EL LADO OBSCURO DE TU CORAZÓN

La noche había llegado y los invitados poco a poco se iban despidiendo de nuevo entre sonrisas, pellizcos de mejillas, abrazos asfixiantes y apretones de manos, finalmente con promesas de volverse a ver pronto pero que resultaban ser meras cortesías.

Antonio también despidió a su madre la cual le dio incontables abrazos y otra serie de besos y caricias como si la mujer no quisiera volver a separarse de su hijo y necesitara grabar el tacto del otro para poder aguantar el tiempo que estarían separados.

-Voy a estar bien, lo prometo- mintió como tan bien sabía hacer el español besándole las manos a su madre cuando esta las quitó de su rostro. Ella lo miró con una expresión extraña, como si estuviera intentando creer en lo que el otro decía, así que finalmente tras otro par de besos en cada mejilla se alejó de casa en compañía de otros familiares.

Esperó en el umbral de la puerta hasta que la perdió de vista y se dio el permiso de borrar la sonrisa, soltar un cansino suspiro e intentar mantenerse en pie antes de que el cansancio de haber tenido que soportar ese teatro toda la mañana terminara por hacerlo desplomarse.

-¿Y Lovino? ¿Ya se habrá ido?- preguntó cuándo reparó en el hecho de que quedaba un invitado del que no recordaba haberse despedido.

Supuso que tal vez se había ido sin anunciarlo pero tampoco recordaba haberlo visto salir de casa, ni siquiera había hecho acto de presencia después de que lo llevó a esconderse en el closet. Tal vez seguiría en la habitación.

Subió las escaleras con desgana sintiendo que los pies le pesaban como el plomo, entró a la habitación pero no encontró a nadie, excepto a Tortuga que rasguñaba frenéticamente las puertas del closet.

-Hey hey hey, no hagas eso- le regañó Antonio levantando al gato que maulló repetidas veces haciéndole entender al español que había algo en el closet.

-No puede ser… ¿sigue aquí?- preguntó abriendo cautelosamente las puertas viendo a Lovino acurrucado en una esquina durmiendo profundamente, una vez más con esa curiosa manía de cubrirse los oídos mientras dormía.

El español se agachó y dejó al gato acercarse a Lovino restregándose contra sus piernas que tenía flexionadas; el ojiverde sonrió con ternura al escuchar el tranquilo y suave respirar del otro castaño que se veía tan diferente sin su entrecejo fruncido y sin ese gesto de desconfianza tatuado en el rostro, casi parecía un chico normal y por sobre todo muy lindo.

-Pareces un niño- susurró Antonio tratando de acallar sus risas y quedándose viéndolo un rato más hasta que sus ojos se fijaron mejor en el italiano.

De pronto ya no tenía esa apariencia tierna… de un momento a otro a Antonio le dio la impresión de que Lovino aparte de efectivamente parecer un niño, parecía uno asustado por la manera en que sus manos estaban en sus oídos, como sus dedos parecía haber apretado con fuerza sus orejas antes de caer dormido y sobre todo como su cuerpo se hacía un ovillo, como si hubiese estado intentado protegerse de algo, además de que no era normal que alguien durmiera en un lugar tan peculiar como el closet cuando tenía toda una habitación a su disposición.

-¿A qué le tienes tanto miedo?- preguntó el español en un hilo de voz y sin pensarlo mucho pasó sus dedos índice y medio por la mejilla de Lovino apenas rozándola escuchando como este gimoteaba algo entre sueños y lentamente abría sus ojos.

-¿Qué haces?- preguntó Lovino con voz patosa y rápidamente Antonio escondió su mano tras su espalda como si acabara de disparar un arma o algo parecido.

-Nada nada- se apresuró a decir nervioso levantándose mientras Tortuga buscaba los mimos de Lovino.

El italiano bostezó largamente y se frotaba los ojos con una mano ya que con la otra le acariciaba al cabeza al gato que ronroneaba complacido con esto.

-No pensé que fueras a quedarte dormido en un lugar así, en realidad estoy sorprendido que pudieras conciliar el sueño estando ahí- comentó Antonio extendiéndole su mano a Lovino para que se levantara, este solo intentaba espabilarse por completo siendo seguido por Tortuga que ya habiendo sido acicalado seguía con su camino.

-¿Ya se fueron todos?- preguntó Lovino para no tener que decirle a Antonio que no había nada de sorprendente que pudiera dormir en un closet, después de todo lo había hecho durante toda su infancia.

-Si, por fin- contestó el español mientras ambos salían de la habitación, Lovino alcanzó a ver por una de las ventanas que ya era de noche, hora de irse a casa.

El ojiverde lo encaminó hasta la puerta despidiéndose de él y agradeciéndole que hubiera tenido que soportar el mal trago de conocer a su familia, por supuesto Lovino le dijo que sería la primera y última vez que hacía algo así por él, sin embargo el español quiso creer que solo lo decía por molestar.

