Disclaimer: Todos los personajes de la serie Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi y he usado parte de la vieja leyenda japonesa del Goshinboku. La trama es mía.

Palabras del capítulo: 1763

N/A: Hola lindxs! Bueno aquí va el capítulo 8. Como prometí ayer contestando algunos reviews, hay capítulo. Ahora contestaré reviews por privado, así que si entras a tu cuenta en FF me será más fácil contactar contigo :) Espero que lo disfruten. Estaré actualizando la semana que viene, pero pueden checkear mi perfil donde estaré actualizando la situación de mis fanfics o modificando fechas de entrega. Besos : 3

FlorwerGreen


The only one I can see

by FlorwerGreen

Capítulo 8

Rechazo

.

—Hojo —Susurré aún un poco aturdida. Respiraba entrecortadamente y me hallaba sumamente nerviosa.

—Kag…

Lo abracé más fuerte, ignorando los gritos y gruñido de Inuyasha. Apenas podía escucharlo, apenas podía notar su existencia. Había extrañado a mi novio, y recién estaba entendiendo cuánto.

Solté el bastón blanco que hasta ese momento me había acompañado en todo el día. Solté por un momento mi ceguera, mi accidente, mis nuevas condiciones de vida. Por un momento quise volver al pasado, y abrazar a mi novio con los ojos cerrados, aun sabiendo que cuando los abriera no vería nada más que la luminosidad que se extendía a ambos lados de mi cuerpo.

Podía sentir el lino de su camisa entre mis dedos. Quizás recién haya salido de clases, pensé, en menos de dos semanas ya se acabarían el ciclo lectivo en mi escuela.

Desde su cuello podía percibir la fragancia de Hugo Boss que siempre había utilizado. Su cuerpo de una temperatura corporal más bien fría, se hallaba un poco más cálido. Su corazón latía desbocadamente. ¿Estaría tan feliz de verme como yo de sentirle?

"—Hey, Higurashi, ¿querrías ir al cine este sábado? Van a dar una película excelente de zombies."

"—Kagome, voy en serio contigo…"

"—Pasaría el resto de mis días así"

"—Te amo"

Las palabras de Hojo arremetían en mi memoria una tras otra. Al escuchar su voz pareció como si un interruptor se encendiera en mi cabeza, haciendo que sentimientos afloraran luego de semanas.

Por unos instantes recordé nuestros momentos juntos. Quizás desde un principio debí haberle preguntado por qué no me había llamado siquiera… habría sido menos humillante. Pero estaba tan ilusionada, tan enamorada.

—Mira Kag, venía a hablar contigo… ven, vamos a sentarnos.

Me dejé guiar por Hojo. La luz del Goshinboku resplandecía más de lo usual. Por el rabillo del ojo podía ver a Inuyasha removerse, incansable.

—¡Oi, deja de ignorarme maldita! —Gritó.

—Sabes, lamento no haberte llamado… —Empezó a hablar Hojo al mismo tiempo.

—¡Te dije que no me da buena espina!

—…pero estuve ocupado con los exámenes de ingreso y la escuela, además de…

—¡No seas ingenua!

—...Hablé con Ayumi y Yuka anteayer…

—¡¿Acaso no me escuchas, estúpida?!

—…luego todo fue bastante difícil. El accidente no fue fácil para mí tampoco, ¿entiendes que no siempre…?

—¡Arg, después no vengas a quejarte! —Volvió a gritar, alzando más fuerte su voz por encima de la de Hojo.

—No he dejado de culparme por lo que pasó, fui un completo imbécil…

Estaba volviéndome loca con ambos hablando a la vez, pero tenía que disimularlo, aunque no pudiera entender completamente a mi novio, no podía decirle a Inuyasha que se callase.

—Y pasaron muchas cosas, yo estuve pensando mucho…

—¡Si serás terca, maldición!

—Sé que esto puede llegar a ser difícil y nosotros llevamos juntos casi dos años pero…

—¡Tonta, tonta! ¡TONTA! ¡Este tipo solo está jugando contigo!

Me paré, perdiendo la paciencia.

—¿No te parece que vayamos adentro? —Dije, forzando una sonrisa.

