Twilight así como todos sus personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, la historia es una adaptación.
Algo Prestado
Sumary:
UNOS TRAGOS DE MAS Y... TOMA ALGO QUE NO ES SUYO
Bella Swan es una joven abogada de Nueva York, que siempre soñó con encontrar un gran amor.
En el día de su cumpleaños de 30 años, su mejor amiga Alice organiza una fiesta para ella, y Bella es sorprendida por un acontecimiento inesperado: en esa noche, después de unos tragos de más, ella acaba en la cama con Edward Cullen, un buen y viejo amigo de la facultad... que es el novio de Alice.
Capitulo 8
La ducha es el lugar donde siempre logro organizar mejor mis ideas. La noche es tiempo de preocupaciones, reflexiones y análisis. Pero de mañana, bajo el agua caliente, veo las cosas con claridad. Entonces, mientras me lavo el cabello, sintiendo el olor a fresas de mi shampoo, reduzco todo a una verdad esencial: lo que Edward y yo estamos haciendo está mal.
Nos besamos por un largo tiempo anoche y después él me abrazó por un tiempo aún más largo, pocas palabras dichas entre nosotros. Mi corazón latía fuerte contra el de él cuando me dije a mí misma que al evitar que la cosa evolucionase habíamos conquistado una especie de victoria. Pero esta mañana, creo que aún así estuvo mal. Simplemente mal. Tengo que detenerme. Voy a detenerme. A partir de ahora.
Cuando era pequeña, solía contar mentalmente hasta tres cuando quería darme un nuevo comienzo. Si me estaba comiendo las uñas, arrancaba los dedos de la boca y contaba. Uno. Dos. Tres. Ya. Entonces sellaba mi pacto. Desde ese momento en adelante no era más una persona que se comía las uñas. Usaba esa táctica con muchos de mis malos hábitos. Entonces, después de contar hasta tres, voy a me librarme del hábito Edward. Voy a ser una buena amiga nuevamente. Voy a borrar todo, reparar todo.
Cuento lentamente hasta tres y uso la técnica de visualización que Seth me contó que usaba durante la temporada de béisbol , él me explicó que imaginaba el bate golpeando la bola, oía el golpe y veía el polvo subir mientras se deslizaba con seguridad hacia la base. Se concentraba solamente en las buenas jugadas, y no en las veces en que erraba.
Entonces eso es lo que hago. Me concentro en mi amistad con Alice, más que en mis sentimientos por Edward. Imagino una película en mi cabeza, con escenas de Alice a mi lado. Nos veo a las dos instaladas en la cama de ella en un día en que me quedé a dormir en su casa, cuando todavía estábamos en el primario. Discutimos el futuro, cuantos hijos vamos a tener y como se llamarán. Veo a Alice con diez años, apoyada sobre sus codos, los dedos en la boca, explicando que si tienes tres hijos, el del medio debe ser de sexo diferente a los otros dos, de forma que cada un de ellos tenga algo especial. Como si fuese posible controlar esas cosas.
Nos veo en los pasillos de la escuela en Naperville, intercambiando mensajitos entre clases. Sus notas, dobladas de las formas más intrincadas, en forma de figuras de origamis, eran mucho más divertidas que las de Ángela, que apenas relataban cuan estaba aburrida se sentían en clases. Los de Alice estaban repletos de observaciones interesantes sobre los compañeros de clase y comentarios mordaces respecto a los profesores. También tenían pequeños juegos para que yo me divirtiese. Ella escribía citas del lado izquierdo da página e los nombres de las personas del lado derecho para que yo correlacionase las dos columnas. Yo me moría de risa mientras trazaba una línea , por ejemplo, "Muchos faroles, cero cerebro" hasta el nombre del padre de Ángela, que hacía ese comentario siempre que un conductor se olvidaba las luces altas alto encendidas. Alice era graciosa. A veces dura, y hasta completamente maliciosa. Pero eso sólo la hacía más graciosa.
