Capítulo 8 Iré por ti.
-¡Candy!- Terry despertó en medio de aquella habitación oscura, despertó con un gran temor en el corazón respecto a Candy sin saber a ciencia cierta la causa de éste. Pero al no sentirla durmiendo a su lado, el temor aumentó. Intentó ponerse de pie pero un dolor semejante a mil agujas atravesando su cabeza en un mismo punto se lo evitó.
Ahora recordaba todo. Su padre y él habían discutido, cosa que no era particularmente extraña tratándose de ellos. Los golpes aparecieron, pero esta vez Terry no estuvo dispuesto a aceptarlos y le respondió. ¿Qué había ocurrido después?
-Me atacó por la espalda como un vil cobarde- pero ¿dónde estaba Candy? Esa pregunta le seguía atormentando. Reuniendo fuerzas logró incorporarse, aunque todavía se encontraba considerablemente aturdido. El lugar era húmedo, oscuro y con olor a viejo, lo que le indicó que estaba encerrado en la cava del castillo, ubicada varios metros debajo de la propiedad y la única puerta solo podía abrirse por fuera. Se imaginó a Candy sola y asustada en un lugar igual de terrible o peor y la rabia nuevamente inundó su cuerpo. Subió las escaleras y comenzó a gritar y aporrear la puerta lanzando maldiciones y amenazas hacia su progenitor. Nadie parecía escucharlo.
Un par de horas después los rayos de sol entraban a través de la pequeña ventana abarrotada de la puerta y un rostro bondadoso apareció tras ella:
-¡Señorito Terry!, ¿me escucha?, le he traído un poco de comida
-¡Señora Kersh! Señora tiene que ayudarme a escapar de aquí, ¿dónde está Candy?, necesito verla, por favor sáqueme de aquí.
-¡Oh Joven Terry!- y las lágrimas comenzaron a rodar surcando el rostro prematuramente envejecido de la tierna mujer- me duele tanto no poder ayudarlo, a todos nos duele. Usted sabe que es muy querido aquí Señor, pero por favor entiéndanos, tenemos miedo, somos gente humilde y trabajar aquí es el único sustento que proveemos a nuestras familias. Si su padre se da cuenta que alguien lo ayuda nos echaría a la calle, o algo peor. Todos dicen que si es capaz de ser tan cruel con su propio hijo, temen lo que le haría a un simple sirviente, perdónenos por favor.
-Pero y Candy, ¿dónde está Candy?, ¿qué le ha hecho ese maldito?
-¡Oh Señor fue tan horrible! Se la llevaron unos hombres a rastras, no tengo idea a dónde. Jamás había visto a tales hombres, vinieron con su padre. Ella lloraba, gritaba y se resistía. Estaba muy asustada por usted, pero nadie pudo ayudarla.
-Tiene que sacarme de aquí.
-Ya le dije que no puedo y perdón nuevamente. Pero sé de algo que podría funcionar. Su padre ha dicho que lo mantendrá encerrado hasta que usted entre en razón. Si yo voy y le digo que usted está arrepentido y que quiere hablar con él serenamente, lo sacará de aquí. Después podrá ingeniárselas para buscar a Candy, pero por favor, debe de prometerme que mantendrá la calma.
-¿Cómo me puede pedir eso?, me acaba de decir que ese maldito sacó a Candy de la casa como si fuera una criminal y ahora debo de respetarlo.
-Por favor joven Terry se lo ruego. Hágalo por Candy, es un pequeño sacrificio y ella ha sacrificado muchísimo más por usted. Solo piense que entre mayor sea el tiempo que permanezca aquí encerrado ella estará cada vez más lejos. Por favor.
-Está bien. Hablaré con mi padre.
Terry buscaba fuerzas dentro de sí para intentar controlarse y no lanzarse a los golpes nuevamente tan pronto como viera a su padre. La señora Kersh tenía razón, si esa era la única forma de salir a buscar a Candy tenía que hacer un esfuerzo, un enorme esfuerzo. Al poco rato otro rostro conocido apareció por la ventana.
-¡Hey Terry! Te he traído un obsequio.-Era Marc, quien mostraba sonriente las llaves de la cava.
-¡Marc!, ¿son las llaves de aquí? ¿Cómo las conseguiste?
-Vencí a uno de los gorilas que trajo el Duque-expresó el pequeño dándose aires de superioridad, pero ante el rostro de incredulidad de Terry agregó-está bien, le eché una purga en su almuerzo, lleva media hora vomitando y pude robarle las llaves.
