¡Hoy volvemos a los capítulos largos! Pero antes, tres cositas:

Lo primero: hoy les traigo tres canciones, así que espero les gusten. Dos son mías y una no, y las tres están en inglés. Si bien me han confirmado que no hay problema en colocar una canción ajena, les pido que si no está bien incluirla, que me lo hagan saber.

En segundo: en este capítulo iba a empezar a hacer chistes referidos a otras series de TV. Pero para evitar polémicas, decidí remover la broma, que era de bastante mal gusto y que estaba dirigida a otra serie de Disney.

Y por último, quiero agradecer a todos los que leen mis historias, ya que he ambas han superado los mil hits. Así que ¡muchas gracias de corazón!

"La ruta 66", es lo que viene ahora. ¡Que lo disfruten!


Capítulo VIII

La Ruta 66

La idea había sido en un momento levantarse temprano. Y así fue, aunque no de la manera esperada: A eso de las nueve de la mañana, a la vez que Doofenshmirtz dominaba Danville Capital, Candace despertó de forma súbita, con cara de pánico y sudando. A su lado, Isabella roncaba.

-¡Isabella!-exclamó la pelirroja, zamarreando a la niña-¡Despierta, Isabella!

Pero ella no sólo no se despertó, sino que se dio vuelta y balbuceó:

-Oh, Phineas... no sabía que me amabas tanto...

Y siguió roncando. Ella se encontraba abrazando a la almohada, soñando que era la persona que amaba. Candace se enojó por un momento, pero luego sonrió.

-Isabella, yo sé que lo quieres mucho-murmuró-Pero si lo quieres de vuelta, tendrás que ayudarme a rescatarlo.

-Cuenta conmigo, Candace-susurró la niña, e inmediatamente abrió los ojos-Ha sido una noche larga, ¿no?

-Oh, sí…-contestó, un poco triste.

Isabella la miró.

-¿Qué sucede?

-Es que… tuve una pesadilla… y desperté de golpe.

-¿Pesadilla?

-Sí… fue horrible. Soñé con Jeremy, pero como lo vi en el futuro. Pude sentir como me empujaba y me gritaba, y me hacía sentir culpable de todo esto…

-Candace, no debes pensar en eso-le dijo Isabella-Jeremy te aprecia mucho, le agradas y no te haría eso jamás.

-Pero… ¿cómo estar tan segura?

-¿Lo ves? Es lo que te decía: te falta optimismo. Me lo prometiste ayer, por si no lo recuerdas.

-Es cierto… ¡pero es tan difícil!-se quejó Candace-Piénsalo… ¿qué les estarán haciendo ahora?


Al mismo tiempo, el sargento Honrado entró al cuarto de los chicos. Sin pensarlo dos veces, gritó:

-¡Atención! ¡Soldados, arriba!

Phineas, Ferb y Jeremy no habían dormido bien y ni siquiera se habían cambiado. El rubio, de hecho, tenía una dolorosa quemadura en el cuello, mientras que Coltrane estaba más o menos igual de cansado. El aullido del hombre les hizo pegar un salto y despertarse de inmediato, aunque no del todo bien: a diferencia de los demás niños, tenían ojeras y los ojos entrecerrados.

-¡Ustedes!-exclamó el sargento-¡Abran esos ojos, caramba!

Los tres hicieron un esfuerzo para ponerse de pie y estar listos para lo que vendría. Ferb aprovechó y escondió la guitarra.

-¡Tú también!-le gritó al moreno, quien se puso firme en un santiamén-Vaya, que obediente… es increíble lo débil que eres… con razón decías que tocabas el bajo.

El comentario no sólo ofendió a Coltrane, sino también a Jeremy, quien tuvo muchísimas ganas de pegarle al hombre en la cara.

-He traído los uniformes que usarán aquí. ¡Pónganselos!-aulló, y les arrojó la vestimenta al rubio y a los hermanastros-¡El calzado corre por cuenta de ustedes!

