Seiken: Yo solo gano sana diversión con esto. No me pertenece nada, bla, bla, bla…
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Black Jack despertó primero de su letargo, aun le dolía su corazón desquebrajado por el dolor del nuevo rechazo, el silencio del inmortal había sido suficiente para hacerlo entender que su sueño era un imposible.
Al levantarse estaba vestido con ropajes chinos, negros y rojos, parecidos a los que había visto alguna vez en una ceremonia de unión en casa de sus padres, cuando todavía estaban vivos.
No tenía sus armas consigo y obviamente habían pasado algunas cuantas horas desde que perdiera el conocimiento en los brazos de Hannibal…
- ¿Hannibal?
Bean lo había capturado algunas horas antes y Chase Young, conociendo que no lo amaba y su desprecio era demasiado grande, no movería un dedo para intentar ayudarlo en su actual situación.
No podía hacer nada, ¿Para qué soñar con algo mejor? Era completamente inútil y esperaría en silencio el castigo de su amo, deseando que le asesinara después de su estúpida cruzada.
Black Jack se levanto de la cama estirando su adolorido cuerpo, preguntándose en donde podría estar cuando escucho un quejido detrás de él, al voltear pudo verse acostado en la misma cama, recuperándose de la inconsciencia.
- Dios mío…
Recordaba que día era ese, cuando aceptaría la tutela del haba maligna o eso pensaba su reloj interno.
Aun tenía tiempo para salvar su vida, no necesitaba de su héroe maligno para eso y lo probaría. Le probaría al mundo que él, Jack Spicer, era una pieza importante del tablero de ajedrez del destino. Impidiendo que su vida se destruyera siendo el esclavo de su torturador.
- Jack… Jack despierta.
Jack comenzó a moverse, balbuceando algunas palabras incomprensibles.
Ganándose un nuevo golpe de su versión adulta, quien le dijo – ¡Deja de perder el tiempo!
Jack abrió los ojos encontrándose así mismo sacudiéndolo desesperado – ¿Qué ocurre? ¿En dónde me encuentro?
- Hannibal nos capturo, pero, aun puedo salvarte…
Jack se levanto de la cama aterrado, preguntándose mirando en todas direcciones buscando alguna clase de peligro - ¿Salvarme?
- Sí, Jack… salvarte.
- ¿Cómo? Chase…
Jack desesperándose con su versión más joven, le grito, levantándolo de la cama para buscar alguna puerta por donde pudieran escapar de ese extraño templo maligno, ¿Qué otra clase de lugar albergaría a dos Hannibal Bean?
- ¡Deja de soñar!
Jack se miro fijamente, escuchando las palabras de su versión adulta, creyéndolas ciertas – Chase Young no te ama, jamás lo hará y mientras más rápido comprendamos eso, más rápido saldremos de aquí y sobreviviremos para hacerlo pagar por todo el daño que nos ha hecho.
- Chase… Chase nos ama…
- No es verdad… él no lo hace, nos odia… lo sabes, yo lo sé… por qué negarlo por más tiempo.
Jack perdió en ese momento el brillo de sus ojos preguntándole a su versión adulta – Entonces… ¿Por qué molestarnos en salir de aquí?
- Por nosotros Jack, por nosotros.
- Pero…
- Me he preguntado eso toda mi vida y hasta hoy sé la respuesta, nos debemos una vida repleta de felicidad… tu y yo merecemos algo mejor que ser esclavos, que ser golpeados todas las noches, que ser violados una y otra vez… por dios Jack… debes comprender que mereces una pequeña, una diminuta llama de esperanza… eso es todo lo que debes poseer para ser feliz… esperanza.
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Chase corría tan rápido como sus piernas inmortales se lo permitían, el dragón dentro de si rugía furioso, exigiéndole que le entregara la cabeza de su enemigo inmortal en una bandeja de plata para que así él pudiera devorarla.
Jack Spicer corría peligro en sus brazos y no permitiría que volviera a lastimarlo jamás, aun sí debía encerrar al monstro en el universo Ying Yang, aunque debiera ofrendar su vida por la del muchacho de piel blanca.
El amor era un tesoro divino, el amor verdadero era una joya aun más preciosa y el amor que le profesaba Jack era único en el mundo, en su milenaria vida ni uno solo de sus amantes lo amo realmente, no como él.
Ahora, ese día había llegado el momento de regresarle un poco del tesoro que le había ofrendado desde su adolescencia, rescataría su joven vida, la llama de su esperanza, regresaría el brillo a esos hermosos ojos carmesís que lo mirarían con adoración y lujuria, aun transformado.
Su dragón se alimentaria con la carne de su enemigo, pero antes, le ofrecería el cuerpo sin vida de su torturador a su belleza de porcelana, como un regalo antes de compartir su vida por siempre y aun después de eso.
