Lo Aprendí de ti
Colin estaba sentado sobre el suelo de tierra firme, con sus brazos apoyados sobre sus piernas cruzadas y una pequeña ramita que jugaba entre sus manos o utilizaba para hacer trazos sobre la tierra, llevaba tiempo así, desde que había encontrado a Beth escondida en ese pequeño rincón detrás de una de las casas de la aldea. La había encontrado sin querer mientras buscaba a los otros niños para jugar. Al principio solo se había detenido a preguntarle lo que hacía, sin tener demasiado interés realmente en acompañarla en lo que pudiese estar haciendo la niña; pero la conocía demasiado bien y rápidamente se dio cuenta de la mirada maliciosa con la que observaba el jarrón que traía entre sus manos. Le preguntó sobre lo que tenía pensado hacer, a lo que ella simplemente le respondió que se fuera, que no era su asunto. No sabía cuánto tiempo había pasado desde entonces, cada tanto volvía a insistir para que le dijera pero la niña solo lo miraba despectivamente mientras intentaba correrlo. De lo que si se había dado cuenta Colin fue de las insistentes miradas que daba Beth hacia una de las casas que quedaba justo enfrente de donde ellos se escondían, era la casa de Hylia, quien al parecer no se encontraba dentro.
—Ya dime que tienes pensado hacer Beth— Volvió a insistir, haciendo que la niña dejara de prestar atención a la casa y fijara su mirada molesta en él.
—Shhh!— la niña cubrió su boca con el dedo índice como señalización para que guardara silencio –Ya te dije que no te voy a decir, mejor vete.
—¿Qué es lo que tienes en el jarrón?.
—No te lo diré, y si sigues hablando alguien nos va a escuchar, cállate o vete— las repetitivas preguntas de Colin comenzaban a irritarla, desearía que no estuviera aquí y la dejara tranquila, pero el niño parecía empeñarse en hacerla desesperar y ella no quería echar a perder su plan; había pasado días preparándolo. Quizás Ilia no le creyó en aquella ocasión cuando le dijo que haría algo, pero desde aquel día había comenzado a idear formas para molestar a Hylia y que dejara la aldea, hacerle saber que no le agradaba era un buen comienzo, esta sería la primera de muchas travesuras que tendría preparada para ella.
Colin se quedó callado, considerando la posibilidad de mejor irse y no estar involucrado en lo que sea que estuviera pensando en hacer la niña, estaba a punto de retirase cuando vio como Beth se levantaba con cautela, siempre mirando fijamente a la chica que ahora pasaba por ahí, Hylia pasó a sus lado sin verlos caminando tranquilamente hacia su casa.
Entonces Colin se dio cuenta de que lo que tenía pensado hacer la involucraba a ella, antes de que pudiera detenerla o alertar a Hylia Beth salió del escondite.
—¡Tú lo estás arruinando todo!.
—¡Beth no!.
Esos gritos fue lo que Zelda alcanzó a escuchar antes de sentir la sensación de un líquido espeso golpeando en su espalda, su andar se detuvo en seco, rápidamente dio media vuelta en dirección de los gritos, pudo ver a Beth con un jarrón ahora vacío entre sus manos todavía en la posición de cómo le había arrojado el contenido, y a Colin con una expresión de miedo en su cara.
La mirada de Zelda se enfocó en el jarrón que la niña tenía, sabía lo que le había arrojado sin siquiera tener la necesidad de ver su espalda, había visto ese tipo de jarrón antes, en el taller de alfarería había varios de ellos con las mismas características, se utilizaban para guardar el barniz que se les ponía a los jarrones antes de meterlos al horno.
Su mano se dirigió a su espalda y con la punta de los dedos pudo sentir la capa de barniz todavía húmeda que se había formado en su vestido, pero cuando su mano se desplazó un poco más arriba sobre su espalda pudo ver el verdadero daño que había causado; el cabello desde los hombros hasta la cintura estaba completamente cubierto de aquella sustancia pegajosa, algunas pequeñas gotas que habían caído cerca de las puntas comenzaban a secarse.
—¡¿Beth qué es lo que has hecho?!.
—Ella se lo merece Colin.
La mirada de Zelda se enfocó ahora en la niña que tenía el rostro cubierto de un rubor de ira—Beth…— Zelda mencionó su nombre suavemente, intentando hablar con ella, pero solo alcanzó a pronunciar su nombre cuando ella la interrumpió bruscamente.