—¡¿Ah?! ¡Si supieras el olor que desprende ese tipo ya verías que…! —Gritó Inuyasha.

—Digo, está empezando a hacer un poco de frío…

—Debemos terminar —Tanto Inuyasha como yo nos quedamos en silencio ante las palabras de Hojo.

—¿Qué…?

—Tú entiendes, ¿verdad? Se suponía que iríamos juntos a la universidad, pero tú no has rendido tus exámenes de ingreso y debes esperar al año que viene o quizás un par de años más para… ya sabes.

Miré al suelo oscuro. No quería buscar con la mirada de dónde provenía su voz. Solo quería correr.

Lo sentí tomarme de las manos, y aunque quise alejarme, no podía reaccionar.

—Lo que tuvimos fue hermoso y te amé como a nadie, pero mi vida inicia con nuevas etapas y tú, bueno…

—Yo sería una carga —Murmuré.

—¡No! No, no quería decir eso. Solo que tenemos nuevos retos y desafíos, y ya no sería lo mismo. Yo no tengo tiempo para que avances y siempre sería difícil, entiende que no soy un tipo que pueda hacerse cargo de alguien con alguna discapacidad… —Me soltó las manos y le oí pararse junto a mí.

—¡Desátame! —Gritó Inuyasha, nuevamente haciéndose presente para mí—. ¡Desátame y te prometo partirle el cuello! ¡Sabía que este tipo no era de fiar!

—Entonces sí soy una carga —Le dije apretando los dientes.

—Kag…

—Vete.

—Pero podemos ser amigos…

—¡Que te vayas de mi maldita casa! —Le grité conteniendo las lágrimas. Cerré los ojos de impotencia y me quedé parada, esperando a escuchar sus pasos alejándose. Pasaron unos cuantos segundos y Hojo se fue.

Inuyasha se hallaba en silencio, la luz del Goshinboku resplandecía demasiado. Me giré a verle. Él me miraba con los labios apretados.

—No llores —Dijo casi en un susurro.

Me toqué la cara, y me di cuenta que las lágrimas caían sin cesar. Otra vez cálidas, mi rostro seguramente estaría tiñéndose de rojo y mi nariz empezaría a hincharse. Otra vez mi corazón se encogía del dolor.

.

Era lunes por la mañana. Levanté el rostro de la almohada al oír el despertador.

La conocida sensación de no querer levantarme de la cama apareció. Esa incomodidad de siquiera existir. El dolor incesante en mi cabeza por tanto llorar.

—Te dejo el bastón al lado de la puerta, por si hoy quieres bajar—La voz de mamá se oyó desde el umbral.

Yo no dije nada.

—Podrías ir a ver las gardenias…

—No quiero —Murmuré volviendo a hundirme en mi almohada. Ahora podía sentir el frío de la humedad. Seguramente había dejado un machón bastante amplio en la funda.

Los pasos de mamá se acercaron. Seguidamente sentí como la cama se hundía.

—Ibas progresando cielo… ¿vas a dejar que esto destruya todos tus progresos?

—¡¿Qué progresos?! —Exclamé contra la almohada, volviendo a sentir las lágrimas sobrevenir—. Soy una discapacitada. No rendí los exámenes, no… no voy a poder a ir a la universidad nunca, estaré dependiendo por siempre de ti y…

Sentí las manos de mamá en mis hombros y un leve apretón.

—No dejes que las palabras de un ignorante te condicionen. Rendirás cuando tengas que hacerlo, primero te acostumbrarás a este modo de vida y te independizarás de tareas cotidianas, como caminar sola en la calle e ir a comprar. Aprenderás a estudiar de una nueva manera —Dijo mamá al mismo tiempo que su voz se quebraba—. Luego te irás a Tokyo. Podrás vivir sola y estudiar… hay muchas maneras de aprender, te compraré todo lo que sea necesario, lo que quieras y necesites, pero tienes que esforzarte y querer lograrlo.

Me levanté de la cama y abracé a mamá. Se sentía cálida, como siempre. Me sentí reconfortada casi al instante. Ella me sostuvo con fuerza y la sentí temblar ligeramente, intentaba no llorar.

—¿De verdad crees que podré?

