Cuando L se enteró por Watari que uno de sus sucesores había dejado Wammy's House supo de inmediato de quien trataba, pero nunca no estaba en sus probabilidades lo que hizo el rubio. Había preparado una visita para unos meses más pero esto le vino como un balde de agua fría. Qué estaba pensando el chico, pensó que era otro arranque de ira y se iría y volvería a los días, porque, a dónde iría si no tenía otro lugar. Pero ingrata fue su sorpresa cuando después de una semana fue al orfanato y solo pilló al albino en el despacho de Roger. Éste solo lo miraba, el ambiente había cambiado, si el rubio estuviera iría corriendo a saludarlo efusivamente mientras que el albino solo miraba desde su posición, tendría que ir él hasta Near para revolverle su esponjoso cabello.

El albino se había ido de la sala dejando a los dos ancianos y al detective. Mucho no se podía hacer, Mello había decidido irse por su voluntad, pero el problema era que no se sabía a dónde había ido y con qué recursos. El azabache se había retirado para hablar con Near, que estaba en la sala común jugando con unos naipes y en su mano había una barra de chocolate a medio comer. Aun que no lo demostrara, el detective no era idiota para saber que significaba aquello. Se acercó al pequeño y se sentó en cuclillas frente a él.

-¿Qué pasará ahora L?-preguntó el albino sin dejar de armar su torre.

-Si Mello no aparece, creo que solo tendré un sucesor, porque creo que Matt no esta muy interesado en tomar el puesto de segundo.

-Ya veo…

Había planeado desde hace algún tiempo llevarse a los chicos, pero solo hasta que terminaran su escolaridad en Wammy's House. Pero uno de sus chicos se había ido y no quería que el otro igual lo hiciera. Les tenía demasiado cariño a los chicos, le encantaba la reacción de Mello cuando le veía entrar y lo feliz que se ponía cuando le entregaba las tabletas de chocolate. También se había encariñado con la similitud de acciones que Near había adquirido de él, con Mello eran dos polos opuesto pero sabía que los dos juntos serían más que él.

-Near deberás preparar tus cosas, en una semana te vendré a buscar.

El chico no lo había mirado en ningún momento, solo asintió con la cabeza.

Cuando lo trajo a casa Near parecía más cómodo, tal vez era porque ya no tenía que asistir más a clases y menos compartir con chicos de su poco agrado. Su nueva habitación era un poco más amplia, L lo había consentido en comprarle dados, naipes, puzzles…

Pero L se sentía preocupado desde que había escuchado al albino hablar entre sueños. Y Watari también se había percatado de ello. Así que sin que el chico lo supiera, empezó una búsqueda desde cero. No era fácil encontrar al rubio, creía que no estaría lejos, pero estuvo casi doce meses buscándolo en el país ni rastro, entonces cobro un favor a los del FBI y empezó su búsqueda dentro del continente. Pero gran fue su sorpresa cuando pilló rastro del rubio en el extranjero. Y empezó su búsqueda desde allí, pero un caso se le había sumado, y otro después de ese, así que lo dejo en manos del anciano.

Casi dos años de búsqueda había tardado y por fin había humo blanco. Mello se encontraba en New York, pero no fue lo único que descubrió, el chico estaba metido en asuntos de la mafia. Ahora si que estaba preocupado del estado de Mello, cómo había caído en las manos de aquellos hombres. Sin pensarlo dos veces viajó al continente, tuvo que mentirle a Near con respecto a su asunto, no quería que lo detuviera diciendo que no era necesario que lo hiciera, pero esto no solo lo hacía por el albino, sino por él también. El rubio tanto como el albino habían sido como sus dos hermanos pequeños, quería protegerlos y hacerlos crecer siendo mejores cada día. O eran los dos o no era ninguno.

En Estados Unidos todo era peligro, y más si su interés estaba entrometido con la mafia. Oculto tras un abrigo negro y un sombrero, buscó, espió y vigilo a los mafiosos. Y en un cuarto de hotel, se sentaba en un sillón mientras comía pasteles y dulces, y veía los informes que había obtenido y los que el FBI le otorgaba. Creía que el chico había sido arrastrado a ese mundo por parte de un jefe de la mafia, que era obligado a hacer trabajos involuntarios para poder sobrevivir y que su estado era precario. Pero en el último informe recibió bastante información, Mello era la mano derecha de uno de los capos de la mafia en la ciudad, trabajaba solo y no había antecedentes de tráfico, asaltos, homicidios, nada para culparlo y llevarlo ante la ley. Si hacía algo, era fugaz y sigiloso. Esto no era bueno, sería más difícil encontrarse con él si era vigilado por el jefe.

Descubrió la guarida de los criminales, era una elegante casa en las afuera de la ciudad, vigilada por tipos que no se molestaban en ocultar sus armas. No entraría, sabía que el rubio tenía que aparecer tarde o temprano, a los días después vio a un motociclista de negro con un casco de mismo color, y lo vio, al sacarse el casco observó como caía la rubia cabellera ahora desordenada.