—No digas ni una sola palabra, yo te odio, ¡te odio!, ¿Por qué mejor no te vas eh?, ¡vete de aquí!— Beth se dio la vuelta enojada, sin darle la más mínima oportunidad a Hylia de responder se alejó todavía molesta.
—No le hagas caso Hylia, tú eres una agradable persona, no te vayas. Yo hablaré con ella— después de decir esto Colin se fue corriendo intentando alcanzar a la niña.
Zelda se quedó parada en el mismo lugar por unos momentos, pesando en lo que acababa de suceder. Con cuidado tomó su larga cabellera y la pasó por el frente de uno de sus hombros, observando con tristeza como aquel material pegajoso se endurecía cada vez más formando capaz y grumos que estaba segura no serian nada fácil de quitar.
Con una última mirada al jarrón vacío en el suelo entró a su casa.
Lo primero que hizo fue lavarse el cabello esperando poder quitar aquel barniz con agua y jabón, después de intentarlo por un par de horas sin obtener los resultados que ella esperaba se dio por vencida y ahora miraba su reflejo en el pequeño espejo con bordes de madera rústica, el cabello desde sus hombros hasta su cintura ya no tenía salvación, estaba completamente arruinado por el pegamento que se había adherido firmemente en los mechones de su cabello, por más esfuerzo que le dedicó a lavarlo el pegamento no se desprendió, se le habían formado pequeños grumos que le fue imposible de deshacer.
No sabía cuánto tiempo llevaba ya en la misma posición, con una mano sosteniendo unas tijeras y con otra parte de su cabello, no había sido una decisión fácil per era la única alternativa que le había quedado, cortarlo sería la solución. Tomó un par de respiraciones profundas con determinación y nuevamente y como ya lo había hecho antes acercó el filo de las tijeras al mechón de pelo que sostenía entre su mano, mientras escuchaba el sonido del metal cortando las hebras castañas sus ojos se enrojecieron. No importa, se decía a sí misma, es solo cabello.
Poco a poco los mechones de cabello castaño que tomaba entre sus manos se iban acumulando en el piso.
Cuando sintió que había cortado lo suficiente se miró fijamente en el espejo, estaba segura de que no le había quedado bien, desde el frente podía notar las puntas irregulares sobre sus hombros y ni siquiera podía ver la parte de atrás, que imaginaba estaría peor.
Soltó una respiración contenida y dejó las tijeras sobre el pequeño mueble, sin ánimos de querer seguir cortando más su cabello.
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Ashei observaba cómo las gotas de agua helada resbalaban por el vaso de cristal, el calor sofocante de Kakariko parecía mantenerlos en un eterno verano, afortunadamente la taberna de Telma siempre era un buen lugar al cual recurrir, sobre todo cuando tenía todo el día viajando por los campos de Hyrule bajo la intensidad del sol. Estaba camino a Ordon, hacía semanas que no visitaba a Zelda.
Recordó haber estado sentada en este mismo lugar hacia ya unas cuantas semanas, justo el día de la boda de Hilda, ella había acudido desesperada a su habitación por la madrugada de ese día, tocando la puerta frenéticamente y despertándola de sobresalto, ni siquiera había abierto la puerta completamente cuando escuchó la voz de Hilda casi cerca de convertirse en gritos que bien se pudieran escuchar por todos los silenciosos pasillos.
—Ve por ella Ashei— fue lo primero que le dijo a la adormilada guardia que por un minuto no entendió de lo que estaba hablando.
—¿Qué?— sus ojos entornados y cejas fruncidas con evidente adormilamiento no detuvieron el discurso de Hilda, que parecía más desesperada con cada palabra que decía.
—Si ella regresa yo no me casaré con Ravio— le había dicho ella, pero por mas ueltas que le dio al asunto no entendía como eso podía ayudar en la situación, Hilda estaba embarazada y hacer que Zelda volviera al castillo ese día lo único que haría sería reabrir la herida, ella ya no podía estar con Ravio; sólo le quedaba confiar en las palabras de Zelda cuando ésta le dijo que ya no le afectaba mas lo de Ravio e Hilda.
Sin tener la opción de negarse Ashei había hecho todo el recorrido desde el castillo hasta Kakariko con calma, tomándose todo el tiempo que le fuera posible, demorarse era una cuestión que la tenia sin cuidado; había partido antes del amanecer y cuando llegó a Kakariko el sol del mediodía iluminaba vigorosamente. Pasó unas horas en la taberna de Telma, dejando que su caballo descansará y bebiera un poco de agua mientras ella aprovechaba para refrescarse un poco. Miró por una de las ventanas el sol, por su posición debía suponer que ya era demasiado tarde de todas maneras, para esas horas Hilda ya debía haberse casado.
