CAPÍTULO 8
LA CARTA DENTRO DEL ESPEJO
Los dos nos sorprendimos de inmediato. Nos paramos del asiento para ver afuera la la dirección por donde había volado la carta. Sabía que algo estaba mal, muy mal. No podía haber regresado. Sin embargo, ahí estaba.
-Esta sensación,- dijiste.
-No puede ser,- revelé lo que tenía en mente.
Nos pusimos muy ansiosos. Esta cosa tenía que bajar ya, y teníamos que salir. Ni siquiera nos miramos. Estabamos demasiado consernados con nosotros mismos con esa aflicción del regreso se esa presencia. No era muy buen augurio. Finalmente, vimos como los niños empezaban a bajar con despacio, las parejas dándose la mano para dar soporte. Sé que tú también lo notaste. Pero claro, no dijimos nada. Por fin, llegó nuestro turno.
-Tengan cuidado al bajar,- dijo el señor que estaba en la entrada de la rueda de la fortuna, pero tú saliste como rayo y yo también. Bajamos las escaleras y volteamos para los dos lados. Entonces, los dos sentimos la dirección al mismo tiempo.
-¡Corre!- decía mientras corríamos. Teníamos que llegar pronto a la respuesta a este evento tan extraño.
Finalmente, llegamos a la Casa de los Espejos. -La presencia se siente en este lugar,- dije.
-Sí.-
Con un aire de determinación, dije, -Vamos.-
Recorrimos un poco por el laberinto, y seguimos lo que nuestros sentidos nos decían. De repente, te paraste y me volteaste a ver mientras me preguntabas con ansias de respuestas, -Syaoran, ¿tú crees que esta presencia sea de...?-
-Sí, no puedo equivocarme.- Me dolía decirlo, pero tenía que. -Es la misma presencia de una Carta Clow.-
-Pero si reunimos todas las cartas. ¿Por qué está pasando esto?-
-No tengo idea, pero la presencia que sentí hace cuatro días resultó ser una Carta Clow.- Bajé mi mirada. -Si me hubiera enterado que sucedería esto, me habría traído mi tablero.-
De repente, hubo un sonido extraño.
-¿Qué fue eso?- preguntasté mientras volteabas. Y empezaste a correr, así que yo te seguí. Después de cruzar más pasillos de reflejos, vimos a una niña de pelo castaño muy largo, con un vestido extraño pero de alguna manera mágico, y con alas grandes que parecían salir de la cabeza de la joven.
De repente, vi sus ojos. Eran de un gris muy blanco, y me representaban algo muy malo. Pero algo era seguro: ella era un Carta.
-Usa la carta para cruzar,- te dije de repente, -así atraveserás el espejo.-
Rápidamente, empezaste a buscar en tu bolsita azul. Moviste algunas cartas, y de repente, exclamaste, -No está, ¡no está la carta para atraveza!-
-No, eso no puede ser.-
De repente, la niña dentro del espejo hablo: -Devuelveme...a todos mis amigos.-
Casi de inmediato, tres de tus cartas salieron y fueron como bala hacia el espejo. Atravesaron el espejo como si éste hubiera sido agua.
No sabía que hacer. Nunca había peleado con alguien que estaba dentro de un espejo. Pero de repente, sacaste tú una carta e invocaste sus poderes, mientras gritabas, -¡Bosque!-
Muchos lazos de la carta salían disparadas hacia el espejo, pero solo consiguieron ser rebotadas. Y después, la Carta Bosque sufrró lo mismo y atravesó el espejo. Y después de eso, la niña desapareció. Corrimos hacía el espejo, ¡no podía ser cierto!
-No está,- dijiste con un tono de tristeza.
-No,- respondí, -tampoco se siente su presencia.-
Me volteaste a ver. -Esto está mal. Perdí cinco cartas. ¡Me las robó! ¿Qué vamos a hacer?-
Gruñí un poco. -No sé. Lo importante es ahora salir de aquí. Tienes que estar asalvo.-
-No, no, tenemo que buscarla...-
-Sakura, escucha,- dije mientras te agarraba el hombro. -No sabemos por qué está pasando esto, y a mí no me está dando gusto. No podemos ir a buscar a algo que desconocemos totalmente. Hay que ir y preguntarle a Kerberos, él debe saber que rayos pasa.-
-Kero, ¡claro!- Y con eso, nos fuimos de la Casa de los Espejos. Encontramos a las otras dos niñas, que parecían muy angustiadas porque no nos encontraban. Explicamos rápidamente la situación mientras nos encaminabamos a la casa de Daidouji, pues ahí yo y Mei Ling ibamos dormir, pero por última vez por suerte.
-Hasta luego, Sakura,- dijo Tomoyo. -Que tengas mucho cuidado.-
-Claro, claro.-
-Buena suerte con esa carta, Kinomoto,- dijo Mei Ling. Tu asentiste con la cabeza. Las dos niñas empezaron a entrar a la gran casa, cuando de repente, Mei Ling se percató que yo seguía a lado tuyo. -Hey, Syaoran, ¿vienes o qué?-
-Voy a acompañar a Sakura a su casa,- confesé. Fue tanto una sorpresa para Mei Ling como ti. No estaba planeado. Se me acababa de ocurrir.
-Bueno, pero regresa pronto.-
-De acuerdo.- Y ya por fin se metieron. Me volteé a verte. Tus ojos advertían miedo. Yo di una cálida sonrisa, y dije, -No te preocupes, Sakura. Encontraremos una manera de resolver este enigma.-
Asentiste, y entonces diste una tímida sonrisa. Empezamos a caminar. A los cinco pasos, yo puse mis manos dentro de los bolsillos de mis pantalones, y cinco pasos después de esto, tu me abrazaste un brazo. Te volteé a ver, y tú me diste una gran sonrisa, aunque podía ver que te sonrojabas. Yo empezaba a hacer lo mismo.
-Gracias por escucharme en la rueda de la fortuna,- dijiste cálidamente.
Me sonrojé y sonreí. Era bueno escuchar esa tierna voz de nuevo. -¿Entonces ya por fin me creíste que realmente te quiero mucho?-
-Supongo que sí,- dijiste. Te sonrojaste más y volteaste al suelo.
-Y dicen que yo soy el tímido,- dije en un tono bajo, y entonces de echaste a reír. Estabas muy risueña, y me gustaba que hubieras regresado la normalidad y sonrieras de nuevo. Pero de repente, me jalaste hacía ti con una fuerza que nunca me hubiera imaginado. Mi cara se encontró con la tuya, y como un rayo, igual de inesperado, rápido, y electrizante, me lancé y te besé. No tenía todo el crédito, pues antes de hacerlo ya sabía que planeabas lo mismo.
No tengo idea de cuánto duramos bajo el sol, pero los dos teníamos en la mente que eso no importaba para nada. Lo único real eras tú.
