¡Hola! Aquí les tengo una nueva entrega de este fic, ¿Qué puedo decirles? Primero que nada y antes que todo quisiera agradecer sus comentarios, de no ser por ellos me habría tirado mi semana libre jugando en vez de actualizar mis proyectos, intentaré sacar un par más durante esta semana que viene a ver si puedo adelantar parte del trabajo, para no tenerlos en suspenso durante mi temporada de clases. También quiero darle la bienvenida a un par de lectores nuevos, espero que esta entrega resuelva sus dudas sobre la trama y la continuidad del fic. ¿Y cómo no? También agradecer a los que siempre han estado aquí, los tengo en mi hígado y en parte de mi corazón, no lo olviden (L).

Heh, en fin... Yo personalmente me iré a refugiar en mi búnker antiangst, cualquier duda, pregunta, inquietud, detalle de traducción o incoherencia que encuentren, ya saben que existen los reviews y los PM. Sin nada más que decirles, ¡Lean mis pequeños icest-shippers!

*La historia pertenece a Pmrising, yo solo la traduzco (Claro, con su permiso.)*


You Are - Capítulo 8


He intentado llenar formularios y reportar la desaparición de Elsa al menos una siete veces ya. Ellos dicen que Elsa tiene que estar desaparecida al menos unas 24 horas antes de que puedan empezar a buscarla. No puedo evitar sentir que la policía va automáticamente con la idea de encontrar cadáveres, en vez de personas reales vivas, perdidas y confundidas. Casi vomito. Pensando en que Elsa podría estar... Muerta. No puedo dejar que mis pensamientos vayan hacia allá. No puedo permitirme ir hacia allá. Me alejo de esa idea, de ese pensamiento. Si lo ignoro, debería irse solo.

Pero el sonido del taladro y el martilleo en el apartamento de al lado me mantienen despierta por la noche. Su locura espiral me afecta mientras me recuesto en el piso y observo sin parar al bulto perdido en mi cama.

Elsa durmió allí.

Elsa durmió allí.

Elsa durmió allí.

Estoy disgustada de que ellos estén reparando un apartamento para una chica que ni siquiera podrá usarlo cuando ellos terminen.

Porque Elsa está muerta.

Y a nadie parece importarle a excepción de mi.

Traté de llamarla a su celular por enésima vez en la noche. Ella no contesta, como es usual. Los mensajes de voz que dejo en su teléfono han empeorado con el paso de las horas. Empezaron frenéticos, suplicantes, culpables, pequeños. Entonces se fueron acrecentando, cuestionantes, acusadores, ruines. Ahora son solo tristes. Lamentables. Sollozo en mis mensajes hacia ella. Lloro abiertamente. Digo todo lo que siempre quise decir en esos mensajes.

Ayer por la noche encontré su teléfono, muerto, bajo mi cama.

Todo está tan perdido ahora.

"Elsa está muerta." Anuncio una tarde fuera de la casa de Hans. No hemos hablado desde esa noche en la que sus fuertes agarres dejaron moretones en mis brazos. Todavía tengo un pequeño oleaje de negro y azul escondido bajo mi abrigo.

No sé por qué lo dije. Tal vez para aclarar. Tal vez para simpatizar conmigo misma. Estoy perdida. Estoy desenfocada y confundida. ¿Por qué nadie ha visto a Elsa? Oh, porque ella está muerta. ¿Por qué no ha aparecido por mi apartamento aún? Oh, porque ella está muerta. Por supuesto. Elsa está en la esquina de alguna calle en algún lugar en esta tormenta interminable de agosto... Encogida en sí misma y—

Me ahogo. Estoy llorando. Sollozando. Realmente he perdido toda esperanza. Uso la puerta como apoyo. Y es todo de cierta manera tan gracioso, porque sigo encontrando todas esas puertas en mi cara. Y ninguna de ellas está abierta.

La puerta de Elsa solía estar jodidamente abierta—

"Ella no está muerta."

