Ningún personaje de Miraculous Ladybug me pertenece. Sin embargo, la historia es completamente mía y queda PROHIBIDO usarla sin mi consentimiento. Por lo tanto:
NO RESUBIR. NI COPIAR EN CUALQUIER OTRO LUGAR.
CAPITULO VIII
Bridgette estaba peinando sus cabellos largos distraídamente cuando las hojas del árbol se movieron, ella volteo a ver al roble.
-¿Qué fue lo que dijiste?- le pregunto.
Las hojas volvieron a moverse.
-No... Bueno, quizás- suspiro desanimada- solo me pregunto si se encontrara bien. Ya ha pasado más de tres semanas y no ha regresado-
Las hojas volvieron a moverse.
-Lo sé- dijo con desespero para luego introducirse en el agua- quizás ya regreso y no quiere visitarme- vio con tristeza en el agua.
Una pequeña rama del árbol se estiro hasta donde estaba ella, acariciándole una mejilla.
-Gracias por tus palabras de apoyo, Tikki, aunque creo que tienes razón. Lo extraño. Me acostumbre a su presencia, aunque no fuera muy conversador- le hizo saber soltando una risita.
Se recargo en la orilla del lago sin salir del agua para comenzar a entonar una canción triste como en realidad se sentía (The Reign-Tarja)
De repente volteo a ver los arbustos que estaban a su lado. Estos se movieron y ella se dio cuenta que no se trataba de algún animal pues sentía una presencia diferente. Se ocultó en el agua esperando a quien fuera que estuviera cerca de allí se fuera pero se sorprendió al ver a un elfo acercarse al lago como si estuviera buscando a alguien pero al no encontrar a nadie se sentó junto al roble.
Normalmente varias criaturas se acercaban al lago pero no se quedaban mucho tiempo. Sin embargo, ese elfo saco del morral, que llevaba cruzado, varias hojas de papel. Bridgette asomo solo de la nariz para arriba viéndolo con curiosidad.
El castaño cabello del elfo le llegaba hasta los hombros y de este sobresalían sus orejas puntiagudas, sus ojos cafés se movían de un lado a otro viendo el paisaje mientras lo plasmaba sobre el papel, de repente sus ojos se encontraron con los de ella. Un par de ojos azules que lo observaban desde el agua, él se asustó al principio y dejo caer el carboncillo de sus manos, pero luego con lentitud volvió a tomarlo sin dejar de ver sus ojos azules mientras que Bridgette no se perdía ningún movimiento.
-Hola- dijo él con una voz demasiado grave- ¿Quién eres tú?-
Bridgette se limitó a observarlo.
-¿Eres tu quien cantaba?-
Al ver que ella no le contestaba pero tampoco se movía pareció tener una idea y comenzó a bosquejar observándola de vez en cuando. Pero Bridgette volvió a hundirse para esperar a que se fuera. Cuando pensó que sería un tiempo razonable volvió a salir a la superficie dándose cuenta que el elfo se había marchado.
"Mira lo que te ha dejado" dijo una voz que conocía muy bien.
Las hojas del roble se movieron mientras la incitaba a ver su regalo.
En las raíces de árbol descansaba una hoja de papel, la tomo para desdoblarla y ver que era un dibujo de sus ojos saliendo del lago. Era un excelente dibujo, había plasmado todo con detalle, lo que le fascino. Y decidió conservarlo.
Las hojas volvieron a moverse y ella levanto la vista.
-También espero que no regrese-
Al siguiente día, ella se encontraba hablando con un venado cuando las hojas de los arbustos se volvieron a mover. Bridgette no presto mucha atención debido a las constantes visitas de Félix por lo que pensó que se trataba de él quien entro al claro, así que se levantó para encontrarlo cuando un cabello castaño la sorprendió. Ambos se quedaron parados, uno frente al otro sin despegarse la mirada. En los ojos del elfo había reconocimiento pero en la de ella solo había desconfianza.
