Capítulo 8: Detalles.
"El mundo no cambia ni en 500 ni el 5000 años, tan sólo cambian los detalles." Methos, Highlander.
Para Tenzô la palabra asignación, aplicada a alguien como Yūgao, le parecía alienígena; Kakashi no parecía comportarse de manera diferente con ella a como lo había hecho con las parejas reales que le conociera. Era atento, considerado, pero expresaba poco su afecto en público, dando una impresión general de desinterés. No duraba mucho tiempo con nadie, un buen día ya andaba con alguien diferente o completamente solo.
Aunque el mujeriego del grupo era Genma, el de la fama era Kakashi, Gai alardeaba mucho de su atractivo y fuerza en público, pero en realidad era tímido y todos ellos sabían que había amado a Shizune por mucho tiempo, aunque esta parecía no darse cuenta de ello, o tal vez se hacía la remolona.
Tenzô bajó la mirada, buscando inconsciente el suave fluir del chakra de sus compañeros, los pudo percibir merodeando en los alrededores y movió la cabeza. Su interior era un caos que lo aturdía por lo intenso. Confiaba en Kakashi con su vida, sabía que sería cuidadoso con Yūgao y que haría lo imposible para no ponerla en riesgo, sin embargo… existía un sin embargo que sacudía los cimientos de su fe ciega. Se sentía miserable, tenía que admitirlo.
Kakashi dio un largo trago a su bebida, mirando a Tenzô de reojo. El chico estaba tratando de equilibrar sus emociones y se veía decaído; le había hablado con la verdad, más no podía hacer. Se sentía aliviado. Gai se tranquilizaría y esperaba que lo dejara en paz, su inquietud por la amistad de ambos lo había tenido en ascuas toda la semana y, a pesar de su exhuberancia se había abstenido de decirle algo, pero estaba alterado; agradecía su presencia pero lo ponía de nervios, sentía que ya con Genma era suficiente honestidad para todos.
Vio que Tenzô lo imitaba con su cerveza, como queriendo pasar algo más que el trago del líquido.
–Si no le dices nada, terminará con otro –dijo con sequedad, Tenzô volvió la vista hacia él, enrojeciendo nuevamente.
–Sen-pai… tú…
–No me hagas repetirme. Tengo suficiente con los sueños románticos de él… hablando de él…
–¿Nos extrañaron? –preguntó Genma, alegre, moviendo las cejas.
–Quiero mi regalo –dijo Kakashi, sabiendo que no traían nada, pero deseando desquitarse.
–Mi estimado rival…
–Mi regalo.
–Tch. Te lo daré en privado, amor –dijo Genma, abrazándolo desde atrás del asiento– ups, ahí viene tu novia, perdón, perdón Usuki –dijo, soltándolo de inmediato.
Kakashi maldijo internamente, no esperaba la llegada de Yūgao con el equipo de fuego completo en fila india tras ella. Realmente quería dejar arreglado todo, para así poder seguir adelante, la llegada imponía mantener la fachada ante todos nuevamente y Tenzô saldría en misión solitaria en unas cuantas horas. Corrió su silla, haciendo espacio para Yūgao que se sentó entre ambos.
–Feliz cumpleaños, jefe –dijo Anko, tendiéndole una cajita.
–Fue ayer –corrigió Aoba– ¿cierto, no jefe?
–Pero no estaba, como sea, ya sé que no te gusta celebrar, pero Kaia no podía dejarme atrás –dijo Anko, sentándose al otro lado de Kakashi.
Tenzô rechazó la siguiente ronda, aunque se unió a la celebración. Kakashi sonrió ante lo feliz que se veía el muchacho sentado junto a su amor platónico. A pesar de todo, se dijo, estaba entre amigos.
Jiraiya se incorporó tras un buen par de horas de fructífera investigación en el onsen femenino de Konoha, guardó los binoculares en el estuche de armas y estiró su larga anatomía, haciendo crujir las articulaciones. Había conseguido excelente material para su próximo proyecto literario y se sentía satisfecho de haber encontrado la inspiración en un par de jóvenes pelirrojas poco pudorosas. Sonrió de oreja a oreja.
