Flor Artificial
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Por
Kuraudea
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Capítulo VII
Germinación
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«Lo que sucede, es la única cosa que podía haber sucedido. Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas, podría haber sido de otra manera.»
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—¿Y por qué una Flor Artificial? Mejor una de verdad, ¿No lo crees?
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La luz tenue irradiaba calor al lugar rústico donde habían llegado. Había decoraciones de maderas en su totalidad; era cálido, acogedor, aunque por el cristal de la ventana, el frío despiadado impregnaba de escarchas los cristales; crujían. El ambiente gozaba de la melodía de un trovador que tocaba la guitarra acústica; tarareaba amenizando al resto de los comensales que disfrutaban las delicias de la casa y de buena compañía.

Se escuchaba hermoso.

Los estrategias previas del marketing hicieron impacto en el restaurante, pues las luces de colores y las flores de Nochebuena, impregnaban a sus visitantes con el espíritu decembrinas.

Ellos, eran separados por una vela dentro de un vaso de cristal, situada en la parte media de la mesa de madera. Cada uno, le echaba un ojo a la carta del menú, pues había infinidad de bebidas por escoger, desde cafés, té, copa de leche, matte, entre otras opciones. Del otro lado de la carta estaba la lista de postres a escoger. El punto era endulzarse el paladar después de haber hecho las pases.

Los orbes negros, cabizbajo por leer la carta. No sabían con exactitud qué pedir; dudaba. Le daba la impresión de que todo tenía nombre de cosas deliciosas.

»Mmmm...¿Qué estará bien ordenar?—pensaba la estrella.

Ante su indecisión, la mano del muchacho se atravesó sobre su menú; con el dedo índice dio un par de golpecitos indicando el nombre de una de las especialidades del lugar.

—Te recomiendo que pidas este.

—¿Eh...?—la azabache no esperaba esa acción.

—Es delicioso. Puedo estar seguro que te gustará.

Mai elevó la mirada. Y Trunks tras asentir mostró un rostro bondadoso. Aún se destilaba en sus orbes azules el arrepentimiento.

—E-Esta bien.—dijo avergonzada.

—Que no te de pena, si quieres otra cosa más puedes ordenarla también.

—Gracias ...Trunks.

Escucharla decir su nombre sin adjudicarle el calificativo de «Presidente», le animó.

En tanto, un mesero de camisa blanca y mandil, se acercó a ellos para tomar la orden. En escasos 15 minutos regresó con lo solicitado depositándolo en la mesa.

—Buen provecho, que la pasen bien.—dijo el empleado del lugar antes de retirarse.

»Gracias—contestaron ambos a la vez, mezclándose sus voces en una sola.

—Adelante Mai, prueba—indicó con la mano.

La mujer de Polaris le dio un ligero sorbo a la bebida. Después, discretamente con la lengua retiró la espuma que había quedado en sus labios, pues con la misma sustancia se le había formado un bigote. Sin más remedio, asintió con rubores en sus mejillas.

—Tienes razón, es una verdadera delicia.

El muchacho sintió cierto gusto al escuchar sus palabras. Pues el semblante de su rostro se empapó de satisfacción; eso le hizo pensar que, había elegido la bebida indicada para ella y el lugar correcto.

—Me alegra que te haya gustado—mostró media sonrisa.— ¿Sabes...?

—¿Si...?

—Lo menos que podía hacer después de este malentendido, era traerte aquí y pasar un buen rato. Te juro que lo siento, creo que me pase de soberbio—mantenía firme la mirada.


—¡TE GUSTO!


—N-No te preocupes, insisto que yo también tuve mucha culpa.

—Seamos amigos de ahora en adelante, Mai. Quita ese esquema de «Patrón-Trabajador». Si necesitas algo, puedes perdirmelo con toda confianza.

La chica asintió ante su petición.

—Seguro tienes muchas dudas al respecto, ¿No es así?

El azul se quedó sin habla. Pues las palabras se le acumularon en la boca, solo esbozó víctima de la curiosidad. Pero tenía cordura, y fuera de eso, no tenía el derecho de pedirle una explicación como tal; era su vida, sus asuntos personales. Con lo que Violet le había contado era más que suficiente para comprender su situación.

—Yo...—Mai suspiró, hablar de su verdugo le costaba bastante—Soy divorciada, Trunks.

—Entiendo.

—No, no entiendes—bajó la mirada. Su rostro se reflejaba en el café—Es frustrante para mí que pase el tiempo y seguir igual, con los mismos brotes del pasado, sin superarlo. No sé, me es muy difícil.

—Entonces, debiste quererlo mucho.—agregó el empresario.

—Tal vez...Pero, ahora él debería de estar fuera de lugar, me hizo mal. Debería de odiarlo. Además su «acción» debió de ayudar a que le olvidase con más facilidad.

—Pero en cierto punto es normal—Trunks se cruzó de brazos y se recargó en la mesa—Creo que uno no deja de pensar del todo en la ex pareja. Siempre habrá algo que nos la recuerde. Y más, cuando uno entregó todo por la relación, tarda más tiempo en superarlo. Hay variantes como: los años, la convivencia, los recuerdos y finalmente la duda de «¿Qué fue lo que pasó?», nos llena de incertidumbres—suspiró— Las separaciones de cualquier índole son complejas, pero, si realmente te intoxica creo que es mejor que estés sin él.

