Gracias a todos por sus comentarios. Ha pasado mucho tiempo desde que empecé este fic y lo he retomado gracias al correo que Uds. me han hecho llegar pidiendo que lo continúe. Es maravilloso el sentimiento de que realmente les gusta mi trabajo y que vale la pena poner esfuerzo en escribirlo. Espero no decepcionarlos. Saludos a México, donde he tenido oportunidad de vivir hace varios años.
Capítulo 8
Los escalones de mármol labrado conducían a una estancia, y luego a otra. Era como subir una escalera hacia las nubes, con guardaespaldas vestidos en finos trajes negros en cada una de las salas, abriendo las puertas hacia las siguientes escaleras. Finalmente llegaron donde unas blancas columnas de marfil sostenían la antecámara a la sala. Los suntuosos cuadros de artistas renombrados colgaban a ambos lados de la estancia. Era de lejos la más decorada de todas las que habían atravesado. Una gran puerta de madera de cedro labrada se abrió para dar paso a Sesshoumaru y a sus acompañantes.
La hermosa y altiva mujer se sentó orgullosa en un sillón acorde a su personalidad. Se veía claramente que había sido diseñado especialmente para ella y para su uso exclusivo. Con detenida atención observaba a los recién llegados, especialmente a la joven Rin, quien contemplaba con extrema curiosidad los detalles arquitectónicos de la mansión.
-Sesshoumaru, no que odiabas estar con "simples" personas –dijo la madre sin dejar de mirar a Rin –o es que aún no has acabado de "saciarte".
-Mi padre te dio la clave para acceder al poder –respondió impávido Sesshoumaru ignorando el comentario de su madre.
-Así es –respondió ella- sólo necesitas este medallón, la piedra Meido –dijo mientras le enseñaba el hermoso pendiente de oro con una hermosa piedra ovalada tornazul que colgaba de su cuello –pero también tu padre mencionó que tener todo el poder para tí era peligroso. – y luego añadió melosamente -Así que estoy preocupada.
-Palabras falsas– respondió Sesshoumaru sin emoción alguna.
-Entonces creo que me entrentendré un rato –dijo suavemente.
Y de pronto aparecen, sin ningún previo aviso y apenas percibidos por el yakuza, cuatro hombres grandes y fuertes que salen misteriosamente al ataque. Sesshoumaru desvaina su katana listo para la pelea. Sin embargo, aquellos peligrosos hombres, con pieles oscurecidas por el inmenso tatuaje negro que cubre todo su cuerpo donde apenas puede entreverse una salvaje bestia mostrando sus feroces fauces, van directo a atrapar a la joven Rin. Dos de ellos la cargan como una costal y se la llevan, mientras Sesshoumaru, asombrado y enrarecido por el acto, trata de evitarlo, en una implacable lucha cuerpo a cuerpo con la espada.
-¿Es todo lo que puedes hacer con tu espada? –pregunta la madre de Sesshoumaru, como si no estuviera pasando nada.
Dando muestras de una enorme agilidad, los dos hombres que retenían a Sesshoumaru desaparecen detrás de los otros dos que se han llevado a Rin. Sesshoumaru corre detrás. Se detiene un momento al escuchar a su madre.
-¿Por qué quieres salvar a esa insignificante katagi?. Se la están llevando al bajo mundo, allí nuestra familia no tiene poder alguno.
-Sólo quiero matar a esos perros –fue la única fría respuesta de Sesshoumaru
Jaken había contemplado toda la escena con ojos desorbitados. Todo había pasado tan rápido para él, a pesar de ser un yakuza experimentado en la pelea, se sorprendía a sí mismo por no haber podido siquiera reaccionar. Ahora estaba dubitativo de seguir o no a su amo, sobretodo porque él ya se había perdido completamente de su vista.
-Él no podrá salir nunca de ahí –dice la madre, mostrando por primera vez cierta consternación, algo que asombra también a Jaken, quien claramente se había dado cuenta de la semejanza entre madre e hijo por la frialdad y la clara ausencia de emociones de ambos.
-Si esta es una prueba puesta por Ud. o su padre es muy cruel –respondió Jaken
-Cuando uno se entrena para el poder los sacrificios siempre son necesarios –atina a responder la madre –pequeño yakuza
-Soy Jaken –dice levantando la voz enfurecido por ser llamado de esa manera
-Quedate conmigo, pequeño yakuza –ordena la madre, ignorando sus palabras.
Ooo-ooO
La oscura noche ha caído. Aquella misma oscuridad de aquél día en que Rin y Sesshoumaru se encontraron por primera vez.
Los "perros" llevan a Rin en una camioneta oscura, sin luces, a toda velocidad por caminos recónditos y sucios. Sesshoumaru, en su moto, los persigue, esquivando asombrosamente cualquier obstáculo. Se acerca a la camioneta, apenas sintiendo las balas que rozan su cuerpo. Con la espada en la mano, corta las llantas laterales izquierdas y de un gran salto desmonta la motocicleta que cae deslizandose varios metros con un fuerte rechino antes de detenerse. En simultáneo, se escucha el gran chasquido de los frenos provenientes de la camioneta. Ésta da varias vueltas de campana antes de detenerse ante un poste. Se abren de par en par todas las puertas, de donde salen, dando ágiles saltos, los cuatro hombres, como si no salieran de un auto destrozado. Rin está inconsciente. Ha sido sedada con una droga especial. Su cabeza apenas asoman por una de las puertas donde se ve la sangre correr por su cara.
Sesshoumaru frunce el seño, muestra por primera vez preocupación y coraje en su rostro. Es como si se hubiera despertado un sentido oculto en él, un poder inimaginable. Con una rapidez insólita, desliza la katana entre los cuatro hombres como en baile majestuoso. Los cuatro caen en pedazos, muertos, partidos limpiamente por la diestra katana.
-Tenseiga –llama inmediatamente Sesshoumaru por el celular mientras corre al lado de Rin.
En unos minutos se escucha la sirena. Para Sesshoumaru es como si todo estuviera pasando en cámara lenta. Cuando están trasladándolos en la ambulancia, no deja de observar el rostro inerte de Rin, mientras apretuja fuertemente su mano. Por primera vez, tiene el deseo de querer gritar a todo pulmón, pero ningún sonido sale de su boca.
Ooo-ooO
- ¿Cuál es la relación entre esa niña y Sesshoumaru, pequeño yakuza? –pregunta la madre, enterada de todo lo que había sucedido y viendo todo lo que acontece en la clínica por cámaras de vigilancia.
-¡Jaken! –trata de enfatizar el yakuza, aunque sabe que su esfuerzo es vano, y añade- Pues ella es tratada mucho mejor que yo a pesar de los años de servicios que tengo junto al amo Sesshoumaru
-Ella morirá –enfatiza sin ninguna emoción
Jaken observa a la madre de Sesshoumaru. Sólo piensa en todo lo que podría suceder si aquella afirmación se hace realidad y a su pesar, debe reconocer la vital importancia de Rin en la vida de Sesshoumaru.
(1) Katagis son personas civiles, no yakuzas.
Gracias a todos por seguir este fic. Trateré de actualizarlo pronto y espero sus comentarios o sugerencias.