–Ahora sí, al deber –dijo, campante, encaminándose hacia los cuarteles que compartían Inteligencia y T&I.
Su alegría se esfumó por un instante al ver a Danzô salir de ahí con el sigiloso deslizarse que le era característico. Su desagrado hacia el shinobi, muy respetado entre la facción ortodoxa de Konoha, provenía más de diferencia ideológica que personal, el hombre había sido una especie de héroe y aunque la tradición obligaba a la reverencia hacia quienes se podrían considerar los pilares sobre los que se edificó la aldea, al igual que su viejo sensei, jamás pudo estar en sus ánimos. Había algo tenebroso en los vendajes que le cubrían medio rostro y un brazo que, asumía, había perdido en misión.
Jiraiya se sacudió el estremecimiento que le recorrió la espina y le erizó el largo cabello. Avanzó decidido hasta pasar la cárcel de máxima seguridad y entró al lugar. Un largo pasillo que le hacía pensar en mazmorras conducía a las oficinas de los líderes de la rama. Giró la manija y abrió la puerta, haciéndose a un lado a tiempo para evitar el shuriken y rió a carcajadas, había cosas que no cambiaban. Entró, haciendo claquear sus sandalias de madera sobre el duro piso de cemento.
–¿Esa es la manera de recibir a un viejo camarada? –apoyó las manos sobre el escritorio, acercando mucho la cara.
–Cuyo rostro casi no reconozco. Has envejecido, Jiraiya-sama –respondió la mujer, alejando su silla hacia atrás.
–Vaya bienvenida, Amai-san. Tan hermosa como siempre –dijo Jiraiya sin inmutarse ni retroceder un centímetro.
–¿Qué quieres?
–Y tan arisca como siempre. Recopilo información –suspiró, alejándose un poco.
–Creí que tu especialidad eran curvas peligrosas.
–Mmm creo que sigues enojada conmigo.
–¿Qué quieres?
Prefería tratar con Inoichi, pero Hiruzen le había dicho que se encontraba preparando el terreno para la misión. Eran pocos los mentalistas de su equipo, eran más escasos aún los shinobi que conseguían entrar a la psique humana sin pertenecer al clan Yamanaka. Amai era la segunda de a bordo y una de las excepciones, también una historia de su pasado que prefería no recordar. Hizo algunos rápidos sellos sobre su pergamino de invocación, cuando hubo terminado se sentó frente a ella.
–Hokage-sama me asignó una misión algo… escabrosa.
–Todas tus misiones lo son, dime algo nuevo, ¿eso que tiene que ver conmigo?
Intensos ojos se clavaron como espadas de jade sobre Jiraiya.
–En otras circunstancias esa mirada…
–Jiraiya…
–Perdón, perdón. Los viejos hábitos son duros de vencer. ¿Qué me puedes decir de la avanzadilla de Inoichi?
– Tenemos dos tokubetsu de Inteligencia infiltrados con éxito. La preparación del terreno, accesos, rutas de escape, localización de grietas en la seguridad, están en su primera etapa –respondió.
–Lo que significa que Alfa ya está entre ellos –dijo Jiraiya, comenzando a elaborar escenarios en su mente.
Amaia lo miró, sin comprender a qué se refería. Jiraiya enrojeció, rascándose la nuca, sintiendo que había omitido algo importante.
–Creí que esa misión era la escabrosa.
–Lo es, sólo que… no he recibido el breviario, estoy de paso y… ¿curiosidad? –dijo atarantado, viendo la dura mirada sobre él.
–Lo que significa que no puedes darme detalles pero esperas que yo sí lo haga.
Jiraiya sonrió, Amai sabía muy bien el alcance de las misiones que le eran asignadas y sin duda estaría fabricando una teoría.
