¡¡¡Hola a todos!!! Bueno aquí estoy molestando de nuevo con otro capitulo de "Sanando Heridas", como todos ustedes saben les prometí una actualización mensual y que más…aquí la traigo ¡XD! Ya sin querer dar más lata les dejo con la lectura…
Capitulo 8
"Conflictos, peleas y demás "
-¡¡No me he dado cuenta de que!!- dijo tan o más impaciente.
-¡De Akari…por supuesto!- grito enojada
-Y que con ella…- agrego indiferente, no entendiendo a donde quería llegar.
-¡¡¡Maldita sea Inuyasha!!! Que Akari es mi hija y tú eres su padre…No hay otro hombre…- termino exasperada
Silencio.
Era todo lo que había.
Se derramaba como agua de manantial y recubría toda la extensión de la enorme biblioteca, mientras el brillo de la luna entraba a raudales por los ventanales, dejando el cuarto Iluminado de una luz cenicienta y vaporosa.
Frente a los ventanales dos siluetas se encontraban totalmente ajenos a la hipnótica belleza de los rayos lunares y al calmo silencio que se cernía a su alrededor. Estaban concentrados en un solo mundo, mirando sin mirar y oyendo sin oír. Absortos, en sus meditaciones.
Rin soltó un suave suspiro, y alzo un poco la vista para poder observar al hombre que en ese momento la resguardaba en un abrazo. Su mascara fría estaba intacta, no desvelando ninguna pista de lo que pasaba por su cabeza en esos momentos. La muchacha se sentía sobrecogida por la autoridad y dignidad que su figura erguida irradiaba, era realmente arrolladora. Cerró los ojos agobiada por un torbellino de sentimientos contradictorios, que le revolvían la cabeza. Sabía ella que para él no era más que su protegida, la humana que guardaba bajo su ala por motivos desconocidos para todos, incluso para sí misma y eso lejos de reconfortarla la martirizaba el doble. Era compasión lo que él sentía al cuidar de ella, lastima de la indefensa humana, o quizás la veía como su pequeña mascota, este último pensamiento le revolvió el estomago y la angustio al extremo de la desesperación. Tenía la extraña sensación que su amo la evitaba.
De pronto y sin previo aviso Sesshomaru se aparto de forma brusca de la joven sentándose frente al escritorio sin volver el rostro hacía ella. Rin confundida le clavo la mirada en la nuca. El yukai no se volvió.
Dos minutos más tarde la puerta se abrió, dejando entrar a otro inu yukai tan alto como él Lord y con aires aún más aristocráticos que él mismísimo hijo del general perro. Vestía un kimono celeste con detalles en azul, con el torso cubierto con una armadura plateada. Sus ojos eran grises, dándoles el aspecto de plata fundida, y su cabello era de un color negro ébano veteado en las sienes de blanco, sostenido en una coleta baja. Y su rostro en si denotaba la bondad y la sabiduría del que a vivido mucho. Casi todo en él era armonía, a acepción de una cicatriz que atravesaba de su mejilla hasta el mentón, única muestra de letal que podía llegar a ser en contadas circunstancia
-Tadamasa – dijo Sesshomaru con su habitual e inexpresivo tono.
-Buenas noches Lord Sesshomaru- dijo con una voz amable y haciendo una leve inclinación- Dama Rin-
-Buenas noches Tadamasa-sama- contesto la muchacha con educación, intentando esbozar una sonrisa. Lo logro, pero aún tenía el nudo en la garganta y las inseguridades revoloteaban en su cabeza. Tadamasa noto el esfuerzo la chica, pero no agrego nada. Rin interiormente se lo agradeció.- Con su permiso me retiro, ya es tarde y ustedes deben tratar temas de importancia-
Sesshomaru arrugo el ceño, al escuchar las palabras de la chica al salir. Desde cuando Rin actuaba con tanta formalidad con ellos y lo más extraño desde cuando ella se salía sin discutir, para dejarlos hablar "temas de importancia". No. No. Algo extraño estaba ocurriendo.
El Lord no le quito la vista de encima hasta que la chica se hubo marchado de la biblioteca, y luego de haber cerrado la puerta se quedo con la mirada fija en ella, como si el hecho de mirar la bendita salida les traería la respuesta a sus interrogantes.
Tadamasa carraspeo molesto y Sesshomaru de pronto se dio cuenta que el yukai lo estaba observando con una mirada acusatoria. Haciendo un gran esfuerzo, pudo formular una mascara de indiferencia, adoptando su típica actitud de "soy una muralla y no me importa que te choques conmigo".
-¿Qué se te ofrece Tadamasa?- pregunto indiferente.
-Me podrías explicar que le hiciste a Rin, Sesshomaru – dijo molesto el yukai mayor.
-Nada. – contesto el Lord con sequedad.
Tadamasa enarco una ceja incrédulo, y ya sin ninguna muestra de la deferencia del inicio se sentó en uno de los sillones frente al yukai, escrutándolo con dureza.
