bueno aqui hago entrega de este capitulo que espero y disfruten no tengo mucho que decir, solo que todos mis fics (en curso) han sido actualizados (ya me paresco a Dross con luna de pluton xD)
Por cierto, los apellidos de los doce siervos serán apellidos de mis personajes favoritos de algunos animes que me gustan mucho. (son personajes de animes con moe, comedia, vida escolar etc. dare unas cuantas pistas en la pagina de facebook) y una seiyuu que admiro.quien tenga los doce apellidos correctos se gana un capitulo de su preferencia ya sea para "intimos secretos" o "Relatos salvajes.solo dare 2 nombres, por que creo que son los mas dificiles de saber.
-Tsuchimiya Kagura de Ga rei zero
-Isayama Yomi de Ga rei zero tambien.
de ahí en fuera los demas, creo yo, son faciles.Muchas gracias a Beta-chan por su gran trabajo
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Un ensordecedor sonido invadió en toda la habitación, una habitación iluminada únicamente por la tenue luz de un par de velas. Aquel sonido fue acompañado por un llanto constante, cualquiera pensaría que era un accidente lo que ocurría ahí, pero para nada era así.
-...No más... Por favor...- se escuchó la quebrantada voz de una pequeña de no más de 10 años.
Ahí estaba ella, con unas ropas sucias embadurnadas de tierra, sudor y sangre. Su pequeño y frágil cuerpo temblaba, tal vez por el frío, o tal vez por el latente ojo que comenzaba a inflamarse.
-Te he dicho que si no lograbas quitarte las cuerdas iba a castigarte, ¿Por qué sigues sin lograrlo? ¡Maldita sea la hora en que el heredero de Nishikino nació mujer!... Esa insignificante y patética fuerza que tienes sólo causara la muerte de tu futuro ejercito- el hombre frente a ella parecía serio y enfadado ¿Por qué tenía que entrenar a una niña? Era obvio que no aguantaría, las mujeres no estaban hechas para la guerra, solo para criar a los hijos y servir al hombre.
-Lo siento... Lo siento...- susurraba entre lágrimas la pequeña pelirroja que aún tenía manos y pies atados, así como un grillete sujeto a su cuello que no le permitía mucho movimiento.
Un nuevo sonido se hizo presente en la habitación, esta vez mas opaco y hueco, enseguida de esto un grito ahogado seguido de una tos dolosa. Esta vez el golpe había sido contra el estómago de la pequeña que, a falta de aire, en lugar de llorar más, sólo jadeaba con dolor mientras saliva corría por la comisura de sus labios partidos.
-Tsk... Ahora mismo te enviaré al cuarto de Tsuchimiya, e Isayama se encargarán de castigarte como se debe, y pasaras una noche más sin comer- agregó el hombre.
-...No... ¡No! yo no... Quiero que... Me envíe ahí- Rápido trato de hablar, pero el hombre la ignoró por completo.
La desesperación en la pequeña comenzaba a invadirla, no quería que esos hombres la tocaran de nuevo.
Sin saber de dónde sacó la fuerza, comenzó a tirar, tratando de separar sus manos, se pudo escuchar el crujir de la cuerda y los gruñidos de la pelirroja al hacer tal esfuerzo. Sus manos comenzaron a tornarse moradas por la manera en que eran presionadas.Las cuerdas se rompieron... Increíblemente aquel miedo y desesperación habían dado a la pequeña pelirroja la fuerza para romperlas, y aquel hombre miró entre asombrado y enfadado lo que acababa de ocurrir
-Yo... Me libere... ¡Lo logre! - exclamó sorprendida y adolorida mirando sus manos y sus muñecas completamente lastimadas.
-... Tienes 10 minutos más para librarte de las cuerdas de tus manos y del grillete. Si lo haces tendrás la cena y te podrás ir a dormir, sino... Tsuchimiya e Isayama te estarán esperando- agregó el hombre fríamente y cerró la puerta tras de sí.