–Por ahora realizo una investigación sobre un culto que está tomando fuerza en la Aldea oculta de las Aguas Termales. Hokage-sama solicitó mi regreso para dentro de un par de meses, para liderar una misión de la que aún no tengo los detalles –declaró en su tono desenfadado– y de la cual tú no estás enterada.
–Motivo por el cual transportaste esta habitación a la panza de tu sapo gigante…, qué asco… –dijo Amaia haciendo una mueca, Jiraiya sonrió, ella siempre había odiado sus invocaciones, parecía tener una fobia a los sapos.
–Mis disculpas, Amai, era necesario.
–Alfa está recibiendo preparación aquí en Konoha, los infiltrados son el apoyo –afirmó en el estilo conciso que la caracterizaba.
–¿Un novato? Eso es nuevo –murmuró, tal vez había hecho bien en averiguar algo antes de dedicarse al cien a la misión, "y triple infiltración, eso también es nuevo, necesito hablar con Inoichi… ¿de qué me estaré perdiendo?"
–Elección directa del Consejo –contestó Amai interrumpiendo sus pensamientos.
–Ya veo, ¿quién está a cargo?
–Kakashi y Kaia.
–Oh.
Hiruzen no le había dado detalles específicos, tan sólo había sondeado el terreno para ver si Jiraiya estaría de regreso en las fechas en que lo necesitaba, tampoco podía sacarlo sin motivo de la investigación de la Aldea Oculta de las Aguas Termales ya que, aunque al Consejo sólo le interesaba ver las posibles consecuencias para la Tierra del fuego, la asignación de Jiraiya era su decisión personal, una que no planeaba informarles. Viendo quiénes estaban a cargo de la preparación de Alfa, sintió un escalofrío, muy mal escenario.
La música se escuchaba desde algún lugar que le era imposible de precisar, inundando la atmósfera con sus notas y otorgando una cualidad extraña al campo de prácticas. Yūgao buscaba con la vista la procedencia, pero no encontró nada parecido a un radio o algo que pudiera emitirla. Kaia la saludó y le señaló el espacio a su lado con una pequeña palmadita.
–Regresamos a la rutina normal, ¿uh?
–Sí, Kaia-san –dijo Yūgao, saludando con agrado a su maestra.
–¿Qué tal la celebración? –preguntó– no pude acompañarlos.
–¿Celebración?
–El cumpleaños de Kakashi, Rin suele preparar algo.
–No sabía… sólo brindamos y el grupo se separó, todos tenían misión, incluso Tenzô.
–Eso del deber… en fin.
–¿Por qué la música?
–Hoy comenzaremos con las bases de la danza de espadas. La música te ayudará a hacer los movimientos más fluidos. Ante todo necesitas rapidez.
Asintió, había sido una explicación más larga que las que solía darle, solía ser más física que teórica, la mayor parte de sus prácticas implicaban un esfuerzo físico extenuante y pocas instrucciones. Se levantó y ella la siguió hacia el centro del claro.
–Necesito observar tus movimientos y rapidez desde afuera para ver tu progreso –dijo arrojándole un boken– comenzarás con una sola espada.
–¿Serie aleatoria de katas?
–No, tendrás un contrincante, el ANBU más veloz de Konoha.
Yūgao se sintió desalentada, el más veloz era Lobo, sin duda; lamentó su suerte, seguro terminaría molida y mortificada ante su maestra por algún movimiento embarazoso de Lobo o una de sus frases de doble sentido. Tragó saliva, cerró los ojos con fuerza e hizo una reverencia ante Kaia, que la miraba con curiosidad. Cuando levanto la vista se encontró frente a frente ante una máscara ANBU que nunca había visto en el escuadrón y que representaba al felino más rápido de la creación.
–Chita, ella es mi estudiante, Uzuki Yugaô.
–Mucho gusto.