-Sesshomaru…te conozco desde que eras un cachorro inquieto y molesto – el aludido lo miro ceñudo, pero el yukai moreno no se dio ni por aludido y continúo con toda calma –
Gran parte de tú educación se me fue encomendada a mí y he estado a tu lado desde que tomaste el mando de las tierras de occidente como concejero y general de las tropas. A esto hay que agregar los siglos de diferencia que no llevamos en edades – le fijo su grisácea mirada, entre exasperada y divertida – Ahora dime, tú realmente crees que me podrás contentar con cualquier respuesta insulsa – alzo las cejas con claro sarcasmo implícito en el gesto.
Sesshomaru se tenso en su silla y con brusquedad se levanto de ella, para dirigirse a los ventanales dándole la espalda. Por Kami, con esto de sus frecuentes salidas había olvidado lo molesto que podía ser Tadamasa. Tenía el maldito don de ser inmune a su mordacidad, además de poder desquiciarlo con sus discursos. Si no fuera porque había sido el mejor amigo y aliado de su padre, se enteraría… - gruño imperceptiblemente.
-Y bien, me darás una respuesta o tendré que esperar hasta que se te pase el hermetismo infantil – dijo con calculada indiferencia, a sus espaldas.
Diablos. Como odiaba cuando comenzaba a tratarlo como un mocoso iluso. Por todos los demonios del infierno el era un Lord. Por que no se apegaba al rol de concejero y le obedecía en todo. No era más fácil así.
-No tengo nada que decir. Ya te di la respuesta que querías, tómala o déjala. – termino dirigiéndole una mirada con el apego de un cirujano.
Tadamasa negó con la cabeza suavemente – Si sigues con esa ceguera premeditada terminaras perdiendo algo más importante que un brazo…
Sesshomaru se movió fastidiado y sus ojos se volvieron dos puñales, en otras palabras, si las miradas mataran el Tadamasa estaría algunos metros bajo tierra saludando a sus ancestros.
-Sandeces – dijo el Taiyukai con frialdad – Si no tienes más que decir al respecto, retírate.
-No, no era para esto a lo que venía- dijo sin darle mayor importancia a la actitud desprovista de cualquier sutileza o emoción. Después de todo estaba acostumbrado, conocía a Sesshomaru desde que era una pequeña bola de pelos plateada, y tenía claro las complicaciones de su carácter de adulto. Era un verdadero puzzle su manera de actuar. En si lo prefería cuando era un cachorro travieso.
-Te escucho – dijo volviendo a sentarse, con calma y frialdad renovada.
-En los limites del bosque kurai (1), uno de los atalayas ha encontrado un mensajero de Azumamaru del este – imperceptiblemente el Lord se tenso – estaba malherido e inconciente. Lo han traído al palacio hoy, unos minutos después de mi llegada del castillo del norte…- guardo silencio unos segundos, para luego agregar – Esto no me esta gustando nada Sesshomaru, para que el tigre del este nos mande un mensajero, es que algo extraño esta sucediendo. – termino preocupado.
Sesshomaru frunció los labios como muestra de molestia – Gekko (2) del sur rompió el acuerdo "Hi Sen" (3) que se estableció con mi padre. Estamos en guerra – dijo al final inexpresivo.
Tadamasa alzo las cejas y afirmo con la cabeza – No me sorprende en lo absoluto. Después de todo Inu No Taisho nunca espero que él acuerdo fuese definitivo, la naturaleza traicionera de los nekos del sur lo hacía imposible, pero me inquieta imaginarme de cómo llegaste a esa conclusión, aunque con algo de imaginación me lo puedo suponer.
-Hoy al terminar de revisar las tierras del sector norte, me vi rodeado de un puñado de insulsos guerreros nekos, francamente fue una imprudencia de su parte osar invadir las tierras del clan… e intentar atacarme a mí fue un acto suicida de parte de los infelices – dijo sin asomo de ira en el rostro, pero apretando fuertemente el borde de la mesa.
- Demasiado temerario el ataque para un grupo de cobardes. – medito unos segundos, para continuar – Sesshomaru esto no me esta gustando nada. – observo atentamente el rostro del albino- Y por tú rígida expresión veo que ambos llegamos a la misma respuesta. ¿No es así?
- Alguien le cubre la espalda a la sabandija de Gekko. Sino fuera así nunca hubiese alzado las armas contra nosotros. – Toda la preocupación que se había evaporado con la presencia de Rin en esos momentos había vuelto convertida en ira. El Taiyukai estaba libido por la rotura del tratado y por haber pasado a llevar la memoria de su padre.
- Si. La última vez que intentaron levantarse contra nosotros fue solo porque estaban asociados con las tierras de chūgoku (4), que les apoyaban en todo – sonrió con ironía- obviamente en ese tiempo Gekko no tuvo la inteligencia para poder descubrir que lo estaban utilizando con un método de conquista exterior, sudamos sangre pero al final vencimos.
- Algo recuerdo de eso – su cara se volvió neutral, pero un destello de furia ilumino sus orbes doradas.
Tadamasa se reprendió interiormente por haber echo alusión a ese tema en especifico. Para Sesshomaru debe ser difícil volver a revivir esos recuerdos, esa parte de su existencia, fue muy dolorosa, para él. Aunque ciertamente jamás lo admitiría, el yukai lo sabía y comprendía, porque para el mismo también fue un duro golpe.