Al final decidió no ir por Zelda, aunque era un tema del cual no tenia porque intervenir, había tomado esa decisión.
Pero ahora necesitaba asegurarse de que estuviera bien. Salió de la taberna de Telma e hizo el camino hacia Ordon, antes de llegar a la aldea cerca del puente colgante se encontró con Link caminando con tranquilidad mientras sostenía las riendas de su caballo y el de Zelda entre sus manos, parecía que los había sacado a retozar porque ninguno tenía puesta la montura.
—Qué bueno que vienes Ashei, me alegro de verte.
— Hola Link, es bueno verte también. Estoy aquí para ver a Hylia.
—Es bueno escuchar eso, hace unos días estaba muy mal, no me dijo lo que le pasaba pero no podía ser nada bueno. Desde aquél día he estado muy preocupado por ella.
Ashei enmarcó una ceja y miró detenidamente a Link antes de preguntar —Estás pasando mucho tiempo con ella ¿no es así?— no necesitaba que Link le contestara para saber la respuesta, una de las características que compartía con Zelda era que ninguno podía ocultar la verdad cuando esta se les preguntaba directamente, el rubor que se formó en sus mejillas y su mirada evitando el contacto visual lo delataron. Viendo su incomodidad Ashei no inquirió más en el asunto y dejó que se marchara.
Después de ese encuentro con Link del cual Ashei todavía no sabía que pensar al respecto se dirigió directamente a casa de Zelda.
Tocó la puerta un par de veces, esperando paciente a que Zelda abriera, cuando los minutos pasaron y volvió a tocar sin obtener respuesta empezó a preocuparse, algo no andaba bien. Estaba ideando la forma de entrar de alguna manera cuando la puerta se abrió.
Zelda se asomó desde el interior, con sus manos entreabriendo la puerta sólo lo suficiente para que se sobresaliera su cara. –Ashei eres tú— casi gritó con alegría y se lanzó a abrazarla. Para Ashei no habían pasado desapercibidos sus ojos llorosos y ahora que la abrazaba pudo darse cuenta del cabello húmedo y corto.
—¿Qué le pasó a tu cabello?.
Zelda se separó de ella y con una de sus manos agarró un mechón de corte irregular –Intenté cortarlo, pero no me quedó bien. ¿Hice un desastre no es así? ¿Me ayudas?.
Ashei recortó el cabello de Zelda, intentando dejarlo lo más decente posible, no es que ella fuera muy buena haciendo esas cosas, pero al menos ya no se le vería tan mal. Sentada en el mismo mueble donde ella había estado sola antes miraba sin prestar atención los movimientos de Ashei mientras cortaba cuidadosamente la melena castaña.
—La boda de Hilda fue hace unas semanas— la voz de Ashei rompió el cómodo silencio en que se encontraban y la mente de Zelda dejó sus pensamientos internos para prestar atención.
—Lo sé— respondió haciendo contacto visual con su amiga desde el espejo –Dime como esta ella.
Ashei desvió su mirada, enfocándose nuevamente en el cabello que acomodaba con un peine para poder cortarlo –Ella pensaba que irías a pedirle que no se casara, incluso me pidió que viniera por ti.
Zelda sonrió mientras escuchaba –Pero no viniste- acusó divertida
—¿Te hubieras ido conmigo?— preguntó con escepticismo
—No. A veces pienso que de haberme casado con Ravio, me hubiera negado yo misma la oportunidad de muchas cosas, de sentir, de amar verdaderamente, de vivir; ni si quiera hubiera conocido a— su discurso se detuvo abruptamente, apretando sus labios para no seguir hablando.
—A Link— terminó la oración por ella. —Zelda— le dijo suavemente mientras apoyaba ambas manos sobre sus hombros y la miraba por el espejo, Zelda conocía muy bien ese tono de voz y esa mirada, era el mismo gesto que utilizaba cuando intentaba convencerla de que algo no estaba bien.
—¿Ya terminaste?— inquirió Zelda tocando su cabello, intentando desviar la conversación.
Ashei se dio cuenta de las intenciones de Zelda, por esta vez la iba a dejar pasar –Ya, se te ve muy bien.
