Los siguientes personajes no me pertenecen. Son de la fabulosa Rumiko Takahashi.


|| BONES ||


Capítulo VII

Ilusión


Ni las luces, ni la música, ni la canción que de vez en cuando le da por tararear. Ni Byakuya, ni Bankotsu, ni Jakotsu. Ni Naraku en los buenos tiempos de infancia. Porque ambos fueron infantes en algún momento. Ni Kanna.

Menos de veinte minutos necesite un día, para morderme con completa discreción un labio para evitar sonreír.

Nadie más pudo lograrlo.


Deslumbrada, ¿era la palabra? Dejarse deslumbrar era peligroso. Te puede dejar ciega. Debes quitarte, moverte, hacer algo para que no te afecte, y seguir viendo. Ella tenía que ver y quitarse de la luz, que no era ningún tipo de luz en realidad, antes que la invada la ceguera.

Quedó ciega años después.

Ahora, en ese preciso segundo, al ya tener los dieciséis años, al abrir la puerta, con su uniforme de color negro, el cabello amarrado —típico peinado de ella en esa época—, dejó caer su maletín. El corazón, el cual le pertenecía, se detuvo. Sus ojos se agrandaron. Sus ojos se enfocaron en el sofá, pues era lo primero que se alcanza a ver cuándo se entra a ese departamento.

Era infantil aún, tanto que hasta presumía de soñar. Pues la sombra no la asechaba aun. No la seguía, no le dedicaba las mismas palabras que ahora. La sombra todavía no era sombra, parecía luz sin serlo.

Naraku apenas se enfermaba. Tenía una obsesión que brotaba con más fuerza. A un ritmo lento, perezoso. Peligroso. Tenía otro brote, al cual no le prestaba atención. Lo satisfacía momentáneamente, para ambos quedar contentos.

Además contaba con otro rostro, otra actitud. Se relacionaba con más facilidad. Tenía una relación fuera de las familiares. En base a eso, a no estar tan obsesionado aun…

El choque del maletín contra el piso. El ruido provocado causó que Naraku levantara el rostro.

Era él con otra persona, una peculiar. Él sobre ella. Ambos sorprendidos por la inesperada aparición.

¡Kagura, lárgate!

La chica tardó en responder.

Ambos con la ropa arrugada. Ambas chicas con un rubor en las mejillas. Y él siendo él. Dando una orden obvia, que Kagura aun obedecía.

¿Yo? ¿Para qué demonios traes a alguien aquí?

Esa mujer, bonita en exceso, le llamaba demasiado la atención. No sabía cómo describirlo, pero la perturbaba.

Al menos de ella no supo mucho. Tal parecía que no le servía a Naraku, pues tuvo la oportunidad de verla menos de tres veces. Si hubieran sido más, la perturbación se habría convertido en lógica en menos tiempo.


"Te volviste una estúpida."

Escuchó esa frase como si saliera de alguna de las paredes de la casa. La ha estado escuchando desde hace días, desde hace noches, sin falta. No cabía duda, ese encierro la volvía una loca.

Kagura en tres días no había hecho nada relevante. Trabajo, departamento, escuchar a Byakuya.

Escuchar a Byakuya y a sus planes. Esos malditos planes de querer hacer su buena acción del año. ¿Por qué ella? Sí, ya lo ha repetido hasta el cansancio. ¿Por qué? Porque siento que has cambiado mucho, y tú amargura me amarga. Si te diviertes, yo me divierto. Ya después, cuando veas que si es posible que seas feliz, lejos de tu "amante" o como te gusta llamarlo: "el demente de tu primo", botas al que escogí para ti y nos vamos algún club a buscar a alguien nuevo. ¡Mierda! No tienes idea de cuánto he esperado que creciéramos y poder hacer eso. Sabes que no tengo planeado vivir tanto.

—Eres la estúpida de Naraku— murmuró.

—¡¿Qué?!

