Hola chicas! Aquí les dejo una nuevo capitulo. Y bueno, agradecerles a las que pasan por aquí,se dan el tiempo de leer y dejan sus comentarios, y a las que son lectoras fantasmas, pues también les agradezco sus visitas!
Besos a todas!
¡¿Qué se cree esa pequeña bestia castaña, eh? Y es que Edward no conseguía aquietarse después de lo ocurrido en la casa de Bella. No estaba acostumbrado al rechazo, no le gustaba. Menos de alguien como ella. ¡Maldita sea Edward, porque no agarras tus cosas y regresas a Seattle. Allí hay una mujer dispuesta a darte la mejor noche de pasión que deseas!, le espetaba su subconsciente, a lo que él en voz alta le respondía:
-¡Pues...pues porque no!- y es que no hallaba en su interior una respuesta coherente para quedarse en ese lugar para ser maltratado y pasado a llevar por una "chiquilla". Se acercó a la ventana de su cuarto de hotel, y mientras prendía un cigarro recordó la manera casi bestial como ella lo había tratado. ¡Dios Santo, eso es pura pasión! , pensaba, sonriendo ahora por las diferentes reacciones que en tan corto tiempo había conocido en ella. Así que, ahora más calmado, pensó en idear una manera diferente de abordarla, de acercarse a ella y ganarse su confianza.
-Muy bien, si ella busca un hombre que quiera sólo una sincera amistad, pues seré su amigo. Por ahora, por supuesto- dijo, apagando el cigarro y dirigiéndose a la regadera para ducharse y relajarse, antes de meterse a la cama.
Cuando Bella despertó al día siguiente, no dejaba de darle vueltas a lo que había pasado con Edward. No podía creerlo, jamás se imaginó que él viniera hasta aquí sólo para verla, pero por qué si su novia o amiga, o lo que sea estaba seguramente esperando por él en Seattle. La distrajo de sus pensamientos una llamada entrante en su celular: su amiga Jane
-¡¿Bells?-
-Jane, perdona por no haber llamado...-
-Bells, te has perdido la mejor fiesta de graduación que se ha hecho en este pueblo-
-Vaya... que desgracia- contestó irónicamente
-Hey, ¿qué te parece si almorzamos y te pongo al tanto de las novedades de la fiesta?-
-Suena fabuloso. Nos vemos en el restaurante de siempre-
-Ahí estaré. Nos vemos Bells-
-Adiós Jane- dijo, y colgó. Ok, eso la ayudaría a distraerse de todo, una charla de chicas. Genial...
A la hora y en el lugar acordado, Bella y su amiga Jane se encontraron en el pequeño restaurante en donde siempre solían encontrarse. Jane la puso al tanto de todo, absolutamente todo lo que había sucedido en la fiesta. Quien había bailado con quien, quien había besado a quien, quien había peleado con quien... en fin. Además de, por supuesto, comentarle los mejores y peores atuendos de la noche.
-Entonces, si faltaste a la fiesta por ese dichoso viaje con tu mamá, supongo que habrá valido la pena- quiso saber Jane. Bella lo único que recordaba de aquel dichoso viaje, era al engreído de Edward. y se odió por eso.
-Sí, valió la pena. Me la pasé fantástico con mamá- mintió lo mejor que pudo
-Ese hotel-resort es uno de los más lujosos en Seattle. ¿Es lindo?-
-Lo es-
-Quizás, ahora que nos distanciaremos un poco por la universidad, podamos juntarnos un fin de semana en ese lugar nosotras y las demás chicas- propuso Jane. Bella se aterró ante la idea de regresar allí.