Consistían en una blusa, un chaleco, pantalones, y un sombrero, estos tres últimos de color verde militar. Los chicos se vieron obligados a quitarse la ropa frente a todos los demás niños y adolescentes, lo cual produjo una enorme carcajada conjunta, a excepción del amigo de Jeremy y Bill.

-¡Silencio!-gritó Honrado.

Todos se callaron. Cuando Phineas, Ferb y Jeremy acabaron de ponerse los uniformes, alguien dijo:

-Oye, Johnson, ¿quieres salir conmigo hoy? Mi otro novio está en Danville ahora.

Enojado, Jeremy se dio vuelta e intentó golpear al que había dicho eso, pero su mejor amigo lo detuvo.

-¡No, viejo! No vale la pena, déjalo.

El agresor era un joven más o menos de su edad, que ya tenía bigote y una pequeña barba.

-No busques problemas conmigo-le dijo el rubio-Sigue así y serás hombre muerto.

Dicho esto, volvió con Phineas y Ferb.

-Ahora,-siguió el sargento-si me permiten, tengo tareas para ustedes tres hoy. Usted, Johnson, limpiará los platos. Y en cuanto a ustedes dos, Flynn y Fletcher, se encargarán de barrer todos los pasillos de la escuela. Después del desayuno. ¿Comprendieron?

-Sí-respondieron.

-Sí… ¿qué?-rugió.

-¡Sí, señor!-gritaron los tres al unísono.

Entonces, el tipo salió de la habitación dando un portazo.

-No es tan rudo como parece-comentó el adolescente de ojos celestes-siento que podría vencerlo de cualquier forma.

El desayuno se servía en un enorme comedor que se parecía bastante al de una cárcel. Tres mesas muy largas sostenían los platos, que no eran de vidrio sino de cartón pintado, y la comida: rosquillas vencidas.

-Que asco-opinó Phineas-Yo no como.

-Tendrás que hacerlo, amigo-le dijo Coltrane-el almuerzo sí que es incomible.

-¿Qué te sirven?-preguntó.

-Depende. Una vez creía estar comiendo una pata de pollo… y en realidad era una…

-Mejor cállate, no quiero ni saberlo-lo detuvo Jeremy.

Luego de comer algo, (eso sí, no todo) los tres fueron conducidos por Honrado hacia la cocina.

-¡Seré bueno y los dejaré limpiar los platos juntos! Luego pueden ir a barrer.

Salió de allí y cerró la puerta con llave, dejando a los tres encerrados. Enojado, Jeremy se sacó su sombrero y lo tiró al piso.

-Ya estoy harto de todo esto-se quejó-No hemos pasado ni un día aquí y ya me siento en el infierno. Ni siquiera hemos comido bien.

-Deberías alegrarte, Jeremy-le dijo Phineas-Tú te quedarás hasta el final del verano, es decir hasta el domingo... nosotros estamos obligados a quedarnos aquí hasta que cumplamos la mayoría de edad.

-¿De veras crees que debo alegrarme? Esto es un castigo, Phineas. No existe la felicidad en medio de la represión.

-¿Qué?

Los miró, y sintió lástima por ellos. Tan chicos, y en un lugar tan despreciable por una terrible injusticia.

-Creo que son demasiado jóvenes para entenderlo…

-No, no lo creo-respondió Ferb, cortante.

Jeremy se calló un momento al escuchar hablar a Ferb, pero luego prosiguió:

-Escuchen, a ustedes nunca les ha pasado algo similar, y sin duda no se lo merecen. Las cosas no son geniales aquí, y ya nada será igual. La verdad es que se nos ha arruinado ese verano que tanto añoramos todo el año…

Los tres miraron tristes al suelo, pero Phineas era el que más lo estaba. Claro: este era el verano perfecto, el verano que había marcado un antes y un después en su vida y en la de su hermano. Habían hecho todo lo que querían y de pronto todo se volvía abajo antes de tiempo.

