CAPITULO 8: EL SACRIFICIO DE CASSANDRA
La madre de Electra estaba muy preocupada, buscando a su esposo por toda la casa, sin éxito. Tampoco encontró a sus hijos.
-¡Electra! ¡Orestes!-
Orestes llegó corriendo hacia su madre unos instantes después.
-Orestes- dijo la mujer- ¿dónde está tu hermana?-
-Madre- dijo Orestes- Electra desapareció...-
-¿Qué dices?-
-Así fue- dijo Orestes- y creo que sé donde está. Pero no te preocupes, yo iré por ella...-
La mujer entendió las palabras de su hijo.
-Está bien- dijo ella- ve y ten cuidado...-
Orestes se inclinó y se fue. Mientras caminaba, formulaba un plan.
-Tengo que llegar al Circeo antes de que algo malo les suceda...-
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-¿Podemos ir?-
-Por supuesto- dijo Saori- es más, estoy tentada a ir yo misma a castigar a esa maldita bruja de...-
Saori estaba indignada cuando Shaka le contó lo que había sucedido.
-No, Saori- dijo Seiya- deja que nosotros nos encarguemos de esto...-
-¿Ustedes?- preguntó Milo.
-¿Qué hay de malo?- preguntó Hyoga.
-Que ustedes tienen que quedarse a proteger a Saori- dijo Camus fríamente.
-Cierto- dijo Shaka- porque en total seis caballeros dorados estaremos fuera...-contó con los dedos- Saga, Milo, Aioros, Camus y yo...-
-Y no olviden que Mu tampoco está- agregó Milo.
-¿Y ellas irán con ustedes?- preguntó Saori. Shaka asintió.
-Sin ellas, no podremos utilizar nuestros poderes dentro del Circeo- dijo el caballero de Virgo.
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Esa misma noche, un barco llegó a Ea, proveniente de la isla de Argos. Un hombre canoso desembarcó, seguido por cinco hechiceras que llevaban a otra. Después de caminar unos minutos, llegaron al Circeo. Al verlo, Cassandra sintió un escalofrío. Siempre había temido volver a ese sitio. Y sabía lo que le esperaba dentro.
Dócilmente, la joven se dejó conducir dentro. La llevaron a través del vestíbulo y el comedor. Luego, la hicieron subir por las escaleras prohibidas, y lo comprendió: iba hacia la habitación de su madre.
Yaria abrió la puerta y las otras hechiceras la introdujeron y la dejaron ahí. Yaria volvió a cerrar la puerta. Solo el hombre canoso se quedó también. Alguien encendió la luz.
-Bien, Cassandra- dijo una voz que ella conocía muy bien- cuanto tiempo sin verte...-
-Lo mismo digo- respondió ella, desafiante. En respuesta, Circe la golpeó en el rostro.
-No te pases de lista, niña- dijo Circe malhumorada- que ya no gozas de ningún privilegio en este sitio... Seguro te preguntarás- continuó- porque he mandado matar a tus amigas traidoras y a ti te quería con vida...- Cassandra asintió y Circe continuó- es fácil... una diosa requiere de ti...-
-¿Una diosa?- dijo Cassandra.
-Sí- dijo Circe- la diosa Afrodita te ha elegido para que tú seas su reencarnación-
-¿Afrodita?- dijo Cassandra- ¿la diosa que engañó a Apolo y a Calipso?-
-La misma- dijo Circe.
-¡No!¡No lo permitiré!- dijo una voz femenina desde la puerta. Era Electra.
-¿Tu?- dijo Circe- ¡Carlo, detenla!-
El hombre canoso obedeció y la atrapó por la espalda antes de que pudiera moverse.
-¡No!¡Suéltame, padre!- gritó Electra.
Cassandra dio un paso hacia ella, pero Circe la detuvo por la muñeca y sonrió cruelmente.
-No te esfuerces, Electra- dijo Circe- tu padre está doblemente hechizado por mí...-
-¿Qué dices?- preguntó Electra.