Enjuago mi cabello y recuerdo una cosa más, un recuerdo que todavía no había salido a la superficie. Es como encontrar una foto tuya que vos no sabías que había sido sacada. Alice y yo estábamos en primero año del secundario, de pie, al lado de nuestros armarios, después de clases. Tanya Denali, una de las chicas más populares del último año (No del tipo popular buena onda, sino popular autoritaria y temida) pasó por al lado de nosotras con su novio, Félix Kinser. Con su casi inexistente mentón y labios finos, ella realmente no tenía nada de bonita, aunque en esa época — de alguna forma — había convencido a muchas personas, inclusive a mí, de que lo era. Entonces, cuando Félix y Tanya pasaron al lado de nosotras, los miré, porque eran personas populares del último año y yo estaba impresionada, o por lo menos curiosa. Estoy segura que quería oír lo que ellos estaban hablando de forma que pudiese tener una idea de lo que significaba tener 18 años (¡tanto más vieja!). Creo que apenas fue una mirada casual en dirección a ellos, pero tal vez los haya mirado de alguna manera, Tanya me devolvió una mirada exagerado, poniendo los ojos bizcos, como en los dibujos animados. A esa mirada ella agregó una risa tipo hiena, y, con los labios retorcidos, dijo:
— ¿Qué estás mirando?
Félix agregó :
— Estás cazando moscas?
(Estoy segura que enamorarse de Tanya hizo que Félix se hiciese más perverso, o tal vez él solamente haya llegado a la conclusión de que ser perverso hacía mas excitante su vida . )
Como era de esperar, mi mentón cayó. Mortificada, traté de cerrar la boca inmediatamente. Tanya se rió, orgullosa por haber intimidado a una chica de primero año. Entonces, retocó su labial rosa fluorescente, colocó otro pedazo de chicle de canela en su boquita perversa y me hizo una mueca más.
Alice estaba moviendo algunos libros en nuestro armario, pero obviamente captó el significado de la interacción. Se dio vuelta y lanzó una mirada de repulsión a la pareja, una mirada que ella ya había ensayado y perfeccionado. Entonces imitó la risa chillona de Tanya, estirando exageradamente el cuello hacia atrás.
Contuve la risa mientras Tanya pareció momentáneamente desorientada. Entonces se recompuso, dio un paso adelante en dirección a Alice y le escupió la palabra "piraña".
Alice quedó impasible mientras miraba de vuelta a la pareja de veteranos y dijo:
— Es mejor que ser una piraña fea. ¿No parece, Félix?
Fue el turno de Tanya mirar con el mentón caído a su adversaria recién descubierta. Y antes que ella pudiese formular cualquier contraataque, Alice disparó un insulto más:
— Y, a propósito, Tanya, ese labial que estás usando... está pasado de moda...
De repente, todos los detalles de ese momento entran en foco. Puedo ver nuestro armario adornado con fotografías de Patrick Swayze en Dirty Dancing — Ritmo caliente. Puedo sentir el olor característico de carne cocida viniendo del comedor cerca de allí. Y puedo oír la voz de Alice, enérgica y confiada. Por supuesto, Félix se quedó sin respuesta a la pregunta de ella, ya que quedaba claro para los cuatro que Alice tenía razón — ella era la más bonita de las dos. Y eso, en la escuela, a veces te otorga la última palabra, aunque seas de primero año. Tanya y Félix se marcharon y Alice simplemente se quedó conversando conmigo sobre cualquier cosa, como si Tanya y Félix fuesen totalmente insignificantes. Y realmente lo eran. Sólo que no es fácil darse cuenta de eso cuando se tiene 14 años.
Apago la ducha, envuelvo mi cuerpo en una toalla y tomo otra para la cabeza. Voy a telefonear a Edward cuando llegue al trabajo. Voy a decirle que esto tiene que parar. El se va a casar con Alice y yo soy la madrina. Los dos la amamos. Si, ella tiene defectos. Ella puede ser caprichosa, egocéntrica y mandona, pero también es leal, bondadosa y muy divertida. Y ella es para mí lo que más se acerca a una hermana.
Durante el trayecto al despacho ensayo qué decirle a Edward, llegando hasta incluso a hablar en voz alta en el subte. Cuando llego al trabajo, ya tengo mi discurso tan ensayados que ya no suena como una cosa ensayada. Inserté las pausas apropiadas e a mi declaración de Disposiciones e Intenciones Futuras. Estoy lista.