-Lo siento mucho-les dijo el adolescente-Sé que es frustrante no poder hacer todo lo que uno se propuso hacer. A mi me pasó lo mismo cuando tenía su edad.

-¿En serio?-preguntó Phineas.

-Claro. A los diez años, yo hacía lo mismo que ustedes. Y como ahora, la pasaba muy bien junto a mis amigos, en especial Candace, Stacy y los miembros de mi banda, como Coltrane.

-¿Y que llegaron a hacer?

-Recuerdo un verano… el verano en que conocí a Candace…

Phineas miró a Ferb, y arqueó las cejas.

-La pasamos muy bien… lo primero que se me viene a la mente fue cuando hicimos esa banda de rock… como la que hicieron ustedes.

-¿Una banda?

-Sí, claro… incluso recuerdo la canción que escribí y que tantos recuerdos me trae. ¿Ferb tiene la guitarra aquí?

El chico de pelo verde buscó tras de si y sacó el instrumento. Jeremy lo tomó y se dispuso a cantar. Phineas y Ferb decidieron cantar con él y hacer percusión.

The School Is Very Far, I Feel It In My Skin
At Last Our Dreams And Fun Begin.
No Doubt For Us, This Is The Best
Please Don't Let The Summer End!

Come To The Countryside And Enjoy The Wind
Come To The City And Eat Ice Cream.
And We All Say, With All Our Friends:
Please Don't Let The Summer End!

We Live, We Play, We Laugh
The Summer Is Great, We Have No Fear
You Have What You Want, Nobody Will Come To Ask
It's The Best Season Of The Year!

We Have Ideas, Projects And Dreams
And We Do Them With Every Breath
Life Is Short And Summer More
The Fun Is Just Beginning For Us!

El adolescente cantaba y tocaba su canción "Don't Let The Summer End" poniendo mucha emoción, cosa que el pelirrojo observaba maravillado. Pero, inesperadamente, la música se oyó más allá de la cocina, por no decir todo el edificio. Cuando la canción terminó, un enojadísimo sargento decidió poner fin al asunto.

-Cantas como si estuvieras enamorado, Jeremy-le dijo Phineas, asombrado.

-Tú sabes que lo estoy-le contestó el rubio.

-Vaya. Antes de enamorarme de Isabella pensaba que el amor lo arruinaba todo...

-Eso no es cierto, Phineas. Deberías saber que…

De repente, Honrado irrumpió en la cocina.

-¿Qué se supone que están haciendo?-gritó-¡Creo haberles dicho que limpiaran los platos!

-Pues sí, eso es lo que íbamos a hacer, "señor"-dijo Jeremy.

-¡Sí, justo ahora! ¡Justo después de cantar!

-Lo siento-dijo Phineas-Es que estábamos practicando para el concurso de talentos de hoy a la noche…

-¿Oh, sí? Bien…

Y se fue. Sin embargo, dos segundos después, volvió a entrar.

-¡Pero limpien los platos!

Y cerró la puerta con todo.

-¡Maldición!-gritó Jeremy, y comenzaron a hacer lo ordenado.


Ya para ese momento, Candace e Isabella ya se encontraban desayunando en el restaurante. Buck se los ofreció gratis.

-No es necesario, tenemos dinero-le dijo la pelirroja.

-No quiero afectarlas para el resto del viaje-contestó Buck-Será un largo y sinuoso camino.

-Oh, por cierto… ¿por dónde debemos ir?-preguntó Isabella, antes de meterse un omelette en la boca.

-Deben salir de aquí e ir hacia el sur. Recuerden: deben tomar la ruta 66.

-¿La ruta 66?-preguntó Candace.

-Sí. Esa es la que une todo el país. Sólo deben guiarse por el mapa y llegarán a Nueva Orleans más rápido de lo que creen.

-¿Cuánto, más o menos?

-Mañana por la tarde estarán allí, aún descansando en alguna parada.

Candace terminó de comer y dijo:

-Bueno, creo que ya es momento de despedirnos.

-Bien-dijo Buck-Fue un placer haberlas tenido aquí. Ahora vayan y salven el futuro, o eso que dicen que van a hacer.