—Gracias Ashei— comentó Zelda, tocando su cabello mientras giraba su cabeza lentamente de un lado a otro apreciando la nueva longitud de su cabello. Ashei solo asintió entendiendo el agradecimiento silencioso involucrado.
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A la distancia que se encontraba alcanzaba a ver perfectamente la parte de atrás de la casa de Hylia, apresurada Ilia se dirigía hacia ahí, apenas unos instantes atrás se había encontrado con Colin y él le había contado lo que Beth había hecho. Mientras caminaba recordaba el incidente con Beth días atrás, ella le había dicho en aquel entonces que haría algo para que Hylia no se acercara a Link, pero no pensó que en realidad se atrevería a hacer algo, o al menos no algo como lo que hizo; casi se sentía culpable de no haber actuado antes, quizá si hubiera platicado con Beth la podría haber convencido para que olvidara esas ideas. En cuanto viera como se encontraba Hylia hablaría con ella seriamente, para que otro incidente como este no se volviera a repetir.
Estaba por dar la vuelta y entonces podría entrar desde uno de los costados del porche, antes de siquiera alcanzar a verlo alcanzó a escuchar la voz de una mujer, su paso se detuvo y se quedó parada en su lugar, dudando si intervenir en la conversación o esperar que la chica que hablaba con Hylia se marchara, tras escucharla por unos segundos reconoció la voz, era Ashei, prestó atención por un poco más de tiempo, concentrándose en el tono de voz más que en lo que estaba diciendo, si, estaba segura de que era Ashei, a pesar de que no convivía tanto con ella como lo hacía Link su voz grave le era inconfundible. Pronto una duda se formó en su mente ¿Qué es lo que hacia Ashei con Hylia?, con cuidado se acercó más hacia el borde de la pared de madera de la casa pegando su cuerpo completamente en la madera para poder echar un vistazo con cuidado, tenía demasiada curiosidad ahora.
Pudo comprobar que era Ashei, acomodando la montadura de su caballo hablaba con Hylia; quien estaba de espaldas a Ilia, por lo que fue perfectamente capaz de notar como su abundante cabellera larga había desaparecido y ahora su melena apenas y alcanzaba la altura de sus hombros, esas habían sido las consecuencias de lo que Beth le había hecho.
Ahora alcanzaba a escuchar perfectamente la conversación —Lo mejor será que regreses al castillo lo más rápido posible – los ojos de Ilia se entornaron al escuchar esa palabra, ¿castillo? —Yo sé que te sientes muy bien aquí; yo también creo que te ha ayudado mucho, me he dado cuenta de que eres una persona más independiente, estás madurando y aprendiendo a hacer las cosas por ti misma, y eso me alegra muchísimo, no sabes cuánto. Pero no puedes simplemente negar quién eres en realidad, no te puedes estar escondiendo para siempre, tú eres una princesa; tú no perteneces aquí—
Ashei acarició a su caballo una última vez antes de montarse en el —Además está el asunto de tu padre, él piensa que te han secuestrado y aunque trate de ocultarlo con su carácter fuerte se perfectamente que detrás del mal humor que ha tenido las últimas semanas se esconde la preocupación que siente al no saber nada de ti— la princesa no dijo nada mientras la escuchaba –Zelda, debes ir considerando la idea de dejar este lugar; y entre más rápido lo hagas será mucho mejor.
Ilia casi deja escapar un chillido de sorpresa al escuchar las palabras de Ashei, con ambas manos cubrió su boca mientras con sus ojos verdes completamente abiertos por la sorpresa seguía mirando a ambas chicas.
¡Hylia era en realidad la princesa Zelda!
Todavía le parecía imposible, de no haberlo escuchado ella misma nunca lo hubiera creído, todo este tiempo había estado tratando con la princesa de Hyrule. Su pose siempre perfecta, sus gráciles movimientos, su lenguaje educado y su torpeza con cosas que parecían tan cotidianas, el recuerdo de esos comportamientos vinieron a su mente y ahora tenían sentido.
Pero lo peor era que todo este tiempo los había estado engañando a todos.
Su ceño se frunció de molestia al pensar en Link, seguramente él tampoco sabía nada y se estaba creyendo las mentiras que ella le estaba diciendo. Si antes estaba sintiendo preocupación por ella ahora esos sentimientos de compasión se habían transformado en unos muy diferentes, los celos que por ella albergaba se convirtieron en rencor, Link no se merecía eso.