—Oh, pensé que no me prestabas atención. ¿Por qué sólo me escuchas cuando mencionó a Naraku? Luego dices que entre ustedes dos no hay nada.

—Porque me enfurece es que andes diciendo que le pertenezco a ese enfermo.

Siempre le has pertenecido.

Byakuya rodó los ojos y tomó la revista que recientemente leía. Como siempre, Kagura no le prestaba atención a ninguno de sus comentarios. Pero la situación se volvía peor. Sólo el muchacho de cabello negro y lacio se percataba de la ausencia de Kagura. De ser alguien al pendiente de cualquier oportunidad de salir, se mantenía más encerrada que cualquiera.

—¿Quieres salir hoy?

—No, tengo trabajo.

Se refería antes de ir al trabajo. Una vuelta, una corta caminata por las calles y ver tiendas, gente, lo que sea.

Bykuya se sentía cada vez peor, Kanna no tenía la misma oportunidad de ser salvada. Y la oportunidad se le escapaba a la mujer que tenía a lado suyo.

—Deja de amargarte.

—Debo trabajar.

—¿Complaciendo a Naraku?

—¡Carajo! ¡Cállate! No quiero salir. No creas que no sé lo que pretendes.

—No lo veas así. ¿Por qué no? Es algo bueno, hasta para mí. Estás más insoportable y gruñona. Tal vez Naraku te aguante, pero yo no.

Kagura le sostuvo la mirada. Ella furiosa, siempre descargándose con la persona equivoca. Él tan calmado y atento. La mujer soltó un suspiro después de unos segundos. En ese instante, Byakuya tenía toda la razón del mundo.

—¿Ves? No hay excusas.

—¿Excusas? ¿Quieres excusas? No te he dado ninguna excusa. No quiero una relación, ni mucho menos a Bankotsu. ¿Qué demonios te pasa? —alegó.

—¿No te gusta? ¿O prefieres una mujer?

—Es lo mismo. No quiero nada con nadie. ¡Carajo, Byakuya! Tú sabes porque no quiero nada.

Soltó la revista. La atrajo hacia él, dejando que su cabeza descansara en su hombro. Dio una corta y leve caricia en la espalda de la mujer. Ella permitió que lo hiciera. Él era el único con el permiso de hacerlo. La terminó abrazando.

—Ríndete— pidió Kagura, con los ojos entrecerrados por el sueño que la comenzaba a invadir.

—Qué estúpida eres.


Ambos lo somos— farfulló la chica, a la vez que garabateaba sin sentido en su cuaderno. —Yo no sabía que Naraku tenía novia.

¿Cómo que no sabías? ¡Era tan obvio! Tiene días que se viene saltando las clases y llegando temprano a la casa.

¡Qué asco! Y me tocó verlos. Por eso no me gusta llegar temprano a la casa.

Eran Byakuya y Kagura, cursando la misma escuela, y hablando en hora de receso. En ocasiones se daban la oportunidad de hablar solos. Byakuya siempre fue más sociable, y no tenía problemas con que sus compañeros lo buscaran para pasar el rato. Aunque, esos compañeros no eran precisamente los buenos alumnos. La mayor parte del tiempo se la pasaba con malas compañías, a los cuales a Kagura no le gustaba acercarse. Por si sola causaba problemas. Junto a su primo, sería expulsada en poco tiempo.

Estaban completamente solos en un salón, mientras los demás estaban afuera. Kagura no se cansaba de garabatear y Byakuya de verla.

Algún día tú harás lo mismo, y te dejará de dar asco.

Detuvo el lápiz. Se quedó inerte momentáneamente al pensar en esa gran probabilidad. Al estar desnuda frente a alguien y ser tocada. Ser vista por un par de ojos que la desean, la quieren y la aceptan.

"Igual ya está desapareciendo." Pensó Kagura, creyéndose cada palabra.

Los garabatos continuaron.

Pero… —el muchacho continuó hablando. — ¿Qué te pareció la nueva novia?