La puerta cruje al abrirse. Estoy sorprendida, totalmente asombrada. "¿Qué?"

Hans está ahí, en ropa interior, afeitándose la barba pero dejando las patillas. Hay algo de espuma en su barbilla y labio. "Ella no está muerta."

En una ráfaga de apresurados, confundidos e irritables dedos, agarro sus brazos y lo jalo hacia mi. "¿La has visto? ¿La encontraste? ¿Está a salvo? ¿Dónde está?" Miro hacia su costado. "¡Elsa!" La llamo, tratando de pasar por su lado. "¡Elsa, estoy aq—"

"Ella no está aquí, Anna." Él regaña, empujándome fuera del apartamento. Él hace una mueca cuando me estremezco, y luce casi arrepentido. "Sin embargo, tampoco está muerta."

"¿Cómo lo sabes?"

Él mira a la ventana atestada de nieve, que pequeñas fugas por las cuales pasa la luz al pasillo."La tormenta continúa."

Asiento. En realidad, asiento y sonrío.

"Mientras la tormenta siga adelant—"

"Sabemos que ella está bien."

Siento como si me hubiese librado de un peso. Y mi relajo salta a la vista. Mi respiración se calma, y mis sudorosas manos son secadas contra mi falda en un intento de calmar mis ardientes emociones.

Hans y yo siempre hemos tenido una conexión, una especie de atracción extraterrestre, como si pudiéramos leer la mente del otro sin el más mínimo esfuerzo.

"Tienes miedo de ella." Le murmuro de manera incrédula cuando él finalmente aparta sus ojos abiertos y temerosos de la ventana. Él se tensa un poco y sus manos tiemblan levemente. El enorme y fuerte Hans está de vuelta. El manipulador, confuso y frustrante Hans ha vuelto.

"Si supieras el por qué, también estarías asustada." Dice de manera seca, y entonces me surgen muchas preguntas. ¿Qué es lo que él sabe? ¿Por qué lo está escondiendo? La puerta se cierra con fuerza en mi cara.

Y cuando toco una vez más, nadie contesta.

Pero Elsa está viva, y miro fuera de la ventana preocupada, inquieta —Solo quiero a mi ciudad de vuelta. A mi chica de vuelta. No puedo ser libre sin ella. Me siento encadenada. Y me ahogo una vez más, porque así es como probablemente ella se sintió conmigo, durante cuatro años— Encadenada, como un monstruo.

Maldigo en voz baja, y salgo. Camino por las calles y voy a los lugares favoritos que teníamos con Elsa. Un pequeño banco fuera de la Tercera. El parque. La feria.

Ella no está. Y por vez única, la ciudad está silenciosa y quieta. Es horrible. El invierno ha destruido totalmente la vida tal cual la conocemos. Todo el mundo está dentro, encerrado. Elsa nos ha creado a su semejanza, asustados y cerrados. No la culpo. Por supuesto que no lo hago. Solo la quiero de vuelta.

Ni siquiera puedo comenzar a comprender el dolor que siente.

Kristoff no contesta mis llamadas, tampoco.

Y de verdad, nunca me había sentido tan sola. En las mañanas, me quedo en mi habitación y trato de romper mi costumbre de comprar dos cafés. Entonces, por la tarde, salgo a buscar a Elsa. Después, en la noche, llamo a la estación de policía.

Pero todo es tan inútil. Este sentimiento de impotencia absoluta me está dejando frágil, débil. Apenas puedo comer. Apenas puedo hablar.

Pero la tormenta continúa. Sopla y sopla tanto que de pronto, los edificios se inclinarán un poco, por el frío viento. Estamos acostumbrados a ello ahora. Ha sido así por una semana, fría, tranquila. Misteriosa. Es desagradablemente hermoso, incluso cuando algunos estamos pasando por rachas horribles.