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Los monjes Xiaolin estaban en camino, tratando de seguir el rastro que Hannibal Roy Bean había dejado. Deseando de todo corazón que pudieran llegar a tiempo, necesitaban asegurarse de que Jack Spicer estaba a salvo, aun a sabiendas de que probablemente jamás sintiera cualquier cosa por alguno de los dos más que una extraña amistad.
Omi estaba triste, pensando que Jack era una criatura demasiado dulce para ser tratada como Chase Young lo hacía, pero también, siendo un pequeño de corazón puro deseaba conservar su amistad, asegurarse de que no corriera ningún peligro.
Tsunami pensaba lo mismo, sintiendo que si no podía ganar su amor, entonces su amistad debía ser más que suficiente por ahora, después, en el futuro intentaría seguir al muchacho albino, hacerlo cambiar de opinión acerca de ser uno de los miembros de las fuerzas Heylin, después de eso, probablemente intentaría seducirlo nuevamente.
Por el momento debían hacer algo mucho más importante, mantenerlos a salvo.
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Black Jack había encontrado una forma de quebrantar la cerradura de la puerta con uno de los palillos chinos que sujetaban su cabello, encontrándolo demasiado útil, una llave maestra perfecta.
Jack caminaba detrás del mayor, guardando silencio y esperando que Chase Young no fuera como su versión adulta pensaba, aunque, después de todo el desprecio que había recibido de él, no podía pensar lo contrario.
- No sé en donde estamos Jack.
- ¿No?
- Pero tendrás que confiar en mí, te sacare de aquí, no importa que pase…
Black Jack recordaba ese lugar perfectamente, en ese lugar fue en donde había jurado lealtad a Bean y en ese mismo lugar, en el cuarto que los mantuvo presos algunos minutos atrás aguardaba la cama en donde si no escapaban de ese templo le arrebatarían su virginidad, esa misma noche.
Probablemente si no escapaban a tiempo tendría que hacer otro pacto con Hannibal, prometerle lealtad, aun amor a cambio de dos años de libertad, a cambio de hacerse a la idea de lo que vendría.
No. No ocurriría nada de eso, pensó el albino. Jamás volvería a suplicarle a ese monstruo. No más dolor, no mas humillaciones en sus manos. Sería libre de una u otra forma. Vivo o muerto.
- No más dolor.
- ¿No más dolor Jack? – Le pregunto Hannibal, que se materializo enfrente y detrás de los dos albinos – Yo pensé que te daba placer, siempre has gemido como una ramera.
Black Jack inmediatamente situó a su yo más joven detrás de él, respondiéndole a su torturador de cabello cenizo – Tu nunca has comprendido la diferencia entre el dolor y el placer. Y tus asquerosas manos, solo me han dado dolor. Nunca placer.
- No me importa. De todas formas tú me perteneces.
Black Jack retrocedió algunos pasos, manteniendo a Jack a su espalda – No permitiré que vuelvan a tocarnos.
Jack por fin comprendió lo que ocurriría en su futuro y se negaba a creerlo. No era justo que pasara eso, que fuera a convertirse en un genio maligno pero fuera el esclavo de un anciano asqueroso o una cosa que no podía llamarse siquiera ligeramente humana.
- Yo te di mi amor Jack Spicer.
Jack retrocedió un paso respondiéndole – Tu me violaste.
- Te di poder, entrene tu cuerpo cuando nadie más quiso hacerlo.
- Me utilizaste para tus propios fines – fue la respuesta del tecno mago.
- Y tú me traicionaste, después de todo lo que hice por ti, mi querido muchacho, mi hermosa muñeca de porcelana.
Hannibal se acercaba cada vez más, ignorando la repulsión y el miedo en los ojos de los dos albinos que intentaban por todos los medios alejarse de ambos.
- Pero no te preocupes, estoy dispuesto a perdonarte si decides regresar a mi, darte cuenta de los errores que has cometido. A cambio de lo que muchos podían pensar, soy una persona muy condescendiente.
- Ni siquiera eres una persona – fue la respuesta de Black Jack, quien comenzó a correr tan rápido como podía llevándose a Jack Spicer consigo.
Los dos Hannibal Bean comenzaron a reírse al mismo tiempo que comenzaban a perseguir a sus futuras víctimas, aunque, ellos les llamaban consortes.
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Mientras tanto, fuera de la guarida de Hannibal Roy Bean, Tsunami, Chase y Omi se encontraron en la entrada. Los dos monjes habían perseguido al Bean del presente, mientras tanto Chase había seguido la pista del monstruo del futuro.
Al encontrarse no estaban solos, Wuya, el ciclope y cada uno de los humanos que se decían guerreros Heylin estaban bloqueando la entrada. Wuya fue la primera en hablar y si Chase no la hubiera conocido mejor, pensaría que sentía culpabilidad por el joven albino.
- No pueden entrar.