-Salvar a los chicos y arreglar el futuro-lo ayudó Isabella.

-Sí, eso... ¿saben? Tengo pensado volver a Danville uno de estos días... quiero cumplir mi sueño.

-¿Y cuál es?-preguntó la mayor.

-Ser dueño de una taberna... estaba pensando en un nombre como... "El pelícano asesino", o "La almeja asesina"... ¿qué opinan?

-No sé... ¿qué le parece una nutria?

-¿Una nutria? No lo sé... no suena muy comercial. Pero habría que probar...

Las chicas salieron afuera, acompañadas por el hombre.

-¡Buena suerte!-les deseó-No quiero que sea la última vez que las vea.

Subieron al auto y se alejaron del lugar, listas para rescatar a Phineas, Ferb y Jeremy.


A la vez, y luego de un largo tramo, Linda y Lawrence llegaban al barrio. Una ambulancia ya había arribado, y se estaba llevando a la pobre Vivian. Los dos bajaron del taxi, pagaron y se dirigieron a la casa.

-¿Cómo está la señora García-Shapiro?-preguntó Linda, preocupada.

-No es nada-le dijo un enfermero-La señora sufrió un problema de presión, pero ahora está estable. La llevaremos al hospital para observarla y para que descanse. Sepan disculparnos, pero tenemos que irnos.

Ni bien la ambulancia se alejó, Linda miró a Lawrence.

-Ahora por el auto-dijo mamá.

-Sigo dudando de esta idea, me parece muy deshonesta-le recriminó papá.

-¿Quieres a tus hijos de vuelta o no?

El señor Fletcher se quedó pensativo un rato, pero luego asintió.

-Vamos, hay que traer a todos de vuelta a casa. Oye… ¿y quién la cuidará mientras no estemos?

-Ya lo resolví de antemano, querido.

Luego de varios minutos de revolver la residencia de Vivian, pudieron encontrar las llaves del auto descapotable y se subieron a él.

-Y ahora, por nuestros hijos-dijo Lawrence, y pisó el acelerador.

Así, salieron del lugar y se dispusieron a ir a Nueva Orleans, mientras el abuelo Clyde y la abuela Betty Jo los saludaban desde el hogar de los Flynn-Fletcher.

-Ah, toda una casa moderna para nosotros… ¿qué haremos?-preguntó él.

-No sé… ¿dormir?-respondió ella.

Se miraron un momento, y él dijo, enojado:

-Esta casa es una basofia.

Y se fueron a dormir a la cama de su hija.


Al mismo tiempo, Doofenshmirtz seguía disfrutando de su reinado en Danville Capital. Si bien los suburbios no habían sido afectados, Heinz estaba demasiado satisfecho como para preocuparse por el resto del Área Limítrofe, mientras aún era llevado en andas por la gente, dando un recorrido por la ciudad.

-¡La parte urbana es mía!-gritó con emoción-¡Y por lo tanto, también la parte suburbana! Esos tontos de los suburbios siempre hacen todo lo que les dicen desde aquí... ¡así que he cumplido otro objetivo en mi vida…!

Dicho esto, sacó su vieja lista de objetivos, y tachó "Dominar toda el Área Limítrofe", de entre las cosas que se proponía hacer en su vida.

-¿Qué otras me faltan? A ver... "Planchar mis 150 batas", "Casarme con cualquiera menos con Charlene", "Matar al sujeto de la lotería"... vaya, el resto de las cosas son casi imposibles… bueno, ya me las arreglaré-pensó.

Así se hicieron más o menos las dos de la tarde. Ya para ese momento Vanessa había salido de su habitación y se encontraba tomando un café en la mesa, aún con las películas para niños sobre ella.

-Nunca termina de hacer lo que se propone-murmuró en voz baja-Apuesto a que ahora debe estar en la calle haciendo el ridículo.

-¡Vaneeeessaaa!-se escuchó desde afuera.

