Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.

La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

Importante: A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia. Se me olvidaba decirlo, y es posible que si no lo sabéis podáis haceros lío con algunas cosas venideras. Gracias por leer.

Capítulo 8

La pareja caminaba adentrada ya la noche por el bosque en dirección contraria a la casa de Hiko, en absoluto silencio, pues la chica no sabía cómo comenzar una conversación y ayudar a su amigo. Por su parte, Kenshin tenía más que suficiente con alejar las palabras de Nanako de su mente, y tratar de encajarlas con templanza para no volverse loco.

De pronto, el chico salió de su ensimismamiento, alzando la vista hacia una dirección concreta al escuchar movimiento entre la espesura del bosque. Al corroborar que alguien se acercaba, agarró a la mujer de un brazo y se ocultó con ella entre las sombras.

-¡¿Pero qué pasa?! –Preguntó ella sorprendida sin entender, mientras él la hacia callar con un gesto.

-Se acerca un grupo, y a estas horas de la noche no creo que se trate de gente buena.

Kaoru calló ante aquellas palabras, y observó junto con Kenshin como a los pocos minutos un grupo de 4 hombres aparecía en el camino. En efecto, no parecían tener buenas intenciones, pues iban armados a pesar de la prohibición de aquella nueva era, y comentaban sus fechorías entre risas. Pero la pareja atendió especialmente cuando escucharon algo que les sorprendió.

-Vamos, hay que subir la colina, allí está la casa.

-¿Cómo sabes qué ella estará allí?

-Battousai se lo dijo a Shishio, y ese hombre nunca se equivoca, ni siquiera con sus palabras.

-Espero que sea rápido porque tengo un hambre...

-El hombre es el que me preocupa, ella no.

Al alejarse demasiado, la pareja dejo de escuchar las palabras del grupo, saliendo de su escondite.

-Van a atacarlos, tenemos que ayudarles. –Dijo Kaoru con preocupación mirando a Kenshin, quien asintió serio, haciendo que la chica le siguiese, encaminándose de nuevo colina arriba con rapidez.


Hiko acabó con el silencio que invadía la cena entre Nanako y él mientras, con su aparente indiferencia, dejaba su pequeño tazón sobre la mesa, agarrando su vaso llenándolo de sake, sin mirarla.

-Me ha impresionado escucharte decir esas cosas. Cada vez me doy más cuenta de que no eres la misma que salió de aquí hace dos años, aunque hay cosas que nunca cambian, y por más tiempo que pase seguirás teniendo ese carácter nefasto y esa grosería grabada a fuego. –Se burló de ella, para después beber con calma, haciendo que la muchacha se ofendiera levemente.

-De quién lo habré imitado... -Comentó algo seria sin mirar a su maestro, centrando la vista en su cuenco de arroz.

-¿Te has dado cuenta de lo qué ha ocurrido hoy? Has vencido a Kenshin Himura en sólo un asalto, puede que no con la espada, pero créeme, lo has herido más que cualquier corte que pudieras provocarle.

-¿Y por qué no me siento victoriosa entonces? Siempre he deseado destruirlo, y sé que es muy duro vivir con remordimientos del pasado. Entiendo que esto es mejor que matarlo porque así no podrá descansar, es una venganza más cruel que darle la muerte pero... No me siento ni siquiera bien, y eso me tiene enfadada y confundida. –Se sinceró hablando con un deje de rabia en la voz por la encrucijada de sentimientos en su ser. La chica miró a Hiko, de nuevo enfurruñada, cuando este emitió un leve quejido a modo de risa.

-Demuestras que aún eres demasiado joven para entenderlo todo. Las cosas no son como las pintan, Hissaki. Esos sentimientos de lástima hacia Kenshin, esa sensación que no quieres admitir, pero está en ti, de compasión hacia un hombre perdido en un mundo donde intenta encajar, es lo que te enfada tanto. En el fondo creo que sabes que no merece morir y que de veras es buena persona. Cada vez que ese pensamiento te invade sientes odio hacia el mundo y hacia ti misma, crees que es una deshonra hacia tus padres. Pero te diré algo, eso es exactamente lo que te salva, la compasión. Si no la tuvieras, si no que pensaras y sólo actuaras, serías como esa sombra a la que has estado persiguiendo en tu vida.

Nanako guardó silencio sintiendo aquellas palabras como un golpe. Tenía razón y lo odiaba, a la par que se alegraba levemente. Estaba cansada de esa situación, quería vivir de una vez por todas en paz consigo misma y el mundo ¿Cuándo llegaría aquel entonces?

De pronto, ambos se sobresaltaron al escuchar el sonido de la puerta principal abrirse estrepitosamente, y el retumbar de pasos en el interior de la pequeña casa de madera.

-Parece que tenemos una visita inesperada. Coge tu Katana. –Dijo el moreno poniéndose en pie, cogiendo su arma y saliendo de pequeño cuarto hacia la entrada de la vivienda, con Nanako detrás, confusa. –Quiénes sois, qué queréis. Es muy grosero entrar así en casa de alguien, vuestras madres sentirían vergüenza. –Habló Hiko con su habitual indiferencia mientras encaraba al grupo de hombres que portaban sus armas en ristre.