Después del octavo día de la desaparición de Elsa, me meto en su apartamento, recientemente renovado. Ellos han terminado el trabajo. Luce como nuevo. Está vacío. No porque algunos muebles hayan desaparecido, no porque la placa de la encimera esté estropeada y destrozada, no porque las cortinas estén fuera de lugar. Elsa no está aquí. No está en ningún lugar. No está en su cama, leyendo una cursi y brillante novela romántica. No está en la cocina, volteando panqueques como una profesional, sonriéndome con calidez desde la cocina. No está sentada a la mesa, revisando su correo. No se está despertando en la mañana, con una sonrisa perezosa y con suaves y roncas risitas. No está en la ventana, entre mis brazos, besándome. Ella no está—

Me abrazo a mí misma, deslizo una mano hasta mis labios e intento respirar. Trato con fuerzas no llorar.

Y entonces Kristoff viene, camina por la puerta abierta.

"Hey" Murmuro.

No hemos hablado desde que Elsa desapareció.

Él me está mirando. "¿Le extrañas?"

Asiento, secando mis lágrimas.

Él me está observando, puedo sentirlo. Y ésto me causa un escalofrío que recorre toda mi espina dorsal. Puedo sentir su aborrecimiento, su odio.

"¿Era buena en la cama?" Él gruñe.

Y mis ojos se abren y mi cuello cruje en el proceso de voltearme para mirarlo. Kristoff luce horrible. Barba mal cuidada. Ojos oscurecidos. Bolsas bajo los ojos. Hago una mueca. Yo no luzco mejor que eso.

"L-Lo siento." Él tartamudea, y entonces se frota los ojos. "Esa es una pregunta algo grosera—"

"Ella lo era" Le respondo. "Y si, fue grosero."

Él asiente mirando sus pies, tragándose sus palabras.

"Puedes ser grosero conmigo" Me río horriblemente. "Lo tienes permitido."

Kristoff continúa mirando al piso, y entonces, finalmente veo que su mirada se alza. "¿Y tú tenías permitido ser grosera conmigo?"

Y con eso, se va.

Me quedo sola en la habitación de Elsa.

Pero no puedo dejar que esto termine así. De ninguna manera. No puedo sentarme y ver cómo todo se va a la mierda. Corro, rápido, fuera de la habitación, escucho los seguros de la puerta sonar cuando cierro la puerta tras de mi para ir a por Kristoff, subiendo las escaleras, le encuentro en la cima, tomo sus manos entre las mías y beso cada uno de sus dedos. Él me aparta, como si yo le quemase, y tomo esta oportunidad para meterme en el apartamento, sabiendo perfectamente que Hans estaría en el balcón fumando con un abrigo encima. Lo encuentro. Tomo su brazo, estoy demente —no furiosa— tal vez algo confundida y determinada.

"Dímelo todo." Le digo, conteniendo acciones violentas. Hans solo me mira y luce tan desconcertado como Kristoff que viene tropezando tras de mi.

"¿La trajiste a nuestra casa?" Él está sin palabras, apuntándome como si yo fuese un desastre esperando en momento para suceder. Lo cual es, tal vez, cierto. "Ella te engañó. ¡Ella ya no es bien recibida acá!"

Kristoff simplemente suspira y se frota los ojos un poco más. Él está tan harto de nosotros. Realmente está harto de este drama. "Me iré pronto." Dice él, no sé si es a mi o a Hans. "Me iré la semana que viene."

Estas son noticias para mí, mientras Hans solo se encoge de hombros. "Bien, así que—"

"Quiero que todos seamos amigos cuando me vaya." Él anuncia, enojado. "Todo esto es tan estúpid—Solo dile a Anna lo que sabes."

"¿Kristoff sabe algo que yo no?" Me volteo hacia Hans. "He estado llorando por días—Solo dime—"

"A todos nos han hecho daño, Anna." Hans gruñe. "No actúes como si fueses la única que ha soltado una lágrima, o dos."

Me estremezco. Me lo merezco. Pero no tengo tiempo para una fiesta compasiva. "Necesito encontrar a Elsa."

Hans le da una calada a su cigarrillo. "Tal vez ella está mejor sola."