-¿Eh?-la adolescente, confundida, se asomó a la ventana-¡Papá! ¿Qué demonios…?

-¡Al fin, Vanessa!-gritó Heinz, mientras un grupo de gente lo sostenía sobre un trono hecho especialmente para él-¡Danville es mío!

-Pero… ¿cómo?

-¡Ajá! ¡Ahora que tengo el poder deseas saber!

-¡Por supuesto! ¡Estás más demente que nunca!

-¿Qué?

-¡Eres un loco!

-¿Loco yo? ¡Ja! ¡Pues este loco es el rey de todo el estado! Bueno, excepto el área suburbana… ¡Pero ya caerá! ¿Por qué no bajas y hablamos?

La chica aceptó, aunque de mala gana, y salió del edificio unos minutos después. Doofenshmirtz bajó del trono y trató de abrazarla, pero ella lo detuvo.

-Ahora veo por qué mamá te dejó. Eres un loco, como ya te dije.

-Yo no estoy loco, Vanessa. Yo simplemente me propuse un objetivo cuando me alejé de tu madre, y ahora que lo he cumplido, lo estoy disfrutando… ¿eso es ser loco?

-¡Claro! ¿No ves que ese objetivo te ha devorado la cabeza? Y ahora, ¿qué? ¿Qué vas a hacer ahora?

-¡Pues disfrutar! La gente hará lo que sea por mí… ¡se lastimarán, competirán y me deleitarán todo el tiempo!

-¿Y acaso crees que eso te reconfortará? ¿Sabes, acaso, que sólo son un grupo de zombies?

-¿Zombies? Bueno… sí, son algo así.

-Creo que si tu tonto deseo era dominar este estado, bien pudiste postularte para alcalde.

-No, Vanessa, tendría que dominar con compasión y ese no es mi estilo.

-Bueno, pues escucha esto: esto que has hecho fracasará. Déjalo o no volverás a tener felicidad.

La adolescente estaba furiosa por fuera, pero preocupada por dentro. Heinz la miró y, desconcertado, le dijo:

-Entiendo lo que dices… ¡tengo que controlar las mentes de los suburbanos también para ser feliz por fin!

-¡Oh! Pero... ¿no lo entiendes? ¡Esto no es lo que te quiero decir!

-¿Y qué es?

Casi llorando, lo miró a los ojos y susurró:

-Hace mucho tiempo que dejaste de ser mi padre, Heinz.

Y así, llamándolo por su nombre, se alejó corriendo. Doofenshmirtz se quedó pensativo y también un poco ofendido. Era obvio que el comentario le había llegado.

-Hija-murmuró.

Y se marchó. Los zombies comenzaron a seguirlo.

-¡Fuera!-gritó-¡No los quiero conmigo! Iré solo.

Comenzó a recorrer la ciudad de nuevo, pero esta vez, para pensar detalladamente. Su hija lo había abandonado y él ahora estaba solo. Porque claro: ¿cómo puede considerarse un zombie como compañía o amistad? Imposible.

Tenía tantas dudas que ni siquiera miraba para ambos lados antes de cruzar la calle. Esto estuvo a punto de costarle caro en un cierto punto.

-Vaya-se dijo, al mismo tiempo en que atravesaba la avenida más ancha de la ciudad-¿Será verdad lo que Vanessa dijo? ¿Será acaso esto…?

Y, ante su horror, vio a un auto descapotable avanzando peligrosamente hacia él. Mamá y papá no pudieron hacer nada para evitarlo: el vehículo siguió con todo y atropelló de frente a Heinz.

-¡Lawrence!-gritó Linda-¡Mataste al ex de Charlene!

-Ah, ¿era su ex?-preguntó, mientras continuaba manejando.

Doofenshmirtz no se levantaba. Vanessa, que se encontraba cerca de allí, vio el cuerpo de su padre yaciendo en la calle y, rápidamente, se dirigió hacia él.

-¡Papá!-gritó, horrorizada-¡Papá, levántate! ¡Vamos, papá!