-Hola- la saludo con una sonrisa.
Bridgette no contesto, solo se limitó a verlo con seriedad. ¿Qué es lo que debía decirle? No era común que ella hablara con otras razas, ni siquiera hablaba con la suya.
-¿Necesitas algo?- pregunto ella, y él pareció confundido.
-Soy Nino- le dijo el elfo- ¿sabes quién soy?-
Ahora fue su turno de verlo confundido para luego negar con la cabeza. Nino sonrió con tristeza.
-Tu voz es hermosa, me encanto escucharte cantar ayer- le hizo saber tratando de acercarse pero ella dio una paso atrás por lo que él se detuvo.
La dríada no confiaba del todo en ese elfo por lo que solo camino hacia el roble y subió por sus ramas. Esperaría a que el elfo se dignara a irse.
"¿Quieres que lo aleje?" escucho la voz del árbol.
Aunque no sentía tanta confianza de tenerlo allí no le parecía una verdadera amenaza. Quizás solo tendría que esperar un poco para que se fuera. Así que negó la cabeza rechazando la idea de Tikki.
-¿Puedo quedarme aquí?- le dijo desde abajo torciendo la cabeza- aquí es tranquilo y me gustaría dibujar. Puedo pagarte, si gustas-
La dríada no le contesto pero asintió sin importarle mucho.
Era raro tener a un elfo cerca de estos rumbos. Ella vivía cerca del castillo del rey pero no por decisión si no porque el rey se había asentado allí, pero los elfos vivían más al sur, cerca de las montañas donde casi nadie iba y no eran molestados. Por lo que un elfo tan cerca de los humanos era un misterio para ella, lo que le provocaba curiosidad. Las hojas del roble se movieron con repentina alarma.
-No te preocupes, tendré cuidado- le informo y las hojas se acercaron hasta su cara- no creo que quiera hacernos daño, ya lo hubiera hecho si a eso viniera-
Se hizo un pequeño silencio pero las hojas se movieron de nuevo.
-Lo sé- susurro sentada con una mano en el tronco- también me muero de curiosidad-
Las hojas le susurraron algo a lo que ella abrió los ojos.
-¿Científico?- ella giro levemente el rostro- parece más un artista-
Una risa la saco de sus pensamientos y bajo la cabeza para encontrarse con los ojos azules del elfo.
-Sí quieres saber algo de mí solo tiene que preguntar-
Ella se ruborizo presa de la vergüenza y bajo con ayuda de las ramas hasta colocarse cerca del elfo pero una de las raíces se envolvió protectoramente sobre su cintura.
-Los elfos no se alejan mucho de sus tierras, ¿Qué haces aquí?-
Él sonrió al escucharla hablar y por fin tenerla cerca. Desde que lo mandaron a esa misión no había dejado de buscar a su amiga de la infancia. Aunque cuando la vio por primera vez fue raro no verla como una niña, no sabía que las dríadas crecían pero verla ahora de su misma edad le hizo latir el corazón con rapidez.
Lo que más le impresionaba era que ella no parecía recordarlo, ¿le habrá sucedido algo? Recodaba como corrían por los bosques con los pies descalzos hasta que su padre le llamaba pero luego ella desapareció. Cuando escucho la voz que cantaba ayer, estaba seguro de quien se trataba, solo ella podía hacer que su piel se erizara.
Había leído muchas veces sobre las diferentes especies que habitaban los bosques y había un capitulo para las dríadas, conocía a varios elfos que se habían enamorado de alguna, siempre le dijeron que eran hermosas y que su canto era lo más maravilloso que puedes escuchar. Las describían como criaturas del bosque, espíritus conectados a los árboles que no se alejaban mucho de estos. Amables y bondadosas pero solitarias, que si no te acercabas con cuidado a ellas podrían ser peligrosas.
-Mi Carlín era la más hermosa y me encantaba cuando me recostaba en sus piernas a dormir mientras ella me cantaba- recordó que le conto un anciano elfo con ojos soñadores.
