Nota obligatoria: los personajes de Saint Seiya desgraciadamente no son de mi propiedad, pertenecen al ingenio de un señor llamado Masami Kurumada, no gano ni un cinco (así decimos en CR) con esto.
De traiciones y juegos sucios. Segunda parte.
Santuario, en el salón del Trono
-No lo haré…
-Perdón Aphrodite, creo que no te escuche bien…
El caballero Piscis se encontraba de pie frente a Arles, con una postura retadora que el Patriarca jamás le había visto, el hermoso rostro estaba hecho una mueca de furia.
-Léame los labios señor…no lo hago, punto.
Arles soltó una carcajada.
-¿Desde cuándo una de las funciones de mi cargo es soportar insolencias de mis subordinados?
-Esto no es justo, yo no voy a asesinar a mi maestro, no puede probar que él intentó hacerle daño, él ni siquiera está en el Santuario, se fue hace semanas.
-Dime una cosa Aphrodite…¿tú sabes dónde estaba Amadeo en el momento del atentado?
La cara de sorpresa del pisciano lo decía todo, se había puesto pálido, las palabras se le trabaron y no pudo contestar, al menos no algo coherente.
-…estaba…estaba…en…
-Biskra… ¿y dónde estaba hasta hace dos días, Piscis?
-…no…no lo sé –mintió el muchacho. Arles adivinó de inmediato que no le decía la verdad, los nervios lo delataban.
-¡NO ME MIENTAS APHRODITE!...
-…Rozan…estaba en Rozan…
- ¿Te suenan los nombres de Barahaim de Altar y Dhonko de Libra? –la voz de Arles se había recompuesto y hablaba casi amablemente- conversamos de ellos el otro día, o es que no me estabas poniendo atención, mi pequeño? ¿Recuerdas porqué los estoy buscando?
-…Por alta traición…señor –dijo el chico resignado, con un dejo de voz apenas audible.
-Si bien es cierto, tu maestro no estaba en cuerpo presente al momento del atentado, su cohartada lo puede inculpar más, mi querido niño, sabes que puedo afirmar con toda propiedad que se alió con mis enemigos y envió a alguien a matarme.
-No puede probarlo…
-Claro que puedo…la rosa, dijiste que ha regalado varias…imagino que a personas muy allegadas.
-Olvídelo...su Santidad. Con su permiso...
Aprhodite hizo una reverencia y girando sobre sus talones se dispuso a irse sin dejar a Arles terminar la conversación, sin embargo éste cerró la gran puerta del salón con su cosmo para que no saliera.
-¿Quién te crees que eres Piscis?
El muchacho no contestó. Sostenía la cerradura con las dos manos mientras apoyaba la frente en la madera de la gran puerta, la desaparición de Mu de hace unos días, les dejó claro a todos, que Arles sería capaz de asesinar a cualquiera que se pusiera en su contra, fuera parte de la Orden Dorada o no. Con toda resignación cerró los ojos y se dispuso a recibir su castigo.
-Vuélveme a ver -con terror Aphrodite se dio cuenta de que el Patriarca se había colocado muy cerca de él sin que se diera cuenta y lo había vuelto hacia sí bruscamente. A pesar de la congoja evidente en el caballero dorado, Arles le acariciaba mejillas y cabello, para terminar recorriéndole el cuello de forma lasciva con su rostro protegido por la máscara metálica - te voy a enseñar porqué nadie intenta hacerme daño y se sale con la suya...-le siseó en el oído.
-Déjeme...por favor...no siga con eso...señor
Aphrodite estaba temblando y Arles podía sentirlo, lo tenía donde quería...
-...Yo no le haría daño nunca, señor...de verdad...
-Si es cierto lo que dices, entonces no hay problema en que bebas el frasco de la tintura completo...verdad. Quizá yo me equivoqué y lo que contenía la botella era inofensivo...si lo bebes podrás probar que eres inocente…
-Es veneno, ya se lo dije, pero yo no fui quien intentó asesinarlo...se lo juro!
-Bébelo...
-No lo haré...es mucha cantidad...puede ser mortal, incluso para mi...
-Te prometo que si lo bebes, no te enviaré a ejecutar la sentencia de Amadeo, puede que hasta permita que pruebes la inocencia de tu maestro...
El caballero de Piscis estaba acorralado.
