El agua caía completamente negra tras haber sido vertida en la cabeza de Obito, llevándose con ella la ceniza que lo cubría. El Uchiha estaba frotando su torso con una toalla húmeda para limpiarse. Mientras tanto, Deidara estaba sentado en uno de los cojines del suelo de la habitación, su garganta se sentía seca por no haber hablado en horas. El lavabo también había aparecido de la nada; cuando volvieron ya estaba ahí. El artista esperó acostumbrarse pronto a cómo las cosas funcionaban allí.
—Me alegra que hayas sanado —dijo Obito, probablemente con la única intención de romper el hielo. Bueno, también podría haber algo de sarcasmo ahí. Me alegra que hayas sanado. Me alegra que me hayas hecho explotar al menos veinte veces.
Para ese entonces, al rubio casi le parecía normal no entender nada sobre la filosofía de vida del otro hombre. ¿Por qué aquel acto de mártir así de repente? Deidara observó su espalda, pálida y muscular inclinarse mientras se echaba más agua, la cual aún caía sucia. ¿Se estaba haciendo la víctima solo para hacerlo sentir culpable?
Sí, eso debía ser.
Se dio cuenta de algo que nunca antes había notado: la parte derecha del cuerpo de Obito también estaba llena de esas arrugas que tenía en la cara. Sabía que el accidente de su infancia fue serio, pero tanto...
—Como dije, mi lado derecho fue completamente aplastado.
Deidara se tuvo que recordar a sí mismo que el moreno tenía un rinnegan y podía ver perfectamente lo que había tras él. Obito terminó por fin de lavarse y se sentó frente al rubio. El terrorista, por alguna razón extraña, deseó que el otro se pusiera una maldita camisa o algo. Si tenía que seguir viendo la complexión de su cuerpo, pálida y delicada como porcelana pero maciza como el granito, lo iba a pasar mal. Pero ni muerto le iba a pedir a Obito ese favor. Principalmente porque tendría que darle la razón.
—Sé que mis cicatrices son perturbadoras; perdón. Desintegraste mi túnica —se disculpó el Uchiha, que obviamente se había dado cuenta que Deidara lo estaba mirando, haciendo que quisiese golpearse a sí mismo en la cabeza.
Estaba avergonzado, pero no quería hacer un castillo de un grano de arena. Le quitó importancia a sus reacciones calificándolas como su instinto natural, al ser gay. Sería estúpido no mirar a un hombre sin camiseta cuando se le presentara la ocasión, ¿no?
—¿Y ahora qué, um? —dijo Deidara, dando golpecitos a la superficie de la mesa con su índice con una impaciencia que no era propia de él.
Pero ¿Qué es lo que estaba esperando que pasase, exactamente? La pregunta era completamente honesta: no tenía ni idea de lo que venía después. Y a juzgar por la falta de respuesta del otro hombre, él tampoco la tenía.
—Puedes hacer lo que quieras, vuelve a la mina si te apetece —dijo suspirando, no le estaba diciendo nada nuevo.
El sentimiento de control sobre su propia vida... no, muerte, no le era familiar al rubio tras todo el jaleo que había armado desde su aparición en el Tsukuyomi. Si no había nada que hacer, entonces eso significaba que cada problema entre ellos ya había tenido un desenlace ¿cierto?. Entonces... ¿Por qué no podía reunir la fuerza necesaria para levantarse e irse?
Se quedó en esa misma postura en la que estaba, inmovil como una de sus estatuas, solo que él no iba a explotar. Obito le dedicó una mirada cargada de interrogantes cuando finalmente se movió, su mano, para ser más precisos, hasta alcanzar el brazo lleno de cicatrices del otro hombre.
—¿Qué estás...?
Por primera vez, el rubio rió. Era gracioso ver al Uchiha tan desconcertado.
—¿De qué está hecho esto?
El moreno ni siquiera se ofendió porque se refiriera a su brazo como "esto", y simplemente le contestó.
—Madera.
—Se siente raro, hm —afirmó el artista, moviendo su mano hasta el hombro del otro, con toques ligeros.
—Sé que es horrible, no necesitas decírmelo.
Para ese entonces, Deidara ya sabía que Obito era un tipo altamente sentimental que se tomaba ciertas cosas personalmente. Era como un niño, desde ese punto de vista. Su niñez habiendo terminado tan abruptamente probablemente no tuvo un buen efecto en su desarrollo personal.
—Nunca dije que lo fuera.