Cuando Lovino abrió la puerta al instante tuvo que retroceder pues un par de ojos verdes y una cabellera rubia casi se van encima de él. Una muchacha estaba frente a la puerta lista para saltar hacia la persona que pensó abriría la puerta, pero aun con los brazos abiertos y extendidos tuvo que frenar con las puntas de sus pies al ver un par de ojos marrones en lugar de unos esmeraldas.

¿Y quién es este muchacho tan guapo?

Lovino escuchó la voz femenina pensar mientras tenía muy cerca de él ese rostro.

-Emma ¿Qué haces aquí?- preguntó esta vez Antonio saliendo de detrás de Lovino captando la atención de la joven que volvía a sonreír y esquivando al italiano esta vez sí se arrojaba a los brazos del ojiverde.

-¡Antonio~! Tanto tiempo sin verte, eres un desdichado, como te has olvidado de mi- decía ella alzando la voz emocionada enganchándose al cuello del mencionado y meciéndose de un lado a otro sin intenciones de soltarlo, Antonio por su parte también le rodeaba la cintura en un cálido abrazo.

Lovino se hizo a un lado de ellos sintiéndose completamente desplazado y preguntándose una y otra vez quien era esa chica que parecía tenerle tanta confianza al otro, al menos si la suficiente como para ya llevar casi tres minutos abrazados y con ella bombardeándole de besos la misma mejilla.

¿Su novia? No, justo ese día acababa de escuchar que no tenía una ¿Alguna chica que le gustaba? Tal vez… parecía ser el caso al escuchar lo feliz que Antonio estaba en el interior.

Sin querer interrumpir la escena… no, mejor dicho, sin querer seguir viendo aquella escena, Lovino se dio la media vuelta para irse rápido de ahí pero al dar apenas cuatro pasos sintió un jalón en su brazo.

-¡Espera chico guapo! No nos han presentado ¿Quién eres tú y porque sales de la casa de Antonio?- le preguntó la joven que había ido a alcanzarlo y tenía una sospechosa pero radiante sonrisa en sus labios.

Que interesante, seguro Antonio tiene algo con este muchacho, puedo casi olerlo en el aire.

Lovino se le quedó mirando un momento, no quería ser grosero con ella puesto que después de todo era una chica pero no le agradaba que lo tuviera agarrado del brazo con tanta fuerza o que lo mirara como si esperara ansiosa una respuesta, no le gustaba tener toda esa atención sobre él. ¿Acaso ella estaba celosa de verlo salir de casa de Antonio? ¿Pero porqué podría encelarse solo por el hecho de que otro tipo saliera de la casa del que parecía ser el chico que le gusta?

-Oye oye Em, ¿Quién ese ese?- una voz algo más profunda y gruesa se sumó; un muchacho de tez morena y cabello que usaba en rastas, robusto y no tan alto como Antonio se acercaba a ellos con pasos tranquilos.

-Guillermo, tú también viniste- dijo Antonio sorprendido a lo que el otro dibujó una enorme sonrisa en sus facciones un poco más severas que las del español; el moreno fue hasta esa chica Emma y le pasó un brazo por el hombro haciendo que esta se encogiera por la brusquedad en el gesto del otro.

-Entonces ¿Quién es este?- preguntó ese tipo Guillermo pasando de largo a Antonio, Emma se sonrió de manera juguetona y se acercó al oído del chico con rastas para susurrarle algo al oído.

¿Será el novio de Toño?

En el momento preciso en que Lovino escuchó al moreno pensar esto, toda la sangre de su cuerpo pareció agolparse en sus mejillas de pronto haciendo sentir su cara arder.

-¿Eres el novio de Toño?- preguntó inmediatamente después el moreno con un acento golpeado

-¡No digas eso!- gritó alterado Antonio corriendo hasta ellos y separando a Lovino de ese peligroso dúo, esta vez era el ojiverde el que parecía tener su cara tan roja como un foco de semáforo. Emma solo hecho a reír muy divertida por las reacciones de ambos y sobre todo porque Lovino parecía tan sorprendido por la pregunta que no alcanzó a articular palabra, mientras que el español daba la sensación de querer ser tragado por la tierra.

-Dejen de molestarlo- otra voz se agregó, una más tranquila pero no por ello menos profunda y que de alguna manera inyectaba cierta autoridad.

Un rubio de ojos verdes se acercaba a ellos, tenía un aire muy parecido al de esa chica Emma y todos como si fuera la orden de un general se quedaron callados, aunque Emma y Guillermo se tragaban de vez en cuando unas cuantas risitas.

-Vincent… no te esperaba a ti tampoco- comentó Antonio viendo al último en llegar con una expresión gélida en el rostro y un cigarrillo que pasaba de sus labios a sus dedos constantemente.

Tras un silencio algo incómodo, Lovino retomó la calma y aprovechó que la muchacha ya lo había soltado para emprender la huida.

-Ah, ya tengo que irme- dijo sencillamente sin embargo parecía que el resto estaba empeñado en no dejarlo ir.