—Entonces...—frunció sus cejas y apretó la taza con las manos—¿Cómo es que él puede avanzar y yo no?—eso era su mayor frustración— ¿Qué acaso no le dolerá?

—Porque hay «vínculos» que ayudan a sobrellevar la situación. No sé, quizás, alguna nueva pareja sea el puente que lleve a la superación. Ten en cuenta que sin importar las circunstancias, es mejor pasarla acompañado que solo. Los hombres somos complicados.

—Ya veo...

—¿Por qué no intentas distraerte con algún pasatiempo?—sugirió el empresario.

—Amo mi trabajo, es mi pasión, lo juro. Pero esto brota y me hace mal. Es como decir: «¿Por qué me pasó a mi?» Ves a todos muy felices a tú alrededor, con una estabilidad emocional buena y la frustración llega. Entonces, al conocerte...—se sonrojó—...Por alguna extraña razón me motivaste. Tal vez pienses que soy una acosadora...—mordió sus labios y desvío la mirada sintiéndose avergonzada.

—Pues viéndolo desde esta perspectiva, ahora suena muy halagador.—esbozó una sonrisa.

—Perdóname.

—No pasa nada—negó—Descuida.

La noche se convirtió en dulce bohemia de charla. Pues después de haber trabajado más de dos meses juntos, era la primera vez que tenía un acercamiento tan estrecho. Todo giró en risas, miradas y la luz de la vela consumiéndose frente a sus rostros.

...

El establecimiento estaba por cerrar, la vela de la mesa finalmente se consumió. Y ellos, se levantaron y salieron del lugar.

El frío era aterrador en el exterior. La estrella se cruzó de brazos y él llevó sus manos directo a los bolsillos de su gabardina; caminaban hacia la camioneta. El empresario abrió la puerta del copiloto y Mai subió. De ahí, él rodeó el vehículo, subió a la camioneta y partieron.

...

En medio de la nada, ambos se hacían compañía.

Solo nieve había a su alrededor; las luces altas y los parabrisas hacían su trabajo.

En eso, la muchacha bostezó. Y Trunks se percató de ello.

—Puedes dormir si gustas.

—N-No.—negó inmediatamente.

Pues con el ridiculo que había protagonizado la vez anterior, era suficiente. No quería que se repitiera otra vez algo similar. Aunque claro, ahora existía la diferencia de que no estaba bajo los efectos del alcohol.

—Sé que no «volverá a pasar», así que descuida. Y en caso de que si, créeme, lo comprenderé.

Mai se sonrojó. De los mismo nerviosa se cruzó de brazos y hundió su rostro en el cuello de su saco; respiraba aire caliente. Cerró los ojos y quiso de alguna forma dejar fluir ese momentito bochornoso.

Trunks en tanto, mantenía la vista hacia el volante. Pero de reojo, vio claramente que la estrella de Polaris se dispuso a dormir.

»Eso es.—pensó tras asentir.

Regresó su vista hacia enfrente.

...

Para no venir en silencio, sintonizó la radio. Y empezó a cantar en voz baja para no interferir en el descanso de la estrella. Pero Mai, no venia del todo dormida, e inevitablemente al escuchar el tarareo de su voz media, su pecho género esa sensación ardiente que él le provocaba. Abrió los ojos y lo observó.

Sus labios delgados se separaban rítmicamente tras pronuncias las palabras de la melodía. Escuchaba su respiración, contaba sus parpadeos que, lubricaban a los hermosos zafiros azules.

Era una belleza.

Pues él tenía algo que le ayudaba, que le animaba a seguir.

Bajo ese dulce panorama, sus ojos se cerraron gracias al efecto de la droga azul.

Era tan fascinante el tenerle cerca y escucharle susurrar una canción que, se convirtió en el arrullo que siempre había necesitado.
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—El fin de semana se acerca, ¡Y el cuerpo, lo sabe!. ¿Está lista para un sábado de baile, Señorita Violet?

—Apenas es media semana y ya tienes planes. Me agrada tu actitud positiva, Son Goten.

—Así debe de ser. Digo para que amargarse, ¿No lo cree?—el muchacho mostró una gran sonrisa.

—¿Y a dónde piensas llevarnos esta vez?—preguntó desde su escritorio mientras revisaba unos planos.

—Resulta que en la Ciudad del Norte hay un buen lugar para pasarla genial. Dicen que es sensacional, además hay música en vivo.

—Se escucha interesante. Por cierto, ¿Sabes bailar?—preguntó Violet con ligeros parpadeos, pues tenía sus dudas.

—¡Bah! Me ofende. Ahora le mostraré un poco.

Desde la computadora accedió al reproductor de música y puso una canción al azar.

«Ah, ha, ha, ha, stayin' alive, stayin' alive»

El muchacho de un brinco fue a dar al centro de la oficina, (espacio libre entre los escritorios). Su brazo se estiró hacia enfrente junto con el dedo índice y, con movimientos esgados subía y bajaba.

«Ah, ha, ha, ha, stayin' aliveeeee aah»

—¿Qué tal, eh?—preguntó mientras seguía bailando.

—Si fueras Travolta, no estaría mal—soltó una carcajada y retiró sus anteojos.

—¡Oiga, no se burle! Aunque no lo crea hago mi mayor esfuerzo—se detuvo en seco.