Ups, ¿de verdad se le escapó eso? El pulso del rubio dio un acelerón repentino de una fracción de segundo, algo de sangre subiendo hasta sus mejillas. Sus pensamientos anteriores volvieron a su mente. Solo era mera admiración por la belleza, pensó tratando de convencerse a sí mismo. Ganó de nuevo su compostura en menos de dos segundos; un record ante una emergencia, considerando que el hombre frente a él estaba observando su reacción. Se preguntó cuánto habría notado de su breve pérdida de control.
—Deidara... —comenzó a decir Obito; aparentemente una pregunta difícil, de esas que uno debe medir con cuidado las palabras—. Para alguien a quien le gustan los hombres, ¿me encuentras atractivo?
Deidara, a pesar de su resolución sobre el tema, maldijo de nuevo a todos los Uchihas. A Itachi, por dejar a su hermano vivo. A Sasuke, por obligarlo a usar su técnica y acabar ahí. A Obito, por abrir la boca en ese maldito segundo. Porque estaba perdiendo el control de nuevo, sonrojándose como una niña pequeña, él, un tipo de diecinueve años que tampoco era tan fácil de avergonzar.
Y lo más importante, ¿qué debería contestarle? Si le decía que sí, ese sería el triste fin de su autocontrol. Si decía que no, estaría mintiendo. Pero era inutil, porque ya se había puesto rojo, y probablemente era un tono de rojo bastante visible, y que iba en aumento.
—...sí, en cierto modo, um.
—Ya veo... Me alegro —Obito giró su cabeza en un gesto que en apariencia parecía como si estuviese rascándose la nuca, pero Deidara juraría que estaba tratando de usar su codo para ocultar una pequeña sonrisa que apareció en su cara surcada por cicatrices.
—¿Por qué lo preguntas? —el rubio decidió insistir y sacarle lo que fuera que el otro estuviera escondiendo.
—Me estaba preguntando por las cicatrices, pensé que me afean. Apuesto a que a Rin no le gustarían tampoco si estuviera aquí...
Esa vez, Deidara sí que lo pudo ver sonreir, asegurándole que no era más que una broma esta vez; la primera vez que el ex enmascarado bromeaba sobre su antiguo amor. Pero tras unos segundos, su cara se ensombreció. El tema aún le dolía.
—Yo creo que estaría feliz por verte, sea como sea la manera en que te veas —le aseguró el rubio, su voz no tan firme como lo que quería expresar.
Obito pronto se dio cuenta que eso era su culpa; la última vez que el artista había tratado de comentar su vida amorosa, había perdido la cabeza.
—Eso es sólo lo que a mí me gustaría pensar —dijo el Uchiha, su voz baja y solemne, como murmurando algo para sí mismo en lugar de conversar—. Ella no me amaba.
—Lo haría si viera que sobreviviste por ella, um —Dijo Deidara con más decisión que antes.
—No es así como el amor funciona, Deidara. Cuando amas a alguien, no tienes razones para hacerlo. ¿No piensas que sería más conveniente para mí dejar de sentir algo por Rin? Si hubiera podido controlar mis emociones... Si hubiera podido evitar enamorarme de ella... No sería la persona horrible que soy ahora.
—Lo que dices es precisamente lo que te convierte en lo contrario.
Esa frase, perturbó a Obito. Desde que comenzó a maquinar el proyecto, tenía esa horrible opinión de sí mismo. Antes de que fuera aplastado vivo y viera a Rin morir, cuando era niño, tenía buen corazón. Todo el mundo pensaba que era el mayor perdedor de Konoha, pero nadie podía negar que sus intenciones eran buenas. Cada día, desde ese día, su mente había sido un lío. No tenía valor a pararse a pensar ni un segundo entre una acción y la siguiente, porque sabía que volverían a su mente muchos malos momentos, violentamente mezclados con los buenos, que harían que le doliese la cabeza.
Así que, dio por hecho que era una mala persona. Y ahora una réplica de su antiguo compañero en su mundo interior estaba tratando de convencerlo de que no lo era.
—Ya he hecho daño a demasiada gente; he vivido un infierno y ahí es donde volveré cuando muera —le contestó a Deidara, el cual giró levemente la cabeza.
—Creo que estás demasiado atado a tu pasado, um —dijo, sintiéndose más valiente que nunca tras hacer un comentario sobre la actitud de Obito. Dicho hombre lo observó como pidiéndole que se explicase—. Siempre digo que el momento en el que vives es lo más importante, lo cual está influenciado por tu pasado o futuro. Lo que hiciste y lo que harás afecta a tu vida, pero uno debe tratar de vivir el momento en lugar de quedarse estancado en un lugar, um.
—¿Es esa la explicación de tu arte? -preguntó el Uchiha con un repentino entusiasmo que Deidara no podía creer.