-Pero ni siquiera nos han presentado, dinos quien eres- dijo la rubia haciendo un puchero con sus labios.

-Que es el novio de Antonio, mujer ¿Es que no te enteras de nada?- volvió a decir Guillermo dándole una fuerte palmada juguetona en la espalda a la joven que se hizo unos pasitos hacía adelante por esto.

-¡No… no soy su novio ni nada de eso!- exclamó enojado y mortalmente avergonzado Lovino, alzando tanto la voz como si con ello fuera a convencer a ese par que se miraron de manera cómplice y volvieron a reír.

-Dice la verdad, Lovino es solo mi amigo y también mi vecino. Lovino, ellos son mis primos Emma, Guillermo y Vincent- presentó Antonio que no encontraba donde esconder su cara, los mencionados saludaron como si estuvieran muy emocionados por ese nuevo espécimen que era el castaño y solo Vincent se mostró tranquilo y con un rostro estoico.

-Mucho gusto- dijo entre dientes el italiano que solo quería irse ya de ahí, tanto que incluso ya se estaba comenzando a caminar para irse directo a su casa.

-Antonio, no seas malo, invítalo a cenar con nosotros- dijo Emma muy emocionada. –queremos conocer a tu amigo- agregó con un tonito sospechoso.

Este muchacho no parece ser la clase de persona con la que Antonio se haría amigo, debe de tener algo de especial, quiero saber que es.

Lovino frunció ligeramente el ceño sintiendo que esas palabras no tenían del todo una buena intención. Ya lo sabía, sabía que él era un fenómeno y un antisocial, no tenía nada de especial, todo en él era raro… no quería tener que confirmárselo a la joven.

-Emma, no seas maleducada, tal vez tiene cosas que hacer- le regañó Vincent y aunque su tono se escuchaba sereno podía notarse ese dejo de reprimenda en la voz a lo que la otra solo hizo un mohín con los labios como si tuviera seis años o algo así.

Otra vez este hombre de estirado, solo queremos enterarnos de este chisme ya que aquí nadie se traga eso de que son nada más amigos, hay que ver como a Toño se le salen los ojos por este tipo.

-Hombre, que aquí solo queremos enterarnos de lo que pasa entre ellos, mira a Toño, se le va a salir la baba si este tipo sigue aquí- soltó Guillermo sin recatos ni tacto.

-¡Deja de decir esas cosas!- le dijo Antonio como si estuviera rogándole que parara de hablar.

Lovino entonces fijó sus ojos en ese tipo de las rastas, ese joven decía exactamente lo que le pasaba por la cabeza, ni siquiera se paraba a sopesar la idea de que lo que decía podría resultar ofensivo o hiriente, solo lo pensaba y lo decía.

Vincent soltó un suspiro mezclado con el humo del tabaco y volteó a ver al castaño que estaba muy concentrado en Guillermo el cual no dejaba de parlotear con Emma acerca de la verdadera relación entre ellos dos.

-Al parecer ninguno de los dos va a parar de molestarte hasta que aceptes, será mejor que lo hagas- le recomendó el rubio dándole la última calada al cigarro antes de tirar la colilla y pisarla, luego se dirigió a Antonio.

-¿Y? ¿No nos vas a dejar entrar a tú casa?- le preguntó y esta vez su tono se escuchó un poco agresivo; como contadas veces, Lovino vio al español fruncir ligeramente el entrecejo, cosa que solo le había visto hacer cuándo él en los primeros días de conocerlo, lo provocaba con sus comentarios agresivos.

-Claro, pasen- accedió el ojiverde yendo de nuevo hacía la puerta en donde Vincent fue el primero en entrar, se podía sentir la hostilidad entre ambos y pensamientos de lo mal que se caían los dos salían de dentro de ellos.

-Vamos Lovino, no tienes escapatoria- le dijo Emma volviendo a engancharse a su brazo y guiñándole un ojo metiéndolo (casi a la fuerza) a la casa.

¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué tenía que verse arrastrado de nuevo a ese mundo de Antonio… no quería, no quería estar de nuevo rodeado de gente que seguramente volvería a pensar mil y un cosas malas del español, no quería que lo miraran a él y ahora con la estúpida idea que se habían hecho de que era la pareja del ojiverde; era estúpido… ellos eran estúpidos… después de todo ¿Quién en su sano juicio querría estar con él de esa manera? Ni siquiera Antonio era así de idiota como para querer tener ese tipo de relación con él.

-Cuéntanos Lovino ¿Cómo es que te hiciste amigo de Antonio?- inquirió Emma con una sonrisa gatuna en sus labios sentada a un lado de su primo que de verdad parecía en cualquier momento haría un hoyo en la tierra y metería su cabeza ahí por siempre.

¿Un encuentro romántico? ¿Se conocieron de manera inesperada? ¿Amor a primera vista? Ahhhhh… quiero saberlo absolutamente todo

-Mejor díganme ustedes que hacen aquí- interrumpió Antonio al que el rubor en sus mejillas no había desaparecido desde la llegada de la joven.