Y, casi al borde del llanto, arrastró a Heinz hasta la vereda para que no volviera a ser arrollado. Unos minutos después, el científico se despertó de golpe, para gran alegría de su hija.

-¡Papá! ¡Estás vivo!

-¡Claro que estoy vivo! ¿Qué pensabas?

-¡Un auto acaba de atropellarte!

-¿Cómo? ¿Un auto? Ah, sí, ya recuerdo. Vanessa, escucha, he visto toda mi desastrosa vida frente a mis ojos en un segundo y…

-¿Y?

-Lo he descubierto, hija. ¡Por fin! ¡La razón de mi desdicha! ¡Estabas en lo cierto!

-¿En serio?-preguntó, con una gran alegría.

-Sí… ¡La razón es porque lo hice sin derrotar a Perry el Ornitorrinco!

-¡Sí, exacto…! ¿Qué?

-¡Al no estar Perry el Ornitorrinco, pude cumplir mi objetivo sin esforzarme, y sin divertirme! ¡Pero ahora sé lo que sucede! ¡Mañana por la mañana partiré hacia ese estado desconocido, rescataré a mi enemigo y estableceremos las reglas para nuestra batalla final!

Y se echó a correr hacia su edificio, dejando atrás a una desconcertada Vanessa.

-Pero… ¡eso no era lo que intentaba decirte!

-¡Lo siento, no te escucho!-gritó Heinz.

Enojada, la adolescente gruñó con fuerza, imitando a Perry, y lo siguió.


Mientras tanto, las chicas seguían en camino hacia Nueva Orleans, rumbo al rescate de los chicos.

-¿A cuanto estamos de la ruta 66, Candace?-preguntó Isabella.

-No muy lejos-contestó la adolescente-Llegaremos en media hora. ¿Puedes prender la radio?

-¡Por supuesto!-asintió la niña, y apretó el botón correspondiente-¿Qué quieres escuchar?

-Fíjate en qué emisora está…

De repente, la voz de un locutor dijo:

-¡Hola, hola! Buenos días y bienvenidos a la radio de los clásicos…

-¿Radio de los clásicos?-preguntó Isabella.

-La escuchamos con papá-contestó Candace-No está tan mal. Cyndi Lauper tiene sus cosas.

-Y ahora, a pedido de muchos de nuestros oyentes, ¡nuestro especial de los Beach Boys!

-¡Oh!-gritó la pelirroja-¡Es mi banda favorita! Mi banda favorita de chicos, por supuesto... súbele el volumen, Isabella.

La niña obedeció, y así transcurrió el viaje. Pero, justo antes de llegar a la ruta 66, la señal se cortó.

-¡Justo ahora!-se quejó Candace, que estaba disfrutando del tema 'I Get Around'.

-Tal vez sea la única emisora que sufre el problema… cambiaré.

Así fueron pasando por diferentes estaciones, sin embargo, las canciones no sólo no les gustaban ni un pelo, sino que las ponían cada vez más nerviosas. A la cuarta canción, la adolescente apagó la radio.

-¡Candace, ese fue nuestro éxito!

-Bah, me trae malos recuerdos.

-Déjame prenderla de vuelta.

Y así lo hizo. La pelirroja se limitó a conducir.

-Y así termina nuestra emisión-dijo el conductor-Pero antes de irnos, les traemos una sorpresa a todos nuestros oyentes… ¡nuestra banda favorita nos dará una exhibición de rock and roll con esta excelente interpretación!

Y, ni bien terminó de hablar, una guitarra explotó con los primeros acordes de la canción 'Route 66'. Repentinamente, al ver un cartel que daba la bienvenida a la misma ruta, Candace miró a Isabella y le dijo:

-¡Sujétate fuerte!

Y apretó el acelerador, dejándose llevar por la música. Lo que parecía por un momento el viaje más largo del mundo comenzó a parecer una aventura a lo Phineas y Ferb: corta pero llena de diversión.