Le quedaban dos opciones; una; enfrentar a Árles en combate (cosa que no se atrevía a hacer) y sí perdía, confirmar ante la Orden completa que él y su maestro habían intentado asesinar al Patriarca, o dos; obedecer y arriesgarse a morir debido a una gran dosis de extracto de anapelo. Sin embargo sí ingería el veneno y sobrevivía, podría ganar algo de tiempo para probar la inocencia de Amadeo.
Suspiró resignado.
Decidido, tomó el frasco que le daba Árles y cerrando los ojos bebió lo que quedaba en la botella, más de la mitad del contenido original, una dosis suficiente para matar a varios hombres.
-Bien mi querido muchacho, ahora duerme, que Amadeo pronto se unirá contigo...-le susurró Arles al oído, mientras veía al chico comenzar a manifestar los síntomas de la intoxicación delante suyo.
El caballero de piscis sintió de pronto el corazón acelerarse, la piel se empapó en sudor y por más que trató de pedir ayuda, la voz no le salía.
Poco a poco sus ojos perdieron la luz y su alma la esperanza de salvar a su querido maestro.
Aphrodite, había elegido la opción incorrecta...
¿Que cuándo fue que escuchó aquella molesta voz en su cabeza por primera vez?
Saga no podía recordarlo.
Al principio, cada vez que se iba y volvía a ser él, caía en un sueño inquieto del cual se despertaba agotado. Conforme pasó el tiempo esos lapsus se hicieron menos distanciados y más prolongados. Al principio pensaba que estaba desarrollando algún tipo de esquizofrenia*, sabía que una enfermedad mental como esa, lo haría perder automáticamente su derecho al Patriarcado, por eso prefirió callar y ni siquiera le contó a Kanon. Como en muchas otras ocasiones en su corta vida, prefirió guardar las apariencias y fue por eso que ni su padre, ni su hermano fueron capaces de adivinar su situación como para haber intervenido a tiempo.
Para ese entonces, siempre había sido el apoyo emocional de sus hermanos, el brazo derecho de su padre, el ejemplo a seguir de sus compañeros de armas, él era el hombre fuerte del Santuario y el mejor candidato a ocupar la silla del Patriarca. Saga era un estratega natural y los demás seguían sus ideas sin chistar, sumado a eso, era el ídolo de los niños dorados y uno de los mejores y más fuertes guerreros en la Orden, no había forma de que alguien lo superara en cualidades.
De entre los niños más pequeños, uno había sido arrebatado del manto protector del Patriarca y fue agredido de forma brutal por dos caballeros de plata. Kristern necesitó más de dos meses en cuidados especiales en el sanatorio y otros cuantos en casa para salir adelante con sus heridas. Saga se había visto muy atribulado por toda la situación y se involucró activamente en los cuidados que requería el niño durante todas las etapas de su larga convalecencia, por eso, una vez que el pequeño mejoró lo suficiente como para levantarse de la cama, el caballero géminis, asumió gustoso la responsabilidad de entrenarlo en combate, ya que Amadeo de Piscis no podía hacerlo, debido a sus problemas de salud.
Todo lo anterior, había vuelto a Saga sobreprotector y al niño sueco completamente dependiente de esa protección y cariño que él le brindaba.
Cuánto extrañó el pequeño al caballero géminis cuando se fue del Santuario rumbo a Greoenlandia. Nunca más lo había vuelto a ver. Saga también le echaba mucho de menos.
Arles lo sabía, conocía el corazón de Saga a la perfección.
La situación le era muy provechosa...podría usarla a su favor.
Y de qué forma...
Jamil, frontera entre China y la India
Para esa hora de la tarde, un hombre rubio de bellas facciones y porte pausado, pero elegante, se encontraba sirviendo la cena, la cual consistía en sopa de fideos de arroz aromatizada con zacate de limón, verduras salteadas y barfi con pistachios de postre.
-Espero te guste la cena, Mu -le dijo el virginiano de forma paternal a su amigo, al quien había ayudado a sentarse en la mesa, ya que después de ocho días de reposo, el lemuriano se negaba rotundamente a seguir en cama.
-Valla... -contestó Mu, mirando de forma traviesa a Shaka mientras probaba la sopa- al fin aprendiste a cocinar...
-Mmmmm...deliciosa...gracias! -decía Kiki feliz- ¡buen provecho!
-Me alegra que les guste a ambos, y caballero Aries...siempre he sabido cocinar bien -contestó el virginiano con una mueca de falso enojo, mientras degustaba la cena.
-Eso no es cierto...recuerdo aquello que preparabas y que decías era...