- Lo que realmente me sorprende del asunto es que vuelvan a romper un pacto de paz, cuando la vez pasada estuvieron a punto de correr la misma suerte que las panteras. El sōdan rōjin (5) tuvo que utilizar toda su influencia para poder detener a tu padre. Y eso no fue algo fácil de lograr. Estuvieron a un pelo de fracasar. – Tadamasa vio el rostro de Sesshomaru, otra vez tenía el ceño fruncido. Y no lo culpaba, a él todavía se le removía todo al recordar esos acontecimientos.
Con un ágil movimiento se levanto del asiento y haciendo una inclinación dijo:
-Lord Sesshomaru hoy ha sido un día agotador para ambos y usted necesita tranquilidad para meditar. Con su permiso me retiro.- El aludido hizo un gesto con la cabeza, pero no soltó ni un sonido, Tadamasa se giro y avanzo con tranquilidad, para salir de la habitación. Cuando ya se hallaba por cerrar la puerta, la voz de Sesshomaru lo detuvo.
-Tadamasa, que la seguridad de los castillos sea aumentada y que los hombres se comiencen a preparar desde mañana, para estar listos cuando la guerra sea declarada oficialmente. – El yukai mayor hizo un movimiento afirmativo. Dándole a entender que todo estaba claro. – Puedes retirarte.
Tadamasa salio del lugar, mientras Sesshomaru se levantaba del sillón. Con pasó lento volvió a ubicarse frente a los ventanales, con el semblante pétreo, pero con una mirada peligrosa dirigió su vista hacía el sur. Calculando los pasos a seguir dentro de los próximos días.
La oscuridad era tan densa en la cueva que no se podían ver las manos. El ambiente tétrico, podría dejar sin resuello hasta al más valiente de los hombres, mientras una suave brisa helada se movía jugueteando en las sombras.
Aún extremo opuesto se podía apreciar una luz y a una figura erguida, que musitaba palabras extrañas para mortales comunes y silvestres. Alrededor de la silueta una serpiente voladora giraba alrededor sirviendo de una especie de conductor, para el hechizo.
De pronto una voz femenina rompió el pesado silencio:
-Por fin mi querido amiguito – dijo la mujer con notoria satisfacción, acariciando la cabeza del reptil – solo nos falta que la sangre enemiga se vierta como vida sobre nuestra creación. Y tendremos todos los poderes del hibrido en nuestras manos.
Tenía su mirada fija en una batea, dentro de esta se podía ver claramente el cuerpo de un hombre de piel cetrina, con cabellos largos y negros. Sus ojos no se distinguían, porque estaban cerrados. El resto de su cuerpo estaba cubierto por una raída piel de mandril. A simple vista, pasaría por un hombre dormido.
Tsubaki extendió la mano y toco con la punta de los dedos la piel que cubría al hombre. Una sonrisa macabra y satisfecha se apodero de su rostro. Cuando tuviera a la chiquilla en su poder, podría acabar el conjuro que traería devuelta al terrible hanyou Naraku, con la ventaja de tener bajo su control los poderes del demonio, solo sería la imagen. Ella, controlaría sus acciones y podría lograr lo que tanto había ansiado…él poder absoluto.
Ya tenía el apoyo del Neko Taiyukai del sur. No fue muy difícil convencerlo para que se uniera a su causa. El muy idiota acepto enseguida, poniendo como única condición que ella le entregara la victoria contra el clan de los perros blancos de occidente. Nada difícil, con los poderes de Naraku se desharía de todos sus enemigos, y podría saldar esa cuenta pendiente que quedo entre Kikio y ella. Ya se las cobraría con ese maldito espectro, todas las humillaciones que le hizo pasar, incluida la perdida del resguardo de la Shikon No Tama.
La hechicera apretó los puños con ira contenida, mientras se levantaba bruscamente del suelo, para dirigirse a un elegante escritorio, que se veía fuera de lugar en el extremo derecho de la cueva. Encima había un pergamino en blanco, y con un apremio pasmoso comenzó a escribir una telegráfica nota.
Al terminar la releyó y se la colgó al cuello a la serpiente que giraba a su alrededor.
-Ve y entrégasela a Kikio, con prontitud mi querido amigo. – Con un ademán la hizo salir. El reptil desapareció en la oscuridad velozmente.
-Es hora de saldar las deudas, con esa maldita mujer…-murmuro con ira.
Un pesado e incomodo silencio se cernió sobre ambos, luego del gritó casi histérico de Kagome, la tensión era incluso mucho mayor que la que se vivía en la cabaña anteriormente.
Inuyasha, estaba estático con los ojos muy abierto a causa de la sorpresa, quedó estacado sin saber que responder o hacer. Kagome por su lado tenía las mejillas coloreadas y la respiración entre cortada a causa del enojo. Por todas la mujeres de Zeus, que este hombre no sabe leer entre líneas.
-¿Que has dicho Kagome? – su voz sonó peligrosamente tranquila una vez ya recobrado el dominio de su cuerpo. La aludida se tensó al escuchar el tono.
Pero ella, volviendo a avalentonarse, y aparentando una seguridad que no sentía, le respondió:
- Lo que has oído Inuyasha, creo que el mensaje es bastante claro.