No era muy bueno con las armas, pero esta no lo era, así que con un fusil disparo un localizador a la moto cuando partía la marcha. En un taxi abrió su notebook y buscó la señal satelital del rubio y le ordenó al conductor ir hasta la dirección dicha. Llegó hasta un lugar lúgubre, parecía abandonado, solo se veía en la calle gente pobre. Era un buen lugar para esconderse, la señal lo llevaba hasta un edificio desocupado que parecía en bastante mal estado. Entró con mucho sigilo de no ser descubierto por el rubio, lo menos que quería era que este escapara, no sabía cual podía ser la reacción de éste al verlo. Subió muchos pisos hasta que en uno de ellos vio una tenue luz salir de un cuarto sin puerta. Se asomó con cuidado y solo miró que había una pequeña lámpara prendida en el suelo, una cama individual sencilla en una esquina y un pequeño televisor sobre una encimera, pero ni rastro del rubio. Hasta que sintió un frio metal en su cuello y el sonar del seguro de un arma.

-¿Quién eres?- preguntó quien debía ser el rubio detrás de él. Obviamente no lo había reconocido ya que el abrigo y el sombrero tapaban gran parte de su cuerpo.

-Soy yo Mello- dijo sin cambiar el tono de su voz.

-¿L?- sonaba bastante sorprendido, pero no dejo bajar su arma en ningún momento.

-Así es.

-No te creo, sácate el sombrero- y éste haciendo caso se lo sacó- L… ¿qué haces acá?

-Quiero hablar contigo Mello.

-¿Y qué pasa si yo no quiero?- preguntó entre molesto y preocupado.

-Mello he tenido que buscar mucha información para llegar a ti, además, ¿no tienes dudas del por qué estoy aquí?

-He cambiado mucho L, no soy el niñito que se alegraba de ver tu sombra- dijo amenazante.

-Me di cuenta de aquello, pero sé que me escucharas…- esperaba por una respuesta del rubio, y que también bajara el arma, esto se ponía más complicado, nunca se imagino que el chico que le sonreía siempre en su niñez, ahora le apuntara al cuello con una pistola.

-Habla, pero no hagas ningún movimiento, no dudare en dispararte en el hombro L- sonaba bastante decidido, pero el temblor de su voz al final hizo saber al detective que esto era igual de complicado para el rubio.

-Bien.

Le costo mucho explicar todo de un principio, su plan de llevarlos a una casa y vivir juntos, de cómo comenzó su búsqueda y llegó hasta el. El rubio se mantuvo impasible, sin hacer ningún comentario en el relato del detective. No sabia si creerle, pero el pelinegro no era de bromas, sabia que era muy serio cuando hablaba, un contraste con su apariencia.

-Mello…- desde que terminó, el rubio no había dicho nada, esperaba que el chico le dijera su opinión.

-L por esta vez te dejare ir, pero no vuelvas más aquí- y comenzó a correr hasta perderse en el lugar.

El azabache no podía rendirse así, ya que según él "…que soy una persona terca que detesta perder". Al salir de la habitación no vio rastro del chico, en ninguna habitación de aquel edificio. Al día siguiente volvió al edificio aún sin rastro del rubio, se escondió en una habitación y cerca de las 11 de la noche escuchó el motor de una motocicleta, miró por la ventana y vio al rubio entrar al edificio. Fue cosa de minutos escuchar como llegaba al cuarto en que habitaba y camino sigilosamente hasta aquel cuarto y lo que vio lo dejó perplejo en el marco de la entrada. Una cicatriz sobre su hombro izquierdo y que subía por su cuello, el rubio que estaba de espalda, solo percato la presencia del detective cuando se giró sobre sus talones. Si L ya estaba estupefacto, esto lo dejó aun más, la cicatriz tomaba la parte izquierda de su cara, provocando que el último rastro de inocencia desapareciera en él. Mello por instinto tomó el arma que tenia debajo de la almohada y le apuntó desde su posición al pelinegro.

-Si te deje ir no es para que volvieras L- dijo hastiado.

-Soy terco…-dijo acercándose a él, a lo que el rubio solo atinó a apuntar desafiante, pero esto no intimidó al azabache, que decidido se sentó en la cama.

-Vete, no deberías estar aquí- advirtió el detective.

-No desistiré de lo que te dije ayer Mello- miraba la marca del rostro del rubio- así que vuelvo a decírtelo.

Esta vez L tuvo mayor tiempo antes de que el rubio lo echara del lugar a amenazas de dispararle, pero el detective se percató que hoy el rubio se había relajado más y sentía que había pensado un poco lo que le proponía.

Sabía que el rubio no debería estar pasándola del todo bien, tenía algunas heridas y cicatrices el los brazos. Parecía estar escondido en ese lugar, apuntando con el arma a cualquier movimiento desconocido, como si estuviera asustado. Al siguiente día volvió a aparecer en el cuarto, estaba oscuro, solo algunos rayos del sol entraban por las cortinas cerradas. Escuchaba como se abría una puerta y veía al rubio salir de ella solo con pantalones.

-…- cuando vio la presencia del pelinegro solo puso una mirada de fastidio y se sentó en su cama dándole la espalda.