Gruño. "Tú y yo sabemos que esa es una pésima idea."

"Ella fue introvertida durante años, Anna." Él me mira con sus ojos entrecerrados. "Parece ser una buena idea."

"Solo estás asustado de ell—"

"¿Por qué estamos todos tan asustados de Elsa?" Kristoff alza la voz interponiéndose entre Hans y yo. Él ríe, de manera sorpresiva, y tira de su cabello hacia atrás. "Digo— Estamos hablando sobre la pequeña y diminuta Elsa—"

"Ella tiene poderes." Le contesto con severidad.

"De los cuales ya todos deberíamos estar cansados." Hans replica.

"Yo no estoy cansada—" Cierro mi puño sobre mi pecho. "Ni siquiera estoy asustada."

"Ya no más."

"Solo—" Aprieto mis dientes. "Solo dime por qué sabes sobre los poderes de Elsa, cuando, aparentemente, ella ha sido así de inttrovertida por estos últimos años." Meneo mis dedos alrededor. "Estás mintiendo. Estás ocultando algo."

"Solo dile." Kristoff murmura otra vez. El me sigue observando como si hubiese pateado a su cachorro. Pero yo nunca pondría un dedo sobre Sven. Amo a ese pequeño muchacho. Y él es el único al que aún no he lastimado. "Hans—"

"La vi."

Estoy congelada.

De pronto, el impacto se convierte en rabia absoluta.

Rabia absoluta se alza hasta mi garganta, retengo mi voz, pero ésta grita. Hace eco. "¿Qué?" Extiendo mi mano para alcanzar su cuello, pero él se apresuró a alejarse, y yo lo sigo hasta el borde del balcón. "¿Viste a Elsa?" Mi voz se agudiza, hace eco, se traslada a millas. Estoy tartamudeando, agitada, trato de controlarme pero todo se sale de una sola vez. "¿Por qué no me lo dijiste? ¿Dónde está? ¿Podemos encontrarla? ¿Por qué no está aquí?"

Hans luce culpable. Sus ojos son sombríos, pesados, y está mordiendo su labio para serenarse. Se voltea de forma abrupta, y deja caer algunos rastros de ceniza fuera del balcón. Se calma y vuelve a ser el Hans manipulador. El Hans tosco. "Ella me asusta." Él admite. "Es peligrosa."

Mi voz es débil. "No me importa."

"Solo trato de protegerte."

"De la peor manera posible."

"Pero, aún así funciona."

Estoy juntando mis pensamientos. "¿Así es como supiste que Elsa estaba bien? ¿La viste?"

Él asiente suavemente. "Ayer."

Estoy extremadamente frustrada, pero lo contengo. "¿Dónde? ¿Estaba bien? ¿Cómo lucía?"

"Ella estaba bien."

"¿Ella estaba—" Acomodo un mechón de mi cabello tras mi oreja. "¿Ella estaba a salvo?"

Él mira distraído al horizonte de Nueva York. No me contesta. Esto aumenta mi ansiedad. Solo porque la tormenta esté en marcha no significa que Elsa esté viva o no. La tormenta no tiene relación con ella, salvo que ella fue quien la inició.

Ella podría estar en peligro en este mismo instante.

"Si estás tan asustado de Elsa, ¿Por qué demonios estabas tratando de juntarla con Kristoff?" Murmuro con rabia.

"¿Querías que yo estuviera con Elsa?"

Hans se cruza de brazos y hace un puchero como un jodido niño. Y de pronto, ya no estoy enojada con él. Solo... Me acostumbré a ello. Estoy tan insensible a la ridiculez de Hans que a este punto estoy empezando a ir con la corriente. Como sea, un escándalo, un chillido, Hans me ha puesto una trampa. Hans intentó protegerme con el peor plan posible. Él ha tenido mejores ideas antes. Esta solo fue la más idiota de todas.

"A él no le gusta cuando sus planes no funcionan." Le digo a Kristoff.