—Exactamente. No podría hacer mis esculturas si no las desarrollase en el pasado, y tampoco si no tuviera intención de usarlas en el futuro. Pero lo que importa es el breve momento en el que explotan.
La sensación de haberse dado cuenta de algo después de haber tratado de entenderlo por mucho tiempo siempre entusiasmaba a Obito (siendo un niño al que le costaba memorizar las lecciones), pero ahora le trajo paz mental. Sus ojos desiguales se entrecerraron mientras veía el fondo emborronarse. Tuvo que parpadear varias veces para no caer dormido en medio de la conversación. Ni siquiera había notado lo cansado que estaba...
—Lo siento, debo ir a dormir ahora. Podemos continuar esta conversación cuando me despierte —dijo, levantándose apresuradamente y tropezando antes de entrar en la otra habitación.
Y Deidara sonrió, sin importarle que tuviera un maldito rinnegan.
¿Cuánto era uno capaz de percibir la personalidad de un hombre sólo por su apariencia? Porque, a parte de la gigantesca cicatriz que cubría la mitad de su cuerpo, Obito se veía tan pacífico como un niño cuando dormía. La razón por la que Deidara sabía eso era porque había decidido entrar de puntillas en la habitación del futón tras asegurarse de que el otro dormía ruidosamente. Sí, eso es, ruidosamente. Porque estaba roncando. El rubio no pudo evitar reír ante eso. Incluso la gente complicada como Obito tenían esas facetas; porque era humano, como él o cualquier otra persona. Se veía tan inocente con sus largas pestañas negras bajadas. El artista deseó haber conocido sus ojos reales antes de obtener las "mejoras".
Y hablando de paz, Deidara se dio cuenta que jamás había estado tan en calma por tanto tiempo en su vida... La rabia había sido una necesidad constante, aunque no sabría decir por qué. Quizá para rellenar el lugar de otros sentimientos de los que escaseaba. Cierto, pensó que había estado enamorado cuando comenzaron a gustarle algunos hombres con los que tenía sexo ocasional; pero pensando en retrospectiva, más bien le parecía atracción o apetito sexual. Así que, básicamente, la rabia era el único sentimiento que le había quedado en la vida. Pero ahora no lo extrañaba. Quizá era porque era una simple réplica incapaz de sentir. O... ¿Podría ser que hubiera algo más en su corazón?
Eso es lo que se preguntaba, mientras observaba el rostro del hombre que dormía.
La respiración de Obito se acleró, volteándose en sueños hasta darle la espalda a Deidara, como diciendo "deja de mirarme". Si fuera un extraño, el rubio lo habría arrastrado a su cama y no lo habría dejado salir hasta la mañana siguiente. Pero ese era Uchiha Obito. Un detalle significante. Y aún así, se encontró a sí mismo pensando en el momento en que su hombro se fracturó y el otro hombre lo había tocado de una forma medianamente humana por primera vez. Sus manos le parecieron frías en aquel momento, pero Deidara tenía una temperatura corporal alta por naturaleza, lo hizo sentir relajado. Maldijo sus propios intereses sexuales y a sí mismo por maldecir tanto. Ni siquiera podía definir qué clase de relación tenía con el Uchiha. Amigo, enemigo, extraño... No entraba en ninguna de esas tres categorías, en todas había algo que no encajaba. Y Deidara sabía que no estaba bien ponerle etiquetas a aquello, pero quería saber, de otro modo jamás podría dejar de pensar en ello.
—Buenos días.
El artista se encogió cuando la voz ronca interrumpió su tren de pensamientos.
—¿Hey? ¿Qué haces aquí? —Obito no lo dijo en un tono a la defensiva, sino de pura curiosidad.
—Bueno, yo... —comenzó a explicar Deidara, pero en medio de la frase, se dio cuenta que no había pensado en ninguna excusa aún.
—¿Me estabas mirando? —preguntó el ex enmascarado con calma (la pregunta aún así vino de la nada).
—¿Qu... Y por qué iba y a mirarte? ¿Estás loco, um? —el terrorista sintió que sus mejillas se enrojecían otra vez. Estaba comenzando a cansarse de sus propias reacciones.
—Yo también lo hice mientras tú dormías —dijo Obito como si fuera lo más natural del mundo, mientras se frotaba los ojos y estiraba los brazos.
—¡Eso es, no deberías sacar conclusiones de acuerdo a tus hábitos enfermizos, um!
—¿Por qué es enfermizo? Simplemente me gusta mirarte, eso es todo.
Eso era el equivalente a "me gustas", pensó el artista. Pero el condenado Uchiha aún estaba enamorado de aquella chica muerta, ¿no? No había nada de lo que precuparse.