-Lo que escuchaste- dijo Circe- yo controlo su mente desde hace poco. Además, desde hace veinte años que controlo su corazón...-
-¡Maldita!- murmuró Electra.
-No te preocupes, Electra- dijo Circe- no mataré ni a tu padre ni a tu hermana. Ella solo me ayudará siendo la reencarnación de una diosa...-
-¿Qué?- dijo Cassandra- ¿quieres decir que... Electra es mi hermana? Imposible...-
-Te lo explicaré- dijo Circe- hace poco más de veinte años, como sabes, expulsamos a Marina por habernos traicionado. Hades me ordenó destruir a su hijo... a Mu. Como ella estaba en Jamiel, decidí que necesitaba un pretexto. Así se que me ocurrió- continuó- le pedí a Afrodita que hiciera que un joven marino se enamorara de mí cuando llegó a este sitio. Y unos meses después, obtuve lo que quería... naciste tú, Cassandra. Pero ese hombre tenía una esposa, que estaba esperando un bebé cuando sucedió todo eso. Ese hombre era Carlo, y su hija, Electra-
Los ojos de Electra se llenaron de lágrimas. Igual los de Cassandra. Mientras tanto, Circe estalló en una risa fría y cruel.
-Ahora, ya es tiempo de terminar con lo que empecé- dijo Circe- Carlo, llévate a Electra de aquí...-
-¡No!- gritó Electra, forcejeando mientras su padre se la llevaba. Cassandra no se movió. Era mejor que fuera así, para que Electra no saliera lastimada por su culpa.
-Ahora, Cassandra- dijo Circe- lo único que tienes que hacer ahora es cumplir con tu parte. Toma- le dijo entregándole una copa llena con un líquido color rojo sangre- bébelo todo...-
-¿Para qué es esto?- preguntó Cassandra, tomando la copa entre sus manos.
-Es lo necesario- dijo Circe- para que Afrodita pueda entrar a tu cuerpo...-
Cassandra frunció el entrecejo.
-¿Y si me niego a tomarlo?-dijo Cassandra, dejando la copa en una mesa.
-Te arrepentirías...- dijo Circe, sin dejar de sonreír.
-¿Y eso porqué?- preguntó Cassandra.
-¿Recuerdas la vez que escapaste de... cierta casa en Grecia y... corriste hacia el Santuario?- Cassandra asintió, y Circe continuó- pero no ibas sola, porque llevabas a alguien contigo, ¿o me equivoco?-
Cassandra negó. Recordaba muy bien la noche que había salvado al hijo de su amiga Tamara y corrió hacia el Santuario para entregarlo a Shaka, porque Circe quería asesinarlo.
-Y bien- dijo Circe, haciendo sonar los dedos. Yazmín entró, arrastrando a Tai, sujetándolo fuertemente por las muñecas.
-¡Tai!- dijo Cassandra, y Circe rompió a reír a carcajadas. Yazmín también rió y apretó las muñecas de Tai, haciéndolo gritar de dolor-¡basta! ¡déjenlo!-
-¿Dónde están tus modales, Cassandra?- dijo Circe- las cosas se piden por favor...-
-Por favor, Circe- dijo Cassandra- por favor, déjalo ir...-
-No es suficiente- dijo Circe cruelmente- no dijiste 'te lo suplico'...-
-Por favor- dijo Cassandra- te lo suplico...-
-Bien- dijo Circe-entonces, tienes una oportunidad de salvar al pequeño... si bebes eso- dijo señalando la copa que Cassandra había dejado sobre la mesa. Con una mirada triste, se volvió hacia su madre.
-Si lo hago- dijo Cassandra- ¿prometes dejarlo ir sin dañarlo?-
-Claro- dijo Circe.
-¡No!- gritó Tai, forcejeando- ¡ya sabes como es mala!¡no va a cumplir su promesa!¡no lo hagas!-
-¡Cállate, niño!- dijo Yazmín.