Y entonces Hans se voltea; me observa por un momento, con los ojos abiertos y... Maravillados. Casi orgullosos. Como si esta hubiese sido una prueba y yo la hubiese aprobado. "Ve a ver a Nicholas. Él tiene todas las respuestas."

Siento como si me hubiesen premiado con una búsqueda.

"Nicholas—" Me volteo hacia Kristoff, conmocionada. "¿Dónde está él?"

"No muerto, aún." Hans ríe. Su broma es horrible.

"Él está en el hospital." Aclara Kristoff, empujando a Hans. "Él está en el hospital d—"

"Quiero que Anna lo encuentre, sin ayuda." Hans le da un suave golpe en el pecho. "¿Por qué deberías ayudarle aún cuando ella solo te ha usado?" Él le habla a Kristoff como si fuera una especie de sargento instructor. "Ella es de mala sangre."

"Ambos salimos con ella—Ambos sabemos cómo es ella—"

"La cual, es la verdadera razón que deberíamos considerar para dejarla sola."

"Estoy justo aquí—"

Hans me lanza algo de cenizas y yo me aparto. "Vete." él murmura, "Ve y encuentra a Nicholas tu sola, ya has hecho mucho daño aquí."

Miro a Kristoff, pero él parece estar de acuerdo. Sus ojos gritan rabia, pero allí está esa pequeña y tímida sonrisa, pidiendo ser liberada. Lo entiendo completamente, y sigo adelante. "Gracias." Murmuro. Y me di cuenta más tarde que esta era la primera vez en mucho tiempo que le daba las gracias a alguien con todo mi ser.

Supe dónde estaba Nicholas, después de horas buscando en qué hospital estaba, cuando Kristoff me llamó. Aún no me he disculpado con él.

Ni siquiera puedo empezar a pensar en cómo hacerlo.

Cuando la noche cae, y me aseguro de que la tormenta continúa avanzando, voy al hospital que Kristoff me señaló. Me siento en la sala de espera. Sigo a una enfermera por los extensos pasillos blancos hasta que me encuentro golpeando suavemente una puerta, sintiendo mi corazón en la garganta, y girando la perilla—Veo a Nicholas.

Él no ha cambiado. Incluso con los cables y tubos que sobresalen de su piel. Él sigue fuerte. Sigue excelente. Tal vez pienso esto porque lo estoy recordando desde hace tanto tiempo. Con sus grandes botas, gran sonrisa, cigarrillo en mano. Estoy llorando incluso antes de entrar a la habitación, porque es Nicholas; mi Nicholas en esa colcha; mi Nicholas muriendo justo delante de mis jodidos ojos.

Le pido a Elsa que me mantenga fuerte. Como si ella fuese una diosa a la cual rezo y adoro. Creo en que donde sea que ella esté, ella puede oírme, y piensa de mí de la misma manera.

Nicholas no nota mi presencia hasta que ve mi reflejo en la ventana por la cual está mirando. Y aún así, no se voltea. Siempre tan extraño y dramático.

"¿Cómo estás?" Él me pregunta a través de la ventana, sonriendo a mi triste gesto. "Te ves igual."

"No ha pasado tanto tiempo." Murmuro, secando las lágrimas bajo mis ojos.

Y él se gira cuando me escucha hipar. "No llores."

"No lo estoy."

Nos sonreímos con calidez el uno al otro. Por alguna razón, Nicholas me calma de manera significativa. Incluso cuando luce tan devastado, me siento en paz. Como si él pudiese hacerlo todo. Pero la idea de la enfermedad, pudriendo sus entrañas, haciéndole imposible el vivir—me pone enferma.

Pongo una silla al lado de su cama, y me siento en ella. "¿Cómo estás?" Quiero saberlo todo de él. Nunca me había sentido tan emocionada antes.

"Yo pregunté primero."

Sonrío. "Estoy bien."

Él me sonría de vuelta. "No te ves del todo bien. Tus ojos están muy hinchados, lo que significa que has estado llorando."