La voz era indudablemente femenina. Se sintió confundida, recordó vagamente haber escuchado a Aoba mencionarla cuando el acuartelamiento y haber echado un rápido vistazo hacia la figura tumbada en uno de los camastros, un rostro que no pudo ver porque estaba vuelto hacia la pared y una exuberante cabellera ígnea. No había pensado en Chita nuevamente, tampoco la recordaba, era como si su presencia fuera inconspicua.
–También es un extraordinario espadachín. ¡Comiencen! –ordenó, dejando claro para Yūgao la razón tras el uso de espadas de madera.
Chita se puso en guardia, extendiendo el boken hacia ella, con una mano a la espalda.
Nunca hubiera creído que ingresar a ANBU sería un camino tan lleno de aprendizaje y experiencias aterradoras por su total crudeza, ni que pertenecer a la élite, la infame "categoría aparte" fuera tan agotador. La sensación de maravilla que sintió durante sus primeras misiones casi había desaparecido, pero siempre sucedía algo nuevo que hacía que la recuperara. Su admiración por los talentosos compañeros que la rodeaban se la devolvía intacta. Se permitió por unos segundos que la ola de orgullo de casta la inundara.
"Concéntrate en la música" escuchó decir a Kaia "baila en los brazos de aire, sigue su flujo, no luches contra él".
Sin embargo le parecía imposible de conseguir. Chita era demasiado rápida para su nivel, parecía no costarle un esfuerzo. Se descubrió tratando de imitar inconscientemente los gráciles movimientos de brazos y piernas, realmente parecía estar danzando, llevada por un ritmo sensual que parecía ser su segunda naturaleza. Chita pareció advertirlo porque disminuyó la velocidad para que pudiera seguirla. En un momento dado Kaia les arrojó un par extra de boken y la música incrementó el ritmo.
"Una espada no es un arma, es una extensión de tu cuerpo, si consigues hacerte una con ella todo será más fácil" escuchó a Kaia entre el frenético sonido de las ráfagas que causaban los movimientos del boken de Chita. Finalmente Kaia ordenó el alto y se detuvieron al instante. Se acercó a ambas.
–Por hoy es suficiente.
–Permíteme continuar, Kaia-san.
Kaia volvió la vista hacia Chita, quien negó con la cabeza. Un par de sellos después, ésta había desaparecido, tan silenciosamente como había llegado.
–Lo que sientes es sobre-excitación por el alza de adrenalina, si te esfuerzas de más mañana no podrás moverte –dijo Kaia, viendo la expresión decepcionada de Yūgao– y ya llegó mi relevo. ¿Dónde estabas, mocoso? Llegas tarde.
–¿Y mi beso de bienvenida, Kaia?
–Tch, esa no es forma de comportarte ante tu novia –respondió Kaia, acomodándole un ligero porrazo en la cabeza con el boken.
Kakashi sonrió y tomó de la cintura a Yūgao, hundiendo la nariz en su cuello.
–Ya Kakashi, ¡no me avergüences ante mi maestra! –rezongó.
Un instante después el piso pareció hundirse y el mundo deformarse. Kakashi la tomó en brazos antes que cayera.
–No puedo evitarlo, causo ese efecto.
–Payaso. No creo que hoy puedas continuar con la práctica de saigo, Kakashi, se esforzó demasiado, despertará en un par de horas.
–¿Avance?
–Su velocidad ha mejorado, pero sigue siendo insuficiente –dijo mientras recogía el equipo y desaparecía la música–. Es pequeña, pero tiene un gran espíritu y creo que algo cambió, ¿me equivoco? –señaló los brazos que rodeaban el cuello de Kakashi.
–Parece aceptarme más –dijo, bajando la cabeza– bien, me retiro.
–Kakashi.
–¿Qué, me gané mi beso?
–No te culpes.
Kakashi pareció vacilar, pero realizó los sellos de transportación y se desvaneció con su carga en brazos.
Apareció en el limpio departamento de Yūgao y la recostó con cuidado en el sofá. Se sentó a un lado, se descubrió el Sharingan y evaluó el desgaste de chakra, el nivel estaba peligrosamente bajo. Se dirigió a la cocineta y puso una tetera sobre la estufa. Kaia tenía razón, algo había cambiado, ella por fin había aceptado su papel en el gran drama.