El hanyou cerro los ojos con furia contenida y en un movimiento automático apretó los puños hasta dejarlos blancos. De alguna forma era para auto controlarse y no apretarle el cuello a la mujer.
- Quieres decir que me has ocultado la existencia de un hijo…- dijo sin dejar su posición y expresión. Más que una pregunta era una afirmación – Soy padre y tú no me lo dijiste – dijo casi a gritos- ¡pero quien te crees tú que eres! – abrió los ojos, Kagome se estremeció involuntariamente al ver el brillo asesino.
-No creí que te importara, realmente – dijo la miko volviendo a utilizar su mascara de indiferencia. Kagome no sabía porque, pero tenía (a pesar del miedo) ansias de picarlo
- Pero es que retrocedí hasta los 15 de nuevo…no puedo creer que esta sea mi gran venganza…molestarlo hasta hacerlo perder el control y que me rebane con su espada…Kagome eres una genio- pensó para si con ironía latente.
El hanyou la miro descompuesto- Que no me importaría – repito de forma automática- ¡¡Pero tú estas locas mujer!! – Volvió a exclamar aún más molesto, alzando los brazos con exasperación, para luego volver a fijar la vista en ella - Como demonios pudiste llegar siquiera a imaginarte semejante estupidez… ¡Es un hijo maldición! Un hijo…como pudiste pensar siquiera que no me importaria- dijo más bajo, perforándola con la vista.
Kagome en ese momento se le helo la sangre al reconocer la mirada en las orbes doradas de Inuyasha…era la misma que utilizaba con un enemigo, pero… Y ¡quien era él para juzgar sus acciones! Si gracias a su traición las cosas estaban en ese punto. Ahora él enojo estaba haciendo su aparicion.
- Aunque no lo creas no fue difícil llegar a esa conclusión...Has escuchado el dicho "una imagen vale más que mil palabras" Sabes, tú me demostraste lo verídico del asunto y te aseguro que no me quedo ninguna duda…- Todo esto lo dijo con amarga ironía.
Inuyasha frunció el ceño al escuchar el ataque – Oh no Kagome…ni siquiera lo intentes- le advirtió secamente.
Ahora la que fruncía el ceño era ella – Que ni siquiera intente que…- dijo molesta.
-Echarme la culpa encima – su rostro estaba tenso.
La miko sonrió burlona – Déjame decirte amiguito, que no lo estoy intentando…ya lo hice.
Inuyasha entrecerró los ojos, se notaba a leguas que estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para no estallar y comenzar a vociferar – Me culpas a mi, cuando fuiste tú la que se desapareció sin dejar rastro después de…- se censuro, pero a la mujer no le quedo dudas a lo que se refería, en esta parte los ojos le relampagueaban- cerrando el condenado pozo. ¡Sin una jodida explicación! Y no solo eso claro, ahora más encima aparte de esto le agregamos un embarazo oculto por quince años…¡Joder, Kagome! – Su voz destilaba dolor y enojo, haciendo un movimiento le dio un puñetazo al suelo haciendo salir volando trozos de este. Era un golpe de impotencia.
-¡Y tú te crees que para mi a sido fácil! Inuyasha, esto no hubiese pasado si tú hubieses sido sincero desde el principio…sino hubieses jugado conmigo.- le espetó destilando veneno.
-Que yo he jugado contigo – su tono de voz era incrédulo- Tú te entregas a mi y luego te esfumas sin más…y yo he jugado contigo.- Comenzó a avanzar hacía la mujer con la misma mirada relampagueante y con inusitada calma… "la calma antes de la tempestad"
-¡Tú no tienes ningún derecho a juzgar mis acciones, cuando has sido tú el causante de toda esta comedia! – le gritó, con todas las emociones a flor de piel. Kagome en medio de esa exclamación sintió que el dolor de la herida que le había estado carcomiendo se intensificaba, tal cual fue en un primer momento.- ¡Yo te vi esa noche con ella!
Inuyasha detuvo de improviso su andar, su rostro palideció y la miró como si nunca la hubiese visto antes – Me viste – musito lo bastante alto para que ella oyera. Los confusos motivos y el dolor del rechazo, recién en este punto lograban tener sentido para él, las piezas sueltas encajaban dejando todo en una dolorosa claridad.
-Si…te vi con Kikio – respondió de forma seca.
- Y por eso huiste entonces… ¿no es así?- dijo en el mismo tono neutral. Por todos los demonios del infierno esto no podía estar pasando… ¡no de nuevo! Esta era la segunda vez que se veía en vuelto en un engaño lo suficientemente ingenioso, para destruirle la vida a él y a los que amaba. Y lo peor de todo es que él, fue lo suficientemente estupido para creer en las buenas intenciones de Kikio…Fue una trampa¡Una Trampa! Cayo en la trampa que le tendieron y fastidio la segunda oportunidad con la misma mujer (n/a: técnicamente son la misma persona, aunque con distinta esencia. Ambas tienen las mismas almas, pero no tienen los mismos sentimientos, además de actuar distinto). Y por experiencia sabía que no le sería fácil remediar su traspié.De hecho tenía la seguridad que primero se congelaría el infiernose congelaría el infierno antes de poder recuperar completamente la confianza que tenía, pero bueno que se le va a hacer las leyes físicas jamás habían armonizado en su vida.Al demonio con ellas si estorban… ¿no?