La alegre expresión de Maki se esfumó al haber escuchado eso... Miró sus pies y después tocó con sus dedos el metal en su cuello.
-Maldita sea... ¡Maldita sea! - maldijo fuertemente y sus lágrimas comenzaron a salir.
Esa noche la pequeña no logró su cometido, y paso otra infernal noche en manos de esos dos hombres. Pero aprendió algo ese día... Sólo el miedo era capaz de hacer cambiar a la gente o de someterla, si no tenía miedo, nadie podría contra ella.
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Ese día, Akiyama había vuelto a amordazar a la pelirroja y la había encerrado. Había determinado cierto tiempo para que ella se liberase, y estaba a punto de terminar el tiempo.
-Esa mocosa, ya hice de todo para que muera... Simplemente se resiste a hacerlo, no importa cuánto nos esforcemos en que desaparezca, simplemente lo soporta- agregaba Akiyama el tercer siervo, aquel que seguía debatiéndose el hecho de que la heredera fuese una mujer.
-Vamos, esa niña es de cristal, ponle la tensión necesaria y va a quebrarse- Agregó el cuarto siervo Hiragi.
Ambos se estaban encaminando a la puerta de la habitación donde Maki estaba encerrada, pero cuando la abrieron se quedaron con la boca abierta.
La chica estaba sentada a la orilla de la ventana, mirando el cielo. Las cuerdas estaban en el suelo y el grillete roto. Podían apreciar la libertad de esa pelirroja. Lo había logrado.
-No puede ser...- susurró Akiyama sorprendido, en definitiva, no esperaba aquello.
Maki dirigió su mirada hacia los dos siervos y por primera vez ella sonrió a ellos, pero no una sonrisa de alegría, sino una sonrisa de burla, una sonrisa que causaría temor en un futuro.
Ese día fue de descanso y reposo para la joven Nishikino, y también obtuvo el primer sello de los siervos, pues el tercer siervo Akiyama, fue el primero en tatuar su rosa en la espalda de la pelirroja, como prueba de que Maki, había superado su enseñanza encomendada.
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-El miedo... Hace que las personas cambien- susurró Maki mientras permanecía recostada, su cuerpo era cubierto por algunas vendas y por una suave sabana. También podía sentir calor a sus costados, cuando supervisó con la mirada, se encontró con la desnudez de su cortesana, Kotori Minami y al lado contrario, en su otro costado, la expresión dormida de esa rubia extranjera, Mari Ohara, su pálida piel era iluminada por la luz del sol que entraba por su ventana.
Soltó un suspiro más, esas dos chicas ¿Las había llamado a las dos? Si su prima Dia viera a Mari ahí, seguro estaría enfadada con ella un par de días.
Ambas chicas se removieron al sentir el ligero movimiento de Maki, cuando lograron abrir los ojos, se percataron de la situación.
-Oh... Buenos días Maki-chan- Saludaba Kotori a la pelirroja, se estiró un poco y besó la mejilla de la menor con cariño.
-Humm- fue la única respuesta de Maki.
-Que fría eres cariño, después de haber pasado un rato así- esta vez Mari saludaba a la pelirroja que soltó otro suspiro.
-Tú deberías irte de aquí antes de que a Dia se le ocurra venir a despertarme- advirtió la de ojos violetas a la rubia que dejo salir un bufido poco femenino.
-No es mi culpa, después de todas esas copas, tú me arrastraste aquí junto con Kotori-chan- agregó Mari sonriente. - ¿Qué fue lo que dijo pajarita? - preguntó a la peli gris con una provocativa sonrisa.
-Entre más seamos, mejor- finalizó Kotori con una risita provocando un ligero sonrojo en Maki.