-Oh, no lo sé. Creo que es costoso. Quizás hayan otros lugares, de todos modos, siempre encontraremos un lugar para reunirnos, no te preocupes-
-Amiga, te extrañaré-
-Y yo a tí, Jane-
-Oye... ¿y qué tal las cosas con Jacob, eh?¿Ya tuvieron sexo?-
-¡Jane!-
-Oye, no reacciones así. Ya sabes cómo son las cosas ahora. Además, se nota que el uno anda loquito por el otro. No sé qué demoran tanto en comprometerse...-
-Él se va a Boston a estudiar. Si llegamos a ser novios, desaprovecharía esta oportunidad de la beca por quedarse aquí, lo conozco. Además, yo no sé si realmente lo que siento por él es suficiente para ser su novia-
-Bueno, entraremos a la universidad en un corto tiempo más y de seguro ahí encontraremos a nuestro príncipe azul-
-Príncipe azul...ja!- dijo ella, burlándose de las ensoñaciones de su amiga. Después de comer, decidieron ir de visita a la casa de Ángela, quien no se podía mover de allí, pues estaba cuidando a su pequeño hermanito. Y allí se les pasó la tarde. Bella se sintió agradecida de sus amigas, pues sin querer la habían hecho olvidar lo sucedido la noche anterior. No precisamente lo sucedido con Jacob, sino...lo otro.
-¿Mamá?- preguntó Bella al llegar a casa. Pero nadie contestaba. Era raro que su madre no hubiese regresado, pues los sábados sólo trabajaba medio día. Revisó su teléfono... ¡apagado, sin batería! De seguro Renée se intentó comunicar con ella. Fue hasta la cocina y vio una nota pegada al refrigerador:
"Bella, no sé en que mundo andas que traes apagado tu móvil. Cariño, se presentó una urgencia con un caso en Seattle, así que tuve que viajar urgente. Mañana estaré de regreso por la tarde. Cuídate. Te amo. Mamá"
Genial. Sola el fin de semana. Abrió el frigorífico y sacó una botella de té helado. Estaba sedienta. Se sentó en la soledad de la cocina y comenzó a beber, pero se sobresaltó al oír tocar su puerta. Meditó una y otra vez si levantarse a abrir, mientras el "toc toc" insistía. Se levantó con sigilo hasta la puerta y preguntó:
-¿Quién es?- ... pero no hubo respuesta. Respiró hondo y abrió un par de centímetros la puerta, pero no vio a nadie en el primer momento. Enseguida y de improviso, apareció frente a sus ojos una mano varonil que sostenía un pañuelo blanco, el que agitaba una y otra vez. A ella le pareció extraño, así que abrió la puerta por completo, y se quedó pasmada, otra vez, al ver a Edward quien sostenía el pañuelo.
-Este... vengo en son de paz- dijo él, curvando una sonrisa en sus labios y agitando el pañuelo aún en su mano
-¿A qué has venido?-
-Ya te lo dije: vengo en son de paz. Quiero reivindicarme contigo-
-¿Reivindicarte?-
-Sí, ok, lo admito. Soy un bruto. Bella, no quería intimidarte, ni menos provocar tu furia. No sé qué me pasó. No quiero que pienses que quiero lastimarte o algo así, pues porque no es cierto. Sólo eso- dijo él, tratando de sonar lo más convincente que pudo. Ella se lo quedó mirando, así, parado en la puerta, con carita de cordero degollado, y en verdad no sabía si darle crédito a lo que le decía.
-Está bien. No hay problema-
-Bueno, me alegro. Ahora me voy, pues supongo que no quieres que entre. Adiós Bella- dijo, dándose media vuelta y comenzando a descender las escalas de la entrada de la casa. Bella se quedó atónita. No esperaba esta reacción de él, ni menos la reacción que ella tendría:
-¡Espera!- le dijo. Edward esbozó una sonrisa de satisfacción, luego suspiró y se giró hacia la chica -¿No quieres pasar?-
-¿Tú quieres?-
-Ehh... si... por qué no...- dijo ella, a lo que Edward sonrió complacido. Sin decir más, entró a la casa luego de que la chica lo invitara. "Eres un genio, Edward Cullen", pensaba para sí mismo, feliz por todo lo que aquella noche prometía para él.
