Este capítulo estaba por ahí empolvándose. Les pido una sincera disculpa por estar tan alejada de mis fics. Prometo redimirme. Espero que les guste.
Gracias a todos por esperar, pasarse a leer y dejar sus comentarios. Le
Capítulo 8. Las 7 pócimas prohibidas.
Draco Malfoy jamás creyó en su corta vida que conocería lo que es amar más allá de tu voluntad, amor propio, fuerza humana o de hechicero. Llevaba de la mano a la mujer que amaba profundamente. El calor que emanaba su piel dorada era tan reconfortante y no tenía que ver con el sopor primaveral ni mucho menos con la "actividad" que habían tenido en la sala de los menesteres. Si no, era esa seguridad que le proporcionaba sentirse correspondido, apoyado, amado por igual. Esa sensación que no reconoció jamás en ninguna de sus otras parejas. Esos meses lejos de ella, tejieron hilos de inseguridad y dolor tan fieramente adheridos a cualquier sentimiento positivo que quisiera aflorar, sin permitirle siquiera abrir su corazón.
Pero tantos meses de tratar de negar lo evidente, de tratar de enterrar en lo profundo de su ser el amor que sentía por Hermione Granger. No pudo más. Todo el invierno había sido proferido por ese sentimiento y cuando ella lo cortó de golpe−precisamente por sus estúpidas formas de actuar y de tratarla−no le habían conferido más que sufrimiento innecesario. Porque aunque él hubiera no existe, valga la redundancia decirlo, hubiera sido más fácil aceptar que estaba enamorado en lugar de luchar contra ello.
Miró el perfil de su acompañante una vez más embelesado.
−Deja de mirarme así−dijo ella−
−No puedo, ha sido demasiados meses lejos de ti−
Ambos pararon en el recodo del pasillo, estaban cerca de la casa Gryffindor.
−Me quedo aquí−dijo ella−
Draco la estrechó fuertemente y le dio un ligero beso en los cabellos castaños.
−Alguien puede vernos−murmuró –
−Me importa una mierda−
−¿No hablas en serio? –ella se alejó para encontrarse con unos ojos grises velados de sinceridad−
−¿Qué te preocupa? –de pronto las facciones se tensaron−¿El Weasley tonto ese? –
−¡oye! Ron es mi amigo−
Draco sonrió ante esa revelación. Ya no tenía que compartirla, aunque en algún momento él mismo la arrojó en sus brazos, fue muy difícil verla al lado de otro. Le regaló un beso dulce en los labios y con pesar se despidió de ella. Cuando al fin la vio perderse entre los pasillos y girar sobre los talones casi se va de espaldas. Una figura obscura se divisaba no muy lejos de él y por la penumbra era difícil verle las facciones.
−Odio cuando me desobedeces−aquella voz altanera era tan conocida−
Draco cerró los ojos con pesadez, casi deseando poder hacer desaparición. Cuando escuchó el bufido de una capa girar en el aire, por inercia se echó a andar tras aquel hombre y su mente se permitió divagar:
Draco Malfoy se quedó parado entre el lodo y las alarmas contra incendios del invernadero, observando el espacio vacío que Hermione Granger dejó. No sabía con exactitud qué carajos le sucedió en la semana, no recordaba absolutamente nada después de verse a ellos camino a las faldas de bosque prohibido en busca de las malditas Helleburus. Miró su brazo adolorido, y se percató pronto del tatuaje que se escureció entre su piel blanquecina. Entre más lo observaba, mas dolía ¿y ahora que carajos haría? No podía correr a la enfermería y pedir socorro mostrando la marca tenebrosa como si se tratase de un simple raspón de Quidditch. Salió rumbo al único lugar dónde hallaría respuestas.
La puerta del despacho de Severus Snape se abrió estruendosamente, el hombre levantó el rostro con su evidente mueca de rabia y la vena en la cien casi palpable. Se encontró pronto con una imagen que jamás calculó en su vida. Draco Malfoy, escurriendo hasta por los codos de agua lodosa, el brazo izquierdo aun humeándole desde la escarificación y respirando como un caballo desbocado. Snape suspiró con pesadez y en lugar de echarle al muchacho una perorata del porque se ganaría un castigo por hacer semejante entrada, se limitó a levantarse de su asiento.