—Si pretendes hacer esos movimientos el sábado, la chicas saldrán corriendo.

—Caramba...—rascó su nuca desanimado—Y yo que pensaba que eran unos pasos geniales.

—Solo sé más moderado, es todo.

El chico suspiró.

—Esta bien.

—Bien. Inténtalo una vez más.
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—Aquí estás—afirmó con gusto al mover las ramas de los arbustos.

Gratamente contestaron su saludo con un:

—Meoow.

—Eso es.—sonrió la azabache.

Mai acarició al gatito. Y de una bolsa de platicó sacó un refractario con alimento.

—Aquí tienes, pequeño.

—Meoow.

La estrella de Polaris se encontraba hincada, miraba con dulzura al minino mientras éste se alimentaba. Ella se mantenía bien abrigada. Pues una gabardina café, una boina roja y guantes negros le protegían del frío.

Se había escapado de la oficina para ir a darle la vuelta a su amigo felino. Sea como sea, no quería romper la promesa de alimentarle.

El tratamiento de la bronquitis que le recetó la Dr Misao iba bien. Pero aún así, una ligera tos a veces se manifestaba. Era normal, supuso quizás, que las condiciones del clima no favorecían del todo para una rápida recuperación.

Pero bueno, en la noche tomaría su respectivo de té de abango y el resto de sus medicamentos.

...

Finalmente se levantó, pero antes dejó más porción de alimento para abastecer al gatito por más tiempo.

—Cuidate, te veo mañana.

Y caminó.

Pero justo al dar unos pasos una tercera voz interfirió.

—Sabía que no te olvidarías de él.

Mai se detuvo en seco e inmediatamente volteó hacia atrás.

—Tr-Trunks...—abrió los ojos de par en par.

—Hola.—saludó el muchacho.

—¿Qué haces aquí?—preguntó extrañada, Mai.

—Fui a tu oficina y no te vi. Así que me dijo Violet que habías salido a un mandado. Por propia deducción, supuse que estarías aquí.

—Ya veo...—agachó el rostro.

Desde aquella noche en el restaurante se habían visto poco. No pasaban de roces cotidianos y saludos en la cocina o la oficina.

—¿Cómo estás?

—B-Bien, ¿Y tú?

—Estoy bien.

La muchacha le dio la espalda, continuó su camino. Trunks, en tanto, le siguió.

—Amaneció un poco más frío de lo normal, ¿No lo crees?—el empresario trataba de entablar una conversación.

—Sí, tienes razón.

Ella se cruzó de brazos.

Él metió las manos en los bolsillos de su pantalón.

Ambos seguian en su andar sobre el camino de la laguna congelada. Y en ese momento, el oleaje del viento, era como una acústica sonata que les acompañaba y sin permiso, revoloteaba sus cabelleras.

—¿Sabes, Mai?

—Dime...

Se dirigieron la mirada.

—Creo que a partir de mañana empezaré a venir a correr temprano. Mi padre odia que no me ejercite, él es muy especial.

—¿Especial?

—Aja, digamos que tienes su carácter.

—Ya veo.

—Bueno, si te animas estás invitada—sonrió—O tal vez en caso de que vengas a darle de comer a tu «amigo», por aquí estaré.

—Gracias, es muy gentil de tu parte.—contestó serena, insípida.

A Trunks simplemente le molestaba que fuese tan plana. Y más, cuando el mismo corroboró que no era del todo así, pues en la noche de café, la vio más suelta y platicaba con él con más fluidez de lo normal. Pero, ahora que recapacitaba un poco al respecto, se dio cuenta que desde que la conoció, tenía el mismo semblante afligido, quizás, poco notorio para algunos. Esa faz era su careta del diario.

Para él era inconcebible que alguien viviese de esa manera. Pues la vida era para disfrutarse y ser feliz.

Sin embargo, recordó aquella frase que su abuelo solía decir:

«Lo mejor de las personas es verles sonreír»

Y claro, tenía mucha razón en ello.

Pues con una simple sonrisa, el rostro cambiaba por completo de forma natural. Curiosamente, al saber más de la mujer de Polaris, le hizo fijarse una misión: sacarle una sonrisa que no fuese finjida.

Eso sería su meta de ahora en adelante. Y lo cumpliría. Así como su abuelo lo hizo por muchas personas; él deseaba hacerlo por ella. Pues el ser testarudo y persistente conformaban parte de su personalidad. Pero ante todo, un Brief se caracterizaba por ser personas nobles y solidarias.

Por otra parte, Mai, al sentirse incómoda por el hecho de que casi no conversaba con Trunks. Inició cualquier charla.

—M-Mi abuela es de origen sovietico.

—¿De verdad?—volteó el muchacho. Y su análisis en tanto se vio interrumpido.

—Sí.—asintió la mujer sin dejar de caminar.—Ella es como una madre para mí.

—Te comprendo, a los abuelos se les quiere mucho.

Mai asintió.

—De pequeña miraba fotos de mi abuela, tenía un álbum repleto. Usaba gabardinas y una estrella roja sobresalía de la parte de su hombro. Por lo poco que me platicó, estudió en una escuela militar.

—Ya veo.—el azul se sorprendió—No me lo tomes a mal pero, hay pocas mujeres que gustan de la ingeniería. Como tú o Violet, ambas tienen carácter y determinación. Me supongo que lo heredaste de tu abuela.