Well If You Ever Planned To Motor West
Jack, Take My Way, That's The Highway, That's The Best
Get Your Kicks On Route 66.

Well It Winds From Chicago To L.A.
More Than 2000 Miles All The Way
Get Your Kicks On Route 66.

Well It Goes From St. Louis Down From Missouri
Oklahoma City Looks Oh So Pretty
You'll See Amarillo And Gallup, New Mexico

Flagstaff, Arizona, Don't Forget Winona
Kingsman, Barstow, San Bernardino
Would You Get Hip To This Kindly Tip
And Take That California Trip?
Get Your Kicks On Route 66.

Well It Goes From St. Louis Down From Missouri
Oklahoma City Looks Oh So Pretty
You'll See Amarillo And Gallup, New Mexico

Flagstaff, Arizona, Don't Forget Winona
Kingsman, Barstow, San Bernardino
Would You Get Hip To This Kindly Tip
And Take That California Trip?
Get Your Kicks On Route 66.
Get Your Kicks On Route 66.
Get Your Kicks On Route 66.

La canción, curiosamente, le había dado a la adolescente la energía y el optimismo para seguir adelante. Así fueron cruzando estado por estado, incluso parando un poco para preguntar por dónde ir o si habían visto un ornitorrinco. Y, a pesar de que en este último caso las respuestas eran siempre negativas, las esperanzas no se perdían.

-Nueva Orleans está cada vez más cerca-dijo Isabella, más o menos cuando ya habían llegado a la mitad del camino.

-Sí-asintió Candace-Y lo mejor es que tenemos muy buena música con nosotras.

-Y ahora…-dijo el locutor-¡Los mejores éxitos del rap con ustedes!

Sin pensarlo dos veces, la pelirroja arrancó la radio del auto y la revoleó bien lejos.

-¡Te veré en el infierno!-gritó.

Así se hizo de noche. Las chicas, que se encontraban en medio del camino, decidieron mover el auto fuera de la carretera y dormir dentro.

-Tendremos que dejar una ventana abierta, Isabella-le dijo Candace-Si no, no podremos respirar.

-Bien. ¿Estás segura que mañana llegaremos?

-Mañana por la tarde, como dijo Buck. Ahora duerme.

-Buenas noches.

Ella se recostó, y se durmió. Pero Candace no podía... ¿descansar? Ya no se podía perder más tiempo en ese auto.

Esperó a que la niña se durmiera profundamente, y volvió a encenderlo. Ella sabía que las cosas podrían complicarse como la noche anterior, pero no quedaba otra salida. Si conducía durante toda la noche, fácilmente podrían llegar a destino el día siguiente a la mañana.

-Mejor enciendo la cafetera-murmuró.

Preparó café en el auto, y, cuando estuvo listo, comenzó a tomar. Cualquier medida era necesaria para no quedarse dormida. No podía descansar de ninguna forma... tres vidas dependían de ella.


De regreso en la prisión, Phineas y Jeremy se recuperaban en el cuarto, luego de un día exigente donde tuvieron que lavar no sólo los platos sino también todos los pisos del gran y tenebroso edificio.

-Oye, Phineas… ¿dónde están Ferb y Coltrane?

-Los mandaron a azotar.

-¿Azotar?

-O a lustrar, no sé, no escuché bien. Tal vez vuelvan en unos minutos.

-Eso espero, porque ya empieza la audición y aún no hemos terminado nuestra canción.

-¿Cómo que no? ¿No la habíamos terminado ayer a la noche?

-Es que… esa canción no me parece correcta para cantarla aquí. Es de amor, y preferiría cantar un tema de protesta.

Phineas se quedó callado un momento.

-De lujo-comentó de repente-Voy a ayudarte.

Cuando los otros dos irrumpieron en el lugar, la canción ya estaba terminada. Sólo le faltaba el nombre.

-Wow, es una gran canción, viejo-opinó el moreno-No escatimaste en detalles, ¿eh?

-Espera, deberías meter algo más liviano-sugirió Phineas.