Anko desvió la lluvia de shuriken con el canto del ninjatô sin alejarse un ápice del sendero que recorría, mientras las largas y negruzcas serpientes de su invocación trepaban por los cuerpos de sus enemigos dirigiéndose a los cuellos. Atsui giraba frenético mientras corría a un lado de Aoba, formando ondulaciones de chakra que los escudaba a ambos repeliendo los kunai mientras Aoba enviaba sus cuervos y hacía llover andanadas de shuriken cargados con etiquetas explosivas que iluminaban con sus esporádicos destellos la opresiva oscuridad del bosque.
–No resistiremos por mucho tiempo capitán, me estoy quedando sin chakra –dijo Aoba.
–Alcanzando la frontera estaremos a salvo, esfuérzate un poco más –respondió Atsui.
–¿Qué pasa con el apoyo? –tronó Anko, gruesas gotas de sudor deslizándose por su rostro, la careta de porcelana tornándose insoportable por la humedad y el calor despedido por el ejercicio.
–Dentro del alcance, Áspid, perdona la demora, tuve un pequeño contratiempo –respondió la voz de Tenzô por el auricular.
–Ya era la maldita hora, Gato –protestó Aoba entre jadeos.
–Contacto por el este en aproximadamente cinco minutos, resistan por favor.
–Tch tu trasero no se está moviendo con suficiente rapidez jefe –gruñó Anko.
–Pero el mío sí, contacto en un minuto, por el oeste. ¿Qué te entretuvo jefe?
–Chita, gracias a Kami –la voz de Tenzô sonaba con alivio.
–Al suelo, me encargaré de ellos –dijo Chita.
–Nunca la perspectiva de estar con el culo al aire me pareció tan deseable –comentó Aoba.
–Y yo que creí que estabas acostumbrado –replicó Anko.
–¡Déjense de bromas! –tronó Atsui, dejándose caer al suelo pero sin detener su jutsu defensivo, ampliando el círculo a su alrededor.
La ola de viento pasó por sobre sus cabezas, repeliendo con su fuerza tanto los ninjutsu como las armas lanzadas contra las tres figuras. Chita aterrizó frente a ellos haciendo girar la katana a gran velocidad, incrementando el poder de la técnica que enviara por delante.
Mantuvieron la posición por minutos, que al equipo de fuego le parecieron eternos, hasta que Gato llegó por su flanco izquierdo, colocándose en el lado opuesto a Chita.
–Dragón, me ocuparé de la protección –dijo, formando rápidamente su escudo de madera– envía una marea de fuego hacia tu derecha, 3 objetivos. Chita, mantén la defensa. ¿Áspid, Cuervo?
–Lo siento, jefe, estoy fuera –respondió Aoba.
–Tch. –escupió Anko, mordiéndose el pulgar e invocando con su sangre más serpientes– ¿Qué? ¡Ya no puedo llamar a las grandes! –protestó ante la careta de Aoba dirigida hacia ella.
–Gafas de visión nocturna –dijo Tenzô, entregándole su propio equipo– guíanos.
Aoba se sentó, dirigiendo los ataques de sus compañeros, mientras Tenzô apoyaba las manos en el suelo abriendo la tierra, haciendo brotar chorros de agua que Chita redirigía con sus jutsus de viento, transformándolos en remolinos.
La lucha continuó por un par de horas más, hasta que Aoba les indicó que el terreno estaba limpio.
–¿Y cómo lo sabes? Esos lentes no son de largo alcance –protestó Anko.
–Oi, oi… recuperé algo de chakra, ten más fe en mí, –dijo Aoba, señalando al cuervo trepado en su hombro– deja que tu paranoia descanse un rato.
–¿Qué sucedió? –preguntó Tenzô, sentándose con dificultad– tu cuervo nos llevó la señal de SOS –dijo, señalando al ave de Aoba.