"Bueno— Verte de esta manera, digo—"

"No recientemente." Él delinea la curva de mi mandíbula con una de sus débiles y gentiles manos. "Llorando antes. Antes de siquiera entrar en este hospital"

Asiento con rigidez y tomo sus dedos entre los míos. Juego con cada pequeña vena y corte. Apuesto a que él ya no pinta más, pero juzgando por sus uñas, podría decir lo contrario. Todos los artistas tienen pintura bajo sus uñas. De cualquier modo, todos los buenos. Río, seco mis lágrimas y continúo contemplando y trazando sus dedos, como si fueran joyas preciosas, algo digno de contemplar. A pesar de que yo tengo un juego propio.

"¿Có-Cómo es tu condición?" Tartamudeo un poco. "Digo—"

"¿Qué hay de mal en mí?" Él sonríe. "Ellos no lo saben. Debe ser algún problema raro."

Me quedo viéndolo. Como un niño. "¿Vas a morir?"

Él ríe, después tose, y entonces jala de mi para acercarme. Acercarme tanto que mi sombrero cae, lo cual significa que mis trenzas le golpean la cara mientras él se esconde en mi cuello.

Y entonces lo veo. En la parte superior de su cabeza.

Mi corazón se detiene.

Porque en realidad, eso no puede ser posible.

"¿Conoces a Elsa?" Digo. "Digo, conocerla. No solo saber de ella."

No nos estamos mirando el uno al otro. Aún nos estamos abrazando. Estoy observando el mechón de cabello blanco de su cabeza, similar al mío. Combinamos. Deberíamos estar felices de que encontramos a alguien que luce como el otro. Somos dos uvas del mismo racimo. Dos cartas similares en una baraja.

Pero eso solo puede significar una cosa—

"La amé." Él me dice. "La amé con todo mi corazón."

Y eso me ahoga, y palpita en mi cuello. Porque él no está hablando sobre el tipo de amor amistoso. Tampoco del amor de vecinos. No, él está hablando sobre mi amor; de ese maldito tipo que rasga tu corazón por el más mínimo problema; de el tipo que flota cuando los besos revolotean, y que muere cuando los besos son posicionados. Le observo en silencio. Y él me observa también. Y es como si lo supiéramos. Solo lo entendemos.

"Yo también la amo" Murmuro.

Nos miramos. Nos contemplamos.

"¿La conoces?"

Ahora vuelvo atrás en el tiempo. Al igual que la última vez que hablamos. La última vez que compartimos un cigarro, fuera del restaurante chino, apagando la colilla con nuestras botas. Él me dijo que no viera a Elsa. Él me dijo que ella era mala, incluso en aquél entonces. Todo tiene sentido ahora. Su miedo. Su conocimiento. Él incluso se contradijo a sí mismo.

"La conocías incluso en ese entonces." Le murmuro, apartándome. "La sacaste de su habitación."

Nicholas me está mirando extrañado. "Bueno, no, ella—" Y entonces él observa mi cabello.

Y entonces—

"Espera. ¿Tú la amas?" Suena de manera diferente ahora. Como si me estuviese escupiendo. Como si estuviese humillado de que amásemos a la misma persona. "¿Amas a Elsa?"

Río de manera nerviosa. "Bueno, ¿Puedes culparme? Sabes como es ella."

"Como era." Es amargo ahora. "No ha venido a visitarme aún. No la he visto en años."

"Pero tú la conoces mejor que yo."

"¿Es por eso que estás aquí?" Él cepilla su cabello hacia atrás con su mano temblorosa, su mechón de cabello dorado hace su aparición; está a plena vista ahora. Compartimos la misma marca. La misma pertenencia. Estamos sellados por la misma enfermedad, la misma especie de recordatorio: ambos amamos a Elsa, ambos la besamos, ambos tuvimos sexo con ella. Ella nos hizo esto, ella me hizo esta cicatriz, ella me dio este cabello—Pero yo le hice el peor daño de todos. Le rompí el corazón.