-Crema de hongos -contestó Shaka riendo- sí, lo recuerdo...no sabía tan mal...
-Pregúntale a Milo o a Camus...
-No es necesario burlarse...
La cena continuó con intercambio de frases y risas entre los mayores, que dejaba entrever que ambos caballeros compartieron mucho en épocas más felices. Por su parte Kiki disfrutaba la comida y la conversación, eso hasta que su maestro se dirigió hacia él.
-Kiki...recuerda lo que ibas a decirle al señor Shaka...
El pequeño lemuriano, dejó de degustar la sopa y bajó la mirada apenado, pero ante la expresión tan seria del caballero de Virgo, se recompuso de repente y con una gran sonrisa dijo para sorpresa de los dorados:
-La comida que usted hace es muuuuy rica...prepara el mejor barfi que he probado...
El niño usaba su encantadora sonrisa y su miradita inocente para salir avante de la situación, sin tener que confesar toda la verdad al rubio, quien todavía le provocaba escalofríos con su presencia.
-Kiki...-dijo Mu alargando la palabra.
-Pero maestro…le hizo daño…
-Kiki, Shaka es un caballero dorado, tienes que respetarlo porque es tu superior. Las razones de su proceder las discuto yo con él...de acuerdo?
-Sí, maestro...
-¿Y bien? -decía el virgo al ver que el niño iba a posponer de nuevo la conversación- ¿qué ibas a decirme?
-Bueno...yo...la verdad...es que me abusé un poquito de la situación...-dijo el niño mientras juntaba sus deditos índice y pulgar y entrecerraba los ojos.
-Estás seguro que solo un poquito Kiki? -insistió Mu.
-Realmente...exageré algunas cosas...
-Ah si? -preguntó el rubio con una ceja enarcada.
-Bueno…nosotros...bueno...mi maestro y yo...no hacemos limpieza profunda de la torre todos los días. De hecho mi maestro dice que prefiere no limpiar el taller del todo porque en su desorden encuentra lo que necesita...
-KIKI! -dijo Mu apenado- podrías obviar esos detalles que no vienen al caso...
-Está bien…maestro… -dijo bajando la cabeza- tampoco tomo biberón cada tres horas... bueno... no tomo biberón desde los dos años y no necesito historias para comer… pero para dormir sí...la de Rahvanna estaba muy buena, no me molestaría que me la contara de nuevo...
-Kiki...
-Y quizá tampoco mi maestro me prepara golosinas todos los días porque dice que me pongo hi-per-ti-tá-nico...
-Hiperquinético...corrigió Shaka muy serio.
-Si, eso...y además a las cabras no hay que pedirles la leche en chino para que se dejen ordeñar...aunque mi maestro me dijo que como cocinaba tan rico, lo dejáramos encargarse unos días más...
-KIKI!
-De eso ultimo, me di cuenta desde el primer momento -dijo el rubio y siguió la conversación mentalmente con Mu.
-Dime algo Mu, por qué si sabías que Kiki, estaba por así decirlo… abusando de mi remordimiento, no le llamaste la atención, sino que te aliaste con él, han pasado ya ocho días!
-¿Te lo digo sinceramente?
-Por favor.
-Pensé en hacerlo, cuando lo supe, pero después te dejé expiar tus culpas, la verdad te lo merecías...y cocinas muy bien...
-Mientras tanto, tú disfrutabas cuando hacía de mucama.
-Tal vez...la verdad si...insisto...cocinas muy bien.
-Pues que bueno que te divertiste con esto...y que te gusta mi comida.
Mu se echó una risilla y siguió la "conversación"
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-Dime...
-Tenías órdenes de matarme si no aceptaba la misiva de Arles, me tenías en tus manos y no lo hiciste, más bien me has ayudado, se puede saber por qué.
-Desde el principio no quería matarte, pero eres testarudo... para mi eres especial, eres mi hermano...
-No te has acercado mucho por aquí a visitarme y ahora que por fin vienes, estuviste a punto de asesinarme ..."hermano"...
-Por ahora come, no es el momento, ni el lugar.
-Está bien, puedo esperar...pero esta conversación no se ha terminado.
-Si...papá.
Casa de Piscis
-¡PEZ!...¿estás por allí?
