Durante un tiempo todo va bien, y Yona es razonablemente feliz…
Su marido la trata como a una reina, a pesar de esos viajes a la capital (sus reencuentros después de la ausencia son apasionados, aunque aún no han sido bendecidos con un hijo); Hak ya no la mira de esa manera hosca y ceñuda de antes y las familias del poblado por fin tienen agua potable. Yona ejerce de señora de las gentes a su cargo y les ha cedido además unos prados, que con un poco de trabajo, convertirán en tierras de cultivo: trigo, cebada, patatas…
Las cosas marchan bien, sí. Y sin embargo…
Y sin embargo, Yona empieza a abrir los ojos…
Empieza a darse cuenta, de que su marido… Que su marido... ¿Cómo decirlo? Yona no quisiera ni pensarlo, pero… Su marido… A todas les ofrece la misma sonrisa y las mismas palabras de miel que a ella la encandilaron.
Y cada ausencia, cada viaje, cada vez que le dice que volverá tarde…, se llena de otros labios, de otros cuerpos, de otras manos. De Jae-Ha tocando a otras…
Yona sabe que no es la primera, pero esperaba ser la única…
Ella debería sentir celos, o la ira ardiéndole en las entrañas, o que los pedazos rotos de su corazón le hicieran sangrar por dentro, pero solo siente decepción consigo misma.
Eso sí, Jae-Ha volvía a su cama todas las noches. Traía consigo el olor de otras, pero siempre volvía a ella…
Eso debía significar algo…
Una tarde, a la vuelta del poblado, Hak y Yona regresan a la mansión atravesando el bosque umbroso. Llueve, una lluvia fina, menuda, y embozada en su capa, Yona apenas repara en los tilos alfombrados de verde, los laureles de oscuras hojas, y el plic-plic incesante del agua deslizándose entre las hojas.
—¿Por qué no puedo hacerlo feliz, Hak? —pregunta Yona, deteniéndose. Ella se retira la capucha y alza el rostro a la lluvia, con los ojos cerrados—. ¿Por qué no soy suficiente para él?
Y Hak vacila.
Hak no sabe qué hacer con una pregunta así. Porque no son palabras lanzadas al aire, no es un pensamiento pronunciado en voz alta, no, es una pregunta directa, que espera una respuesta real y honesta. Lord Jae-Ha es su señor, y algo que de lejos tal vez pudiera parecerse a un amigo, pero Lady Yona es…
Lady Yona puede ser muchas cosas, pero es alguien que se merece la verdad…
Y diga lo que diga, acabará traicionando a uno de los dos… Así que Hak busca las palabras que no hagan daño, que no rompan, pero que no sean mentira…
—El señor es un alma inquieta, señora —acaba diciendo.
Esa era la forma más neutra, cortés y eufemística de expresarlo…
Y Yona, a pesar de su inocencia, de su poco mundo, supo entenderlo a la perfección.
La lluvia se mezcla con sus lágrimas.