–Fuimos emboscados, apenas nos habíamos alejado un par de horas del sitio de entrega –informó Atsui.
–Y en estos días ya no respetan la inmunidad diplomática –dijo Anko burlona.
–Se supone que tienen salvoconductos –dijo Chita, extrañada
–¡Sí, pero no se tomaron la molestia de pedírnoslos! –comentó Anko irritada.
–Áspid, Chita-san no tiene la culpa –reprendió Atsui en tono conciliador.
–Tch…
–Por alguna razón el equipo de fuego de Konoha se ha convertido en objetivo –dijo Atsui– esta es la tercera vez que sucede, y sólo cuando trabajamos en equipo, no hemos sido atacados en misiones solitarias. Mercenarios y cazadores se nos echan encima, son demasiadas coincidencias. Si no hubieran estado cerca tú y Chita, no habríamos salido vivos.
Tenzô casi podía adivinar lo que pasaba por la mente analítica de Atsui, no habría llegado a líder de un equipo ANBU si careciera de ella. Era probable que se hubiera filtrado información de que el equipo estaba incompleto por tiempo indefinido y los enemigos de Konoha aprovecharían cualquier oportunidad para eliminar un equipo élite, o borrar al menos dos nombres de los libros Bingo. Los caza-recompensas harían un gran negocio.
Tendrían que incluir un nuevo miembro a la brevedad posible para cubrir esa debilidad. Lobo lo había discutido con él, Shikaku y Sarutobi anticipando los hechos, un par de días antes, y habían barajado opciones, pero el único candidato disponible a corto plazo representaría un desbalance y un riesgo político. El Consejo se opondría a que dos miembros de clanes élite estuvieran en el mismo equipo, aunque fuera de manera temporal. Sarutobi había decidido imponer su derecho como líder militar ante el Consejo, pero dicha decisión aún no se le había comunicado al equipo.
–Kakashi.
–¿Mmm?
–Esto de jugar a la casita, ¿no te agobia? –preguntó Yūgao, mientras preparaba una cena ligera para ambos tras el entrenamiento de saigo.
La pregunta había estado dando vueltas por su cabeza los últimos días. Sentía curiosidad por la manera tan calmada con que Kakashi parecía abordar su preparación especial.
–No –respondió, sin desviar la mirada de su Icha-Icha.
–¿Sólo no? –pregunto irritada, había esperado que su pregunta diera pie a una explicación cuya índole deseaba descubrir, ya que no podía deducirla.
Kakashi levantó la vista hacia ella, sonriéndole y esto aumentó más su irritación. Dejó el arroz cociéndose y se sentó emberrinchada en el sillón, los brazos cruzados.
–No me agobia, es un placer poder contemplar tu belleza, Yū-ga-o-chan.
Yūgao buscó la trampa dentro del tono sugerente de Kakashi, el hombre parecía hallarse a sus anchas dondequiera que estuviese, allanaba el espacio como si le perteneciese y ella se había dado cuenta que poco a poco, en el transcurso del pasado mes, se había habituado a él, a su aroma y a su tranquila presencia, como una constante que sabía que perdería cuando todo terminara.
Era evidente que él esperaba algo de ella, que se adaptaba al ritmo de ella. Pero ella no sabía qué era lo que él esperaba. Tras la misión de práctica él se había acercado más, pero aún así ella intuía que no había un avance significativo y también que era por su causa. Al principio se había sentido angustiada y amenazada, temerosa de lo que le podría esperar, después lo había aceptado y se había habituado a su cercanía, al escaso contacto físico que él por lo general propiciaba.
–Dime, Kakashi –preguntó con voz apenas audible, él la miró, esperando que continuara– ¿te molestaría que yo… que yo… te tocara?
–Por supuesto que no, sería un honor, Yū-ga-o-chan.
–¡Ay! ¡Es que me siento como si tuviera enfrente un pastel y no pudiera comérmelo! –se cubrió la boca, las palabras habían salido sin que lo pensara, enrojeció indeciblemente.