—Puede ser...—se detuvo y volteó hacia él.—¿Te sabes el origen de la muñeca Matrioska?

—No estoy seguro, pero cuéntame...

—Una noche de frío invierno en la Rusia, había un modesto carpintero que vivía en soledad en los bosques.

—Aja.

El azul escuchaba atento.

—Una noche le nació al hombre la necesidad de tener «cierta» compañía; un hijo para ser exactos. Entonces, tomó un trozo de cedro y lijó. Hasta que de su talento se formó una muñeca ovalada de hermoso rostro. Tanto fue su anhelo y devoción que la muñeca cobró vida. Y así, se hicieron compañía por muchas noches de invierno.

—¿Y qué fue lo que pasó?

—Lo mismo, Trunks.

—¿Lo mismo?

—Así es.

—Creo que no comprendo.

—Una noche la Matrioska le exigió tener un hijo. De ella, entonces, tomó un trozo de cedro, lijó y le dio una pequeña hija.

—Y me supongo que vivieron felices para siempre, ¿O no?

Trunks esbozó una sonrisa y Mai igual.

—No.

—¿Por qué?—soltó una carcajada.

—Por lo mismo.—expresó con el abrir de sus manos— El hombre carpintero hizo Matrioskas de diferentes tamaños por complacer sus necesidades. Por ello, si te fijas, siempre salen entre cinco y seis muñecas del interior de una grande. Cuando era niña, me encantaba que mi abuela me contara esta historia. Y sí, crei que el señor se llenó de muñecas y vivió feliz—rió con discreción—Pero, ahora analizando pienso que, la moraleja de todo, es que nadie podemos vivir en soledad.

—Es que todos necesitamos de un impulso.

—Aunque «algunos» se exceden—se refería a su verdugo rojo.

—Finalmente siempre habrá gente de todo tipo.

Mai asintió y a la vez se despidió.

—Creo que me retiro, Trunks.—le miró a los ojos— Si tienes suerte mañana me verás por aquí.

—¿Y si no...?

—Investiga—afirmaron sus labios rojos con media sonrisa—Eres buen detective, ¿No?

El muchacho sonrío aunque un poco sonrojado.

—Todos tenemos secretos, Trunks. Y ah, espero que ahora tú me cuentes algo interesante.—se dio la media vuelta y siguió si camino.

—Así será.

—Nos vemos.
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El sonido del reproductor de música marcaba el ritmo de sus trotes. Ropa deportiva, el calzado adecuado y, el joven empresario corría por la laguna con los audiculares al son de una canción de moda. En tanto, en la frente llevaba una tiara que detenía su sudor.

Corría y corría. Deseoso, quizás, de encontrarse con la mujer de Polaris en los alrededores. ¿Y qué historia le contaría ahora él? Pues bien, por más que pensó durante toda la noche antes de dormir, su mente no maquiló nada. Sin embargo, su objetivo permanecía intacto.

»Hacerla sonreír.


Esa noche cuando termino labores, se dio una oportunidad para relajarse; tomó una ducha caliente y en alta voz hablaba por teléfono con el Sol de su vida.

—¿Cómo estás, mi amor?

—Bien, ¿Y tú?

La rubia se dio el lujo de contarle detalladamente todo, «Que si la biblioteca, que si Kame-House, que si sus padres, etc»

Y él la oía. Más no la escuchaba con la suficiente atención.

Pues mientras se escurría el agua en sus cabellos lilas, en su mente se creaba una estrategia para la estrella de Polaris.

»¿Tendrá algo de malo ayudarla?

¿Por qué no ser un simple vínculo para ella? Un buen consejero, un buen oyente. Y hacerle superar todo signo de tristeza. Pues Trunks, consideraba que no tenía nada malo socorrer de buena fé a alguien necesitado. No era un pecado o algo mal visto.

Finalmente reconoció que fue muy dulce el escuchar que él le inspiraba.

»Por alguna extraña razón me motivaste, Trunks.


Mientras corría, sus orbes volteaban para todas partes en busca de su objetivo. Pues si no la miraba en ese rato, después se haría tarde y se complicaría con la jornada laboral.

De momento se detuvo. Se acercó a los conocidos arbustos. Y al hincarse, levantó las ramas cubiertas de blanca nieve; ahí estaba el gatito dentro de su cartón, plácidamente dormido.

Entonces observó que recién había comido. Sin dudarlo sacó sus conclusiones.

—Con que ya estuviste aquí, eh—volteó para todas partes y esbozó una sonrisa.

Pues bien, pese a tener una vista de halcón, la mujer había logrado engañarlo.

»¿Dónde estarás?

...

Trunks regresó a su cabaña. Se duchó y vistió de forma rápida, pues tenía el tiempo contado para llegar a la oficina. No le gustaba llegar tarde, si bien, su abuelo siempre había sido una persona por de más puntual, tenía que seguir con el ejemplo. Estando listo, tomó camino. Entró a su recinto personal, se sentó en su silla y abrió una carpeta con documentos que faltaban por revisar.

La construcción continuaba favorablemente. Y trabajo siempre sobraba; por fortuna todo iba marchando a la perfección.
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La jornada de trabajo culminó a las 5 de la tarde. Y el presidente se dirigió a la oficina de Polaris, pero sólo logró encontrar a Violet & Goten practicando unos pasos de baile.

Trunks en primer instante preguntó:

—¿Qué diablos están haciendo?