-Sácalo de aquí- dijo Circe.
Cassandra sabía que Tai tenía razón, pero no tenía opción. Con las manos temblorosas, tomó la copa entre sus manos. Recordó lo que Apolo le había dicho: 'resiste hasta que llegue Mu'. Tal vez a eso se refería. Tenía que ser fuerte. Se llevó la copa a los labios, y bebió todo su contenido dando varios sorbos. El sabor era dulce. De pronto, empezó a temblar. La copa cayó al suelo y se quebró.
-Me...siento...mal...- murmuró, y cayó al suelo desmayada. Circe tocó su campanilla, y dos hechiceras entraron: eran Yaria y Yazmín. Esta última aún arrastraba al pequeño Tai.
-No tenemos mucho tiempo- dijo Circe, tomando al niño por la muñeca y obligándolo a subir- ayúdenme a llevarla al altar de Afrodita...-
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Mu apareció en la entrada del palacio de Circe. Vio a un hombre canoso, el mismo que se había llevado a Cassandra. Sacó a una chica y cerró la gran puerta principal. Mu se acercó a ella.
-¿Eres...una hechicera?- le preguntó. La chica negó- entonces, ¿qué haces aquí?-
-Vine a tratar de ayudar a...alguien...- respondió.
-Yo también- dijo Mu- busco a una chica llamada Cassandra-
-¿Tú eres Mu?- preguntó. Mu asintió sorprendido- ¡Cassandra está ahí dentro! ¡tienes que salvarla!-
-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó Mu.
-Cassandra me lo dijo- dijo la chica- me llamo Electra...- suspiró- pero no pude hacer nada... Circe quiere dar el cuerpo de Cassandra a Afrodita para que reencarne...-
-¿Qué dices?- preguntó Mu, mirando hacia la torre- Cassandra...-
-¡Mu!- una voz conocida gritó. Mu se volvió y vio un portal a otra dimensión. Era Saga.
-¡Saga!- exclamó- ¿qué...?-
-Venimos a ayudar a Cassandra, claro- dijo Milo- y al hijo de Shaka y Tamara-
-¿Tienen a Tai?-
-Y no pueden hacerlo sin nosotras- dijo Arilla. Mu sonrió.
-Lo recuerdo muy bien- dijo Mu- el encantamiento...-
-Bien, háganlo- dijo Shaka.
Iridia, Arilla, Cristaly, Tamara y Marpesa se unieron e hicieron el encantamiento capaz de permitir a los caballeros usar sus poderes dentro del Circeo.
-Ahora, sería mejor que volvieran al Santuario- dijo Saga- es muy peligroso-
-¿Bromeas?- dijo Cristaly- no creas que no me vengaré de esa vieja bruja personalmente...-
-Pero- dijo Milo- sus poderes se anularon al hacer ese encantamiento...-
-¿Y crees que no tenemos manos?- dijo Arilla- yo misma la voy a...-
-No hay tiempo que perder- dijo Mu- entremos...- Todos fueron teletransportados al interior del palacio.
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Ante la estatua de Afrodita, Circe ordenó a Yaria y Yazmín que colocaran a Cassandra sobre el altar. La chica estaba dormida, pero parecía tener una pesadilla, porque gemía y hacía gestos de dolor. Un aura color negro la rodeaba.
-¡Cassandra!- gritó Tai, forcejeando para librarse de la hechicera-¡déjala! ¿qué le has hecho?-
-Vigilen la entrada- dijo Circe cuando las dos hechiceras terminaron de acomodar a la chica.
-Señora- preguntó Yazmín- ¿qué haremos con el niño?-
-Mátenlo- dijo Circe, entregándoselo- pero afuera...-
Ambas obedecieron y salieron de ahí, cerrando la puerta tras ellas. Mientras bajaban hacia la habitación de Circe, iban hablando.
-Por fin- dijo Yaria- Cassandra dejará de existir...-
-Y nuestra señora obtendrá su venganza- dijo Yazmín.