-Los alemanes son muy serios, conservadores, no dan a conocer sus emociones de forma muy abierta. Quizás eso me aburrió de ese lugar: su gente. Pero lo demás es verdaderamente maravilloso. En verdad espero que lo conozcas- concluyó Edward. Sin darse cuenta, él y la chica habían estado desde las diez de la noche hasta las cuatro de la madrugada hablando de sus vidas, al igual que como lo habían hecho aquella vez que cenaron. Y eso para él fue una sorpresa, pues nunca entablaba conversaciones con sus "potenciales mujeres", pues en verdad no le interesaba. Pero por supuesto, con Bella era diferente. Él se sentía realmente concentrado e interesado en saber de ella.
-Es increíble todo lo que me cuentas. Yo espero vivir cosas como esas en mi vida-
-De seguro así será- le dijo Edward sinceramente a la chica. Ella, sin darse cuenta, soltó un bostezo que provocó la risa de Edward. Él desvió su vista hasta el reloj y se percató de la hora
-Oh, bueno, supongo que es hora de dejarte para que descanses. No sé cómo se pasó la hora, espero no haberte aburrido...-
-No, para nada- le corrigió ella sin pensar
-Bueno Bella. Me retiro. Estaba pensando que quizás mañana podamos almorzar, no conozco muchos lugares aquí y...-
-Suena estupendo. Yo conozco un buen lugar-
-¡Perfecto! Entonces mañana vengo por ti. Ahora te dejo- dijo, poniéndose de pie para salir. Bella lo acompañó hasta la puerta para despedirlo
-Buenas noches Edward. Te veo mañana-
-Buenas noches. Que descanses- dijo él, depositando un suave beso en su mejilla. Y es que se estaba aguantando de tomarle la cara entre sus manos y besarla. Pero no... "Calma Edward" se repetía él en su cabeza.
Bella por su parte, se estremeció ante ese escaso contacto de su mejilla con los labios de Edward. Nunca había sentido nada igual. Y con esa sensación, cerró la puerta después de esperar que Edward subiera a su coche y se pusiera en marcha. Con esa extraña sensación recorriéndole el cuerpo, ella se fue a dormir.
El domingo por la mañana pasó malditamente lento para Bella, y es que se sentía ansiosa de que la hora de almuerzo llegara, y no precisamente por la comida, sino por la compañía. Bella repasó una y otra vez su armario, buscando un atuendo adecuado para la cita. "¿Cita? Oh, por Dios, Bella que te sucede..." pensaba ella. Se metió a la ducha con la esperanza de que el agua aclarara sus ideas. Pero no resultó. Nada estaba más claro.
Hizo todo el ritual normal, o mejor dicho, hizo un ritual "anormal" después de la ducha, y es que se arregló con esmero. Distribuyó por su cuerpo un poco de crema humectante con aroma a miel, luego secó y peinó cuidadosamente su cabello hasta que este quedara más liso de lo habitual. Enseguida, maquilló su cara sutilmente, y por último se calzó unas medias negras, una minifalda de jeans color azul, botas negras y una blusa blanca ajustada. Se miró al espejo y quedó conforme con el resultado.
Llegada la hora, escuchó unos golpes en su puerta, y sin hacerse esperar, Bella corrió hasta ella para abrirla. Y era él. Vestía un jeans negro, una polera gris y una chaqueta de cuero negra. Y por supuesto su cabello iba desordenado, haciendo que todo en el fuese absolutamente sensual.
-Hola- dijo él, sonriendo coquetamente. Enseguida le echó una mirada sin ningún disimulo, cosa que hizo ruborizar a Bella –Estas realmente hermosa-
-Gracias-
-¿Estás lista entonces?-
-Si, vámonos ya- concedió la chica.
-Muy bien, usted dirá hacia donde debo de dirigirme, señorita- le dijo cuando estuvieron dentro del carro
-Al centro del pueblo- le indicó ella. Bella llevó a Edward a un restaurante pequeño, pero que a su parecer, tenía la mejor carta de comida y vinos dentro del pueblo. Pese a ser domingo, no estaba lleno, y es que las familias preferían aprovechar el fin de semana e ir hasta Seattle.
A Edward le pareció una estupenda elección, pese a que él estaba acostumbrado a comer en grandes y elegantes lugares. Pero en verdad, en ese momento, el lugar poco y nada le importaba. Lo primordial era la hermosa chica que lo acompañaba.
