Caminos separados.

¿Cuántos días había permanecido en el hospital?

Veinte o treinta días, quizás.

Con cierto desgane miro a la ventana, donde a la lejanía podía observar a sus compañeros ir y venir a la academia, día tras día, mientras que a ella cada día las enfermeras a cargo la examinaban, le hacían preguntas sin sentido, cambiaban sueros y la alimentaban, habiéndose convertido en una rutina, en algo monotemático, su prisión personalizada.

Sakura a pesar de ser una niña aun, ella era consiente de sí misma, al reconocer que ella no era una persona que amara la rutina o que esperara un futuro en el cual todos los días pasaran sin dicha ni gloria, por lo que esas vacaciones impuestas por el tercero, no eran para nada gratas sintiendo aún más la principal causa de sus ataques de impotencia al no poder salir del pequeño cuarto de 3x2, o quizás unos metros más.

Sakura no pudo evitar inclinar su cabeza en símbolo de derrota, el lugar a cada instante la hacía sentir enferma al ser tan reducido y estar siempre sola.

"—Pero no es el fin, frentona." —La juguetona voz que ella reconocía como su conciencia, resonó de nuevo en su cabeza.

La niña de ojos color jade suavemente suspiro ignorando la voz… siempre que la escuchaba terminaba en problemas.

"—Ignórame todo lo que quieras, pero eso no solucionara nada." —Replico su conciencia con cierto toque de burla.

Sakura lentamente alzo los brazos en signo de poco interés y se giró dándole la espalda al ente que a cada segundo lograba materializarse poco a poco tomando su propia apariencia.

"— Seré directa, Esa mujer, Tsunade… No parece tener hijos ni parece ser devota a las tradiciones de la aldea o de algún clan, y esa mujer que siempre esta con ella, ¿Shizune?, no parece ser familia de ella, de hecho, más bien pareciera que esa mujer está bajo las órdenes de la mujer mayor, quizás si intentamos pedirle que nos lidere…"

—¿Para qué quieres ser liderada por Tsunade?

Por fin respondió la propia Sakura a su conciencia.

Ni lenta ni perezosa, su otro yo respondió inmediatamente.

" —Quisieron matarnos en el bosque, no sé qué pienses tú, pero yo nunca olvidare ese par de ojos rojos, merecemos venganza."

La niña de cabellos rosados, lentamente se giró, mirando su reflejo frente de ella, no pudo evitar sentir miedo, había algo extraño desde siempre en su conciencia, sus ojos no eran como los que Sakura podía ver en el espejo, estos eran fríos, sin vida, inclusive podría describirlos como malvados; pero, aun así, la visión de sus propios ojos de esa manera le resultaba cautivador.

—Lo intentare.

Respondió a su otro yo, perdiéndose en el recuerdo de aquella noche, tenia hasta cierto punto la noción, gracias a los libros de la academia, de que lamentablemente habían, había caído en un genjutsu, era consciente de que algo no estaba bien, tal como el constante recuerdo de esos ojos rojos y esa sensación parecida al pánico o quizás mas al miedo de sentirse constantemente observaba, tal como en esos momentos y la constante taquicardia en sus extremidades y torso.

Cerro con fuerza los ojos e intento inhalar la mayor cantidad de oxígeno, en un intento de desaparecer los recuerdos y esa sensación de su mente activa.

Inhalo y exhalo repetidas veces, tal como se lo habían indicado, pero la sensación no desaparecía, al contrario.

Suavemente su cuerpo dio un salto ante el inspirado sonido de pasos, en cuestión de segundos su cuerpo se había tensado, como un cable eléctrico, preparada para atacar, pero no estaba tan segura de que fuera capaz de defenderse ya que la taquicardia también había llegado a sus manos.

Temerosa, lentamente coloco sus pies en el suelo, y con desesperación miro a todas las direcciones, tratando de encontrar o descubrir al culpable, lo vio, en la puerta de su habitación, sin perder de vista la sombra que lentamente se acercaba a la puerta, rápidamente tomo el soporte del suero con más fuerza de la necesaria y lo arrastro hacia ella, al mismo tiempo que la persona de afuera se acercaba a la puerta.

La puerta con un suave rechinido lentamente trato de abrirse, provocando solo que el ambiente se volviera aún más tétrico, irónicamente la puerta de mala calidad, no cedió a la fuerza del visitante, por lo que después de muchos intentos del ser, en un fuerte golpe apenas pudo abrirse.

La mano que no sujetaba el soporte, rápidamente se movió tomando el kunai que ocultaba debajo de su almohada.

Quiso burlarse de sí misma al sentir como sus manos temblaban, por el terror, sus pensamientos fueron interrumpidos por la persona que por fin entro, sorprendida, abrió los ojos de golpe encontrándose con un par de ojos color carbón mirándola ese eterno sonrojo en sus mejillas.

—¿Tú?, ¿qué haces aquí? —Pregunto sin poder salir de la impresión.

Sin esperar invitación, el azabache entro, cerrando la puerta detrás de él.

—Torpe.

Sakura no pudo evitar murmurar esa palabra ante lo que sus ojos veían, el niño a sus espaldas ocultaba un par de flores, camelias, una blanca y otra azul.

El azabache no pareció escucharla, por lo que con movimientos lentos e inseguros se acercó a los pies de la cama, inclinándose en un gesto, que resultaba hasta cierto punto un tanto inocente y estúpidamente adorable, tal como si se estuviera disculpando de algo.

O al menos eso aparentaba.

La chica de ojos color jade no tardo en levantarse, sujetando con fuerza el soporte del suero. Incrédula espero a que el respondiera, pero este como un acto reflejo, rápidamente extendió frente de ella el par de camelias.