-Te meterás en grandes problemas, pero te lo agradezco-dio un abrazo al chico apenas salió de su encierro e inmediatamente emprendió la carrera.
-¡Adiós Terry!, ¡busca a Candy!
Eso iba a hacer, buscarla. Pero no sabía a dónde se la habían llevado. ¿Por dónde empezar? Lo lógico era pensar que la llevarían de vuelta al San Pablo, ¿habrían partido ya?, no estaba de más asegurarse primero en la Villa de verano del colegio, después regresaría a Londres, aunque sus limitados fondos retrasarían el viaje. Pero no importaba, haría lo que sea por encontrarla, iría hasta el fin del mundo si era necesario, pero la encontraría de eso estaba seguro.
-o-
-Duque, con todo respeto considero que esa no es la forma de tratar a su hijo. Terrence es un buen muchacho, solo que es un poco impulsivo, apasionado, pero entiéndalo es joven y está enamorado.
-¿Acaso pretende decirme cómo debo de educar a mi hijo Señora Kersh?
-¡Oh no señor, por supuesto que no!, solo he venido a pedirle humildemente que le dé una oportunidad a su hijo, para que puedan hablar serenamente.
-Ya veo, viene a interceder por Terry y su, "capricho"; porque esa tontería de que está enamorado yo no la creo.
-Duque, si usted los viera juntos podría darse cuenta de que se trata de amor verdadero. Terry ha cambiado mucho; ya no bebe, no se mete en peleas. ¡Se le ve feliz!
-¡Por supuesto que se le ve feliz! Tiene a una mujer hermosa calentando su cama todas las noches; a esa edad en la que solo te mueven tus deseos eso es motivo suficiente para dar saltos y hacer cabriolas de alegría. Pero Terry no la quiere, él no quiere a nadie…además, señora Kersh, Terry es… Terry es mi hijo, es un aristócrata, una persona con clase, no va a enamorarse de una chica como esa. Existe un mundo de diferencia entre ellos dos.
-Candy es una buena muchacha, muy dulce y de nobles sentimientos.
-Desconozco cuál sea su definición de "una buena muchacha", señora Kersh, pero dudo mucho que una buena muchacha sea aquella que se mete como la humedad en una casa ajena y en la cama del heredero sin el menor cargo de conciencia. Además ya le he dicho que se trata solo de un capricho.
-¿Entonces no cree que resultaría contraproducente separarlos de ésta manera Duque?
-¿Contraproducente?
-Piénselo bien Duque. Usted conoce mejor que nadie a su hijo, sabe que muchas cosas las hace solo por desafiarlo, por llevarle la contraria. Es lógico pensar que no aceptará tan fácilmente ser alejado de su, "capricho", como usted llama a la señorita Candy. Pero si usted cambia de estrategia, le hace ver todas las diferencias que existen entre ellos, o mejor aún, permite que el mismo se dé cuenta, tal vez Terry termine por entenderlo.
-Mmm. Interesante teoría.
-He estado hablando con él. Quise hacerle ver que lo que hizo no estuvo bien, ni casarse, y mucho menos haberse enfrentado a usted de la forma en la que lo hizo. Se encuentra muy contrariado.
-Y dígame algo señora Kersh, ¿será que mi hijo está sinceramente arrepentido o solo finge para conseguir salirse con la suya?
-¡Por supuesto que está arrepentido! El entiende que ante todo usted es su padre y como tal debe de respetarlo, si usted le da otra oportunidad le aseguro que….-pero el resto del argumento de la mucama se perdió debido a la abrupta llegada de uno de los dos empleados que vinieron junto con el Duque el día anterior.
-¡Duque Grandchester! ¡Su hijo Terrence ha escapado! Enviaré a unos hombres a buscarlo de inmediato.
-¿Con qué se mostraba arrepentido no señora Kersh?
-Yo…
-Retírese inmediatamente. En cuanto a buscarlo, tengo una idea mejor. Prepara mi coche, saldremos inmediatamente.
La villa de verano de la escuela lucía lúgubre y desierta. El bullicio de los alumnos que la habían habitado las semanas anteriores había sido reemplazado por el penetrante silbido que generaba el viento otoñal al atravesar por entre los árboles del jardín. Aquel panorama tan desolador no representaba un buen augurio para los tiempos por venir; pero Terry no estaba dispuesto a dejarse vencer, tenía el firme propósito de encontrarla a como diera lugar, solo rogaba que nada malo le ocurriera a ella antes de poder hallarla.
-Resiste Candy, resiste mi amor, iré por ti.
