más recientemente, de sus amigos. Toda su vida estaba representada en aquellos trozos de papel. Sintió algo extraño humedeciendo sus ojos, y dedujo que aquello debían ser lágrimas.

Sus dos compañeros le miraron preocupados. No sólo sabían lo mucho que le importaba al anbu su cuaderno, también era la primera vez que le veían aquella expresión de tristeza en su rostro.

-Sácalo del agua- indicó Sakura al rubio, en tono autoritario, y al acto se zambulló en el río, siguiendo sus aguas corriente abajo tan rápido como podía.

Naruto hizo lo que le pedían, arrastrando el cuerpo de Sai hasta la orilla. El moreno parecía haberse quedado sin fuerzas, todos los músculos laxos y la expresión perdida.

-Sai- le llamó el rubio, mientras daba unos suaves golpecitos en su mejilla- Sai ¿estás bien?- preguntó, con creciente alarma al no obtener ninguna reacción de su amigo- Sai, sólo es un cuaderno- se exasperó el rubio, al ver que estaba en una especie de shock.

El anbu parpadeó un par de veces antes de enfocarle y esbozar una de aquellas sonrisas que tan falsas parecían.

-Tienes razón, sólo es un cuaderno- convino, mientras se ponía en pie y agitaba los brazos, para escurrirse un poco el agua.

-Pero para ti era importante- razonó una voz femenina tras los dos chicos.

Se volvieron para encontrarse con su compañera de equipo, que, chorreando al igual que ellos, le tendió al anbu el cuaderno, empapado y con varias hojas destrozadas.

Sai lo tomó con cuidado y pasó algunas de las páginas. Sólo quedaban algunos borrones de tinta donde antes había hermosos dibujos. Volvió a sentir aquel extraño escozor en los ojos, acompañado de una presión casi insoportable en el pecho. Si aquello era llorar, entonces la sensación no le gustaba nada.

-Lo siento, no he podido recuperarlo antes- se lamentó Sakura, mientras desviaba apenada la vista hacia el suelo.

-No importa, de verdad, no es más que un cuaderno- volvió a repetir Sai.

Para sus dos compañeros, fue más que evidente que necesitaba más convencerse a si mismo que a ellos. Asintieron con un leve cabeceo.

-Vamos a entrenar, Kakashi-sensei dijo que hoy debemos practicar taijutsu. Os voy a machacar a ambos- exclamó el anbu fanfarroneando, con aquella falsa alegría que solía caracterizarle. Tiró con aspecto despreocupado lo que quedaba de su cuaderno, queriendo deshacerse de aquella horrible sensación de malestar que le producía- No es… más que un cuaderno- volvió a repetir, mientras empezaba a acumular chackra para la inminente pelea.

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-Mmm- rompió el silencio el enésimo gemido de aquella noche.

Sasuke apretó los ojos con fuerza, como si de ese modo pudiese escapar de la escena que sucedía a su lado. Kakashi le había agotado, cumpliendo la mar de entusiasmado las indicaciones de Tsunade de utilizarle como diana, y ahora tenía ganas de descansar. Cosa bastante difícil con sus dos senseis a su lado.

-Kakashi no tan fuerte, que me haces daño- protestó Iruka.

-Eso es porque estás muy tenso- ronroneó el peliplateado con voz seductora.

-¡Eso es porque eres muy poco cuidadoso!- reprochó Iruka, sin dejarse enredar por aquel tonito sugerente.

-Shhh- instó Kakashi- Que vas a despertar a Sasuke- le regañó.

-¿Pero tú crees que puedo dormir con este escándalo?- espetó el Uchiha, ya perdida la paciencia.

-¿Lo ves?- se jactó el peliplateado, con lo que recibió un coscorrón por parte de su novio, que acababa de darse media vuelta para encararle enojado. Había sido precisamente Iruka el primero en insistir en no hacer aquello porque despertarían a su ex alumno- ¡Auch!- protestó exageradamente, mientras se frotaba el golpe. Así le gustaba a él Iruka, impetuoso y fogoso como sólo su chuunin sabía ser.