Lentamente se acercó al muchacho, le empujó con desdén hacia dentro del despacho y luego con un movimiento de la varita borró cualesquier huella que el chico hubiera dejado en el castillo. Draco seguía tiritando, ya no sabía si de dolor, de frío, rabia o impotencia. Snape lo rodeó lentamente, analizando con meticulación los desmanes del muchacho.
-¿A que ya lo has descubierto?-murmuró con su parsimoniosa voz de hastió-
-¡Exijo una explicación!-dijo Draco encolerizado-
-No me grites ó a decir en ese mismo tono calculador- que no somos iguales, y yo no voy a tener contemplaciones como las tiene tu padre-
-¡Dime!-siseó Draco y le lanzó una mirada iracunda. La babilla le temblaba-
Severus lanzó un hechizo silencioso, con lo que Draco empezó a embeberse en una especie de torbellino. El aire le secaba las ropas, el cabello y la piel. El muchacho abrió los ojos sobre manera cuando aquella ráfaga acabó y por fin estuvo seco y a temperatura regular.
-Eres oficialmente un mortífago, ¡felicidades!-ironizó Snape. Siguió su andar hasta detrás de su escritorio. Con suma lentitud y destreza se colocó a lo que antes hacía-
-¡Yo no quería esto! ¡yo me negué!..¡yo..-apretó las mandíbulas al momento en que Snape se levantó de su asiento con tanta velocidad y arrebato. El hombre tomó tomado por el brazo, con la escarificación ardiéndole y tan viva-
-¿Y crees que todos lo queríamos? ¿Estas consiente que ahora no puedes negarte a nada? ¡Te sugiero que te lo tomes con calma Malfoy! Y..sobre todo.. que no hagas escándalos-murmuró con cólera-
-Es que no..yo no..-las mandíbulas volvieron a temblarle pero esta vez no de frío-
-He jurado protegerte hasta con mi vida, si es necesario. Así que cualesquier encomienda que el Señor tenebroso eche sobre tus hombros, yo te ayudaré a realizarla-Snape apretó un poco la herida, viendo la mueca de dolor en Draco, lo soltó con brusquedad-
-No me han dicho nada-balbuceó. Sus ojos grises dejaron de brillar con rabia, ahora eran enrojecidos por las lágrimas-
-Lo hará pronto, tenlo por seguro-dijo. Se levantó de su asiento y comenzó a rebujar entre los estantes, en su colección personal de pociones- Ponte esto dos veces al día, cúbrelo con un vendaje suave que debes cambiar a diario. Esa coloración desaparecerá en cuestión de una semana-terminó por colocar dos botellitas entre las manos de Draco-Ahora márchate, porque tengo mucho trabajo-
¿Y que esperaba al ir ahí? ¿Un abrazo de consolación?, Draco se sintió estúpido. Nadie que lo rodeara le daría algo semejante. No estaba acostumbrado, pero por un instante, necesitó de alguna mueca afectiva, como la que Hermione Granger le dio minutos atrás. Se echó andar, no sin antes lanzarle una mirada de odio a su profesor. Iba a grandes zancadas por los pasillos tratando de ocultar su brazo izquierdo, luego paró en el recodo de un pasillo y rememoró el momento en que Granger le abrazó. Tragó saliva. Esa era la única ocasión en que se permitió un abrazo. Sus padres nunca lo hicieron, ni lo harían. A sus conquistas no les dejaba tocar más de lo necesario, ni tratos afectuosos, mucho menos con sus amigos.
-Esa Granger está loca-dijo para sí mismo y siguió andando hacia su sala común, luego su habitación. ¡oh como deseaba estar solo ! Y ahí no lo conseguiría-
A pesar de los ojos acusadores y miradas de interrogantes por su "estado sucio", Draco pasó de largo a grandes pasos por la sala común, se cambió de ropa a toda velocidad y con la misma rapidez salió de ahí. Lo que menos necesitaba eran cuestionamientos. Se echó a andar por los jardines nevados del castillo y entre más se acercaba a la zona del sauce boxeador, con más claridad escuchaba un sollozo. Paró en seco. Hermione Granger estaba al borde de unas escaleras que daban rumbo al lago, casi al costado del Sauce. La muchacha parecía rota, desecha y sin consolación. Hizo ademan de marcharse.