»Uno, dos, tres, cuatro...paso, paso...uno, dos, tres...adelante, atrás.

—¿Qué no es claro?—dijo Ribbon sin dejar de ejecutar sus pasos—Enseño a bailar a este niño.

Trunks se carcajeó.

—¿A sí?

—Claro.—afirmó el Son—Por si no lo sabes, Trunks, este fin de semana saldremos a bailar y habrá hermosas chicas. ¿Ya practicaste?

—Sabes que no soy muy afecto a esto del baile.

—¡Bah! Presidente amargando.—Goten se burló.—Tu te lo pierdes, de seguro te quedarás en la silla como un anciano.

—Oye, oye, te recuerdo que tengo una edad óptima, bobo—exclamó el azul entre risas

—Pues tú caracter no te ayuda mucho que digamos.

—Por cierto, ¿Dónde está la Señorita Mai?—preguntó Brief.

—Salió hace 5 minutos, Trunks—contestó Violet.

—Oh, ya veo.

»Se fue antes, ¡Rayos!.—pensó para sí mismo.

—Bien, me retiro. Iré a inspeccionar la obra y...suerte con eso.—mostró media sonrisa y el empresario salió.

»Uno,dos, tres...brazo, brazo.

—¡Gracias!—contestaron ambos.
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Sobre los alrededores de la construcción caminaba el Presidente Brief. Saludaba a los pocos obreros que quedaban, y éstos, recogían la maquinaria pesada para continuar al día siguiente.

—Descansen, hasta mañana.—despedía a sus empleados.

De momento, se paró justo enfrente de la edificación, ya tenía mejor pinta. Tras encender un cigarrillo, se cruzó de brazos y continuaba mirando el panorama.

Pensaba y pensaba: »¿Dónde estarás?

Y a los pocos segundos, reaccionó. Su mente se vio iluminada.

—El cuarto piso.

Eso era. Tenía la sensación que ella iba estar ahí.

Tiró el cigarro que en realidad estaba entero. Sin importarle le pisó y se dirigió sin rodeos al edificio.

...

Subió.

Llegó al escalón averiado que se pasó de un brinco. Caminó sobre un pasillo y llegó a la habitación.

La puerta no estaba del todo cerrada, y justo antes de tomar la chapa para empujarla, la vio.

Mai sobre el piso le daba mantenimiento a esa vieja Flor Artificial. Limpiaba su cristal, sus pétalos, se empeñaba por darle vida. Pues sea como sea, el artefacto le traía recuerdos de antaño.

Sin pensarlo más, Trunks entró.

Y ella se sorprendió al escuchar la puerta.

—Vaya, con qué aquí estás—afirmó el azul dentro de la habitación.

—¡¿Có-Cómo lo supiste...?!—preguntó sorprendida, Mai.

—Creo haber estado en una ocasión aquí contigo. ¿Recuerdas el día que ibas a caer por las escaleras?

»Asssh es verdad.—refunfuñó.

El muchacho se sentó de igual forma en el suelo.

—¿Mai?

—¿Sí...?

—La verdad me quebré la cabeza pensando en que anécdota o historia contarte pero, no me vino nada a la mente.—mostró media sonrisa—Discúlpame, por favor.

La mujer esbozó una sonrisa.

—Creo que algo así me esperaba.—ella seguía limpiando la Flor.

—Te juro que en verdad me esforcé.

Trunks al ver lo que hacía, preguntó curioso:

—¿Qué es lo que haces?—alzó una de sus cejas.

—Arreglo esta flor.

—¿Por qué?

—Porque está marchita. Lo necesita.

—Puedes invertir tu tiempo en otra flor nueva.

—Sé que es raro pero, me atrae.

—¿Te atrae una Flor Artificial? Mejor una de verdad, ¿No lo crees?

La mujer alzó la mirada.

—Puede ser...

El azul se centraba en el raro florero y se preguntaba el porqué se aferraba a él; si era un objeto viejo y olvidado. También observó que el espejo ovalado de la habitación, aún se mantenía cubierto por la sábana desde la ultima vez que estuvieron ambos ahí. Quería decifrar los enigmas de toda esas cosas que circulaban en torno a Mai.

Pero la claridad y/o la simple lógica, llegó a su mente. Por pura corazonada dijo seguro de sí.

—Tú eres como esa Flor Artificial—dirigió su mirada azul en ella.

»¿Qué?

—Ese será tu sobrenombre de ahora en adelante, ¿Te parece?

—¿Qué quieres decir con eso?—preguntó la mujer entre parpadeos con rubores rojos.

Él sonrió.

—Es fácil. Eres hecha por el hombre y no por la naturaleza—asintió entre dichos—Porque los «Flores» simbolizan vida y cuando florecen renuevan su existencia.

—No tengo nada parecido a una flor, Trunks.

—A una natural, no. Pero a una Flor Artificial, sí.

—Pero...

—Mi único consejo para ti, es que vivas. Trata de ser más relajada. Que los años no te hagan vivir como esa Flor Artificial, germina.

»Yo me encargaré que sonrías.

—Yo...

»¿Por qué me dice esas cosas?

Mai estaba más que sorprendida, pues su comentario daba justo en el clavo del pasado. Le oprimía. Había sido como un golpe muy duro. Sin duda, el empresario resultó ser muy listo. Pues ella en ningún momento le comentó a detalle su situación, salvo el día del café que solo brotó el decir que era divorciada, dando entender así, el motivo que originó su separación con el pelirrojo.