-Te lo dije- le reprochó el castaño con cierto enojo.

-¿Por qué no dormís de una vez?- preguntó el Uchiha, molesto. No veía el momento de recuperarse y librarse de aquella forzosa compañía que le habían impuesto.

-No te enfades Sasu-chan, que luego te lo haré a ti también- ofreció alegremente Kakashi- ¡Aunch!- volvió a exclamar, cuando Iruka le pegó de nuevo.

-Te he dicho que no le llames Sasu-chan- le reprendió el otro sensei. Terminó de incorporarse para mirar a su ex alumno, tumbado en el futon de al lado, con cara de culpabilidad. Sabía que Kakashi le había dado la lata todo el día hasta que él llegó de la academia, así que se imaginaba que estaría agotado- Sasuke no tiene cara de querer un masaje- informó, al ver su mirada soñolienta- Túmbate y estate quietecito- añadió, dirigiéndose a su revoltoso novio.

-Da igual, ya me he desvelado- se resignó el moreno con un suspiro. Al parecer Kakashi no había cambiado nada, seguía tan feliz y movido como cuando él se fue de la villa- Vosotros… ¿hace mucho que sois pareja?- inquirió.

-Unos cuatro años que mi Iru-chan no puede vivir sin mí- respondió alegremente el peliplateado.

-Y la gente… ¿se lo toma bien?- preguntó Sasuke. Recordaba las palabras de Naruto diciendo que no quería dar a los aldeanos otro motivo para meterse con él.

-La mayoría lo acepta bien, aunque siempre hay gente para todo- respondió Iruka, con un poco de tristeza al recordar algunas de las situaciones tensas que habían pasado.

-Sí, los vecinos suelen tomárselo bastante mal cuando por las noches hago que Iruka gima sin parar- añadió orgulloso el peliplateado- Y eso que antes era muy vergonzoso.

-Kakashi…- advirtió Iruka, con un tono peligroso, molesto ante el tono íntimo que estaba tomando la conversación.

-¿Quieres que te cuente como lo hago? Primero le…

Un puño impactando con fuerza en su cabeza le impidió seguir hablando, y tras una breve discusión entre los dos, y la contundente amenaza de dormir en el sofá durante toda una semana, Kakashi aceptó dejar el tema.

Por fin la casa quedó en silencio, y Sasuke pudo cerrar los ojos y relajarse. Le volvieron a la mente las imágenes que le acompañaban a veces en sueños, aunque esta vez con mucha más claridad: unos hermosos ojos azules entrecerrándose de deseo, la voz de Naruto suspirando su nombre, su boca buscando hambrienta la de su compañero. Ahora sabía quien era el que ocupaba aquellas sensuales fantasías. No había podido sacarse al rubio de la cabeza. Sus manos sobre su cuerpo, la humedad de su piel, el delicioso sabor de su boca, la calidez de su interior… El corazón se le aceleraba en el pecho al recordar el ansioso beso que le había regalado, al rememorar sus leguas buscándose en una ardiente danza. No sabía si era cosa del pasado o del presente, pero se había enamorado de Naruto.

Incapaz de dormir, abrió los ojos para observar a sus dos senseis. Por fin Kakashi parecía haber caído en brazos del sueño, con Iruka tiernamente recostado sobre su pecho, rodeado por los protectores brazos del jounin. Sonrió con cierta amargura, le daban un poco de envidia. Si él pudiera tener así a Naruto, nadie volvería a molestarle por ser un demonio, o por escoger a un chico como pareja. Él le protegería de los desprecios, del dolor y de todo cuanto pudiera hacerle daño en el mundo. Suspiró. No sabía nada de su vida, pero tenía una cosa clara: quería construir sus nuevos recuerdos junto a Naruto, y pensar que el revoltoso kitsune no estaba dispuesto a estar a su lado dolía. Dolía mucho.