-No lo creo- dijo una voz. Las dos hechiceras levantaron la vista. Los caballeros estaban ahí.
-Devuélveme a Tai- dijo Tamara entre dientes. Yazmín sonrió y apretó al niño con más fuerza.
-¿Y qué harás si me niego?- preguntó cruelmente. Sin embargo, no contaba con que Shaka estaba detrás de ella. Con un movimiento hábil, la obligó a soltar a Tai, quien corrió hacia Tamara.
-¡Mamá!- exclamó el pequeño.
-Ahora- dijo Mu- si aprecian en algo sus vidas, díganos donde está Cassandra-
-¡Nunca!- dijo Yaria, pero Yazmín rió con crueldad.
-¿Porqué no, Yaria?- dijo Yazmín- la pobre tonta ya está más muerta que viva...-
-¿Qué?- exclamó Mu.
-Que, dentro de unos minutos, Cassandra no existirá...- dijo Yazmín- se convertirá en la reencarnación de Afrodita...-
-¡Está allá arriba!- dijo Tai en voz alta- Circe la obligó a beber algo, y ahora tiene una luz negra alrededor...-
Las hechiceras se sorprendieron.
-¡No!- exclamó Iridia- no pudo hacerle eso...-
-Ella lo sabía- dijo Cristaly- ¿porqué lo bebió?-
-La muy tonta lo hizo para salvar a ese niño- dijo Yaria- pero de nada sirvió, porque aún así lo mataremos...-
-Eso está por verse- dijo Shaka- Mu, tú sube...-
-No podemos permitírtelo- dijo Yaria.
-No necesito tu permiso- dijo Mu, teletransportándose hábilmente detrás de ellas y subiendo las escaleras.
-Y nosotros- dijo Shaka frunciendo el entrecejo- les daremos a ustedes su lección-
Yaria silbó y, en ese momento aparecieron más de veinte hechiceras.
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CONTINUARA...
¿Lograrán Mu y los otros salvar a Cassandra? ¿llegarán demasiado tarde? Lean el próximo capítulo...
Abby L.
La madre de Electra estaba muy preocupada, buscando a su esposo por toda la casa, sin éxito. Tampoco encontró a sus hijos.
-¡Electra! ¡Orestes!-
Orestes llegó corriendo hacia su madre unos instantes después.
-Orestes- dijo la mujer- ¿dónde está tu hermana?-
-Madre- dijo Orestes- Electra desapareció...-
-¿Qué dices?-
-Así fue- dijo Orestes- y creo que sé donde está. Pero no te preocupes, yo iré por ella...-
La mujer entendió las palabras de su hijo.
-Está bien- dijo ella- ve y ten cuidado...-
Orestes se inclinó y se fue. Mientras caminaba, formulaba un plan.
-Tengo que llegar al Circeo antes de que algo malo les suceda...-
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-¿Podemos ir?-
-Por supuesto- dijo Saori- es más, estoy tentada a ir yo misma a castigar a esa maldita bruja de...-
Saori estaba indignada cuando Shaka le contó lo que había sucedido.
-No, Saori- dijo Seiya- deja que nosotros nos encarguemos de esto...-
-¿Ustedes?- preguntó Milo.
-¿Qué hay de malo?- preguntó Hyoga.
-Que ustedes tienen que quedarse a proteger a Saori- dijo Camus fríamente.
-Cierto- dijo Shaka- porque en total seis caballeros dorados estaremos fuera...-contó con los dedos- Saga, Milo, Aioros, Camus y yo...-
-Y no olviden que Mu tampoco está- agregó Milo.
-¿Y ellas irán con ustedes?- preguntó Saori. Shaka asintió.
-Sin ellas, no podremos utilizar nuestros poderes dentro del Circeo- dijo el caballero de Virgo.
