Último capítulo antes de la tormenta... espero que os guste.

De nuevo gracias por todos los comentarios, animan muchísimo.

Disclaimer: El Mentalista no me pertenece, qué le voy a hacer.


Cuando entraron al apartamento, Lisbon se acercó a la cocina para preparar un té y un café. Jane no podía dejar de mirarla a través del quicio de la puerta. Lisbon le dio su bebida y él le pasó el brazo por su espalda y le besó en la frente mientras se acercaban al sofá y se acomodaban.

Lisbon se recostó en Jane. No había palabras, solo sentimientos que no podían reprimirse. Él le besaba la cabeza mientras ella le acariciaba el pecho. Poco a poco ella se fue girando hacia él buscando sus labios, que rápidamente se fundieron en un profundo beso tan necesitado desde que salieran de allí esa misma mañana. Pero había más. Tenían que sentirse el uno al otro antes de que toda la locura de John el Rojo se desatara. No querían que pasase nada irreparable sin haberse dicho todo lo que tenían pendiente.

Las manos de Jane se posaron en las caderas de Lisbon mientras ella metía sus manos debajo de la camisa de él acariciando su pecho, su espalda. Pero no era suficiente y empezó a desabrocharle los botones del chaleco y de la camisa. Necesitaba un contacto total con él. Jane hizo lo mismo. Con una urgencia que le sorprendió incluso a él empezó a quitarle la camiseta y desabrocharle los pantalones.

- Espera Lisbon.

Ella se paralizó. Las dudas entraron en su cabeza como un vendaval. Sintió pánico al pensar que él no correspondiera de la misma forma a sus sentimientos. Él la tranquilizó.

- Vamos a la cama. Quiero que esto sea especial, poder disfrutarte con calma. Quiero recordar cada segundo de esto y que nos acompañe el resto de nuestras vidas.

Lisbon no necesitó escuchar más y, cogiéndole de la mano, subieron las escaleras que les dirigían a ese mundo perfecto, creado para ellos dos, que durante tanto tiempo se habían negado.


Cuando Lisbon despertó ya era mediodía. A su lado Jane dormía profundamente. En su cara se reflejaba una calma y tranquilidad que nunca antes le había visto. Se acercó a él con cuidado de no despertarle y le dio un rápido beso en el hombro. Cuando se disponía a levantarse de la cama el brazo de Jane la agarró por la cintura y le acercó a él.

- ¿Dónde crees que vas agente Lisbon? – le pregunta mientras le acerca a él hasta que no queda ni un milímetro de distancia entre ellos.

- Iba de vuelta a la realidad, a por el móvil. Tenemos que estar pendientes de la llegada de los chicos a la Brigada.

- Es muy temprano, Teresa. No te alejes de mí todavía, por favor.

- Pienso volver de inmediato. - Teresa hace ademán de volver a levantarse y él la vuelve a agarrar. – De verdad, necesitamos el teléfono… yo no sé tú, pero si no pedimos algo de comer urgentemente caeré desfallecida.

Aunque a Jane no le gustaba el hecho de separarse de ella ni un solo segundo, la dejó ir a por el teléfono pues él también se moría de hambre. Llamaron a un restaurante de comida italiana y comieron en la cama entre besos y caricias. Cuanto más avanzaba el reloj, más necesitaban estar juntos y tuvieron sexo en tres ocasiones más antes de que el maldito teléfono sonase.

- Lisbon.

- ¿Jefa? – habló Van Pelt – ya estamos todos en la oficina. ¿Alguna orden?

- Sí, Van Pelt, no os mováis hasta que Jane y yo lleguemos. Os tenemos que poner al día de novedades respecto a un caso.

- ¿Ocurre algo, jefa?

- Por teléfono no, Van Pelt. Vamos para allá.

Cuando Lisbon colgó miró a Jane a los ojos. Ambos sabían lo que significaba esa llamada. Todo iba a cambiar. Lo único que esperaban es poder mantener aquello que acababa de nacer entre ellos.