¿Lo habrá notado? Byakuya, por naturaleza, le gustaba estar al pendiente de todo. Saber todos los pensamientos de cada miembro de su pequeña familia.

La nueva novia. Cuanto no se había enojado Naraku al ver a Kagura entrar al departamento. Parecía que la chica era un secreto. Al menos ese le dio entender su prima al platicar sobre el tema. Por supuesto, Byakuya investigó por su cuenta.

No lo sé. No le preste atención.

Mentía.

El receso estaba a punto de terminar. Algunos alumnos entraban nuevamente al salón. Byakuya tenía que irse.

Yo sí. Mi hermano está enfermo.


Huyó del departamento antes de ver a Naraku entrar. Se lo encontró en el pasillo, le dedicó una rápida mirada y continuaron su camino. Él no dijo nada. No tenía nada que decirle o hacerle. Era un día muy extraño.

A veces no tenía ganas de verlo. Sobre todo, en ese día con aires de melancolía, ver el rostro de su quien parecía ser el amo, no era buena idea. Así que camino. Abandono a Byakuya sin decirle nada, aun cuando sabía lo mucho que él deseaba pasar el día juntos. Se puso una chaqueta, jeans sencillos y su cabello suelto. El frío no golpeaba a la ciudad, pero se sentía. Tal vez una bufanda no hubiera estado de más.

El cabello se movía mucho ante cualquier ventisca. Kagura lanzó un suspiró. Extrañaba su cabello recogido y evitarse los problemas de despeinarse. Le gustaba lo práctico, lo sencillo. Ya ni siquiera recordaba en que momento decidió dejarlo crecer tanto. Si bien, podía hacer el esfuerzo de recordar la escena precisa donde se lo soltó, prefiero no hacerlo. El día pintaba para ser raro, y quería dejar toda la melancolía atrás, esa misma melancolía que la asechaba desde la mañana. Y es que la frase que escuchaba de las paredes, ya no era tan molesta como la que mencionó Byakuya tiempo atrás: Mi hermano es un enfermo.

Caminaba, sin estar muy consiente de a dónde iba. Recordaba la frase con exactitud, y un temblor la invadió. ¡Cómo la perturbaba, sin tener idea del por qué!

¿No lo quería saber? ¿No quería darse cuenta de que él, su primo, estaba demasiado enfermo al igual que ella?

Como perturba el hecho de que ya sabe la respuesta y que se inventa otras, de manera inconsciente, para sentirse bien. Para que el miedo no la detenga más. Como perturba, hasta llegar al punto de no querer ver el rostro y huir de él. Pero cierra los ojos, y el rostro se dibuja con a la mujer de ese día. La inquieta, la llena de más misteriosas dudas que no le permiten pensar en más y detiene su andar por un eterno segundo.

¿Y a donde va todo esto? ¿Qué conexión existe?

La perturbación le daba algo bueno. Era la apariencia de algo bueno. Un inicio. Un punto medio en la relación de su primo, más cerca del final que de cualquiera, aunque era la de mayor impacto en su vida. Un inicio hacia otra relación de otro tipo.

La muchacha seguía caminando, acomodándose en repetidas veces los mechones de cabellos que se le venían al rostro, detrás de su oreja. Maldijo entre dientes al viento que parecía querer jugar con ella. Y siguió caminando hasta toparse con una escuela conocida, que la invadía con más nostalgia. Iba por Kanna. Caminó por ver a su pequeña hermana, a quien tenía abandonada. Ella tenía a Byakuya. Kanna no tenía a nadie. Necesitaba hacer lo mismo que hacía el menor de sus primos por ella, a pesar de que Kanna no mostraba alguna emoción de necesitarla.

Al menos era su excusa. En el año que llevaba y que faltaba poco de dos meses para terminar, contó sólo tres ocasiones en que recogía a Kanna. Una de ellas con Byakuya. Las demás, sola. No le gustaba el camino hacia la escuela que alguna vez cruzó. No fue una buena alumna. Faltaba a clases y se escapaba de vez en cuando. La relación con sus compañeros fue distante.