—El fin de semana Goten nos llevará a un buen lugar a pasarla bien. Espero que asistas.—el azul se levantó, caminó rumbo a la puerta. De espaldas, mirando sobre su hombro, alzó su mano y se despidió—Nos vemos.

La puerta se cerró.

¿Y ahora que se supone que iba hacer?

—Cielos...—esbozó.

Y de sus manos se soltó la Flor Artificial. Cayó al suelo como si tal acción fuese un presagio.
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Las luces y la música predominaban en el colorido lugar. Las personas se lucían bailando entre pasos rítmicos y giros, pues la música en vivo de un grupo versátil, se encargaban de poner el sazón exacto para que los presentes gozarán al máximo del momento. Otros en tanto, disfrutaban de un buen tequila en la barra de bebidas, sin faltar el limón y la pisca de sal en sus labios. Los meseros con antifaces carnavalescos desfilaban de un lugar a otro con charolas llenas de bebidas exóticas. El lugar ciertamente irradiaba calor, el calor que en el exterior era imposible encontrar con tremendo frío.

El joven Goten cumplió su promesa de llevar a los chicos a divertirse.

Y fue así, que al ritmo de las trompetas que se movían de un lado a otro; le daban la bienvenida a los que iban llegando al edén.

—¡Caramba! ¡Te luciste, Son Goten!.—dijo Violet al tomar asiento. En el respaldo mientras tanto dejó su abrigo.

La Ribbon lucía un bonito vestido negro, era entallado. Pues a comparación del lugar anterior que era un simple bar. Esta vez, ameritaba ir mejor vestidos.

—Usted luce muy linda, Señorita Violet. ¿Gusta algo de tomar?

El buen Goten vestia un patalon negro y camisa manga larga a rayas.

—Mmm...empecemos con el tequila. Por cierto, no olvides tus clases de baile. No vine aquí para verte hacer el ridiculo. ¿Comprendes?—le amenazó.

—No prometo nada pero me esforzaré—éste sonrió de oreja a oreja.

—Bobo—refunfuñó la mujer.

—Iré a pedir los tequilas, vuelvo en seguida.

...

Ella estaba en el tocador del baño de mujeres, se observaba frente a su mayor enemigo: El espejo. Lavaba sus manos una y otra vez, se le notaba nerviosa; no entendía el porqué. Pues en sí, no existía una razón para estar así. O eso se suponía. Pintó sus labios de rojo y acomodaba su vestido verde, pues era entallado, nada vulgar por supuesto. Pues éste llegaba al ras de la rodilla y de la parte de arriba se mostraba la blancura de sus hombros. Llevaba de ajuar unos de aretes dorados, un discreto collar del mismo color, bolso de mano y nada más. Pues no era de esas mujeres que se sobrecargaban en su arreglo.

Suspiró tras verse por última vez en el verdugo.

»Aquí vamos.

...

Entrar le resultó difícil, pues había gente a reventar. Como típico lugar nocturno, policías lo inspeccionaron de pies a cabeza. Le causó gracia, pues él consideraba que tenía finta de todo, menos de contrabandista. Esto de ninguna manera hubiese pasado en el Oeste, pues lugar a donde iba le recibían bien. Ni hablar, eran los riegos de estar en otra Capital.

—Adelante, puede entrar.—dijo el vigilante de traje negro.

El muchacho quien vestía totalmente de negro, siguió caminando; se filtró a un área que convergía con los baños, pues poco faltaba para llegar a la pista principal y a las mesas.

Al fijar su vista en todas partes para buscar a sus colegas de trabajo, pronto sus orbes azules captaron un vestido verde que venía hacia la misma dirección que él. Como buen hombre, claro, sin importar nada, no se privó de mirar lo ajeno.

Fue así, que su vista ascendió poco a poco, hasta llegar al rostro de esa mujer.

—Mai...—dijeron sus labios impresionados.

Y no era para menos. Normalmente ambos estaban acostumbrados a verse con lo tosco de sus prendas de trabajo (gabardinas y bufandas) En cambio ahora, vestían distinto a lo cotidiano.

Era obvio que ambos se impresionarían.

Sin embargo, la estrella de Polaris, por ir viendo hacia el piso (como siempre solía caminar) chocó con el azul.

—Hola.—saludó Trunks con media sonrisa.

Ella al escuchar esa voz reacción inmediatamente.

Elevó la mirada en un santiamén.

—T-Trunks.

Le nombró desorbitada.

La escena fue como aquella ocasión que chocaron por primera vez en la Capsule Corp.

—Me alegra verte.

—G-Gracias—se sonrojó—Lo mismo digo.

—¿Dónde están los demás?

—En las mesas de al fondo.—señaló.

—Bien. Pues vamos para allá.

El azul tomó con una mano la cintura de la estrella; ella iba adelante y él atrás como si fuese su guardaespaldas. Con la otra mano, Trunks, despejaba el camino para desplazarse con mayor facilidad en lo que Mai, le dirigía a la mesa correcta.

—Aquí es.—indicó la muchacha.

Ambos tomaron asiento.

En eso el Presidente Brief volteó hacia la pista y vio a sus trabajadores con antifaces, serpentinas, espanta suegras en la boca y tequilas en mano; la pasaban bien.