Exactamente cuando estoy a punto de hacer la llamada, noto que tengo un e—mail de Edward. Lo abro, esperando que él haya llegado a la misma conclusión. El título del mensaje es "Tú".
Tú eres una persona increíble y no sé de dónde vienen los sentimientos que despiertas en mí. Lo que sé es que quiero que el tiempo se congele para poder estar siempre a tu lado y no tener que pensar en nada más. Me gusta literalmente todo respecto a ti, inclusive la forma en que tu cara revela todo lo que estás pensando y especialmente el modo en que te ves cuando estamos juntos y tus cabellos están tirados hacia atrás, tus ojos cerrados y tus labios entreabiertos. Bien, eso era todo lo que quería decirte. Borra esto.
Me quedé sin aire, atontada. Nadie jamás me escribió palabras como esas. Leo una vez más, absorbiendo cada una de ellas. También me gusta literalmente todo a respecto a ti, pienso.
Y, así, mi resolución se va al demonio. ¿Como puedo acabar una cosa que nunca experimenté antes? ¿Una cosa por la cual he estado esperando toda mi vida? Nadie antes de Edward jamás me había hecho sentir así. ¿Y si nunca más vuelvo a encontrar esto? ¿Y si esto fuera el fin?
Mi teléfono suena. Atiendo pensando que puede ser Edward y rezando para que no sea Alice. No puedo hablar con ella ahora. No puedo pensar en ella ahora. Estoy estupefacta por la mi carta de amor electrónica.
— Saludos, baby.
Es Jasper, llamando da Inglaterra, donde vive hace dos años. Estoy tan feliz de oír la voz de él. Tiene una voz risueña, siempre sonando como si estuviese a punto de reír. En la mayoría das cosas, Jasper todavía es como ese niño de quinto grado. Todavía lleno de compasión, todavía tiene mejillas de querubín que se ponen rojas con el frío. Pero la voz cambió. Pasó en segundo año, con la pubertad, tiempo después que la amistad hubiese reemplazado mi pasión colegial.
— ¡Hola, Jasper!
— ¿Qué dice el reglamento sobre desearle a alguien feliz cumpleaños atrasado? — pregunta él. Desde que empecé la carrera de derecho, él adora lanzarme términos legales, frecuentemente distorsionando su significado.
Me río.
— No te preocupes, fue solamente mi trigésimo cumpleaños.
— ¿Me odias? Deberías haberme llamado y habérmelo recordado. Después de 18 años sin olvidarme, me estoy sintiendo un completo imbécil. Mierda. Mi cabeza está fallando y todavía ni cumplí treinta años— sin querer me arroja eso en la cara.
— También te olvidaste de mi cumpleaños número 27 — lo interrumpo.
— ¿Me olvidé?
— Te olvidaste.
— Creo que no.
— Me acuerdo que estabas con Ma...
— Para. No pronuncies ese nombre. Tienes razón. Olvidé tus 27 años. Eso hace esta infracción parecer menos senil, verdad? Bien entonces... ¿Cómo están las cosas? — Jasper silba. — No puedo creer que tengas treinta años. Vos todavía deberías tener 14. ¿Te sientes más vieja? ¿Más sabia? ¿Más experta? ¿Qué hiciste la gran noche? — él dispara sus preguntas de un modo frenético como si tuviese trastorno de déficit de atención.
— Igual. Continuo siendo la misma — yo miento. — Nada cambió.
— ¿No ? — él pregunta. Es de insistir con las preguntas. Como si supiese que estoy escondiendo algo.
Hago una pausa, mi mente está a mil por hora. ¿Le cuento? ¿No le cuento? ¿Qué va a pensar él de mí? ¿Qué va a decir? Jasper y yo nos hicimos muy amigos en segundo año, aunque nuestro contacto sea esporádico. Pero siempre que conversamos, retomamos desde donde nos habíamos detenido. El sería un buen confidente en esta saga principiante. Jasper conoce a los principales actores. Y lo más importante: él entiende de patear el tablero.