Escuchó el relinchido del caballo de Ashei y las despedidas de ambas, instantes después las pisadas del caballo resonaron alejándose cada vez más. Ilia todavía permanecía en el mismo lugar, considerando lo que debía hacer con la información de la que acababa de enterarse.
Poco después de que Ashei se alejó, Ilia pudo ver a la que ahora sabía era la princesa alejarse, haciendo el camino que seguramente la llevaría hacia la fuente del espíritu.
Después de haber perdido a Zelda de vista hizo su camino de regreso a su casa, esta vez con un semblante de incertidumbre.
Efectivamente y como lo había pensado Ilia, Zelda se dirigía hacia aquel lugar que tanto le llamaba la atención. La fuente estaba tan tranquila como siempre, el movimiento del agua producía un agradable eco que le apetecía escuchar, se sentó cerca de la orilla y se quedó en silencio mirando su reflejo en las aguas cristalinas, el cual no sabía si estaba distorsionado por el movimiento del agua o por las lágrimas que se formaban en sus ojos. No estaba llorando por perder su cabello, las lágrimas que intentaba contener eran por algo mucho más importante y amargo a la vez; como se lo dijo Ashei ella había cambiado, ya no era la misma Zelda que llegó a este lugar intentando huir de un problema que no se atrevió a enfrentar, su largo cabello era lo único que conservaba de aquella princesa; una identidad que le parecía ahora ajena e insípida. Le gustaba vivir en Ordon, una vida sencilla pero satisfactoria, y saber que algún día debía regresar al castillo era lo que le dolía, se estaba encariñando demasiado con la vida y las personas de este lugar.
Escuchó pasos detrás ella y rápido limpió sus lágrimas, ni siquiera tenía que voltear para saber que era Link.
Él colocó en el suelo lo que traía entre sus manos y se sentó a su lado sobre la arena de la orilla, con una pierna extendida y una mano sobre la otra que estaba flexionada; Hylia tenía la mirada puesta en el suave movimiento del agua con la barbilla apoyada sobre sus brazos cruzados.
—Me enteré de lo que pasó con Beth. Me imagino estás así por lo de tu cabello.
Zelda levantó la cara entonces, vio en sus ojos la simpatía y sólo asintió en respuesta aunque no fuera verdad.
—Lo que hizo Beth estuvo mal no hay duda de eso; pero si me preguntas, te ves hermosa, no quiero decir que antes no lo eras, pero ahora es solo que, a, bueno es que tienes unas orejas muy lindas y tus mejillas y el cabello corto.
Zelda sonrió ante el montón de comentarios sin aparente conexión que Link soltaba apresurado, su mano se posó sobre la suya en la arena y con voz suave intentó calmarlo –Gracias–
Parecía que toda la capacidad para sentir de Link se había concentrado en la sensación de su pequeña y suave mano contra la suya, se quedó callado por unos momentos y repentinamente y como si se le hubiera ocurrido de repente recordó el motivo por el que había ido a buscarla –Oh si, te traje esto.
Zelda miró lo que Link sostenía entre sus manos, sorprendida de que él tuviera eso –Es el primer jarrón que hice.
—Así es, yo lo compré— mientras la mirada de Hylia se enfocaba en el jarrón la de Link se dedicó a observar detenidamente sus facciones, había querido decirle antes que el cabello corto resaltaba de una forma agradable sus rasgos, pero las incoherencias que su lengua soltó no le ayudaron a expresarse en absoluto.
Zelda le sonrió, ahora que era capaz de hacer mejores jarrones los defectos de ese resaltaban a simple vista y no necesitaba ser una experta en el tema para notarlo –Está horrible, tiene muchos defectos.
Link la miró por unos segundos antes de responder a su comentario—¿Tú crees eso?, yo pienso que es perfecto— decía mientras levantaba el jarrón frente a su rostro y lo rotaba lentamente para examinarlo mejor.
—Claro que no— objetó ella –Mira, tiene irregularidades en los bordes y no es simétrico, y ni hablar de la pintura, en algunas partes está corrida, definitivamente es horrible—
—Yo creo que esa es solo su apariencia, lo superficial, pero hay más de este jarrón que ver, lo que simboliza; y para mí este jarrón es perfecto porque en el está depositado tu esfuerzo y dedicación, cuando lo veo recuerdo tu alegría y la sonrisa de satisfacción que había en tu rostro por haberlo logrado, eso es lo que importa, ¿Hay que ver más allá de las apariencias no crees?.