-Sí – fue la seca respuesta de ella. Kagome notó la extraña expresión que el hombre tenía en el rostro.- ¡Bueno y este creía que no iba a dar cuenta jamás del engaño a que!- Por momentos la miko cada vez se sentía más molesta.
-Kagome…-llamo el hanyou con voz seca, la mujer alzo la vista del suelo tenía los labios fruncido – las cosas no son como tú crees…no ocurrieron de la forma que tú piensas.
-No quiero escuchar nada Inuyasha. – él la miro con el rostro contraído-No te estoy pidiendo cuentas de lo que hiciste, haces o harás. No las necesito, pero eso si...te prohíbo que juzgues mis actos.
- Pero Kagome… ¡tienes que escuchar lo que tengo que decirte!- exclamo con enojo retenido.
-¡No! Entiende…- contraataco ella exasperada y angustiada. De alguna manera teniendo la seguridad de que si escuchaba sus explicaciones caería rendida de nuevo ante él. Y no quería que eso sucediera, no podía volver a enamorarse de ese hombre, que tanto daño le había echo – ya no vale la pena. ¡Lo que tuvimos se acabo esa noche, cuando…!- ella inspiro, para serenarse- Cuando tú te decidiste por Kikio y yo enterré el pasado…
-¡¡Pero si yo no me decidí por Kikio¡¡Carajo Kagome, escucha lo que tengo que decirte!! – gritó fueras de sus casillas, cortando los metros que lo separaban. Quedando frente a frente.
-¡¡No, ya te lo dije…!! No quiero saber nada- le gritó desesperada por la insistencia, retrocediendo torpemente algunos pasos. Que Kami le ayudara para no desmoronarse y mantenerse firme.
-Kagome…- pidió entre dientes.
-No Inuyasha. Y no sigas insistiendo, porque si lo haces…- la mujer se detuvo y le miro amenazadoramente- …te juro que vuelvo a desaparecer con la niña y no habrá fuerza humana o divina que me haga cambiar de opinión.
Inuyasha gruño molesto. ¡Maldición! Toda esta comedia iba a ser más difícil de lo que creía. Pero por la memoria de su padre ÉL iba a recuperar a SU hembra. Porque ella dijera lo que dijera ella era de él…lo decía su olor. Y aunque ella no lo sabía (y no lo sabría, al menos por ahora), que ya era su hembra por derecho, su marca estaba en ella y durante quince años eso no cambio y no cambiaría bajo ninguna circunstancia. Él no lo permitiría jamás. Kagome volvería a él, si o si. Aunque en el intento tuviese que rifar a "colmillo de acero". –"Oh no Kagome…ni creas que te has librado de mi"- El hanyou sonrío para sus adentros.
La miko tomo el ladrido como un si y prefirió no probar su suerte, ya que con esa pequeña victoria por el momento le bastaba. No fuera a ser que el hombre se hartara y comenzara a incordiarla. Su firmeza no resistiría demasiado. En esos momentos se sentía desequilibrada, es que nunca pensó que Inuyasha se sintiese realmente pasado a llevar por el hecho de haber ocultado a Akari. Si sabía que sonaba estupida esa posibilidad, pero por Kami el hombre se había ido con Kikio veinticuatro horas después de "todo", entonces eso da para pensar no ¿creen?, es decir, quien le decía que el hanyou no estaba utilizándola y un hijo solo sería un estorbo para él. De hecho en esos momentos y luego de ver la reacción de él, forzosamente tuvo que considerar lo poco fundamentada que estuvo su forma de actuar..
La voz de Inuyasha la sobresalto - No creas que esta conversación se acabo…- la miko levanto la vista y se encontró con la intensa mirada dorada e inconcientemente se estremeció, acto que no pasó desapercibido para el hanyou que le sonrió de forma afectada, mientras la cogía de un brazo. Kagome maldijo por lo bajo y tuvo que reprimir las ganas que le entraron de darle un maldito puñetazo y borrarle la sonrisa del rostro.
Molesta le dirigió una mirada de profundo desagrado y con un movimiento brusco se soltó del agarre y comenzó a caminar más rápido alejándose. Inuyasha solo mantuvo la sonrisita y se limito a caminar con tranquilidad detrás de ella. Pasaron unos cuantos segundos de silencio, en los que solo se escuchan el sonido de los pasos y uno que otro morador del campo. De pronto Kagome se detuvo de improviso y se volteo nerviosa sobresaltando al hanyou.
-Inuyasha…a Akari no le he dicho nada sobre este asunto - dijo nerviosa
El aludido alzo los hombros indiferente – Eso ya lo sé. Si no me lo dijiste a mi, no podía esperar que se lo dijeras a ella.
Kagome cerro los ojos mientras la ceja derecha le palpitaba notoriamente – ¡Que has dicho…!
Inuyasha intuyendo el peligro alzo las manos en señal de paz – ¡Hey! Puedes guardar el hacha de guerra mujer que no te estoy criticando, solo confirmo lo que has dicho tú.- Ella inspiro con fuerza, contó hasta diez y abrió los ojos más serena. Sabía que no era culpa del insensible animal, que ostentaba el titulo de padre de su hija. Asé que no tenía caso culparlo.