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Esa misma noche, un barco llegó a Ea, proveniente de la isla de Argos. Un hombre canoso desembarcó, seguido por cinco hechiceras que llevaban a otra. Después de caminar unos minutos, llegaron al Circeo. Al verlo, Cassandra sintió un escalofrío. Siempre había temido volver a ese sitio. Y sabía lo que le esperaba dentro.
Dócilmente, la joven se dejó conducir dentro. La llevaron a través del vestíbulo y el comedor. Luego, la hicieron subir por las escaleras prohibidas, y lo comprendió: iba hacia la habitación de su madre.
Yaria abrió la puerta y las otras hechiceras la introdujeron y la dejaron ahí. Yaria volvió a cerrar la puerta. Solo el hombre canoso se quedó también. Alguien encendió la luz.
-Bien, Cassandra- dijo una voz que ella conocía muy bien- cuanto tiempo sin verte...-
-Lo mismo digo- respondió ella, desafiante. En respuesta, Circe la golpeó en el rostro.
-No te pases de lista, niña- dijo Circe malhumorada- que ya no gozas de ningún privilegio en este sitio... Seguro te preguntarás- continuó- porque he mandado matar a tus amigas traidoras y a ti te quería con vida...- Cassandra asintió y Circe continuó- es fácil... una diosa requiere de ti...-
-¿Una diosa?- dijo Cassandra.
-Sí- dijo Circe- la diosa Afrodita te ha elegido para que tú seas su reencarnación-
-¿Afrodita?- dijo Cassandra- ¿la diosa que engañó a Apolo y a Calipso?-
-La misma- dijo Circe.
-¡No!¡No lo permitiré!- dijo una voz femenina desde la puerta. Era Electra.
-¿Tu?- dijo Circe- ¡Carlo, detenla!-
El hombre canoso obedeció y la atrapó por la espalda antes de que pudiera moverse.
-¡No!¡Suéltame, padre!- gritó Electra.
Cassandra dio un paso hacia ella, pero Circe la detuvo por la muñeca y sonrió cruelmente.
-No te esfuerces, Electra- dijo Circe- tu padre está doblemente hechizado por mí...-
-¿Qué dices?- preguntó Electra.
-Lo que escuchaste- dijo Circe- yo controlo su mente desde hace poco. Además, desde hace veinte años que controlo su corazón...-
-¡Maldita!- murmuró Electra.
-No te preocupes, Electra- dijo Circe- no mataré ni a tu padre ni a tu hermana. Ella solo me ayudará siendo la reencarnación de una diosa...-
-¿Qué?- dijo Cassandra- ¿quieres decir que... Electra es mi hermana? Imposible...-
-Te lo explicaré- dijo Circe- hace poco más de veinte años, como sabes, expulsamos a Marina por habernos traicionado. Hades me ordenó destruir a su hijo... a Mu. Como ella estaba en Jamiel, decidí que necesitaba un pretexto. Así se que me ocurrió- continuó- le pedí a Afrodita que hiciera que un joven marino se enamorara de mí cuando llegó a este sitio. Y unos meses después, obtuve lo que quería... naciste tú, Cassandra. Pero ese hombre tenía una esposa, que estaba esperando un bebé cuando sucedió todo eso. Ese hombre era Carlo, y su hija, Electra-
Los ojos de Electra se llenaron de lágrimas. Igual los de Cassandra. Mientras tanto, Circe estalló en una risa fría y cruel.
-Ahora, ya es tiempo de terminar con lo que empecé- dijo Circe- Carlo, llévate a Electra de aquí...-
-¡No!- gritó Electra, forcejeando mientras su padre se la llevaba. Cassandra no se movió. Era mejor que fuera así, para que Electra no saliera lastimada por su culpa.
-Ahora, Cassandra- dijo Circe- lo único que tienes que hacer ahora es cumplir con tu parte. Toma- le dijo entregándole una copa llena con un líquido color rojo sangre- bébelo todo...-
-¿Para qué es esto?- preguntó Cassandra, tomando la copa entre sus manos.