No tuvo más remedio que soltar una carcajada.

Regresó su vista con la estrella.

—¿Quieres beber algo?

—NO—contestó Mai firme. Pues no quería pasar otra escena bochornosa con él.

Trunks, en tanto, esbozó una sonrisa. Pues bien sabía el porqué de su respuesta.

—Tranquilízate, pásala bien. Ya te dije que comprenderé cualquier imprudencia de tu parte.

Ella se sonrojó.

—Yo...Yo...

—Tomemos tequila.

—Pe-Pero...

Sin importar la abstinencia de Mai, él hizo lo que se le dio la gana. Con una señal basto para que el mesero llegara a su mesa y ordenara la botella.

»Una botella de tequila por favor.

»A la orden.

...

En dos vasos tequileros vertía la embriagante sustancia, había también una charola con gajos de limón y sal. Y justo a un lado estaban su cajetilla de cigarros y el encendedor.

—Uno para ti—delizó el vasito hacia ella—Y éste para mí.

Pero Mai se le quedaba viendo al shot no muy convencida de beberlo.

Suspiró.

—Salud—indicó Trunks. Y le dio fondo a la bebida. Rápidamente exprimió el limón con sal en su boca—¡Aaargg!—carraspeó entre risas.

—¿Todo bien...?

—Sí...—continuaba riendo el muchacho—Ahora es tu turno. Dale fondo, Mai.

La estrella le miraba sonreir, el atuendo negro le sentaba bien, hacía que sus ojos azules resaltarán mucho más. Vio juventud en él, sueños, risas; la cautivó.

Tomó el shot y lo bebió en un solo trago.

—¡Eso es!

El limón y sal fueron sus auxiliares para ayudarse a pasar ese amargo trago. Y de momento sintió todo su interior hervir, tosió un par de veces, luego asimiló entre risas.

—Dios...—tocaba su pecho—Si que el tequila es fuerte.

—¿Nunca lo habías bebido?

—Puro, no. Quizás rebajado con alguna gaseosa.

—Ya veo. Pero bueno, siempre habrá una primera vez para todo.

—Sí, tienes razón.

—Me da gusto que hayas venido y sobre todo me alegra verte más sonriente.

—G-Gracias—se sonrojó.
.
.
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—¿Son Goten, ya viste?

—¿Eh?, ¿Qué pasa?—parpadeó con el antifaz en el rostro.

—La chica castaña de aquella mesa—rió picara—No te despega la mirada.—le daba disimulados codazos.

—¿Usted cree?—éste soltó una risa nerviosa—¡Ja,ja,ja!

—Aja, creo que nuevamente he triunfado como tú tutora. Por cierto, ¿De qué estarán hablando aquellos dos?—ambos voltearon hacia a la mesa.

Pues la estrella y el empresario platicaban amenamente.

—No tengo ni la menor idea—añadió el Son.
.
.
.
—Sabes Mai, sé que te debo un cuento pero al menos hoy leí una frase y te la quiero compartir. Dice así: «Aprende a obsequiar tu silencio, a quien no te pide palabras, y tu ausencia, a quien no aprecie tu presencia»

—Vaya, es muy bella.

El muchacho bebió otro tequila y la música ambiental tomó un giro lento, la hora romántica y «Sad» había llegado.

Muchas de las personas que estaban bailando, regresaron a sus lugares. Otro cambiaron el ritmo de sus pasos; procedieron abrazarse y balancearse lentamente.

Violet & Goten regresaron a la mesa.

—¿Qué les pareció el lugar?—preguntó Goten tras pedirle al mesero una bebida refrescante, estaba acalorado.

—Pues viniendo de ti me has sorprendido—contestó Trunks.

—Un placer complacerle, Presidente Brief—contestó Goten burlón, sacándole una risa a su amigo.

—Oigan, ¿Y ustedes piensan quedarse toda la noche sentados? ¿No van a bailar?

Mai volteó con su amiga y refunfuñó con discreción.

—¡Violet, basta!—dijo entre susurros. Tal parecía matarle con la mirada.

—Ah, ya sé Trunks, seguro te golpea tu prometida, ¿No es así?

La jefa de Polaris estalló en risas pues ya estaba pasada de copas; el azul rió junto con ella y le contestó:

—No. Para nada, Violet—salió a su defensa—Goten sabe que no soy afecto a esto del baile, pero...

—¿Pero...?—parpadeó la mujer.

—Te puedo demostrar que no tengo problema con ello—tomó la mano de Mai—Baila conmigo—le afirmó a la de ojos negros.

«¡¿Qué?!

—Anda, anda. No seas tímida, Mai—le daba ánimos a su amiga—El Presidente Brief no te va a comer.

—Es que yo...

Trunks la jaló hacia la pista. Se sumergieron entre la multitud de la gente.

—¡Yo...yo no soy buena para bailar!, ¡Espera Trunks!—pretextos y excusas sobraban por tal de frenarse.

Pero ya era demasiado tarde para quejarse. Pues ambos se encontraban frente a frente. Y el detalle ahora, era comenzar a bailar para no estar estáticos en medio de la pista.

Pues sin pedir permiso, el joven seguro de sí, rodeó su cintura.

Mai hecha un tomate, y sin más remedio, colocó sus manos sobre el pecho del chico. Y ambos se balanceaban al ritmo del sax.