La escuela no había cambiado tanto, las calles igual. Poca gente a su alrededor y aún faltaba cerca de media hora para que todos los alumnos salieran. Salir con Byakuya ya no sonaba tan mal, si contaba con el hecho de permanecer sola y sin nada productivo que hacer. Al menos su primo era divertido y siempre tenía un tema de conversación. Suspiró desganada, pues sentía que su corta y desdichada vida se le iba.

Se dejó de lamentos. Ya Naraku la hundía lo suficiente como para hacerse lo mismo. No era una completa inútil, se repetía. Tal vez le faltaba seguir un camino por si sola. Tantos años de dependencia no eran en vano y tenía bien grabado en mente que despegarse de un alguien, quien la había dirigido y señalado el camino, era complicado. Sobre todo, cuando ese alguien iba a la par de ella. Contando los mimos pasos para llegar a un indefinido destino que ninguno de los dos conocía.

Muchos pensamientos que decían lo mismo. No tiene caso darle la vuelta a la misma respuesta. Era la correcta. Necesitaba, urgía, añoraba despegarse de Naraku.

Pero, Kanna…

El pensamiento se cortó después de que el rostro de su hermana menor se dibujara de repente. El ruido de un auto estacionarse la distrajo, sobresaltándose un poco y moviendo su rostro con discreción para verlo. Su curiosidad aumento al creer haberlo visto antes. El olor a cigarro volvió, al igual que las palabras, la escena vivida con él y la ayuda.


No era alguien que te atraía con su encanto, pues no lo tenía. Mucho menos por su apariencia. Inspiraba alejarte de él. Sesshomaru estaba demasiado acostumbrado a su soledad, y aceptar cierto de personas en su vida. Y esas personas se encontraban muy alejadas en ocasiones. Su padre se apareció en su mente. Su madre era cercana, pero él le huía. Ser tan parecidos le daba problemas al saber cómo tratarlo. Rin, la pequeña que conoció por mera casualidad y que no quiere despegársele. Sí, eran pocas. Lejos de ellos, no le gustaba que cualquiera entrara a su vida sin su autorización y tan de golpe. Pero él si se podía convertir en un intruso en la vida de cualquiera y con la obligación de sentirse alagado por tal favor.

Era un desgraciado y ególatra. Uno con cierto atractivo que no vale la pena resaltar. Kagura apenas si notaba si era guapo. Le atraía el tener que encontrarse con él en momentos de ayuda o cuando siente un remolino de sentimientos y emociones. Definitivamente no era un ángel. Más bien un demonio que le presumía su libertad y de la cual Kagura envidiaba con todas sus fuerzas.

Y la miró, porque no tenía nada más que mirar, al menos eso se decía. La miró incontables veces, todas las que se le dieran la gana y ella no podía resistirse.

La calle ahora lucia tan estrecha. Sesshomaru echó la cabeza hacia atrás ante la vista de Kagura. Ella no podía estar más paranoica. Si de algo estaba segura la mujer, era que había sentido su mirada. ¡Mierda, no era ninguna loca! La mirada de él era tan penetrante. Sentía que la perforaba, la hacía diminuta. ¡Le gustaba! Le encantaba sentirse así por él. Cuanto no deseaba hacer sentir así a Naraku. ¿Acaso su primo se sentía de tal manera con Kikyou?

Eso sí, no dejaba de molestarle que si hiciera el tonto. Que clavara su penetrante mirada en ella y la mantuviera inmóvil por eternos minutos, hasta reaccionar para girar su cabeza y apenarse por eso. Pues apostaría que él no estaba ahí por ella. ¿Qué hacía entonces? Un misterio tan fácil de resolver con sólo ponerse de pie y caminar hacía y preguntarle. No perdía ni ganaba nada. Apaciguaría la curiosidad, es todo. Para dejar atrás la extraña fantasía que se creaba, como si fuera una adolescente. No, se repetía, él no estaba ahí por ella. Si lo estuviera, ya se habría bajado del auto y entablaría una plática. Sin embargo, Kagura lo desconocía por completo. Sesshomaru jamás se bajaría del auto para platicar e invitarla a algún lado. Mucho menos, tenía un interés amoroso. Si así fuera, no se estaría comportando tan infantil.