—Estoy segura. Ahora levántate, esas gardenias te necesitan —Dijo en un tono bromista pero cargado de ternura.

Luego de darme un baño y cambiarme, con ayuda de mi bastón blanco bajé las escaleras para desayunar. Noté la presencia de Souta en la mesa con solo escucharlo tomar el pan. Me impresionaba poder oír esas cosas.

Desayunamos tranquilamente en silencio por unos segundos. Yo apenas untaba con algo de mermelada las galletas que mamá solía dejarme en la mesa.

—Hermana, ayer vino Hojo, ¿verdad? —Con su voz algo molesta, escuché como dejaba su taza y apoyaba los codos sobre la mesa.

Tomé un sorbo largo de mi café con leche, como si necesitase energía para responder. Bajé la taza precipitadamente al darme cuenta que no le había puesto azúcar, volcando un poco en el movimiento. Palpé la mesa en busca de una cuchara, y empecé a poner varias cucharaditas de azúcar.

—Sí —Le dije débilmente.

—Nunca quiso jugar a los videojuegos conmigo —Dijo con una voz desaprobatoria—. Todo novio debe jugar con el hermanito de su novia a los videojuegos, incluso si es por compromiso. Es mejor que te hayas separado de él.

Solo pude reírme desganadamente.

.

Al salir al patio, la luz era tenue, casi apagada. Me asusté y me apresuré para llegar al árbol, con cuidado de no caerme.

Abrí los ojos al darme cuenta que el Goshinboku resplandecía solo, Inuyasha no se hallaba a la vista.

Por un momento, solo pude percibir mi corazón.

—¿Inuyasha? —Pregunté en voz alta frente al árbol, no me importaba si mi madre me escuchaba.

El último suspiro del otoño me daba en la cara. Hasta las hojas que se desprendían del Goshinboku volaban hacia mí, en un pequeño espiral. Curiosamente, luego de segundos de desprenderse, como gotas luminosas, perdían su luz y desaparecían… como si la vida se les acabara en esos instantes. El árbol nunca brillaba por sí mismo si Inuyasha estaba presente. Era algo que todavía no podía explicar.

—¿Qué quieres, tonta?

—Ah, estás ahí —Dije aliviada al verlo materializarse. ¿Podría desaparecer y aparecer a su antojo?

—Ya te dije que no iré ningún lado —Desvió la mirada y refunfuñó.

Sonreí débilmente y fui a sentarme al banco. Dejé de lado mi bastón blanco.

Nos quedamos en silencio unos minutos. Pero no me molestaba.

—No has parado de llorar por dos días enteros —Dijo.

—Lamento no haber venido —Volteé a verlo

—Keh, no me importa. Solo fue molesto.

Me quedé viéndole pero él se rehusaba a mirarme. Mantenía el ceño fruncido y su cuerpo se mantenía tenso. Por las mangas de aquella extraña túnica roja, sus manos se cerraban en puños.

—¿La gente se viste así de formal, de dónde vienes? —La ropa de Inuyasha casi completamente roja, estaba bien ensamblada y tenía cortes muy cuidados. Un cinturón violáceo con hilos dorados se hallaba atado a su cintura y sus pies eran cubiertos por unas botas de cuero finas. Si era de otra época su familia debió haber tenido una posición socio-económica elevada.

Inuyasha volteó a verme y se miró unos segundos la ropa.

—¡HA! ¿Los simples humanos? ¡Ya quisieran tener una toga de cabello de la Rata de Fuego! —Presumió.

—¿Rata de Fuego?

—Es una tela resistente, más resistente que cualquier armadura —Dijo mirándose—. Combatía monstruos en las guerras sin hacerme rasguño alguno. Claro que lo que queda de mí es solo un reflejo de lo que fui.

—¿Monstruos? —Solo pude quedarme con esa palabra.

—Se extinguieron hace siglos… los he visto pasar. Monstruos y demonios… Los he visto ser masacrados a medida que las armas iban evolucionando.

Me quedé un segundo… mirándolo sin poder creerlo.

—Ni monstruos ni demonios existen.

Una sonrisa burlona se extendió lentamente por su cara.

—Entonces yo no existo.


¿Te gustó? ¿No? ¿Crítica?

l

l

l

l

V