Capítulo 8
Confesiones

- Tú… tú estab… -no podía articular ni una sola palabra coherente.

- No es lo que tú piensas…–dijo acercándose a mi-. Solo, ¿Escúchame si?

Di pasos hacia atrás alejándome de él y corrí. Corrí lo más que pude a velocidad vampírica. Solo quería llegar a casa y sentirme segura. Sentía la esencia de Mason muy cerca de mí.

Tenía miedo de lo que pudiera pasar. Ya ni siquiera sabía quién o qué era él. Solo sabía que tenía que correr y escapar. –Papá por favor ven-. Fue lo único que pensé ya que me encontraba a pocos metros de casa y mis piernas ya no daban para más.

Choque contra mi papá y sentí sus brazos rodearme.

- ¿Pequeña que pasó?

Empecé a llorar descontroladamente. Todas las imágenes de lo sucedido giraron en mi cabeza. Era la mejor forma de explicarle ya que ni siquiera podía hablar. Me abrazo fuertemente y me cargo camino a casa.

Subimos las escaleras y me recostó en la cama suavemente. Se sentó a la par y me miro fijamente con el ceño fruncido.

- Duerme tranquila, nadie te molestara. –Solo asentí.

- ¿Hice algo malo? –pregunté temerosa.

- No, es solo que, hay cosas que debes saber –dijo encaminándose a la puerta.

Llore descontroladamente por mucho tiempo sin saber porque. ¿Temor quizá? No lo sé. Tampoco sé en qué momento me quedé dormida.

No salí de mi cuarto por una semana, no quería ver a nadie más que a mi familia. Si, cuando me refería a nadie, me refería a Mason. No sabía qué cara poner ante él. Sabía que estaba en la casa, podía escucharlo pero simplemente no quería verlo.

- Renacuajo aquí te traigo tu desayuno. –Dijo Emmett sonriente-. Cuando termines, te bañas, te cambias y me esperas en la sala. Saldremos a dar un paseo.

- Pero… -antes de que dijera una palabra intervino.

- No es una opción. –Y sin más salió de mi habitación.

Hice lo que me ordenó. Me puse lo más cómodo que encontré, una playera y unos shorts. En media hora ya estaba en la sala.

- ¡Bieeeeen! Por lo menos no tuve que traer la grúa para sacarte de ahí. –solo sonreí.

- ¿A dónde iremos?

- Eso lo sabrás dentro de poco. –Me guiño un ojo-. Ya regreso mamá-. Grito como niño pequeño. Me hizo reír hasta el punto de sacar lágrimas.

Caminamos por el bosque hasta llegar a mi lugar preferido: El pequeño lago. Ese lugar en el que podía pensar tranquilamente. Tío Emmett hizo ademán para que me sentara.

- ¿Y bien?

- ¿Bien qué? –me miro dudoso-. ¡Ah sí! Te traje aquí por dos razones. Uno, aquí podemos hablar en privado sin que la familia escuche y dos, hay cosas que tienes que hablar.

Asentí.

- Tienes razón, no puedo estar escapando de los problemas.

- Eso me gusta pequeña. Dame un segundo, ya regresaré.

Vi como se alejaba y se adentraba al bosque. Solo baje la cabeza y cerré los ojos. Tenía tanto tiempo de no venir que ya me hacía falta.

Sentí una mano posarse en mi hombro. Voltee a ver y ahogue un grito ya que cubrió mi boca con su mano.

Traté de forcejar pero era imposible. Me tenía tumbada entre la grama y él.

- Tranquila, no te hare daño, pero necesitamos hablar.

Volví a forcejar y negué con la cabeza.

Me miro con tristeza. Nunca había visto esa expresión en Mason, también se debía a que solo llevaba un mes con nosotros. Sentí compasión, no me gustaba verlo así pero a la vez no sabía cómo reaccionar. Además, yo misma había dicho que tenía que enfrentar mis problemas.

¿Qué mejor manera que hablando con él en un lugar alejado? Pensé con sarcasmo. Tío Emmett me las pagará.

- ¿Puedes escucharme? ¿Por favor? –me miro con dudoso-. Solo escúchame, por favor.

Deje de forcejar, no tenía de otra más que escucharlo.

Pude ver un brillo en sus ojos mientras esbozaba una pequeña sonrisa. Quitó la mano de mi boca y me ayudo a sentarme.

- No sé por dónde comenzar. -Me miro indeciso-. Pregúntame lo que quieras y yo te responderé.

Asentí. Tenía que saber la verdad.

- ¿Tú… tu mataste a la persona que estaba ese día?

- No era un humano. –dijo rápidamente-. Digamos que mi dieta es algo… diferente a la de los demás –dudó-. Hace muchos años cuando fui convertido, me alimentaba de sangre humana al igual que todos, me encantaba la sensación que dejaba en mi garganta, me gustaba ver sus caras cuando eran perseguidos por mí pero después de un tiempo todo cambio. Me odié a mi mismo por haber matado a tantos humanos inocentes. Destruí sus vidas, su futuro, todo. Me sentí tan mal que cambie mi dieta a sangre animal, no dañaba a los humanos, cazaba en los bosques más profundos y básicamente a los grandes depredadores y si había sobrepoblación, a los ciervos. No lo hubiera podido lograr de no haber sido por tu familia, cuando los conocí, me aceptaron y me ayudaron a salir de mi depresión. Hasta ahora me sigo alimentando de sangre animal y también... -Lo interrumpí.