-Como digas, pero seguimos con él problema de cómo demonios explicarle todo este asunto…-dijo frotándose las sienes repentinamente cansada, pero al menos ya no estaba sola y eso si que la reconfortaba.
Inuyasha se cruzo de brazos – No tendremos que explicarle todo, ya sabe de su naturaleza hanyou…- dijo serio.
La miko al escuchar la afirmación abrió los ojos repentinamente – ¿Que cosa has dicho?
-Lo que escuchaste hembra loca- fue la respuesta malhumorada que recibió.
- ¿Como se entero?
-Yo se lo dije…- le miró molesto- ¡No puedo creer que ni siquiera le hayas dicho algo tan básico como eso!
-¡No le podía decir eso sin tener que contar el resto de la historia!– exclamo enojada inspiro y exhaló de forma ruidosa, otra vez había perdido la compostura.- Deberías agradecer que no dije nada…- le dijo venenosa.
Inuyasha enarco una ceja mirándola irónico - O por supuesto debería agradecerte el haberme ocultado por "quince años" una hija y claro si no que también debo estar en deuda contigo por mentirnos a ambos…- lo último lo dijo apretando los dientes.
Kagome lo observo altiva – Pues si deberías estar agradecido, por que te aseguro que si Akari se enterara de toda la historia no te volvería a dirigir la palabra jamás…- termino ácidamente, pero con la victoria bailando en sus ojos.
El hombre contrajo el ceño y le sonrió burlón – ¿Así? Y dime pequeña perfecta que hará la chica cuando se entere de que le has mentido durante toda su vida… ¿eh? Al menos yo tengo la garantía de haber sido sincero – Kagome le observo sin poder responder, y luego desvió la mirada dolida. Teniendo muy en cuenta la verdad de las palabras del mitad bestia.
Al ver el efecto de sus palabras en la miko, Inuyasha, se abofeteo interiormente. ¡Que no podía mantener la bocaza cerrada! Por kami si estaba peor que Miroku, cada vez que abría la boca metía la pata hasta el fondo.
- Este…Kagome yo no quería…la verdad no era lo que yo – se intento excusarse, pero se corto al ver la expresión de ella.
-Tienes razón- dijo con voz inexpresiva.
-¿Que? – preguntó desconcertado. – ¿Me estas dando la razón?
Ella continuo sin escucharlo – Cuando Akari se entere de la verdad nos odiara a ambos y sabes que es lo peor de todo…- él guardo silencio invitándola a continuar – que no la podemos culpar…
-No Kagome…-dijo el hanyou acercándose hasta quedar frente a ella e instintivamente la abrazó. La mujer solo se dejo envolver por los brazos de él, sin control de si misma, cerró los ojos cansada, necesitaba urgentemente sentirse apoyada y segura. Inuyasha afirmo el mentón en la cabeza de la miko y con voz pausada y calma le dijo- Akari no nos odiara, solo tenemos que contarle la verdad y hacerla comprender…ella entenderá – esto ultimo fue más un intento para converse a si mismo.
Kagome alzo la vista y lo miro con profunda incredulidad, recuperando de pronto el conocimiento de sus actos – ¡Oh, por favor Inuyasha! Si es tú versión en femenino…- como si con esa afirmación se pudieran ver las terribles magnitudes del asunto (n/a: de hecho para la gran mayoría de las personas con esa afirmación basta y sobra para prever una situación terriblemente problemática).
Algo en el tono en que le dijo eso no le gusto nada, nada al mitad bestia. Y de forma brusca la aparto de si, aferrándola por los hombros y mirándola ceñudo. – Que insinúas con eso…
- No es obvio – dijo ella desafiante- Akari es terriblemente cabezota, algo que ciertamente no heredo de mi parte. – termino de forma apreciativa.
Inuyasha sonrió de medio lado con sorna –Al menos de mi no saco lo escandalosa…porque te aseguro que eso es tuyo.- dijo alzando ambas cejas y soltando los hombros de ella. La mujer rodó los ojos hastiada.
- Seguimos teniendo el problema- dijo ella dejando atrás el comentario de él
-Yo no le veo el problema al asunto…- dijo el despreocupado
-Claro que tenemos un problema y déjame decirte que uno bastante serio.
-No. No lo tenemos…Hay que decirle la verdad y punto. Es una chica fuerte y podrá sobre llevarlo. – dijo cruzándose de brazos.
Kagome puso los brazos en jarra y lo encaro- No si tengo claro que es una chica fuerte y que podrá con todo esto, pero ¿y nosotros Inuyasha?…Podremos soportar su desprecio llegado el momento…- dijo temblándole levemente el mentón.
Él iba a replicar, pero se desinflo al instante. Kagome tenía razón, en un principio ambos se llevaban como el perro y el gato, pero él sabía que solo era superficial. No era aversión pura. Ahora las cosas podían dar un giro y aunque le molestara admitirlo y se quisiera convencer de lo contrario, pero sabía que si la chiquilla era la mitad de testaruda que él… uuff… el futuro se les pondría bastante opaco.
-Vamos…cuanto antes terminemos con esto mejor…- dijo Inuyasha comenzando a caminar. Kagome lo siguió desde atrás temblorosa.