Las dos cortesanas comenzaron a reír, pero pronto su risa se detuvo al escuchar a alguien llamar a la puerta tres veces y posteriormente acceder. De inmediato se toparon con una pelinegra de vestimenta elegante y ojos carmín ahí.
- ¿Yazawa? - Maki dijo a la recién llegada.
Nico se sorprendió, dos mujeres hermosas y desnudas en la cama de esa bestia, no podía creerlo, hasta cierto punto sintió vergüenza y desagrado.
-No puedo creer que sólo descansaras dos semanas tus heridas, y ya hagas lo que te da la gana- dijo Nico molesta y desviando la mirada.
-Tsk... No es de tu incumbencia lo que haga o no haga, si no tienes nada importante que hacer aquí lárgate- Maki dijo con desprecio y superioridad a la pelinegra que sólo frunció el ceño.
- Idiota - Susurró para sí misma, y después alzó la voz. -Curiosamente ¿no olvidaste que Kousaka Honoka vendría a hablar contigo el día de hoy? - dijo con sarcasmo y cruzándose de brazos, la pelirroja frunció el ceño de nuevo.
-Ah~ Kotori ¿puedes pasarme mi ropa? - pedía a la peli gris que asintió y sin más se levantó, dejando su desnudez a la vista. -Y tú... Márchate ya- ordenó esta vez a Mari que sólo se encogió de hombros y también se levantó.
Nico no podía creer cuan desvergonzadas eran esas chicas. De verdad estaba incómoda y podría jurar que un sonrojo la delataba, pero aun así prosiguió esperando. La rubia se marchó y la peli gris ayudó a su ama a vestir, en ese pequeño instante, Nico pudo apreciar de nueva cuenta aquella imagen plasmada en la espalda de la pelirroja. Aun se podían ver las marcas de heridas cerradas, que el propio padre de la chica le había hecho. Una vez que terminó de alistarse, tomó el bastón con el que se apoyaba para salir de aquel, al que llamaba su Baishun.
-Vamos Yazawa, vas a acompañarme el día de hoy- dijo Maki a la pelinegra que se desconcertó un momento.
- ¿Por qué? - dejo salir sin mucha alegría.
-Porque yo lo digo... Además, Kotori tiene otra tarea para mí- aclaraba mirando de reojo a la involucrada, esta sólo hizo una reverencia ante Maki y salió por la puerta trasera de la habitación. -Andando- sin dar más interés a ello, Maki comenzó a andar en dirección a una de las habitaciones de invitados, donde se supone Honoka había llegado ya.
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Honoka estaba sumamente nerviosa, no sabía que podría pasar, no sabía si saldría si quiera de aquel lugar. Cualquier ruido la tenía alterada, si a algo le temía, era a la brutalidad de Maki, no tanto a la chica en sí.
-Debo calmarme... Además, Tsubasa-chan también está aquí, oculta para defenderme de cualquier cosa... No debería temer- se dijo a sí misma Honoka, mientras daba vueltas de un lado a otro en la habitación.
Prestó atención a sus últimas palabras, y no pudo evitar sentirse algo triste y débil. -Tsubasa está aquí para defenderme... A mí, la futura señora de Kousaka... Que patética soy- decía decepcionada de sí misma, incluso dependía tanto de Yukiho.
Si tan sólo tuviera más actitud, tal vez lograría las hazañas que se había propuesto, las mismas que su familia esperaba de ella. Además, pronto o casi pronto estaría casada con Nishikino Maki, alguien que desafiaba incluso la ley de su propio padre.
La puerta se abrió de golpe, y Honoka atemorizada se giró para encontrarse con esa figura, una mujer pelirroja con un kimono muy elegante color vino, y con un bastón dorado, en conjunto con esa inexpresiva y fría mirada. Tuvo ganas de saltar por la ventana al verla aproximarse a ella.