-Quien quiera que esté ahí, observándome…por favor retírese-dijo ella. Draco boqueó para protestar alguna injuria pero ella prosiguió:- sé que está alguien ahí porque puse barreras contra intrusos, no quiero observadores ni compañía. Harry si eres tú, dile a Ron no me vuelva a dirigir la palabra-
-Por lo menos hubieras colocado una detección contra imbéciles, así sabrías que no hay comparación de esos dos conmigo-soltó con tanta cólera ¿Cómo se atrevía a creer que él podría ser alguno de esos dos idiotas-
-¿Malfoy?-dijo ella. Se levantó tambaleándose de las escaleras. Sus ojos estaban enrojecidos-
Draco alzó el mentón airado. Ella tiritaba, y se abrazó a sí misma. Había salido con tanta prisa de su sala común, que no trajo consigo ningún otro abrigo más que su capa.
-¿Habrás dicho de esto alguna palabra?-murmuró él-
-Por supuesto que no, ¿Qué se supone que diré? ¡oh amigos, hoy he hecho mis labores de Pociones! ¡ah y además presencié una parte del ritual de los mortífagos¡ ¿y ustedes qué tal?-ironizó Hermione sin dejar de mirarlo. A pesar de que se moría de miedo-
Al divisar ese brillo temeroso en sus ojos, Draco sonrió de medio lado y comenzó a caminar hacia ella. Hermione trató de retroceder pero trastabillo en el borde de un escalón. Draco la atrapó de la túnica y la atrajo hacia su cuerpo con brusquedad.
-Pues más te vale que no te vayas con el chisme, Granger, porque a ningún mortífago se le detendrá la mano para desaparecerte si intentas revelar mi posición-dijo él con cólera. Esa amenaza no era más que el profundo miedo de ser tachado ante todo el mundo como un ser vil y cruel. Que aunque de cierto modo en la vida estudiantil lo era, pero en la verdadera batalla era cosa diferente-
Malfoy no se sentía nada orgulloso de pertenecer ahora oficialmente a las filas de Lord Voldemort y mucho menos tenía empatía con su causa. A él no le habían importado mucho esas cosas de la sangre a pesar de que se las inculcaron desde que tenía memoria, solo era como un loro que repetía las palabras de su padre, pero a conciencia ya sincera, esas cosas le daban igual.
-Y ahora que compartimos este "pequeño" secretito, creo que me serás de mucha ayuda-dijo el con una sonrisa maliciosa. Hermione abrió mucho los ojos. Draco rebujó entre sus bolsillos y sacó dos botellitas color ámbar- estas son pociones que se supone sanarán la condenada herida. Y como por desgracia tenemos que vernos todas las mañanas antes de clase y todas las noches después de ellas, habrás de servirme como enfermera-
-¿Yo..y-yo no..-
-¡Shhht!- le colocó un dedo índice en los labios-Si hemos de compartir el maldito castigo en los invernaderos, procuraré sacarle provecho. Así que Granger, guarda bien estos frasquitos y procura traerlos cada vez que nos veamos-ordenó. Sus ojos grises destellaban seguridad, altanería, esa tan típica de él-
-¡Yo no voy a ayudarte Malfoy! Me puedo sacar problemas por esto y..y..-Draco la tomó con fuerza y la colocó contra un pilar cercano a las escaleras-
-Vas a ayudarme, quieras o no-apretó las mandíbulas-porque si no lo haces, escribiré a mi padre y contaré que lo viste todo. No creo que este muy contento con ello, seguramente primero querrá ir a visitar a tus padres para cerciorarse que no sepan nada y después vendrá a por ti-
Draco no hablaba en serio, no es que la benevolencia fuera una de sus características, pero de eso a matar a alguien, porque si hablaba con su padre, eso seguramente ocurriría. Hermione Granger dejaría de existir en un parpadeo y eso no era algo que quisiere llevar en la conciencia. Lo que sí era cierto es que, necesitaba ayuda para las curaciones y el vendaje. En ese castillo no había nadie más que pudiera hacerlo, ni siquiera Blaise Sabini que también pronto estaría en iniciación de mortífago. No confiaba en él, no confiaba en nadie de su casa.