Kakashi dejó a un lado su libro y se levantó, Yūgao retrocedió en el sillón, pero él se dirigió a la cocineta, apagó la olla de cocción y regresó, se puso de rodillas frente a ella.
–Eres encantadora –tomó una de sus manos y la guió hacia su cara– tócame, has lo que quieras conmigo, no opondré resistencia.
Yūgao había perdido el valor por su desliz verbal, sus manos temblaban, Kakashi le sonrió y guió sus dedos hacia el borde de la máscara, ayudándole a deslizarla. La soltó y se quedó quieto, esperando el siguiente movimiento de la chica. Ella lo miró por primera vez con ojos diferentes, con la mirada de una mujer hacia un hombre y se sintió sorprendida del enorme contraste.
Le retiró el hitai-ate y Kakashi cerró los ojos. Le acarició el cabello y deslizó la yema de los dedos sobre la larga cicatriz, suavemente. Sin que estuviera consciente del todo de lo que estaba haciendo, empujó el sillón para hacer espacio, se arrodilló frente a él y le quitó el chaleco, luego la camisa, dejando al descubierto la blanca piel, siguió el contorno de los músculos del pecho y bíceps, recorriendo su extensión con suavidad hasta llegar al largo cuello.
Él la dejó hacer, los ojos cerrados y, por primera vez, Yūgao entendió a qué se había referido la vulnerabilidad que le mencionara la primera vez que hablaron de la misión. Había una sensación de poder que emanaba de tener frente a ella a un hombre hermoso, que sabía que era peligroso, en una situación de sumisión, abandonado a sus deseos, aunque esa situación fuera voluntaria.
–Entrega tu cuerpo, no tu alma, Yūgao –musitó Kakashi.
Hikari miró a Tenzô, sorprendida. Era la primera vez que acudía por su cuenta al hospital. El chico bajó la mirada, entretenido en verse la punta de los dedos de los pies. Parado, con los brazos abiertos de par en par ante las dos med-nin y evidentemente embarazado.
–No ha sanado bien, supongo –dijo mortificada, desenrollando el vendaje del torso del muchacho– no quiero pensar que hice un mal trabajo.
–Hiciste un excelente trabajo, Hikari-chan –dijo Rin, revisando con el chakra de la yema de los dedos las suturas profundas– las suturas han cerrado a la perfección, y el cuerpo casi termina de asimilarlas… la cicatriz exterior es casi invisible, pero me temo que existe un residuo que ni el antídoto ni el cuerpo de Tenzô han eliminado.
–¿Cómo pude haber omitido eso? –Dijo Hikari, avergonzada–. Mis disculpas, senpai.
–No te culpes, es apenas perceptible, incluso Shizune-san habría tenido problemas para detectarlo, y yo… de no ser por esta coloración tardía… –dijo Rin, recorriendo con el dedo la pálida marca de la cicatriz, que aparecía rodeada por una especie de halo color dorado– ¿has sentido algún efecto, dolor? –Preguntó.
–No duele mucho, aunque mi velocidad ha disminuido, Rin.
–El veneno se ha alojado en tus músculos inferiores obstaculizando el flujo libre del chakra, necesitaremos las técnicas de extracción de Shizune. Si el antídoto genérico no funcionó entonces debe estar diseñado para esconderse y replicarse bajo determinadas circunstancias.
–¿Cómo el no descansar tras una sutura interna? –preguntó molesta Hikari– son tres semanas Tenzô y apenas vienes a revisión. Trabajar curando al equipo lobo es un verdadero incordio. Enviaré un mensaje a Shizune para que venga en cuanto pueda.