Las cosas comenzaron bien para él. Tuvo un buen resultado en los exámenes de admisión de las universidades, se graduó en segundo lugar en nuestra clase. Fue a la universidad de Stanford y después de graduarse consiguió un trabajo en un banco de inversiones, a pesar de el énfasis de sus despachos hubiera sido historia del arte y de que no tuviese interés en las finanzas. Jasper instantáneamente pasó a despreciar toda la cultura de los bancos. Entonces cambió el traje por una chaqueta cómoda y pasó los años siguientes subiendo y bajando por la Costa Oeste, sacando fotos de lagos, árboles, y haciendo amigos por el camino. Tomó cursos de creación literaria, arte y fotografía, pagadas por los empleos temporarios en bares y los veranos que pasaba trabajando en pesca en Alaska.
Fue allá que conoció a María — "Mari-a con a", como yo la llamaba antes de darse cuenta que él realmente la quería y que ella no era solamente una aventura pasajera. Ellos estaban de novios hacía unos meses cuando María quedó embarazada (insistiendo en que formaba parte del 0,05% de mujeres con muy mala suerte que usan la píldora como método anticonceptivo, aunque yo tuviese mis dudas). Ella dijo que un aborto estaba fuera de cuestión, entonces Jasper hizo lo que creyó era cosa lo correcto y se casó con ella en Seattle. Jasper y María enviaron invitaciones de la boda artesanales e incluyeron una foto en blanco y negro de los dos en una caminata. Alice criticó el cortísimo y apretadísimo short de jeans de María.
— ¿Quién diablos hace caminatas con shorts sexys? preguntó ella. Pero Jasper parecía muy feliz.
Y, en ese verano, María dio a luz un niño... Un adorable y robusto bebé esquimal, con ojos que pronto se hicieron oscuros como el carbón. María, de ojos azules como Jasper, imploró por perdón. Jasper anuló el la boda en el acto y María volvió a vivir en Alaska. Probablemente para localizar a su amante nativo.
Creo que María desanimó en Jasper esa cosa de vivir al aire libre y sin planes. O tal vez él sólo haya deseado algo nuevo. Porque se mudó a Londres, donde escribe para una revista y trabaja en un libro sobre arquitectura londinense. Un interés que él no había adquirido hasta poner los pies en suelo británico. Pero así es Jasper. Va decidiendo las cosas por el camino, siempre listo a retroceder o renunciar y comenzar de nuevo, nunca rindiéndose a las presiones o expectativas. Me gustaría poder ser más como él.
— ¿Entonces? ¿Qué hiciste para tu cumpleaños? — pregunta Jasper.
Cierro la puerta del despacho y me desahogo.
— Alice me organizó una fiesta sorpresa, bebí demasiado y acabé con Edward.
Creo que eso es lo que sucede cuando uno no está acostumbrado a tener secretos. Uno carece de experiencia en el arte de no contar. De hecho, estoy sorprendida de ver cuanto demoré en hacerlo.
— Ah, deja de joder. ¿Me estás jodiendo, verdad ?
Mi silencio le dice que estoy hablando en serio.
— Ohhh, mierda.
La voz de él todavía es risueña.
— ¿Qué? ¿En qué estás pensando? — Necesito saber si él me está juzgando. Preciso saber qué piensa de mí, si él está del lado de la jurado de trajecito Channel.
— Espera. ¿Qué quieres decir con acabé con Edward? ¿No te acostaste con él, verdad?
— Hum. Si. En verdad, si.
Estoy aliviada al oír su risa, a pesar de decirle que no tiene gracia, que este es un asunto serio.
— Oh, puedes creerme. Esto es muy gracioso.
Puedo imaginar el hoyuelo en la mejilla izquierda de él.
— Y qué exactamente es tan divertido?
— La señorita toda perfecta y honesta se acostó con el novio de su amiga. Es una comedia, de la mejor calidad.
— ¡Jasper!
El deja de reírse el tiempo suficiente para preguntarme si podría estar embarazada.
— No, nos cuidamos.
— Entonces no hubo ningún daño, ¿verdad? Fue un error. Esas cosas suceden. La gente comete errores, especialmente cuando están borrachas. Sólo mira mi ejemplo con María.
— Creo que si. Pero aún así...
Jasper silba y luego dice lo obvio: que Alice se enloquecería si algún día lo descubriese.
Mi otra línea suena.
— ¿Debes atender? — pregunta Jasper.
— No, voy a dejar entrar la llamada en el contestador automático.
— ¿Estás segura? Puede ser tu nuevo novio.