El vaho de los labios delgados de Draco le hacían cosquillas en los suyos. El aroma a limpio y colonia costosa le impregnaba los sentidos. Su cuerpo le estaba dando calor y además esa mirada helada como el mercurio le taladraba, igual que dos balas en dirección a ella. Difícil de esquivar. No creía posible que todo esto le estuviera sucediendo: primero presenciar el ritual, salir de ahí ilesa, que los maestros fingieran no saber nada, y encima tener que ocúltaselos a Ron y Harry. Tuvo un altercado con sus amigos gracias a las angustias que ese suceso en la mansión Malfoy le ocasionó. No es que fuera miedosa, pero vamos, era para ponerte los nervios de punta y sobre todo ahora frente a las amenazas de "ese cabrón"
-Su-suéltame-rogó ella. No pasó desapercibido que ahora los ojos de Malfoy, lejos de traspasar su cólera, le miraban con una inesperada curiosidad. Y sus ojos grises hacían intermitentes entre sus ojos marrones y sus labios ¿pero qué carajos?-
Casi se le detuvo la respiración cuando él rosó su nariz con la suya. Sintió las mejillas arder, un cosquilleo inexplicable en el estómago y una temblorosa sensación en el cuerpo que prefirió adjudicar al frío. Ella no era una muchacha asustadiza, y jamás le había temido a Draco Malfoy.
-¿Tienes frío eh?-paladeó las palabras de manera lasciva. Ella ahogó un gemido, no le daría el gusto de amedrentarla-
-¡Aparta de mi camino idiota!-quiso empujarlo pero Draco no se lo permitió. Los labios del chico se moldearon en una sonrisa con autosuficiencia-
El muchacho estaba molesto, más que molesto. Enrabiado con el mundo entero, así que optó por desquitarse con el primero que vio y ese fue la chica. Quiso estrangularla de primera, por ser quien era: la perfecta Hermione Granger, luego deseó empujarle a la nieve y que se congelase, pero eso sería demasiado lento. Y después, como un pinchazo, recordó la furia que desató cuando le besó antes de salir de su habitación en la mansión Malfoy.
Los ojos de Hermione se abrieron de par en par cuando sintió los labios posesivos de Malfoy sobre los suyos, este no era un lánguido beso como el que le propinó en la mansión, era tan vehemente, que se hubiere ido al suelo si su espalda no estuviera recargada en la pared. Ella no supo que hacer, se quedó quieta, pensando que quizá solo era un mal sueño, una pesadilla. Al sentir la lengua del chico rosarle la suya, un escalofrío le recorrió y una inexplicable sensación le atravesó el estómago. Como una ligera corriente eléctrica que iba y venía. Hermione se aferró al grueso abrigo del Slytherin, mientras que él se aferró a la cintura de la muchacha. Sin siquiera preverlo, ella le estaba correspondiendo con la misma intensidad. No supo en qué momento olvido lo que estaba haciendo y con quién, solo deducía lo placentero del agarre, el contacto, las caricias de esos labios sobre los suyos y la tranquilidad que le estaba dando el tenerla así.
A Draco aquel beso le supo miel, con ligero rose de anís. Delicioso, placentero, apasionado pero crecido de unos labios al final inocentes e inexpertos; eso último lo hizo sentir poderoso. Cuando ella correspondió, aquella sensación le recordó el momento en que estuvo en paz. El momento que se marchó al limbo cuando hubo muerto en la iniciación a mortífago.
Y ahí es que comenzó a tejerse ese sentimiento entre los dos, como el fino hilo de las telarañas.
Cuando te rompen el corazón, es difícil aceptar de por sí el que se márchese la persona amada. Y llegan varias etapas consecuentes. Primero está el sentimiento de desesperación, ese ahogo se produce en la garganta y viaja hacia el pecho haciendo complicado el respirar. Las lágrimas repentinas que se escapan a consecuencia y sin dominio, el sollozo arduo y las ganas de gritar, destrozar al mundo a golpes. Caminas, duermes, y hablas por inercia. Te descubres pensando en esa persona miles de ocasiones y dejas las cosas a medio comenzar, a medio comer, a medio de conversar. Tus amigos te aconsejan, se hacen cargo de ti hasta el punto que llegan a aburrirse. Después viene la aceptación de que todo acabó tomando de la mano a la rabia, el enojo, y la decepción de uno mismo. De la persona que se fue.