MM había sentido claramente el cosmo de su amigo un poco perturbado...y luego no lo sintió más, así que sin perder tiempo se dirigió a la doceava casa para corroborar que todo estuviera bien con él. De inmediato se adentró a los aposentos privados, allí encontró al guardián de la casa, estaba inconsciente sobre la alfombra al pie de la cama, pálido como la muerte, respirando con dificultad y con los labios de un alarmante tono azulado, aún llevaba la armadura puesta y en su mano derecha tenía la pequeña botella de vidrio que contenía el extracto del anapelo. Aquella que en algún momento Saga pretendía utilizar en él mismo -diablos- se dijo el de la cuarta casa, mientras lo revisaba.
-¡Afro! ¡Afro! -llamó mientras lo sacudía bruscamente de las hombreras- vamos no puede ser que hayas cometido una estupidez tan mayúscula...¿porqué no me dijiste lo que querías hacer grandísimo idiota?
Rápidamente envolvió al joven en su propia capa para no tocarlo y lo colocó en la cama, el muchacho decía algunas frases ininteligibles en una mezcla entre sueco, danés y alemán, un siseo leve se escuchaba salir de su garganta y el sudor mojaba su frente y cabello. El italiano se colocó los guantes para secarle la frente empapada, si Aphrodite había tomado el contenido de esa botella, no podría hacer mucho más que ponerlo cómodo y sentarse a esperar para que mejorara su condición. Un caballero piscis creaba inmunidad a los venenos naturales, sometiéndose él mismo a los efectos de estas sustancias, sin embargo, siempre lo hacía de forma controlada y esta vez parecía que Aphrodite había abusado de la dosis, MM nunca lo había visto tan decaído.
-Pensándolo bien -se dijo el cáncer- voy a buscar a alguien que sepa de esto...
Y con todo el pesar de irse con su amigo en un estado tan delicado, corrió al pueblo, a una pequeña cabaña donde habitaba el otrohora caballero de Piscis.
Se sentía muy débil, estaba sumido en un sueño inquieto y a pesar de que escuchaba voces a su alrededor, por más que luchaba no lograba despertar.
Estaba delirando...
Sus sueños sin coherencia lo llevaron a recordar la prueba final para ganar la armadura de Piscis.
Su maestro subía con él de la mano la escalinata hasta el Templo Principal, al lado de ambos iban también Lucca de Acuario y Régulus de Cáncer**, ambos harían de testigos. Él llevaba puesta la túnica larga en blanco inmaculado, con mangas tan holgadas que apenas dejaban entrever las puntas de sus pequeños dedos traviesos y de esclavina lo suficientemente alta como para taparle la nuca y el cuello, de esta forma era imposible disimular algún derrame de la sangre, si quería pasar la prueba tenía que tomarla toda, hasta la última gota.
La túnica, confeccionada para un muchacho mayor, le quedaba muy larga, por lo que Lucca lo cargó en brazos para que no se tropezara y tuviera un accidente en la escalinata o que ensuciara la delicada prenda.
-Le queda demasiado grande Amadeo -comentó el acuariano.
-Por supuesto que le queda grande, debería hacer la prueba al cumplir doce años, no nueve -le contestó Amadeo sin disimular su molestia.
-Ya ordenó a Angello ¿se habían enterado? -intervino Régulus- él me escribió para que enviara a ese diablo al Yomotsu para ver si lograba escapar por sí mismo y como hierba mala nunca muere, salió como si nada... carcajeándose como un maniático…
Lucca y Amadeo se vieron con una mueca mezcla de asombro y diversión.
-Al menos a Angello le faltaba solamente un año para terminar el entrenamiento, Kristern está demasiado pequeño aún, me parece que esto es darle mucho poder a un niño –contestó el pisciano.
Él niño escuchaba nervioso la conversación entre los mayores, mientras era cargado por el maestro de Acuario. Horas antes su pequeño cuerpo había sido purificado y relajado con baños de flores de sándalo y su cabello suelto y bien peinado se había perfumado con una corona redonda de rosas blancas que llevaba puesta.
Momentos después estaba hincado frente al trono del Patriarca muy nervioso, sabía que tenía altas probabilidades de morir, le faltaba la mitad de su entrenamiento, se sentía para nada seguro con esto, sin embargo, la respingada figura de su maestro a su lado, le inspiraba confianza.
Mientras la sacerdotisa sacaba del columbario la botella de vidrio con la sangre de Amadeo, Arles leía las palabras correspondientes al rito, los dos antiguos caballeros dorados, Régulus de Cáncer y Lucca de Acuario, se colocaron al lado del aprendiz para fiscalizar que el ritual se llevara a cabo tal y como dictaba el protocolo de la doceava casa.