-No tenemos tiempo para presentaciones. Venimos a por la chica. Nanako Hissaki. –Dijo uno de ellos, para después hacer que el resto del grupo atacaran a la pareja con bravura, demostrando que no eran unos cualquiera en el uso de la katana.

Hiko y Nanako sacaron sus espadas al instante, defendiéndose del ataque con velocidad.

Pronto Comenzaron a escucharse vasijas caer al suelo, rompiendo en mil pedazos al chocar los atacantes contra las estanterías, siendo derribados por el sensei, quien se defendía más que aceptablemente. No obstante, le era difícil apartar a los hombres de la muchacha para facilitarla el trabajo, pues estaba herida y no podría con todos a la vez.

Con aquella velocidad vertiginosa, la morena no vio venir una de las estocadas a tiempo, recibiendo un corte profundo en la clavícula que comenzó a sangrar rápidamente, para después ser derribada al tratar de parar otra embestida con su katana en una mala posición.

La chica sintió su corazón acelerarse más si cabe al contemplar a uno de aquellos hombres decidido a acabar con su vida, cuando en una milésima de segundo, un cuerpo se interpuso entre ella y el hombre, parando su ataque con preescisión y maestría.

Kenshin no tardó en defenderse del nuevo ataque, comenzando una lucha vertiginosa contra aquel hombre, mientras Nanako lo miraba sin entender qué hacía allí, y sobre todo, por qué hacía aquello, arriesgarse por una persona que le odiaba y prefería verlo muerto. Mirando hacia otro extremo del cuarto, vislumbró a Hiko deshacerse de uno de los hombres, que gritó a su compañeros que corrieran para salir de aquel lugar ante la derrota aplastante.

-¿¡Nanako, estás bien!? –Preguntó Kaoru arrodillándose ante ella, mirándola a los ojos mientras asentía, saliendo de sus pensamientos.

La morena se puso en pie mientras la chica le decía y preguntaba cosas a las que no prestaba atención, pues aún continuaba mirando al pelirrojo mientras las palabras de Hiko retumbaban en su cabeza.

-¿En qué lío te has metido ahora, Hissaki? -Preguntó el maestro mientras cogía su sake, dándole un sorbo tras envainar su espada, para después mirar a su otro discípulo ¿Cómo sabías que venían?

-Los escuchamos en el bosque decir que venían hacia aquí. A por Nanako en concreto.

-Parece ser que el falso Battousai que está asesinando en Tokio está relacionado con la banda a la que pertenecen, que al parecer lidera un tal Shishio. – Intervino Kaoru mirando a Seijuro, que arqueó una ceja en señal de sorpresa, hablando.

-Ese nombre me resulta familiar.

-A mí también, pero no logro recordar por qué. –Dijo Kenshin mientras guardaba su arma con calma.

-Pues a mí no me suena de nada -intervino Nanako con brusquedad, algo enfadada-. Ni la cara de esos tíos, no sé que está pasando aquí, pero pienso averiguarlo. Voy a volver a Tokio a buscar a ese asqueroso asesino y encontrar respuestas.

-¿Pretendes acaso que te maten, necia? –añadió Hiko haciendo que esta lo mirara con mala cara. –Ese hombre es muy poderoso, además de que otros tantos van buscándote. Deberías ir con cautela y no ser impulsiva.

-Si quieres nosotros podemos ofrecerte ayuda para averiguar qué está pasando. Podrías quedarte en el dojo.

Nanako miró a Kaoru con indecisión y extrañeza, pensando que aquello no era una buena idea en absoluto, pero si iba a pasar allí un tiempo indefinido necesitaría un lugar para cobijarse.

-No tenéis por qué involucraros en algo peligroso por mí. No quiero que hieran a nadie.

-Sola no tienes ninguna posibilidad, deberías guardar tu orgullo y aceptar la oferta de esta mujer tan amable, Hissaki.

-Hiko, ¿te importaría callar, por favor? –Agregó con cansancio y algo de rubor al tener que soportar la humillación del hombre.

-Si yo soy el inconveniente me mantendré al margen. Puedo buscarme otro lugar para dormir mientras estés allí.

-No, me es totalmente indiferente tu presencia, y Kaoru quiere que estés con ella. No podría importunarla después de lo que ha hecho por mí. Acepto tu oferta, Kaoru Kamiya, pero no permitiré que te involucres en esto, no puedo consentirlo. –Dijo mirando a la chica, relajando su semblante después de haberse dirigido a Kenshin.

-Muy bien, será un placer poder ayudarte aunque sea dándote cobijo. Espero que por lo menos podamos conseguir que ese asesino deje de matar inocentes.

-Bueno, veo que planeáis quedaros aquí hasta poder partir mañana, así que, usad la habitación del fondo y no hagáis ruido. Nanako, deberías curarte ese corte o se te infectara. Kenshin, ven conmigo; Hay algo de lo que quiero hablarte.

Tras las instrucciones del moreno, el pelirrojo miró fugazmente a Kaoru, para después avanzar siguiendo a Hiko hacia el interior de las estancias, escuchando al pasar junto a las chicas como Nanako soltaba un brusco y desanimado gracias, el cual a pesar de ser algo sin importancia, simplemente una muestra de educación, hizo que se sintiera mejor sin saber por qué.