Rin rió con suavidad ante el rubor de Tenzô y las palabras de Hikari. Ella podía decir lo que quisiera pero en realidad los chicos del equipo eran sus consentidos. Dejaba cualquier cosa que estuviera haciendo para ir a atenderlos y Lobo solamente le permitía a ella tocarlo. Era apenas un poco mayor que Tenzô y sus estilos eran parecidos, desde que terminara la preparación médica parecía ser el medi-nin especial del equipo, encajaba muy bien con ellos. Y aunque no alardeaba de ello, Rin sabía que sentía un callado orgullo al respecto.
–Mientras averiguamos la naturaleza del veneno, le pediré a tu comandante que no te envíe a misiones –agregó Hikari, saliendo de la sala de revisión, en tanto Rin colocaba un nuevo vendaje.
–Pero Rin… –protestó, aterrado de la perspectiva de permanecer en Konoha.
– Tenzô, has bajado mucho de peso y parece que no estás durmiendo muy bien. ¿De qué estás huyendo? –preguntó con suavidad– tomas misión tras misión sin parar.
–¿Cómo puedes soportarlo, Rin? –murmuró, bajando la vista.
–¿Verlo con otras?
–Nno- quise decir, yo…
–Está bien. –lo tranquilizó, se sentó a su lado en la camilla– supongo que cada quien tiene su destino, y tal vez el mío no sea conseguir su amor.
–Pero él te ama.
–¿Es así? Entonces tal vez soy bastante egoísta por pensar que no es la clase de amor que desearía de él.
Tenzô miró humedecerse los hermosos ojos avellana de Rin. Se maldijo por su imprudencia, sus propios sentimientos habían salido en el momento menos oportuno. Ella era extraordinaria, hermosa, digna y sentía la misma adoración que él hacia Kakashi.
–Nunca he conseguido que me mire como la mira a ella, como las ha mirado a ellas. Pero, ¿sabes? Él ha tenido bastante sufrimiento en su vida, ¿quién soy yo para escatimarle los pocos momentos de felicidad que le son concedidos?
–Rin, él no…
–Shh, sé que es su asignación, pero él actúa sus papeles a la perfección, ¿no crees?, siempre ha sido así. No hay mayor diferencia.
Tenzô no pudo más que guardar silencio, las palabras no pronunciadas por Rin estaban implícitas en la última frase. Aunque fuera una actuación ella se conformaría. Él pensaba que Kakashi le correspondía; bastaba ver la discreción con que manejaba sus relaciones íntimas ante ella, la lejanía intencional que mantenía y el tiempo que sacaba de su apretada agenda para disfrutar con ella un desayuno tranquilo de cuando en cuando en el jardín del hospital. Tenzô consideraba que sus múltiples noviazgos eran maniobras de evasión porque no quería traicionar la memoria de Óbito ni manchar el amor que su primer amigo sintió por ella.
También había motivos ulteriores como que la misma existencia de Rin estaría en peligro por el solo hecho de estar involucrada con él, ya que se convertiría en una debilidad y a la vez en el blanco de sus enemigos. Sus relaciones eran cortas por esa misma causa. La vida de Kakashi siempre estaba en peligro, y él quería ante todo, evitarle el dolor de otra pérdida.
Tenzô apenas comenzaba a entender que ese era el verdadero amor. El deseo desinteresado por el bienestar del otro, ya que no había diferencia de fondo con lo que él sentía por Yūgao, sólo variaban los detalles. Pero no podía decirle lo que él creía.
Rin pareció leer su pensamiento, le sonrió con calidez y le alborotó el cabello.
N.A. Nuevamente me disculpo por la demora, mi pc decidió tragarse el puerto del teclado dejándome sin herramienta de trabajo por un buen rato hasta que pude comprar otro con entrada usb. Pero como dicen: más vale tarde que nunca. Mil gracias por seguir leyendo a pesar de mi inconstancia de los últimos tiempos.
Este capitulo fue escrito para ti, k2008Sempai, que querías leer algo más sobre Rin, y como no voy a extender la misión de su muerte -citada en "Bajo las cicatrices"-, decidí incluir esta escena. También aparece Chita, personaje que ya conoces de "Remansos", que creo recordar te gustó.