Cuando creía que del intercambio de miradas no pasarían, él bajó de su auto. Kagura alcanzó a escuchar el azote de la puerta.

El día debía estar bromeando. ¿No se trataría de algún pervertido que la anduviera acosando?

Antes de que él llegara con ella, Kagura se apresuró a revisar su bolsa. Enseguida, se puso de pie y caminó hacia hasta topárselo.

—Toma y gracias—. Extendió su mano, mostrándole la caja de cigarros.

Sesshomaru ni se inmutó por la forma grosera de dirigirse hacia él, a pesar de estar más acostumbrado a los halagos y al respeto y ser él quien falta al respeto. La muchacha no tenía idea de con quién hablaba, eso era claro. Por eso estaba tan calmado. A lo mejor, si tenía un cierta debilidad por las mujeres, aunque no por cualquier tipo de mujer, sino por las que no les revelen miedo. Si hubiera sido un hombre ya lo hubiera puesto en su lugar.

"Él no es Naraku…" Pensó enseguida Kagura, al darse cuenta de que a la mayoría de los hombres trataba con hostilidad. Este en especial, no se merecía tanto respeto de su parte, pero al menos la había tratado más o menos bien. Cualquier otro ya la hubiera considerado una loca o puede ser que él ya piense que lo es. Con tan peculiar actitud cualquier lo creería. A lo mejor, ya hasta le tenía lástima y por eso no le decía nada.

—Gracias— repitió en un tono más humilde, que Sesshomaru supo reconocer.

—¿De qué? —dijo sin tomar la cajetilla.

—No te hagas. Del cigarro de la otra noche— dijo sin bajar su brazo, esperando impaciente que los tomara.

—No los necesito— habló dando unos pasos hasta la banca para sentarse, donde estaba anteriormente Kagura. Ella lo siguió y se sentó a un lado de él.

—Tienes un buen rostro, pero no encaja con tu actitud—. Sesshomaru giró su cuerpo para verla. Se bajó del auto para estar con ella, no se engañaría diciendo que no, pero la mujer le tomaba demasiada confianza a pesar de su agria actitud y la cual le gustaba usar, para deshacerse de la mayoría de las personas. Las consideraba moscas que no merecían su presencia, ni mucho menos, dignos de rondar a su alrededor.

—¿A qué viene eso?

—Qué pareces alguien muy frágil para mi gusto, pero tienes un carácter de mierda.

Él sonrió de lado ante el grosero comentario. Le alegraba que Kagura se diera cuenta de eso.

—Gracias— Kagura frunció ligeramente el entrecejo.

—Qué cínico— murmuró, alcanzando siendo escuchada por el hombre de playera blanca.

Se silenciaron un instante. Kagura no estaba completamente segura de cómo reaccionar. ¿Cómo comunicarse con un hombre tan distante a simple vista? La costumbre de sólo discutir terminó haciendo estragos en ella. Perdió la manera de hablar con la demás gente.

Pendiente de sus acciones, Sesshomaru sacó su cajetilla de cigarros completamente nueva, el sello sin romperse y antes de abrirlo, Kagura lo detuvo con un "espera".

—Está aún tiene—. Le mostró la cajetilla que no le pudo devolver. A Sesshomaru le sorprendía que todavía la conservara y que tenga las intenciones de devolvérsela. Era tan sólo una cajetilla que podía comprar en cualquier lado.

Él no la tomó.