Chase no le respondió intentando encontrar una forma rápida para ingresar en el templo sin perder el tiempo barriendo el suelo con sus oponentes. Omi deseaba enfrentarse a cada uno de ellos, mientras que Tsunami, reconociendo que Chase Young era un poco más fuerte que él pronuncio – Nosotros nos encargaremos de esto. Tú ve por Jack.
Chase asintió y estaba a punto de marcharse cuando Tsunami le dijo – Y será mejor que no dañes a Jack, a ninguno de los dos… o te las veras conmigo.
Chase le respondió al monje Tsunami – Yo he venido a cuidar de mi belleza albina, Tsunami. Jack me pertenece.
Tsunami le respondió, saltando en dirección de los guerreros Heylin que le evitaban acercarse a la puerta principal – No lo será por siempre.
Chase logro esquivar con demasiada facilidad a los guerreros Heylin, buscando con sus instintos de Dragón el rastro de los dos albinos, percibiendo el miedo y la adrenalina de ambos.
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Black Jack comenzaba a desesperarse al no encontrar la salida de aquel lugar, esquivando con un poco de suerte los tentáculos de sus perseguidores. Escuchando los jadeos de Jack Spicer a su espalda, que corría tan rápido como sus piernas poco preparadas se lo permitían.
No importaba que hiciera, pronto iban a lograr atraparlos y en ese momento, su pesadilla se volvería realidad y su amo le mostraría porque no debía traicionarlo, ya que, por la forma en la que intentaba apresarlo estaba seguro que no deseaba matarlo.
Llegaron a la punta más alta del templo y Jack pensó, tragando saliva que la única forma de salvarse ahora, era saltar del edificio. Abrazo a su yo más joven diciéndole – Confía en mí…
Black Jack se interpuso nuevamente entre ambos diciéndole al monstruo de su presente – Déjame ir…
- No lo hare Jack… eres demasiado hermoso para dejarte ir.
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Chase Young subió las escaleras a la velocidad de un relámpago, deteniéndose al ver a los dos albinos acorralados y al Bean que fingía ser un humano acariciando el rostro del mayor que intentaba protegerse a sí mismo.
- ¡No lo toques!
La ira del dragón y del humano se fusionaron en un volcán, su cuerpo comenzó a brillar, en su frente se dibujaron nueve puntitos brillantes que iluminaban su rostro furioso.
En su milenaria vida, jamás había estado tan furioso y el dragón dentro de su cuerpo clamaba la sangre de las dos habas malignas, quienes lo miraron sorprendidas, de la misma forma que los dos albinos le miraban.
La esperanza regresaba lentamente en el mayor, y en el menor, la esperanza que nunca se había ido resplandecía en sus orbes rojizos, estaba a salvo. Chase Young lo rescataría de Bean. Chase Young lo amaba.
Chase comenzó a pelear con los dos Hannibal Bean al mismo tiempo, Black Jack lo miraba temeroso, temiendo que a pesar de que había llegado a rescatarlos, su poder no fuera suficiente para derrotar a los dos monstruos.
Miró a Jack Spicer, decidido a completar su misión, a no permitir que su adorado inmortal perdiera la vida, diciéndole – quédate aquí… tengo que ayudarle.
Jack asintió aturdido sin comprender que ocurría delante de sus ojos hasta que uno de los dos Hannibal Bean estaba a punto de matar a Chase Young, atravesando con uno de sus tentáculos su pecho.
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Chase Young estaba perdiendo, aparentemente podía enfrentarse con Bean, pero con dos de ellos no. En un momento, cuando derribaba al que tenía la forma humana, el otro utilizando sus tentáculos estuvo a punto de atravesarlo con ellos, sin embargo, un liquido rojizo salpico su cuerpo y un rostro albino le dijo, aferrándose a su cuerpo momentáneamente – Te amo Chase Young…
La furia se incremento en el cuerpo de Chase y con ella su poder, de tal forma que los dos Hannibal Bean que se creían vencedores, comenzaron a retroceder al mismo tiempo que el inmortal depositaba con ternura el cuerpo del muchacho en el suelo, diciéndoles – Están acabados.
Jack Spicer corrió en dirección de su versión adulta, intentando detener el sangrado, preguntándole – ¿Por qué hiciste eso?
Black Jack le respondió sintiendo los brazos del menor alrededor de sus hombros, ayudándole sin pensarlo a ver por última vez la gloria de su amado inmortal – Lo amamos… Jack.
- pero… - sollozo el menor.
- Uno tiene que proteger a las personas que ama… y nosotros lo amamos.
Jack asintió, comprendiendo sus palabras, observando la batalla que tomaba lugar a sus espaldas. La furia en el rostro de Chase Young, su poder y su belleza que nunca antes había sido tan arrebatadora.
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Y aquí se termina el capitulo, porque soy mala… muy mala…