— ¿Crees me ayudas de ese modo? — le digo, a pesar de sentirme aliviada porque él no esté siendo moralista. Ese no es el estilo de Jasper, pero nunca se sabe cuando alguien va a apelar a los padrones morales. Y definitivamente aquí hay patrones morales en juego, todavía más considerando que Alice es amiga de él también. No tan cercana como nosotros dos, pero ellos todavía se hablan de vez en cuando.
— Disculpa, disculpa — dice él, conteniendo la risa. — Está bien, sólo una preguntita más.
— ¿Qué?
— ¿Fue bueno?
— ¡Jasper! no sé. ¡Estábamos borrachos!
— ¿Entonces fue así nomas?
— Ah, Jasper — protesto, como si no estuviese pensando en los detalles. Mientras tanto, flashes del Incidente vienen a mi cabeza, mis dedos clavados en la espalda de Edward. Es una imagen perfecta. No hay nada "así nomas" en esa imagen.
— ¿Y entonces? ¿Hablaste con él después?
Le cuento sobre el fin de semana en Hamptons y sobre James.
— Buena jugada. Envistiendo contra el amigo de él. De ese modo, si te casas con James, pueden hacer un encuentro swinger.
Lo ignoro y continuo con el resto de la historia: el viaje en auto hasta o ómnibus, la noche de ayer, y un resumen del e—mail.
— Hum, carajo. Tú... ¿Tú también sientes algo por él?
— No sé — respondo, a pesar de saber que la respuesta es si.
— ¿Pero el la boda sigue en pie?
— Si — le confirmo. — Que yo sepa.
— ¿Que tu sepas?
— Si. Sigue en pie.
Silencio. El ya no se está riendo, entonces mi culpa vuelve con toda su fuerza.
— ¿En qué estás pensando ahora?
— Sólo estaba pensando en el rumbo que quieres que esa historia tome — dice él. — ¿Qué quieres que resulte de esto? ¿Es una aventura o quieres que él cancele el la boda?
Yo me encojo toda al oír la palabra "aventura". No se trata de eso de ninguna manera, pero, al mismo tiempo, no sé si quiero que Edward cancele el la boda. No puedo imaginarme haciéndole eso a Alice. Le digo a Jasper que no sé, que no estoy segura.
— Hum... Bien, ¿él llegó a mencionar el la boda?
— No, realmente no.
— Hum.
— ¿Qué? ¿Qué significa ese "hum"?
— Significa que creo que él debería cancelar todo el show.
— ¿Por mí? — El estomago me duele de sólo de imaginar que yo pueda ser responsable por la cancelación de la boda de Alice. — Tal vez sea sólo falta de coraje.
Escucho mi voz elevándose esperanzadamente ante la sugestión de una mera falta de coraje. ¿Por qué un lado mí quiere que eso sea tan simple? Y cómo puedo sentirme tan emocionada al estar al lado de Edward, tan profundamente conmovida por el e—mail de él y aún así querer, de cierta manera, que él se case con Alice?
— Bells...
— Jasper, sé lo que vas a decir.
No sé exactamente qué va a decir, pero por el tono de él tengo un palpito de que tiene que ver con como las cosas van terminar si yo no detengo esto y desisto. Que de algún modo la historia va a estallar. Que alguien — probablemente yo — va a salir lastimado. Pero no quiero oírlo decir nada de eso.
— Bien. Sólo ten cuidado. No dejes nadie te lastime ni te manipule. Qué mierda.
Me doy cuenta que él se está riendo nuevamente.
— ¿Qué pasa?
— Sólo estoy pensando en Alice... de cierta forma es gratificante.
— ¿Gratificante como?
— Ah, por favor. No me vas a decir que no te da un poco de placer darle una sacudida. Hay una cierta justicia poética en todo esto. Hace años Alice te ha estado pisando.
— ¿De qué estás hablando? — pregunto, genuinamente sorprendida de oírlo describir nuestra amistad de esa manera. Sé que me vengo sintiendo más irritada con ella últimamente y sé que ella nunca fue de las amigas más generosas, pero nunca pensé en ella como alguien que me pisase. — No es verdad.
— Si lo es.
— No, no lo es — digo con más firmeza. No estoy muy segura de a quien estoy defendiendo: a mí misma o a Alice. Si, ella me había robado a Jasper. Pero él no sabe nada de eso.