-Es lo necesario- dijo Circe- para que Afrodita pueda entrar a tu cuerpo...-
Cassandra frunció el entrecejo.
-¿Y si me niego a tomarlo?-dijo Cassandra, dejando la copa en una mesa.
-Te arrepentirías...- dijo Circe, sin dejar de sonreír.
-¿Y eso porqué?- preguntó Cassandra.
-¿Recuerdas la vez que escapaste de... cierta casa en Grecia y... corriste hacia el Santuario?- Cassandra asintió, y Circe continuó- pero no ibas sola, porque llevabas a alguien contigo, ¿o me equivoco?-
Cassandra negó. Recordaba muy bien la noche que había salvado al hijo de su amiga Tamara y corrió hacia el Santuario para entregarlo a Shaka, porque Circe quería asesinarlo.
-Y bien- dijo Circe, haciendo sonar los dedos. Yazmín entró, arrastrando a Tai, sujetándolo fuertemente por las muñecas.
-¡Tai!- dijo Cassandra, y Circe rompió a reír a carcajadas. Yazmín también rió y apretó las muñecas de Tai, haciéndolo gritar de dolor-¡basta! ¡déjenlo!-
-¿Dónde están tus modales, Cassandra?- dijo Circe- las cosas se piden por favor...-
-Por favor, Circe- dijo Cassandra- por favor, déjalo ir...-
-No es suficiente- dijo Circe cruelmente- no dijiste 'te lo suplico'...-
-Por favor- dijo Cassandra- te lo suplico...-
-Bien- dijo Circe-entonces, tienes una oportunidad de salvar al pequeño... si bebes eso- dijo señalando la copa que Cassandra había dejado sobre la mesa. Con una mirada triste, se volvió hacia su madre.
-Si lo hago- dijo Cassandra- ¿prometes dejarlo ir sin dañarlo?-
-Claro- dijo Circe.
-¡No!- gritó Tai, forcejeando- ¡ya sabes como es mala!¡no va a cumplir su promesa!¡no lo hagas!-
-¡Cállate, niño!- dijo Yazmín.
-Sácalo de aquí- dijo Circe.
Cassandra sabía que Tai tenía razón, pero no tenía opción. Con las manos temblorosas, tomó la copa entre sus manos. Recordó lo que Apolo le había dicho: 'resiste hasta que llegue Mu'. Tal vez a eso se refería. Tenía que ser fuerte. Se llevó la copa a los labios, y bebió todo su contenido dando varios sorbos. El sabor era dulce. De pronto, empezó a temblar. La copa cayó al suelo y se quebró.
-Me...siento...mal...- murmuró, y cayó al suelo desmayada. Circe tocó su campanilla, y dos hechiceras entraron: eran Yaria y Yazmín. Esta última aún arrastraba al pequeño Tai.
-No tenemos mucho tiempo- dijo Circe, tomando al niño por la muñeca y obligándolo a subir- ayúdenme a llevarla al altar de Afrodita...-
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-¿Eres...una hechicera?- le preguntó. La chica negó- entonces, ¿qué haces aquí?-
-Vine a tratar de ayudar a...alguien...- respondió.
-Yo también- dijo Mu- busco a una chica llamada Cassandra-
-¿Tú eres Mu?- preguntó. Mu asintió sorprendido- ¡Cassandra está ahí dentro! ¡tienes que salvarla!-
-¿Cómo sabes mi nombre?- preguntó Mu.
-Cassandra me lo dijo- dijo la chica- me llamo Electra...- suspiró- pero no pude hacer nada... Circe quiere dar el cuerpo de Cassandra a Afrodita para que reencarne...-
-¿Qué dices?- preguntó Mu, mirando hacia la torre- Cassandra...-
-¡Mu!- una voz conocida gritó. Mu se volvió y vio un portal a otra dimensión. Era Saga.
-¡Saga!- exclamó- ¿qué...?-
-Venimos a ayudar a Cassandra, claro- dijo Milo- y al hijo de Shaka y Tamara-
-¿Tienen a Tai?-
-Y no pueden hacerlo sin nosotras- dijo Arilla. Mu sonrió.