Se decepcionó al ver que él no le prestaba tanta atención como esperaba. Debía aceptarlo, ya estaba acostumbra a tener la atención de los hombres cercanos a ella, aunque sea para fastidiarla. Qué lejos estaba él de ser como ellos. ¿Cómo abordar la pregunta del por qué estaba ahí? Vistiendo y oliendo bien, sentados juntos. Una escena tan irreal, pero real al fin. Kagura se valoraba cada vez mes. En otra época o dimensión, no se estaría complicando tanto por estar con él. No estaría tan dañada. Sería una guerrera digna, en plena guerra contra el miedo de no conseguir lo que quiere. De morir antes de cumplir su objetivo. Lástima que los humanos se dejan vencer por los miedos y se aferran a lo primero que los deslumbra.

—¿Qué haces aquí?

No fue Kagura, como se esperaría, sino Sesshomaru el que se aventuró a preguntar primero.

—Vengo por mi hermana —tartamudeó, incrédula por las palabras que escuchaba. Un genuino interés de su parte. Se decía lo mismo, el día bromeaba con ella. —¿Tú que haces por aquí? Es obvio que Rin también está en esta escuela, pero es muy temprano.

Sesshomaru le dedicó una mirada de "no te interesa". Decirlo hubiera sonado más grosero. La chica ya ni siquiera se tomó la molestia de ofenderse.

—Tienes un humor de perros. Peor que el de él… —pronunció sin pena. —Nada más falta que veas todo gris como ellos.

—No estés diciendo tonterías—. Otra vez, con su mirada, le decía que lo respetara. Acto seguido, Kagura lo desobedeció.

—Mejor me calló— vociferó. —No vaya a ser que me termines mordiendo— ¿Le había dicho "perro" con otras palabras?

—Por favor, es más cómodo dejar que te arrolle un carro.

—Viene uno, atrévete.

Un carro en realidad si se acercaba. Para quién se denominaba una persona con grandes privilegios y ventajas, el mundo no le hacía no cosquillas, y aventar a Kagura contra dicho objeto, aunque tentador, le daría problemas por algunos días, por eso de la policía y los sobornos. La mujer se burlaba en su cara, esperando algún movimiento de su parte. Se veía diferente cuando reía. No era la risa de una mujer dulce, era más bien traviesa, con algo de malicia. Lucía mucho mejor ahora que en pasadas ocasiones.

Poco a poco la confianza, una que Sesshomaru no se creía, se alzaba en ella. La gente no cruzaba la barrera que él creaba. Kagura se la brincaba, como si de una travesura se tratara y alardeaba de eso. ¿Quién era ella que no se intimida con facilidad? ¿Quién se podría intimidar con hombres de esa calaña cuando tiene al mismo diablo en la casa?

—No vales lo suficiente para morir por mis manos— pronunció Sesshomaru con aires de arrogancia peores que los de Naraku.

Jamás pensó que alguien peor que su primo existiera, en términos de darse grandeza.

—Eres un jodido creído. Como si quisiera morirme cerca de ti o por ti. Sólo amargarías más mi triunfal muerte o peor, buscarías como opacarme haciéndote el sensible para que todos te admiren.

—¿Y a qué iría a tu funeral? ¿A ver cómo celebran tu muerte? Lo siento, pero no me gustan las fiestas.

Kagura murmuraba maldiciones, buscando la ideal para dedicarse a su conocido y ninguna era la indicada. Es más, apostaría que lo tomaría como una alabanza el ver como ella buscaba alguna frase para responderle. Joder, el tipo hablaba poco, pero te dejaba sin palabras cuando se lo proponía.

Y así nació la admiración. Nació la ilusión de ser como él.

Sin una respuesta en su contra, volteó la cabeza para no verlo y sonrió de lado. Sí, el hombre no le terminó cayendo tan mal. Podría ser un creído de lo peor, pero ella también tenía sus defectos bien marcados. Su mal humor siempre era evidente, sin embargo, Sesshomaru sabía ignorarlo. Los corajes de él, la mayoría guiados por su un orgullo dañado y caprichos, lo podrían transformarlo en algún demonio. Los corajes de Kagura no eran nada a lado de lo de él. Hasta en eso el hombre debía ganar.