Nicholas y yo somos más parecidos que nunca antes. Y no nos habíamos visto en años.

"Elsa está perdida y—"

"¿Ella está perdida?" Su voz es alta, preocupada. "Tenemos que encontrarla. Tenemos que—" Él trata de bajarse de la cama, pero sus piernas frágiles, delgadas, pequeñas, huesos más que piel, hacen un estruendo a mi costado y Nicholas cae de manera espectacular al suelo.

Yo grito y me precipito en su ayuda, pero él me empuja, se recuesta en el piso y gruñe.

"Tenemos que encontrarla."

"Lo estoy intentando—"

"¡Inténtalo más!" Él grita, mirándome con furia. Nicholas siempre ha tenido un temperamento explosivo. "Maldita sea, la besaste, ¿Acaso no la amas?"

"L-Lo hago—" Tartamudeo, "La amo demasiado."

"Entonces si la amas, ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué no estás allá afuera buscándola?"

Veo a este pobre hombre arrastrándose en el piso, y ni siquiera puedo ayudarle a levantarse por miedo a sus gritos. Así que lo miro y le observo, como una especie de monstruo, como un animal.

"¿Cómo conociste a Elsa?" Le pregunto.

Él gruñe.

"¿Cómo la sacaste de su habitación?" Le pregunto otra vez.

"¡Ella no fue siempre tan reservada!" Él se tambalea de pie, y se sostiene de la cama tembloroso. "Ni siquiera la conoces como yo."

Él está en lo correcto. Miro a mis pies, avergonzada.

"Ni siquiera eres lo suficientemente buena para salvarla. ¿Cómo podría confiar en ti para salvarla?"

"Yo—" No me quedan más palabras. Sacudo mi cabeza. Lloro. Dejo que las lágrimas caigan; ni siquiera puedo limpiarlas y pretender que mi realidad no se está partiendo en dos.

"Fuera de mi habitación."

"Nicholas—"

"Vete." Su voz se eleva.

"Mira, lo siento por besar a Elsa, ¿Está bien?" Le grito, y mi voz se quiebra. "Lo siento—"

"¡No me importa si besaste al amor de mi vida!" Él grita.

"No tienes que mentirme. Soy yo, Nicholas. ¡Soy Anna!"

Él me mira, y sacude su cabeza. "tú ya no eres Anna; eres solo una pequeña niña egoísta." Él tose. "Hans me dijo lo que le hiciste a nuestro primo. Sin embargo, nunca me dijo que la chica era Elsa. Mi Elsa."

Mi Elsa.

Su Elsa.

Siento una oleada de celos invadiéndome. Siento como si cayera, sosteniéndome de mi corazón. Soy la peor, absolutamente.

Él se preocupa.

Él se preocupa mucho, joder.

"Tú Elsa…" Cubro mi boca. "Tuya." Susurro aturdida.

"¿Cómo podría alguien como sacarla de su apartamento y no yo?" Él exclama, gritando. Casi tirando desesperadamente de sus mejillas, tratando de pensar. "Ella es peligrosa, ¡Te lo dije! Yo puedo manejarla, ¡Tú no puedes!"

No tengo nada más que decir. Estoy mirando mis pies, apretando mis ojos con fuerza. Dispuesta a dejar que los pensamientos y gritos se vayan.

"¿Y ahora vienes a verme? ¿A pedirme ayuda para amarla más?" Él está gritando. "¡Eres tan egoísta, Anna! ¡Eres—"

Y entonces una enfermera entra, me grita, y le grita a Nicholas por ponerse de pie. Estoy temblando, congelada, pero los gritos de ella y los de él me sacan de mi estado de shock. Estoy corriendo de la habitación, tomando mi bolso, tragando mis llantos y con la respiración seca. Y al momento en el que estoy fuera, me doy cuenta de que soy un desastre sollozante y quejumbroso.

Llamo al celular de Elsa, aún cuando éste está bajo mi cama.

Le dejo un mensaje.

Pretendo que ella me llamará de vuelta.