-Kristern, ¿De acuerdo al ritual de ordenamiento de la casa de Piscis, aceptas beber la sangre de tu maestro, aún a riesgo de tu muerte, para convertirte en el doceavo caballero dorado, tal y como han predicho las estrellas de tu constelación guardiana?
-Acepto, su Santidad
-¿Darás vida a tu jardín de rosas diabólicas por medio de tu cosmo para proteger la entrada al Templo Principal aún a costa de tu propia vida?
-Sí, su Santidad
-Conociendo que el contacto físico contigo será letal desde hoy, dedicarás tu vida a ser caballero Piscis a partir de ahora y hasta que completes el ciclo del eterno retorno y tu cuerpo se vuelva uno con el abedul sagrado, tal como lo han hecho tus ancestros?
-…sí,…su Santidad –el futuro caballerito fue bajando la voz, esta respuesta ya no la contestó tan seguro como las demás.
Arles enrolló el antiguo pergamino.
Si pasaba la prueba, la armadura lo aceptaría y a partir de ahora el Patriarca en persona cortaría con una daga de oro su muñeca cada dos años, para llenar una nueva botella de vidrio con su sangre y resguardarla en un columborio en el santuario; esto para que su sucesor la bebiera, garantizando así que conforme pasaban las generaciones, el siguiente caballero piscis iba a ser ligeramente más tóxico que el anterior.
-Sabes que si desobedeces al Patriarca, desobedecerás a la diosa Atena.
-Sí, su Santidad
-¿Obedecerás siempre al Patriarca?
-Siempre, señor…
Norte de Yacutia, Siberia
-¡SORPRESA! -Milo había abierto la puerta de la acogedora cabaña en la que habitaban el caballero de los hielos y sus dos jóvenes aprendices, al entrar se dio cuenta de que ninguno de los tres estaba en casa, sin embargo, cuando puso atención escuchó claramente la voz de su mejor amigo reprendiendo a los niños en ruso.
Tratando de no delatar su presencia, puso el equipaje a un lado y caminó sigiloso por fuera de la casa hasta llegar a un enorme claro, donde los discípulos trataban de lograr la técnica del polvo de diamante. Isaack estaba bañado en escarcha, mientras Hyoga tenía un pie congelado y daba brinquitos tratando de calentarse. La mirada gélida de Camus, lo decía todo: en qué momento acepté a este par de inútiles como aprendices...
Sin decir nada, el mayor giró sobre sus pies y se dispuso a irse, cuando topó de frente con la encantadora sonrisa del caballero de escorpión.
-Milo? -dijo el francés viendo a su amigo con sorpresa- de...verdad eres... -sin esperar mucho más apuró el paso y tras asegurarse que sus pupilos no lo observaban, se acercó al octavo caballero y le dio un gran abrazo- amigo, estás bien...
-Pues si, estoy bien, bello y sanito, porqué ese interés repentino en mi salud? -contestó el escorpión riendo.
-Siempre te he querido como mi hermano, además hace unos días pues...sentí lo que pasó con Mu y pensé que podrías estar en peligro.
-¿En peligro yo?, no Cami, yo estoy del lado correcto...no tienes por qué preocuparte!
-Tenemos mucho de que hablar...vamos adentro...
-Y tus...aprendices?
-Bah, se pasarán el resto del día congelándose entre ellos, así es desde que tratan de aprender el polvo de diamante, aún no entienden lo que significa ser un caballero de los hielos...son un caso perdido...
-Bueno...si tú dices
-Tengo una botella de Merlot esperando y prepararé soupe à l'oignon para ti.
-Me encanta esa idea.
-Estoy feliz de que estés aquí amigo -dijo Camus pasando su brazo sobre los hombros de Milo.
-Por qué estas tan cariñoso?
-Porque estoy cansado de convivir solo con niños...
Jamil, frontera entre China y la India
Shaka era paciente, demasiado paciente, sin decir nada, se había encargado de limpiar de forma minuciosa el desordenado taller de Mu, había catalogado herramientas, recogido sobrantes de polvo de estrellas y empacado algunas armaduras de plata en sus respectivas urnas. Algo le había llamado poderosamente la atención de ese aposento y era que en una esquina, había apilados varios moldes, no sabía cuál era el material del que estaban hechos, pero suponía que tenía que ser una especie de resina.