Una vez que desahogas en alcohol, amigos y charlas viene la paz. Un poco de paz, pero aún con los vestigios de los recuerdos que te hace acrecentar las ganas de seguir adelante. Hasta que llega el momento en que piensas: todo fue mejor así. Eso sentía Ronald Weasley después de que semanas atrás, en el festejo del partido ganado por Gryffindor a los de Slytherin, Hermione Granger terminó con él. Cuanto le costó reconocer sus sentimientos y hacérselos saber. Creyó por un tiempo que le correspondía, pero no fue así. Sólo se ocultó entre sus brazos ¿pero de qué? O ¿de quién?
-¿Estas bien Ron?-preguntó batiendo las pestañas extrañamente Luna Lovegood-
Él le miró fijo. Se levantó de la mesa del comedor y se fue a la sala común de su casa. Estaría mejor solo. Luna lo observó alejarse, pensando en que el pelirrojo tenía demasiadas cargas sobre los hombros y cómo le gustaría ser más que su compañera de colegio. Su amiga. Algo más.
Harry Potter tamborileaba sus dedos contra su rodilla y su pie izquierdo procedía igual en el suelo de madera; el profesor Dumbledor demoraba demasiado.
−Lamento que hayas esperado tanto Harry−el anciano se acomodó las gafas de media luna−
Harry asintió precipitadamente.
−intuyo que has tenido una charla fructífera con el profesor Sluhorn−dijo sentándose detrás de su escritorio−
−Sí−Harry trago saliva. Hizo una pausa larga recordando la noche anterior en la cabaña de Hagrid−no solo confirmó que Vold..que Tom Riddle le hablo sobre los horrocruxes, sino que, tiene el presentimiento de que existe documentación sobre ellos−
−Lo sé−
Harry frunció el ceño. Ante la evidente mirada de confusión el profesor prosiguió:
−Hace algún tiempo me llegó una carta anónima. Así logré saber sobre el anillo Harry... Sobre la cueva. Al inicio creí que se trataba de una mala broma. Pero haciendo indagaciones..mirando recuerdos..además.. Esa carta hablaba de la existencia de no solo uno, si no.. –
−¡Siete! –se apresuró Harry−
Dumbledor asintió pesadamente.
−Tengo la sospecha que existen siete horrocruxes y siete descripciones de su naturaleza..es decir, su existencia está documentada. De algún modo−
Harry clavó sus ojos verdes en un punto inexistente en el suelo. Eso sería bastante lógico. Lord Voldemort era metódico, practico y no haría algo como eso. Sería más bien alguno de sus lacayos, alguien que permanecía a su lado. Que siempre lo siguió como perro fiel…pero a la vez no tanto. Algún espía, alguna clase de redimido.
¿Severus Snape? ¡no, imposible!
−¿La carta anónima? ¿aun la conserva? –Harry dijo apenas, ido aún en sus pensamientos−
−Sí. La hemos analizado de todos los modos posibles. No hemos hallado ningún indicio de su origen−
−¿Podría mostrármela? –
El profesor abrió uno de los cajoncillos sobre su escritorio y tendió a Harry el papel desteñido. El muchacho lo tomó con cuidado y lo analizó.
−Si me permite profesor, ¿hacer algo al estilo muggle? −
Dumbledore hizo un gesto con la mano, más incentivado por la curiosidad que por la necesidad de tener información. Harry lanzó un hechizo y la punta de su varita derivó una pequeña flama. El anciano se inclinó sobre su asiento para observar cómo Harry frotó contra las orillas del papel el fuego. Con sumo cuidado, lo realizó por todo lugar. Una mancha de color marrón se vislumbró en la esquina. Harry sonrió de pura satisfacción al encontrar al menos algo:
"Cada Horrocrux fue propiciado por la respectiva pócima de muerte. Aquel que se regocije en proceder a las artes obscuras sin un conjuro previo no las podrá conocer. Todo yace bajo el dintel, en la habitación que lo muestra todo o dónde todo lo puedes ver"
RAB