-Mello-

-¿Qué te hace creer que ahora aceptare?- interrumpió el chico cortante.

-Me costo mucho encontrarte Mello, hice mucho para poder traerte con nosotros, ¿no me digas que disfrutas esto Mello?

-Claro que no, pero no es fácil desaparecer de esto, y menos si trabajas con él. Quién disfrutaría esto…- dijo cabizbajo.

-Yo te ayudare Mello, solo ven conmigo a Inglaterra y no tendrás que preocuparte de esto.

-Si no estuvieras acá, pidiéndome ir contigo, nunca hubiera pensado que te importábamos tanto.

-Claro que son importantes para mí- y caminando lentamente para no hacer reaccionar al rubio, se sentó manteniendo la distancia- por eso vine por ti.

-Eres imposible- dijo mostrando una fingida sonrisa- ¿y cómo planeas sacarme?

-Mmm…- pensó poniendo su pulgar en su boca, el rubio estaba considerando ir con él tal vez- te sacaré con otra identidad y nadie sabrá que te fuiste y si lo saben, no sabrán dónde.

-Parece sencillo viniendo de ti, pero él no se quedara tranquilo cuando uno de los suyos desaparece…- dio un suspiro en su pausa- me buscara hasta encontrarme.

-Confía en mí Mello- el rubio lo miro por sobre su ojo.

-¿Por qué no me preguntas por esto?- preguntó refiriéndose a su gran cicatriz.

-Porque sé que debe ser algo difícil de tratar.

Fue él, por un trabajo que no cumplí y terminó afectándolo. Tenía que informar cuando llegara la policía al muelle donde se llevaría una operación, y por descuido no alcance a informarlos y muchos de ellos murieron en un tiroteo. Después de dos días, estaba en otra misión y sorpresivamente, el lugar explotó. Fue su forma de castigarme por no haber cumplido- su voz era apagada y su mirada estaba perdida en el suelo, su cabello ocultaba su rostro.

-Mello…- alzando su mano corrió la cortina de cabello rubio para ver el rostro dolido del chico- ¿vendrás?

Permaneció en silencio un mucho tiempo, por no cumplir un trabajo lo habían marcado de por vida, qué pasaría si se iba, era como traicionarlos. Miró al azabache y después nuevamente el piso.

-No creas que después de esto seré sumiso contigo L.

-Eso lo sé- dijo sin evitar mostrar una sonrisa.

-Pero gracias- lo miró nuevamente por sobre su hombro- ¿cuándo partimos?

-Hoy mismo en una hora más.

Lo siguiente fue muy rápido, L planeó todo para no dejar rastro del chico en el país, quiso dejarlo todo como una desaparición. Después llevó al rubio a un gran edificio donde los esperaba un helicóptero que los llevaría a un pequeño aeropuerto para luego tomar un avión privado y llevarlos al otro continente. En todo el camino hubo silencio, Mello tenía una expresión de preocupación en todo el viaje que solo pudo relajar cuando pisó Londres. L lo hizo subir a un vehículo privado que los llevo hasta la casa del detective.

-Ya no te puedes arrepentir Mello.

-Eso lo sé L-dijo en tono ofendido.

El auto se detuvo en una gran casa y vio como el pelinegro bajaba del vehículo, se sintió un poco nervioso al mirar la casa. El detective le había dicho que lo protegería y que ahora esta casa seria su hogar. Sabía que dentro estaría el anciano que lo llevó al orfanato y que además se encontraría con su perpetuo rival, y frunció el entrecejo, no se sentía listo para ver a su antagonista. Pero el llamado del detective lo sacó de sus cavilaciones y salió del vehículo sintiendo el frio clima, y se puso el gorro de su chaqueta.

El interior de la casa estaba cálido, el detective lo llevó hasta el salón, por ahora no veía sombra del anciano y el albino, eso lo tranquilizó un poco. La habitación estaba oscura por el mal clima.

-Bueno, Watari y Near aún no han llegado- dijo detrás de él.

-Ya veo…

Pero pronto se escuchó la puerta abrir y en segundo se escucho la suave voz del albino. Sintió que los olvidados recuerdos volvían a su mente mientras que el azabache platicaba con Near, hasta que despertó cuando escuchó al detective.

-Bueno Near, esto debía ser una sorpresa…- dijo mirando el suelo, rascándose la cabeza- pero…

-Así que yo era una sorpresa…

Y decidió que era momento de enfrentarlo y girando vio al chico albino, que parecía más sorprendido que él. Había crecido pero seguía manteniendo este imperturbable rostro que en su niñez no hizo más de desquiciarlo y al parecer, aún lo hacia. Pero gracia le hizo su inusual vestimenta, al parecer L seguía haciendo de las suyas.

-Joven L está todo listo arriba- dijo Watari entrando al salón, tratando que quebrar la tensión.

-Bien, acompaña a Mello a su cuarto- dijo acercándose al rubio- no hagas una locura- dijo susurrándole cerca y dedicándole una sonrisa.

-Si, si papá- dijo irónico.

Caminó junto a Watari pasando al lado de Near que parecía aún no reaccionar, y eso, le hizo gracia.