-Pues se suponía que iba a haber reunión familiar hoy en tu casa, así que aquí nos tienes, a tú familia en tu casa- contestó Guillermo encogiéndose de hombros y acomodando su ancho cuerpo en el sillón.

-Sí, pero eso fue por la tarde y ya todos se fueron- comentó el castaño y fue Vincent, el que volvía prender otro cigarrillo, quien contestó.

-No queríamos estar con esa gente- dijo tranquilamente.

A ellos no se les puede llamar familia. Agregó en sus pensamientos sin dejarlo ver en su rostro.

-Queríamos saludar a tía Isabel pero estaría el resto y tú sabes que nunca nos han agradado ese tipo de cosas, por eso decidimos venir a esta hora y vaya sorpresa que nos hemos llevado- dijo Emma volteando a ver una vez más Lovino que dio un respingo en su lugar. Ahora sabía lo que la gente sentía cuando él los miraba, esa chica parecía estar diseccionándolo con los ojos.

-Pero me alegra saber que Lovino estuvo aquí contigo, al menos no la pasaste tan mal- comentó la rubia sonriente.

Estaba muerta de la preocupación, tú siempre haces como que nada te afecta y me frustra tanto que nunca nos digas nada de lo que te pasa… a pesar de que sabes que estamos aquí para ti ¿Por qué te empeñas tanto en llevar toda la carga tú solo? Idiota.

Lovino entonces sintió un estremecimiento recorrerle, esta vez era él quien le devolvía la mirada a la ojiverde que se mantenía risueña y luego observaba a los otros dos primos que parecían coincidir con la joven.

Y Emma que estaba tan angustiada, por eso me desagrada tanto; hacerla preocuparse de esa manera, hacerse el fuerte cuando sabemos que no es así, que se quede callado sin pedir ayuda… lo odio tanto.

Vincent decía para sus adentros desviando sus ojos del español pero concentrándolos en la punta incandescente de su cigarrillo como si quisiera aparentar que no estaba pensando aquello y solo tenía la cabeza en las nubes.

-Ha sido así toda la vida ¿No Toño? Todos sabemos que tú como nosotros odias esas reuniones porque nuestra gente no se calla lo que piensa de ti, y tú te haces el tonto como si nada de eso te hiciera efecto; nosotros no somos idiotas, esa es la verdadera razón por la que vinimos- y claro, Guillermo tenía que decir todo lo que había estado pensando.

Antonio miró a sus primos y como de costumbre dibujó el gesto sonriente que se había forjado por tantos años.

-No sé de qué hablan; puede que nuestra familia tenga sus defectos pero no es como ustedes dicen. Dios, son tan dramáticos- dijo él riendo.

Estoy bien, tengo que estar bien… vamos, hazles creer que estás bien como siempre, ya lo has hecho antes puedes seguir haciéndolo ahora, solo diles que estás bien.

Antonio seguía sonriendo mientras acercaba su mano a la cabeza de Emma acariciándole el cabello dulcemente mientras que Vincent negaba con su cabeza y Guillermo se levantaba de su sillón para darle un buen golpe con la mano abierta en la coronilla al español que soltó un grito de dolor y Lovino dio un saltito de sorpresa al escuchar el sonido seco de ese golpe que fue dado con mucha fuerza.

-¿Y tú crees que somos idiotas? Toño, te conocemos desde que tenemos consciencia y sabemos todo lo que te ha pasado, no nos quieras tratar como a tu amigo el afeminado francés y el otro megalómano albino- le regañó el cubano dejando traslucir su acento caribeño viendo al ojiverde llevarse las manos a la cabeza frotándose el lugar golpeando y bajando la mirada para que los demás no pudieran ver como sus ojos se le llenaban de lágrimas.

-Es cierto, toda la vida has sido así- coincidió Vincent con el tono más tranquilo que el del acalorado Guillermo. El rubio se volteó hacía Lovino que no entendía muy bien esa extraña dinámica familiar.

-Cuando era niño una vez se cayó y se lastimó las rodillas, Emma estaba tan asustada por ver la sangre escurrirle que se puso a llorar y Antonio estaba ahí sonriéndole con la cara llena de lágrimas porque le dolían las rodillas, como si Emma fuese a creerle que estaba bien- comentó Vincent señalando con su dedo pulgar a Antonio que levantó de pronto la cabeza con el rostro colorado al tiempo que Emma recordaba aquella ocasión y se echaba a reír a carcajadas.

-¡Es cierto! Lo recuerdo bien, aun no entiendo como podías estar riéndote si no parabas de llorar y ni siquiera podías caminar- decía Emma.

-¡No cuenten esas cosas enfrente de Lovino!- chilló Antonio tan apenado viendo a Lovino al que por alguna extraña razón no se le hacía raro escuchar que Antonio fuese así desde pequeño, el niño que se hacía el fuerte a costa de todo con tal de que el resto estuviera bien.