No conocía muy bien los detalles de todas las armaduras doradas, su vista no era muy buena, pero sí podía decir a cuál de ellas pertenecían los negativos...todos y cada formaban parte del ropaje sagrado de géminis.
El caballero de Virgo no era curioso, ni acostumbraba a meterse en asuntos que no fueran de su incumbencia, sin embargo el hecho de que Mu estuviera trabajando en la reproducción de una armadura dorada, que por lo demás no le pertenecía, le preocupaba, sobre todo si Arles se daba cuenta...así que esperaría el lugar y momento oportunos para hablar con él acerca de ese tema, de todos modos, pensaba quedarse a cuidar de su amigo (y por ende de Kiki) hasta que el lemuriano estuviera completamente recuperado.
Esa mañana, Mu le había pedido a Shaka que lo ayudara a levantarse para salir a caminar un poco por la pradera para respirar algo de aire fresco y recuperar energía.
Ambos tenían mucho de qué hablar y al parecer ninguno hacía por donde comenzar la conversación, así que la mayor parte de la caminata se llevó a cabo en medio de un silencio incómodo.
-¿Qué es lo que me quieres decir Shaka?
Shaka observó a Mu con una mirada divertida, nunca había logrado guardarle un secreto a su amigo.
-Necesito...de verdad...que me perdones...
-Déjalo Shaka, solo espero que tus cuidados no obedezcan solo al remordimiento de conciencia, sino que sea porque de verdad me aprecias...
-Mu...yo...te extrañé mucho.
-La verdad yo también Shaka... éramos muy unidos de niños, para mí fue muy difícil quedarme solo en este lugar...recuerdas cuando yo leía una fábula, mientras tú creabas con tu cosmo las figuras de los personajes?
-Sí -contestó el virginiano creando con su cosmo la hermosa figura de un venado- todavía lo hago, pero sin tu narración es aburrido... tienes toda la razón de estar molesto conmigo, entiende que trataba de cumplir mi deber.
-Tenemos que hablar largo y tendido acerca de lo que motiva tu sentido del deber amigo.
Shaka guardó silencio, seguía jugando con su venado dorado en el aire.
-Has afinado mucho los detalles de la figura...tienes talento -observó el lemuriano riendo.
-Gracias.
-Y qué es lo que tanto quieres preguntarme?
El virginiano deshizo el venado y se volvió a mirar a Mu a los ojos.
-Tengo que ser muy directo Mu...
-Te escucho.
-¿Por qué estás haciendo una reproducción de la armadura de géminis? Necesito saberlo, si voy a defenderte delante de Arles no tienen que haber secretos entre nosotros.
-Piensas defenderme ante tu Patriarca?
-Si.
-Bueno, es tu decisión.
El lemuriano se adelantó dándole la espalda al rubio que lo seguía con aquella hermosa mirada.
-Estoy cumpliendo una promesa Shaka y no sé si lo entenderías...
-¿Una promesa? ¿Para quién Mu? Dime que no es algo que tenga que ver con una insurrección o cosa por el estilo.
-No.
-¿Entonces?
-Le prometí a mi hermano que haría una armadura para él.
-Saga tiene una armadura.
-Saga no, amigo. Es una promesa para Kanon.
-¿Kanon? ¿Quién es Kanon?, Mu
-Kanon es mi otro hermano mayor, el gemelo de Saga.
Casa de Piscis
El segundo acto de "Carmen" se escuchaba al fondo.
-Bienvenido a la casa de Piscis, Arles, ¿en qué puedo servirte?
Amadeo de Piscis se había colocado detrás de la figura envuelta en una túnica blanca, la cual se dirigía de forma sigilosa a los aposentos privados del doceavo templo. El pisciano era difícil de distinguir, ya que en medio de la penumbra su espigada silueta, se confundía fácilmente entre las formas del jardín interno de la casa.
-¿Cómo está Aphrodite? –contestó el Patriarca viendo al rubio por encima del hombro, tratando de disimular su sorpresa ante la presencia del mayor de los caballeros Piscis, su voz era ronca, pero con un extraño tono amable.
-Recuperándose…-contestó cortante Amadeo- cuando llegué estaba inconciente…Angello me dijo que se había bebido el contenido de esta botella: escencia de anapelo.
-¿Saldrá con vida de esto? Kristern se pondrá bien?
Si no lo conociera, Amadeo podría asegurar que Arles estaba preocupado. Decidió acercarse al hombre que estaba frente a él con la cabeza ladeada, esa voz la conocía, no la escuchaba desde hace muchos años.
