La sonrisa y el espejo

...por Fargok

Summary: Y a pesar del dolor de cabeza, Harry sintió una sonrisa ligera formarse en sus labios mientras, sentado en el aula de transformaciones, oyendo sin escuchar a la profesora, recordaba el incidente. HPxDM. Slash.

Disclaimer: Ya todo el mundo sabe que Harry Potter no me pertenece a mí, joder.

Notas: Junto con este capítulo subo una revisión de todos los anteriores. En realidad no hay cambios, pero cualquiera que haya leído anteriormente mi fic debería volver a leerlo desde el principio, tomando en cuenta que no lo he actualizado en, literalmente, años.

Advertencia: Ya saben...

VIII – Los monólogos del espejo

A Harry le preocupaba un poco el hecho de que Draco Malfoy estuviera todo el tiempo en sus sueños. Y el hecho de que estos sueños ya no fueran aptos para toda la familia. Fuera de ello, el chico estaba esforzándose por no pensar demasiado en su rival. Draco, por su parte, había vuelto a ser el déspota hijo de arpía que era antes. Al parecer, las cosas volvían a ser como antes... aunque a Harry eso no acababa de gustarle.

Draco no se sentía a gusto con sus sentimientos. Él sabía que Harry Potter le gustaba. Él sabía que lo que sentía por Harry Potter no era exactamente odio (más bien lo contrario). Él sabía que Harry Potter correspondía aunque sea en cierta medida estos sentimientos. En suma, él sabía que la situación era completamente estúpida.

Pero es que las cosas eran como eran y, aunque sonará muy cliché, al rubio y al moreno los separaba todo un mundo.

Habían pasado casi dos semanas desde que Harry y Draco casi habían tenido un encuentro cercano del sexagésimo noveno tipo. Y los sueños de Harry, la mayoría de las cuales ocurrían mientras estaba despierto, no dejaban de revivir ese momento. No solamente el que consistía en piel y mordiscos, sino lo que siguió después. Lo que Draco había dicho sobre su padre, sobre la amistad y sobre las cursilerías gryffindor.

Hermione y Ron atravesaban una etapa de felicidad boba. O al menos así la habían definido los demás. A Harry le daba un poco de envidia y, a la vez, se sentía un poco demasiado ingenuo cuando se imaginaba a sí mismo y a su slytherin favorito en una situación más o menos parecida.

Una noche, Harry se miró en el espejo del baño y se dijo a sí mismo:

—Harry Potter: ¿estás enamorado?

—No, genio —le respondió el espejo.

—Pero... ¿qué demonios? —dijo Harry al encontrarse con la respuesta del espejo.

—Por favor, mi amor, ¿a estas alturas del partido te sigue sorprendiendo que las paredes hablen? —Soltó el reflejo.

—Oye, esto es nuevo para mí. Los reflejos nunca me habían respondido —dijo Harry a modo de defensa.

—Einstein, estás en Hogwarts. Aquí hay maaaagia —la actitud del espejo caía en lo cómico y, a la vez, resultaba un poco irritante.

—Sé que aquí hay magia —respondió Harry, molesto—, pero eso no quiere decir que todas las cosas con cara hablen.

—No vamos a discutir sobre eso. Tú has venido a sincerarte, ¿no? ¿Qué mejor lugar para hacerlo que frente al espejo del baño?

Harry se miró fijamente. El reflejo le devolvió la mirada, como es evidente. Pasaron alrededor de veinte segundos antes de que alguno de los dos hablaran. Fue el verdadero Harry quien rompió el hielo.

—Estoy enamorado.

—Felicidades, Sherlock. Has resuelto el misterio.

—¿Tienes que ser tan sarcástico?

—Los reflejos sólo hablamos cuando necesitas poner los pies en la tierra. El sarcasmo nos permite hacerlo de manera divertida y sin caer en la cursilería. Eso se llama tener estilo.

Harry se despertó. Bajó al baño, se miró al espejo y dijo:

—Lo de ayer fue un sueño, ¿verdad espejo?

El reflejo no respondió. Pero cuando Harry se volteó, guiñó un ojo.