Todos a excepción del italiano comenzaron a reír y a narrar anécdotas parecidas en donde Antonio, que en aquellos entonces era una especie de líder y hermano mayor para ellos, siempre los cuidaba y les sonreía cuando algo atemorizante sucedía para así poder tranquilizarlos. A veces en esas memorias estaba metido Francis, su amigo de la infancia y con el que se la pasaba pegado siendo así como un integrante más de la familia.

Los chicos reían y un ambiente cálido llenaba la sala, Lovino podía escuchar entre las palabras dichas en voz alta, los pensamientos y sentimientos que nacían a raíz de aquella platica… nostalgia, melancolía pero entre ellas se entremezclaban dejos de ternura y de felicidad. Suspiros guardados y viejos anhelos, deseos dichos a estrellas fugaces en medio de un campamento improvisado en el jardín, el fugaz temor de una historia de terror contada a la luz de una linterna, el sabor dulzón de los caramelos obtenidos de contrabando, la seguridad emanada de una mano no más grande que la suya propia y que transmitía un calor agradable que llenaba de una sensación de protección. Escuchó la voz del pequeño Antonio que se forzaba a crecer y convertirse en un adulto por el bien de la sonrisa de mamá; pero también estaban los tres primos y Francis que buscaban corresponder de alguna manera el cuidado que él ponía en ellos.

Lovino se dio cuenta que a veces la gente que menos imaginas también podría tener ese tipo de emociones y pensamientos que emanaban un calor que ardía en el pecho.

Pero al mismo tiempo, al verlos ahí, escuchando sus risas a coro y esos "¿Te acuerdas cuando…?" mezclados con aquella colección de recuerdos y sentimientos que parecían salir a borbotones de un viejo baúl atesorado, cuando vio a todos ellos compartiendo exactamente las mismas memorias de viejos y nuevos días… Lovino pareció volverse consciente de su propia soledad.

Podría ser que tuviera a Feliciano a su lado… pero sus recuerdos solo se limitaban a lapsos de miedo y escondrijos bajo la cama y el armario junto con arranques de ira o de dolor, a secretos todos de Feliciano, pero ninguno de Lovino. Sus recuerdos de la infancia o de toda su vida en general eran tan solo una serie de tragos amargos en el que poco a poco se condenó a una soledad absoluta.

-¡Es cierto!- exclamó de pronto Emma sacando a Lovino de sus lúgubres pensamientos. La ojiverde miró a Antonio y le puso las manos en los hombros.

-Tu guitarra ¿Aun la conservas?- le preguntó al español que asintió con la cabeza –Tráela, vamos a cantarle a Lovino esa canción que compusimos cuando teníamos 16- dijo la muchacha.

-¿Qué? No, era una canción muy mala y mi guitarra ya está algo vieja además de que hace años que no toco- se excusó Antonio.

-No seas malo, seguro Lovino quiere escucharte tocar- ahora se dirigía al italiano que no había dicho absolutamente nada en todo el rato –No es porque él sea mi primo favorito, pero debes saber que Antonio es un as en la guitarra- dijo ella mientras que el mencionado murmuraba un "no es cierto" entre dientes, todavía más ruborizado, si eso era posible.

-Me gustaría escuchar- dijo Lovino y aquello se oyó tan raro al salir de sus labios pues por primera vez sonaba realmente interesado en algo que tuviera que ver con Antonio; y este como si acabaran de darle el empujón necesario se levantó de golpe de su lugar, sus ojos brillaban de una manera extraña y con ese color verde que poseía, se veía casi extraterrenal.

-¡Voy por mi guitarra!- anunció emocionado yendo por el instrumento, todo bajo las risitas burlonas de Guillermo.

-Bien hecho Lovino; solo necesitaba las palabras correctas de la persona correcta- dijo Emma levantando su pulgar en un gesto de aprobación.

-Y aun quieren seguir negando que son novios- dijo Guillermo y él junto con Emma rieron como si fuesen cómplices de algún complot o algo parecido. Vincent se limitaba solo a fumar en silencio, totalmente ajeno a esa extraña relación entre los otros dos.

Antonio llegó soplando su guitarra quitándole el exceso de polvo y dio un rápido rasgueo asegurándose de que las cuerdas aun estuvieran en buen estado. Afinó rápidamente la guitarra y asintió con la cabeza al llegar al tono adecuado.

-Espero que todavía te acuerdes de la canción- dijo Emma en un tonito amenazante cuando el español se sentaba a su lado.

-Claro que sí, te recuerdo que yo la compuse, tú solo cantabas- se burló el castaño haciendo que la joven inflara las mejillas.

-Es porque mi voz es mucho más melodiosa que la tuya- respondió en su defensa la ojiverde para luego aclararse la garganta y dirigirse a su público levantándose solemnemente.

-Esta es una canción que Antonio y YO compusimos cuando teníamos dieciséis años. Espero les guste- dijo enfatizando de manera exagerada su participación en la composición.