- ¿Que tiene que ver tu dieta en todo esto? –estaba confundida.

- Deja que termine. –me miró-. Como te dije, me alimento de los animales pero hay algo que no sabes. Solo te pido que por favor, no hagas nada tonto y solo escúchame.

Asentí lentamente.

- Todo empezó muchos años atrás. Un día estaba cazando y escuche a alguien gritar desesperadamente a mitad del bosque. Lo primero que pensé fue que se había encontrado con un animal, me acerque sin que se percatara de mi presencia y me sorprendí al ver la escena. Un vampiro le estaba succionando la sangre a la pobre chica. Lo vi todo, vi como la mataba poco a poco y dejaba su cuerpo tirado a la deriva. Me sentía frustrado, enojado, él había acabado con su vida y yo no pude hacer nada al respecto. Pasé una semana sin cazar, no podía dejar de pensar en cómo la había matado. Un día en la noche iba caminando, estaba muy hambriento, recuerdo que me entre a una calle sola y lo vi. Vi al vampiro que la había matado y el causante de mí problema.

Flashback

Estaba enojado, corrí a velocidad vampírica y lo sostuve con gran fuerza del cuello.

- ¿Qué te pasa? Suéltame quieres. –exclamó furioso.

Lo apreté más contra la pared haciendo que esta empezara a destruirse.

- ¿Creíste que te podías salir con la tuya? Vi como matabas a esa pobre humana. Ahora te tocara a ti sentir lo mismo.

Fin del flashback

- Hice exactamente lo mismo que él le había hecho a ella. Mordí su cuello sin piedad y empecé a drenar su cuerpo. Claro, él no tenía sangre como ella, pero si ponzoña. Bebí hasta la última gota de esta, quería que él sintiera exactamente lo mismo que él le había hecho sentir a ella. Aun podía sentir la mezcla de sangre humana que él había consumido junto con su veneno, simplemente era una sensación… extraordinaria. Cuando acabe de succionar hasta la última gota, le quebré el cuello. Me sentía bien, bien de que había acabado con su vida y de la sensación que la mezcla de ponzoña y sangre había dejado en mi garganta. Desde ese entonces empecé a alimentarme de vampiros que se aprovechaban vilmente de los humanos y mataban sin compasión alguna. Todavía me alimento de ellos, pero solo de los neófitos descontrolados que quieren acabar con todo y de animales.

Me había quedado sin palabras. Me podía haber imaginado cualquier cosa menos eso.

- ¿Estas… estas bien? –dijo dudoso.

- Sí. Es solo que, es mucho que asimilar. –dije nerviosa-. Yo… tengo pregunta más.

- Adelante. –me incitó sonriendo tímidamente.

- Si tu alimentación es sangre de animales y ponzoña de vampiros, hay algo que no entiendo. ¿Por qué tus ojos no son color dorado igual a los de mi familia?

- Yo también me hice la misma pregunta hace años. –sonrió-. Mis ojos eran igual a los de tu familia pero cuando empecé a alimentarme de ponzoña, empezaron a cambiar y el dorado se fue desvaneciendo y apareció el esmeralda. Supongo que es por la ponzoña. Cuando me alimento de las dos cosas simultáneamente puedes ver la mezcla de los dos colores. Como ahora.

Se acercó a mí repentinamente quedando su cara a pocos centímetros de la mía. Parecía un niño pequeño presumiendo su juguete.

- Son… son hermosos. -Me quede embobada viéndolos. Me sonrojé al darme cuenta de lo que había dicho-. Lo siento, yo no…

Se rio a carcajadas.

- Tranquila. –Sonrió cálidamente-, ¿Ahora entiendes porque estaba haciendo lo que hacía ese día? –Asentí-. ¿Ya no me seguirás evitando?

Negué con la cabeza.

- Te propongo algo. –Esperó a que continuara-. Quiero que seamos amigos, nada de secretos.

- Eso si tú también me prometes lo mismo. –Asentí-. Bien, entonces ¿Amigos?

- Amigos. –afirme.

Ambos nos dimos la mano y sonreímos.

- Una pregunta más… ¿Cuántos años tienes? –dije dudosa.

- Eso mi querida Nessie, –se acercó a mí-, es algo que aun no tienes que saber. -Y sin más se puso de pie y esbozó una sonrisa torcida.

Esto iba a ser el comiendo de una gran amistad.


Me tardé muchísimo lo sé chicos. No los voy a aburrir contándoles porque desaparecí pero pueden preguntarme si lo desean. Espero les guste. Siéntete libre de comentar, me ayudan muchísimo tus opiniones.

Los quiero & gracias.