—Diablos, de acuerdo, nadie llorará mi muerte. Estoy segura que más de uno lo está esperando —dijo intentando sonar bromista, cuando en realidad se expresaba de manera sincera. Era una lástima saber que no era querida ni admirada por nadie. Su actitud no la terminaba ayudando, se ha ganado el rencor de varios a lo largo de corta vida.

—Te lo has ganado— argumentó con mala cara. Kagura llegaba a ser insoportable a veces por su pesimismo, que ni él podía tolerar.

—No—, no tardó en responder —es porque la gente es idiota y piensa que porque no hago nada por nadie, soy una mala persona. Pues lo siento. No puedo ni salirme del hoyo en el que yo estoy, como para andar haciendo caridad.

—En algo estamos de acuerdo.

—No lo estamos. Tú no estás en un agujero como el infierno mismo. Se nota por tu aspecto y tu carro que no tienes una mala vida. Que sólo pierdes el tiempo que te sobra. Yo no tengo tiempo, ni vida, ni nada que me pertenezca. Estoy aquí por mi hermana, pero ella ni atención me presta. No sin órdenes.

—Te aclaro que no estoy aquí para estar escuchando tus problemas.

—¡Entonces deja de escucharme! Porque me escuchas. Si me estás prestando atención es por algún motivo. ¿Cuál es? Alguien como tú, no perdería el tiempo con alguien como yo si no tuviera una razón. Quiero saber qué haces aquí sentado, a lado de una conocida, que según tú, habla mucho, cuando puedes esperar a Rin dentro de tu carro. Es más cómodo dentro, no sufrirías del frío.

Se sostuvieron la mirada. Kagura no temblaba, ni por su imponente presencia, ni el frío. Sólo sus manos eran las delatadoras de su nerviosismo, y eso si les prestabas atención. Sin embargo, por primera vez Sesshomaru buscaba en el rostro de la mujer alguna respuesta que darle. Y no quería decirle esa respuesta.

—Entra al carro.

—¿Qué?

—El frío te afecta.

Kagura elevó ambas manos a la altura de su pecho y las frotó, dándole la razón a él. Si tenía frío y lo olvidó cuando comenzó a hablar.

—No pensé que fueras a evadir mi pregunta.

—Tampoco estoy para dar respuestas.

—¿Y para qué estás?

—Eso no te importa.

Que rápido pasa el tiempo cuando se aprovecha y se disfruta. Muy a su manera, ellos lo hicieron. El timbre sonaría dentro de poco tiempo, y los alumnos salieron dispersos, evitando reconocer a las adolescentes que esperaban. Las respuestas se quedaron al aire. Kagura entendió que no le respondería. Y así estaba bien. El hombre tenía un cierto aire de misterio, que de momento lo hacía más interesante.

Pero era Sesshomaru el más interesado en ella, aparentemente. La mujer terminó por no pronunciar ninguna palabra. La propuesta de entrar a su carro ya no se mencionó, aunque tampoco se olvidó.


Kagura se puso de pie, buscando a su hermana. Kanna se perdía con facilidad entre la gente a pesar de su extraño aspecto. Era alguien sin presencia alguna. Al contrario de Rin, que daba grandes zancadas para llegar con su protector. Como era de esperarse, no evitó salir de su asombro al ver a la muchacha de ojos carmesí con dicho hombre. Rin era tan extrañamente diferente a él. Con el sapo de moda colgando de su maletín, y un listón color magenta en su cabello. El color, el accesorio, la actitud, la forma tan respetuosa de dirigírsele. Rin era tan fascinante por el hecho de encajar en el mundo que él había creado a su alrededor.

—Hola— saludó Kagura. Rin entre abrió la boca, quedando como una completa muda. —Sí, sí, es extraño volvernos a encontrar.

Terminó por sonreír de alegría. Las dos sonrieron. Al segundo, Kagura alzó la vista y miró a su hermana, caminando por la acera. Debía alcanzarla. Enseguida, recordó que ya no estaba tan sola.