Volvió a aclararse la garganta, respiró hondo y con una señal de la mano le indicó a Antonio que podía comenzar a tocar. Lovino puso atención a ambos, pero sobre todo a Antonio que se transformaba radicalmente y su sonrisa artificial se convertía en una expresión de profunda concentración dando la impresión de que todo alrededor de él desaparecía y solo estaban él y la guitarra.

La canción comenzó con un rasgueo lento de la guitarra y la voz triste de Emma la cual también en cuestión de segundos se transformaba de esa vivaracha muchachita a una mujer con una mirada algo ensombrecida pero aún viva. La letra comenzaba, los primeros versos eran cantados por una voz que a pesar de ser dulce se podía escuchar con tintes melancólicos que eran compartidos por los acordes de la guitarra que iban en perfecta armonía.

No puedo soportar el tenerte aquí

Tan desgastado, frío y deshidratado

La fortuna se ha gastado

Y papá está en el espacio…

El ritmo cambió ligeramente, un rasgueó más fuerte y la voz de Emma tomó unos tonos más elevados al igual que alzaba la cabeza un poco más, justo como Antonio que movía la suya junto con sus labios siguiendo la letra de la canción.

Todo hogar debería tener una mamá enamorada

Y un papá en el espacio

Gatos de porcelana china

Para resguardar su amor

En el espacio de la ventana

Muéstrale algo de respeto, ella está toda desgastada.

Lovino puso atención entonces a la expresión de Antonio que parecía ya estar completamente ausente, ajeno a ese lugar y todo en su cabeza, absolutamente todo era solo esa canción y viejas imágenes de toda su vida, de esas escenas que no quería que nadie más viera pero Lovino podía… o al menos las escuchaba.

Escuchaba al chiquillo que no entendía lo que significaba que sus padre estuviera muerto, y escuchaba al niño que quería llorar pero no podía porque su madre ya estaba deshecha en llanto en su habitación, al adolescente que fue obligado a madurar mucho antes de tiempo… podía escuchar todas esas facetas de Antonio mezcladas con las liricas de aquella canción.

Para los años que vienen, no te olvidaré

Como mi hijo, como mi dolor

El tiempo curará

Lo que ahora se siente tan herido

Las lágrimas se derraman, y los hoyos se llenarán.

El coro se repitió y Emma cerraba sus puños frente a su pecho cerrando los ojos cantando lo que Antonio repetía con el mover de sus labios, y finalmente el ojiverde tocaba solo, los acordes aún no se le olvidaban y aunque sus dedos estaban un poco torpes todavía recordaban con precisión cada acorde y cada cuerda a pisar hasta que finalmente tras unos segundos más del sonido solitario de la guitarra la canción terminó y Antonio volvió de nuevo a la realidad y lejos de su pasado.

El escaso público se quedó callado un momento pero después comenzó a aplaudir, incluido Lovino que lo hacía con menos efusividad que Guillermo el cual fingía limpiarse unas lagrimitas invisibles del rabillo de los ojos.

Emma dio una reverencia ahora siendo aplaudida también por Antonio.

-Emma, ya te he dicho muchas veces que eres una diva, pero para música mejor una rumba- dijo Guillermo levantándose del sillón y yendo hasta la muchacha.

-Vamos, Antonio, toca algo que se pueda bailar y tú ven aquí- le dijo a la muchacha ofreciéndole su mano que ella aceptó y apenas lo hizo, la hizo girar sobre sus pies para después pasarle el brazo por la cintura, de inmediato Antonio comenzó a tocar algo con más ritmo, solo por petición de Guillermo que guiaba a Emma en ese baile de ritmos latinos.

A esta mujer le hace más carne en los huesos, ni siquiera tiene cadera.

Lovino le escuchó decir cuando comenzaban a bailar en el centro de la sala con la guitarra de Antonio como acompañamiento, el italiano supuso que ni siquiera el cubano sería tan insensible como para decirle eso a una chica, sin embargo…

-Oye Emma, tú lo que necesitas es más grasa en este cuerpo tuyo ¿Cómo pretendes tener hijos con esa cadera escuálida?- dijo Guillermo con toda frescura.

-No le hables así a mi hermana- soltó de inmediato Vincent mientras que Emma reía pesar del sonrojo en su cara y de pronto, entre esas voces escucharon otra risa que intentaba ser sofocada.

Todos voltearon a ver a Lovino que se llevaba ambas manos a la boca intentando acallar sus risas; a los invitados no se le hizo nada raro que alguien riera, pero para Antonio aquello fue como presenciar un milagro, una epifanía.

¡Lovino reía! No esa risa cruel que alguna vez le escuchó en compañía de sus amigos, era una de verdad y no entendía porque Lovino intentaba ocultarlo de esa manera… con lo bien que se veía riendo; Antonio sentía volverse a enamorar.

Lo que restó de la noche la pasaron básicamente en ese extraño ambiente de risas y mucha comida, parecía que la familia de Antonio tenían una extraña relación con la comida pues de un momento a otro parecían mucho más alegres y felices cuando varios platillos fueron a dar a la mesita de centro de la sala y olvidándose de los sillones se sentaron en el piso a tomar todo lo que veían.