— Ah, por favor. ¿Recuerdas Notre Dame? ¿Los exámenes de admisión?
Me acuerdo del día en que recibimos la dirección nuestros resultados, en sobres blancos lacrados. Todos estábamos con la boca cerrada, pero locos para saber los resultados. Finalmente, a la hora del almuerzo, Alice dijo:
— Está bien, ¿a quién le importa? Vamos apenas decir cuanto nos sacamos y listo. Bella, tu primero.
— ¿Por qué tengo que ser la primera? — le pregunté. Estaba satisfecha con mi resultado, pero aún así no quería ser la primera.
— No seas infantil — dijo Alice —, simplemente dilo.
— Está bien: 1.300 – respondí.
— ¿Cuánto sacaste en la parte verbal? — preguntó ella.
— 680.
— Perfecto — evaluó. — Felicitaciones.
Jasper fue el próximo: 1.410. Ninguna sorpresa. No me acuerdo cuanto sacó Ángela... un poco más de 1.100.
— ¿Y entonces? — le pregunté a Alice.
— Oh. Está bien. Saqué 1.305.
Supe en ese instante que ella no había sacado 1.305. Las notas eran siempre múltiplos de diez, no de cinco. Jasper también lo sabía, porque me pateó por debajo de la mesa y escondió una sonrisa con su sándwich de jamón .
No me importó la mentira en si. Alice era célebre por adornar las cosas. Pero el hecho que ella hubiese mentido sobre el resultado para ganarme por cinco puntos de mierda... Esa parte realmente fue demasiado.
Entonces ella dijo:
— Bien, entonces tal vez las dos entremos a Notre Dame.
Era la repetición de la jugada que ella había hecho en quinto grado para conquistar a Jasper.
Como varias personas del Medio Oeste, yo soñaba con entrar a Notre Dame. No somos irlandeses, ni siquiera católicos, pero yo quería ir allá Porque mis padres me llevaron a ver un juego de fútbol de Notre Dame cuando tenía ocho años. Para mí era el modelo ideal de facultad — construcciones imponentes en piedra, jardines impecables, mucha tradición. Quería formar parte de eso. Alice nunca demostró el menor interés por Notre Dame y me irritaba que ella estuviese violando los límites de mi territorio. Pero no me preocupaba la posibilidad de que ella ocupase mi lugar. Mis notas eran más altas. Además, más de un alumno en nuestra escuela entraba a Notre Dame todos los años.
En aquella primavera las cartas de aceptación y de rechazo comenzaron a llegar de a poco. Yo revisaba el buzón correo todos los días, en una agonía perversa. Mike O'Sullivan, que tenía tres generaciones de ex alumnos en su familia y era el representante da nuestra clase, fue el primero en entrar. Imaginé que yo sería la próxima, pero Alice recibió su carta antes que la mías. Yo estaba con ella cuando la correspondencia llegó, aunque ella no abrió el sobre delante mío. Fui a casa a esperar, muy culposa, porque ella había recibido malas noticias.
Una hora después ella me telefoneó en estado de éxtasis.
— ¡No lo creo! ¡Conseguí entrar! ¿Puedes creerlo?
En resumen, no. No podía creerlo. Pero logré decir Felicitaciones, pero me sentía arrasada. Las noticias podían significar dos cosas: que ella me había sacado mi lugar o que las dos iríamos a Notre Dame y ella continuaría robando escena por cuatro años más. Por más que supiese que extrañaría a Alice cuando me fuese, tuve una sensación muy fuerte de que necesitaba establecerme lejos de ella. Si ella estuviese conmigo, mi imagen nunca sería verdaderamente nítida.
Pero, yo quería ser aceptada en la universidad más que cualquier otra cosa. Y mi orgullo estaba en juego. Esperé, recé y hasta pensé en llamar a la oficina de admisiones para implorar. Después de una semana infernal, mi carta llegó. Era exactamente como la de Alice. Corrí adentro, con el corazón en la boca mientras abría el sobre y desdoblaba el papel que guardaba mi destino. Casi... Estás altamente calificada... Pero nada más.