—No es necesario, Uchiha, no somos amigos ni nada por el estilo.

El brazo del chico lentamente bajo, pero en segundos la volvió a alzar y con una sonrisa nerviosa respondió.

—Pero, por eso estoy aquí, para cambiar eso, yo te quiero Sak…—Titubeo, pero rápidamente corrigió. — Haruno y estoy preocupado por ti.

Sus ojos oscuros no tardaron en ocultarse en el suelo por lo vergonzoso que resultaba ser sincero, pero continúo hablando con un tono de voz mas bajo que el acostumbrado.

—En la aldea. Solo se menciona que nuestros compañeros, intuyéndote, fueron atacados, pero nadie dice si están bien o que pasara con ellos y yo no puedo soportar la idea de que estés más tiempo aquí. —En cuanto las palabras salieron de su boca, sus mejillas rápidamente se tornaron aún más rojas y rápidamente negó sin atreverse a mirarla a los ojos, al menos no directamente. —¡Que no estén todos más tiempos aquí!

Sakura inconscientemente tomo las flores, para después gruñir por lo bajo.

—La curiosidad mato al gato, Uchiha.

El par de ojos soñadores de color carbón le devolvieron la mirada, insistentes.

—No lo sé, las enfermeras parecieran ser sordas a ese tipo de preguntas.

Respondió sincera sin despegar la vista de los ojos del niño.

Secretamente ella reconocía que su compañero de clase Uchiha, tenía el par de ojos más hermosos que había visto.

El chico no pudo evitar hacer un puchero ante la respuesta, que no era para nada la que el esperaba.

A pesar de todo, siendo un par de desconocidos, el silencio incomodo no tardo en invadir de nuevo la sala, por lo que la niña rápidamente continúo hablando.

—No deberías estar en la academia.

El negó algo avergonzado.

—¿Pues que esperas?, vuelve a la academia, los débiles no pueden darse el lujo de no hacer nada.

El chico lentamente retrocedió pálido.

—Yo, yo pensé que.

Rápidamente fue interrumpido.

—¿Pensabas?

Ella se acerco con un par de pasos, los cuales fueron correspondidos por su compañero corriendo fuera de la habitación.

Las cejas de la niña suavemente se arquearon y bufo.

—Uchiha, es tan raro. —Replico para sí misma, mientras se cruzaba de brazos. — Pensé que quería hablar, pero… —Lentamente sacudió su cabeza restándole importancia a la visita. —¿Un Uchiha teniendo interés por alguien más?, absurdo, estar encerrada está afectando mi cabeza.

La infanta, no tardo en acercarse a los aparatos a los que estaba conectada y rápidamente los apago, liberándose por fin de la infinidad de agujas y diversos aparatos que tenía encima.

Acercándose al ropero de la habitación tomo sus cosas y se vistió.

—Ningún día más aquí.

Con pasos rápidos, avanzo por los pasillos sin color del hospital buscando a esa persona, sabía que no podía estar tan lejos.

Y tenia razón, en una habitación de las tantas la vio, con la cabeza hundida en un enorme tomo de un libro.

Sin perder el tiempo se acerco y toco la puerta entre abierta para llamar la atención de la mujer, esta inmediatamente alzo la vista desinteresada.

Sin perder el tiempo la niña entro y no tardo ni un segundo más en arrodillarse.

—Por favor, acépteme como su aprendiz. —Rogo.

El par de ojos color avena la miraron dejando escapar un suspiro.

—Hay mucho de que hablar si tienes interés en esto niña, levántate y cierra la puerta.

Tal como se pidió, se hizo.

Mientras tanto, a la misma hora, en diferentes lugares, específicamente el monumento donde yacían las caras de los anteriores hokages de la aldea.

Sentado en flor de loto, un pequeño de cabellos rubios aparentemente reposaba rodeado por la soledad.

El viento suavemente golpeaba su rostro, provocando que este tensara los músculos de su cara.

Las saladas gotas lentamente corrían por su rostro, hoy se cumplía un año más, un año más donde su propia existencia se convertiría en su tormento eterno, en el que la bestia seguiría dentro de él continuaría susurrándole palabras venenosas, un año más de la muerte de sus padres.

A pesar de su temprana edad, gracias a su inteligencia e interés por las artes ninjas, hacía tiempo que había descubierto del todo aquella verdad que la aldea ocultaba y solo se hablaba a susurros, el mayor tabú para la aldea, la identidad de la bestia de nueve colas.

Él mismo era el monstruo que hace pocos años casi cabo con la vida de miles de personas.

Rio sin ganas mirando al cielo claro, ¿Por qué le dolía aceptar su pasado, presente y futuro?, no lo entendía, Menma comprendía que la vida en una aldea tan tradicional como Konoha, se basaba principalmente en roles estereotipados, de el héroe, las piezas del tablero de ajedrez, los aldeanos, los malos y el villano… él.

Blanco y negro.

Quizás porque, a pesar de todo era un ingenuo al añorar ser el héroe, recibir y esperar la gloria que el titulo daba, pero que más daba, solo ese día se permitiría sentir lastima por sí mismo.

El graznido de un cuervo rápidamente llamo su atención, sacándolo de su desdicha, el rubio no se giro a mirar el ave, pero replico al instante.

—Dile al viejo, que por faltar a clases y estar sentado aquí, no implica que asaltare la tranquilidad de la aldea.

El ave suavemente dejo escapar un graznido y se alzó en vuelo, dejándolo solo de nuevo.

—Hoy no. —Murmuro para si mismo. — Por que aun no tengo la suficiente fuerza para acabar con todos, pero juro por mis padres muertos que llegara el día en el que esta aldea arda en llamas.