Normalmente un elfo vivía más que una dríada ya que ellas dependen de la vida de su árbol. Pero la mayoría de los elfos que se enamoraron de una dríada nunca más volvieron a tener pareja.
-Tienes razón, normalmente no nos alejamos mucho pero me enviaron a crear un mapa de la región- le dijo enseñándole varias hojas con pequeños dibujos que después agregaría al mapa principal.
Un aroma a flores lo inundo notando que la dríada se encontraba al lado de él viendo los dibujos. Allí pudo notar su rostro, sus grandes ojos azules decorados con unas espesas pestañas largas, su nariz pequeña y respingona, junto con sus labios rojos como las más maduras fresas, su aspecto no había cambiado mucho ni tampoco su reacción al tenerla cerca pues se ruborizo ante su cercanía pero ella se alejó, dejándolo con ganas de oler más su esencia.
-Soy topógrafo-
-Haces mapas- dijo ella sentada a un lado aunque manteniendo distancia.
-Exacto- dijo sin dejar de ruborizarse- me… me enviaron a para generar un mapa de la zona. Ya sabes, lugares para no acercarse- explico- vengo aquí para relajarme un poco después de explorar-
-Debes tener cuidado. Más adelante hay humanos- le advirtió apuntando hacia donde estaba el castillo de Félix.
-Te lo agradezco, intentare no acercarme y rodearlo para conocer qué tan grande es la ciudad-
Bridgette asintió con calma.
-Este roble es hermoso- le hizo saber dibujando con rapidez en la hoja.
-Tikki es mi mejor amigo-
-Así que realmente sabes los idiomas del bosque-
Ella asintió jugueteando con el pasto.
-Supongo que por eso no te sientes sola, ¿cierto?-
Ella le sonrió mientras asentía. En realidad no se sentía sola hasta que conoció a Félix y el hecho de que no estuviera con ella la hacía sentirse triste. Añoraba su presencia pero sobre todo sus besos.
Las hojas del roble se movieron y Bridgette sonrió, era cierto lo que decía Tikki, aunque ella no lo quería creer. Estaba enamorada de Félix. Un sentimiento que no había podido detener, del que deseaba aferrarse pues le proporcionaba una felicidad que antes no había sentido.
…
-Pareces muy feliz- le dijo un día el elfo cuando ella se encontraba viendo el lago recordando al rey.
A estas alturas ya se encontraba más familiarizada con él, su presencia no le molestaba y la conversaciones con Nino no era malas, e incluso aprendió sobre varias cosas que ignoraba de los elfos, sin embargo, Tikki siempre le recordaba que no debía tener tanta confianza, los elfos podía ser engañosos pero lo que realmente hacia Nino allí era dibujarla, lo hacia todo el tiempo y parecía no aburrirse. A Bridgette no le molestaba pero a veces se sentía muy observada.
-El gran tronco de Tikki es perfecto para dibujarse- le hizo saber- mira-
Ella se acercó al elfo para ver la hoja blanca que tenía sobre su regazo.
-Tiene un tronco con sus detalles muy marcados. Es perfecto para practicar-
Bridgette escucho a los arbustos moverse pero al girarse no encontró a nadie, así que pensó que era algún animal que se encontraba caminando cerca y volvió su atención al dibujo. Un momento después escucho unas pisadas que conocía muy bien y se giró con rapidez mientras se levantaba ante la confusión del elfo.
-¿Qué pasa…?- pero no pudo seguir su pregunta ya que se encontró cara cara con Félix que lo observaba con rabia.
-¡Félix!- grito con alegría Bridgette.
Sus ojos se toparon con lo de ella y su sonrisa desapareció.
-Parece que no desperdiciaste el tiempo, Bridgette-
-¿Cómo dices…?-
-¡Guardias!- rugió.
Al instante cientos de guardias los tenían rodeados apuntándole con lanzas y espadas.
…
Buenos días, tardes o noches.