-Me alegra que vinieras Kousaka. Es bueno ver tu buena voluntad, y no verme en la penosa y fastidiosa necesidad de ir personalmente a traerte- dijo Maki sin mucha expresión mientras se paraba frente a Honoka. -Yazawa, cierra la puerta y te pido CUIDES que nadie venga aquí- ordenó a la pelinegra que había caminado tras ella, y ésta obedeció.
Una vez que Nico cerró la puerta, Maki prosiguió.
-Toma asiento- ofreció a la castaña, que vacilante acepto y se sentó al frente de ella.
-Ma.Maki-chan... Yo no decidí esto... Yo no estaba de acuerdo desde un principio...- Honoka, torpemente, dejaba salir algo de su temor frente a Maki, por primera vez su expresión fría cambio a una burlona.
"-Una persona con miedo... Perfecto-" pensó la de ojos violetas, eso sería muy fácil de llevar a cabo.
-Cálmate Kousaka, a diferencia del imbécil de Sakurauchi, tú te has sabido comportar y no cruzar la línea de mi paciencia, la cual es muy, muy delgada y pequeña. Considérate afortunada de que no esté interesada en poner tu cabeza en una pica- decía la pelirroja y al final se aclaró la garganta y río sarcásticamente. -...Aun- agregó.
Honoka sintió una corriente eléctrica recorrer su espalda al escuchar a la pelirroja decir aquello de la pica, ¿cómo supo que había pensado en eso? Al final lo acreditó a una aterradora y nada graciosa coincidencia.
-Entonces... ¿Para qué me has llamado? - preguntó Honoka con incertidumbre esta vez. La chica Nishikino se estaba comportando de una manera muy relajada.
La mayor, rio levemente para volver a aclararse la voz y pasó su mano por su cabello, todo antes de hablar.
-Tengo un trato realmente interesante para ti, pero primero... Quiero asegurarme de que vales la pena...- Maki posaba su mano sobre su cintura, tomando el mango de una pequeña cuchilla y haciendo helar la sangre a Honoka.
Nico observó cada movimiento, pero algo llamó rápidamente su atención, un pequeño destello en la oscuridad que de inmediato le hizo saber que había alguien protegiendo a Honoka y que estaba a punto de atacar a Maki.
"-Oh no, ni se les ocurra Kousaka... Quien matara a esa maldita seré sólo yo-" Pensó Nico y de inmediato se movió.
Todo fue tan rápido para Maki y Honoka. De un momento a otro Tsubasa había saltado entre la oscuridad con la intensión de apuñalar a Maki para salvar a Honoka, pero antes de si quiera llegar a la pelirroja, un Kunai paso frente a ella a gran velocidad, logrando hacerle una pequeña cortada en la mejilla. Enseguida sintió como su cuchilla era abatida contra otra muy similar, en cuanto logró reaccionar, Nico la había enfrentado y protegía a Maki de cualquier ataque, cada una frente a su ama.
-Estuvo cerca... Guerrera de Kousaka- dijo Nico con una tenue sonrisa a la sorprendida Tsubasa.
Si Honoka antes tenía miedo, ahora había entrado en un pánico absoluto, al grado en que había comenzado a temblar. Su fin estaba asegurado.
-Maldición...- susurró Tsubasa al verse descubierta y atrapada, pero algo la desconcertaría en gran manera.
El silencio fue roto tras escuchar como una risa invadía el lugar, las tres chicas miraron a la causante de aquel sonido, Maki, quien reía a pesar de lo que había ocurrido.
-Veo que no confías en mí, muy inteligente Honoka, veo que no eres la imbécil inservible que pensé... Bueno no del todo- Maki decía aquello mirando después a Tsubasa, quien estaba sumamente seria.
Después dio la espalda para volver a sentarse y no tomar su arma en manos de nuevo.
-Me sorprende tu capacidad para reaccionar Yazawa, eres alguien que definitivamente me complace tener, pero vamos, baja el arma- sonrió con malicia a la de ojos carmín, Nico sólo obedeció de nuevo y bajo su arma, volviendo a una posición más adecuada.