Lovino también lo hacía, él igualmente tenía un algo especial con la comida pues si tenía pocas cosas que lo hacían casi feliz era cocinar, casi siempre en compañía de su hermano y también comer por lo tanto no puso ningún pero a la hora de unirse a ese improvisado banquete lo que también le resultó extraño a Antonio ya que la última vez, cuando lo invitó (o prácticamente obligó) a comer con él, todo había terminado en un desastre.

Aunque tal vez Antonio no tenía en cuenta que ambas situaciones distaban mucho de ser parecidas, esta vez Lovino a pesar de escuchar ese ruido tremendo en sus oídos y que tal vez esto le estaba provocando un ligero dolor de cabeza, no era como aquella vez… no había pensamientos que lo señalaran explícitamente a él, no había gente juzgándolo… en esta ocasión solo estaba con un grupo de personas que se concentraba en pasarlo bien y era tal vez eso lo que lo habían hecho bajar por unos momentos la guardia y solo dejarse llevar para saber cómo era estar en una reunión divertida. Toda una novedad para el italiano.

La comida terminó y con el fluir de la charla, la madrugada llegó; Emma se sentía algo adormilada al igual que Guillermo que con esa completa falta de delicadeza, bostezaba sin importarle la mala imagen que podía dar aunque a nadie ahí parecía realmente ofenderle, se conocían demasiado bien como para saber que Guillermo a pesar de lo que le dijeran, no cambiaría.

-Nosotros tenemos que irnos, mañana hay trabajo- anunció Vincent levantándose.

-¿No quieren pasar la noche aquí? Hay mucho lugar- invitó Antonio.

-Vives en medio de la nada, nos llevará milenios llegar a la ciudad mañana- dijo Emma acompañando a su hermano y Guillermo los seguía.

-Está bien, váyanse con cuidado- les pidió Antonio acompañándolos a la puerta junto con Lovino.

Se despidieron uno por uno, Vincent fue el más frío de todos al solo decir un seco adiós, mientras que Guillermo les dio sendos abrazos que casi les rompen las costillas tanto a Antonio como a Lovino y finalmente Emma que fue un poco más dulce al darles abrazos y besos al por mayor, incluido al italiano que no pudo evitar ponerse algo nervioso por esto; si no estaba acostumbrado a ningún tipo de contacto físico con desconocidos, el que una chica lo abrazara y besara era algo completamente extraño para él.

-Cuida bien de Antonio- le susurró al oído la joven cuando le besó la mejilla por última vez y le sonrió con dulzura dándose la media vuelta para irse.

Cuando iban saliendo de la casa, un gato que andaba vagando por ahí, regresaba a casa.

-¡Tortuga!- dijo emocionada Emma tomándolo en brazos antes de que esta entrara a la casa, el gato solo se dejó hacer.

-Mira cuanto has crecido, cuando te traje con Antonio eras una cosita diminuta- decía la joven regresando sobre sus pasos hasta el par de castaños, entregándole el gato a Lovino que sospechó que había sido Emma la que le había regalado a Tortuga a Antonio.

-También cuida a este pequeño, es especial- dijo la chica y esta vez, tras un par de caricias a Tortuga, sí se fue alcanzando a los otros dos varones.

Lovino miró al felino en sus brazos que se lamía cómodamente una pata para luego restregarla contra su oreja y su cara.

-Perdón por haberte obligado a quedarte, ni siquiera yo sabía que venían- se disculpó apenado Antonio a lo que Lovino negó con su cabeza dejando al gato en el piso para que fuera meterse a la casa.

-Tus primos son muy raros, pero no creo que sean malos- dijo el muchacho pensando en la chica risueña tan preocupada por Antonio, en Guillermo que era una rareza, la única persona que conocía que podía decía exactamente lo que pensaba, y Vincent, ese hombre estoico y retacado que a pesar de esa careta también guardaba buenos sentimientos.

El italiano volteó a ver a Antonio el cual parpadeaba muchas veces con ojos muy abiertos, así que el moreno frunció el ceño.

-¿Qué te pasa?- le preguntó molesto por esa extraña expresión.

-No… nada, es que me parece extraño que digas eso, pensé que tú de verdad odiabas a todo mundo- dijo sonriéndose el ojiverde y Lovino quiso contradecirlo pero no pudo… tras procesar lo que acababa de decir, también a él se le hizo extraño.

¿Acaso no había pasado la vida entera pensando que toda la gente eran un cumulo de mentiras, un club de hipócritas que solo buscaban su propio bien?

-Pero estoy feliz, podría jurar que te estabas divirtiendo con ellos, nunca te había visto así de animado- dijo Antonio a lo que Lovino se sobresaltó.

-¡No me estaba divirtiendo, idiota! Es solo que ellos son… no sé… ya te dije que son raros y no me cayeron tan mal- dijo el italiano desviando la mirada y en sus mejillas se podía ver un ligero color carmín que hacía brillar su rostro mientras lo desviaba para que Antonio no lo viera.