En la cabaña de la anciana Kaede se vivía una atmósfera de paz, mientras ponían al tanto al kitsune de los acontecimientos que habían ocurrido en la aldea, y él pelirrojo le contaba como le fue durante sus cuatro años de destierro, claro esta que entre anécdota y anécdota, tenía la precaución de echar una que otra miradita hacía los recién conocidos.
Por otro lado Akari y Mamoru guardaban silencio, ambos demasiados confundidos para hablar. Había demasiadas preguntas en el aire que necesariamente debían encontrar su respuesta.
-"¡Maldición! Necesito averiguar que demonios esta ocurriendo en este condenado lugar o sino me voy a volver loca"- pensó con desesperación Akari, mientras se frotaba las sienes intentando encontrar las soluciones adecuadas.De pronto miro de reojo desde su lugar a su sensei y con determinación se acerco a él, para ocupar el puesto de al lado. Mamoru tan concentrado estaba que no presintió la cercanía de la muchacha hasta que esta le susurro al oído:
-¿Cómo esta mi madre?
El aludido dio un respingo, y miro a Akari enojado por sobresalto – ¿Qué pretendes?…matarme de un infarto mocosa imprudente. – le gesticulo por lo bajo molesto.
Ella le miro burlona – No hasta después que me respondas…-dijo alzando una ceja irónica.
-Pero que graciosa…hazte cómica, diviertes el doble de lo que peleas - comentó mordaz. Akari se encogió de hombros sin darle mayor importancia, en esos momentos por extraño que pareciese no le molesto el comentario o simplemente no lo escucho. El sensei no pudo menos que sorprenderse por la actitud, la muchacha en frente suyo se veía algo más reflexiva desde su último encuentro.
- Mamoru… - llamo su atención nuevamente, sacándolo de sus reflexiones – mi madre… ¿Cómo esta?
El hombre vio la mirada de angustia que pintaba sus orbes doradas. Y esfumándose el enojo, compadeció a la pobre alma desventurada, y quiso hacer su buena acción del año.
-Ella esta bien Akari. Estuvo muy preocupada por tu desaparición en un principio…pero ya podrás hablar con ella después…- termino con aprehensión, no queriendo revelar demasiado. No estaba en su poder revelar información.
La joven le miró con sorpresa – ¿Ella esta aquí? – pregunto sin terminase de tragar el cuento. Con algo de incredulidad. Mamoru afirmo con la cabeza.
– ¿Y donde esta…? Quiero verla… - cuestiono con entusiasmo. Su madre estaba aquí. Ya no estaba sola en una dimensión desconocida, ahora estaban juntas.
- Tendrás que esperar un poco. Kagome ahora esta en… otro lugar – el pelirrojo al ver que la chica iba a replicar, se adelanto – Esta bien, y tendrás que esperarla hasta…
Akari haciendo un ademán con las manos, lo corto.-Espera un segundo… - cerró los ojos con cansancio – me estas diciendo que mi mamá esta en algún lugar de esta dimensión salvaje… sola – La ultima palabra la musito.
El sensei la miró serio – No. Y deja de preocuparte- fue la seca respuesta.
-¿No, como demonios me puedes pedir que no preocupe. Tú no te puedes siquiera imaginar lo peligroso que este condenado lugar, esta todo lleno de bichos peludos con grandes colmillos y muy mala leche. Que además les encanta tomar de aperitivos a criaturas vivas. Además me dices que mi madre esta en algún parte de este lugar sola, y después vas y me pides que no me preocupe…- Akari a estas alturas había dejado los susurros de lado, estaba de pie con una cara de Linda Blair increíble, hablando y gesticulando con las manos.
– ¡¡Pero tú estas demente o que¡Como demonios me puedes decir algo así y después pedirme que me quede tranquila maldición!
-Demonios Akari ¡Por una vez en tú vida podrías callarte y obedecer! – gritó devuelta el sensei.- Mamoru al escuchar vociferar a la joven en ese momento se retracto de su anterior pensamiento, "Ja más madura y reflexiva"-pensó para si con sorna.
-Akari – la voz de la anciana Kaede, corto el acalorado discurso – Cálmate y haz caso de lo que dice Mamoru-kun.
La chica dirigió su vista incrédula y molesta hacía la miko – Ósea usted también esta en modalidad de "dejemos huérfana a la pobre adolescente" ¿no?.
Mientras la discusión se desarrollaba, los espectadores estaban divididos en distintas emociones. Miroku se encontraba serio y alerta por si la cosa se comenzaba a descontrolar el podría intervenir, Sango estaba notoriamente angustiada y Shippo no cabía en el asombro, por lo que estaba viendo.
Este último acercándose a la exterminadora, le susurro por lo bajo – Por Kami es tan aterradora como Inuyasha…escalofriante dos iguales a menos de ocho kilómetros a la redonda.- dijo dando un respingo.
-Y eso que no los has visto discutir entre ellos, eso si que cura de espanto a cualquiera…- respondió Sango en el mismo tono.
-No me gustaría hacerla enojar…-musito el kitsune, volviendo su atención hacía la discusión. La exterminadora asintió con la cabeza.