—Debemos salir— exclamó Rin, con evidente entusiasmo, tomándola del brazo. —Los tres debemos salir.

—Rin— habló Sesshomaru. La chica ya sabía lo que significaba: no me estés metiendo en tus planes.

—Por favor, hágalo. Yo quiero conocerla más— rogó. Que dulce se veía rogando. Rin era encantadoramente expresiva y te transmitía esos sentimientos. Si Rin quería algo, Rin lo conseguía. Ni la huraña de Kagura se podía negar.

—No puedo ahora.

—No importa, otro día. ¿Le gusta el karaoke? — Kagura alzó ambas cejas e hizo una mueca no muy convencida por la propuesta.

—Ni lo pienses. De seguro Sesshomaru ladra—. El aludido no se inmutó por el comentario. Él tenía la culpa por permitirle saltar su barda. Antes de que la menor dijera algo en su defensa, Sesshomaru le ordenó que guardara silencio. Suficiente ya tenía con Kagura. —Qué amargado.

Kagura volvió a buscar a su hermana, dándose cuenta que ella ya la esperaba. Un presentimiento cruzó por su pecho. Uno malo. Kanna no le era fiel a ella. Verla charlar por tanto tiempo con un par de extraños no era muy buena idea.

—Me tengo que ir. Búscame en "Life".

Y se marchó sin decir nada más. Kanna estaba inerte, como era de esperarse, observando todo. Tal vez podía decirle alguna mentira para que no la delatara con Naraku. Después pensó, que su primo no debía tener todo el control de su vida.

—¿Qué es "Life"? —preguntó dirigiéndose a Sesshomaru. Esté sólo se limitó a decir que era un bar. Uno en donde Rin no tenía acceso, pero él sí.

Y vuelvo a repetir, lo que Rin quiere, Rin obtiene. En ocasiones ella podía ser igual o peor de caprichosa que él.


Nota de la autora (Editada):

¿Hay alguien ahí? Perdoooooon. Sé que siempre les digo lo mismo, pero no estaba entre mis planes bloquearme por medio año. Tampoco pensé que eso fuera afectando a mis demás fics. Debo actualizar "Antídoto", que también ya lleva un tiempo :(

Ahora si prometo apurarme con la siguiente actualización. Aquí entre nos, ya tengo un avance del capítulo 8 *_*, pero como tengo otros fics que subir pues a lo mejor lo dejó para finales de este enero, o sea ¿3 semanas? Sí, no suena mal. Este fin planeo subir el siguiente capítulo de Antídoto.

Por cierto, les agradezco que le hayan dado una oportunidad a ese fic. No estaba muy segura de que fuera bueno y me sorprendió la cantidad de reviews que recibió en poco tiempo. También, gracias por leer "La escena" y "Capricho". Esos fueron siemples fics que hiceen momentos muy desesperantes de escribir lo que sea, por eso son tan cortos. No merezco tanto apoyo de su parte porque siempre tardó en subir.

Call me tomorrow, un fic de Abanero el cual recomiendo, me terminó de inspirar. También volver a leer mis dos one-shots "Lucha de gigantes" y "Sólo la ilusión" (de ahí viene el nombre del capítulo ) me dieron ánimos para escribir, al recordarme las escenas a que las que quiero llegar en este fic.

Gracias : Agatha, Emmik, Pau, Evelyn, Glasersomy, Seshome, Itzel, Akari y a mi Erika *las abraza* También gracias por los que leen por ahí y hacen que suban las estadisticas de vistas y visitantes.

Ahhhhh lo olvidaba, Gemma hace tiempo me recomendó escuchar un par de canciones de Evanescence y una de Pink. También Emmik me recomendó y ni que decir de Pau que me recomendó también :* Chicas, las adoro *-* Sí, Erika, estoy escuchando las que me dijiste al inició de este fic ;)

Que pasen buen día y gracias por leer. Nos leeremos muy pronto n.n

PD: Pienso cambiar el Summary. Nunca se me hizo muy bueno :(