Cas y él. Solos en ese cuarto que a cada instante parecía hacerse más y más diminuto. Concéntrate, Winchester.
"Amor verdadero. ¿Qué mierda es eso de todas formas?" rezongó. ¿Era un beso diferente, acaso, a otro que hubiese dado? Castiel le maulló algo que no entendió. Dean acunó la cabeza entre sus manos y respiró hondo. Muchos años después recordarían ambos este intercambio.
"De acuerdo, Cas. No tengo puta idea de por qué el maldito Trickster armó esto. Solo sé que para resolverlo, tenemos que besarnos y..." Dean levantó la vista. Dos azulísimas esferas de cristal de devolvían su reflejo ¿Tan abatido se veía? Ya bastante había hecho por alejar a Castiel. No quería que su amigo lo viese en tan lamentable estado. Tomó aire y continuó, la mirada atenta de Castiel siempre sobre él. "y la última vez que eso pasó, saliste volando literalmente. Así que probablemente besarme sea lo último que quieras hacer. Te prometo que esta será la última vez. De aquí en más ya no te molestaré. Seremos amigos. Igual que siempre"
Castiel no daba crédito a lo que oía. Pero los ojos vidriosos de Dean, su voz apagada, la tristeza en sus palabras... ¿Dean lo...quería? El peso de la realidad cayó sobre él con aplastante fuerza. Quería gritar, explicar, rebatir a Dean. No, Dean. No quiero que las cosas sean como antes. Quiero cambiar, mejorar, contigo. Por más que movía la boca, todo lo que soltaba eran maullidos. Castiel tenía que rectificarlo. Ahora lo veía claro. El estado de sus relaciones había llegado al punto extremo en el que Dean sentía que no tenía nada que perder, pues en su concepto ya lo había perdido todo, de ahí su propensión a exponerse de esa forma. Castiel lo conocía bien. Así que en el fondo agradeció la maniobra de Gabriel. Sus métodos eran desmedidos, pero efectivos.
Con todo el impulso que sus nuevas piernas le permitieron (que por cierto era mucho), Castiel saltó sobre las rodillas de Dean. El cazador dio un respingo de aquellos cuando Castiel se inclinó sobre su pecho, apoyando sus patitas delanteras, y estiró el cuello, juntando sus disimiles bocas.
Ambos cerraron los ojos. La extrañeza del contacto no duró más de un segundo. Pronto Dean pudo sentir como esos suaves labios que hubo probado bajo la luz de la pálida luna hacían presión contra los suyos. Sorprendido, abrió los ojos para encontrarse con los de Castiel que con igual desconcierto lo observaba desde su recipiente humano.
"Cas…" dijo con mucha suavidad, asustado de que el ángel huyese nuevamente, pese a haber sido el otro quien inició aquel curioso beso.
Castiel acortó la distancia otra vez, sus manos viajaron desde los pectorales de Dean hacia arriba, rodeando su cuello con sus brazos. Movió sus labios apenas, murmurando cosas inentendibles en la boca del cazador. Entonces Dean tomó el rostro de Castiel entre sus manos, apartándose milímetros apenas.
"¿Qué?" farfulló sin aliento. El corazón, potente, martillándole en los oídos.
"Te amo, Dean" repitió Castiel en un hilo de voz, sin dejar de mirarlo, el vaho de su respiración acariciando la piel del cazador. Un cándido rubor cubrió las mejillas del aludido y, si bien estaba feliz (¡cuanto lo estaba!), también estaba muy confundido.
"¿Por qué huiste de mi ese día?" dijo Dean. Sonaba como un chiquillo pero no le importaba.
Castiel juntó las cejas, molesto consigo mismo.
"Tuve miedo" respondió al fin.
"¿De mi?" dijo el cazador. El miedo asentándose en su estomago.
"De mi. De lo que me haces sentir. Todo es...tan...abrumador, Dean. Lo siento" dijo Castiel, besándolo otra vez. Se sorprendió de lo natural que resultaba.
"Te asuste. Fui muy brusco quizás. Es extraño como tendemos a complicar las cosas cuando hay personas que nos importan involucradas" dijo Dean, interrumpiendo el contacto. Dean lo miró a los ojos pensando que podría pasarse la vida prendado a ellos. Había sido tan estúpido. Había perdido tanto tiempo negando lo que sentía. Y cuando por fin fue capaz de aceptarlo, su brío irreflexiblo lo había arruinado todo. En los brazos de Castiel se sentía seguro. Y quería que Cas experimentase lo mismo.
"Yo también te amo, Cas" afirmó el cazador y esta vez fue él quien se inclinó para iniciar el beso. No podía creer lo bien que se sentía decirlo al fin, cuan increíble era la calidez en su pecho al ser consciente de que Cas le correspondía y cuan gratificante, la sensación de los labios de Castiel curvándose en una sonrisa contra los suyos.
Hay que aclarar que pasó bastante tiempo antes de que se dieran cuenta de su mutua desnudez. Esta fue una sorpresa del arcángel que ni Dean ni Castiel estaba preparados para recibir.
Todavía.