—¿Estabas admirando mi radiante belleza o qué?
—Sí, es posible.
El rubio pensó lo malo que era el otro para pillar el sarcasmo.
—Maldito acechador, hm —dijo saliendo de la habitación mientras se rascaba la espalda con la boca en su mano (no exactamente del modo en que una señorita educada lo haría).
—No eres el más indicado para hablar... ¿No acabo de descubrirte en mi cuarto tras despertarme?
El moreno lo siguió con el cabello desordenado y los pantalones algo más caídos de lo que deberían, sin camisa otra vez. Encontró a Deidara en la habitación principal, mirando a la pared.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—¿Dónde se fue el lavabo?
—Como te dije, todo en esta dimensión está en constante cambio. Además, los objetos podrían aparecer o desaparecer. Todo depende de mi estado de ánimo —explicó Obito.
—¿Tienes algún tipo de control sobre ello? —preguntó el otro con curiosidad.
—Es algo que debería aprender a hacer... En teoría, si consiguiera completo control sobre mi propia mente.
—¿¡Por qué no lo dijiste antes!? —Dijo Deidara casi gritando, agarrando al moreno por los hombros, entusiasmado— ¡Podrías tener lo que quisieras aquí! ¡Es el lienzo en blanco definitivo para la imaginación, um!
—¿Sabes la de veces que lo he pensado? El problema es, que no puedo dominar todos mis pensamientos.
—Pero si realmente quisieras algo, podrías tenerlo, ¿no? —dijo el rubio seriamente, aunque Obito sabía que no era cierto.
—Como te dije, no funciona con gente —murmuró, saliendo de la casa con lentitud y sentándose en la puerta de entrada en un pequeño escalón.
Deidara lo siguió, pero una vez afuera, se dio cuenta que el escalón de madera era demasiado pequeño para los dos. Se preguntó si debería hacerlo igualmente. El moreno, dándose cuenta del problema, se echó a un lado para hacerle espacio; no ayudó demasiado, pero el artista apreció el esfuerzo mientras se sentaba. No podía creer lo mucho que habían cambiado ambos desde el primer encuentro.
—O al menos no debería... —agregó Obito a su frase anterior, con la mirada fija en Deidara.
—Si crees que soy una molestia tan grande, sólo dímelo a la cara, um —se quejó el rubio.
—Al contrario —dijo el Uchiha con tono ausente, entrelazando sus manos tras su nuca y apoyándose en la puerta cerrada—. Tu presencia aquí tiene un buen efecto en mí. Es curioso lo compatibles que somos ahora, comparado a cuando vivías.
Deidara alzó una ceja a la palabra "compatible". Deseó que el otro hombre pudiera hablar en una manera menos enrevesada: quería saber lo que Obito estaba tratando de insinuar. En las pasadas "horas", sonaba como si estuviera implicando algo.
—Me estaba preguntando... ¿Por qué soy yo el que se está sentando aquí en estos momentos, en lugar de Rin? —dijo el ex terrorista de Akatsuki en la manera menos ofensiva que pudo. De hecho, tenía una respuesta para esa pregunta, pero no quería decirla en voz alta.
El Uchiha fijó su vista en el cielo carmín.
—Seré honesto. No tengo ni idea.
Entonces trata de pensar en ello, pensó Deidara. Era raro, pero quería que el otro ninja admitiera lo que le estaba ocultando; porque estaba seguro de que había algo. Era un Uchiha después de todo, todos ellos tenían asuntos sin revelar. A pesar de las modificaciones de su dojutsu, pudo ver en los ojos del otro hombre que se estaba guardando algo grande para sí.
—¿Y si...? —comenzó a decir, pero no tuvo valor para decirlo en voz alta. Se puso a observar las bocas en las palmas de sus manos, sintiéndose torpe, tratando de evitar la mirada del otro.
Deidara respiró hondo y comenzó de nuevo.
—¿Y si yo fuera algún tipo de reemplazo, um?
Y ahí estaba, había abierto la boca sin pensar. Los ojos de Obito se abrieron mucho, mientras fruncía el ceño. Casi se veía como si le fuera a dar un ataque al corazón. De acuerdo, pensó Deidara, acababa de decir algo realmente extraño, pero esa reacción era un poco exagerada. Quizá era un pensamiento loco e inimaginable en la cabeza del Uchiha, porque se levantó bruscamente, respirando con algo de dificultad.
—¿Qué está pasando? —preguntó Deidara, dándose cuenta que sonaba preocupado, también.
—Nada. Necesito estar solo por un tiempo, lo siento —dijo antes de entrar en la casa rápidamente y cerrar la puerta tras él.