Me quedé muy mal y al día siguiente no conseguía hablar con mis amigas de la escuela, especialmente con Alice. A la hora del almuerzo, mientras intentaba contener las lágrimas, ella me dijo que de cualquier manera iba a ir a Indiana. Que ella no quería saber nada con estudiar en una institución que me rechazase. Su caridad me incomodó más todavía. Por primera vez Ángela se manifestó:
— Tú le quitaste el lugar a Bella y ni siquiera quieres ir allá?
Bien, era mi primera opción. Pero cambié de idea. ¿Y cómo podía imaginar que sucedería de esta forma? — dijo ella. — Pensé que ella iba a entrar. Le gané apenas por unos pocos puntos.
Para Jasper ella ya había ido demasiado lejos.
— Tú no te sacaste 1.305, Alice. Las notas son múltiplos de diez.
— ¿Quién dijo que me saqué 1.305?
— Tú — Jasper y yo hablamos juntos.
— No, yo no dije eso. Dije 1.310.
— ¡Oh, mi Dios! — dijo, mirando a Ángela en busca de apoyo, pero el coraje de ella se había agotado. Alegó que no recordaba qué Alice había dicho Alice.
Nos quedamos discutiendo durante el resto do recreo sobre lo que Alice había dicho y por qué ella se había postulado a una plaza en Notre Dame si no quería ir allá. Las dos acabamos llorando y Alice salió de la escuela más temprano diciéndole a la enfermera que tenía diarrea. Toda la cosa se calmó cuando entré a Duke y me convencí de estar satisfecha con ese resultado. Duke tenía una modalidad y un clima parecidos a los de Notre Dame — construcciones en piedra, un campus impecable, y prestigio. Era tan buena como Notre Dame y tal vez fuese mejor expandir mis horizontes y salir de Indiana.
Sólo que hasta hoy me quedo pensando por qué Notre Dame escogió a Alice en vez de a mí. Tal vez a algún subalterno le haya gustado la foto de ella. Tal vez haya sido sólo la típica suerte de Alice.
De cualquier forma, estoy satisfecha que Jasper me haya refrescado la memoria sobre Notre Dame. Entonces, el episodio de confrontación con Tanya Denali deja de ser el recuerdo más fuerte en mi mente. Si, Alice podía ser una buena amiga — normalmente lo era —, pero también me boicoteó en algunos momentos cruciales de mi vida: primer amor, facultad de mis sueños. Eso no eran cosas sin importancia.
— Está bien — le digo a Jasper. — Pero creo que estás exagerando un poco. Yo no usaría el término "pisar".
— Cierto, pero sabes lo que quiero decir. Hay una competencia velada entre ustedes dos.
— Creo que si, tal vez — digo, pensando que no se trata exactamente de una competencia cuando uno de los lados pierde sistemáticamente.
— Entonces, quiero que me mantengas informado. Este asunto es caliente.
Le digo que si.
— Una cosa más — me pide. — ¿Cuándo vas a venir a visitarme?
— Pronto, pronto.
— Eso es lo que siempre dices.
— Lo sé, pero sabes como es. El trabajo está siempre una locura... pronto voy a ir. Este año con certeza.
— Menos mal— dice Jasper. — Realmente te extraño.
— Yo también.
— Además — dice él —, puede ser que necesites unas vacaciones cuando todo eso termine.
Después que colgamos, me doy cuenta que Jasper nunca me dijo que debía detenerme. Sólo me dijo que tuviese cuidado. Y voy a hacer eso. La próxima vez que me encuentre con Edward, voy a tener cuidado.
¡Adoro a Jasper!
Chicas los siguientes capítulos ya están listos los estaré subiendo cada 5 reviews (sin contar los anónimos) si no se juntan, solamente un capitulo por día.
Espero que les haya gustado.
Adelanto del próximo capitulo…
— Veo que estás defendiendo James. Interesante.
La ignoro.
— ¿Has hablado con él últimamente?
— Algunas veces. Mayormente por e—mail.
— ¿Algún llamado?
— Algunos.
— ¿Te encontraste con él?
— Todavía no.
— Carajo, Bella. El está perdiendo el impulso — ella se saca el chicle de la boca y lo envuelve en una servilleta. — Quiero decir, no vas a dejarlo escapar... No vas a conseguir nada mejor.