-Nishikino... ¿Qué pretendes? - Tsubasa también habló en ese momento, ahora se encontraba confundida.
-No tengo interés alguno en una niña tonta como Honoka Kousaka, pero, es una pieza necesaria en mi tablero- comenzaba Maki, esto con la intención de que ambas invitadas se calmaran y prestaran atención. -Si no tengo un matrimonio contigo, mi padre te desechara y buscara algo más, pero mi propuesta es la siguiente; acepta desposarte conmigo, nuestra unión solo será un pretexto completamente legal para no buscar más pretendientes por tierras y poder. Finge estar conmigo, finjo estar contigo. Pero te ocupas de tus asuntos y yo de los míos, no interfieres en mi vida y yo no interfiero en la tuya, serás libre de hacer lo que más te guste. Solo finge ser mi esposa y listo- terminaba de explicar Maki a ambas castañas.
No podían creer lo que escuchaban, Nishikino Maki ofrecía una oferta maravillosa donde nadie saldría lastimado, si así era, entonces no tendrían que preocuparse de nada, y más importante aún... Seguirían juntas.
- ¿Es... Es en serio? -
-Por supuesto, doy mi palabra, no sólo de guerrera, sino mi palabra de Nishikino, nuestra ley absoluta- afirmaba con determinación la pelirroja.
A espaldas de está, Nico escuchaba absolutamente todo, si bien aún tenía duda de tomar en cuenta dañar a los Kousaka para hacer tambalear a los Nishikino, ahora lo tenía claro...
"-Los Kousaka van a caer-"
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Una peli naranja de brillantes ojos verdes se encaminaba apresuradamente hacia la habitación de su compañera y ama, tenía buenas noticias para ella.
-Kayo-chin recibimos respuesta de Matsura-san- entraba emocionada a la habitación de su ama, para su suerte encontró ahí a la chica que buscaba. Una castaña de ojos púrpuras claro, ésta parecía revisar unos pergaminos antes de que ella entrara.
-Rin-chan... ¿De verdad, que han dicho? - preguntó entusiasmada Hanayo a su amiga que sonrió de oreja a oreja.
-Matsura Kanan-san, junto a Tsushima-dono y el reciente cambio de bando por parte de Sakurauchi, están de acuerdo en apoyar la causa que te propuso la líder de Yazawa nya- explicaba la peli naranja a su líder que pareció obtener un brillo especial en sus ojos.
- ¡Increíble! Con esto obtenemos muy buenos aliados, ¿alguno de ellos mencionó las condiciones? - Intrigada, Hanayo interrogó una vez más a la chica gato que asintió aun enérgica.
-Si, aunque es un poco complicado, habrá que hablarlo con Yazawa-dono cuando tengamos la oportunidad. Técnicamente, Matsura quiere apoyo de los demás ejércitos a cambio, para luchar contra los Kazuno, Tsushima solo quiere territorio, y Sakurauchi a la hija de Nishikino- explicaba brevemente a su ama castaña.
Ahí había una pequeña traba, y eso era con Sakurauchi, pues sabía que Nico no sedería la satisfacción de desmembrar a esa pelirroja absolutamente a nadie. Tal vez si llegaban a alguna especie de trato, podrían seguir su curso sin problemas.
-Necesitamos a Nico-chan antes, es quien está planeando esto, ella sabrá qué hacer para que todos quedemos conformes- Hanayo dijo y después se puso pensativa.
Se preguntaba si estaría bien aquello, claro no tan literalmente pues estaba traicionando a su familia de confianza, es decir, los Nishikino. Con ello también estaba osando traicionar a los Sonoda y a los Toujou, gente no tan inocente, pero aun así, le pesaba un poco cuando se trataba de ellos.
"-Nozomi-chan y Umi-san son tan amables ¿Por qué apoyar a una basura como Nishikino? -" pensó para sí misma dejando escapar un suspiro.