- ¡¿Así y con quien esta?! – exclamo Akari con enojo.
- Conmigo
La muchacha sin comprender se volteo y para su sorpresa se encontró con su madre en la puerta, y detrás de ella la alta figura de Inuyasha la ¿custodiaba?
-¡Mamá!- exclamo la chica antes de salir disparada hacía la miko.
Kagome abrió los brazos para acogerla, en esos momentos necesitaba urgentemente aferrarse a su hija, ya que después que le contase la verdad no tenía ninguna seguridad de que ella le volviera a dirigir la palabra.
La miko la abrazó con una mezcla de desesperación y alivio, por fin su niña estaba junto a ella… ¡Gracias Kami!, pero cuanto podría durar esto. Echo una mirada de reojo al hanyou este le contesto con fruncimiento del ceño…no mucho de eso ahora estaba segura.
-Hija te extrañe tanto- le dijo con la voz temblorosa estrechándola fuertemente.
-Yo también mamá…- murmuro Akari de forma entrecortada.- Este…mamá…creo… que me estas… fracturando las… costillas.
Kagome abrió los ojos y se sonrojo ligeramente y se aparto. Todo el resto de los comensales que miraban la escena sonrieron ligeramente, y los involucrados en la pelea ya la habían olvidado.
-Lo siento tesoro…- dijo sonriendo avergonzada. La joven alzo los hombros no dándole importancia y le sonrió. Inuyasha por su parte se encontraba absorto en la escena. Por primera vez en quince años se sentía completo, era como si una extraña tranquilidad se hubiese instalado en su pecho, como si siempre hubiese sabido que un trozo de él andaba apartado. Y ahora observando a su hembra (porque dijera lo que dijera la terca de Kagome ella era su mujer) y su cachorra se daba cuenta que ese pedazo estaba en su lugar. Luego de doscientos diecisiete años de existencia por fin estaba entero.
-Y ustedes se conocen…-preguntó Akari alzando una ceja apreciativa y apuntándolos a ambos.
-¡No! - ¡Si! – respondieron instantáneamente Kagome e Inuyasha. Este último le lanzo una mirada molesta al oír la negación de la miko, mientras ella se hundía avergonzada de la reacción.
-Que parte de decir la verdad no quedo clara – cuestiono molesto el hanyou.
-Mmm…creo que la negación en si…-dijo sonriendo nerviosa y de alguna forma disculpándose.
Akari alzo ambas cejas incrédula – Es que me perdí de algo…-dijo cruzándose de brazos, en la misma pose del hanyou. Kagome le dirigió una mirada de "viste que es igual a ti bestia engreída". El aludido rodó los ojos y le dio a entender con la mirada "no fastidies mujer loca". Los demás comensales dentro de la cabaña (a excepción de Akari y Mamoru) los miraban con gesto resignado, no llevaban ni un par de horas juntos y ya se estaban riñendo. Akari por su lado comenzó tamborilear un pie en el suelo molesta por la faltas de explicaciones.
-Podrían terminar con su absurda guerra de miradas y explicarme que demonios esta pasando – dijo la joven con una molestia latente.
Ambos adultos desviaron las miradas, y Kagome carraspeo para hablar, pero Inuyasha se le adelanto y dijo:
-Vamos enana…tenemos que conversar largo y tendido los tres- Y con un ademán tomo las manos de ambas mujeres y las saco de la cabaña. No sin antes de lanzar una mirada de advertencia hacía el resto del grupo que decía claramente "Síganos y les haré sufrir una muerte lenta y dolorosa".
Ninguno se movió hasta que la "feliz" familia salio de la cabaña. Y cada uno de ellos deseo con todas sus fuerzas que las cosas resultaran bien.
Glosario:
(1)Kurai : oscuro
(2)Gekko: Neko Taiyukai líder de las tierras del sur
(3)Hi sen : Mil días
(4)Chūgoku: China
(5)sōdan rōjin: concejo de ancianos
¡¡¡PERDON!!!! Si esta vez se me fue la mano en la demora, pero les juro que me a costado montones este capi…es que de alguna forma las cosas se están definiendo por fin y otras están recién desencadenándose. También me disculpo porque el capitulo quedo corto en comparación al anterior, pero les alegrara saber (jejeje o eso espero) es que ahora que hay vacaciones pienso actualizar más seguido…cada quince días quizás…
En este capi no pude responder los review personalmente, porque me retrasaría más y con todo lo atrasada que he estado bueno no hay mucho que decir ¡…
Quiero dar las gracias a :
Ninde Blackkairi elric, 201anamaria, Itsaso, shadowlightsAtori-chan,Herly, lore.it92, Dark Angel, kitsuxan, TLAP, LADY DRAGON84, Xully, GrimDarkHanyou, Carla,RunlineY, EVA, satorichivatakako-kurumi, nikkyshigurashi, Seishime, yuiren3, -koharu-, kaoru himura, diablita
Muchas gracias a todos ustedes que se han dado el tiempo de leer esta historia, les agradezco con el corazón sus mensajes y deseo que este capitulo haya sido de su agrado.
¡¡¡Bueno nos vemos en el proximo!!!
P.d: DEJEN REVIEW EN ESTE CAPI TAMBIEN jejeje XD
Brisa Black