—Las apariencias— repitió Zelda ausente mientras su mirada se enfocaba nuevamente en el agua. Era el momento, Zelda sabía que ahora era el momento ideal para decirle a Link quien era ella en realidad. Pero entonces sintió como la mano de Link se posó en su mejilla girando un poco su rostro para poderla mirar a los ojos –De verdad eres hermosa— le dijo mientras movía su mano de su mejilla para tocar un mechón de su ahora corto cabello deslizándolo entre sus dedos suavemente hasta las puntas, la voz de Link sonó tan dulcemente grave cuando le dijo eso, que casi le dio la impresión a Zelda de que era el asunto más serio del que jamás estuviera hablando, su mirada azul no se despegó ni un momento de la suya, haciendo que el corazón le latiera rápidamente y un brillo carmesí cubriera sus mejillas. Sus ojos se cerraron cuando sintió la cara y el respirar de Link más cerca de ella y pronto pudo sentir el contacto ligero y suave de sus labios contra los suyos, fue un beso tan tranquilo, tan sutil físicamente, pero que en su interior se sintió tan intensamente que le causó un gran estallido a sus emociones, sus ojos se mantuvieron cerrados hasta que Link se alejó, llevó una de sus manos hacia su boca y con la yema de los dedos tocó sus labios que se contraían en una sonrisa.
Link se sonrojó al ver el acto, dudando de lo que podría significar y más nervioso de lo que podía estar preguntó —¿No lo hice bien?.
Zelda lo miró sonriendo todavía —Fue perfecto— Agradecía estar sentada porque de no ser así seguramente por el cosquilleo que sentía por todo el cuerpo las piernas le hubieran fallado.
Link le sonrió y con más confianza que antes tomó su cara entre sus manos y la volvió a besar, acariciando sus labios con los suyos tiernamente mientras descubría la dinámica del beso.
Extrañó instantáneamente la sensación de sus labios cuando se separó de ella, le daban ganas de volver a besarla al verla así, con sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos todavía.
Al abrir los ojos Zelda se encontró con la mirada expectante de Link –Hay algo que debo decirte—comenzó él —y es algo que debo decirlo ahora mismo, porque siento que no puedo esperar ni un día mas— Buscó sus manos y las acunó entre las suyas –Yo quisiera, bueno debo— tomó una respiración antes de hablar de nuevo —yo tengo que decirte algo— con su pulgar frotaba el dorso de sus manos mientras buscaba las palabras que le ayudaran a expresar lo que desde hace unos días había querido decirle. Siempre había sido más fácil en su mente.
El corazón de Zelda parecía no poder latir más rápido y al contrario su respiración parecía tan lenta que por instantes le daba la sensación de que iba a detenerse.
—Supe tan pronto como te vi que te convertirías en alguien especial para mí, pero no imaginaba cuanto.
—¡Link!, ¡Link! Qué bueno que te encuentro— Ilia apareció de repente detrás de ellos, con el rostro contraído en un gesto de desesperación y angustia, respirando agitadamente por la carrera que había hecho desde la aldea hasta la fuente del espíritu.
—Qué pasa Ilia, ¿Por qué estás tan asustada?— Los dos se levantaron al instante para acercarse a ella.
—Es Beth, su mamá nos dijo que se internó en el bosque desde el atardecer y no ha regresado, todos en la aldea estamos muy preocupados.
Los tres regresaron a la aldea, la mayoría de los habitantes estaban afuera de la casa de la madre de Beth, algunas mujeres rodeaban la señora intentado tranquilizar sin ningún efecto el llanto desesperado de la mujer que parecía desmayarse en cualquier momento; los hombres habían formado equipos de búsqueda, con antorchas en mano y alguna herramienta que les pudiera ayudar en caso de ser necesario se internaban en el bosque.
Link se unió a ellos rápidamente, tomando lo necesario como precaución. Zelda se quedó junto con las demás mujeres, sosteniendo el jarrón entre sus manos mientras veía la luz tenue de las antorchas alejándose lentamente.
Este capítulo lo escribí mientras estaba enferma :´D creo que por eso me gané unas vacaciones!, nos vemos en febrero o en marzo! x´D Nah, ya en serio, espero les haya gustado n.n
Ya mejor no les diré que tendré el capitulo siguiente más rápido porque luego ni cumplo —_—
(Gracias por sus comentarios, por seguirme, por seguir la historia, lo aprecio)
Espero que todos estén bien :D