Repentinamente sintió un par de brazos rodearle, de inmediato supo que era Hanayo, teniendo un poco de contacto con ella.
-Está bien Kayo-chin, no tienes por qué afligirte. Todos queremos ser libres nya- decía con voz suave y melosa a su amada Kayo-chin, acariciando su cabeza.
-Lo se Rin-chan, sólo que es un poco difícil, estamos arriesgando tanto para lograr nuestra libertad, vivir sin humillaciones, sin estar bajo la sombra de nadie, es tan frustrante- Hanayo dejaba escapar un suspiro desganado.
Rin simplemente permaneció en aquella posición, dando caricias al castaño cabello de Hanayo, si se lo preguntaban, no importa si estaba bien o estaba mal. Ella solo estaba del lado de Hanayo, aquella que no la veía por lo bajo, como una chica extraña, inmadura y tonta como los demás lo hacían. Ella seguiría hasta la muerte a su amada Kayo-chin.
El cuerpo de Hanayo comenzó a relajarse poco a poco, fue cuando Rin tomó la oportunidad correcta para demostrar su cariño.
Se junto un poco más a Hanayo, a modo de que su cabeza pudiera estar a la par de la castaña y una vez que lo hizo, depositó un beso en la mejilla de la de ojos púrpura, Hanayo le sonrió con mucho amor y se giró por completo, quedando de frente a Rin, con sus manos tomó su rostro y lo acarició.
-Te amo tanto Rin-chan- susurró con suavidad el nombre de la ojiverde, ésta correspondió de la misma manera.
La distancia que las separaba se terminó, pues ambas correspondieron al beso que se veía próximo y ahora podían sentir, para Hanayo, los labios de Rin eran tan suaves, que se habían convertido en su tacto favorito, para Rin, no había nada en ese mundo tan cruel, más dulce que los labios de su Kayo-chin, nada la hacía más feliz y sentir más viva.
Su contacto fue corto, cuando ambas se separaron, se miraron con intensidad para después juntar sus frentes y reír un poco.
-También te amo Kayo-chin... -
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Maki arreglaba su ropa, después de despedir a Honoka Kousaka y a Tsubasa, se aseó y espero por Kotori, la peli gris llegó con un pergamino que no dudo en entregar a la líder Nishikino.
Después de eso, Maki se dirigió inmediatamente a cambiar el elegante kimono por una prenda más adecuada para la ocasión. Colocó su ropa más común, su armadura y mandó preparar una carroza y un caballo. En ese momento también ordenó a Nico alistarse, ya que tenía una segunda lección que darle.
"-Esta idiota de verdad está tomándose muchas libertades conmigo-" pensó Nico mientras enfundaba su arco a sus espaldas y algunas cuchillas en su equipo, sin olvidarse obviamente de su fiel katana.
Cuando salió al llamado de Maki, encontró a la chica lista con lo que ordenó, soltó un suspiro al ver como le sonrió, con esa acostumbrada sátira.
-Que bueno que te prepares bien Yazawa, nos espera un camino de 2 horas aproximadamente, así que quiero tu lindo trasero al frente de esa carroza- Maki dijo aquello a Nico, la mayor sólo rodó los ojos y montó el frente de la carroza, pues ella la conduciría.
-Sigo sin saber por qué tanta familiaridad... ¿Sabes que te odio verdad? - mencionó sin temor alguno a la chica de cabello escarlata que montaba al caballo.
-Ja, ja, ja, ¿Quién en este asqueroso país no me odia? Vamos linda no te sientas la importante al querer ser la primera en decírmelo, porque no me interesa en lo más mínimo, así que pon tu trasero en marcha y cállate- aún burlona, la pelirroja sentenció y comenzó con el largo camino.
-Bien... Pero deja de hablar de mi trasero- desganada Nico comenzó a seguir a la menor, sin saber a dónde irían a parar.