-¿Saga? ¿Eres tú?...
-…Ma..maestro…
Amadeo se respingó hacia atrás, estaba impresionado, pensaba que su alumno de lenguas había huido del Santuario, al llegar Arles al poder. El hombre, cuya figura correspondía al Patriarca, se volvió hacia el bello caballero de piscis y se despojó del yelmo y la máscara.
-Maestro…por favor…necesito… que… que me ayude –su exaprendiz ya no era el jovencito serio que había conocido, era un hombre alto y de hombros anchos, con mucho sufrimiento en su hermoso rostro. Recordaba aquel cabello azul rebelde y esos ojos verdes tan profundos que siempre parecían interrogar al que los miraba directamente.
…por favor…maestro Amadeo -dijo con lágrimas en los ojos y con un hilo de voz.
-¡Saga! –cuando el rubio se acercó para tratar de ayudarle, el muchacho cayó al suelo hincado agarrándose la cabeza con ambas manos como si quisiera arrancarse el cabello. Amadeo dio un paso atrás, el antes cabello azul se había vuelto gris, casi blanco y aquellos ojos esmeralda habían pasado a ser del color de la sangre.
-Pe…pero ¿qué eres?
Arles se carcajeó…
-Soy la decadencia de la Orden de Atena…
Norte de Yacutia, Siberia
-Como siempre, Cami, la sopa de cebolla que preparas es la mejor!
Ambos amigos se encontraban tirados en sendos sillones frente al delicioso fuego de la chimenea. Disfrutaban del sabor del Merlot, dispuestos a continuar con las muchas conversaciones que habían dejado pendientes desde la última vez que se vieron.
-¿Puedo preguntar a qué te referías con eso de que estás del lado correcto, Milo?
-Claro Cami, estoy del lado de Arles, eso es todo...
-...¿Cómo sabes que es el lado correcto?
-Cami...no me digas que has estado comunicándote con el viejo Dhonko o con el gato...
-Hasta hace cinco años Dhonko era el antiguo y sabio maestro y "el gato" era uno de tus mejores amigos. Cuéntame Milo... ¿qué ha cambiado?
-Todos hemos cambiado, amigo. No quiero que te preocupes... de verdad, Arles tiene un manejo excelente de la Orden.
-He escuchado otras caras de la moneda...
-No seas paranoico...todo está bien. Deberías ser más amable con él.
-Amable...con Arles?
-Sí.
-No discutiré de nuevo eso contigo Milo. Tu concepto de amabilidad está muy ligado al de sumisión absoluta.
-No exageres...
El acuariano suspiró y tiró la cabeza hacia atrás. Camus sabía que hablar del asunto con su amigo era un caso perdido, sin embargo volvería al tema de forma recurrente hasta lograr saber qué estaba pasando.
-Ah Cami, por cierto...Shaka te envió algo.
Intrigado, Camus observó a Milo revolver su equipaje, hasta que encontró el paquete que le había entregado el virginiano como encargo para el de los hielos.
-Shaka enviándome algo...
-Pues si.
Camus recibió el paquete y lo abrió de forma pausada, mientras Milo husmeaba curioso lo que hacía su amigo. Hábilmente el onceavo caballero revisó el contenido sin abrir del todo la envoltura y lo cerró de nuevo.
-¿Y bien?
-Es solo te.
-TE! Tuve que pagar sobrepeso de equipaje por un sobre con te!
Camus hizo caso omiso al reclamo de su amigo. De inmediato se levantó y se dispuso a guardar el paquete en la alacena, ante la mirada asombrada del escorpión.
-Gracias por traerlo.
-Pe...pero...
-...no sabes cuánto te lo agradezco, Milo -pensó el acuariano.
Casa de Piscis
-¿Qué demonios dices?
El hombre con el que hablaba ya no era Saga.
-Todo indica que es un intento de suicidio. Tú, mejor que nadie sabe que arrastra…algunos problemas de niñez…lamento que no haya podido sobrellevarlos, un caballero dorado debe tener la fortaleza mental para superar…ese tipo de situaciones –dijo aquel hombre, cuyos gestos correspondían a Arles.
-SUICIDIO!
-Sí.