Se acomodaron en una mesa alejada del centro, un camarero que saludó a Bella de forma muy confianzuda, haciendo además mención de lo guapa que se veía. Eso molestó un tanto a Edward, pues le pareció un descaro que ese empleado tratara con tanta familiaridad de los clientes. Si él fuera su jefe, ese camarero ya estaría despedido. Dejó las cartas sobre la mesa y se retiró
-¿Ese tipo te conoce?-
-Oh, claro. Aquí todo el mundo se conoce, es un pueblo pequeño-
-Ya veo. ¿Son amigos o algo así?-
-Mmm...No amigos, pero sí conocidos-
-Aha... ¿Y tu novio no se pone celoso?-
-¿Mi novio?- preguntó Bella extrañada, pero en una fracción de segundo recordó que una de las veces que amenazó a Edward, le dio a entender que Jacob era su novio... ¡Jacob! Tendría que haberlo llamado, pero lo había olvidado por completo con todo lo sucedido...
-¿Bella?-
-¿Eh?, disculpa, es que me distraje, ¿me decías?-
-Te preguntaba si tu novio no se pone celoso...-
-No- contestó simplemente, llevando sus ojos hasta los platos que la carta ofrecía.
-¿Entonces le hablarás de mí a él?¿cómo se llama?-
-¿Quién?-
-Tu novio-
-No se...-
-¿No sabes cómo se llama?-
-Ok, Jacob no es mi novio, es sólo un muy buen amigo- dijo ella en tono concluyente.
-Oh!- respondió Edward, internamente feliz, aunque le picaba la curiosidad de por qué los dos encuentros que había visto entre el tal Jacob y ella, hacían parecer lo contrario. Pero desechó la idea de preguntar. No era importante, lo realmente importante para él es que Bella estaba soltera y sin compromiso. Aunque si hubiese sido al contrario, no supondría un problema para Edward.
Estuvieron cerca de tres horas en el restaurante, en un ambiente muy ameno para ambos, y aprovechando que afuera había un sol y un calor poco común para el pueblo más lluvioso de los Estados Unidos, Bella decidió invitar a Edward a pasear a un lugar cercano a la reservación quileute. Edward aceptó encantado.
-¡Vaya! Forks sí que tiene sus encantos- dijo Edward contemplando el diverso verdor que los rodeaba.
-Sí, el lugar es muy bonito-
-No hablaba del lugar precisamente, pero sí, es bonito- dijo él, mirando coquetamente a la chica. Ella por supuesto entendió lo que Edward quiso decir y su cara se enrojeció.
-¿Cuándo regresas a Seattle?-
-Quizás esta noche, no lo tengo claro aún, ¿por qué lo preguntas?-
-Sólo curiosidad- dijo ella, mientras una sensación de pena recorrió su pecho al pensar que quizás sí sería esta la última vez que vería a Edward.
-Eres muy curiosa. Pues yo también siento curiosidad por algo: ¿por qué me dijiste que Jacob era tu novio?- preguntó mientras caminaban por el tranquilo y solitario lugar.
-Nunca te dije eso-
-Me lo diste a entender-
-Estaba molesta contigo, y usaría cualquier método para que te alejaras de mí-
-¿Todavía piensas eso?-
-¿Qué cosa?-
-¿Usar cualquier método para alejarme de ti?- dijo él, poniéndose en frente de ella, mirándola intensamente y colocando sus manos sobre los hombros de ella
-No... no lo sé...-
-Pues no lo hagas, pues sortearía cualquier cosa para estar cerca de ti, Bella- dijo, llevando sus manos hacia el rostro de ella y acercándose lentamente sin apartar sus ojos verdes de la mirada de la chica. Hasta que sus labios quedaron a escasos milímetros de distancia. Edward estaba pensando en quedarse ahí por un rato y luego apartarse, pero la reacción de Bella lo tomó por sorpresa, pues fue ella quien terminó por hacer inexistente esa escasa distancia entre sus labios.