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Un largo camino las envolvió, camino donde ninguna decía absolutamente nada, pues no estaban interesadas en la contraria, Nico tenía sus pensamientos, así como Maki tenía los suyos.
La mayor al mirar alrededor, notó que estaba en tierras del poderío de Toujou, se preguntó a sí misma si estaban ahí para ver a la peli morada, pero no parecía seguir el camino hacia el castillo, por el contrario, Maki se había comenzado a adentrar en los bosques de los alrededores, como si estuviera buscando algo.
Después de pasar un par de árboles y arbustos más, pudieron divisar un par de casas, pero la que destacaba de entre todas ellas, era una de lujoso proceder. Un recuerdo cruzo la mente de Nico, uno donde se veía a sí misma y a la malvada escarlata entregando a una pobre joven abusada y golpeada a su padre.
Un mal presentimiento venía a ella.
Maki se frenó y bajo del caballo, le indicó detenerse, cosa que hizo. Una vez que se detuvo, bajó y miró de manera incierta a Maki que sólo sonrió.
-Haré algo muy feo ¿vienes, o prefieres que te sorprenda? - preguntó de manera bromista a la pelinegra que negó de inmediato.
-Haz lo que quieras, sólo esperare aquí a encontrar una razón para haber venido- dijo sin mucho interés y mirando a cualquier sitio menos a la pelirroja.
Ésta solo sonrió y se acercó al lado de Nico tomando algunas cuerdas consigo, una vez que las acomodó, miró de reojo una vez más a Nico, esa chica era deseable y molestable.
-Vendré en poco tiempo- dijo y espero respuesta, pero no llegó, siguió siendo ignorada. Al final se le hizo fácil palmear el trasero de Nico para hacerla voltear, lo cual consiguió, junto a un divertido ceño fruncido de la de ojos carmín. - No me extrañes ¿vale? - guiñándole un ojo se fue con una divertida risa.
-Voy a cortarte esas malditas manos... Perra- susurró Nico para sus adentros, dejando que la ira se quedara adentro de ella. No podía hacer nada, pero se las cobraría todas al final.
Maki llegó hasta la puerta principal de la elegante casa, no se dignó siquiera a tocar, simplemente forzó la entrada con una cuchilla hasta que esta cedió. Al abrir no encontró a nadie, así que se dispuso a buscar. No buscó mucho pues en una de las habitaciones vio a su objetivo.
Un hombre de cabeza cana, estaba parado de espaldas, por la gran ventana de su hogar, parecía apreciar el atardecer sin si quiera percatar de la presencia de Maki.
-A pasado un tiempo... Akiyama- se atrevió a romper con la tranquilidad del hombre que no pareció inmutarse ante la voz de la chica. Poco a poco se giró para encontrarse con ella.
-No puede ser... - dijo el percatándose por completo de su inesperada visita, la contempló hasta tal punto que al ver las cuerdas, un escalofrío lo recorrió.
- Hace mucho tiempo que desapareciste, me alegra encontrarte, un pajarito me dijo que te habías asentado en tierras de Toujou y me apeteció venir a jugar contigo... Como antes- dijo Maki con una sonrisa mientras el hombre también sonrió.
-Una mujer... No va a vencerme- dijo seguro, y del muro de aquella habitación, tomó una catana y la empuño, listo para atacar.
-Bien... Juguemos- aclaró y también desenvainó su katana.
Ambos se miraron un par de segundos, antes de atacar. El hombre fue el primero que atacó directamente al pecho de la pelirroja, pero ésta, golpeó con su antebrazo protegido por su armadura para desviar por completo el ataque, enseguida soltó un golpe más contra el hombre con su katana. Él, de manera hábil logró recuperar su movimiento y abatió espada contra espada, el chasquido que provocaron al chocar fue poderoso.