-Lo recuerdo muy bien- dijo Mu- el encantamiento...-
-Bien, háganlo- dijo Shaka.
Iridia, Arilla, Cristaly, Tamara y Marpesa se unieron e hicieron el encantamiento capaz de permitir a los caballeros usar sus poderes dentro del Circeo.
-Ahora, sería mejor que volvieran al Santuario- dijo Saga- es muy peligroso-
-¿Bromeas?- dijo Cristaly- no creas que no me vengaré de esa vieja bruja personalmente...-
-Pero- dijo Milo- sus poderes se anularon al hacer ese encantamiento...-
-¿Y crees que no tenemos manos?- dijo Arilla- yo misma la voy a...-
-No hay tiempo que perder- dijo Mu- entremos...- Todos fueron teletransportados al interior del palacio.
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Ante la estatua de Afrodita, Circe ordenó a Yaria y Yazmín que colocaran a Cassandra sobre el altar. La chica estaba dormida, pero parecía tener una pesadilla, porque gemía y hacía gestos de dolor. Un aura color negro la rodeaba.
-¡Cassandra!- gritó Tai, forcejeando para librarse de la hechicera-¡déjala! ¿qué le has hecho?-
-Vigilen la entrada- dijo Circe cuando las dos hechiceras terminaron de acomodar a la chica.
-Señora- preguntó Yazmín- ¿qué haremos con el niño?-
-Mátenlo- dijo Circe, entregándoselo- pero afuera...-
Ambas obedecieron y salieron de ahí, cerrando la puerta tras ellas. Mientras bajaban hacia la habitación de Circe, iban hablando.
-Por fin- dijo Yaria- Cassandra dejará de existir...-
-Y nuestra señora obtendrá su venganza- dijo Yazmín.
-No lo creo- dijo una voz. Las dos hechiceras levantaron la vista. Los caballeros estaban ahí.
-Devuélveme a Tai- dijo Tamara entre dientes. Yazmín sonrió y apretó al niño con más fuerza.
-¿Y qué harás si me niego?- preguntó cruelmente. Sin embargo, no contaba con que Shaka estaba detrás de ella. Con un movimiento hábil, la obligó a soltar a Tai, quien corrió hacia Tamara.
-¡Mamá!- exclamó el pequeño.
-Ahora- dijo Mu- si aprecian en algo sus vidas, díganos donde está Cassandra-
-¡Nunca!- dijo Yaria, pero Yazmín rió con crueldad.
-¿Porqué no, Yaria?- dijo Yazmín- la pobre tonta ya está más muerta que viva...-
-¿Qué?- exclamó Mu.
-Que, dentro de unos minutos, Cassandra no existirá...- dijo Yazmín- se convertirá en la reencarnación de Afrodita...-
-¡Está allá arriba!- dijo Tai en voz alta- Circe la obligó a beber algo, y ahora tiene una luz negra alrededor...-
Las hechiceras se sorprendieron.
-¡No!- exclamó Iridia- no pudo hacerle eso...-
-Ella lo sabía- dijo Cristaly- ¿porqué lo bebió?-
-La muy tonta lo hizo para salvar a ese niño- dijo Yaria- pero de nada sirvió, porque aún así lo mataremos...-
-Eso está por verse- dijo Shaka- Mu, tú sube...-
-No podemos permitírtelo- dijo Yaria.
-No necesito tu permiso- dijo Mu, teletransportándose hábilmente detrás de ellas y subiendo las escaleras.
-Y nosotros- dijo Shaka frunciendo el entrecejo- les daremos a ustedes su lección-
Yaria silbó y, en ese momento aparecieron más de veinte hechiceras.
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CONTINUARA...
¿Lograrán Mu y los otros salvar a Cassandra? ¿llegarán demasiado tarde? Lean el próximo capítulo...
Abby L.