-¿Eh? ¿Cómo qué?

-No sé… ¿ardillas?

Ferb, Coltrane y Jeremy lo miraron extrañados.

-Déjala así.

-No sé como llamarla-dijo Jeremy-Tengo varios nombres pero ninguno me convence.

-¿Qué dices, Ferb?-le preguntó Phineas.

El chico de pelo verde le cuchicheó algo al oído.

-¡Perfecto!

Más tarde, todos los chicos y no tan chicos presos se juntaron en el salón comedor. Phineas, Ferb y Jeremy aún no habían ido allí: los hacían trabajar tanto que ni siquiera les habían dado de comer.

El sargento Honrado subió al improvisado escenario y habló:

-¡Atención, malditos parásitos! Esta audición es la que podría salvarles o arruinarles la vida, así que ¡háganlo bien o ardan en el infierno!

-Que maleducado-dijo Jeremy-Apuesto que aún vive con su madre.

Phineas no pudo evitar reírse.

Luego de que todos habían pasado, haciendo aburridas y poco creativas demostraciones de "talento", les tocó el turno a los chicos. Phineas tomó la guitarra de Ferb, éste se sentó a la batería y los adolescentes sacaron, ante el asombro de todos, una guitarra eléctrica azul y un bajo amarillo, parecidos a los que usaban con su banda regular. Si bien el instrumento de percusión era prestado, era un misterio de donde los habían sacado los dos jóvenes.

-¡Uno, dos, tres, cuatro!-gritó el rubio.

Una melodía rockabilly azotó el lugar, y Jeremy comenzó a cantar:

Living Here In The Jail,
Here I Am Near The Rail.
Jeremy, This Is My Name!
And I'm Here To Do The Same.

I Used To Write So Many Songs,
For My Girlfriend, For My Love.
And Far Away From My Little Town,
Now I'm Feeling Very Down.

Living Every Day Worse Than A Horse,
A Man Who Shouts And Makes It Worse.
Fields With Bombs And A Lot Of Repression,
This Is Our Live In That Singular Prision.

I Don't Want To Scare The Fools,
They Know I Always Tell The Truth.
We're Here Living Everyday,
I Want Now To Leave This Jail!

Living Here In The Jail,
Here I Am Near The Rail.
Jeremy, This Is My Name!
And I'm Here To Do The Same.

Se trataba de la "Marcha Militar de Jeremy Johnson" y ésta contenía mensajes de protesta que expresaban todo lo vivido allí. La canción fue un éxito entre el público y todos comenzaron a bailar, Jeremy incluido, y aplaudir al ritmo de la música. Eso, sin mencionar el enojo del sargento, que crecía cada vez más y más.

Cuando la canción terminó, los presos aplaudieron con fervor. Pero todo se vino abajo: el sargento tomó la guitarra de Ferb y la rompió. Luego, destruyó el tambor de la batería y le sacó el instrumento a Jeremy.

-Van a pagarla muy caro-dijo, cortante.

Arrojó la guitarra al público y se llevó a todos los chicos, excepto a Coltrane.

-¡Alto!-gritó él-¡Si se los lleva, yo también voy!

-Tú no. Vete a cultivar algodón.

-¡No me hable así, hijo de...!

Pero antes de que terminara de insultar, el sujeto lo empujó y lo hizo caer, aún con el bajo entre sus manos. El impacto le dio en la cabeza y lo dejó inconciente.

Acto seguido, se llevó a los demás a la sala más oscura de la escuela militar, en donde había verdaderas celdas de presos. El sargento arrojó a los tres dentro de una y cerró la puerta con llave y candado.

-No tienen remedio-les dijo-A partir de mañana comenzará su reformación perpetua.

Se fue de allí y cerró la puerta de la habitación, también con llave. Los chicos se miraron preocupados.

-Debimos incluir el verso de las ardillas-dijo Ferb.


Sucedió lo peor que podría haber pasado... ¿o no? Lo peor recién está por venir... la semana que viene, "Últimos momentos de identidad".