Deja de hacer eso… no me hagas esto…

Lovino giró sus ojos hacía el español al escuchar aquello que sonaba como una súplica, la expresión del ojiverde cambiaba, ahora parecía ser un borreguito embelesado y el italiano no tenía ni idea de porqué.

¿Por qué? ¿Por qué eres así?... ya no puedo más, ya no soporto más ¡Es tú culpa que haya llegado a este punto!…

Lovino entonces se asustó por estos pensamientos ya que Antonio parecía realmente apesumbrado ¿Acaso había hecho algo malo? Repasó todas y cada una de sus acciones de ese día pero no encontraba la razón por la cual Antonio pensaba tal cosa.

-¿Qué te…- pero antes de que Lovino terminara de formular la pregunta sintió un empujón contra el marco de la puerta que le lastimó un poco la espalda e inmediatamente después una boca sobre la suya que lo hizo dar un salto y un grito que tuvo que ahogar en los labios del otro.

Antonio presionaba sus manos contra los hombros del otro castaño como si no quisiera dejarlo ir.

¡Nooooo! Soy un idiota soy un idiota soy un idiota ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy haciendo? ¡Sepárate, sepárate y pídele disculpas! Tonto tonto tonto deja de hacerlo ¡Deja de echar todo a perder!.

Pero contradiciendo completamente sus pensamientos y lo que su cabeza gritaba con tremenda fuerza, el cuerpo de Antonio parecía empeñado en llevarle la contra y se pegaba aún más a Lovino el cual estaba temblando de pies a cabeza sin saber si ponerle atención a lo que el corazón del ojiverde gritaba o quitarlo de encima, o sencillamente seguir ahí parado sin saber que hacer sintiendo ese par de labios restregarse contra los de él.

Me va a odiar, Lovino me va a odiar si no es que ya lo hace… no quiero que me odie, Lovino no me odies, perdóname, perdóname, perdóname… por favor… perdóname en serio.

Y el ojiverde parecía a punto de ponerse a llorar en cualquier momento, así que contagiado por el pánico del español, Lovino cerró con mucha fuerza sus ojos y le tomó por el rostro posicionando sus manos justo en las mejillas de Antonio para que este se tranquilizara un poco.

Lovino también tenía miedo, podría echar a correr si no fuera porque Antonio lo tenía contra la pared sin posibilidad de irse; era vergonzoso decirlo pero nunca en sus 23 años había besado a alguien y no sabía que al besar a alguien la otra persona tuviera un bombardeo de miedos y arrepentimientos en el tiempo que duraba un beso, sin embargo cuando puso sus manos en las mejillas de Antonio pudo escuchar a este calmarse un poco.

¿Qué?... ¿No me va a golpear?... ¿No me va a dar un puñetazo en la cara? Eso significa que…

Antonio entreabrió sus ojos viendo a Lovino con el ceño fruncido y apretando fuerte sus parpados, una risita se escapó de sus labios y quitó un poco de presión contra los hombros de Lovino subiendo sus manos de sus hombros al cuello del muchacho que se estremeció de pronto al sentir los dedos del ojiverde en la piel de su cuello, con su pulgar rozando el lóbulo de su oído, y se encogió en su lugar.

Otra vez parece un niño, no debería estar aguantando tanto la respiración…

Y al solo pensar esto, Lovino dejó escapar el aire que había estado conteniendo, junto con ello su cuerpo tenso se relajó considerablemente. Los labios de Antonio ya no lo presionaban de manera violenta e incómoda, ahora acariciaban su boca como si quisieran un contacto más íntimo.

Si solo abriera un poco más su boca.

Y Lovino así lo hizo, con una timidez que lo hizo titubear un momento abrió ligeramente su boca sintiendo una lengua también acariciar su labio inferior lo que le hizo volver a sentir como el vello de su nuca se erizaba y un hoyo se formaba en su estómago.

Entonces así era un beso… vaya sensación tan rara, sentía que se iba a ahogar en un momento pero después volvía respirar y sentía el rozar de la nariz de Antonio en la punta de la suya, su respiración cálida chocar contra su rostro y sus manos concentrarse en su cuello ligeramente temblorosas.

Oh Dios, estoy tan feliz que creo que podría morir aquí mismo de felicidad.

Al oír esto Lovino no pudo hacer otra cosa más que suspirar hondamente porque tal vez él se sentía exactamente igual.

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Necesito que alguien me bese así… ¡Alguien béseme hasta hacerme morir! Ok not…

No comentaré mucho para que disfruten el momento, solo agradeceré de nuevo a toda la gente que sigue acompañando a nuestros protagonistas y sus aventuras amorosas, tontas, depresivas, románticas etc. MIL MILLONES de gracias por los reviews, por los favs, y sobre todo por el sencillo hecho de darle click a esto y leer. Gracias.

N/A: La canción que Emma y Toño interpretan se llama Mom in love, daddy in space del grupo Kashmir