Draco estaba admirando su perfecto rostro en el espejo. En realidad, estaba tratando de sacarse una pestaña que se le había metido al ojo y que le lastimaba.

—¡Joder! —murmuró— ¿No hay algún hechizo que me pueda quitar esto?

—Dicen que un clavo saca a otro clavo —comentó su reflejo.

—No me refiero a eso —dijo Malfoy—. Deja de mencionarlo.

—Hombre —dijo el reflejo—, no te molestaría tanto si pasaras menos tiempo viéndote en el espejo.

—Mi cara no tiene desperdicio. Sería un pecado no admirarla —a Draco le gustaba, hacía falta aceptarlo, alardear frente al espejo. Lo hacía desde pequeño.

—Conozco a alguien que la admira mucho —dijo el reflejo.

—Si vuelves a mencionar la palabra con P te rompo.

—Alguien me repararía, de todas formas. Y acuérdate que son siete años de mala suerte. Además, no es la palabra P, es la palabra H.

—Me niego a dirigirme a ese tipo por su nombre de pila —respondió Draco molesto. Ya se había olvidado de la pestaña y miraba a su reflejo con cara de pocos amigos. Sobra decir que una cara de pocos amigos era lo que recibía a cambio.

—En tus sueños pareciera que olvidaste su apellido —sugirió el espejo con una vocecita pícara. Draco se sonrojó un poco, pero lo disimiló con una mueca y haciendo como que se rascaba la nariz—. Oye, no tienes que disimular conmigo. Estamos en confianza, ¿no?

—Tú entras en confianza muy rápidamente. No sé quién te crees que eres.

—Con una cara como esta, debo ser una especie de dios griego, ¿no?

—Ésa es mi cara.

El espejo bufó.

—Si no fuera porque sólo soy un fenómeno físico, te golpearía. Ahora ve y declárale tu amor al niño bonito, que ya me cansé de este teatro.

Draco sonrió. El reflejo había hablado sin rodeos, lo que quería decir que él (el verdadero Malfoy) había ganado.

Hermione Granger se había acostumbrado a que los baños eran un lugar propicio para hacer magia prohibida. Bueno, no realmente, pero desde aquél incidente con la cámara de los secretos, sabía que en ese baño de niñas que siempre estaba convenientemente fuera de servicio podía experimentar con lo que quisiera. Recargada en los lavabos, miraba su rostro que ya no era el de una niña y sonreía. Su reflejo levantó las cejas.

—No suelo decir este tipo de cosas, Granger, y menos a una sangre-sucia Gryffindor como tú, pero debo admitir que me has sorprendido con esto de los espejos.

—Es magia avanzada y antigua. Se usaba mucho en la antigüedad para fines de espionaje y para hacer creer a la gente que estaba loca. Con los muggles funcionaba muy bien.

El reflejo se apoyó en el lavamanos, se paró en él y dio un paso hacia el frente. Pansy dio un salto y se sacudió un poco de escarcha.

—¿Por qué atravesar el espejo es tan frío? —le preguntó a la castaña.

—Bueno —dijo Hermione—, hay cosas que no tienen explicación. Son así porque así son, como la poesía. Creo que hay mucho de poético en la magia.

—¿Cómo te fue con Potter? —preguntó Pansy.

—Ah, muy bien —respondió Hermione—, no fue difícil convencerlo de hacer lo correcto.

—Las mujeres tenemos ese dominio sobre los hombres, incluso sobre los hombres gays —dijo Parkinson, y se rió malévolamente.

—No eres tan mala persona, ¿verdad Parkinson? De verdad quieres a Malfoy.

Pansy, que hasta el momento había estado relajada e incluso contenta, dirigió a Hermione una mirada de pocos amigos.

—Escucha, Granger. Las razones por las cuales hago esto no son de tu incumbencia. Sí, puede ser que quiera a Draco, o tal vez simplemente me gusta ver a dos chicos guapos haciendo cochinadas. Sea lo que sea, no creas que tú y yo seremos amigas a partir de ahora.

Hermione sonrió. Tomaría eso como un sí.