Fuertes chasquidos comenzaron a sonar por toda la casa, ambos luchaban a la par y casi de manera igual, él tenía la desventaja de ser un viejo y ella de estar aún convaleciente. Ambos con tácticas muy parecidas...
Era momento de usar su truco, Maki tiró de la cuerda que tenía y la lanzó contra los pies del hombre, este fue tomado por sorpresa e inevitablemente cayó perdiendo su katana en el proceso.
-Perdiste viejo inútil- dijo Maki y con completa saña clavó su katana contra una de las piernas del hombre, perforándola por completo y clavándolo al piso. De inmediato un desgarrador grito de dolor resonó en el lugar. - ¿Qué te duele más? ¿Tu pierna o que una inútil mujer sea quien trajo la muerte a tu casa? - sonrió con completa satisfacción.
-No te... Pe... Pediré perdón Nunca- dijo adolorido el hombre mientras miraba con dolor a la pelirroja.
-No quiero tu perdón... Quiero tus manos- aclaró Maki y quitando de un brusco tirón su katana de la pierna de ese hombre, prosiguió a cortar de un solo tajo, la mano derecha del sujeto.
Otro grito desgarrador resonó.
El sujeto comenzaba a retroceder como podía, arrastrándose por el suelo, no podía morir así, se negaba rotundamente.
-Te daré una oportunidad de huir, tienes una mano y un pie en buen estado, sal al exterior con vida y no volveré a atacarte- condicionó Maki aun sonriendo.
El hombre tenía lágrimas en sus ojos, en definitiva, estaba asustado, pero nunca lo demostraría, no hasta que vio Maki agacharse y recoger su mano amputada, y después mirar sobre su pequeña mesa. Ahí vio la lampara de fuego que iluminaba la habitación.
- Si no lo logras... Serás castigado- finalizó Maki tomando la lámpara en sus manos y parándose en la salida de la habitación, la tiró al suelo, comenzando a expandir el fuego por el adoquinado de madera.
-...No... ¡No! - escuchó al hombre gritar desesperado y ella sólo soltó una carcajada más antes de caminar a la salida con su "premio".
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Nico se exaltó, comenzó a ver como la casa humeaba, en señal de que había fuego. Sabía que esa loca no haría nada bueno, estuvo a punto de correr al interior de la casa, pero se detuvo al ver a la pelirroja salir del lugar con una seria expresión.
No pudo decir nada, la chica parecía sumamente tranquila saliendo de aquel lugar, con un fondo vivo y peligroso, un mortal fuego consumiendo en mayor cantidad el lugar. Tan tranquila... Tan pacifica, como si se hubiera quitado un peso de encima.
-Toma- Maki llegó hasta ella con total normalidad y entregó su "trofeo"
Nico miró lo que la pelirroja le entregó y se sobresaltó al ver una mano amputada. Estuvo a punto de botarla por la sorpresa, pero al final solo tragó pesado y la sostuvo, aún estaba cálida.
- ¿Qué...qué hago con esto? - preguntó a la pelirroja que, sin ningún problema, montó de nuevo a su caballo.
-Guárdala, cuando lleguemos al castillo se la entregaras a Kotori para que la cocine y la sirva a mi padre- aclaró su maléfica idea que solo provoco que a Nico se le revolviera el estómago.
La mayor no dijo nada, solo guardó la extremidad en un saco de tela carmín y lo hecho a la carroza. De nueva cuenta contó la carroza.
Por alguna razón nuevamente, ese sentimiento aparecía, ese que la hacía sentir extraña y asqueada pero principalmente intrigada ¿Por qué?
"-¿Porque Maki...por qué?-"
-Los sentimientos son inservibles Yazawa- habló Maki llamando la atención de Nico que hasta el momento no había dicho nada.
- ¿Realmente? -
-Si... Como el miedo... El miedo, cambia a las personas...-
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Son doce Rosas que hablaran de mi~