Lento, muy lento.

—No bailas mal...

—¿Es un cumplido?—preguntó el muchacho.

—Yo sólo trataba de animar—desvió la mirada.

—No es necesario que estés tan rígida.

—¿Eh?

—Suéltate un poco más.

Pues sus uñas se clavaban en sus hombros como si fuese un gatito asustado.

—P-Perdón.

—No te disculpes tanto conmigo.

—Lo siento.

Trunks esbozó una sonrisa.

—¿Lo ves?

Ella asintió dándole respuesta a su pregunta o quizás, más bien, para no disculparse otra vez.

—Mi flor.

Al escuchar esa palabra salir de sus labios su pecho ardió.

»Mi flor.

Pues la retomó a tiempos de antaño cuando el huracán rojo le decía así.

»Mi flor.

—¿Te gusta que te diga así? —esbozó una sonrisa y la sumergió en su ritmo.

—V-Verás yo...—tartamudeaba.

Y de repente ella tosió.

—Vaya, aun te quedan estragos de la tos, ¿No te ha dado más medicamento la Dr Misao?

—Ya terminé el tratamiento pero el clima helado no me favorece.

—Oye ,Mai...

—¿Sí...?—preguntó entre brotes de tos.

Sus manos varoniles subieron a la mitad de su espalda, le miró a los ojos.

—Confía un poco en mi.

»¿Eh?

Fue entonces, que de sus manos emergió un calor extraño que calmó su malestar; su pecho ardía al igual que su espalda y la tos desapareció. Pues las manos de él estaban radiantes de Ki, que por fortuna, entre luces y música, nadie lo notaba. Le regalaba así, un poco de cura a sus pulmones congelados.

Y ella, lo sintió.

Estaba hipnotizada, dependía de él en ese momento. La fragancia del muchacho se destiló de sus prendas; era un olor embrigante.

Un momento único, raro y sin igual para ella.

Cuando Trunks consideró oportuno, bajó sus manos a la cintura nuevamente.

—¿Q-Qué fue lo que pasó? ¿Qué hiciste?—Mai, jadeaba.

—"Todos tenemos nuestros secretos"—aplicó la misma frase de ella.

La estrella sonrió.

Y él contento recibió esa sonrisa de la mujer afligida, pues se sentía satisfecho por haberle hecho sonreír una vez más. Su objetivo avanzaba poco a poco.

Como imanes, por una atracción poco común, estrecharon un poco más su abrazo y continuaron al ritmo de la magia del Sax.

—¿Te sientes mejor?

—Sí, mejor.

«Lo que está destinado a suceder, siempre encontrará una forma única, mágica y maravillosa para manifestarse»

»Mi flor.

CONTINUARÁ...

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Hola amigos.

Lo prometido es deuda, y pues aquí estoy n.n Con mucho esfuerzo, pese al trabajo, saqué el capítulo adelante.

Muchas gracias a todos los que se pasan a leer, GRACIAS, mil gracias.

Bueno, aquí no hay mucho que decir al respecto, pues como ven la relación entre la Estrella y el Empresario Brief, va avanzando poco a poco. Un capítulo muy ameno, pero, de cualquier forma les dejo la incertidumbre de: ¿Y qué pasará en el próximo capítulo? ¡Muajaja! jaja no se crean.

Pasamos a los saluditos hermosos para los que se pasaron por el capi 6:

Odette Vilandra: Querida, en serio, yo también quiero que "violen" a Goten jajaja pero, no sé. Es algo que tuviese que planear, pues desde un inicio los tengo contemplados como algo amistoso, muy llevados por cierto, pero es debido a que ya se conocían de tiempo atrás. Pero bueno, puedo reconsiderar un pequeño "guiño" para más delante. Gracias por tu rws, hermosa.

Cereza de Pastel: Gemela maligna, gracias por tu fiel disposición, te pongo falta si NO me dejas rw jajaja.

MariaEnriqueta: Amigaaaa, no sufras tanto, mejor disfruta. Imagínate como estoy yo que soy la que escribo. Son simples cosas de la vida. Gracias por pasarte a leer bella.

Melmelada: Fiel lectora, te dejo este mensaje personalizado pues tienes tiempo siguiendo mis fics, desde HelMR te veo dejar tus huellitas y me haces feliz. Gracias, me alegra que te haya gustado el cap.

Bri 17: Linda, gracias por pasarte a leer, ¿qué te robó el corazón FA? oh, dios, eso fue muy dulce de tu parte, gracias por leer.

MyFix: ¡HOLA! mil gracias por disfrutar del cap. Te cuento que yo estallé en carcajadas supremas cuando Mai le lanza la usb a Trunks jaja, gracias por leer hermosa.

Himeko03: Linda, dios, fuiste la gasolina de mi motor para terminar este cap, tus rws son un verdadero encanto, dios, GRACIAS, igual yo también me emocione mucho cuando el trumai se encara, Agradezco tu sugerencia, lo pensaré al respecto, puesto esto estaba fuera de mis planes. Gracias por tu fidelidad, besos.

Sin más que agregar. Agradezco a todos los lectores silenciosos que vienen y me visitan. GRACIAS

Felices fiestas.

¡Feliz Navidad! Y un prospero año 2017. ¡BESOS!

Con Cariño:

Kuraudea Rorena.


16/Diciembre/2016
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