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Rivales
Draco no podía dejar de pensar en Granger, hacia algunos días que no sabía nada de ella, no era extraño considerando que ya no trabajaba en el hospital, pero aun no terminaba e hacerse a la idea de que esa chica fuera la misma leona que antaño había sido su dolor de cabeza.
No era la misma chiquilla, los años le habían favorecido y su cuerpo se había tornado tentador para cualquier hombre, pero eso no era lo que llamaba mas su atención, de cierto modo se sentía un tanto confuso por su repentino interés pero tenía que reconocer que el que le hubiera perdonado tan fácilmente lo confundía y gratificaba a partes iguales.
El tampoco era el mismo muchacho que había sido en el colegio, la guerra lo cambio también haciéndolo madurar de manera abrupta cuando su padre termino en Azkabar y el tubo que hacerse cargo de los negocios familiares que estaban en decadencia.
El corazón de su madre se había debilitado por todo lo vivido durante ese periodo, además no le había ayudado mucho que su amado esposo terminara encerrado de por vida en esa prisión. Pero de alguna manera tanto Narcisa como su hijo sabían que ese era el costo de sus errores, de sus prejuicios y malas acciones.
Lucius Malfoy murió dos años después de terminada la guerra agudizando el problema cardiaco del afectado corazón de la señora Malfoy. La intervención a la que sería sometida era riesgosa, pero era la única salida después de haber intentado todo en el mundo mágico.
A Narcisa Malfoy lo único que le preocupaba ya era dejar solo a Draco, en otras circunstancias, y a esas alturas ya se abría rendido antes la batalla con la muerte, pero aun no estaba lista para partir sabiendo que su único hijo se quedaría sumido en la más absoluta soledad. Su deseo más grande era morir después de dejar a su hijo con una buena compañera que le diera hijos y pudiera ser por fin feliz después de tantos sufrimientos.
Pero conforme pasaban el tiempo Draco solo se había interesado en sacar adelante los negocios de la familia, había vencido su tonto orgullo y encontró en entre los Muggles la manera de hacer negocios importantes, eso le ayudo en mucho para congraciarse con el ministerio de magia que aun lo veía con renuencia.
Una tarde cuando Narcisa estaba sola alguien llamo a su puerta.
-Puedo pasar. -Pregunto con timidez
-Claro. -Sonrió al ver a esa chica. -Pensé que no te vería de nuevo.
Hermione se sentó en una silla a un lado de su cama y le sonrió con sinceridad. -No había tenido oportunidad de visitarle, lo siento mucho. -Se disculpo.
-Lo bueno es que estas aquí. ¿Cómo has estado?
-Adaptándome supongo aun no recuerdo nada. ¿Y usted como se encuentra?
-Tan bien como alguien en mi estado puede estar, pero por favor dime Narcisa.
-Está bien Narcisa.
La señora Malfoy sonrió antes de que su rostro mostrara un poco de tristeza.
-Crees que puedas perdonarnos Hermione. En el pasado te causamos mucho daño.
-Como lo ha dicho Narcisa eso es parte del pasado, pero si aun así quiere escucharlo, sepa que la perdono a usted y a su hijo por todo. Harry me ha contado muchas cosas y comprendo un poco todo lo que hicieron y aunque no los justifico entiendo que cometieron muchos errores, pero al final hicieron lo correcto, así que no se mortifique más.
-Gracias, necesitaba escucharlo.
-Debo irme, pero me da gusto encontrarla bien.
-Puedo pedirte algo, sé que no tengo derecho pero quisiera pedirte un gran favor.
-Claro.
-Podrías estar presente en mi operación.
-Se lo prometo.
-Gracias.
-No tiene nada que agradecer. -Le contesto con sinceridad, después se despidió para retirarse.
Caminaba por los pasillos del hospital saludando a sus viejas compañeras, hasta que se encontró con Malfoy que regresaba de la cafetería.
-Hermione. -Saludo.
-Hola Draco. -Replico haciendo que el rubio se sorprendiera de que lo llamara po su nombre.
-¿Regresaste al hospital? -Pregunto ocultado su sorpresa.
-No, en realidad solo vine a visitar a tu mama. Espero que no te moleste pero me a pedido que esté presente en su cirugía y acepte.
-Por mi está bien, me da más confianza saber que alguien como tu estará presente.
-Bueno Draco me despido, Harry debe estarme esperandome, estamos arreglando algunas cosas en el ministerio
-¿Todo está bien? -Pregunto preocupado
-Si, pero al parecer desaparecí tanto tiempo que me tomaron por muerta.
-Vaya comprendo.
-Hasta Luego.
-Espera. -La detuvo. -Te puedo invitar a comer mañana.
-Te parece mejor si te invito a mi departamento, mañana van a ir los chicos para festejar que estoy bien.
-No creo, lo mejor será que nos veamos otro día que no estés ocupado.
-Porque no.
-Debes saber que no nos llevamos muy bien.
-Lo se, pero eso debe de cambiar no crees. Como esperas que se den cuenta de que no eres el mismo si no te muestras o tienes miedo.
Eso hirió el orgullo de Malfoy, por lo que termino aceptando. -Esta bien, a que hora.
-A partir de las seis.
-Ahí estaré. -Dijo un tanto irritado.
-Entonces nos vemos mañana.
La vio alejarse por el pasillo hasta salir por la puerta principal, afuera ya la esperaba Potter lo que le molesto bastante, el chico era demasiado atento y miraba a la castaña con demasiado interés. Fue en ese preciso momento que se dio cuenta que Granger le interesaba y que Harry era su rival.