-Tomas a Kristern por tonto –en la voz del pisiciano se podía distinguir la ira, tras salir de la impresión del cambio en el Patriarca- un caballero Piscis no se hace a la ligera, las pruebas por las que pasa implican un control total de su fisiología. El niño debería ser capaz de soportar los efectos de cualquier veneno natural, por ende ingerir el estracto de una flor, no es precisamente el camino más lógico para suicidarse -y terminó con evidente ironía- ¿será que el Patriarca no está bien enterado de los poderes y las limitaciones de los caballeros dorados?
-No me hables así Amadeo…sabes que los conozco mejor que nadie, son mis caballeros, mi Orden Dorada.
-Es la Orden Dorada de Atena...
-Yo la represento, así que el que se ponga en mi contra o intente hacerme daño, lo está haciendo contra ella y eso tú lo sabes mejor que nadie. Sabes que por tu constante desobediencia, se te busca por alta traición.
-Sí lo sé, los muros de este santuario no hablan…gritan sobre tus injusticias, para mi este ciclo se ha cerrado, mi sucesor está listo, no me da miedo enfrentarme a la muerte y mucho menos si viene por tu mano, ahora si quieres matarme hazlo, pero libera a Saga y devuélvenos a Atena.
-De qué diablos hablas, Amadeo… -la voz de Arles se había convertido en un siseo y rápidamente se volvió hasta el caballero encendiendo su cosmo furioso.
Al observar la energía que emanaba del patriarca, Amadeo bajó la mirada lleno de tristeza…
-Puedes anular a Saga por completo…-murmuró- ¿desde cuándo comenzó todo esto? Dime que no obligaste al muchacho a terminar con la vida de Shion y de Kanon!
Arles contestó con una carcajada.
-¿Cómo pudiste…maldito engendro?
-Como pueden salir palabras tan soeces de un hombre así de bello como tú, Amadeo…
-Puedo decir cosas mucho peores…no me tientes Arles…
Amadeo había tenido una lesión lumbar que lo dejó renqueando para el resto de su vida, por ello usaba bastón desde los veinticinco años, sin embargo no había perdido la elegancia, ni la belleza, ni la letalidad. Su cabello liso y rubio caía hasta media espalda y siempre lo llevaba atado en una coleta a la altura de la nuca. A los cincuenta y dos años, sus hermosos rasgos se mantenía como los de un joven de veinte, la única señal de su madurez era un mechón de cabello blanco en la frente.
-Ya veo de quién sacó Aphrodite su agridulce sentido del humor…-contestó Arles sin dejar de carcajearse, mientras miraba al pisciano de arriba a abajo.
-Pelea, cobarde… -contestó Amadeó penetrando a Arles con sus expresivos ojos color miel.
-¿Qué estás diciendo anciano?
-Si yo gano dejas libre a Saga…
Amadeo levantó su brazo derecho y la armadura de piscis se armó en su cuerpo. Arles se puso a la defensiva, todo sucedió demasiado rápido, el pisciano se desmaterializó en una lluvia de pétalos de rosa que atacó a su oponente como un torbellino de cuchillas, abriéndole pequeñas y dolorosas heridas en su cuerpo y convirtiendo la inmaculada túnica blanca en girones. Con una agilidad asombrosa, se materializó frente al Patriarca y le asestó un golpe en las costillas que hizo que el hueso abriera la carne al romperse. Sin embargo Arles era tan rápido como él y lo tomó del cuello para voltearlo de espaldas y con lo que le quedaba de fuerzas lo golpeó con su cosmo a la altura de la cintura.
Ambos guerreros cayeron al suelo jadeando y sosteniendo las heridas propinadas por el otro, mientras se miraban con furia. No podían ponerse de pie, el pisciano había recibido un golpe exactamente donde hacía veintisiete años otro ataque casi lo dejó paralítico y Arles sangraba de forma abundante desde el costado izquierdo y por las múltiples heridas del cuerpo.
-Ma...maestro -el cabello de Arles se había vuelto azul, la mirada era verde de nuevo, aquel tan querido muchacho, hijo de uno de sus mejores amigos, era quien estaba postrado jadeando frente a él- Amadeo...yo...él se va a vengar por esto...señor...lo...lo..siento mucho -terminó con lágrimas en los ojos.
-Que lo haga mi querido Saga… no le temo a la muerte
Continuará…
Les dejo con esta entrega un poquito larga, espero la disfruten, un abrazo a loboluna y princessvirgo que siempre me hacen porras
*La ezquizofrenia es una enfermedad mental en la que uno de los síntomas es que el enfermo ve o escucha, o ambos a personas que no existen.
**Estos muchachotes son de mi invención, no los van a encontrar en una wiki.
